PROVOCACIONES

La mañana del jueves había llegado y con ella el casi tan ansiado fin de semana. El tirano se despertó con las justas y no exactamente por su alarma, sino porque su celular estaba vibrando insistentemente, sacándolo de la fase REM en cuestión de segundos. Su mano se abrió paso entre las sábanas, se estiró hacia la mesa de noche y a tientas cogió el aparato que estuvo a punto de caer al suelo.

– ¿Mmm?

– ¡Ohayou niisan!

Niisan, niisan… – Ah, ¿Kanako?

– ¿Tienes alguna otra hermana?

– Sí… Está en el extranjero y está casada con un maldito degene… – masculló medio dormido hasta que al fin se dio cuenta de su realidad – ¡¿Eh?! No, no, lo que yo tengo es un hermano, ¡UN HERMANO!

– Ay, niisan, tú siempre despertando de la manera más extrema…

– ¡¿Ka-Kanako?! ¿Eres tú?

– ¡Claro que soy yo, baka! Aproveché para llamarte ahorita antes de entrar a clases para saber si este fin de semana podemos vernos. ¿Qué dices?

– Bueno… – respondió un poco dudoso – Este fin de semana me voy de viaje.

– ¿Hontou? ¿Y a dónde?

– Morinaga y yo tenemos un congreso en Fukuoka y…

– Oh, ya veo, irás con Morinaga-san... – dijo con un claro tono de suspicacia.

– Kanako, no trates de insinuar tonterías nuevamente, ¿quieres? Nuestro profesor nos exigió ir y tenemos que hacerlo, ¿lo entiendes ahora?

– Sí, por supuesto. – contestó con ironía – Por cierto, no olvides traerme souvenirs.

Esta niña interesada. – Veré qué encuentro, pero tendrás que conformarte con lo que te compre.

– Qué roñoso, niisan.

– No seas malagradecida.

– Ah, ¿pero cuándo te vas? Porque podrías venir hoy en la noche.

– Buena idea, porque nosotros viajamos mañana al mediodía, así que hoy puedo pasar un rato a verte.

– ¡Yatta!

– Entonces así quedamos. Tengo que colgar, debo alistarme para ir a la universidad.

– Hai, le diré a Matsuda-san que prepare una rica cena hoy.

– Qué considerada. En fin, nos vemos en la noche. Ki wo tsukete, ¿nee?

– ¡Hai, niisan mo ki wo tsukete!

Souichi colgó la llamada y se quedó viendo la pantalla del celular. Su hermana estaba creciendo verdaderamente rápido y junto con ella crecían sus sospechas, que ya eran prácticamente afirmaciones, sobre la extraña relación que existía entre él y Tetsuhiro. Trataba de no pensar en ello, pero por momentos no podía evitarlo. Su kouhai le había dicho muchas veces que quería que fueran compañeros para toda la vida y él no sabía bien a qué se refería con eso, además de que nunca se había planteado demasiado su futuro. Pero el tiempo pasaba y ellos seguían viviendo juntos en una relación no definida. ¿Su familia estaría sospechando algo? Kanako sí, y eso era indiscutible. Tomoe era muy despistado para esas cosas, así que lo más probable era que no. Su ahora esposo, Mitsugu, podría tener ciertas sospechas, pero no pruebas. Su padre no veía más allá de sus insectos y Matsuda-san era muy inocente como para darse cuenta. El único que conocía con certeza la naturaleza de esa relación era Isogai Taichirou. Era el único que podría contar la verdad y ese era un temor que lo perseguía desde aquel fatídico día en que los había encontrado a ambos en un momento comprometedor en plena vía pública.

Ese maldito de Isogai sabe demasiado y me tiene atrapado, y lo peor es que no puedo matarlo como quisiera. Pero si le dice algo al desgraciado de Kurokawa y peor aún, a Tomoe, juro que no vivirá para tener descendencia.

Estaba tan concentrado en su odio apretando fuertemente su celular que no escuchó cuando su asistente lo llamaba, sino hasta que este puso una mano sobre su hombro y lo espantó.

– ¡Morinaga, ya te dije que no hagas eso!

– Go-gomen, es que andabas distraído. ¿Estabas hablando con Kanako-chan? ¿Pasó algo malo?

