Copia Perfecta.
Por Noe
© Tadatoshi Fujimaki
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Agradecimientos y todo el crédito por la edición de este capítulo para Ayánn
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3
Ryota al salir de sus recuerdos, se dio cuenta de que las doncellas se encontraban frente a él, respetuosas y sonrientes, una de ellas tímidamente se posó tras él y con voz bajita, sugirió:
—Si lo desea, podemos dar un paseo por el bazar.
«Quizás tenga la oportunidad de ponerme en contacto con Takao o Shougo», pensó, afirmando con la cabeza.
Las doncellas le vistieron con una túnica en tonos marfilados y en la cabeza le colocaron el turbante con un velo a juego.
Al otro lado de la puerta los esperaban cuatro hombres grandes.
—¡Oh! —ironizó Kise cuando los vio—, comprendo.
Fue conducido a una limusina, uno de los hombres se subió en el lugar del conductor, los tres se acomodaron en el primer compartimento, con el par de doncellas y Kise en el segundo, antes de avanzar, la puerta de atrás se abrió, un hombre se sentó frente al rubio y cerró la puerta.
—¡Fuera! —gritó a una de las doncellas, llevándose las manos a la boca, susurró—: ¡Mi señor!
No se trataba de Daiki sino de un hombre joven que se parecía a él, salvo que su expresión era más suave y sus ojos brillaban de alegría.
—No pude resistir —dijo jovial, retirándole el velo a Kise— la tentación de echar un vistazo a la adquisición de mi primo.
—¡No! —jadearon las doncellas.
—Demasiado tarde —burló el joven, sonriéndole a Kise—. Soy el príncipe Zalam(1), primo de Azraq.¿Mi primo pagó cuatrocientos mil dólares por ti?
—¿Pagar? —masculló Ryota desconcertado.
Zalam ladeó la sonrisa.
—Es lo que dicen los rumores. La mayoría de las mujeres y khasib no resultaron tan costosos… Jamás pagué más de treinta mil, aunque Azraq sólo adquiere lo mejor y puedo ver que sales de lo ordinario.
—¡Largo! —estalló Kise—. Vete antes de que te eche a patadas.
Las doncellas se inclinaron al suelo temblando, pero Zalam soltó una carcajada.
—Y con el espíritu de una serpiente. —Abrió la puerta y descendió del coche—. Has valido hasta el último centavo.
Al cerrarse la puerta, una de las doncellas gimió:
—Es un príncipe y usted lo ha amenazado, sobre nosotras caerá la furia real.
—¡Tonterías! —afirmó el rubio—. ¿Cómo se atreve a sugerir que fui comprado?
—Pero todo el mundo asevera que le costó cuatrocientos mil dólares al amo Azraq —protestó la doncella—. Debe valorarlo mucho. —A un ademán, el auto avanzó.
—Maldito Aomine —masculló por lo bajo. A medida de que la limusina avanzaba, su indignación fue reemplazada por el entusiasmo de ver el bazar, al detenerse se dio cuenta de que la mayoría de las personas se inclinaba ante la bandera—. ¡Oh! —jadeó al sentir el calor del mediodía sobre su piel, disfrutándolo, sin embargo, la guardia de honor no dejó de recordarle que, aunque importante, era un prisionero. Paseando por el bazar, eligió un par de palomas blancas
—Gánese su amor —indicó el vendedor— y permanecerán con usted, sin necesidad de jaula.
—Quiere decir que volverán a él y podrá volver a venderlas —explicó una de las doncellas indignada—. Nos llevaremos una jaula.
—No —dijo Kise—, nada de jaulas. —Tomó una bolsa con comida y la empleó para tentarlas a entrar en el coche, al subir, pudo ver que el conductor hablaba por el teléfono. Cuando regresó a la habitación, en el balcón encontró un palomar, las palomas parecían complacidas—. No son como yo… volaré a la primera oportunidad.
—¿Llegará esa oportunidad? —susurró Aomine en el oído del rubio, regalándole una sutil caricia con los labios.
