Disclaimer: Estos personajes no me pertenecen. Forman parte de las películas de Frozen y El Origen de los Guardianes (Rise of the Guardians).
N/A: Cada vez que pienso todo lo que he tardado escribiendo esto me dan ganas de tirarme de los pelos. Pero no tengo tiempo libre, y cuando lo tengo lo suelo ocupar en otras cosas, así que siento tardar tanto para escribir un maldito capítulo, de vervad x_x.
Por suerte este capítulo es más largo, como me habíais pedido. Realmente lo quería hacer más largo aún, pero no sabía cuando volvería a encontrar un hueco para seguir escribiendo, así que lo corté ahí y el siguiente capítulo saldrá un poco más corto (pero antes).
Una aclaración, Pitch sería Sombra, o más conocido como El Coco. Para aquellos que no conozcan su nombre en inglés.
¡Disfrutad de la lectura!
Jack deambuló por la habitación con aspecto desganado. Golpeaba con su vara los juguetes de Elsa y los congelaba a su paso. Ella estaba practicando con sus poderes, y no le hacía caso alguno. La chica ya tenía la suficiente capacidad para controlarlos, pero se empeñaba en intentarlo de nuevo todo el tiempo. Aquello aburría a Jack de sobremanera. Podían jugar, charlar, divertirse, saltar, jugar con la nieve... Pero no, ella quería practicar.
-Elsa, me aburro mucho.
Ella no le prestó atención y siguió concentrada en su trabajo. Jack se sentó en el suelo, ofuscado, puso los ojos en blanco y resopló. A decir verdad, Elsa no era una chica muy activa. Prefería estar tranquila y charlando con él en vez de divertirse tirando bolas de nieve. La miró. Había pensado en echarle eso en cara. ¿No se suponía que los niños eran traviesos y se pasaban el día correteando de un lado a otro? ¿Cuántos años hacía que se conocían? ¿Cinco? Ella recién había cumplido los seis años cuando él apareció. Y ahora debía rondar los once años, si no recordaba mal. "Entonces, ¿por qué diablos no se comporta como los demás niños de su edad?", pensó él, enojado. Lo cierto es que sabía perfectamente la respuesta a esa pregunta. Ella no era una persona normal. La gente normal no va por ahí congelando cosas a su paso, como si de magia negra se tratase. Aunque en ese caso, Jack tampoco entraba en la categoría de "personas normales".
-Elsaaaaaaaa –llamó Jack desde el otro lado de la estancia-. Cuéntame algo. Diviérteme, o de lo contrario voy a explotar de aburrimiento como la nieve.
Lanzó una bola de nieve hacia arriba y la hizo estallar. Se rió entre dientes con su propio chiste, pero se detuvo al ver que Elsa no se reía con él.
-Eh, ¿qué estás tramando ahí? –preguntó con curiosidad.
La chica llevaba un rato de espaldas a él, acuclillada en un rincón y susurrando en voz baja. Jack había creído que estaba practicando y la había dejado a lo suyo. Sin embargo ella llevaba un buen rato en la misma posición, con el flequillo resbalándole por la frente y ocultando parcialmente su rostro, que se iluminaba de vez en cuando.
-¿Elsa? –insistió al ver que no contestaba.
-¡Sólo un segundo! –Respondió ella con nerviosismo- Dame un minuto.
-Está bien… Uno, dos, tres…
Jack se recostó contra la pared y se pasó ambos brazos por detrás de la cabeza con fingido abatimiento. Pero miraba a la chica de reojo mientras seguía contando en voz alta. Elsa podía ser muy misteriosa a veces. Solía guardarse muchas cosas para sí, sobre todo cosas que la molestaban. Se callaba y asentía, sin decir nada más, aún sabiendo que era mentira, o que aquello no era justo. Y Jack había visto tantas veces la decepción en los ojos de aquella chica, que se había acostumbrado a su silencio ocasional.
