Vale, es algo extraño pero es viniendo de Lovino... y claro el pobre Lovi-Love no puede expresarse libremente... Pobre tsundere italiano...

3.- ¿Necesitas una sonrisa?

Cuando era pequeño, dormía en la cama de Antonio, en ese entonces Antonio madrugaba para poder hacer todo en un día mientras que a mí me dejaba durmiendo, por las mañanas me sentía realmente sólo porque él no estaba a mi lado y aunque me daba vergüenza admitirlo, me levantaba lo más rápido posible solamente para ir a verle.

En vez de saludarle con un: Buenos días. Le cogía del brazo y empezaba a pegarle con motivo o sin el.

Yo no hacía nada ni le ayudaba en nada porque si lo intentaba terminaba rompiendo algo, Antonio no parecía estar molesto por mi actitud antes, solo se mostraba fastidiado. En realidad yo no le podía decir nada. Me costaba mucho comunicar mis sentimientos porque me sentía ridículo, pensaba que se reiría de mí y me humillaría.

Por eso, a pesar de los problemas que le daba no era capaz de decirle ni si quiera un: Lo siento. Me gustaría decírselo y darle las gracias.

-¿Antonio?-le llamaba desde que me levanté, sigo siendo igual.

No estaba ni en el salón, ni en el desván, ni en la terraza, ni en la cocina, ni en ninguna otra parte de la casa, pero juraría que estaba dentro, si ha salido tendría que haberme avisado al menos.

Fui al jardín trasero, a lo mejor estaba en la huerto, claro que en otro sitio no puede estar, estaba sentado en el césped mirando el cielo.

Qué extraño, normalmente estaría comiendo tomates o cuidando las plantas. Puede que esté deprimido por algo, no podía preguntarle porque sabía que me lo ocultaría sin ningún reparo, me está preocupando...

Hoy seré sincero con él.

Me acerqué a Antonio, me arrodillé y le abracé por detrás.

-¿Eh? ¿Qué pasa?-preguntó alarmado.

Asomé mi cara por encima del hombro y pude notar que tenía los ojos vidriosos.

-Ahhh... Lovino, que susto... ¿A qué viene esa sonrisa?-me dijo mientras me miraba,

-Todo está bien-le respondí sin quitarme la sonrisa de la cara.

Pareció sorprenderse, esbozó una sonrisa y me abrazó. Demasiado fuerte y demasiado cálido.

-Gracias Lovino, me has levantado la moral-dijo mientras cogía la cesta de tomates que tenía al lado y levantándose.

-Ummm... ¿Qué demonios te ocurría?-le pregunté tímidamente.

-¿Te preocupe?-me dijo con la brillante esperanza en sus ojos.

-B-Bueno... ¡Cuéntamelo ya y sin rodeos bastardo!-exclamé demasiado molesto.

Esa clase de cosas me avergonzaban demasiado, no quiero que él sepa que me estaba preocupando.

-Aahah... Bueno... es que tuve un mal sueño...-murmuró rascándose la mejilla.

-¿Un mal sueño?-le pregunté.

-Si... fue horrible. ¡Soñaba con que miles de mis tomates se volvían mutantes y nos devoraban a todos y hacían de mi país Tomatinolandia y que el mar se volvía ketchup y que después se prohibían las comidas que llevasen tomates!-dijo de repente.

Sabía que no me lo contaría, suspiré de mala gana, no sé ni porqué me molesté en preguntarle.

-¡Ja ja ja ja! ¡La cara que has puesto es muy graciosa! Aahahh... bueno, en realidad soñé que lo perdía todo, fue muy realista... Todos me empezaban a odiar, Feliciano, Heracles, Ludwig, Elizabeth, Roderich, Tino, Matthew... Todos.

Cuando pensaba de que solo quedaban Emma, Gilbert, Francis y tú. Actuasteis como los demás, evitándome, ignorándome, mirándome con repulsión y me dolió muchísimo... Sobre todo de que Gilbert, Francis y tú lo hicierais... Después tú te fuiste de mi casa y lo último que me dijiste fue: No te quiero volver a ver en mi vida, déjame en paz, bastardo... ¡Fue absolutamente horrible!-me fue explicando de camino a la cocina.

Volvió a poner la cara de malestar y tristeza.

-Antonio... no creo que... ni Gilbert, ni Francis ni yo te hiciéramos esas cosas... yo estoy muy cómodo en tu casa y a menos de que me eches no me iré por nada del mundo- no sé porque dije algo tan vergonzoso, tardé un segundo en darme cuenta de lo que había dicho.

Sentí que la sangre me subía a la cara y el muy imbécil me miró pasmado.

-¡¿Q-Qué coño miras t-tú bastardo, ni que fuera un estúpido cuadro anticuado?-dije avergonzándome.

No pude soportar su mirada y fui a donde él se sentó antes, por supuesto Antonio me siguió.

En vez de burlarse, que eso era lo que me esperaba, se puso delante de mí y me dio un tomate.

-No me iba a reír de ti, es que es raro oírte decir esas cosas-me dijo sonriendo.

Eso si que no me lo esperaba por nada del mundo, sonreí casi inconcientemente mientras agarraba el tomate.

-Me gusta verte sonreír de esa forma...-murmuró.

Otra vez me avergonzó.

-¡Cállate bastardo inútil!-le espeté mientras le daba una mordida al tomate.

Se empezó a reír y después me miró con cara de estúpido.

¿Por qué me tendría que gustar tanto su cara? Estúpido Antonio...

Volví a mirarle y esta vez sus ojos reflejaban miedo, creo saber porqué... alcé las manos hacia él, pareció sorprenderse y en vez de agarrar mis manos y tirar de ellas, me abrazó. No quería que me abrazara pero se sentía muy bien al estar así.

-Antonio... yo...-comencé a decir.

Se separó un momento de mí para mirarme, principalmente quería pedirle perdón o darle las gracias, pero por una vez quería decirle lo que en verdad siento.

-Si vas a decir algo... dilo en español...-me dijo Antonio.

Sacudí la cabeza.

Estaba demasiado cerca y me moría de hambre, no creo que en ese momento pueda decírselo.

-¡Estúpido pervertido! ¡Aparta!-grité empujándole.

-¿Eh? ¡¿Era eso lo que me ibas a decir?-dijo persiguiéndome.

-No, no era eso, idiota...-le contesté.

-¿Qué es? ¡Dímelo!-era demasiado cabezota.

Pero, a pesar de todo me gustaba esa cabezonería, al igual que sus ojos verdes y el aroma que dejaba tras él. Puede que nunca se lo pueda decir directamente, pero si él se conforma con una sonrisa se la daré porque yo le quiero mucho.