Disclaimer: Los personajes son de Rumiko, la trama es completamente mía.
Capítulo 3
—Eres un hombre imposible —dijo Rin, cruzándose de brazos frente a Sesshomaru, que dicho sea de paso, estaba como quería. La camisa que llevaba puesta más la luz del día, que resplandecía por la habitación, le hacía parecer un dios griego. Ya con más detenimiento y sin los nervios de la noche pasada podía observar todos y cada uno de los detalles de su rostro.
No era para nada lo peligroso que le había parecido la noche anterior. Con las mejillas angulosas y nariz respingona, y esos labios delgados, era la tentación de cualquier mujer. Precisamente ella se veía hipnotizada por esos ojos, que la miraban inquisidores desde el colchón.
Sesshomaru hizo de nuevo el intento de levantarse de la cama, y ella, otra vez lo detuvo por los hombros.
—Quiero levantarme, me siento un completo inútil aquí.
—Muy bien, haz lo que quieras. Sólo mantente lejos de la pastelería, no quiero que algún cliente te vea muriéndote de dolor. Con ese aspecto tuyo, van a creer que te tengo secuestrado.
—Entiende que no quiero causarte problemas.
Se habían pasado media mañana discutiendo porque él era incapaz de quedarse quieto en la cama. Se levantaba, se quejaba del dolor y luego mascullaba palabras en un idioma que no entendía, pero como no era tonta, sabía que eran maldiciones.
Harta de escucharlo quejarse lo obligó a sentarse y que se quedara quieto. Ahora, como no, él después de media hora, seguía peleando con el dolor que lo mantenía quieto y ella se negaba a escucharlo quejarse de nuevo.
Se dio la media vuelta y volvió a la pastelería. Se puso el delantal y se ocupó de barrer la entrada principal y regar agua en la jardinera antes de levantar las cortinas. Su pequeño negocio florecía de maravilla. En un principio le había costado hacerlo crecer. No era para nada lo que tenía enfrente. Antes, cuando estaba con Bankotsu él la animó a abrir su propio local. Al encontrar el lugar adecuado ella invirtió los ahorros de toda su vida en un cuarto que apestaba a humedad, las paredes oscuras por el moho y sin ventanas. Con mucho esfuerzo logró levantarlo, convirtió ese lugar en lo que era ahora.
En lugar de ventanas instaló vitrinas, con una manipulación de luz para las nuevas exhibiciones de sus pasteles. Las paredes las pintó de rosa, al que le colocó un decorado que le daba el toque de encaje. Le agregó una segunda planta, porque pagaba más en transportarse todo los días de su casa al local. Y puestos en eso, pasaba más tiempo ahí, así que construyó su casa en la planta superior. Ocupó su propio balcón para colocar el letrero de la pastelería que predicaba "Suspiros de amor" en grande.
Tiempo después Bankotsu se trasladó a vivir con ella y todo fue miel sobre hojuelas hasta que él se sintió intimidado por el éxito que comenzaba a tener la pastelería. Los problemas vinieron cuando ella intentó a pagar las deudas de ambos. Él decía que lo humillaba, pero Rin creía que se trataba de apoyarlo. Eso era una relación o al menos así lo veía, aunque él nunca lo comprendió y decidió poner su propio negocio a su costa. Para terminar mal, le hipotecó la casa para conseguir el préstamo y echar a andar su gimnasio. En realidad era lo que menos le importaba. La cuestión fue cuando él le engañó con una de esas mujeres que llegaban a ejercitarse. Casi había olvidado el dolor que le provocó su traición.
Negó con la cabeza intentando alejar esos pensamientos. Ya no valía la pena. Era un año desde su ruptura con Bankotsu así que posiblemente lo mejor era olvidarse de lo ocurrido.
—Buenos días, Rin —dijo alguien a su espalda sacándola de sus pensamientos. Se giró encontrándose con la señora Yamashi, una clienta fiel de la pastelería—. Mañana es el cumpleaños de mi pequeña Yuca.
—Que felicidad, cinco añitos si no me equivoco —la mujer asintió entrando a la pastelería.
—Quería un pastel de dos pisos con triple chocolate.
—Lo apunto ahora mismo —respondió yendo por su libreta de pedidos—. ¿Alguna princesa?
A la mujer le brillaron los ojos.
—Un paso adelante, como siempre —Rin sonrió—. Le encanta Mohana.
—Mohana será entonces.
