Sentimientos heridos, corazones partidos

Era plena tarde. Los ninjas de Konoha habían vuelto a sus responsabilidades. Los niños salían de la escuela a jugar y los que no tenían nada que hacer, se echaban una siesta después de la comida. En esos momentos, no había nadie en las calles salvo dos jóvenes, una rubia habladora y un chico con cola que le seguía el paso a desgana:

–A ver… para una primera cita, tendríamos que pensar en algo atractivo, no excesivo, pero si lo suficiente para que deje claro los sentimientos. También a de ser bonito. Podrías pensar en algo específico para ello. Sí, esos detalles siempre quedan bien…

"Está tía… ¿es qué no va a callarse nunca?" pensaba El Nara. "Mejor la dejo que sigua hablando que al menos así no me molesta".

–¿Has entendido Shikamaru?

–¿Eh?...¿Qué?

La Yamanaka lo miró frunciendo el entrecejo:

–¿No me estabas escuchando?

–Si hablas como una cotorra, normal que la gente deje de escucharte.

–¡Encima que te estoy dando mis consejos!

–Mujer, no te pongas así.

–Desde luego, no tienes remedio.– si Shikamaru quería sacarla de sus casillas, ella no iba a ser menos –Muy bien.– se le acercó y le agarró el brazo cogiéndolo desprevenido.

–¿Pe-pero qué estás haciendo Ino?

Intentó soltarse, pero la Yamanaka lo tenía firmemente cogido por el brazo, de una forma seductora:

–Mejor probemos algo más práctico.– dijo coqueta –Vamos a hacer como que soy Temari, ¿vale?

–¡Cla-claro que no!– su cara se empezaba a poner colorada.

–Vaya, ya te estas poniendo rojo.– se le zafó aún más –¿Nunca habías estado tan cerca de una chica Shikamaru-kun?

–¡Deja de hacer eso!

–¿Porqué? Es muy divertido.– el hecho de poder poner de los nervios a ese genio gandul, divertía mucho a la kunoichi. –Además, necesitas algo de práctica si quieres poder salir con ella.

–Sí, ya, pero…

–Entonces no hay más que hablar. Venga, vamos a dar una vuelta.

Una vez más, el joven Nara se vio arrastrado a la fuerza por esa rubia hiperactiva. "Dios, en verdad que las mujeres son un verdadero problema".

Unas calles más allá Temari y Kurenai iban camino de la clínica de Konoha. La jonin tenía que irse a hacer unas pruebas y decidió acompañarla:

–¿¡Embarazada!?– exclamó la rubia.

–No grites tanto– le dijo la mujer algo avergonzada.

–Lo siento. Es solo… que me quede sorprendida.

–Sí, te entiendo. Yo misma me quedé sorprendida al enterarme.

–Muchas felicidades.

–Gracias.

La rubia miró al vientre de la maestra:

–Entonces ese niño…

–Sí, es de Asuma…– en su cara se podía ver algo de tristeza –Me hubiera gustado que él estuviera para verlo.

–Lo siento.

–Bueno, ya no hay nada que hacer. Pero tengo fe que este niño crecerá sano y hermoso y será igualito a su padre. Nuestro pequeño rey.

–Yo también lo espero.

–A ti también te tocará Temari.

–¿Q-qué?– eso había cogido a la rubia desprevenida.

Una sonrisa de la jounin le hizo entender de inmediato el mensaje.

–¿¡A que viene eso!?– gritó alterada.

–Tranquila mujer, era una broma.

Siguieron caminando un rato hasta llegar a una difurcación:

–Bueno, aquí nos separamos.– dijo Kurenia –¿Qué vas ha hacer tú?

–No sé, aún me queda un poco de tiempo libre, puede que me pase por mi apartamento.

–Vale, nos vemos.– antes de irse algo le vino a la cabeza a la jounin –Por cierto, ¿me podrías hacer un favor?– sacó de su bolsillo una cajita envuelta en mantas –Me lo ha dado la hermana de Kiba, para que se lo dé cuando lo viera, son unas pastas, como se tiene que quedar en la academia hasta tarde. ¿Podrías dárselos por favor?

