Problema de rosas
- ¿Olle está molesto con nosotros, Shura? – preguntó el pequeño escorpión. – Afrodita ni siquiera se inmutó ante el comentario y siguió comiendo.
- No le hagas caso, Milo. – el español susurró y le dedicó una pequeña sonrisa. – Olle es un exagerado. – Shura suspiró cansado al recordar lo que anteriormente había ocurrido con el sueco. Durante el resto del desayuno, el silencio se apoderó de la pequeña sala de Capricornio, únicamente se escuchaban los cubiertos con los que jugaba el pequeño Shaka, pues ya tenía rato que había terminado de comer. Ángelo se soplaba el flequillo y rodaba los ojos de vez en cuando; Aioria lo observaba como si aquello fuera lo más interesante del mundo mientras el inocente Mu recargaba sus brazos en la antigua mesa de madera. Camus masticaba su último trozo de pan tostado con una tranquilidad envidiable hasta que se vio interrumpido por su mejor amigo.
- ¡Camus, ya trágatelo! – gritó Milo, molesto. - ¡Me estás dando más hambre!
- ¡Pero debo masticarla más de 40 veces para tener una buena digestión! – se defendió el francés, aún con la boca llena. – Así mi metabolismo será más rápido. – contestó orgulloso y finalmente tragó lo que quedaba de su comida.
- ¿Met… met… meta qué? – Milo intentó completar la palabra sin éxito.
- Metabolismo, Milo. – intervino Shura. – Es cuando tu cuerpo obtiene la energía que necesita de los alimentos que comes. El metabolismo hace posible el que crezcas sano y fuerte.
- ¿Todo lo que como? – preguntó interesado. - ¿Si como rosas al igual que Olle, me pareceré a él?
- ¡Gracias por la comida! – gruñó Olle, golpeando la mesa con ambas manos. - ¡Iré a la cocina y lavaré los platos sucios! – y sin más se puso de pie y se retiró.
- Seguramente irá a comerse sus flores a escondidas para no darnos. – habló en voz bajita Aioria pero lo suficientemente fuerte para que Olle lo escuchara. – Qué malo es Olle. – Shaka negó con la cabeza y se cruzó de brazos.
- ¡Por todos los dioses, Piscis! – soltó el guardián del cuarto templo. - ¿Hasta cuándo vas a estar así? ¡Creí que habías dicho que eran sólo unos niñitos! – gritó burlonamente.
- ¡Cállate, Ángelo! – se oyó a Olle desde la cocina.
- ¿Y tú, Shura… no piensas hacer nada? – el italiano lo miró con el ceño fruncido. El Santo de Capricornio rodó los ojos.
- ¡Ya, Olle no es para tanto! – intentó consolar al sueco. Afrodita no contestó. - ¡No puedo creer que se haya molestado por una tontería así! – se sobó el puente de la nariz, molesto. – Ven conmigo, Ángelo.
- ¿A dónde? - preguntó Cáncer, sin ganas.
- ¡Pues por Olle, idiota!
- Prefiero quedarme aquí sentado sin hacer nada, grazie. – estiró sus brazos y los colocó detrás de su nunca. – Justo cuando esto se ponía divertido, Afrodita se pone de nena. – cerró sus ojos y comenzó a mecerse en la silla.
- ¡Ya te oí, animal! ¡Hay veces en que quisiera molerte a golpes! – Ángelo iba a repelar pero Shura fue más rápido y lo tomó por el brazo.
- ¡Acompáñame ahora por Olle! ¡En estos momentos debemos permanecer unidos! – vociferó el español, levantándolo de su lugar.
- ¡Son sólo unos mocosos! ¡Ni que fuera una Guerra Santa, Shura! ¡Dioses! – se quejó Ángelo.
- ¡Cómo si lo fuera! – Shura vio de reojo a los pequeños niños que seguían la conversación sin entender. – Ángelo… lo diré sólo una vez… - trató de hablar lo más bajito posible. – No puedo hacer esto solo, ustedes dos son mis amigos y necesito de su ayuda… además… - hizo una pausa. - ¡…SI NO PONES DE TU PARTE ESTOY DISPUESTO A REBANARTE CON MI EXCALIBUR! ¡AHORA VAMOS POR OLLE! – lo amenazó con su letal arma.
