Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen. Si no a Masashi Kishimoto, su creador.
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Capítulo dos: Hermanos.
Hashirama estaba inusualmente feliz, y eso era mucho decir. Desde la tarde del día anterior había estado muy enérgico, más de lo que era normal en él. Durante la noche, se había estado moviendo mucho buscando la posición correcta para dormir en su cama a poca distancia de Tobirama, que comenzó a exasperarse tras un rato de escuchar el crujido de la madera por los movimientos tan bruscos que el muchacho hacía para buscar la comodidad. Y esa mañana, durante el desayuno, había estado sonriente, con una expresión de estar conteniendo mucha más felicidad de la que ya de por sí proyectaba en ese instante. Tobirama solo sentía cansancio ante ello, pues, como el largo historial de Hashirama lo dictaminaba; debía traer algo entre manos. Como su hermano, era su deber el brindarle protección con su vida de ser necesario, su padre ya se lo había encomendado formalmente hacia un tiempo.
Tres años atrás, exactamente.
Cuando el cumpleaños número doce de Tobirama llegó, no le hicieron una fiesta precisamente ni hubo una felicitación de parte de su padre. Hashirama le había regalado un dibujo hecho con sus propias manos con el esmero de días, hecho que el Senju menor notó al ver el brillo expectante en los alegres ojos verdes de su hermano, era un desastre pero al mismo tiempo lo más significativo que alguna vez recibió en toda su vida y aún lo guardaba con mucho recelo pues era especial. Hasta la fecha, ese garabato extraño que se asemejaba a un árbol con flores amarillas como el que estaba fuera de su hogar y el cual era un testigo silencioso del tiempo. Aquello fue algo que jamás esperó oír de los labios rígidos de Butsuma ni en un millón de años. Él, siendo tan joven y obediente acató la orden, su padre podía haber decidido que su hermano sería forzosamente su sucesor cuando el dejase el puesto, pero... era a Tobirama a quien había traspasado toda su ideología y prejuicios como algo que debió adoptar sin elección. Hashirama nunca había querido escuchar ese veneno verbal que Butsuma despotricaba contra otros clanes considerados «enemigos», sólo le restaba contarle todo aquello a su otro hijo con vida que no decía nada en lo absoluto ni reaccionaba ante sus arcaicos prejuicios.
Y nunca entendió el porqué exactamente.
El sonido de los pasos de su padre que se adentraba en el comedor lo regresó a la realidad.
—Buenos días, padre—Saludó Tobirama fríamente, más por mero protocolo que otra cosa. El aludido tomó asiento en la mesa mirándolos a ambos con detenimiento sin pronunciar palabra alguna, se veía cansado y sin emoción.
Como siempre.
El hombre no respondió al escueto y obligado saludo de su hijo menor, solo le dedicó una mirada fugaz y se dispuso a comer su desayuno en silencio bajo la mirada de su hijo mayor, Hashirama que parecía querer ver en su interior a diferencia de su otro hijo que permanecía callado con los ojos en su comida con aire concentrado. Levantó la vista encontrándose con los ojos verdes de el mayor de los hermanos Senju y se quedó quieto esperando que articulara alguna frase, pero el chico no dijo nada.
—¿Hay algo que quieras decir, Hashirama?—Lo instó Butsuma clavando su mirada cansina en su hijo a solo dos sillas más allá de distancia, sin siquiera, respirar.
Negó con la cabeza.
—No, papá—Confirmó tomando el tenedor para poner una porción, como una excusa perfecta para dejar de ver la dura mirada de su padre que le hacía temblar por dentro. Siempre, se mostraba como un líder de clan y hombre de pocas palabras e inquebrantable con una personalidad distante, que rayaba en la indiferencia.
—Bien.