El rubio quiso hablar, pero la boca le temblaba; Daiki se movió rápido, tomando el mentón del rubio lo giró despacio, acercando los rostros, los labios se rozaron.
—¡No!
Como si el forcejeo fuera la señal que Daiki había estado esperando, giró el cuerpo de su prisionero y tomó posesión del beso. El rubio gimió, el moreno lo hacía suyo en ese beso, con las fuerzas que le quedaban lo empujó.
—Nada —afirmó, mientras se pasaba el antebrazo sobre sus labios, intentando borrar los resquicios de pasión—. Ni hoy ni mañana, aceptaré algo de ti, Aomine, porque no queda nada de lo que fui en el pasado. —Lo miró fijamente. No quería que hubiera ninguna muestra de debilidad.
—Azraq —indicó el moreno—, dirígete a mí.
—No lo haré… Mientras sea un prisionero, no reconoceré nada.
—Tras ese hermoso rostro se esconde un ser despiadado...
—Se equivoca Su Majestad. Lo que ves, es lo que soy. —Kise se llevó la mano al pecho—. Soy Libre en mi corazón, jamás lo conquistarás a la fuerza o el engaño, y el tiempo te lo ha demostrado…. —Antes de que de decir algo más, la puerta se abrió. Kise miró al príncipe Zalam, tenía el rostro acalorado y parecía a punto de perder el control.
El rostro de Daiki se ensombreció y dijo algo en árabe que sonó como una orden, Zalam respondió en la misma lengua, evidentemente furioso, señaló a Kise y levantó dos, luego tres dedos.
El rubio lo miró fijamente y se preguntó si había entendido bien lo que estaba queriendo decir.
Aomine negó de nuevo y el malhumor de Zalam fue en aumento, el gesto del sultán fue definitivo., Zalam señaló a Kise y alzó cuatro dedos.
— ¡Hazlo y eres hombre muerto! —murmuró el rubio.
—No te preocupes —repuso Daiki con frialdad—. Cuando te venda, exigiré mucho más que cuatro veces el precio que pagué por ti.
—¿Cuánto? —demandó Zalam—. Por tu juguete pagaré lo que pidas. —Alargó la mano hacia el modelo, que echó el puño hacia atrás dispuesto a defenderse, Daiki llegó primero, al instante, Zalam trastabillaba contra la pared masajeándose la nariz sangrante.
El sultán no le dio oportunidad de recuperarse, lo aferró por el cuello, lo arrastró hacia la puerta y empujó fuera, se volvió con una iracunda expresión en sus ojos. Kise retrocedió asombrado. Daiki estaba dispuesto a cometer una estupidez, con dos pasos se plantó a lado del rubio y lo tomó en brazos.
—Se atrevió a ofrecerme dinero por ti —espetó—. Piensa que el dinero lo puede comprar todo.
—A mí no —musitó Kise—. Ni el suyo ni el tuyo.
—Desde el primer momento en que te vi tan perdido en las afueras del instituto supe que tenías que ser mío.
—Daiki, suéltame.
—Eres mío y serás mío para siempre.
—Eso no va a suceder —susurró el rubio, evitando la mirada añil. Los ojos del sultán se encendieron, alargó las manos hacia su prisionero y Kise entendió que había llegado a un punto peligroso. Olvidándose de la cautela el rubio le dio un puñetazo con la suficiente fuerza como para volver el rostro del sultán; impresionado, el príncipe abrió enormemente los ojos, mientras tocaba el labio roto—. Me obligaste.
—Tú...
—No me mires así. —Con rapidez interpuso una mesa entre los dos—. Ha sido culpa tuya por comportarte como un animal.
—No tengo que dar explicaciones a nadie de mis acciones —espetó Daiki, escupiendo la sangre—. Soy el príncipe.
—El príncipe debe de ser el primero en mostrarse humilde y sensato.
—¡No me hagas reír! Has elegido un momento maravilloso para darme un discurso. Tu osadía algún día te meterá en problemas.
—¿Algún día? ¿Qué crees que es esto? —satirizó Ryota— ¿Me arrojarás a
una mazmorra?
