Capítulo 2

Para cuando se despertó un horrible estremecimiento lo embargó, se sentía como un saco de boxeo; completamente herido y sometido a golpes peores que los de un par de puños. Miró a su lado sintiendo como el corazón se le contraía de tristeza con sólo ver a Thor en tal estado.

Había sido una de las noches más largas de su vida –y no en un buen sentido precisamente- Thor no se durmió hasta jurarle que no se movería de su lado aunque la cama fuese de plaza y media y el rubio utilizara más del ochenta por ciento del espacio. Había soñado cientos de veces con despertarse y ver a su hermano dormido en su cama pero ahora le sonaba ridículo –casi infantil-

Necesitaba despejar su cabeza y ordenar sus ideas antes de volverse loco. Con paso lento se alejó de la habitación rogando que el visitante durmiera por un par de horas más.

Por el pasillo de madera hasta el comedor trastabilló varias veces sintiendo un creciente ardor en las piernas, músculos demasiado contraídos por la tensión y el mal dormir. Un pequeño bolso fue el detonante para que se diera de bruces contra el suelo. Ya estaba odiando aquel día y apenas empezaba. Descargó con toda su ira una mirada al bendito objeto, primero poco le importó pero ahora sacaba cuentas que era el único equipaje que trajo consigo su hermano ¿Por cuánto pensaba quedarse Thor? Indagando en el bolso encontró cambios de ropa como para tres o cuatro días, su billetera, pasaporte e identificación, un par de artículos de aseo, el teléfono celular apagado y paraba de contar. Era el equipaje de alguien que apenas tuvo tiempo para huir. El de una persona desesperada.

Loki se negó a permitirse sentir compasión, Thor lo odiaría, tenía que ser el de siempre y ver cómo ayudarle. Se recordó que ahora era el Loki Inglés, frio y enigmático. Tenía que actuar de acuerdo a su madurez. Y si seguía por esa misma línea sentarse a sentir lastima sólo empeoraría las cosas. Con eso en mente fue en busca de toallas y ropa limpia. No podía perder más tiempo.

Para cuando notó el agudo dolor en las muñecas bajo el agua caliente la mitad de sus músculos ya le habían dado tregua. Se miró sin mucho ánimo notando que las marcas no se le quitarían dentro de unas semanas, era lo de menos para como estaban las cosas. Lo primero era llamar a su editora y pedir más tiempo para su próximo manuscrito, la cual chillaría exhalando fuego por la boca, luego los llamados para tranquilizar a su descorazonada familia, tendría que recurrir a Sif en busca de la verdad.

Trazó un recorrido con el jabón por la espalda sintiéndole arder ahí también, Thor no se había medido para nada y era mejor así. A decir verdad ni siquiera sabía cómo pudo afrontar la situación sin decirle nada a nadie y los niños ¡cielo santo! ¿En que estaba pensando Jane? De tan sólo imaginarlo se le atravesaba una jaqueca, esos niños adorables y sonrientes ¿qué pensarían de sus padres? ¿De sus abuelos? ¡Dios! ¿Cómo le confesaría Thor a sus padres que sus hijos no eran suyos? Frigga se volvería loca, una parte de ella desaparecería y Odín, el orgulloso patriarca que era, se desmoronaría. Si no lo hizo por su hijo menor gay lo haría ahora por sus nietos.

Se llevó una mano a la frente sintiendo otra vez la respiración acelerársele.

Tal vez sea un error, pensó. Thor debió entender las cosas mal ¿y el divorcio? ¿Qué pasaba con eso? ¿Por qué Jane aceptaría el divorcio? ¿Y qué tal si fue al revés? Gimió de puro nerviosismo alzando la cabeza para sentir como el agua se llevaba su malestar.

Thor durmió gran parte del día y el resto se la pasó entre ducharse, comer y ver la televisión, de manera mecánica y peligrosamente somnolienta. A Loki poco le importó olvidarse de que perdieron el contacto por siete años, que invadiera su espacio personal para apoyar la cabeza en su regazo para ver televisión y que no dijera palabra en todo el día. Todo le importaba bastante poco si le devolvían a su Thor pronto, el terror de ver a ese mecanizado y perfecto Adonis sentado con la vista vacía por siempre no lo dejaría dormir. Quería ver sus tontas sonrisas, sus chistes sin sentido, sus anécdotas y reclamos, incluso habría disfrutado más de un puñetazo por alejarse de casa a aquel hombre que regresó como su hermano. Loki quería llorar igual como había hecho Thor la noche pasada pero si Thor no era el fuerte de los dos, él tendría que tomar su lugar.

