Inuyasha pertenece a Rumiko Takahashi

Recomendación musical como la del capítulo anterior

Cambiando el destino

Capítulo 2: Equilibrio y Libertad

Kagome atravesó el pozo a las dos semanas tal y como había dicho, Sango la estaba esperando ansiosa por hablar con ella. La chica del futuro no traía su equipaje normal, tan solo un par de bolsas con medicamentos y comida, esto le pareció muy extraño a la exterminadora pero le ayudó a salir del pozo y le dijo que fueran en dirección del río en vez de hacia el pueblo, así podrían hablar en paz, la sacerdotisa aceptó.

Ya en el río ambas chicas se sentaron sobre una roca bajo la sombra de un árbol y con los pies dentro del agua refrescante.

- Kagome ¿cómo te sientes? - habló por fin Sango

- Aún estoy molesta conmigo misma porque supe lo de Kikyo desde que ella fue revivida pero no quería aceptarlo, estaba en ¿negación? Sobre los sentimientos de Inuyasha... y creo que él también - movió ligeramente los pies

- Comprendo - dijo Sango mirando a su amiga y poniendo una mano sobre su hombro

- Dime Sango... - la exterminadora al ser llamada cambió su mirada de compasión por una de atención - ¿Han podido reunir más fragmentos? ¿Habló Inuyasha con Kikyo? -

- ¿Segura que quieres hablar de eso? - la joven peli negra miró a su amiga con preocupación

- Sí, necesito saber - ambas se miraron a los ojos

Así que Sango comenzó a contar la historia de cómo Inuyasha después de hablar con ella, Miroku y Shippo, se fue en busca de Kikyo; le tomó tres días encontrarla y un día completo hablar con ella, los demás sólo esperaron cerca por si Naraku aparecía. Al parecer el hanyou se reconcilió con la sacerdotisa de barro, al ser capaz de protegerla, ella comenzó a viajar con ellos para encontrar los fragmentos que faltaban.

Después la exterminadora le contó cómo tuvieron una batalla contra un youkai que quería una chica que Miroku había salvado hace unos años (Sango hablaba con algo de enojo hacia el monje pero al final rió), también le dijo que encontraron un grupo de monjes que viajaban y Sango pudo ver con sus propios ojos a Sesshomaru salvar a Rin, cómo creyó ver a Kohaku en un bosque, y cómo lucharon contra insectos parásito. Igualmente le habló sobre la Fuyouheki y los cristales de Gakusanjin y cómo obtuvieron y perdieron uno. No olvidó mencionar todas las veces que se encontró con Kohaku, evitando pelear directamente con él o de hacerle daño. Hablar de Kohaku la ponía triste pero se alegraba de verlo.

Kagome la escuchaba atentamente, comprendía que Kikyo había sido bastante útil para sus amigos mientras ella no estaba, después de todo servía de carnada (sin querer) para Naraku y podía encontrar los fragmentos. Era probable que no la necesitaran. Sango adivinó sus pensamientos y le aseguró que sin Kagome las cosas no eran igual, le pidió que regresara con ellos y tratara de ver cómo se sentía. La joven sacerdotisa le dijo que necesitaba un poco más de tiempo y la exterminadora le dijo que podía tomarse el tiempo que fuera necesario.

Kagome volvió al pozo después de dejarle a su amiga las bolsas que llevó, le deseó un buen viaje y la mejor de las suertes encontrando a Kohaku nuevamente. Al llegar a su época, la sacerdotisa se dispuso a terminar de sanar sus heridas y aceptar la nueva realidad.

Una semana después del encuentro entre ambas chicas, en el mismo río y en la misma piedra, un daiyoukai de cabellos blancos con brillos de plata se sentaba a contemplar la luna, pensativo, una niña y un youkai tipo kappa dormían cerca de un dragón de dos cabezas. El daiyoukai pensaba en su encuentro más reciente con Kagura en el que ella le había entregado un cristal de Gakusanjin y le había explicado sobre el corazón de Naraku.

La brisa movía las hojas y su murmullo se mezclaba con el del río en una canción suave que tranquiliza el alma, esto era justamente lo que Kagome necesitaba, sabía que era bastante improbable encontrarse a alguien a esas horas en la época antigua. Ella sentía paz en su interior, había superado por completo los sentimientos por el hanyou pero aún necesitaba terminar de recuperar su tranquilidad, llegar al equilibrio. Por eso decidió buscar la misma roca en la que se sentó con Sango. Iba con un vestido sencillo de mangas largas que le llegaba por debajo de la rodilla de tono celeste y unas sandalias, tenía pensado meter sus pies al agua de nuevo.

La misma brisa que llevaba a Kagome hasta ese río, llevó su aroma hasta la nariz de Sesshomaru, quien lo reconoció inmediatamente ¿cómo olvidar el olor dulce y suave a flores y sol que acompañaba al odioso de su medio hermano? Era lo único que le alegraba de encontrarse con Inuyasha. La miró sabiendo que ella aún no lo había visto, notó que se dirigía ahí y decidió no asustarla, decidió no despertar a sus acompañantes, decidió caminar hacia ella.