– Solamente que sigue pensando que hay cosas raras entre tú y yo. – explicó molesto.

– Kanako-chan es una niña muy lista y se da cuenta de todo.

– Eso es precisamente lo que me preocupa, baka. Debe haber alguna manera en la que podamos disuadirla…

Mientras Souichi reflexionaba sobre las opciones que tenía para sacar a su hermana de su error, una expresión sombría apareció en el rostro de Tetsuhiro. Era imposible, ¿verdad? Era imposible ser parte de la familia de Senpai de la forma que él quería, de la forma que ahora lo era Kurokawa Mitsugu. ¿Cómo podían aceptarlo si ni siquiera Senpai lo había terminado de aceptar? Quería que se quedara a su lado y se lo había dicho claramente, lo cual lo hacía feliz. Pero eso no implicaba que fueran una pareja oficial ante su familia y el mundo entero.

– ¿Qué te pasa ahora?

– ¿Eh? ¿Decías algo, Senpai?

– Otra vez estás poniendo esa cara. ¿Qué diablos te sucede? Si tienes algo que decir, solo hazlo.

– No es nada. Es solo que me doy cuenta de lo mucho que quisiera ser parte de tu familia. – confesó sonriendo débilmente.

– Morinaga… – susurró Senpai sorprendido por las palabras del otro.

– ¿Es que no lo ves, Senpai? Tu familia es perfecta. Si Soujin-san fuera mi padre, habría aceptado a un hijo gay como yo, así como lo hizo con Tomoe-kun. Además, también aceptó a Kurokawa-san como parte de la familia porque confió en la elección de tu hermano y apoyó su decisión de casarse con él.

Senpai bajó la cabeza y se sintió avergonzado sin saber por qué. Claro que estaba agradecido de tener la familia que tenía, incluso después de que su madre se fuera de su lado. Sin embargo, solo ahora caía en cuenta de que al menos tenía recuerdos maravillosos de ella. Su kouhai, en cambio, siempre sería perseguido por el amargo recuerdo que significaba el rechazo de sus padres.

– Yo…

– Senpai, no pongas esa cara, solo te estaba contando lo que pensaba con respecto a tu familia. No es que vaya a robártela ni nada por el estilo.

– Ahou, ¿quién dijo algo semejante? – preguntó algo indignado – Mi familia… te tiene mucho aprecio. Ya viste cómo la última vez todos se formaron un gran concepto de ti.

– Y haré lo posible para que lo mantengan. – declaró sonriente.

– Tú sí que eres raro, tienes unos cambios de humor verdaderamente radicales.

– Esa es más mi línea, ¿no?

– Urusai… Bueno, ¿ya preparaste el desayuno?

– Hai, hai.

Souichi se levantó de la cama y se vistió para tomar desayuno con su kouhai. Ese día sería el último de la semana que irían al laboratorio, ya que el viernes tomarían el vuelo de las 12.30 pm de Nagoya a Fukuoka. Estaban terminando de desayunar cuando Tetsuhiro miró a su Senpai y le lanzó una intrépida pregunta.

– Senpai, me estaba preguntando… El acuerdo no incluye besos, ¿verdad?

– ¿Q-qué, c-cómo?

– Besos inocentes, quiero decir. El trato solo implica no tener sexo, ¿nee?

– ¡De-deja de hablar de esas cosas desde tan temprano! – chilló sonrojándose por completo.

– Solo es una pregunta. Me refiero, por ejemplo… – dijo acorralándolo contra la pared – a un beso en la mejilla o en la frente o…

Quedaron muy cerca el uno del otro sintiendo cómo se entremezclaban sus respiraciones. Souichi, como por instinto, bajó la mirada hacia los labios de su kouhai totalmente seguro de que lo besaría. Estuvo a punto de cerrar los ojos cuando de pronto, Tetsuhiro resopló con fuerza y se separó de golpe de él.

– Bueno, trataré de evitarlos, pero no prometo nada.

Souichi quedó petrificado. Miró a todos lados tratando de encontrar una posible explicación a la actitud de su asistente. Ni en un millón de años imaginó que pudiera resistir la tentación para hacer algo que siempre hacía de la nada. Simplemente no había forma. Trato de guardar la compostura y carraspeó como no dando importancia a lo que acababa de ocurrir.