- Está bien, está bien… - miró con miedo el filoso brazo del Caballero de Capricornio. Shura no lo dejó continuar y arrastró al italiano hacia la cocina mientras este maldecía en su lengua natal.
- ¡Niños, no se muevan de aquí! – ordenó el español. – En seguida volvemos. – y sin más, ambos caballeros fueron en busca de Afrodita.
- ¿Creen que Olle esté muy molesto? – preguntó Mu preocupado.
- ¡Todo es culpa de Milo! – Shaka lo señaló sin consideración.
- ¡No es cierto! – se intentó defender el escorpión. - ¿Verdad que no es mi culpa, Camus? – volteó a ver a su mejor amigo.
- Yo no entiendo porqué se enojó, Milo. – respondió el francés y se rascó la cabeza. – Quizás le da pena ser vegetariano y comer hierbitas…
- ¡No tiene nada de malo comer hierbitas! – Shaka se cruzó de brazos. - ¡Yo lo hago todo el tiempo y soy muy feliz!
- Tal vez se enojó porque le gustaba comer rosas en secreto para no invitarle a Ángelo. – Aioria se levantó de la silla. - ¡Y tú le dijiste su secreto a todos, Milo!
- ¡Yo también me enojaría si alguien le dijera mis secretos a todos! – gritó Mu.
- ¿Tienes un secreto, Mu? – preguntó curioso Shaka, abriendo sus enormes ojos. - ¡Cuéntanos! – aplaudió emocionado. Camus, Aioria y Milo se acercaron al pequeño lemuriano y formaron un círculo alrededor de él.
- Bueno… pero no le digan a nadie… - Mu habló quedito. Los demás asintieron cómplices. – Mi maestro Shion sólo sabe preparar quesadillas… pero ustedes shhhhhhh. – colocó su dedo índice en su boca.
- ¡Eso no es un secreto, Mu! – habló Camus. – Todos lo sabemos. - entrecerró sus hermosos ojos.
- ¡Entonces ya no tengo más secretos! – el pequeño ariano se encogió de hombros.
- ¡Ya me acordé, yo sí tengo un secreto! – Milo levantó su manita. - ¡Y lo traigo aquí conmigo! – los cuatro aprendices lo miraron curiosos. Milo metió su mano en la bolsita de su pantalón y comenzó a buscar algo. - ¡Aquí está! – exclamó contento y les mostró lo que había escondido.
- ¿Qué es esa cosa? – preguntó Shaka acercando su carita a la palma de Milo.
- ¡Es mi escorpión! – contestó orgulloso. - ¡Lo escondí antes de que Saga y Kanon se dieran cuenta! ¡Ha estado en mi bolsillo todo el tiempo!
- ¡Pero Milo, creía que Shura te había regalado tres! – exclamó el pequeño león.
- Sí… pero sólo pude traer a este. – bajó la mirada. – No le digan a nadie, ¿lo prometen? – miró a los pequeños aprendices con una sonrisa. - ¡Será nuestro secreto!
- ¡Lo prometemos! – dijeron los cuatro al unísono.
- Apuesto que está muy incomodo en tu bolsillo, Milo. – habló Camus. – Deberías ponerlo en un lugar con más espacio, ¿no crees? – el griego se rascó la barbilla y entrecerró sus ojos.
- ¡Tú siempre tienes razón, Camus! – Milo corrió hacia la sala de Capricornio y colocó a su escorpión en un mueble. – Aquí estarás más contento. – le habló a su mascota. – Escóndete por ahí. – lo empujó suavemente con sus deditos y lo ocultó entre los cojines. – No te muevas de aquí.
- ¡Tal vez después podamos jugar con él! – Aoria comenzó a dar saltitos en su lugar.
- ¿Pero qué haremos ahora? – preguntó Mu, aburrido. - ¡Shura y Ángelo aún no regresan! – se quejó el ariano.