Ambos se encontraron a unos metros de donde A-Un dormía. Verlo sorprendió a Kagome, definitivamente de todas las personas o youkais que podría haber visto, a Sesshomaru jamás en la vida lo habría considerado. Él la miró fríamente mientras por dentro se deleitaba de su aroma y notaba que había algo cambiado en su semblante, se veía más madura y seria, se veía que algo le había sucedido y tuvo que aprender y crecer, esto le generó curiosidad ¿qué podría hacer que un humano cambie tanto en tan poco tiempo? Definitivamente él no tenía idea.

- Sesshomaru-sama - susurró ella asumiendo que si él estaba ahí, Rin estaría por ahí también y por la hora de seguro estaría durmiendo

- Miko-sama - contestó él también en un susurro, observando atentamente cómo su vestido se ondeaba con la brisa

- ¿Te molesta si me quedo por aquí un momento? - ella le sonrió levemente y movió su cabeza para observar la roca detrás de él, bajo el árbol; él volteó a ver la roca y se hizo a un lado

Ambos terminaron sentándose en la roca, él recostado sobre el tronco del árbol, ella mojando sus pies en el río. Ambos escuchando el susurro que el viento le hace al río y cómo este le contesta. El olor de la hierba húmeda era leve pero era lo que Kagome podía oler, el aroma de Kagome era lo que Sesshomaru podía oler ¿en qué momento su aroma se había vuelto tan dulce? Se preguntaba el daiyoukai mirando su cabello negro-azulado ser movido por el viento.

- Sesshomaru-sama - de pronto ella habló en un susurro - ¿por qué estás tan cerca de la aldea?

- No me decido si dejar a Rin - susurró él en respuesta, ella volteó a ver su rostro, incrédula ante la respuesta

- Sango me dijo que salvaste a Rin de unos monjes - lo dijo escudriñando su rostro, buscando alguna expresión y continuó - puedes dejarla en esta aldea si quieres, la anciana Kaede la cuidará mucho, es muy buena persona -

- Ellos pelearon creyendo que podían exterminar a este Sesshomaru - su cara se mantuvo sin cambios, completamente seria y fría mientras hacía referencia a los monjes e ignoraba olímpicamente el comentario sobre la aldea

- ¿Qué cambió para que pienses en dejar a Rin? - siguió mirándolo, esta vez directo a los ojos, él hizo lo mismo

- El corazón de Naraku - ella abrió sus ojos y él resumió su encuentro con Kagura, incluso le dijo que tenía uno de los cristales, ella mencionó que hasta donde sabía el grupo de Inuyasha había perdido el suyo

- Entonces Kagura debe querer traicionar a Naraku - concluyó Kagome después de la explicación breve del daiyoukai

- Quiere que yo lo elimine - después de un largo rato Sesshomaru rompió la mirada que sostenía con los ojos miel y observó la luna, aspirando hondo el aroma de Kagome, la miró de nuevo - Humana, dime ¿qué haces aquí? -

- Vine a buscar tranquilidad - le sonrió

- ¿Y ese hanyou idiota no está contigo? - su voz se escuchaba llena de dudas y curiosidad

- No, él ahora está con Kikyo-sama - dijo ella con una sonrisa que ya no tenía tristeza, decirlo en voz alta la hizo darse cuenta que definitivamente lo había superado todo y estaba bien, se sintió feliz, se sintió equilibrada y libre.

- La miko de barro y sangre - él notó que ella estaba feliz, eso significaba que ¿a ella le dejó de importar el hanyou? Esto lo tomó desprevenido, una pequeña idea rondó su cabeza pero la desechó casi al instante, a todo esto, Kagome sólo asintió y siguió moviendo sus pies suavemente en el agua

Pasaron en silencio mucho tiempo. Él grabando el dulce aroma de la chica en su memoria, tallando su figura en sus recuerdos, únicamente pensando qué pensaría ella y porqué el idiota de su medio hermano había dejado a esta mujer de carne, hueso y dulce olor a flores y sol por la mujer revivida que olía a sangre, hierbas, flores y barro.