-¿Elsa? –llamó Jack impaciente.
- ¿Mm?
-Ya ha pasado un minuto –advirtió él.
-Ajá –respondió ella sin mucho interés.
-¿Vas a enseñarme de una maldita vez lo que estás tramando? –Le espetó Jack un tanto irritado.
Se levantó de un salto y avanzó a grandes zancadas hacia ella. Elsa se dio cuenta a tiempo y se giró lo suficientemente rápido como para cubrir con su cuerpo lo que estaba maquinando. Apartó de un empujón a Jack, que forcejeaba por ver lo que escondía la chica. Ella abrió los brazos y se colocó de forma que su cuerpo impidiese ver a Jack lo que escondía. Alzó la barbilla con orgullo y lo miró, muy seria.
-Te he dicho que esperes –dijo con calma-. No voy a enseñártelo hasta que esté acabado, así que haz el favor de tener paciencia y esperar sentado.
Jack bufó y apretó los dientes. Odiaba que la gente le hiciese esperar. Bueno, odiaba tener que esperar en general.
-Oh, vamos –gimió molesto-. Sabes que la paciencia no es mi punto fuerte. ¿Qué diablos estás haciendo, y por qué no quieres que lo vea?
Pero Elsa se negó a moverse de su sitio. Agitó la cabeza con ahínco y reforzó su posición. A pesar de que apenas le llegaba por encima de la cintura, y de que Jack era muy testarudo, ella lo era aún más. Y él lo sabía. Por mucho que insistiese, no podría verlo hasta que ella le diese permiso.
-Me queda muy poco –lo tranquilizó, inclinando ligeramente la cabeza-. Tú sólo espera un par de minutos más.
Se miraron desafiantes durante unos segundos hasta que Jack sonrió y levantó las manos en señal de rendición. Discutir con Elsa era inútil. Siempre acabaría ganando ella.
-Está bien, está bien. Tú date prisa, ¿quieres?
Se dirigió hacia la pared y se apoyó contra ella, cruzándose de brazos. Elsa lo observó durante un minuto para asegurarse de que no hacía nada raro antes de volver a concentrarse en su trabajo. Sabía que debía darse prisa. Llevaba toda la mañana trabajando en aquello, y no quería que Jack lo viese antes de estar acabado. Esperaba de corazón que le gustase. Había puesto todo su esfuerzo y esmero en aquel regalo. Sentía que debía agradecer al chico de algún modo, puesto que llevaba años ayudándola, sin pedirle nada a cambio. Reprimió una sonrisa. Jack nunca la abandonaría. No estaba allí por su dinero. Ni por sus poderes. Estaba allí por ella, de eso estaba segura. Si alguien le pidiese que confiase su vida a alguien, definitivamente ese sería Jack. Si alguien le diese a optar entre eliminar sus poderes y volver a dejarlo todo como al principio, volver con su hermana, con su familia… o no volver a Jack… Elsa se mordió el labio inferior, un tanto indecisa. Pero sacudió la cabeza con energía, apartando aquellas ideas de su mente. La respuesta era demasiado obvia.
Contuvo la respiración mientras daba los últimos retoques y soltó el aire lentamente entre los dientes cuando lo hubo terminado. Lo alzó a la altura de sus ojos para visualizarlo mejor. Era muy modesta, pero le pareció que aquello estaba bastante bien. Por lo menos, era un regalo que a ella le hubiese gustado recibir. Lo envolvió en un puño y lo escondió tras su espalda mientras se giraba hacia Jack.
-Muy bien –llamó, sobresaltando al chico, que hasta entonces se había entretenido exhalando vapor por la boca de diferentes maneras-. Cierra los ojos.
Jack sonrió entusiasmado, se sentó en el suelo de rodillas y se tapó la cara con las manos. Elsa se aproximó hacia él intentando contener los temblores de sus manos debido a la emoción. Inclinó la cabeza bajo su cara para descubrir uno de los profundos ojos azules de Jack clavado en los suyos. Chasqueó la lengua con desaprobación.