—¿Crees tenerlo listo para mañana por la tarde? —Rin revisó los pedidos que tenía para el día siguiente. Tendría que trabajar toda la noche si quería tenerlo listo, pero como nunca se negaba a hacer un pastel asintió.
—Usted me avisa a la hora que venga.
—A las seis.
—Más que perfecto —respondió metiendo la libreta en su delantal.
—Te veo entonces mañana por la tarde.
La mujer salió de la pastelería, y Rin suspiró volviendo a sacar su libreta. Dos pedidos antes de ese, tendría que trabajar sin descanso. Antes de terminarse los nervios, tecleó el número de Ayame, la chica que le ayudaba con la pastelería cuando Rin se tomaba días como esos para trabajar. La chica respondió al tercer timbre.
—Rin, en qué puedo ayudarte.
—En mucho, te necesito…
Una hora después, la chica pelirroja de quince años entraba en la pastelería. Quería estudiar repostería como Rin, y como el curso no le daba la facilidad para la escuela, Rin se ofreció a ayudarla. A cambio la chica le ayudaba los fines de semana atendiendo mientras ella se ocupaba de los encargos.
—Tienes la lista de precios en la caja —comenzó Rin.
—Ya sé —dijo interrumpiéndola—, cualquier cosa las notas de los encargos están en la pizarra.
Rin sonrió dándole un beso en la mejilla.
—¿Te he dicho que eres un amor?
—Ya, pero siempre es bueno escucharlo de nuevo.
Rin se fue a la parte trasera de la pastelería, se colocó su música favorita y comenzó a hornear al ritmo de Side to Side, de Ariana Grande. Le encantaba bailar mientras horneaba, porque pensaba que los pasteles hechos con amor y diversión eran más deliciosos. Y aunque tuviera una carga de trabajo muy pesada, no le quitaría jamás la felicidad que le daba preparar sus pasteles.
Ayame entró una vez para dejarlo algo de comer, pero fue consciente de la hora hasta que volvió a entrar para decirle que ya estaba por cerrar. Eran pasadas las ocho de la noche que era cuando bajaban la cortina y hacían las cuentas del día.
Una hora más tarde subió a su departamento. Kirara estaba en la puerta maullando. Puesto que Rin vivía sola había olvidado por completo que debía darle de comer a la gatita. Le sirvió un poco de leche antes de dejarse caer en el mueble suspirando de cansancio.
Casi enseguida se acordó también de Sesshomaru. Fue hasta la habitación y tocó antes de entrar. No hubo respuesta, así que abrió y siguió tocando mientras entraba. La habitación estaba a oscuras, pero era capaz de delinear las formas del hombre en el colchón.
—¿Sesshomaru?
Al no obtener respuesta, encendió la luz. Sesshomaru estaba recostado, y de no haber sido por el murmuro que salía de sus labios, ella habría pensado que dormía.
—¡Dios! Sesshomaru —se le acercó tan rápido como pudo. Le quitó las sábanas de encima y le tocó la mejilla. Estaba ardiendo en fiebre. Tenía la frente perlada de sudor y temblaba— Sesshomaru…
—Ángel —murmuró él.
Estaba delirando.
Tenía que hacer algo para bajarle la fiebre. De pequeña recordaba que su madre le ponía paños de agua fría en la frente para bajarle la temperatura y era lo primero que se le ocurría hacer.
Corrió al baño llenó una palangana con agua y luego fue a la cajonera por un trapo. El agua estaba templada pero no fría. Fue también por uno cubos de hielo y dejó que el agua se enfriara antes de ponerle el paño mojado en la frente.
Sesshomaru se removió sobre la cama, manoteando para alejar el paño de su frente.
—Tranquilo, necesito bajarte la fiebre, por favor.
—No te vayas, Ángel —susurró cuando ella se alejó para ir por unas pastillas para la fiebre. Rin volvió en sus pasos y le selló los labios con los dedos.
—No iré a ningún lado, aquí estoy.
Cuando volvió, Rin llevaba unas cápsulas de ibuprofeno. Se sentó en la orilla de la cama, le levantó la cabeza y le hizo tragar la pastilla de gel. Luego le acercó el vaso con agua para que bebiera a sorbitos.
El paño le escurrió de la frente, le cayó encima y Rin volvió a acostarlo para poder levantarse y mojarlo otra vez.
Esta vez él no manoteó con la sensación fría del paño en su frente, se quedó quieto y apretando la mano de Rin que se afianzaba cerca de él.
—No te vayas.
Y ella no lo hizo, se quedó ahí en el mismo lugar, hasta que las piernas se le acalambraron y tuvo que subir a su lado en la cama. Sesshomaru le apretaba tan fuerte y se veía tan débil que era incapaz de alejarse de él.
