Cronopios de la autor: Ñam Ñam, Debería de estar durmiendo o mejor aún, comiendo algo. Acabo de re-ingresar a la universidad, nuevo ciclo escolar y todas esas weas. Mis vacaciones estuvieron muy alocadas y me tocó comprar un ejemplar completamente real (no alucinaba) de Hybrid Child en ingles... lo hubiera preferido en japones pero... por desgracia me debo de conformar con lo que hay. Anduve por L.A. y San Francisco, C.A. USA. y bueno, tuve experiencias realmente geniales que supongo se verán reflejadas en la historia más adelante. Entrando al capitulo, es considerablemente más pequeño que sus predecesores debido a que así es, ya llevo más de la mitad de capítulos escritos pero... en mi libreta y debo de pasarlos a la pc, es una joda, pero estoy en esas... No se me estrecen y espero poder hacer feliz a mis amados lectores . Recuerden que Yuki-chan los ama :3
Descarga de responsabilidad: Obviamente Sekaiichi Hatsukoi y Hybrid Child, no me pertenecen si no a sus correspondientes autores. Esta versión de la historia, es meramente la recreación en letras de los pensamientos de un escritor aficionado que no pretende lucrar con la misma.
Un "Amigo" para Onodera.
El caso de Yuki.
Capitulo tres. Claro, Airaba.
By Yukiona.
Sí otro momento hubiera sido estaría derribando la puerta del departamento del castaño en el instante pero... confiaba hasta cierto punto en lo que Onodera le había confiado entre jadeos y gemidos no hacia mucho tiempo: "Ella no es mi prometida". Sin embargo, ver a esa zorra de perfecta cabellera y sonrisa de modelo totalmente sonrojada y compartiendo toda una escena al puto estilo shojo con el pelmazo de Onodera era algo que le provocaba que la sangre le hirviera. Contuvo su ira largo rato con el puño cerrado cercano a la madera crujiente de la puerta que marcaba la entrada al hogar de Onodera Ritsu, y cuando iba a tocar, su móvil comenzó a sonar. Lo contestó a regañadientes-. Takano... -resopló casi con furia.
-¿Estas ocupado? -era la voz de una mujer.
-¿Qué quieres? -preguntó con voz hostil el editor caminando en dirección a su hogar. La noche se le había terminado de amargar.
...
Onodera había regresado a su apartamento hacia más o menos quince minutos. Colocando a su retorno, una hoya de verduras a echar vapor por un rato para preparar papilla para el infante. An-chan, amablemente, había dejado todas las estipulaciones y formas en que debía seguir para tener un resultado favorable. Y desde una silla cercana al área de trabajo, los ojos verdes lo miraban con expectación. Esperando encontrar un momento oportuno y...
-Pielna... -se escuchó hablar.
El castaño detuvo sus manos bajo el chorro de agua y giró la mirada hasta el menor. Sonrió con los pómulos rojos por el vapor que el agua aventaba cercano al rostro de éste-. Buen trabajo, me contó An-chan que hoy aprendiste a decir "Pierna", Pierna es una buena palabra, la otra no... -indicó sacando unas zanahorias de la hoya que hervía para empezar a picarlas-. Debes de saber que ésto es nuevo para mí... supongo que para ti también pero... estaremos bien... -comentó.
El silencio reinó por algunos instante y suspiró-. Vale... ahora llevémonos bien y comamos... ¿Quieres? -preguntó girando el cuerpo entero con un adorable arroz blanco decorado con verduras verdes, naranjas y amarillas. El rostro del niño se iluminó y alzó un brazo hacia Onodera, quien sonrió-. También An-chan dijo que podías mover ambos brazos y las manos... así que ahora aprendamos a coger los palillos... -informó antes de sentarse junto al menor e iniciar una ardua capacitación con arroz volando por aquí y más arroz por allá. Un brocoli fuera del plato y una zanahoria caída en combate en medio del piso blanco. Al final. Onodera se dio por vencido y Yuki terminó por comer los alimentos con ambas manos.
-Sabes... no es sano para un niño cenar a las doce de la madrugada... debemos poner un horario... -susurró bostezando el editor.
-Pielna...