-Te he dicho que no mires –le reprendió. Colocó una de sus manos, que parecía muy pequeña al lado de la de él, sobre las suyas y volvió a chasquear la lengua con desagrado-. Ag, torpe. Dame una mano.
Cogió la mano de él y la apartó de su rostro. Luego volvió a colocar la suya, de forma que ambos tenían dos manos libres, y las otras dos tapando el rostro del chico. Jack fue a decir algo, pero ella lo calló con un suave tirón de pelo.
-¡Eh! –protestó, aunque en realidad ni le había dolido. Como castigo Elsa volvió a tirarle del pelo, esta vez un poco más fuerte.
-Cállate y abre la mano, pero sin mirar, eh –le advirtió con recelo.
Jack extendió la mano libre con un suspiro y Elsa depositó con cuidado su regalo sobre ella. Seguidamente cerró los dedos de él sobre el obsequio y le destapó la cara. Jack no esperó a que ella le avisara. Apartó la mano de su rostro y abrió con cuidado la mano derecha, para encontrarse un precioso colgante de cristal con forma de lágrima. Dejó escapar una exclamación de asombro mientras acercaba el colgante para verlo mejor. La cuerda que sujetaba al cristal era de un bonito cuero marrón. Espera… no, no era cristal. Era hielo. Un hielo perfectamente pulido y brillante, de un tono azulado. Pequeñas y finas tiras de escarcha lo recorrían por dentro, formando un entramado de espirales y volutas preciosas. Y, justo en el centro, con unas líneas más gruesas y oscuras, estaba grabado su nombre. Jack.
Permaneció callado durante largo rato, admirando el colgante. Un minuto. Dos. Tres minutos. Elsa había pasado de un estado de auténtica emoción, esperando atenta y con los ojos abiertos de par en par para ver la reacción del muchacho, a una profunda inquietud. Jack no había reaccionado como ella creía que iba a reaccionar. Bueno, de hecho, no había reaccionado en absoluto. Se había limitado a contemplar el objeto durante un tiempo que a ella se le antojaba demasiado largo. Empezaba a temer que no le hubiese gustado su regalo. Se mordió el labio inferior con fuerza. Maldita sea. "Sólo quería darte las gracias… por estar ahí.", pensó.
Inspiró profundamente y tragó saliva.
-Jack… ¿te gusta? –vaciló.
Él parpadeó y la miró, sorprendido, como si hubiese olvidado por completo que estuviese allí. Abrió la boca para decir algo, pero la volvió a cerrar casi al instante. Se había quedado sin palabras. Y aquello era algo que no pasaba muy a menudo. Bajó la vista de nuevo hacia el colgante. Acarició la lágrima que colgaba de él con delicadeza. Era impresionante. Un trabajo maravilloso. Por primera vez se preguntó cuánto le habría costado a Elsa hacerlo. Supuso que mucho trabajo. Debía haber trabajado días en aquello. Jack la imaginó, escondida de noche bajo las sábanas, haciéndose la dormida cuando en realidad estaba fabricando aquel collar. Reprimió una sonrisa. Para cualquier persona normal, aquel colgante se habría derretido al entrar en contacto con su piel cálida. Pero él no era una persona normal. Él era frío, era hielo. Era escarcha. Como el colgante. Ella había escogido el hielo porque era lo que le representaba mejor. Lo que a ambos les representaba mejor. Y aquel colgante permanecería intacto siempre y cuando lo llevase puesto. "Qué lista es mi chica".
Elsa hizo un ruidito con la garganta que volvió a sacarlo de sus ensoñaciones. Levantó la vista hacia ella y la miró a los ojos.
-¿Es… es para mí? –Fue lo único que consiguió decir.
Elsa lo observó frunciendo el ceño, extrañada ante la pregunta.