–Eh… sí, por supuesto.

–Muchísimas gracias.

Las dos se despidieron y se fueron por caminos diferentes.

Temari, cogió el camino que la llevaba hasta la academia.

"Tss. Mira que tener que llevarle la comida a ese Kiba. Con lo que me hubiera gustado poder estirarme un rato en el sofá".

Cuando llegó a la entrada, no encontró casi a nadie. Las clases ya hacía rato que habían terminado. Entró a dentro del edificio y preguntó a uno de los ninjas de allí por Kiba. Le dijo que estaba en la sala de maestros haciendo papeleo. La rubia fue hacía allí. Cuando llegó llamó a la puerta y una voz le respondió:

–Pasa.

El Inuzuka, estaba sentado en una silla giratoria, con un montón de papeles esparcidos sobre la mesa. A sus pies estaba Akamaru, que yacía plácidamente en el suelo:

–Temari…– el chico parecía sorprendido al verla –¿Qué haces aquí?

–La maestra Kurenai me ha dado unas pastas para ti. Son de tu hermana– dijo tendiéndole el paquete.

El chico lo cogió con entusiasmo:

–Mmmmm, esta Hana como me conoce.

–No me imaginaba encontrarte aquí. El papeleo no te pega nada.

–Yo tampoco esperaba verte aquí. ¿No estabas en una cita con Shikamaru?

–No digas tonterías.–dijo incómoda.–¿Por qué tendría que estar una cita con ese vago?

La respuesta pareció divertir al chico:

–Venga ya. Todo el mundo sabe que estáis coladitos el uno por el otro. Venga, no seas tímida. ¿Te lo ha pedido? Venga déjame ver el anillo…

El Inuzuka dejó de hablar al darse cuenta de la expresión asesina de los ojos de la rubia. El chunin entendió que esta vez había hablado demasiado. La jounin de la Arena se le plantó en frente y le miró fijamente:

–Escúchame bien, no he venido aquí para escuchar las chorradas de un inútil como tu. ¿Queda claro?

–¡N-n-no te pongas así mujer! ¡Que era una broma!– contestó rápidamente un aterrado Kiba. Hasta Akamaru parecía asustado.

La rubia se marchó de la habitación dejando dando un fuerte portazo al salir:

–Caray, esta tía da tanto miedo como mi madre. Brrrr. En verdad, no se que ve Shikamaru en ella.

–¡Guau!

Temari caminaba con pasó firme por el pasillo:

–Menudo idiota. ¡Pero que demonios le pasa a todo el mundo! Por fin que me había olvidado del tema… ¡Aggg! ¡Me voy a acabar volviendo loca!

–¿Salió de la floristería de los Yamanaka?

Unas voces llamarón la atención de Temari. Se acercó a una de las aulas, supuestamente, vacías. Dentro había unas niñas en coro hablando sobre algo que parecía muy interesante:

–¿Estás segura?

–Sí me lo dijo mi hermana.

–¿Entonces están saliendo?

Aunque la puerta estaba cerrada y no se veía el interior, Temari reconoció la voz de la niña que se había encontrado el otro día.

"Es esa cría otra vez. ¿De que están hablando?"

Acercó más el oído par oír lo que estaban diciendo:

–Sí, están saliendo.

–Pero ella me dijo que no estaban saliendo.

–Claro tonta.– le contestó otra niña –Te lo dijo precisamente porque están saliendo.

–Mi prima siempre me decía que acabarían saliendo– dijo otra.

–¿Entonces porque ha comprado las rosas?

–Para declarase, seguro.

–¿¡Eeeeh!?

–¿Se va a declarar?

–Es tan romántico.

"¿De-declarar? ¿Quién se va a declara?

–Nunca pensé que Shikamaru sensei fuera tan atrevido.

Al oír eso, el corazón de Temari dio un vuelco. Se incorporó rápidamente dejado ver su cara sonrojada:

–Shi-Shi-Shikamaru…de–declararse.