¿Cómo era posible que un hombre de su tamaño se viese así de frágil?
Sesshomaru Taisho era un fiel creyente de la providencia. A los cinco años cayó de un árbol donde se rompió una pierna en el acto. Como el niño que era creyó que iba a morir, pues el dolor era insoportable, y su madre, que en ese entonces se ocupaba de cuidarlo a él y a su hermano menor, lo llevó a urgencias.
Ver a las mujeres de blanco le hizo pensar que era su final, hasta que el doctor les dijo que debía guardar reposo y que su pierna sanaría después de un tiempo. Sí, entonces supo que no iba a morir como creía. Aunque no era precisamente eso lo que lo hacía un fiel creyente. Dadas las circunstancias en las que se encontraba de verdad que había un ser divino que le cuidaba día y noche.
Sesshomaru apenas recordaba cómo es que alguien lo había golpeado, y dejado tirado en una calle, pero sí era capaz de recordar los acontecimientos que desencadenaron tal situación. Y estaba seguro que era ella, la morena de pelo corto, que le había dejado la copa de vino en la mesa. Estaba seguro porque a partir de ahí no recordaba nada. ¿Su nombre sería Yuri, o era Yura? La cabeza le dolió al intentar recordarlo.
Casi había muerto.
Allí estaba la providencia.
Porque cuando sintió que era su final un ángel castaño se le acercó sacándolo de la desgracia. Se vio rodeado por una fragancia exquisita y por unos ojos miel que le hicieron sentir que todo iba a estar bien.
Su ángel ahora estaba frente a él, le cubría la frente con algo muy frío. Intentó manotear, porque era lo primero que se le ocurría para quitar el condenado hielo de su frente. Sin embargo su ángel susurró algo y él se quedó quieto. No solo era su belleza, sino la delicadeza de su voz lo que le brindaba tranquilidad.
Entonces cuando empezaba a sentir que el hielo se derretía en su frente, Inuyasha, su pequeño hermano, se acercó sonriéndole mientras le daba una de sus miradas de tranquilidad.
Intentó tomarle la mano, pero Inuyasha se alejó y su mano alcanzó la frágil y delgada mano de su ángel.
—Ya déjalo, Sesshomaru —le repitió su hermano parado a un lado de la cama.
¿Dejarlo? ¿Cómo iba a hacerlo cuando necesitaba desquitar toda su rabia? Le habían arrebatado a su familia. Y él no podía dejarlo pasar. Estaba cerca como para echarse atrás y olvidar lo que le había pasado. No, Inuyasha no se merecía eso.
Las palabras de su madre le recordaban su promesa una y otra vez como para seguir con la vida tan fácil.
"Sesshomaru, cuida de tu hermano. Solo se van a tener a ustedes mismos"
Él había fallado, no le había cuidado y no podía dejar las cosas así.
Su ángel se acurrucó a su lado y él sintió la paz que no sentía desde hacía mucho tiempo. Por eso dejó que el sueño lo venciera. Cuando despertó, lo hizo por el movimiento a su lado.
Una mujer se removía inquieta jalando la sábana que lo cubría. Estaba seguro que no había intimado con ninguna mujer los últimos días y menos con una castaña. Lo suyo eran las rubias.
Entonces reconoció a la chica que le llevó a su casa para ayudarlo, y aunque no era un ángel, bien podría parecerlo. De no ser por el recuerdo de haber discutido con ella.
La cabeza le dio vueltas cuando levantó la mirada para observar la habitación en la que estaba. La habitación de ella, era fácil adivinarlo por el tono rosa y los tacones en el otro extremo bien alineados. También por los decorados. Colgando de la ventana había un móvil de viento que ululaba un sonido tranquilo. Al lado de la cama estaba una bolsita con labial, mascara para pestañas y varias otras cosas que no reconocía. Pero era capaz de asegurar que era maquillaje.
Volvió a cerrar los ojos tratando de alejar el dolor que se le clavó en el costado derecho. Seguro tendría una o dos costillas rotas. No era nada grave según sus últimas experiencias, pero no dejaba de dolerle como los mil demonios.
Ella se removió a su lado, haciendo que el dolor fuese más intenso. El quejido que salió de su boca hizo que ella abriera los ojos.
Se miraron.
Fue un instante, lo bastante largo como para que el corazón se le agitara.
Y en un segundo ella se levantó de la cama como si estuviese frente a un fantasma.