Butsuma asintió dejando de lado la conversación momentánea para engullir un bocado de su frío desayuno. En aquella espaciosa habitación en la cual se encontraba el comedor de la residencia de los Senjus solo se escuchaba la respiración calmada de ellos y el sonido tintineante de los cubiertos chocar con los platos de cerámica blanca con una decoración de flores en acuarela. Hashirama pensó que si se apresurada a comer podría marcharse de ahí más pronto, le era muy incómodo estar atrapado en medio del silencio con personas que no tenían nada para decírse entre sí. Para él, era como retroceder al momento desafortunado cuando, por segunda vez, sus hermanos habían muerto quedándose sólo con Tobirama como el último que le quedaba y la figura sería de su padre diciendo que ellos habían muerto como hombres.
Pero, la realidad era que, ellos eran sólo niños.
Miró disimuladamente a su hermano menor que estaba frente a él. Ni siquiera estaba comiendo ni había tocado su desayuno aún, se veía tan serio e inerte como su padre la mayoría del tiempo. Le preocupaba mucho como es que se veía, a pesar de tener unos escasos quince años parecía más un adulto cansado con una vida ya vivida y desperdiciada a causa de la guerra; Tobirama no era como otros chicos de su edad que vivían en el clan Senju, se veía muy diferente y la luz que brillaba en aquellos otros no estaba presente en los ojos rojizos del muchacho albino. Su padre no parecía tener un problema con esa actitud que su hermano adoptó, casi daba la impresión de que el mismo deseaba que Hashirama fuese un poco como lo era Tobirama.
Porque ellos podían ser hermanos pero no eran para nada similares, diferían en muchos aspectos más allá de la obvia contrariedad que poseían en personalidad; Hashirama era un espíritu libre que se dejaba llevar por sus emociones, sus propias ideas acerca de la vida y tenía una perspectiva distinta en cuanto a la manera de juzgar a las personas que se cruzaban en su camino, no tomando en cuenta su origen, mientras que, Tobirama se regía por las reglas y órdenes de su padre y que el clan Senju tenía arraigadas sin cuestionar nada.
No creía que fuese algo muy sano para alguien tan joven.
—Tobirama, come—Indicó Butsuma Senju en tono calmado, era una orden por lo que Hashirama entendió.
—Sí, padre—Contestó el aludido con un asentimiento inmediato para proceder a tomar el cubierto sin muchas ganas, no apartó su mirada de las poco apetitosas verduras cocidas en su plato mientras las removía sin energías con el tenedor de un lado a otro. Hashirama notó que se veía más apagado de lo esperado, tampoco parecía tener muchas ganas de comer o hacer nada.
—Come—Volvió a decir el padre de ambos chicos fríamente levantándose de la mesa con su plato en mano, con intención de colocarlo en el fregadero de la cocina, desapareciendo de su vista tras el umbral que conectaba ambas habitaciones.
Tobirama hizo caso omiso a su orden, no dejando de remover de un lado a otro las verduras en el plato, que en ese punto no eran más que un puré batido esparcido por toda la superficie, suspirando con desgano. Butsuma regresó al comedor, notando que su hijo no había seguido su indicación le quitó el plato lleno de comida esparcida por todos lados y picoteada por el tenedor.
—No se juega con la comida—Le reprendió, Tobirama ni siquiera levantó la cabeza para encararlo.
Hubo un largo silencio que fue interrumpido por la voz profunda de su padre y un suspiro de parte de su hermano.
—Recuerda lo que dije—Agregó saliendo una vez más por el marco de la puerta. No sé inmutó ante sus palabras, ciertamente sabía que se refería al hecho de que probablemente Hashirama planeaba escaparse a el festival de los Yamanaka, ambos lo sentían como una posibilidad muy latente. La alegría y energía que traía acumulada era un hecho muy visible para todos a su alrededor, no es que fuera peligroso el que fueran, por alguna razón durante esos tres días el mundo entero era capaz de detener su odio acostumbrado y coexistir en un mismo espacio hasta el fin de aquella festividad.
