—Es un apartamento muy grande —exclama curiosa Claire mientras ambas empiezan a atacar las porciones de sushi con los palillos—. Debe de costarte mucho el alquiler —sus agudos ojos verdes se desplazaban inseguramente alrededor de todo el salón, escrutando los rincones y fijándose de vez en cuando en las oscuras quemaduras eléctricas que salpican el entarimado.

—Te sorprendería saber lo que se devalúa un piso cuando uno de sus anteriores inquilinos es investigado por asesinato —dice Elle justo cuando Claire tiene un bocado acariciando sus labios. La animadora la mira con los ojos abiertos de par en par, en una expresión que podría confundirse con el miedo o tal vez con la expectación. Aunque tan sólo es estupor al descifrar las palabras de Elle. Casi se atraganta cuando entre titubeos se dispone a hablar.

—¿Este piso es de Sylar? —profiere con un deje de curiosidad en sus palabras, dejando caer la ración de sushi en la mesita de cristal. Elle asiente con la cabeza mientras coge con los palillos el suculento manjar que hay entre las dos—. ¿Y si decide volver aquí? —añade Claire con la mirada perdida en sus memorias. Elle no se hace de rogar en su respuesta, tras comerse el pescado.

—No creo que regrese, aquí tiene demasiados malos recuerdos. Y si lo hace, le estaré esperando —ataja provocadoramente, desviando su mirada a los ojos de la animadora, el azul intenso de su iris parece chisporrotear, sin lograr contener su deseo de vérselas frente a frente con el asesino.

Claire casi ansía por un momento tener esa avidez de venganza como estímulo. Pero una profunda desidia le embarga al recordar que Sylar le sigue a dónde vaya. Como si el asesino se encontrara en ese momento respirando en su cogote, con su espeluznante aliento, se estremece para sus adentros al rememorarle. Aunque la visión de la bravucona y díscola Elle arrebata algo del frío que le deja en su corazón. Al menos sabe que una de las dos tiene sed de sangre de sobra.

Elle danza los ojos entre Claire y la bandeja de plástico del restaurante, juzgando con detenimiento a la joven. No sabe cómo llegar hasta ella. Nunca tuvo mucho trato con jóvenes adolescentes, estando enclaustrada bajo las mazmorras del nivel 5. Pero intuye que Claire está atravesando por un momento traumático de su vida y recuerda cómo era ella a su edad. Si bien no encuentra comparación alguna entre las dos. A sus dieciséis años, Elle se 'entretenía' electrocutando por diversión a todo mentecato que se metía con ella.

Había comenzado su niñez achicharrando pequeños insectos, movida por la curiosidad de ver lo que ocurría. Exactamente igual que otros tantos críos le arrancaban las patas a las hormigas para dejarlas retorciéndose, Elle descubrió que una descarga (un pequeño chispazo azulado de sus dedos), bastaba para hacer bichos a la brasa. Después comenzó a torturar pequeños animalillos, algunas de las mascotas con las que su padre intentaba comprar su desatendida infancia, para comprobar los límites del dolor que podía provocar. Y cuando se hizo algo más mayor comenzó a experimentar con cobayas más 'grandes'.

No, definitivamente la joven Elle era muy diferente de Claire. Mientras la niña de los pompones se ha dejado abrumar por el horror de su propio don, Elle había acogido en su seno lo peor de su maldición y había sabido sacarle partido a la prematura pérdida de su inocencia. E incluso había aprendido a divertirse, a disfrutar devolviendo el daño que recibía de otros y deleitarse al escuchar sus angustiosos gritos. Elle sabe que la otra alternativa era autocompadecerse, como la animadora, pero ese no es su carácter.

«¿Qué clase de monstruo te crees que eres, Claire?» piensa con curiosidad Elle mientras se replantea su siguiente paso. Hostigarla no funciona para sacarla de su letargo, pero Elle ya ha encontrado otra opción.