-Seguro estas de acuerdo... -sonrió, viendo el rostro pálido manchado por los granos de arroz, algunos habían alcanzado la negra cabellera que se arremolinaba en un desordenado peinado. El mayor ensanchó la sonrisa con ternura implicada-. Pero mírate... todo sucio... mi madre me hubiera golpeado ya... -replicó enternecido mientras retiraba las semillas blancas del rostro y peinaba los negros cabellos con un poco de indulgencia.
...
La noche como mamá, había sido bastante gratificante. El menor no se había levantado en toda la noche ni por la mañana, fue An-chan la que lo despertó a las ocho de la mañana para pedir permiso de bañarse en el departamento y de paso bañar a Yuki. Si Onodera hubiera sido un chico normal, hubiera captado de inmediato las intenciones ocultas de la amable chica, pero era demasiado ingenuo (y poco heterosexual) como para captar. Además que en ese lapso de tiempo había huido a la tienda para comprar comida. Suplicando a todos los dioses no encontrarse en el camino con Takano, aún le debía una explicación del día anterior. Pero... por primera vez en mucho tiempo, todo había sido ejecutado según el plan.
Inclusive en el trabajo. Era bastante afortunado, debía de reiterar que era lo suficiente afortunado como para no toparse con Takano en toda la tarde laboral. Apenas se habían visto en el vestíbulo cuando él salía con Sanada-san y Takano regresaba de hablar con la gente de la imprenta, había ido a pedir disculpas por decir que la editorial había quebrado y se habían mudado de edifcio (sí, otra vez); aunque era más que sabido que aquella excusa de "ir a pedir disculpas a la impresa" era una salida de emergencias para poder holgazanear y perder el tiempo, en otras circunstancias Takano hubiera arrastrado a Onodera con él. Pero el editor en jefe estuvo tan distraído que olvido jalar a su pequeño Onodera, lo cual agradeció en sobremanera el menor. Suponiendo que en la soledad de la visita a la impreta Takano lo iba a atascar de preguntas, las cuales no soportaría la presión que presentaban y soltaría la sopa. No es como si le importara la aprobación o negación de Takano, pero un niño siempre daba cierta impresión que no era la adecuada para una persona soltera, de su edad y condición social actual. Además, un niño implicaba una relación y él no tenía ninguna... detuvo los pensamientos en seco con la mano deteniendo el plumón rojo. Dandose cuenta que toda la hoja en la que hubo trabajado estaba rayoneada.
-¡Mierda! -rugió y comenzó a buscar otra copia del manuscrito, y para su suerte-. ¡No hay otra! -lloriqueó por cada rincón de la oficina. Mientras que Kisa simplemente sonreía feliz al verlo dar tumbos.
-Neh... Ricchan... Esas hojas sobre las que estas sentado.. ¿No es el reporte que le debes entregar a Kuma-sama? -susurró ladeando infantilmente su rostro.
El rostro del castaño palideció al instante y puso su trasero en el aire, para coger con temor las hojas arrugadas e impresentables, para darse cuenta de su triste suerte y realidad-. ¡Me quiero morir! ¡Me quiero morir! ¡Me quiero morir! -repetía una y otra vez golpeando su frente contra el escritorio. Kisa desde su lugar solo asentía con la cabeza, y el otro castaño sonreía con pena.
-Ya es definitivo, Ricchan se siente completamente como en casa...
-Ni que lo digas, Kisa-san -susurró el contrario volviendo a su trabajo.
...
El trabajo lo había afectado lo suficiente y se encontraba a un grito de distancia de un colapso nervioso, por lo que Hattori deliberó, estando él a cargo ante la ausencia de Takano, enviar a Onodera a casa. No es como si fuera un problema enviar al novato a descansar las neuronas y descansar de los gritos y lloriqueos que a lo mínimo se mostraban por parte del director de agendas. "Te pareces a mi mamá cuando tenía siete años, todo le estresaba y por todo lloraba", comentó Kisa. "Sí supieran la verdad..." suspiró Onodera silenciosamente a tantos caminaba rumbo a su hogar. Sacó su móvil, enviando un mensaje de texto a An-chan que llegaría en nada y que estaba lo suficiente cansado (y estresado) como para ponerse a jugar a la cocinerita con ella. Seguro recibió alguna respuesta, pero no se le apetecía ir hasta su correo de mensajes y ver que Takano le había enviado mil mensajes acosadores, o bien ver que no le había enviado ninguno. Era una novela rusa y él era el protagonista con un enredo en la cabeza (y su corazón) peor que los nudos de las barcas chinas. Apretó la correa de su bolso y aceleró el paso. El viento se violentaba a cada segundo y él necesitaba un poco de chocolate.
