El primer día del resto de mi vida

Esa mañana Aine se había despertado, de un sueño cargado de melancolía, con algunas lágrimas bordeando su rostro. Permanecía acostada en su cama debatiendo consigo misma el propósito de levantarse ese día y el día siguiente y el siguiente... Pero la vida continuaba, ella seguía viva, los pájaros seguían posándose en su ventana, su hermana, en parte, la seguía acompañando y los ruidos matutinos de la cocina seguían escuchándose por toda la casa. Esto último la desconcertó un poco pero rápidamente recordó a aquel hombre, Albus Dumbledore; su padre adoptivo, del cual poco sabía pero al parecer su madre confiaba más en él que en cualquier otra persona en el mundo.

Tenía una lista enorme de preguntas sobre "su condición" y sobre el porqué su madre jamás lo había mencionado o porque simplemente ella había decidido sellarle sus supuestos poderes. Supuso que la mejor forma de conseguir respuestas era enfrentando a su nuevo padre, así que salió de la cama decidida a obtener respuestas. A mitad de camino vio su reflejo, en un pequeño espejo colgado entre la habitación de ella y la de su madre; estaba completamente despeinada, con la cara hinchada, con el desgastado pijama y sus ojos aun delataban sueño, así que decidió que lo mejor sería ponerse un poco más decente. Corrió a la ducha y allí estuvo más tiempo del que hubiese deseado, mientras que el agua caliente caía sobre ella sintió que sus músculos se relajaban a cada segundo que pasaba y de un momento a otro, sin previo aviso lágrimas rebeldes brotaron de sus ojos; no se molestaba en secarlas, prefirió que aquellas lagrimas se fundieran con el agua de la ducha. Así estuvo, mirando un punto fijo con la mente llena de recuerdos hasta que una voz familiar la saco de aquel trance

-Tenemos que ser fuertes. Necesitamos respuestas.

No necesito más. Terminó de bañarse, se maquillo, se vistió y con una última mirada en el espejo de su cuarto se dirigió a la cocina. Volviendo a repasar en el camino todas y cada una de las preguntas que quería hacer. Cuando entró en la cocina se sorprendió de ver a su amigo cocinando y hablando relajadamente con Albus, la escena había alejado momentáneamente todas sus interrogantes.

Había sido muy incómodo para Vladimir que fuera Albus quien le abriera la puerta esa mañana, pero decidiendo darle una oportunidad le pidió serenamente explicaciones sobre quien era y que clase de amistad tenía con Irene; por supuesto Dumbledore contesto todas las preguntas que el joven recitaba, aunque en más de una tuvo que mentir ya que desconocía hasta donde el muchacho sabia sobre la verdad de aquella fragmentada familia. Cuando Vladimir estuvo satisfecho y ambos escucharon correr el agua de la ducha se propusieron preparar el desayuno. Tras decidir que cocinar Albus, que poco sabía de cocina, se limitó a observarlo y hacerle alguna que otra pregunta cuando no entendía lo que el joven hacía. Esto no molestaba en lo absoluto a Vladimir, quien pensó que quizá sería mejor llevarse bien con el ahora padre de su amiga. A pesar de que el desayuno emanaba una fragancia que había invadido la cocina por completo, ambos hombre se percataron del ligero olor a jazmines que irrumpía en el lugar, se voltearon para encontrar el culpable de aquella encantadora fragancia y sus ojos se toparon con Aine que llevaba su cabello húmedo por la ducha, sus ojos lucían rojizos, como si hubiese estado llorando recientemente, al parecer había decidido maquillarse y traía puesto un vestido negro con bordes plateados, largo hasta el piso ceñido a su cuerpo, que mostraba esas curvas que ella tanto se había molestado en ocultar en su corta vida, sus zapatos, también negros, tenían un pequeño moño plateado en el costado. Sin mediar palabra con ninguno de ellos acercó una silla a la mesada y se subió en ella intentando llegar a la parte de atrás de la alacena, tardó unos minutos en encontrar el pequeño frasco que buscaba. Los hombres veían la graciosa escena de la joven enojada intentando encontrar algo y dejaron ver una sonrisa cuando descubrieron que se trataba de un frasco de caramelos de limón, la vieron regresar la silla a su lugar y sentarse en la mesa, Vladimir había seguido preparando el desayuno y Albus se acercó a ella para tomar un caramelo e informarle que se había tomado el atrevimiento de invitar al velorio algunos amigos, del mundo mágico, de su madre. Pero Aine se le adelantó y acercándole el frasco para que tomara un caramelo le agradeció que se encargara de aquellos a los que ella desconocía. Vladimir intervino afirmando la presencia de sus padres en el velorio y ya que ellos eran dueños de una morgue se ocuparían de todo. Dumbledore creyó que la familia de Vladimir necesitaría una lista de las personas que Irene conocía, pero Aine le dijo que era innecesario ya que los padres de su amigo eran muy cercanos a su madre y conocían el entorno de ella. Sin nada más que decir, Vladimir dispuso los platos sobre la mesa, ella corrió el frasco y lo dispuso ni cerca ni lejos por si se arrepentía de desayunar y quisiera embriagarse en el sabor de los caramelos.