—Cuando tu padre me tuvo secuestrada, a punta de regadera, me reveló algunas cosas de mí que ni yo sabía —comenta durante el final de la cena, cuando apenas quedan media docena de raciones en las bandejas—. Me dijo que mi padre estuvo experimentando conmigo, cuando era una cría, forzándome para que generara mucha más electricidad. Y borrándome los recuerdos de lo que me hizo —Claire deja de comer durante un segundo y cierra abrumada los ojos, al recordar la clase de atrocidades que su padre le había mencionado acerca de la Compañía. Y cree a Elle sin dudarlo—. No creí en un principio a tu padre, no quise creerle, pero después busqué pruebas y…

—Si lo que intentas es darme ánimos, vas de culo y cuesta abajo —resopla Claire apartándose de la mirada de Elle—. ¿Crees que no sé qué me pueden llegar a hacer? ¿La clase de experimentos que me harían? —Claire arremete con una pizca de ardor, aferrando con demasiada fuerza los palillos. Como deseando romperlos y volver a sentir las astillas de madera incrustándose con dolor en su fina piel. «No me importa nada de lo que me ocurra» piensa sin temor alguno Claire, antes de que Elle le conteste.

—No, no es eso. Es que me sentí jodidamente dolida con mi padre —dice Elle apoyando los codos sobre las rodillas y acercando el rostro hacia Claire—. También me sentí un poco como tú, como un bicho raro. Estuve mucho tiempo pensando en cómo habría sido mi vida si mi padre no me la hubiera fastidiado. Así que pensé que si quieres hablar… —deja la frase en vilo, mirando a Claire y dando un bocado a otra ración de pescado crudo.

—¿Quieres que hablemos? ¿Que hablemos como amigas? —pregunta indudablemente perpleja Claire, tras unos segundos.

—¡No, por todos los rayos, no! —responde Elle veloz y efusiva, apartándose de ella. «No sería amiga suya aunque el infierno se congelara» Pero a la vez piensa que tal vez oyendo las aburridas inquietudes de la animadora, logre encontrar alguna manera de manipularla. Va a ser demasiado arduo escuchar a la niñata, pero en la Compañía ha hecho cosas más difíciles. Después del momento de vacilación, Elle esboza lentamente una sonrisa confiando en su ingenio y en su carisma para conseguir espolear a la joven—. Pero dime, Pompón, ¿tienes algún amigo en la agenda al que puedas llamar? —exclama Elle con hostilidad, sabiendo que está sola. Incomunicada desde que abandonó su anterior vida en Texas. Claire enmudece ante Elle, y por un instante da la impresión de que va a hacer pucheros con los labios—. Ya me parecía. Si no quieres hablar conmigo, allá tú —se levanta del asiento después de encogerse de hombros.

Claire le para en seco antes de que se aleje:

—Espera —no puede creerse que se lo esté replanteando seriamente pero, Elle ha dado en el clavo, no tiene a ninguna persona más que pueda escucharle. Y nadie que (remotamente) pueda comprender su situación. Sólo le queda a Elle cómo ultima opción, y es una opción francamente deplorable—. Sobre qué quieres que hablemos —exclama después de respirar hondamente.

—¿Por qué crees que eres un monstruo? —no se anda con rodeos y otra vez vuelve a inclinarse desafiantemente hacia Claire. La joven intenta imaginarse que Elle no es Elle, que no se encuentra a miles de kilómetros de su hogar, ni que se encuentra en la casa que una vez fue de Sylar. Sino que todo vuelve a ser como en Texas, cuando podía alegrarse de compartir su secreto con su amigo Zach y que su más grave preocupación eran los exámenes de final de curso. Pero la sonrisa cínica de Elle y sus provocadores ojos chispeantes, echan al traste esa ilusión. Y Claire decide desviar la mirada antes de comenzar a hablar.

—Desde que Sylar me atacó, ya no siento nada. Y no me refiero al dolor —se le hace un ligero nudo en la garganta que despeja tragando saliva—. Es como si se hubiera roto algo de mi interior y ya no funcionara bien. No logro explicarlo. He caído muerta muchas veces, he vuelto a respirar tras parárseme el corazón, como siempre. Pero ya no me siento viva cuando resucito —prosigue Claire intentando encontrar las palabras en su interior.

—¿Cómo una zombie? — irrumpe Elle de una manera chabacana.

—Si me vas a tomar a burla, me largo… —esta vez es Claire quien amenaza con levantarse.

—Vale, me lo tomo más en serio —Elle la atraviesa con la mirada antes de que la animadora se vuelva a sentar—. ¿Te los vas a comer? —añade traviesa, señalando lo que queda de la bandeja de Claire y ésta se la tiende—. Continúa, ¿no te sientes viva por mucho que te cures, no es así? —le pide Elle ocupada nuevamente con los palillos.