—No me tientes —soltó el príncipe con los dientes apretados, dio media vuelta para que Ryota no viera la confusión en sus ojos, cuando creyó que podía hablar con calma volvió a encararlo y lo observó con ojos gélidos.
—¡Libérame! —exigió Kise.
—¿Liberarte? —repitió Aomime asombrado—. ¿Después de esto? —Respiró hondo—Mañana serás trasladado…
—¡Ajá! —exclamó Kise con voz triunfal—. ¡La mazmorra!
—Tu nuevo alojamiento tendrá el mayor confort y lujo, dispondrás de ocho doncellas con instrucciones de atender cualquiera de tus caprichos, te llenaré de joyas, que lucirás en todo momento.
—¿¡Qué!? —Los dorados ojos miraron suspicazmente—. Si esperas que cambie...
—A partir de este momento serás mi favorito.
—¡No!
—Como si quisiera —soltó Daiki inconsciente— que el mundo lo sepa...
—¡Santo cielo! —exclamó el rubio, se quedó boquiabierto ante las implicaciones—. ¡Estás atrapado!, no puedes permitir que nadie sospeche que el príncipe Azraq Bahrir fue golpeado por un esclavo. —Soltó una carcajada.
—¡Suficiente! —manifestó—, te encerraré en las mazmorras.
—No, no lo harás. —El rubio se atragantó con su saliva—. No después de haber pagado todo ese dinero por mí.
—¡Basta! —Los ojos azules brillaron amenazantes—. Estás seguro de ti mismo, pero ¿quién crees te ayudaría?
—No lo harás. —Ryota lo miró a la cara desafiante.
—Deja que te recuerde quién soy.
—Por eso mismo no lo harás —musitó Kise—. Sería un reconocimiento de tu fracaso, de que no eres capaz de conquistarme. Puede que nadie más lo sepa, pero tú y yo sí, y no podrías vivir con eso. —El rostro de Daiki enfureció—. Y hay otro motivo —añadió Kise—. Eres un tirano, manipulador, arrogante, pero… —Hizo una pausa—. También un hombre decente.
—Lengua de serpiente —escupió el príncipe, el brillo azul en sus ojos era implacable—. ¡Eres un prisionero! —Kise arqueó una ceja sin inmutarse—. ¡Deberías temerme!
—¿Debería?
—He de quitarme el sombrero ante ti —dijo Daiki—, jamás te rindes.
—¡Jamás!
—¿En dónde estaríamos si no te hubieras esfumado de mi vida? —El ambiente se volvió extraño—. Te busqué, cuando te encontré tu apariencia no era la misma, tu esencia sí. ¿Quién diría que el chico rebelde, cabellos negros y ojos azules, lleno de golpes era ni más ni menos que Kise?
—¿Sa... sabías que era yo?
—En todo momento —admitió con una sonrisa, pero detrás acechaba algo que inquietó a Ryota, algo que lo habría asustado si se amilanara con facilidad. El moreno giró sobre sus talones, al salir de la habitación cerró la puerta con llave.
—Te desprecio… Daiki.
—¿No es un poco tarde para esto? —La voz del sultán se escuchó amortiguada por la puerta—. Espero que realmente valga la pena.
Kise corrió hacia la puerta.
—¡Maldito! —gritó, golpeando la puerta—. ¡Me engañaste!
—¿Quién fue el primero? —Rió el sultán—. Entras en mi vida bajo un nombre y una apariencia ¿y yo engañé?
—En el desfile —repusó Kise roncamente—, eras el benefactor mayoritario… Haciéndome creer que se trataba de una terrible coincidencia…
—Touché. —Los pasos del morenos se alejaron, dejando a un rubio desesperado.
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¿Kise un chico emo y problemático? ¿Fue ese el primer encuentro entre estos dos?… Ya veremos.
Sr. Google hace la observación de Zalam(1), Árabe, significa oscuridad, tendremos más de este encantador personaje… todo un chico malote.
Gracias por su tiempo.
Noe