Cuando los tres terminaron Vladimir se ofreció a lavar los platos, nadie opuso resistencia y mucho menos Aine que había permanecido en silencio y mirando a un punto fijo en la nada. Los hombres había intentado pensar en algunas preguntas o algún tema de conversación, esperanzados de que ella leyera sus mentes y responda o diga algo pero esta parecía no importarle o no parecía darse cuenta. Fue Albus quien podía jurar haber visto salir un poco de humo de la cabeza de la niña y le ofreció hablar en privado con ella. Se dirigieron al estudio de su madre, una vez allí Aine se sentó en un almohadón en el piso al lado de una puerta corrediza de vidrio que daba a un patio interno lleno de flores de colores; como hipnotizada por esa belleza natural olvido que Albus estaba allí, este se tomó unos minutos en contemplar aquella habitación. Dos de las paredes estaban repletas de libros de todos los colores y tamaños, había un escritorio justo en el medio, en la tercera pared, al costado izquierdo del escritorio había una chimenea enorme y en la cuarta estaba el ventanal en el que Aine se había recostado.

Albus no había llegado a sentarse cuando ella comenzó a hablar lenta y serenamente:

-¿Por qué ella jamás habló de usted?, ¿Por qué nos alejó de ese supuesto mundo mágico? Y ¿Por qué ella decidió sellar mis poderes? Acaso ¿le temía a algo, estaba huyendo, escondiéndose de algo o alguien?

- Son demasiadas preguntas. Pero supongo que podré aclararte algunas. Ella era una bruja maravillosa, muy talentosa. Pero tenía cierto afán por poner su vida en riesgo, amaba la libertad, solía vivir de aventuras, escapando de las obligaciones. Era incontrolable; pero un hombre pudo dominarla y retenerla, dándole dos pequeñas maravillas. Si, Aine, tú y tu hermana. Ese hombre era tu padre. Nunca supe mucho de él y tampoco puedo decirte como murió, pero estoy seguro que las amaba incondicionalmente. Al parecer tu madre estuvo presente cuando el falleció. Pocos días después de que me enterará vine a verla ofreciendo mis deseos de ser el padre adoptivo de ambas. Ella estaba abatida, pero se alegró al escuchar mis deseos. Siempre le tuve un profundo aprecio a tu madre… Fue ese mismo día en el que tu hermana murió, pero como sabaras, logramos anclar el alma de Deva en el collar. Ella nunca mencionó que había sellado tus poderes. Si me pareció raro que no ingresaras a ninguna escuela de magia, pero supuse que tu madre prefirió enseñarte. Pero veo que me he equivocado y ahora me encuentro en la obligación de enseñarte.

-Ya veo- dijo Aine aun anonadada por la información que Albus le había dado- supongo que no podré quedarme aquí.-

-Me temo que no. Tendrás que venir a Hogwarts conmigo- al ver la incertidumbre en el rostro de la joven, le aclaro- es un colegio de magia y hechicería. Soy el director de ella y como tal, tendrás que respetar mis reglas. Como supondrás allí habrá profesores que te enseñaran todo lo que puedas y quieras aprender. Partiremos poco después del entierro de tu madre. Siempre y cuando estés de acuerdo.

- Si- dijo repentinamente, no estaba segura de por qué lo había dicho, no lo había meditado lo suficiente, pero sintió un repentino impulso y unas incontrolables ansias de aprender y sin razonar demasiado volvió a decir- sí, quiero ir, quiero aprender. Por favor.

La sonrisa del Director se hizo más visible. Aine aún tenía dudas que quería resolver, pero Vladimir había irrumpido en el estudio informándoles que sería mejor irse o llegarían tarde.