– Y-ya basta de tonterías y vamos a trabajar.

– Lo que tú digas, Senpai.

Se dirigieron al laboratorio como hacían usualmente y avanzaron el proyecto pendiente hasta cierta etapa. Varias horas después, se dirigieron hacia la residencia Matsuda. En el camino solo hablaron de temas de la universidad o del trabajo de Tetsuhiro. Apenas llegaron, Kanako salió a recibirlos muy animada como de costumbre.

– ¡Souichi-niisan, Morinaga-san, hisashiburi!

– Hisashiburi, Kanako-chan. – dijo acariciando su cabello.

– Pasen y siéntense, la cena está casi lista.

Ambos científicos saludaron a Matsuda-san y los cuatro se sentaron a cenar mientras conversaban sobre las novedades de esas últimas semanas.

– ¿Y cómo te va en la escuela, Kanako-chan?

– Muy bien, soy una de las primeras de mi clase.

– No esperaba menos de ti, Kanako-chan. Los Tatsumi son muy inteligentes.

– Naturalmente. – asintió Souichi con orgullo.

– Niisan, pero la idea es ser inteligente y sociable. Y a ti te falta mucho lo segundo.

– Kanako, no hagas comentarios innecesarios.

– Bueno, Kanako-chan, la verdad es que Senpai últimamente ha estado más accesible.

– ¿Lo dices solo porque él está presente?

– No, no, lo digo en serio. Senpai ahora trata de controlar mejor su carácter y es más amable y...

– Mmm… – quedó pensativa la niña por unos instantes – No, eso jamás sucederá.

Ambos casi caen de sus asientos ante la sinceridad de la pequeña. Matsuda-san rió y se puso de pie para servir el postre a los presentes.

– Sou-kun, ¿ya tienen reservado el hotel?

– Como es un congreso organizado por la misma universidad, todos los gastos están cubiertos.

– ¡Sugoi! Entonces tendrás dinero para traerme regalos.

– Te traeré un llavero.

– Yo también te compraré algo, Kanako-chan, así que no te preocupes. – le aseguró el menor con una gran sonrisa.

– ¡Yatta! Deberías aprender, niisan.

– Morinaga, deja de engreírla, y tú, Kanako, no te pases de lista.

La pequeña le sacó la lengua haciendo reír a todos, con excepción de Souichi que solo bufó con su malhumor de siempre. Horas después, vieron que ya se había hecho tarde y tenían que regresar, así que agradecieron y se despidieron. Souichi prometió volver pronto y se retiró de la casa siendo seguido por su inseparable amigo.

Al llegar a su departamento, ambos empezaron a alistar sus respectivas maletas. En verdad no necesitaban llevar demasiadas cosas, ya que no serían ni tres días completos los que se quedarían allá. Cuando Tetsuhiro ya casi había terminado con su equipaje, recordó que había algo que le faltaba hacer antes del viaje.

– Senpai, voy a ir a ver a mi amigo al bar y así aprovecho para despedirme de él, porque luego no tendré más tiempo, ya que el martes me regreso a Hamamatsu. Cuando vuelva, terminamos de empacar lo que falta, ¿te parece?

– Haz lo que quieras.

– No me tardo, Senpai. – prometió saliendo rápidamente del departamento.


El chico alegre del bar limpiaba la barra con esmero mientras veía entrar a algunos clientes. Su amigo había venido a despedirse de él porque al día siguiente se iría de viaje a su tierra natal y el martes se regresaría a su centro de capacitación.

– ¿Y cómo es lo de mañana?

– Viajaremos a eso del mediodía. Llegaremos a almorzar y después tendremos la primera exposición. Después regresaremos al hotel a cenar supongo. El sábado tendremos exposiciones todo el día y el domingo temprano estaremos tomando el vuelo de regreso a Nagoya. Y como ya sabes, el martes yo vuelvo a Hamamatsu.

– Mmm, souka.

Sin embargo, eso no lucía mucho como una despedida, sino más bien como una especie de velorio. El joven científico suspiraba mientras observaba detenidamente el vaso que tenía entre sus manos. Hiroto lo miraba nervioso por el aura deprimente que se había formado alrededor de él.