-Duerme conmigo-susurró llegando al punto de creer que se lo había imaginado. Loki parpadeó varias veces.

-¿Cómo dices?-

-No me dejes solo- rogó con la voz quebrada ocultando el rostro entre las capas de su cabello rubio, Jamás, pensó Loki cerrando los ojos con fuerza.

Las siguientes noches su hermano durmió con él en su cama mucho más grande y cómoda que la de invitados, mejorando los dolores a leves molestias. Pero si le preguntaban de progresos Loki no podía admitirlos, Thor estaba muerto en vida y parecía que su único cable a tierra era su lazo con él. Varias veces estuvo tentado a preguntarle qué había sucedido, pero antes que pudiera soltarlo se mordía la lengua recordando que cuando Thor se cerraba en algo no habría forma de abrirse otra vez.

Mentía con sus mejores argumentos a sus padres, Thor y yo hemos ido a una obra de teatro se ha dormido, tuvieron que parar la obra por sus ronquidos, come más que antes, se lo está pasando de las mil maravillas, dice que quiere quedarse unos días más, está en la ducha ahora mismo pero les extraña ¿sobre el divorcio? él les explicará bien el tema pero no se preocupen demasiado Thor se ve muy libre y tranquilo ¿los niños? Están con Jane, Thor necesita un tiempo conmigo ¿saben? Ustedes tenían la razón, sólo son problemas de pareja y un tiempo lejos mejorará las cosas, le llamaban dos veces al día llegando a ser tanta la necesidad de mentir que se obligó a llamar a Sif para expresarle la verdad lleno de frustración, ella no estaba mejor, desde su último llamado había movido sus redes sin respuesta, ni Fandral su amigo más animado vio con buenos ojos la situación, y si Thor seguía así internarlo en alguna clínica parecía ser una posibilidad. Loki tragó grueso incrédulo y aterrado por la idea.

No fue hasta el quinto día desde su llegada que con una sonrisa en los labios mientras almorzaban le dijo:

-¿Y esos bigotes? ¿La nueva moda?- Loki atontado por la sonrisa y las palabras no entendía a qué se refería y tanteó la posibilidad de que el dolor hubiera nublado el razonamiento de su hermano hasta que se miró al cristal de enfrente notando las marcas de dedos que Thor le había dejado en su mejilla la primera noche. Apresó su mano con las suyas lleno de júbilo ante tal avance.

-Sí, Thor- le sonrió con la voz temblorosa -¿te gustan?-


Mientras Loki terminaba de preparar la cena Thor admiraba maravillado el departamento de su hermano notando como sus sentidos empezaban a esclarecerse, el decorado era minimalista sin rayar en algo frio, era un hogar al estilo Loki y eso le agradaba. Pudo olisquear con agradecimiento un delicioso aroma proveniente de la cocina y supo que volvía a sentirse vivo, de a poco, reuniendo las partes de su corazón destrozado sin saber si sería capaz de unirlo otra vez. Cambiando el hilo de sus pensamientos sonrió al ver un cuadro especialmente grande en la pared con ellos riendo en su adolescencia. Estaba seguro que en aquel tiempo aún no conocía a Jane y habría deseado quedarse en ese instante para siempre, riendo con Loki mientras se lanzaban bolas de nieve.

-Amo tus guisos- decía con la boca llena. En otra situación Loki le habría reprendido severamente por hablar comiendo pero no podía sentirse más feliz después de semejante susto. Sus amigos saltarían del gusto con la evidente mejoría –siempre cocinabas tan bien que hasta pensaba que serías chef cuando mayor- le contó.

-Pues yo creí que serías presidente cuando mayor, y henos aquí- Thor carcajeó varias veces sin apartar la vista del televisor.

-¿Y te gusta?- Loki alzó una ceja esperando comprender –escritor y de los buenos, Sif me ha dicho que tus libros son fascinantes y llenos de personajes con diferentes matices…o algo así- Thor frunció el entrecejo intentando recordar.

-Asique a Sif le gustan mis libros- soltó con una sonrisa maliciosa en los labios, Thor sonrió por acto reflejo.

-Papá tiene todos los que has publicado incluso se los lee a- pero el entusiasmo desapareció de golpe y Loki comprendió perfectamente, Papá se los lee a mis hijos. La desolación en su rostro evidenciaba lo obvio.

-Thor…- pero el aludido se paró de golpe para dar al sillón frente al comedor internándose en la televisión como recurso desesperado.

Loki suspiró sabiendo que las heridas de su hermano eran tan profundas que ni el mismo podría curarlas todas.