¡Qué genial! Mientras miro One Piece, y me pregunto, ¿¡El por qué no puedo ser un pepino con limón y sal!? Subo este Drabble...-la autora ríe como loca-, a decir verdad, escribí desde la perspectiva de Allen. Eso es porque ¡AMO a Allen!... –la autora come un poco de miel-, espero pronto escribir uno desde la perspectiva de Kanda.

Y como siempre, esta cosa tiene su dedicatoria, para Echigo320 que se fue de vacaciones y prometió traerme una roca de recuerdo.

Mil gracias a mi "beta", [Kaffe_] -la autora se limpia el sudor-, porque siempre me hace sentir como un pepino con limón y sal.

Los personajes de Man son obra de Hoshino Katsura.



00ooo000ooo00

Qué ganas.

00ooo000ooo00

—Es lo mejor –se dijo al tiempo que cerraba la portezuela de aquel departamento.

Caminó por el pasillo con su corazón destrozado, con las lágrimas cayéndole.

Habían sido tantos años. Tantos y rebuscados años. Tantas mentiras de amor. Tantas lágrimas de adoración hacia su persona.

Allen apretó el botón de bajar del elevador.

Deseaba haber podido ser fuerte mucho antes, para haber escapado por aquella puerta mucho antes. Tenía tantas ganas de haber sentido que no lo veía. Él quería haber tenido las fuerzas mucho antes de decirle que era desdichado. Quería haber tenido la convicción para decirle que ya todo en su relación... Era una costumbre. Él sabía que ahora que sus brazos eran como la hiedra, que lo apretujaban con tanto dolor opresor.

Quería poder haberle gritado que algo dentro de él se estaba muriendo. ¡Que él anhelaba sentirse vivo de nueva cuenta, que necesitaba que aquellas emociones perdidas regresaran! Que todas aquellas promesas entrecortadas que había susurrado en su oído, eran, ahora, para él mentiras. Tristes y vanas mentiras.

Sabía, ahora, que le había mentido. Él comprendía que todo había sido un juego, que él sólo había servido para incrementar su vanidad de hombre. Él sabía que había sido todo una farsa... Simples mentiras sus te amo.

Todas aquellas caricias, todos aquellos detalles, todo aquel delicado y sutil cortejo. Él sabía que eran mentiras. Palabras rebuscadas que fueron echadas al viento. Kanda le había mentido. Allen lo comprendía.

Se mordió el labio inferior, tratando desesperadamente de no llorar ante los recuerdos. No quería llorar. No debía llorar. No podía llorar. No. No. No ahora...

Deseaba poder haberle dicho justo en su cara que ahora tenía un amante. Que había encontrado a ese alguien que le hacía sentir emociones nuevas, que le comprendía, que le hacía arder la piel al contacto de sus dedos.

Qué ganas tenía Allen de verlo.

Qué ganas tenía de decirle que su vida se había vuelto pesada, cansada, y asfixiante, gracias a su compañía. Él quería decirle que ahora gemía, suspiraba y se excitaba ante el hecho de sentir el aliento, el calor, el olor de otra persona

Qué ganas tan desesperantes tenía Allen de decirle a Kanda que ya no lo amaba. Qué ganas tan profundas tenía de decirle que su amor se había quedado seco. Qué ganas tenía de decirle que ahora, en ese momento, él se había enamorado de nuevo...

Estaba tan cansado. Tan hastiado. Tan vacío.

El albino tomó aquella maleta con determinación. Dio un hondo y marcado suspiro al escuchar el tintineo del elevador. Dio un paso hacia fuera de él.

Allen no quería equivocarse de nuevo.

No ahora.

No quería caer de nuevo en la telaraña de ese amor seco y corrompido que le había dado Yuu Kanda por más de 10 años. No lo quería más.

Ahora mismo sólo pedía...

¡No! Más bien dicho, rogaba al cielo por poder cruzar la puerta de aquel edificio, que alguna vez pensó, era la entrada a lo que sería su felicidad...

—Has tardado mucho moyashi chan –le dijo una voz alegre.

—Lo siento, Lavi -respondió de forma trémula-. Esto es muy difícil para mí

Allen sonrió de manera forzada antes de darle la maleta al joven. Él no pudo evitar voltear, para ver por última vez la ventana de aquel departamento.

"Es lo mejor", se dijo, antes de abrir la puerta de su nueva pareja.

Él lo comprendía.

Él sabía de antemano que todo aquel llanto lastimero que estaba haciendo en ese auto, no era más que el dolor que sentía al cortar con aquel sujeto que alguna vez él había llegado amar, aún más que a su propia vida.

—Todo estará bien, Allen –escuchó que le dijo Lavi al tiempo que apretaba una de sus manos con fuerza.

Y fue entonces que comprendió que las ganas, el temor y el dolor habían valido la pena, porque al final de todo... Lavi estaba con él.

-Owari-



Yohoho, yohoho~. Pues si, nada de lemón. ¡Joder~! ¡Que yo quiero lemon, y lo quiero ya! Ò_Ó pero, simplemente mi cabeza se bloquea. Gracias por leerme, y opinar. Les mando miles de chocolatines virtuales por el bittorren.