– Angel-kun, ¿estás seguro de que sabes lo que estás haciendo? Viajar con Senpai-san debería alegrarte, pero no lo veo así. No vayas a morir en el intento por favor.

– Claro que estoy feliz. – afirmó aunque pareciese lo contrario – Es solo que todo esto me está costando muchísimo, pero sé que debo hacer esto por Senpai y por mí. Le estoy dando el empujón que necesita para que se dé cuenta de…

Tetsuhiro suspiró con desánimo. Ya ni sabía qué era lo que pretendía lograr realmente con ese singular acuerdo.

– Sabes que te apoyo incondicionalmente y que no te quiero desanimar, pero… ¿tú crees que esto baste para que Senpai-san aclare sus sentimientos hacia ti?

– Es lo que necesito comprobar. Y si debo sacrificarme a cambio, no dudaré en hacerlo.

– Ya no existen hombres como tú, ¿sabías? Eres realmente excepcional.

– No lo soy, Hiroto-kun, yo solo…

Hiroto lo miró con cariño y con pena. Él mejor que nadie conocía la historia de amor no correspondido de su amigo hacia su tiránico Senpai. Los muchos años de represión y posterior rechazo que había tenido que soportar por amar tanto a ese hombre. ¿Era ese el precio que había que pagar por fijarse en un homofóbico?, se preguntó en silencio. Los ojos de Tetsuhiro brillaron unos instantes y el otro no supo si era de tristeza o de esperanza. Dio un último sorbo a su bebida antes de continuar la oración que había dejado en el aire.

– Yo solo… estoy enamorado.


De camino a casa, el chico de cabello corto reflexionó sobre lo ocurrido esos días. ¿Estaría esperando demasiado de la vida? Mientras más tenía de Souichi, más quería de él, pero no sabía si este querría ceder más de lo que ya había cedido en todo ese tiempo juntos.

Senpai, si tan solo comprendieras cuán grande es mi amor. Si tan solo… me aceptaras por completo…

Entró despacio a la casa y se dio con la sorpresa de que su Senpai estaba profundamente dormido en el sofá. Se acercó sin hacer ruido con el solo objetivo de contemplarlo. Pensó en despertarlo porque se podía enfermar si se quedaba ahí, pero antes de poder hacerlo, lo escuchó murmurar quedamente.

– Mori… naga…

El corazón del muchachito dio un brinco. Senpai había dicho su nombre entre sueños, justo como la vez en la que él estuvo a punto de aprovecharse de su debilidad después de una noche de alcohol. Pero esa vez era diferente. Por más que su corazón y otros órganos le gritaran que se lanzase sobre el hombre que dormía sobre el sofá, no podía hacerlo. No debía hacerlo. No podía permitir que Senpai volviera a enojarse con él por no cumplir su palabra. Esta vez podría resultar siendo mucho más grave.

– Senpai…

Acarició suavemente su cabello que desprendía aquel dulce olor tan característico que lo volvía loco. Su mano descendió hasta su rostro y rozó su mejilla bajando hasta sus labios que se encontraban ligeramente separados y por los que se colaba su respiración pausada. Sintió a Senpai suspirar y estuvo a punto de perder el control. Sacudió la cabeza alejando todo pensamiento indebido y lo movió ligeramente para despertarlo.

– Senpai, despierta. No puedes dormir aquí, te puedes enfermar.

– Mmm, Mori…

– Hai, hai, soy yo. Ve a tu cuarto, Senpai. Estás muy cansado y necesitas dormir.

– No, no puedo… – dijo frotándose los ojos – Las maletas aún no están listas.

– Está bien, mañana tenemos el día libre, así que aprovecharemos para terminar de guardar lo que falta, ¿te parece?

Senpai asintió algo somnoliento dejándose guiar hasta su habitación. Cuando se dio cuenta de que su kouhai también estaba entrando con él, se puso alerta. Trató de calmarse y ver qué haría el otro ahora que estaban ahí.

Va a intentar algo… Definitivamente lo hará y lo golpearé. Terminará ese absurdo acuerdo, habré ganado y podré castigarlo a mi antojo. Tan simple como eso.