-Claro que es para ti, bobo –respondió poniendo los ojos en blanco-. ¿Acaso no pone tu nombre?
Entonces abrió los ojos como platos y se tapó la boca con las manos, repentinamente alterada.
-A no ser que… oh, no… ¡¿se ha borrado?!
Jack la sujetó justo antes de que se abalanzara sobre él y la tranquilizó poniéndole las manos sobre los hombros.
-No, no, tranquilízate –le dijo-. Está perfecto.
Elsa profirió un profundo suspiro. Por un momento creía que todo su esfuerzo se había convertido en agua en cuestión de segundos. Esbozó una sonrisa tímida.
-Entonces… ¿te gusta?
Jack no respondió, sin embargo. Sonrió de oreja a oreja. Una sonrisa de verdad, sincera. Una sonrisa que demostraba todo lo que no era capaz de expresar con palabras. Y la abrazó con fuerza sin previo aviso. Elsa se mantuvo inmóvil, sorprendida ante ese acto de cariño. Cuando era más pequeña, Jack solía abrazarla muy a menudo. Pero con el paso de los años ella fue dejando claro que aquello la incomodaba, y Jack fue alejándose poco a poco de ella, respetando su espacio personal. Pero aquella no era una de esas veces.
-Vaya, Jack –dijo ella con nerviosismo-. Si no te gustaba podías habérmelo dicho. Apuesto a que estás haciendo muecas y caras raras ahora que no puedo verte la cara.
Jack rió por lo bajo, intentando mantener a raya sus emociones.
-Podría haberte preguntado y hacerte la figura que tú quisieras –continuó Elsa-. Pero entonces no habría sido una sorpresa. Aunque si no te gusta la forma de lágrima, siempre puedo…
-Elsa –la detuvo Jack, y la apretó más contra sí-. Es el mejor regalo que me han hecho nunca –murmuró con voz ronca.
Ella agradeció que no le viese la cara. Estaba profundamente sonrojada. Agachó la cabeza, apoyándola sobre el hueco de su cuello, inspirando profundamente el aroma de Jack. Olía a hojas secas, a frío, a chimenea, a invierno. Le encantaba ese aroma. Sonrió, mostrando una sonrisa similar a la que Jack había mostrado momentos antes, y le devolvió el abrazo.
-Me alegro de que te guste –susurró en su oído.
El frío aire invernal se colaba en la habitación por la ventana entreabierta. Pero esto no parecía molestar a los dos jóvenes que charlaban animadamente en la habitación. Ambos estaban sentados en el suelo, sobre la alfombra cerca de la ventana. Jack recitaba una divertida historia que le había ocurrido en su último viaje. Tenía las piernas cruzadas y se inclinaba hacia atrás apoyándose en las manos. Elsa se abrazaba las rodillas y le escuchaba con interés, soltando una exclamación de asombro o una risita de vez en cuando.
-Creo que me odia –terminó Jack con un leve encogimiento de hombros.
-Y es lo normal –contestó ella con tono de reproche-. Después de todo, congelaste todos sus huevos de pascua y muchos niños se quedaron sin ellos.
Jack desechó ese último comentario agitando la mano con desdén.
-Se lo tiene merecido. Ese canguro se lo tiene muy creído.
-¡Jack! –le recriminó Elsa-. ¡Es el Conejo de Pascua! ¡No es ningún canguro!
Él la observó con extrañeza y luego arqueó una ceja, comprendiendo la situación.
-Oh, ya veo –respondió, con una sonrisa de picardía asomando en sus labios-. Así que temes que si hablas mal de él nunca vuelva a dejarte huevos de pascua, ¿verdad? –Se inclinó hacia delante, y el colgante brilló momentáneamente en su pecho-. Pues para que lo sepas, eso sólo pasa con Santa Claus. Y tú ya estás en su lista de los niños malos.