- ¡No te olvides de Olle! – Camus arrugó la nariz. - ¿Qué tanto vez, Milo? – le preguntó a su amigo que parecía embobado con algo.
- ¡Miren! – señaló con su dedo índice. Los demás aspirantes a santos voltearon hacia donde él señalaba y una enorme sonrisa salió de sus labios. - ¡Son las rosas de Olle! – se acercó contento a una pequeña mesa de la sala. Se alzó de puntitas para observar con mayor cuidado el florero que estaba lleno de rosas rojas. – Shura me dijo que Olle se las regaló para darle más alegría a su casa pero yo creo que también se pueden comer.
- ¡Yo quiero comer una! – Aioria también se alzó de puntitas.
- No quiero que Shura se enoje conmigo. – susurró Mu. - ¡Yo no agarraré!
- ¡No nos las podemos comer crudas! ¡Hay que echarles sal o algo! – soltó el galo.
- ¡Sólo hay que lavarlas tantito, Camus! – habló Shaka. - ¡Pero cómo ya tienen agua yo creo que deben estar más que limpias!
- ¡Entonces tomaré algunas! – Milo sujetó el florero y lo colocó en el piso con cuidado. – Una para mí… - sujeto una rosa de los pétalos. – Una para ti, gato. Agárrala de la flor porque está mojadita del tallo. – Y una para Shaka.
- ¡Oigan, faltamos nosotros dos! – se quejó Camus.
- ¡Puedo compartir la mía con ustedes! ¡Si agarramos más, Shura lo va a notar! – sonrió Aioria.
- ¿Cómo debemos comerla, Shaka? – preguntó Milo mirando extrañado a la flor. – No se ve sabrosa. – entrecerró sus ojos.
- ¡Pues sólo la mordemos y ya! – contestó el rubio. – El tallo debe ser lo más rico porque Olle siempre las muerde de ahí.
- Bueno… - dijeron al unísono Aioria y Milo tomando la flor por el tallo.
- ¡Auch! – gritó Aioria cuando sintió las pequeñas espinas en sus manitas. - ¡Mis deditos! – dejó caer la rosa al suelo y miró con lágrimas a sus amigos.
- ¡Mi boca! – Milo aventó la rosa a lo lejos. - ¡Esta cosa sabe horrible! – exclamó después de aventar la rosa a lo lejos y comenzó a llorar. - ¡Me duele! – pequeñas gotas de sangre salieron de sus labios.
- ¡Par de llorones! – se quejó Shaka metiéndose los pétalos a la boca y masticándolos. - ¡Guacala! – el hindú arrojó la flor a lo lejos. - ¡Nunca había probado algo tan feo! – sacó su lengua y comenzó a tallársela con su manos, intentando quitar el mal sabor de ella. Camus y Mu miraron a sus tres amigos. Milo y Aioria no dejaban de llorar y Shaka no tardó en unírseles.
- ¡Morirán desangrados! – gritó Mu tapándose los ojos. - ¡No mires, Camus!
- ¡Debemos ir por Shura! – el galo miró horrorizado al lemuriano. - ¡Shura, Ángelo, Olle! – comenzó a correr en círculos como loco en la sala, extendiendo sus bracitos en el aire. - ¡Ayuda, ayuda!
- ¡¿Qué hacemos?! – Mu lo imitó. - ¡¿Qué hacemos?! – comenzó a llorar, desesperado.
- ¡¿Qué pasa?! ¡Niños! ¡¿Están bien?! – Shura salió despavorido de la cocina al ori los gritos del galo, seguido por Olle y Ángelo. - ¡Niñooos! – los tres caballeros vieron con horror lo que ocurría en la sala del español. - ¡Por todos los dioses! – se jaló sus oscuros cabellos. - ¡Milo, Aioria, están sangrando! – a toda velocidad corrió hacia ellos y se agachó preocupado. - ¡No puedo creerlo! ¡A ver, niños! ¡Déjenme revisarlos!
- ¡No exageres, Shura! – gritó el italiano, acercándose. - ¡Es sólo una cortadita!