Souichi se sentó al borde de su cama y observó cómo Tetsuhiro se agachaba un poco. Su pulso se disparó cuando sintió que lo tomaba de los hombros y besaba su frente suavemente.

– Oyasumi, Senpai. Pondré la alarma a las 7 am para terminar de alistar el equipaje y dejar todo en orden, ¿sí?

– S-sí, está bien. – murmuró atónito.

Tetsuhiro le dedicó una última sonrisa y dejó su habitación. Souichi se quedó inmóvil contemplando la puerta en absoluta confusión. Tuvo que dejar pasar unos minutos para recuperar el movimiento de su cuerpo y se metió bajo las sábanas. No podía creer lo que había pasado, o mejor dicho lo que no había pasado.

¿Soy estúpido o qué? ¿Qué estaba esperando? ¡¿Qué demonios estaba esperando que me hiciera ese idiota?!

Y cerrando los ojos con rabia se dejó vencer por el sueño para borrar de su mente y corazón aquel bochornoso momento.


El grupo abordó el avión con destino a Fukuoka poco después de las 12.30 pm. Eran cerca de quince personas las que viajaban, entre ellos estudiantes de los últimos años o de másteres y doctorados y tres profesores. Souichi y Tetsuhiro se instalaron al lado derecho en asientos de dos. Este último insistió en sentarse a la ventana porque quería apreciar el paisaje, lo cual a su Senpai le pareció de lo más ridículo, pues no encontraba nada interesante en ver solo nubes. El viaje sería corto, pero con el trajín de las últimas semanas, Tetsuhiro empezó a adormecerse a causa del leve movimiento del avión.

Anoche estaba cansado, por eso no intentó nada. Estoy seguro de que en el hotel no perderá la oportunidad de hacer sus perversiones. No hay forma de que se controle cuando estemos solos.

Souichi estaba sumido en esos pensamientos cuando de repente sintió un peso en su hombro y al voltear casi se desmaya. Su kouhai se había quedado dormido y su cabeza había caído sobre su hombro derecho. Entró en shock. ¿Acaso no se daba cuenta de que había más personas a su alrededor? Afortunadamente todos estaban sentados detrás de ellos haciendo improbable que fueran vistos. Su primer instinto fue querer patearlo, pero entonces lo observó detenidamente. Tenía un rostro tan apacible que le fue imposible alejarlo o alejarse. Tragó saliva y miró hacia otro punto rogando internamente que, al despertar, el otro no notara el rubor de sus mejillas ni la velocidad con la que latía su corazón.


– ¡Wow, hace tiempo que no venía a esta parte de Fukuoka! Y naturalmente nunca había estado en un hotel así.

– ¿Es cerca de tu casa?

– Digamos que más o menos. Creo que más cerca está la que era casa de Masaki-san… – dijo entrando al cuarto que les habían asignado.

El aura alrededor de Souichi se tiñó de negro al escuchar ese nombre como si fuera algo satánico. Tiró la puerta con rabia y se acercó a su kouhai tomándolo del cuello de la camisa más que furioso.

– Omae… no habrás querido venir a Fukuoka para encontrarte con ese hijo de perra, ¿verdad?

– Cla-claro que no, Senpai, ¿cómo se te ocurre?

– Por el bien de tu garganta, espero que digas la verdad. – amenazó lanzándolo contra la pared.

Tetsuhiro se levantó mareado, pero una leve sonrisa apareció en su rostro al darse cuenta de la clara actitud celosa de su Senpai. Actitud que no tenía justificación, pues más allá de que él jamás podría ver a alguien que no fuera aquel tirano, sospechaba que las cosas entre su ex pareja y su hermano estaban más que bien y eso le alegraba mucho.

– Senpai, esta habitación es bastante lujosa, ¿nee?

– Sí, y además es amplia.

– La exposición de Kato-senpai es en tres horas, así que vendrán a recogernos a todos, pero antes de eso nos llevarán a almorzar. Qué maravilla haber venido, ¿no crees? – preguntó recostándose en una de las camas.

– Sí, lo único malo es que compartiremos habitación.