El semáforo antes de cruzar la esquina se puso en rojo, señal de alto. Y por inercia peatonal así lo hizo Onodera. Moviendo sus pies juguetonamente para matar el tiempo antes de que continuara con su andar. No obstante, la luz cegadora de una vitrina a su lado captó su atención por el rabillo de su ojo. "Happy Kuma" se leía con letras grandes en una serigrafía bastante infantil pero que causo un poco de gracia en el abatido rostro del editor. Acercó sus pasos hasta la vitrina de vidrio, y enarcó la ceja ante los objetos que ahí se mostraban. Eran juguetes hechos de madera y plástico reciclado. No había notado que había esa clase de lugares en esa calle. Miró su reloj y aun era un poco temprano, por lo cual decidió dar una ojeada al lugar, quizás hasta terminaba comprando algo, debía de ser sincero y decir que la decoración de su apartamento era aburrida y demasiado insípida como para hacerlo sentir acogido. Quizás un poco de decoración, algunas figurillas talladas en madera o alguna agradable lampara de lectura le ayudaba a amenizar el ambiente.
Sus pasos fueron cautelosos, y abrió sin más chiste la pernezuela de metal. Algunas campanitas sonaron a la intromisión, y el fuerte olor a madera penetró de golpe en los sentidos de Onodera, quien ya acostumbrado a las bruscas intromiciones continuó su vagancia en el lugar. Lo que captó a primer vista fue un percho con sombreros colgados. Grandes y pequeños candelabros colgados del techo. Aparadores con juguetes y figuras talladas en madera y algunos libros en unos estantes. Todo era de color café y terracota. Enseguida su mirada vagó de aquí allá, sorteando en los estrechos pasillos con algunos compradores que atraídos por la curiosidad, al igual que él, se encontraban valorando alguna adquisición. Onodera se quedó de pie largo rato frente a los juguetes, él no era fan de coleccionar ese tipo de cosas pero seguro a Yuki le motivaría un poco algún muñeco, o carrito. Frunció el ceño, un muñeco no era una opción, aunque podría funcionar.
-¿Busca algo en especial? -preguntó una voz desconocida detrás de él. Onodera giró su atención y sonrió de forma ingenua.
-Nada en particular, solo veo...
-Bueno, solo como sugerencia, tenemos la colección de libros de cuentos infantiles de los hermanos Grimm con las figuras representativas de cada cuento... -dijo la chica-. Son bastante populares en esta época.
-Muchas gracias... -comentó el chico haciendo una suave reverencia. Suspiró y permitió que ella sonríera coqueta y regalara un fugaz guiño. El hombre frunció los labios una vez más que estuvo solo y reanudo a la salida. Sí tan solo esas sonrisas coquetas provocaran la mitad de la emoción que una mirada ocasional de Takano le daba, sería un hombre feliz y heterosexual. Abrió los ojos y se golpeó un par de veces por pensar en semejantes cosas, y después se reprochó el haberse reprochado por negar el amor de Takano, y después su cabeza fue un caos total. Suspiró.
...
Takano enarcó una ceja con el café en su mano viendo al niño que estaba en el pasillo jugando. Que él supiera los vecinos del departamento 1203 no tenían hijos, y el departamento del 1204 era propiedad de un prestamista de nombre Kanou Somuku, el cual no estaba casado y aunque estuviera casado, solo en dos ocasiones lo había visto.
El niño parecía tener aproximadamente unos seis o siete años. Tenía el cabello negro y bastante largo. Lo veía de perfil mientras seguía conduciendo por una carretera imaginaria un cochecito color rojo. Así, como estaba ligeramente inclinado, le recordaba a alguien, pero no sabía a quien. Después de todo, quizás y sí lo había visto de paso en algún momento, con la buena memoria que tenía él con los extraños no le sorprendía no recordar un rostro insignificante.