- ¡Cállate, Ángelo! – se quejó el peninsular mientras trataba de detener la mini hemorragia del escorpión. - ¡Todo es mi culpa! ¡No debí dejarlos solos! ¡Estos niñitos son mi responsabilidad! ¡Milo está sangrando demasiado! – exageró. - ¡¿Te duele mucho, pequeño?! – le preguntó al griego. - ¡¿Y tú, Aioria?! ¡¿Estás bien?! ¡¿Y qué hacen ustedes dos hay cómo idiotas?! – miró furioso al Santo de Cáncer y al de Piscis, respectivamente. - ¡Ayúdenme!
- Tranquilo, Shura. – soltó el sueco y se encaminó hacia Shaka, Mu y Camus. - ¿Ustedes, están bien? – los tres niños lo miraron con sus ojitos hinchados y se acercaron a abrazarlo.
- ¡Olle! – gritaron al mismo tiempo, el guardián de Piscis les correspondió la acción con una tierna sonrisa.
- No morirán, ¿verdad? – Camus lo miró con ojos suplicantes. - ¡Milo es mi mejor amigo!
- ¡Había tanta sangre, Olle! – continuó Mu.
- No se preocupen, niños. – sonrió y les revolvió los cabellos. – Todo está bien. ¿Shaka? – miró al hindú.
- Ya estoy bien… - se talló sus ojitos hinchados. – Es sólo que la rosa sabía muy fea. – contestó aún hipando.
- Te dije que había que ponerle tantita sal, Shaka. – intervino Camus sin soltar a Olle. El sueco se volvió a sonrojar, al parecer los pequeños nunca superarían el dichoso tema de sus rosas.
- ¡Necesito vendas, agua oxigenada, un médico! ¡Vamos al hospital! – exclamó Shura tratando de curar a Milo y a Aioria.
- ¡Pedazo de idiota! – se quejó Ángelo. - ¡No tienen nada! ¡Sólo hay que limpiarlos y ya! – el español ignoró por completo el comentario y volvió a enfocar su mirada en los pequeños aprendices.
- Niños, díganme la verdad por favor. – Aioria y Milo asintieron hipando. - ¿Les duele algo?
- Sólo un poquito, Shura… - contestó el bichito.
- Ya no me sale sangre. – intentó sonreír el castaño viendo sus manitas.
- De todos modos me aseguraré… - habló el peninsular. – Vengan conmigo. – cargó a Milo y tomó a Aioria de la mano. - ¡Ángelo, no quiero excusas y acompáñame! ¡Y tú, Olle, cuida a los demás! – el italiano rodó los ojos y lo siguió refunfuñando.
En la habitación de Shura…
El Caballero de Capricornio comenzó a buscar su equipo de primeros auxilios en el baño mientras dejaba a los dos niños sentados en su cama. - ¡¿En dónde rayos lo dejé?! – se escuchó al español revolviendo y aventando cosas por doquier. - ¡Debe de estar en algún lado! – siguió buscando. - ¡Lo encontré! – gritó triunfal. - ¡Milo, ven! ¡Te curaré primero! – sin dudarlo, el escorpión corrió a alcanzar al mayor. Únicamente quedaron el Santo de Cáncer y el aprendiz de Leo. El cachorro comenzó a derramar lágrimas cuando volvió a sentir dolor en sus deditos.
- ¡¿Qué demonios crees que haces?! – escupió Ángelo. - ¡Deja de llorar!
- ¡No puedo evitarlo! – respondió hipando. - ¡Me duele mucho!
- ¡Ya cállate!
- ¡QUIERO A MI HERMANOOOOOO! ¡AIOROOOOS! – el llanto se hizo más fuerte cuando Aioria comenzó a patalear sentado en el colchón.
- ¡Ángelo, por todos los dioses! ¡Te traje para que me ayudaras! ¡Cura a Aioria! – gritó Shura en el interior del baño.
- ¡Carajo! ¡Mocoso, ya cállate! – se tapó los oídos.
- ¡AIOROOOOS! ¡TE EXTRAÑO, HERMANOOOOO! – se lamentó el pequeño. - ¡VUELVEEEE CONMIGOO!