Aine se pasó el resto de la tarde saludando y abrazando tanto a gente que conocía como a muchas otras que parecían conocerla pero que ella no sabía ni sus nombres. Vladimir no se apartaba de su lado y ella tomaba su mano o lo abrazaba dependiendo de que recuerdo de su madre venía a su mente, los abrazos hacían de escondite para sus lágrimas. Para ella estaba bien llorar, pero jamás permitiría que otra persona que no fuese su amigo la viera en esas condiciones. Vladimir se limitaba a envolverla con sus brazos y ocasionalmente su mano derecha subía y bajaba por su espalda en un intento de tranquilizarla que ella agradecía todo el tiempo. Hubo dos ocasiones en las que su amigo la dejo sola y ella pudo aislarse tranquilamente, pero una voz familiar, la misma voz que había escuchado en la ducha esa misma mañana, se abría paso en su mente

-Tienes que ser fuerte. A ella no le hubiese gustado que lloraras todo el rato.

La primera vez, la voz apareció de un modo tan abrupto que Aine se sobresaltó llamando la atención de algunas personas. Pero la segunda vez se dio cuenta de a quien pertenecían aquellas palabras. Eran de Deva. Pero ¿cómo podía ser eso posible? No estaba tocando la piedra pero Deva fue más rápida y habló primero

-Creo que es a causa de que el anillo desapareció.

-¿El anillo…?- Interrumpió Aine.

-No lo entiendes Aine, el anillo era el sello del que mamá hablaba en su carta. Esto que puedes hacer con tu mente es gracias a que el sello se rompió. Creo que deberías hablarlo con Albus, parece ser un hombre sabio.

Aine quería seguir hablando con su hermana pero Vladimir se acercaba y no estaba segura de cómo explicarle esto. Lo de la mente fue sencillo, pero él no sabía nada de su hermana y no estaba segura de querer que lo sepa. Ellos permanecieron juntos hasta el final del velorio y si hubiese sido por el joven no se hubiesen despedido hasta el anochecer, pero ella recordando las palabras de Albus, se despidió de su amigo y le agradeció por millonésima vez a los padres de este por todo lo que habían hecho por ella.

Cuando Aine y Albus llegaron a la casa, las maletas de esta estaban hechas y amontonadas al lado de la puerta, él le explicó que su magia le permitía hacer eso y que con la misma magia mandaría las maletas a su nueva habitación. Y sin perder más tiempo Albus le pidió que se dirigieran a la chimenea del estudio de su madre. Aine no entendió bien esa orden, pero no se animó a contradecirlo y una vez allí Albus saco una pequeña bolsita con lo que le pareció era polvo. Él le explicó que debía tomar un poco y meterse dentro de la chimenea y decir unas palabras, ella así lo hizo y cuando soltó el polvo sintió que un fuego helado la envolvía y nublaba su vista, cuando logró comenzar a ver e identificar algunas siluetas de muebles se dio cuenta de donde estaba. Era el despacho de Albus, era justamente como había visto en sus recuerdos.

-Parece más grande en persona- dijo Deva y Aine sonrió ante a la acotación. Realmente era enorme.

Segundos después Albus apareció detrás de ella y saliendo de la chimenea dijo

-Supongo que sabes dónde estás. Pero más allá de esa puerta esta Hogwarts, mi colegio, tu nuevo hogar.- con una breve pausa que se tomó para contemplar el brillo curioso de los ojos de Aine. Le dijo, mientras la encaminaba hacia la puerta y luego por una serie de pasillos - Ven te llevare a tu habitación, mañana pasaré por ti para que desayunemos juntos y hablemos de todo lo que necesitaras para tus clases. Es importante- dijo deteniéndose frente a una puerta y mirándola con severidad- que no salgas de tu cuarto de noche y menos sin compañía, por lo menos hasta que conozcas el castillo. ¿Lo has entendido Aine? ¿Puedes prometerme que me harás caso?

Aine no se atrevió a romper el hermoso silencio en el que estaba sumido el castillo, junto con la tenue luz de las velas y los enormes ventanales que dejaban entrar la blanca luz de la luna, dándole al pasillo un aspecto tétrico pero seguro al mismo tiempo. Así que opto por hablar en la mente de Albus

-Sí señor, lo entiendo.

-Bien. Por cierto, supongo que comprenderás que no es apropiado meterse en la mente de los demás. Así que evita hacerlo. ¿De acuerdo?

Aine solo afirmo con su cabeza y Albus abrió la puerta dejando al descubierto una habitación enorme con un balcón cubierto de flores, la cama y el escritorio eran parecidos a los que estaban en su casa, pero estos tenían una aura mágica que los hacia más interesantes.

La fascinación de Aine se reflejaba en su rostro y Dumbledore no necesito más y deseando buenas noches a la joven se marchó.