Suspiró. Aunque no pudo evitar reprochar y criticar a la desconsiderada madre que dejaba a su hijo jugar por ahí solo siendo ya las nueve de la noche. Sobre todo porqué había un montón de carritos que iban a terminar lesionando a alguien. Frunció el ceño e iba a ir a reclamar casa por casa para averiguar de quien era el niño que no se movía del mismo sitio y sólo empujaba una y otra vez el mismo carrito rojo.
-Oi... -habló, llamando la atención del infante. El cual alzó la mirada verde cruzándonos con los contrarios. Los ojos caoba se abrieron sorprendidos y frunció el ceño-. ¿Cómo te llamas? -preguntó desde su lugar a unos metros de la entrada de su apartamento.
-Yuki... -contestó con un poco de dificultad y modulación primitiva-. ¿Tú?
-Takano... -soltó a regañadientes y por conducta de moral el mayor. El editor enarcó la ceja ante el precario vocabulario del menor y se acercó. Regresar directo a casa después de pedir disculpas a las impresas eran sólo una trampa para pillar a Onodera cuando éste volviera del trabajo, una emboscada perfecta, pero con un niño como espectador, hasta él sabía que era ilegal. Por lo tanto, devolvería sano y salvo al mocoso con sus padres y él, Takano, podría violar placenteramente al inepto de Onodera sin remordimientos de conciencia de haber dejado sin inocencia a un niño.
-¿Donde vives? -interrogó, el niño alzó el brazo, y señaló algún lugar, pero el timbre de su celular comenzó a sonar con insistencia. Frunció el ceño y dio la espalda al párvulo para contestar. En un instante despacharía a su interlocutor para terminar de afinar los ajustes para su cazcarria contra Onodera-. Takano al habla.
-¿Estas ocupado? Necesito hablar contigo, no puedes desobligarte nada...
-Madre. No estoy de humor... -resopló el editor.
-Takano, escucha...
-No, Madre... tú escucha... no es el momento, ni el medio, ni la forma para hablar de ello. Así que por favor, cuelga y evitame la molestia de ser yo quien te cuelgue... -sugirió y una puerta se cerró detrás de él. Takano se giró en seco y el niño no estaba por ningún lado. Hasta los carritos habían sido levantados. Miró todas las puertas que se explayaban a lo largo de su visión y frunció el ceño de nueva cuenta-. Después hablamos... -y colgó sin más, caminando más adentro del pasillo. ¿Quién se había llevado al niño? Dio otro paso, y el piso lo recibió. Había caído de espaldas, un factor inesperado. Un carrito rojo olvidado. Lo iba asesinar en cuanto lo encontrara. Poco a poco se incorporó hasta que por fin estuvo de pie. Viendo como en su chaleco Versalle el café se había derramado. Cerró los ojos, ni siquiera el ardor del café le dolía.
Había sido un día terrible, sí. Iba hablar con Onodera, sí. Iba a gritarle a Onodera, sí. Lo iba a violar después, definitivamente que SÍ. Pero por lo pronto, tenía que llegar en una pieza hasta el departamento para darse un baño y descansar antes de descargar en contra de su subordinado. Sin más, emprendió odisea silenciosa hasta su apartamento.
...
-¿Quién es un niño grande? -sonreía infantil An-chan jugando con los bracitos de Yuki-. ¡Yo! ¿Quién es un niño travieso? ¡Yo! -volvía a reír-. Venga, Yuki... sonríe un poco... -pidió haciendo cosquillas en el torax del menor arrancando unas carcajadas bastante sutiles. La puerta del apartamento se abrió y la chica saltó con el menor en brazos-. Bienvenido, Ricchan, gracias por tu trabajo.
-Estoy en casa... -susurró el castaño con su bolso y algunas otras bolsas más de cartón-. Ey... Yuki... -sonrió el castaño acercandose hasta los otros dos-. Hola, An-chan... ¿Qué tal tu tarde?