- ¡Ya, ya, te revisaré! – el italiano se acercó dudoso. - ¿En dónde te duele? ¡Demonios!
- ¡Aquí! – Aioria le enseñó sus manitas y el mayor pudo notar las pequeñas marcas de las espinas.
- No es tan malo… ¡Sólo eres un llorón! – Ángelo examinó la herida "de mayor tamaño" en su dedo índice.
- ¿Me curarás? – las lágrimas de sus ojitos seguían cayendo.
- Creo que tengo un curita por aquí. – el Santo de Cáncer comenzó a buscar en su bolsillo. – Aquí esta. – sonrió orgulloso y se acercó al niño. – Te lo pondré y cerrarás tu maldita boca de una buena vez.
- ¿Me lo pondrás así cómo así? – preguntó sollozando.
- ¿De qué rayos me estás hablando? – entrecerró sus ojos el italiano. – Sólo te lo estamparé en tu piel y ya.
- Siempre que me lastimo… - intentó hablar sin hipar. – Mi hermano me canta para que me sienta mejor.
- ¡¿QUÉEEEE?! ¡¿QUIERES QUÉ TE CANTE?! – alzó la voz.
- ¡ME DUELE TANTOOOOOO! – volvió a llorar y se retorció sobre la cama.
- ¡Está bien! ¡Está bien! ¡¿Qué te canto?! ¡Ya cállate!
- Mi hermano me canta… "Sana, sana colita de rana… si no sanas hoy, sanarás mañana." – comenzó a mover la cabeza mientras entonaba la canción y movía sus piecitos que se balanceaban en la cama.
- ¡No te voy a cantar esa estupidez!
- ¡Shura, Ángelo no me quiere curar! – se quejó el castaño.
- ¡ÁNGELOOOO! – gritó el español en el baño.
- ¡Carajo! ¡Bueno, te cantaré! – el cangrejo se sonrojo. – "Sana, sana rabo de rana..."
- ¡Es colita de rana, Ángelo! – se rió Aioria divertido. - ¡Y tienes que sobarme mi dedito mientras lo haces! – el mayor rodó los ojos y se acercó al niñito.
- ¡SANA, SANA COLITA DE RANA! – le cantó de nuevo, sobándole con cuidado su dedito.
- Aja… - lo animó a continuar el león.
- ¡SI NO SANAS HOY, SANARÁS MAÑANA! – gruñó. - ¡Listo! ¡¿Ahora, dejarás de llorar?!
- ¡Tienes que darme un besito en mi dedito!
- ¡¿QUÉEEE?!
- ¡Mi hermano siempre lo hace!
- ¡Yo no soy tu jodido hermano!
- ¡SHUUUURAAAAA! – gritó el castaño. - ¡ESTOY HERIDO Y ÁNGELO SE QUEDA AHÍ PARADO SIN HACER NADA! – volvió a llorar.
- ¡ÁNGELOOOO! – lo reprimió el español.
- ¡Mocoso chantajista! – se sopló el flequillo, molesto. - ¡Ya no llores, lo haré, lo haré! – sin más, el italiano se acercó al pequeño y se colocó a su nivel. Cerró sus ojos con fuerza y le dio el dichoso beso en su dedito con rapidez. - ¡Listo ya está! – lo miró sonrojado. - ¿Contento? – Aioria asintió con una sonrisa. - ¡Hice lo que me pediste, ahora deja de llorar!
- ¡Ya no me duele, Ángelo! – exclamó feliz. - ¡Gracias! – no lo pensó dos veces le dio un enorme abrazo. - ¡Me curaste! – Ángelo adquirió un tono rojizo en su cara y sonrió levemente.
- Bien… ¡porque no lo volveré a hacer! – le dio unos golpecitos en su espalda.
En el baño…
- ¿Estás enojado con nosotros, Shura? – preguntó el escorpión mientras era curado por el español. – Nos quisimos comer tus florecitas.
- Claro que no, Milo. – le sonrió eliminado el último rastro de sangre de la pequeña cortada de su labio. – Lo único que me importa es que ustedes se encuentren bien.