Elsa abrió los ojos de par en par durante un momento y estalló en carcajadas. No podía creer que su amigo siguiese creyendo en Santa Claus. Él era incluso mayor que ella, debería saberlo. Intentó recuperar la compostura pero le fue medio imposible.
-Venga, no me vengas con esas –dijo intentando contener la risa, los hombros temblando a causa de esto-. No puedes seguir creyendo en Santa Claus.
Jack la miró con el ceño fruncido, interrogante, y por fin ella se calmó. Se aclaró la garganta y le sonrió con cariño.
-Santa Claus no existe, Jack -declaró.
-Claro que existe.
-Eso es imposible –negó Elsa con la cabeza.
-¿Y que exista el Conejo de Pascua no? -Preguntó Jack con ironía-. ¿Quién te crees que te deja los regalos en Navidad?
Elsa se colocó un dedo sobre los labios meditando la respuesta.
-Mm… mis padres, o tú.
Jack sacudió enérgicamente la cabeza.
-De eso nada. No por mi parte, por lo menos. Santa Claus existe, al igual que el Canguro de Pascua –insistió.
-Conejo –le corrigió ella.
-Como sea.
Elsa examinó su expresión entrecerrando los ojos, en busca de pruebas que le indicasen si estaba mintiendo o no. Inclinó la cabeza, meditando si sería buena o mala idea creerle.
-Entonces… ¿por qué nunca me has hablado de él? –inquirió con suspicacia.
Jack se mostró sorprendido y la miró extrañado. Alzó las cejas y se inclinó aún más hacia delante.
-¿De verdad nunca te he hablado de él?
Elsa negó lentamente con la cabeza. Jack realmente estaba sorprendido. Creía que le había hablado de todos los seres mágicos y famosos que conocía. Suspiró con cansancio y volvió a la postura inicial, agitando el pie con nerviosismo. Llevaba toda la tarde contándole historias a Elsa. Aquella mañana había recibido una noticia que la había perturbado un tanto, y él se había propuesto distraerla lo máximo posible, para alejar los pensamientos tristes de ella. Pero estaba psicológicamente agotado. No estaba acostumbrado a estar mucho tiempo sin moverse, debía quemar toda la energía que fluía por su interior. Era tan hiperactivo que dudaba poder aguantar una historia más sin ponerse a saltar y a dar vueltas por la habitación. Entonces desvió la vista hacia Elsa. La chica permanecía tranquila, pero le observaba con un brillo en los ojos al ver que había vuelto a recostarse hacia atrás. Ella sabía lo que aquella postura indicaba. Jack iba a contarle otra historia.
Suspiró de nuevo y se pasó una mano por la cara, haciendo memoria. Lo sentía por Elsa, pero no quería alargar esa historia demasiado.
-Veamos… -comenzó y se rascó la cabeza, pensativo-. Hace poco tuve una reunión con él.
Elsa lo animó a que siguiese con una sonrisa, expectante.
-En realidad… No era una reunión en sí. Me había encerrado. En su celda.
Ella abrió los ojos de par en par y se llevó una mano a la boca.
-¿Santa Claus tiene una celda? –el sonido de su voz sonaba débil entre sus labios y su mano- Creía que él era bueno y no hacía esas cosas.
Jack le dedicó una media sonrisa y se encogió de hombros. Elsa se relajó un tanto y dejó caer la mano sobre su regazo.
-Al parecer, sí. Para darle un escarmiento a los niños malos, ya sabes.
-¿Qué hiciste? –preguntó inmediatamente Elsa.
Jack se llevó una mano al pecho con gesto ofendido y respondió con tono herido:
-¿Cómo puedes pensar que yo hice algo malo? Tal vez fue él quien me capturó porque le dio la gana.