Se quedó parada ahí junto a la puerta, intentando asimilar lo que había escuchado. Cuando por fin recuperó la consciencia, salió rápidamente de la academia, sin pararse a hablar con nadie. Una vez fuera, se dirigió a paso rápido a la Mansión Hokage, mientras su mente era un torbellino de emociones. Podía sentir como su corazón latía en su pecho.

"No, no puede ser" se decía, "Tiene que ser un error. Shikamaru no haría una cosa así. Se habrán equivocado. Sí eso es. Venga ya como esperar que ese vago rematado, ese machista inútil, ese genio sabelotodo, vaya…

Sus piernas dejaron de moverse. Se quedó parada, allí, inmóvil en el camino. Empezó a sentir una sensación rara en el estómago.

–…vaya a declarárseme.

No pudo evitar sonreír al decir eso. Esas palabras la llenaban de alegría. No sabía porque, pero la hacían feliz. Estaba totalmente ruborizada:

–Entonces… ¿le gusto?– se volvió a poner la mano en su pecho –Así que ¿esto es estar enamorada? Se siente genial. Sus dudas, los nervios y temores que había tenido, ya no existían. Solo sentía una sensación de felicidad que inundaba todo su ser. Nunca había experimentado nada igual. Era algo mágico. Creía que era un sueño, pero no quería despertar.

Cuando volvió de nuevo en sí, reemprendió el camino hacia la Mansión Hokage. Se sentía tan feliz que no creía que nada pudiera quitarle esa felicidad. Que equivocada que estaba.

Cuando fue a doblar una esquina vio algo que la dejaría marcada. De pie en el camino, estaban Shikamaru e Ino. Estaban los dos uno enfrente de otro, el Nara llevaba en una de las manos, el ramo de rosas que había comprado. No decían nada, solo se miraban fijamente en los ojos. Y entonces pasó. La shinobi de la hoja dio un pasó enfrente y como sus labios se acercaban.

Al verlos, Temari sintió como algo en su interior, se rompía. En silencio, dio media vuelta y se fue sin que lo notaran. Caminaba cabizbaja, con el rostro ensombrecido:

–Claro, que tonta he sido, las rosas eran para Ino. "Una chica a la que le encanta mirar las plantas", se refería a ella. Claro, es una miembro de su equipo es lo más lógico. En verdad, no se como he podido creer que estaba enamorado de mí. Vamos era tan obvio, tan obvió…– las lágrimas empezaron a brotarle de los ojos en abundancia. Se llevó la mano al pecho, agarrándoselo fuertemente –Entonces… ¿por qué me duele tanto?

En el otro lado de la calle, antes de que los labios de la rubia entraran en contacto con los suyos, el shinobi pegó un salto hacia atrás sobresaltado:

–¿¡Pe-pero qué haces!?

–No te pongas así. Tienes que coger un poco de práctica si quieres besar chicas.

–¡Y un cuerno!– le contesto el joven completamente colorado.

–Era broma hombre.– le contesto pícaramente sacándole la lengua.

–Es que mira que eres…

–No seas tan refunfuñón.

–Esto no funciona. ¿Cómo se supone que esto me ayudara a salir con Temari?

–Bueno de momento no lo estás haciendo mal. Si estuviéramos en una cita de verdad aún no te habría dado calabaza.

–Ya pero tú eres mi amiga y no es lo mismo. Además, no sé cómo se lo hace, pero ella siempre consigue sacarme de mis casillas.

–¡No seas tan pesimista hombre! Además,– se le acercó al oído como para contarle un secreto –a las chicas nos encantan los chicos a los que podemos poner nerviosos.

–Tss…– el chico se volteó, intentando ocultar el rubor de sus mejillas, que había ido a más.

–Bueno, ¿ahora qué harás?– le preguntó la kunoichi.

–La verdad… no tengo ni idea. No sé, puede que te parezca un cobarde, pero tengo miedo a lo que me pueda responder ¿sabes?