- ¡Pero Shura! – se quejó el bichito. - ¡Olle te las regaló!
- Bueno… estoy seguro de que si hay algo que le sobre a ese Olle, son flores. – intentó explicar. – Ya me dará otras. No te preocupes por eso. – analizó de nuevo la cortadita. – Listo… no sangrará más. Sólo hay que esperar a que se te quite lo hinchado. ¿Seguro que ya no te duele?
- ¡Ya estoy bien, Shura! – Milo infló el pecho. - ¡Yo soy muy fuerte!
- Ya lo creo, pequeño. – el peninsular le revolvió sus azules hebras. – Me alegra que estés bien. Ahora, vayamos a ver a Aioria. – Shura cargó al niño y regresó a su habitación en donde un molesto Ángelo los esperaba.
- ¡Shuraaaa! – Aioria corrió a los brazos del peninsular. - ¡Mira, Ángelo me curó! – le mostró sus dedo con el curita.
- ¿De verdad? – parpadeó varias veces, sin creerlo.
- ¡Sí! ¡También me cantó y…! – en ese momento el italiano palideció y le tapó la boca con rapidez.
- ¡Sólo le puse el parche ese y ya! – el Santo de Capricornio sonrió burlonamente y entrecerró los ojos. - ¡Eso fue todo! ¡Deja de mirarme así, idiota! – el cangrejo se sonrojó. - ¡Shura!
- No tiene nada de malo, Ángelo… - el español no pudo evitarlo y soltó una carcajada. - ¡Por Athena! ¡El gran Ángelo cantándole a un niñito! ¡Espera a qué Olle se entere! – sin más, Shura tomó a los pequeños de la mano y se encaminó hacia la sala. - ¡Olle, tienes que oír esto!
- ¡Shuraaaa! – el cuarto guardián fue tras él. Cuando arribaron a la sala, se encontraron al Santo de Piscis recargado en la pared con sus brazos cruzados y los ojos cerrados.
- ¿Olle? – Shura se acercó con los pequeños.
- Novena y ocho, noventa y nueve… ¡cien! – se escuchó al sueco mientras abría sus ojos. - ¡Listos o no, allá voy!
- ¿Qué demonios haces? – preguntó el español. - ¡¿Y los niños?!
- No lo sé… - se encogió de hombros.
- ¡¿Cómo qué no lo sabes?! – soltó a Aioria y a Milo y tomó a Olle de la camisa. - ¡¿En dónde carajos están?! – lo comenzó a zangolotear.
- ¡Ya suéltame! – se quejó el hermoso caballero. – Los pequeños querían jugar a las escondidas y me tocó contar. – explicó con obviedad. Respiró hondo y tomó asiento en el mueble más cercano.
- ¡Eres un idiota, Olle! – exclamó Shura. - ¡No siento su cosmos! – dijo con horror al intentar localizarlos sin éxito.
- Obviamente, genio. – respondió el Santo de Piscis. – Usar el cosmos es cómo hacer trampa, por eso lo ocultaron. – sonrió.
- ¡¿Cómo puedes estar tan tranquilo?! – gruñó. - ¡¿Tienes la idea de la cantidad de lugares en donde pueden estar?! – la vena en su frente estaba a punto de explotar. - ¡Carajo, Olle! ¡Tienen todo el Santuario para esconderse! – ante el último comentario, Olle parpadeó varias veces, tratando de asimilar la información.
- No había pensado en eso… - se rascó la cabeza.
- ¡Olle! – Shura estaba al borde de la desesperación.
- Tranquilo… - intentó calmarlo aunque él mismo comenzaba a sentirse un poco inquieto. - ¿Ángelo? ¿Qué haces con eso? – miró con el ceño fruncido al italiano que se acercaba hacia él con una escoba.
- No te muevas, Olle… - susurró el cangrejo alzando la escoba tratando de no hacer ningún ruido. Shura abrió los ojos como platos al ver lo que el Santo de Cáncer planeaba hacer.
- ¿Ángelo? – Olle obedeció y no se movió de su lugar.