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Izuna separó unas cuantas prendas en su pequeño clóset de madera que estaba ubicado junto al de su hermano mayor, rebuscó en el interior en la búsqueda de una prenda que no portara el característico símbolo de su clan en la espalda como era lo más usual, si quería asistir al tan famoso festival de los Yamanaka no deseaba verse inmerso en algún conflicto por ser miembro del clan Uchiha.
Madara lo observaba desde su cama cerca de ella ventana de la habitación en silencio, sabía que a pesar de lo serio que lucía, Izuna estaba emocionado por su primera excursión fuera del clan. No solían salir a menudo, al menos, no los «niños» como Izuna o Madara que apenas contaban con quince y dieciséis años, respectivamente. Ellos salían al exterior una vez que estuviesen los suficientemente listos para defender su propia vida contra algún enemigo que tuviera la intención de matarles.
Finalmente se decidió por la única que encontró, una yukata de color azul marino y ningún estampado impreso, le parecía algo muy cómodo de usar y bastante acorde a él. No le gustaba nada que fuera muy ostentoso, prefería pasar desapercibido entre la multitud de personas que estaba seguro iban a asistir, solo quería pensar que por un momento minúsculo el mundo era un lugar agradable y feliz para vivir vidas largas con calma, deseaba observar todas aquellas flores que pondrían como decoración y probar la comida.
—¿No vas a invitar a nadie al festival?—preguntó Madara poniendo en un gancho de ropa su propia de yukata que era casi del mismo color que la de su hermano, pero de una tonalidad azul mucho más oscura y con un diseño de flores pálidas en los bordes.
Claro que Madara quería que su hermano Izuna pudiera disfrutara del festival Yamanaka, pero era también cierto que, él ya tenía planes que no lo incluían. Se suponía iba a pasar los tres días del festival con Hashirama Senju, su mejor amigo de otro clan, y de uno enemigo del suyo, por lo tanto quería aprovechar la neutralidad que ofrecían las tierras Yamanaka para no estar escondiéndose y ser libre de hablarle por horas perdidos en la multitud de personas perteneciente a clanes de todo tipo.
Quería mucho a su hermano, pero si él sabía que se veía con un Senju y con el mismísimo hijo del líder de este, sería su fin. A Tajima Uchiha no le iba a hacer ninguna gracia enterarse y estaría restringido en todos los aspectos a partir de ese momento. Tenía que ser precavido, incluso con su hermano menor.
Era peligroso ser amigo de un Senju. Las enemistades ancestrales les afectaban a ambos, bien podrían dejar toda esa tontería y colaborar para hacer el paso por el mundo de todos mucho más ameno. Podrían librar a las futuras generaciones de pasar por ese ciclo de muerte y odio imparable contra desconocidos a los cuales nunca se les daba una oportunidad de redención.
Pero, mientras eso sucedía, debía tener cuidado.
Mucho cuidado.
—No—Dijo Izuna mientras lo observaba e intentaba doblar su yukata sentado en su cama—Prefiero ir solo. Ya sabes lo que la mayoría piensa de estos eventos; que son...
—Estúpidos—Acompletó Madara con naturalidad. No había necesidad de meditarlo mucho, él sabía que pensaba su clan en general respecto a muchos temas desde nimiedades como aquello o cosas más importantes.
—Sí, eso. Mejor así—Cortó Izuna pensando en cómo es que sería. Estaba emocionado por dentro, como buen Uchiha se reservaba ciertas cosas y esa ocasión no era la excepción. El entusiasmo lo llenaba por completo, tenía una mezcla de incertidumbre y felicidad auténtica envolviendo su ser.
No podía esperar.
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Notas finales: Sí, sé que es un poco lento. Pero deseaba introducir bien a los personajes antes de avanzar, no quiero que se vea todo random :u
Responderé a los review con MP :)
Siguiente capítulo: «Festival»
«Sábado 23 de Septiembre del 2017»