Mientras tanto, ella pensaba en cientos de cosas a la vez: ¿Algún día conseguiría ser feliz con alguien? De pronto recordó una conversación con sus amigas, Ayumi le había dicho que con los días su corazón sanaría y podría encontrar un nuevo amor y ser feliz, ella era demasiado romántica a veces; Yuka y Eri eran más realistas, le habían dicho que su corazón sanaría pronto y ella podía decidir si quedarse sola un tiempo o buscar a alguien más, tal vez quedarse sola era lo mejor; las tres se habían puesto de acuerdo en una idea concreta: te vas a enamorar de la persona correcta cuando menos lo esperes, él aparecerá... Recordó que Sesshomaru estaba sentado detrás suyo ¿Por qué estaba ahí tan cerca sin quejarse? ¿por qué dejaba que Rin estuviera cerca? Estaba segura que él odiaba a los humanos pero estaba preocupado por el bienestar de Rin ¿sería capaz de sentir?... ¿por qué había pensado en Sesshomaru con eso de enamorarse de la persona correcta? Desechó la idea y siguió... Recordó a sus amigos de esta época, a pesar de todo estaba segura que Sango y Miroku se casarían y serían felices, ¿pero Sango y Kohaku podrían reunirse por fin? Él tenía el fragmento de la perla así que tendrían que encontrar la forma de que Kohaku pudiera vivir ¿era eso posible?... ¿podrían derrotar a Naraku?... ¿Kikyo e Inuyasha se estaban comportando como una pareja? ¿iría ella con ellos dos y sus amigos a buscar el resto de los fragmentos de Shikon? Realmente se sentía responsable por romper la perla y quería hacerse cargo de eliminarla pero no sabía qué si era correcto estar con ellos, después de todo Kikyo y ella no se llevaban bien... pero ella ya no quería a Inuyasha, su corazón era libre para amar a alguien que le correspondiera...

De pronto Kagome sintió que alguien rozaba su mejilla derecha, no era un roce cualquiera, era algo suave que limpiaba una de las tantas lágrimas que no sabía que salían de sus ojos hasta que se dio el roce que se podría describir como una caricia; su corazón latió fuerte y rápido. Sorprendida por la delicadeza, y por la reacción en su pecho, volteó a ver lentamente y se encontró con los ojos dorados de Sesshomaru mirándola ¿tierna? e intensamente, su dedo índice apenas flexionado era el causante de la sensación, no podía creer que alguien que quiso hacerle daño alguna vez estaba siento de pronto tan amable con ella... no, no era eso... no podía creer que el daiyoukai frío y sin sentimientos la mirara de esa forma, la tocara de esa forma; tampoco creía la reacción de su cuerpo, no sólo su corazón parecía que iba a salirse de su pecho, sentía mariposas volando fuertemente en su estómago, sus lágrimas se detuvieron automáticamente, su respiración pasó a ser ligera como evitando sobresaltar al chico frente a ella y contradiciendo la velocidad de su corazón...

- Se... Sessho... maru... sama - susurró ella casi sin aliento, la caricia se mantenía

- El olor de las lágrimas no te va miko - susurró mientras limpiaba las lágrimas de la mejilla derecha con un suave movimiento. Por algún motivo había odiado el olor de las lágrimas mezclarse con las flores y el sol; por algún motivo distinto su corazón latía ligeramente más fuerte de lo normal ¿qué estaba pasando?

- Lo siento - le respondió ella sonrojándose y a su vez limpiaba las lágrimas de la mejilla izquierda, no entendía por qué habían salido las lágrimas, no se sentía triste, de hecho cuando comprendió que era libre de querer a cualquiera se había sentido feliz ¿eran lágrimas de felicidad?

- Es tarde - él se levantó y observó de nuevo la luna, la brisa movió su cabello ahora plateado por la luz de la luna. No sabía en qué momento se había levantado para limpiar las lágrimas de esa sacerdotisa, pero sabía que ella no estaba triste ¿por qué llorar? Los humanos son muy extraños... la vio de reojo, su pelo y su vestido se movían con la brisa, este último resaltaba con la luz de la luna.

- Sí, regresaré a mi época - ella le dedicó una sonrisa. Sacaba los pies del agua. Se calzó las sandalias. - Gracias por pasar tiempo conmigo Sesshomaru-sama - le sonrió de nuevo.

Él contestó asintiendo con la cabeza y un sonido suave; ella se giró, bajó de la roca y empezó a caminar, él sólo la observó detenidamente.

- Sesshomaru-sama - la joven lo volteó a ver, él seguía mirándola - volveré en siete noches - él asintió y emitió un leve sonido en aceptación, ella se fue hasta el pozo que no estaba ni lejos ni cerca del sitio y regresó a su época.

Ninguno de los dos supo realmente porqué ella había anunciado su regreso, tampoco sabían por qué él había asentido en aceptación. Ninguno entendió por qué sus respectivos corazones latieron distinto en ese momento. Ninguno sabía por qué esa noche un daiyoukai había tenido compasión de una sacerdotisa al verla llorar... ninguno supo que algo había nacido...

NA:

¡Salió pequeño pero me llegó hasta el alma! ¡Hola queridos lectores! ¡es martes! Nos acercamos a lo mejor... ¡está naciendo algo! me emocioné (jajaja) notita importante: para mayor emoción escuchar las canciones que les dije en el capítulo anterior, es hermoso *u*

Acá se hace mención a sucesos que ocurrieron entre los capítulos 161 y 170 del anime. Me basaré exclusivamente en el anime, ni películas, ni manga (sino se me super complicaría la cosa de cambiar el destino).

Espero que les guste el capítulo :) pueden enviarme sus comentarios y críticas constructivas, todo es bienvenido