- Quieto… - murmuró de nuevo.
- ¿Q-q-que? – titubeó el Caballero del Pez. Shura vio con temor cómo un pequeño escorpión se escabullía entre los cabellos de Olle sin que éste se diera cuenta.
- ¿Q-q-qué harás con esa escoba? – preguntó el sueco, temeroso.
- Te salvaré…. – habló quedito. Se acercó más y sin pensarlo dos veces golpeó a Olle en la cabeza. - ¡Tranquilo, Olle! – le dio uno, dos, tres escobazos con fuerza. - ¡Yo lo mataré! – el sueco cayó al suelo y Ángelo lo continuó golpeando.
- ¡Ángelo, detente! – se quejó pero luego vio al insecto, esta vez en su pecho. - ¡AHHHHHHHHHHHHHH! ¡Mátalo, mátalo! ¡Ángeloooooo!
Continuará….
Eros13: ¡hola! ¡Muchas gracias por tu review! Espero que este capi te guste. ¡Saludos!
Cecysan: ¡Hola! Ojala te diviertas con este capi ^^ y no te preocupes por Aldebarán haha no lo olvidé :P es parte esencial del siguiente capi xD ¡Saludos!
Minako Uzumaki: Espero que te guste este capi ^^ ¡Mil gracias por comentar!
Francis Hibiki: ¡Hermanaaa! Haha ya sé que eres tú ¬¬ haha me hace muy feliz el que te gustara haha y bueno te prometo que el siguiente capi saldrá más Camuchis hahaha y te lo dedicaré y todo hahaha es sólo en lo que se me ocuren más cosa haha ya se me secó el cerebro :O
Sara Mariscal: ¡Hola! ¡Gracias por seguir en este fic! ¡Me alegra que te divirtieras con el pobre Olle! Haha xD Aquí los pequeños santitos harán más travesuras. xD
Rose129: ¡Ojala este capi te guste! ¡Gracias por tu review!
CheshireOz: Hahaha ya sé… aún me da risa imaginarme la cara de Olle cuando lo llamaron así haha
Kaito Hatake Uchiha: Ojala este capi te guste ¡Saludos!
Ariel de Piscis: Ya sé que te encanta ver sufrir al pobre de Afrodita haha Ojala te diviertas con este capi hahaha No me extrañaría que mi Olle se volviera loco cuidando a los pequeños haha
Vismur: Me alegra que te divirtieras :D espero que este capi sea igual de divertido ^^
Minako: haha A mí también me encanta Shaka travieso haha se me hace súper tierno! Ojala disfrutes este capi ^^
YuukoMidna: ¡Hola! ¡Muchas gracias por tu review! Me hace muy feliz el que te guste ^^ espero que leas este capi ^^ ¡Besos y abrazos!
Angie-Chiba: ¡Hola! Antes que nada… bienvenida al fic ^^ y respondiendo a tu pregunta… sí, haha somos dos hermanas, hermanas que viven en la misma casita haha la verdad se nos hizo más fácil crear una cuenta para las dos haha y hasta ahorita nos ha funcionado haha De veras que me hace muy muy feliz el que te guste la historia! :3 ¡Me encantan tus reviews! Haha ^^ No te preocupes yo tampoco soy experta en Saint Seiya haha para nada! Y no me molestan tus preguntas, al contrario! Haha Con respecto a los nombres… hasta donde yo sé, nunca se dijeron los verdaderos nombres de Máscara y Afrodita xD por eso nosotras decidimos ponerles Ángelo y Olle, digo un nombre han de tener! Hahaha y bueno esos nombres nos gustaron muchísimo haha en especial el de Olle ^^ y hablando de Lost Canvas… se supone que es la Antigua Guerra santa xD por eso también estaban Dohko y Shion… los que sobrevivieron :P la verdad así lo entendemos mi hermana y yo! Hahaha pero bueno ya me emocioné! Haha el punto es que mil gracias por comentar! Y por lo de favoritos hahaha ¡Besos y abrazos!
¡Nos leemos!
Helena Hibiki :D