– No seas malo, Senpai. Tenemos un trato y no lo voy a romper. Quédate tranquilo. – dijo guiñándole un ojo – Por cierto, mañana en la noche habrá una cena para celebrar el éxito del congreso. Fukushima sensei obviamente quiere que asistamos.

– ¿Esas cenas donde se tiene que socializar?

– Senpai, no te preocupes, estarás conmigo. Te ayudaré a hablar con el resto si tienes problemas.

– ¿Debería agradecértelo? – preguntó irónico.

El día trascurrió con normalidad y la exposición del ponente estuvo de lo más interesante. A pesar de saber que nada pasaría en ese viaje, Tetsuhiro no podía estar más feliz al ver la emoción disimulada de su Senpai durante el congreso. Llegada la noche y después de la comida, todos regresaron a sus respectivas habitaciones incluyendo nuestros científicos. Souichi estaba tan cansado que se había quedado dormido inmediatamente después de bañarse y Tetsuhiro se acostó resignado también.

Al menos Senpai está confiando en mí tanto como para haber llegado de frente a dormir. ¿O solo será que estaba muy cansado? Pero mañana, mañana yo…

Él también se quedó dormido, esperando que el día siguiente le deparara un poco más de suerte.


Fukuoka durante un día sábado era un lugar muy alegre y acogedor. Todo el grupo desayunó amenamente y las exposiciones continuaron en la Universidad de Fukuoka. El almuerzo también se pasó rápido y, tras otra exposición, todos regresaron al hotel a alistarse para la gran cena de esa noche, pues esta sería en un lujoso restaurante conocido por su exquisita comida marina.

Ya en el hotel, Tetsuhiro decidió bañarse primero mientras Senpai sacaba de su maleta la ropa más decente que tenía, como para una cena de gala. Odiaba esas reuniones formales, pero no le quedaba de otra.

Mientras tanto en el baño, Tetsuhiro estaba sumamente nervioso. El día anterior no había podido poner su plan en marcha porque Senpai había caído rendido de sueño. Esta vez intentaría algo extremo, tanto que bien podría costarle un moretón más o incluso un diente menos, pero estaba resuelto a hacerlo. Terminó de ducharse y se secó con una toalla mediana que después colocó alrededor de su cintura. Se miró al espejo y se alborotó un poco el cabello para darse a sí mismo un toque sexy, o al menos eso trató. Puso una toalla más pequeña rodeando su cuello y salió de ahí totalmente decidido.

– Senpai, ya está lista la ducha. Puedes entrar cuando quieras.

– Está bien, enseguida voy. – indicó sin despegar la vista de su libro.

El más joven se acercó y se inclinó como para observar lo que el otro estaba leyendo. Senpai solo se percató de lo que estaba sucediendo cuando sintió un fresco olor particular que paralizó sus sentidos. Levantó la mirada y se encontró con el cabello mojado de su kouhai que goteaba justo enfrente de él. Sus ojos poco a poco descendieron y se dio cuenta de que estaba semidesnudo. Su torso se veía reluciente y la toalla ceñida a su cuerpo no dejaba mucho a la imaginación. Tetsuhiro se pasó una mano por el cabello para no mojar el libro, pero Souichi lo interpretó como otra cosa. Sabía que él mejor que nadie podía leer sus acciones sin equivocarse. Por eso, estaba seguro de que su kouhai lo besaría en ese mismo momento. Instintivamente solo se quedó quieto y esperó. Esperó con el corazón ansioso y desesperado. Pero el beso nunca llegó.

– Ah, estás leyendo el libro que nos regalaron en el congreso hoy, ¿eh? – preguntó separándose de él – ¿Está interesante? Voy a empezar a leer el mío esta noche después de la cena.

Souichi lo siguió con la mirada sin dar crédito a lo que acababa de pasar. Era demasiado incoherente como para ser cierto. El menor se sentó al borde de la cama y comenzó a secar su cabello al estilo de un actor de televisión, derrochando sensualidad. Y como si fuera lo más normal del mundo, se puso de pie, se sacó la toalla de la cintura y comenzó a vestirse lento y sin prisa.