Esta vez fue Elsa la que arqueó la ceja de forma sarcástica. Por muy bueno que pareciese Jack, o por muy buena intención que pudiese tener a veces, no dejaba de ser la persona más traviesa y pícara que había tenido la oportunidad de conocer en toda su corta vida. Jack disfrutaba haciendo enojar a los demás, sobre todo a los adultos. Y estaba más que segura de que aquella vez no había sido una excepción. Ni la mayor muestra de ofensa por parte de Jack le haría creer lo contrario.
Jack debió imaginar lo que estaba pensando, porque suspiró teatralmente y agitó las manos en alto en señal de rendición.
-Vale –admitió a regañadientes-. Intentaba colarme en su fábrica del Polo Norte y sus guardias me pillaron y me encarcelaron.
Elsa intentó contener la risa al imaginarse a un ofuscado Jack pataleando y forcejeando contra un par de grandullones que le sujetaban sin el más mínimo esfuerzo, y al pobre chico maldiciendo a voz en grito.
-¿Cuánto tiempo estuviste ahí encerrado? –preguntó Elsa, y tragó saliva para bajar la risa que empezaba a subir por su garganta.
Jack chasqueó la lengua y miró hacia otro lado, ligeramente humillado. Murmuró algo que Elsa no llegó a escuchar con claridad.
-Perdona, ¿cómo dices? –insistió ella.
-¡Una semana! –Estalló Jack con fastidio.
Esta vez Elsa no pudo reprimir la risa. Estalló en fuertes carcajadas, sujetándose el estómago y tapándose la boca con una mano para sofocar la risa. Jack la fulminó con la mirada y ella se obligó a agachar la cabeza, en parte porque se sintió mal por reírse de él, en parte para que no viese las lágrimas de risa que se deslizaban por sus mejillas.
-Sí, venga, ríete todo lo que quieras –apoyó los codos sobre las piernas y la barbilla sobre las manos a su vez, con un claro gesto de irritación.
-Lo siento mucho –se disculpó Elsa mientras se limpiaba las lágrimas con una mano. Aunque la disculpa no sonaba muy convincente ya que seguía riéndose un poco-. ¿Y cómo te fuiste? ¿Te soltó sin más?
Jack no contestó, si no que resopló, dejando constancia de que seguía ofendido y de que no iba a hablar tan fácilmente. Elsa se dio cuenta, porque se inclinó hacia delante para clavar sus ojos en los suyos. Su mirada era suplicante y parecía avergonzada. Jack volvió a resoplar, pero se irguió y contestó de mala gana.
-No, me escapé. Ese viejo podrá ser Santa Claus, pero yo soy Jack Escarcha. No sabe con quién estaba tratando.
-Claramente no sabía con quién se había metido –contestó Elsa con una pequeña sonrisa sarcástica.
Jack le lanzó una mirada asesina y se recostó en la alfombra. Pero ella siguió insistiendo.
-Lo que habías dicho antes… ¿es verdad que estoy en su lista de los niños malos?
Esta vez Jack asintió con ahínco y le sacó la lengua.
-Sobre todo ahora. Acabas de bajar tres puestos, justo debajo de Pitch.
-Pitch no existe, son sólo historias que se le cuentan a los niños para meterles miedo.
Jack se encogió de hombros, sin darle demasiada importancia.
-Nunca lo he visto, pero sí he oído hablar de él –respondió sin demasiado interés-. Aunque visto que existen el Conejo de Pascua y Santa Claus, no sería de extrañar que él también existiese, ¿no crees?
Elsa sintió un escalofrío, pero no contestó. La idea de que Pitch existiera no le era tan agradable como la de Santa Claus. Permaneció en silencio y se abrazó las piernas al cuerpo. A partir de ese momento la conversación descendió hasta alcanzar un punto muerto. Jack movía las piernas con nerviosismo, deseando ponerse en pie y echar a correr o hacer cualquier cosa hasta agotar toda su energía. Elsa desvió sin querer la vista hacia la puerta y se le formó un nudo en el estómago. Había conseguido olvidar lo sucedido esa mañana, pero inevitablemente tendría que hacerle frente tarde o temprano.