—¿Ya te sientes bien? —preguntó ella bajándose la blusa blanca que se le había subido hasta el ombligo, mostrándole una buena porción de piel blanca y cremosa.
—Creo que sí. Al menos estoy vivo.
—Ah, ya, vuelves a ser el mismo.
Ella dio la vuelta yendo hacia el baño. Sesshomaru volvió a cerrar los ojos hasta que el sonido de los pasos femeninos volvió a sacarlo de su letargo.
—Ayer ardías en fiebre. Tuve que ponerte unas compresas —dijo señalando el trapo tirado a un lado y la palangana—. Debes estar pegajoso por el sudor.
—Has vuelto a salvarme.
—Creo que esta vez ha sido mi culpa. Debí haberte metido a bañar la otra noche. Era obvio que ibas a terminar así.
Sesshomaru cerró los ojos por el dolor.
—¿Te duele mucho?
—Sólo un poco.
—¿Estás seguro que no quieres ir al médico? Puedo llevarte a una de esas farmacias que ofrecen atención médica, no piden demasiada información si es lo que te preocupa.
—Gracias, pero no, el dolor pasará en un par de días.
—¿Cómo estás tan seguro? —ella se cruzó de brazos. Últimamente la había visto poner esa actitud más veces de las que era capaz de contar.
—Tengo un par de experiencias con costillas rotas y golpes —se removió otra vez en la cama intentando calmar el dolor que le punzó.
—Voy a darte otro analgésico.
Rin removió el cajón que tenía al lado de la cama y sacó otro par de pastillas. Leyó en letras grandes "cólico menstrual" sin poder evitar reírse, dejó que ella le pusiera las pastillas en la boca y le diera agua en un vaso.
—Necesito lavarme —murmuró cuando terminó de tomar el medicamento.
—Eso pensé. He colocado una silla bajo la regadera para que puedas asearte. Hay jabón y una toalla, y creo que tengo otra muda de ropa por ahí.
—¿Vives con alguien? —fue lo primero que se le ocurrió preguntar al ver la ropa que él mismo tenía. Ropa de hombre.
—Oh, no, es la ropa de mi exnovio, espero no te moleste, pero es lo único que he podido encontrar para ti. Eres… —ella lo miró de pies a cabeza, algo que a Sesshomaru le agradó— grande.
—Prometo que pagaré todo lo que estás haciendo por mí.
—Con que te comportes estará bien.
Sesshomaru se quitó la sábana de encima e intentó ponerse de pie. Fue una mala idea porque el piso comenzó a moverse demasiado de prisa. Las piernas fueron incapaces de sostenerlo y volvió a caer sentado en la cama.
—¿Sucede algo? —Rin se le acercó apoyándose en su brazo.
—Creo que será un poco complicado moverme.
—No pensé en eso —arguyó mirando el trayecto de la cama hasta el baño—, ¿quieres que te eche una mano hasta la regadera?
Sesshomaru hizo todo lo humanamente posible por ponerse de pie cuando ella le pasó los brazos por debajo. Las piernas le volvieron a temblar, pero el cuerpo de ella por más pequeño que era, le daba estabilidad.
Cuando hubieron llegado al baño, se sentó sobre la silla. La respiración la tenía agitada por el esfuerzo y ahora se sentía un completo inútil.
—En lo que te aseas iré a preparar algo de desayunar, debes estar muerto de hambre.
Rin se alejó, y él la tomó de la mano antes de que saliera del baño. No se sentía capaz de poder hacer algo. Se sentía tan cansado que era probable que no pudiera ni quitarse la ropa.
—¿Te importaría ayudarme?
El sonrojo en sus mejillas fue más de lo que pudo soportar. Se le quedó mirando como si a él le hubiese salido otra cabeza.
—No, en lo absoluto.
Para ese punto, Sesshomaru estaba dejando de pensar con claridad. El aroma de esa mujer era embriagador y sus manos tibias y suaves tocándolo eran una completa tortura.
De pronto era consciente de la cercanía de ella. Y que por supuesto era una mujer y él por muy en mal estado era un hombre capaz de sentir.
Continuará…
¡Hola, mis girls! Muchas gracias por sus bellos reviews. Me leí cada uno conforme iban llegando. Quise ponerles más rápido el capítulo, porque tenía días que lo tenía, pero no pude, hasta ahora. No tener beta por el momento me atrasa con las correcciones. No logro ser muy objetiva al momento se ver mis errores y eso me complica el proceso. Pero bueno, ¿me dicen qué les pareció el capítulo?
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