-Muy buena, hoy Yuki estuvo jugando en el pasillo con unos carritos que tu mamá me dio... -comentó mientras que le era cogido el niño de los brazos. Onodera cargaba al menor, sintiendo un poco más de peso en el cuerpo ajeno.
-An-chan... pudo haber molestado a los vecinos... -regañó sutilmente el castaño, y después un escalofrío le recorrió el cuerpo. ¿Y sí Takano había visto a Yuki? Clavó la mirada en los ojos verdes y sonrió el infante.
-Neh... Ricchan, no había nadie... además lo estuve vigilando, sólo dos segundos lo dejé solo porque tu mamá llamó, poco después lo metí a casa... -explicó acercandose a ambos hombres-. Mira... le gustas mucho, Ricchan, yo tengo que hacer ciento de cosas para que me sonría o me diga algo...
-Supongo que es por la cosa de los genes y eso... -trató de compactar toda la información que había investigado y corroborado personalmente por Internet y en la linea de atención al cliente. Pero An-chan no parecía muy complacida y frunció el ceño-. No te enojes... seguro le gustas mucho... -canturreó el editor caminando por el apartamento con el niño en brazos.
-Como sea... después de todo, estaría acostumbrada a que los hombres de la familia me rechacen... -susurró mordaz, y Onodera no contestó a eso-. en fin, me marcho... ya cenó, así que no lo obligues a comer nada más... hoy se mantuvo algunos momentos de pie... así que ten cuidado por si lo quiere volver a intentar... -comunicó.
A los pocos minutos, ya Onodera le ponía una pijama al menor. Era una de las tantas cosas que la madre de Ritsu le había pasado a An-chan con la excusa de que quería hacer una especie de manga pero necesitaba material para ilustrar, justificaba la estadía en la casa del editor con que éste le ayudaba y orientaba a como dibujar y demás cosas. Por el momento funcionaba, ya después cuando el menor fuera llevado a la fabrica, dirían algo como: "El maga no es lo mío/lo de An-chan" y ya se desligarían de cualquier sospecha. Tan fácil como eso.
-Bueno, bigboy... es hora de dormir... -informó-. Igual que ayer, tú en la cama, yo duermo en el futon... -susurró alistando al menor. Arropandolo y cogiendo la almohada debajo de la cabeza de éste, quien con iris esmeralda sonreía tranquilo a los tratos de su amo-. Descansa... -pidió, siento Onodera quien bostezaba, y buscaba a gatas su lugar en el suelo.
Onodera se estremeció por completo ante el frió que se colaba por la ventana, sin embargo, se negaba a dejar su sueño y su cama para cerrarla. Eran las consecuencias de ser un descuidado y no haberla cerrado en su tiempo.
Se giró en la cama, una y otra vez, buscando cobijo en sus sabanas. Hasta que por fin, el frío se desvaneció. Sonrió aún dormido, porque a ese calor que las cobijas daban, se le sumaba un nuevo confort. Era como una almohada que le brindaba una tibia sensación extra la cual no era molesta. Giró su cuerpo con premeditación aventajada, buscando más de la cálida sencillez que un cuerpo le brindaba a otro. Y ante el pensamiento se paralizo en seco. ¿Es que otra vez Masamune se había metido a hurtadillas a su apartamento? ¡Oi! Espera, una cosa era entrar al departamento y violarlo en su umbral, y otra muy diferente era que el bastardo de Takano se metiera a su cama sin previamente haberlo obligado a tener esos indecorosos encuentros sexuales. Abrió de golpe las sábanas con todas las intenciones de tirar por la ventana al mastodonte de su editor en jefe, pero en vez de encontrar el delineado y perfecto esculpido cuerpo de Takano, sólo reconoció un ovillo de carne humana. Era Yuki.
-¿hu? -preguntó el niño entre-abriendo los ojos ante el repentino arranqué del adulto, sus brazos se arrastraron torpemente restregándose los ojos con dificultad. Y algunas expresiones de lágrimas se asomaron a los perfiles de sus parpados. Conmoviendo hasta el infinito de su alma la ternura del editor. Mierda. Había asustado al menor.
-¿Pero qué diablos haces aquí? -preguntó en un susurró de voz.