—No sólo no me siento viva, sino que no me emociono con nada —prosigue Claire y se percata de que la ex-agente mastica más lentamente y que sus ojos no le pierden de vista. Atentos y mesmerizantes—. Ya no… ya no me entristezco, ni me enfurezco, ni consigo alegrarme ante las buenas noticias… Me siento como desconectada de todo el mundo, de todos los que me eran queridos. Ni siquiera me alegré de ver a mi padre con vida, después de que dijeran por las televisiones que había fallecido —Elle continua sirviéndose el sushi a buen ritmo, atendiendo pacientemente a las palabras de la animadora—. Creo que cuando Sylar me abrió la cabeza me… me quitó los sentimientos… ¡Maldita sea, sé que suena extraño! Pero es lo que pienso —se defiende cuando la ex-agente enarca una ceja, incrédula.

—¿Te quitó tus sentimientos? —pregunta Elle sin aparentar ser demasiado mordaz—. Así que la culpa de lo que te ocurre es de Sylar, ¿es eso lo que quieres decir? —Claire cabecea, insegura, confusa y una pizca incomodada—. ¿Estás segura de que la culpa es de él? —pregunta acercándose un palmo más al rostro de la más joven.

—¿De quién si no iba a ser? —responde abotargada Claire ante Elle, apartándose repentinamente otro palmo.

—En tu casa sólo había dos personas cuando… —comienza a decir pero Claire no da crédito a lo que está insinuando.

—¡No es mi culpa! ¡Yo no quiero ser así! ¡Nunca he pedido ser…! ¡NO SOY YO! —Elle casi da un bote en el asiento cuando Claire arremete ferozmente contra ella. Y disfruta al ver de nuevo un brillo temible en sus insondables ojos verdes. Tal vez sea una minúscula chispa, pero es suficiente para encender una enorme hoguera.

—Sylar te hizo daño, sentiste pánico, miedo, angustia… seguro que llegaste a pensar que ibas a morir. Y ahora, mira por donde, no sientes nada, nadie puede hacerte más daño, de ningún tipo. Ni siquiera Sylar —razona Elle pausadamente, mientras se echa a los labios el último pedazo de sushi. Elle está atenta a las evoluciones en el semblante de Claire, pero su joven rostro parece una máscara mortuoria inerte.

—¿A dónde quieres llegar? —Claire tiene la molesta sensación de que está arrinconándose al hacer esa pregunta. Elle en cambio intenta hablar con la boca llena, pero únicamente logra que salga un sonido incoherente de sus labios.

—Shock postraumático —articula finalmente Elle un poco sofocada al atragantarse y Claire le dirige una mirada como diciendo «¿Qué significa?»

—Mira, Pompón, tal y como lo veo sufres de eso —señala serena Elle, antes de proseguir—. Ya no amas, ni odias, ni quieres hacer nada. Estás como embotada —espera un segundo y Claire le alza la mirada de nuevo, al borde de las lágrimas—. La gente que sufre shock postraumático a menudo le cambia el carácter. Cuando algo demasiado fuerte para soportarlo te golpea en la vida, casi siempre deja una cicatriz. Un trauma en la psique. Hay quienes se vuelven extremadamente irascibles o pusilánimes. Otros se tornan desconfiados o los hay como tú que quieren aislarse completamente de los demás —Elle da un pequeño suspiro burlesco al ver que la animadora la observa con desconfianza e incredulidad.

—¿Y tú cómo sabes todo eso? —la ex-agente sonríe de oreja a oreja, exhibiendo su dentadura como si de una fiera indómita se tratara.

—No soy una rubita cabeza hueca como tú, animadora. Y además, mi padre me llevaba periódicamente al psiquiatra desde que cumplí nueve años, acabé sabiendo algunas cosas —añade Elle incómoda, apartando su mirada de Claire y repantigándose a gusto en el sofá. «Esa era su solución para todo» se lamenta para sí misma—. ¿Sabes qué es lo más gracioso? Lo que te ocurre no tiene nada de extraordinario, ni de monstruoso. Es algo muy humano —Elle finalmente da con la clave para llegar hasta Claire, el punto débil que la sostiene en pie: Su deseo de ser normal. Sin duda piensa explotarlo a su favor.