–Si no se lo preguntas nunca lo sabrás.

–Sí, seguramente.– miró al cielo, en dónde se empezaban a ver algunas nubes –Menudo rollo.

El despacho estaba tal y como lo había dejado al marchar. La rubia fue hasta su escritorio se sentó en su silla. Con la mirada sombría, empezó a hojear el papeleo, pasando folio tras folio sin tan solo leerlo. No tenía ganas de trabajar, no quería hacer nada. Aunque había dejado de llorar, tenía una expresión de tristeza. Siguió hojeando los papeles durante un rato, solo dejando que el tiempo pasara.

De pronto, el pomo de la puerta giró y esta se abrió. De todas las personas que podían ser, tenía que ser él.

Shikamaru, estaba nervioso, tenía oculto el ramo de rosas en la espalda sin que ella lo notara.

"Dios, que hago ahora. Vale, cálmate, se natural".

–¿Aun sigues trabajando?

–¿Qué es lo que quieres?

–He pensado que cuando acabases podríamos… ir al Ichiraku a comer.

–Tengo mucho trabajo.– dijo tajante sin levantar la mirada. Ahora mismo no quería hablar con él.

–Venga mujer, si sigues aquí mucho tiempo vas acabar olvidado como divertirte.

–Ya te he dicho que tengo trabajo. Si tanto quieres ir ve con Ino.

Esa respuesta cogió al Nara algo desprevenido:

–¿Te pasa algo? Te ves algo rara.

–Lo que me pasa es que no me dejas trabajar.

–No te pongas así mujer, solo digo que necesitarías relajarte un poco.

–Y tú necesitarías espabilar de una buena vez.

–¿¡Pero qué demonios te pasa a ti!?

Se oyó retumbar un trueno a lo lejos. En las ventanas empezaban a caer diminutas gotas de agua, que cada vez caían con mayor intensidad:

–¡En serio, estás muy rara!

–¡Tienes razón! ¿¡Cómo puede ser que no sea una vaga rematada!?

–¡Oye, solo trataba de ser amable!

–¡No recuerdo haberte pedido tu amabilidad!

–¡Si tanto te molesto me voy!

–¡Sería un detalle, gracias!

–¡Vale!

–¡Vale!

El chico salió del despacho dando un portazo. Temari se quedo sentada, ahí mirando fijamente la puerta. Enterró su cabeza entre sus brazos sobre la mesa y se quedó allí, llorando.

El Nara salió de la Mansión Hokage pese a que estaba lloviendo con fuerza. El agua le golpeaba fuertemente en la cara pero no le importaba. En esos momentos nada le importaba.

En una esquina, lo estaba esperando a Yamanaka con un paraguas esperando saber como había ido. Esta se sorprendió al ver venir al chico con los ojos en lagrimados:

–¿Qué ha pa…?

El chico pasó por su lado ignorando totalmente a lo chica.

–¡Shikamaru!– le llamó.

Al oírla, este se paró:

–¿Ha pasado algo?

Este no contestó, solo miró el ramo de rosas que aun llevaba en la mano:

–Ya sabía yo que esto no era buena idea.

Tiró el ramo al suelo con rabia y se fue caminando a su casa empapado. Ino se acercó a recoger el ramo y vio como el Nara se alejaba por las solitarias calles de Konoha:

–Shikamaru…

En serio, por un momento creí que no lo acabaría nunca. Deberían levantarle un altar a todos aquellos que son capaces de escribir un fanfic en época de cole. Me dan risa los de Misión Imposible, ¡que intenten escribir una fanfic y luego que me vengan a hablar de "misión imposible"! En fin.

Espero que esta historia os esté gustando. De verdad me hace muy feliz recibir vuestros reviews con vuestras opiniones y espero que sigáis enviándolos.

Bueno, la fortuna no parece sonreírle a nuestra pareja. ¿Será este el triste final que les depara la suerte? ¿O el destino le brindara una última oportunidad al amor?

Todo esto en el cuarto y último capitulo: El desenlace.