El infante se restregó un poco más los ojos y trató de moverse un poco apoyandose de una mano, pero era bastante difícil. Con esfuerzo, señaló la ventana-. Ne... neve... -trastabilló su lengua con esmero y Onodera captó la idea adelantándose a cualquier otro esfuerzo del infante. Notando todo lo que ya se había arrastrado antes para cerrar la ventana y luego ir hasta el futon donde dormía. Acarició con ternura la cabeza azabache del menor.
-¿Esta nevando, eh? -susurró incorporándose para cogerlo en brazos. La cabecita se movió con suavidad afirmando lo que le decía el adulto-. ¿Tenías frío? -interrogó ahora teniéndolo a su misma altura, observándolo de cerca, y sus respiraciones chocando con pulcritud. Yuki negó-. ¿Entonces? ¿Para qué te levantaste? -susurró Onodera, recordando que An le comentó que Yuki funcionaba de la misma forma que un bebé: Iba al baño, comía y sentía miedo. Con Yuki había una ventaja, siempre podía preguntarle cual era el motivo de su malestar y tener una certeza para atender, no divagar como con los bebés comunes y corrientes. Sólo era cuestión de preguntar.
-Ne...neve... -insistió el más joven, sosteniendo su postura erguida del hombro de quién lo cargaba.
-¿Quieres ver la nieve? -apostilló Onodera viendo como la cabeza castaña idéntica a la suya se mecía en una afirmación dudosa-. ¿Quieres que yo vea le nieve contigo? -dijo un poco pretencioso, pero ante la tímida sonrisa supo que esa era la razón. Suspiró, ahí iban sus últimas dos horas de sueño. Tomó del piso un cobertor con la mano, y con la otra sostenía a Yuki, quien se aferraba del delgado cuello de Onodera. El cobertor, Yuki y Ritsu, anduvieron hasta la sala, donde el más grande dejó envuelto al más joven en el cobertor y él se dedicó a abrir la cortina del ventanal, para que ambos pudieran ver la mística danza nívea.
Los copos de nieve daban un verdadero espectáculo. Con las corrientes de aire tras ello dando forma a sus trayectorias continuas, provocando un efecto de ola o espiral según fuera el caso. Los copos menos afortunados se pegaban contra el vidrio y éste se llenaba de tierra blanca, para después dejarse caer de golpe. El aullar del viento que provocaba una vibración pavorosa en los cristales del ventanal, hacían que en veces Yuki aferrara con fuerza sus manos contra la pijama del que lo sostenía entre los brazos. La mirada verde sorteaba entre la expresión cautivada de Yuki y la propia yuki que afuera bailoteaba feroz sin destino. Extendió la mano a la plaza continua del sillón, esperando encontrar una mano que le diera un poco de calor. Buscando en su imaginación al pervertido de su jefe para que junto con ellos, Yuki y él, admirara las maravillas de la madre naturaleza.
No tardó mucho para que el niño terminara roncando con suavidad. Y Onodera sólo lo peinara. Delineó el rostro del infante que dormía abrazado a su cintura. Tenía las mismas cejas que su madre y detectaba el delgado puente de su nariz ahí, sin mencionar el cabello castaño y rebelde. Hasta el mismo tono de piel, inclusive el pequeño Yuki era tan tímido como él cuando tenía su edad.
La edad.
Entrecerró los ojos Onodera y acarició el cabello de Yuki. No sabía realmente como manejar el tema de la edad con el niño. No es que para el propio Yuki fuera un misterio o un tabú el hecho de que él era un androide, pero ante los humanistas y morales de Onodera, Yuki era un humano, y aunque le pesara, él era algo muy parecido a un hijo.
-"¿EH¡"- estaba a punto de gritar al pillarse así mismo pensando cosas como esas. Pero se abstuvo ya que el pequeño se retorció y lo estrechó más.
Tenía que poner las cosas bien en claro. Él, Onodera Ritsu (Alias Oda Ritsu xD) no era el padre de Yuki. Era su tutor, o cuidador, o cualquier otra cosa, pero no su padre. No podía confundirse y encariñarse con él. Después de todo en la compañía habían dicho que en una semana vendrían por el niño para llevarlo a un mejor lugar. No podía darse el lujo de sufrir por una perdida tan superficial. Tenía mucho en que pensar como para colocar la carga de un niño.