Resulta que sus padres habían ido a visitarla y a ver sus progresos. Para bien o para mal, Elsa había progresado mucho. Muchísimo, a decir verdad. Sus padres la felicitaron y le hicieron una propuesta: Podría cenar esa noche con ellos, en el salón real. Podría cenar con más gente a su alrededor. Si aquello salía bien, posiblemente podría cenar con Anna presente, algún día. Si todo salía bien las cosas podrían volver a la normalidad.
Aquello era una idea que se le antojaba muy lejana a Elsa. Era un buen primer paso, pero estaba asustada. Las posibilidades de que algo saliese mal eran demasiado grandes. ¿Y si hería a alguien? ¿Y si era a sus padres? Aquel pensamiento le produjo un escalofrío. Sí, las cosas podían salir bien, pero también podrían salir muy mal. Suspiró. Como fuera, sus padres le habían dado hasta la noche para pensárselo. Entonces irían a buscarla o la dejarían en su habitación, como cada noche. Como siempre.
Jack notó su mirada preocupada e interrumpió el hilo de sus pensamientos.
-¿Qué vas a hacer… ya sabes, esta noche? –Preguntó con lentitud.
Elsa alzó la vista hacia él y abrió la boca para decir algo, pero se vio interrumpida por unos golpes en la puerta. Como si le hubiesen leído el pensamiento, la voz de la doncella sonó amortiguada al otro lado de la puerta.
-¿Señorita Elsa? –Llamó una voz chillona-. Sus padres la esperan, ¿va a acompañarles esta noche?
Ella se removió en su sitio, inquieta. Aún no estaba segura de lo que quería hacer. No lo había pensado lo suficiente. Por una parte agradeció que Jack la hubiese distraído lo necesario para no pensar en eso, pero por otra se maldijo interiormente por no haberlo meditado adecuadamente. Podían salir tantas cosas mal…
-Puedo ir contigo, si quieres –la suave voz de Jack la sorprendió más cerca que antes. Se había levantado y se había colocado a su lado en silencio. Tendía una mano hacia ella-. Sé que lo harás bien. Pero si así te sientes más segura, puedo acompañarte toda la cena.
Elsa lo miró a los ojos. Quiso agradecerle el ofrecimiento. Sabía que la presencia de Jack la reconfortaría y le daría mucha más seguridad. Quería agradecerle que estuviese con ella, que la hiciese reír, que le contase historias. Quería agarrar su mano y caminar abrazada a él para dejar de tener miedo. Se lo habría pedido, y sin duda Jack habría aceptado. Le habría pedido que no le soltase la mano durante todo el camino, y él habría aceptado. Quería agradecerle y pedirle muchas cosas en ese momento. Sin embargo, no podía hacerlo. Tragó saliva, pero las palabras se negaban a salir de su boca.
Finalmente se dio por vencida y asintió, poniéndose en pie. Cogió los guantes blancos, regalo de su padre, que descansaban en la cómoda y se los puso con delicadeza, en silencio. Se dirigió hacia la puerta y la abrió con lentitud. Pero se giró una última vez, alzando una mano hacia Jack. Éste sonrió con cariño. Se acercó a ella, la cogió de la mano y la besó en la frente con ternura.
Si hubiese sido en cualquier otra ocasión, Elsa se habría ruborizado. Pero estaba demasiado ocupada intentando contener los temblores de sus manos para centrarse en eso. Respiró profundamente y salió al pasillo.
Había tantas, tantísimas cosas que podían salir mal…
N/A: Ahora que lo he visto, creía que había quedado mucho más largo, pero espero que os sirva (si bien parece poco, son unas 7 páginas en el word, ¡que se dice pronto!).
Ya sabéis, os agradecería una pequeña review como siempre, para comentar qué os ha parecido (y si os parece tan lamentablemente corto como a mí t_t) ¡Un saludo!