La expresión de Senpai era de lo más risible. Una mezcla entre shock, indignación y espanto imposible de disimular. Sus ojos como hipnotizados viajaron por el cuerpo desnudo de su kouhai y automáticamente empezó a sentir cómo despertaba en él algo muy parecido al deseo. Claro que él no lo identificó así. Se maldijo internamente y se puso de pie tratando de ocultar a como diera lugar lo que acababa de provocar en él. Tomó aire antes de hablar.

– V-voy a darme una ducha yo también. – anunció cerrando la puerta del baño tras de sí.

– Te espero. Aún tenemos tiempo antes de que empiece la cena.

Senpai pudo escuchar a lo lejos lo que había dicho su acompañante, pero su atención se fue directamente a aquella zona de su cuerpo que había tomado vida con tan poco.

¿Por qué? ¿Por qué si ni siquiera me ha tocado? Kuso… ¿Cómo me deshago de esto ahora?

No tuvo otro remedio más que congelarse bajo el agua helada, rezando para que su kouhai no notara el efecto que había tenido en él una simple exposición de su cuerpo desnudo. El chorro de agua de algún modo lo ayudó a calmarse, aunque también tuvo que recurrir a la psicología y pensar en la toxicidad del amoniaco, entre otras cosas. Cerró la llave de la ducha y se secó y vistió rápidamente. Cuando abrió la puerta, su asistente esperaba ya listo al pie de la cama mientras jugaba con su celular.

– Ah, Senpai, ¿ya estás listo? ¿Sabes? Resulta que el restaurant al que iremos es uno al que iba cuando era niño. Tiene una sazón excelente.

– Qué coincidencia. – murmuró sin mirarlo mientras secaba su cabello – Bueno, d-démonos prisa.

Como el restaurante se encontraba a unas cuadras del hotel, todos habían quedado en encontrarse de frente allá. Tetsuhiro y Souichi llegaron al lugar y de lejos divisaron la mesa reservada para la gente del congreso. Sin embargo, cerca de la entrada, había una pareja que al parecer estaba conversando con uno de los mozos, pero de esta forma estaba interrumpiendo un poco el paso de las demás personas. Souichi se alteró como de costumbre.

– ¿Qué acaso no se piensan mover? Obstruyen el camino, maldición.

– No seas malo, Senpai. Son personas mayores y…

– Parece que ya se van. ¿Entramos?

Souichi dio unos cuantos pasos y estuvo a punto de entrar, pero al darse cuenta de que su acompañante sencillamente no avanzaba, retrocedió molesto y lo tomó del brazo listo para regañarlo por dejarlo entrar solo.

– ¿Se puede saber por qué demonios no entras?

Pero no hubo respuesta. Souichi lo miró con extrañeza y se dio cuenta de que se había puesto pálido y ni siquiera pestañeaba.

– Oi, Morinaga, te estoy hablando.

Senpai dirigió la vista hacia el lugar al que parecía estar mirando su asistente. Y no podía equivocarse. El chico tenía clavados los ojos en aquel hombre y aquella mujer elegantes que estaban hablando con el mozo y que ahora, todo indicaba, se disponían a dejar el restaurante.

– ¿Acaso conoces a esas personas?

Tetsuhiro asintió de manera casi imperceptible, y Souichi notó que su mirada se mantenía fija en aquella pareja al mismo tiempo en que su expresión se iba haciendo cada vez más sombría.

– ¿Quiénes son, Morinaga?

– Son…

Tetsuhiro sintió una opresión en el pecho y empezó a notar que le faltaba la respiración. Un sinfín de recuerdos llenó su mente como fotografías en blanco y negro. Tragó de manera audible y las palabras cargadas de angustia brotaron de sus labios en un doloroso susurro.

– Son mis padres, Senpai…


¿Fukuoka es un pañuelo? Pues parece que sí, o tal vez solo era cuestión de tiempo y del destino que Tetsuhiro y sus padres se reencontraran y pusieran las cartas sobre la mesa. En el siguiente capítulo se viene el tan esperado momento, no se lo pierdan! Aprovecho para agradecer todos sus reviews, me emociona que sigan la historia y que me escriban sus impresiones!

Para el cap 4:

Pista: Enfrentamiento

Pregunta: Al parecer este será un amargo encuentro. ¿Cuál será la reacción de cada uno de los presentes?

Ja nee!

**Jane Ko**