Sin embargo, ver dormir a Yuki, realmente le relajaba. Le recordaba a él mismo cuando era un niño. Claro, había tantas y tantas cosas que le recordaban a él. Después de todo tenía todo su ADN y el de una desconocida.
"Será..." entonces la idea de haber tenido sexo indirecto con una total desconocida le vino a la mente.
-¡Diablos!- no pudo evitar gritar y girarse en el sillón cayendo con todo y yuki directo al suelo. Quedó tendido mientras que el frió del suelo le abrazaba.
-"Disculpa... Onodera-sama... tengo hambre..."- habló una suave y ensoñada voz. El mencionado se giró y tirado a algunos centímetros de él, Yuki se restregaba los ojos mientras que bostezaba abiertamente. Los ojitos esmeraldas se entrecerraron llorosos, mientras que el cabello azabache desordenado llamaba la atención de Ritsu. Le formó una sonrisa en el rostro que reflejaba la ternura que sentía por aquel niño. Además...
-¿Me hablas a mí?- cuestionó Onodera un poco incrédulo, adjuntando aquellas palabras a una ilusión.
-Sí... -masculló la tersa voz infantil como respuesta antes de perderse en las corrientes de aire que afueran ululaban con fuerza. Porque era de noche y afuera, airaba.
Fin...
Por ahora.
Atte.
La santa hermana nieve.
(St. Yukionna)
Reviews. ¿Por qué contestar por aquí y no por MP? Ah, porque me gusta más de ésta forma. Se mantiene una comunicación vouyerista, además que son cosas de la vieja escuela.
Karu-suna: Querida. Pues enfermar, enfermar, lo que se dice enfermar, no creo... o quizás sí. Por ahí habrá algo entretenido y el pobre Onodera caerá victima de extorsión (spoiler). Pero que bah! Disculpa por hacer esperar tanto, pero en vacaciones suelo tirarme a la huevanza y no hacer nada xD. Gracias por leerme, me haces muy feliz :3
Cerezo 21: Kyas! Gracias por seguir mi historia. Y sí, pobrecito. Pero verás que todo mejora, te lo prometo.
CF3SO3H: Disculpa la demora. Muchas gracias por las flores que me echas, hago lo mejor que puedo con la neurona restante después de un día de trabajo y universidad, espero llenar las expectativas de tu entretenimiento y contar con tus alegres risas este capitulo. Un saludo y bendiciones.
The Alice-Game: Sí soportaste la espera, te prometo que el próximo capitulo te morirás de la felicidad (?). Prometo cosas que cumpliré... Me da gusto saber que tengo una adorable Chibi-tan, te mando saludos y gracias por leerme, me haces feliz.
Gao: xD Bueno, a mí me pareció lo suficiente descuidado como para hacer eso, y sobre todo el hombre no tendría tiempo de hacerlo, pero insisto, hay pequeñas viñetas tras cada capitulo como de "la vida diaria" de los chicos del manga, y en algún cuadro recuerdo haber visto a Onodera hornear xD, ahora solo le quise dar puntos de buena esposa. xD
Maru-chan: Actualizado, y servida señorita. Gracias por todos los "likes" me hiciste ruborizar jajajaja, saludos y buenos deseos fujoshis :3
Kennyfangirl: Tengo vida social, vida escolar y vida marital (?) bueno, esa última no, pero algún día la tendré (?). No te contesté de inmediato pues quería sorprenderte con ¡ESTO! un nuevo capitulo. Tu review fue la gota que derramó el vaso de mi egocentrismo y aquí me tienes, escribiendo después de un día de joda, bueno más bien transcribiendo. Gracias por el apoyo, y espero no desilusionar las ganas que tenías de seguir leyendo. Saludos, honey...
Follows: MIL GRACIAS A LOS SEGUIDORES! Me hacen cochinamente feliz, y les mando mucho RAPE... los amo a todos, y recuerden: Una vida feliz es haciendo lo que a ustedes les gusta. Amores... ciao ciao...
Sig. Capitulo: Gris, tormenta.
