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IMPALA ROL STORY: MEG POV


A LITTLE TASTE OF SCOTCH


El sol alto en el cielo, ni una sola nube tapándolo, una ligera brisa meciendo las hojas. El horror. Noté una gota de sudor bajando por mi nuca lentamente, con cada milímetro haciendo aumentar mi irritación.

Me pasé una mano por el cabello enredado y con una goma que llevaba en la muñeca, me recogí el pelo.

El aburrimiento podía conmigo.

—Creo que voy a darme una vuelta por el psiquiátrico para poner nerviosos a los locos. Es tan gracioso cuando se matan entre sí.— Pensé en voz alta consiguiendo que me ilusionara al imaginar lo histéricos que se pondrían los chiflados al ver mis ojitos negros.

Pero toda mi diversión del día se fue al traste al notar una terrible sensación abrumadora y sofocante en la parte de detrás de la cabeza, punzándome hasta el interior, produciéndome náuseas.

Alguien me invocaba.

En un milisegundo me encontraba otra vez en aquella mazmorra destartalada, mirando de reojo al rey del infierno, quien tan cómodo y prepotente se sentaba en su gran silla de rey. Le rodeé y me apoyé en el lateral del trono. Algún día yo tendré uno de esos y veremos quién es el más guay.

—Deberías agenciarte un móvil, es el invento del futuro.

—Me gusta más hablar cara a cara, además, el último lo rompiste tú, ¿o no te acuerdas?

Intenté no reírme, pero inútilmente se me escapó una media sonrisa. Me solté el pelo tratando de no mirarle a los ojos.

—Vaya, así que te diste cuenta de aquello.

No fue mi intención romper el móvil del rey del infierno, solo estaba terriblemente aburrida y lo tiré al río. El agua se encargó del resto.

—¿Quién iba a ser si no?— Respondió, falsamente enfadado. —El caso, no te he llamado aquí por eso. Quiero proponerte un trato.

—Dime algo que no sepa.— Me senté en el reposabrazos del trono haciendo que se apartara ligeramente. —Hay rumores por ahí, Crowley, de que te has hecho amiguito del angelito. ¿Es eso cierto?

—¿Y no hay rumores de la paliza que le di? Vaya decepción.— Me miró desafiante. Hm, Castiel fue otra víctima del sistema y yo sin saberlo. —Aquí la única amiguita del ángel eres tú. Tengo que recordarte ciertos detalles?— No, no hacía falta. —Él podría haber sido de ayuda, así que le ofrecí algo, pero se negó.

—Si él no aceptó... ¿por qué iba a hacerlo yo?

Me arriesgué a acercarme a su rostro sonriendo intimidante, y él me sonrió de vuelta.

—Porque tú eres más lista y tienes más sentido común. Además piensas en ti misma y no en el bien común, y tengo que decir que mi trato te beneficiaría.

Miré sus labios de forma seductora y le coloqué la corbata.

—Tienes un piquito de oro con las chicas. De acuerdo, hombre de negocios, ¿qué me intentas vender?

—Necesito almas del cielo, algo que como comprenderás no es tan fácil como suena. La opción más fácil era usando al ángel, pero como no puede ser, la segunda opción es con un conjuro, que me deje entrar a mí allí y cogerlas yo mismo. Necesito encontrar los ingredientes, y gente para ayudarme, allí arriba están en guerra. Lo que necesito es tenerte de mi lado, se ve que tienes recursos.— Sonrió, esperando halagarme, inteligente.

—Los recursos que tenga o no, son cosa mía.— Me levanté y di una vuelta en el sitio. —¿Qué gano yo en esto?

—Ganas total inmunidad, te dejaré en paz, olvidaré todas las tonterías que has hecho y tendrás un puesto cómodo en el infierno. Puedes pedir y a lo mejor estoy dispuesto a concederlo. También tendrás mi gratitud por ayudarme, eso no se consigue todos los días.

—Vaya, me dejas pedir... Debes estar muy desesperado. Creo que voy a sacar buen provecho de este trato.

—He dicho que puedes pedir, no que vaya a aceptar todo lo que pidas.

—Si estás tan desesperado como para venir a pedirme ayuda a mí, que me odias con toda tu... alma.— Hice comillas con los dedos en la última palabra. —Entonces estarás dispuesto a darme lo que te pida. Y créeme, será mucho.

—Si te odiara con toda mi alma.— Repitió las comillas. —Ya estarías muerta. Pero bueno, basta de charlar. ¿Qué quieres?— Respondió, moviendo los dedos impacientemente contra el apoyabrazos de su trono.

—¿Qué... quiero? Hm... ¿Qué quiero?— Cuestioné muy despacio pensando bien lo que deseaba. Hice un chasquido con la lengua. —Bueno, seguridad ante todo, quiero vivir tranquila sin que nadie me haga daños innecesarios. Eso para empezar. ¡Oh sí!— Exclamé acercándome. —Quiero súbditos, que cumplan mis órdenes y sacien mis necesidades. Y además...— Me incliné sobre su rostro, poniendo una mano en cada reposabrazos. —Me deberás un favor, que podré usar cuando quiera.

—Hmm...— Se quedó un rato meditándolo, y se levantó con su respuesta. —Te deberé ese favor, cuando consiga las almas.

Sonreí ampliamente al conseguirlo. No siempre se tiene la oportunidad de hacer tratos con el rey del infierno.

—Trato hecho.

Se quedó observando mis pupilas unos segundos, que parecían eternos, consideraba que había algo que quería decir, por lo que no me atreví a abrir la boca.

—Sabes que mis tratos se firman con un beso ¿no?

Sin dejar que respondiera, o abriera la boca de hecho, se acercó a mis labios y me besó. No me esperaba tal sorpresa, pero reaccioné pronto. Llevé una mano a su cuello y con la otra tiré de su chaqueta hacia mi cuerpo mientras paseaba mis labios sobre los suyos. A la vez él bajaba las manos por mi cintura, supongo que no esperaba que le correspondiese. Cuando se separó, la boca me ardía y me sabía a scotch.

—Pues trato hecho, Meg.— Dijo después.

Bajé la mano hasta su corbata y tiré de ella hasta que sus labios casi me rozaban.

—Vendré a cobrar ese favor, Crowley...

—Cuidado donde pones las manos, darling.

—Las pongo donde te gusta. Tendré tu conjuro preparado en una semana. Asegúrate de que los Winchester no se entrometan.— Me alejé y le di la espalda dispuesta a volver a mis asuntos diarios.

—Más bien donde a ti te gusta.— Susurró esperando que lo oyera. —Vale, les mantendré entretenidos.

—Pero no demasiado o sospecharán, deja que se peleen entre sí.— Le mandé un guiño y le hice un gesto con la mano. –Llámame.

Con esto desaparecí.

Y los labios me siguieron sabiendo a scotch.