Capítulo 3
Uno no podía terminar en el mismo sitio con el mismo hombre dos veces en un día. No en una ciudad del tamaño de Nueva York.
Al principio, cuando lo vio, Sakura se dijo que tenía que ser alguien parecido, otro hombre alto y de cabello oscuro. Había un montón de hombres apuestos y de pelo oscuro en la ciudad.
Pero luego de una segunda mirada la esperanza se desvaneció. Era el idiota arrogante, el súper macho que la había besado. Tenía que ser. La verdad era que no podía ser ningún otro…
Está bien. Ningún otro hombre era tan agradable a la vista. Podía ser despreciable, pero era muy atractivo.
En los últimos minutos había sentido… ¿Qué? ¿Una premonición? No creía en nada de eso, pero ¿cómo explicar el hormigueo en la nuca? Esa sensación de que la seguían unos ojos mientras bailaba con Tom, o Tim, o…Dios mío, ni siquiera podía recordar el nombre de la persona que le había comprado una bebida y que luego la había llevado a la pista.
Él era bastante agradable y atractivo, y había trabajado duro para impresionarla. Y no era el extraño de esta tarde.
No había manera de que Tom, o como quiera que se llame, tomara a una mujer y la besara, y la mirara con esos ojos de hielo azul oscuro, dejando una impresión imborrable en su cerebro. Odiaba a los hombres tipo Neanderthal, sin importar cuán calientes pudieran llegar a ser. Así que, sí, era bueno bailar con alguien que no fuera así… ¿verdad?
Por supuesto que sí.
Le había estado haciendo insinuaciones amorosas como loco. Y ella hizo todo lo posible por responderle. Sonrió. Rió. Fue con él a la pista de baile, e hizo cuanto pudo para perderse en la música, exorcizando sus frustraciones a su ritmo insistente, de la misma manera que lo habría hecho en un gimnasio. Y luego, de repente, había sentido un cosquilleo, como si alguien la estuviera mirando.
¡Bueno, por supuesto, que alguien la estaba mirando! La gente bailaba, la gente miraba. Así que se había concentrado aún más en el baile, entregándose a la música con abandono, y el tipo con el que estaba había empezado a decirle cosas como: «Wow, eres buena, nena» y «Eso es, nena, bien hecho», como si fuera un espectador animándola con gritos y aplausos.
Cosificándola, pensó con claridad abstraída, pero, ¿no era eso parte del trato de esta noche? Había venido para divertirse, pensó sombríamente. Para ligar con un hombre. Para pasar un buen rato. Pero, no lo estaba logrando.
Despreciaba los lugares como éste. No el club en sí mismo, que era, tenía que admitirlo, espectacular. Sino lo que pasaba en él. El ruido. Las luces. El gentío. Las actitudes desesperadas de conquista…Pero este no era momento de hacerse la antropóloga estudiando indígenas.
Así que había estado de acuerdo cuando Sakura, riéndose de lo que ella supuso era una broma, dijo que era absolutamente fantástico que un hombre bien parecido te comprara un margarita, te dijera que eras la mujer más hermosa del lugar y te llevara a la pista de baile.
Y trató de no horrorizarse cada vez que Ted-Tim-Tom la llamaba «nena». Y se había esforzado fingiendo que se divertía, cuando la verdad era que no pertenecía aquí, no quería estar aquí, no quería ir a casa de Ted-Tim-Tom, o cualquier otro, para una noche de sexo sin sentido.
No le iba el sexo casual. Nunca había tenido una aventura de una noche. Nunca, ni una sola vez. ¿Por qué diablos había pensado que lo quería ahora?
Porque, le susurró una voz socarrona en su interior, pensaste que sólo así podrías olvidar al extraño. El de cara dura y atractiva, con un cuerpo todo músculo. El que te dio un beso como si tuviera derecho. Como si besándote, pudiera hacer contigo lo que él quisiera. Lo que tú quisieras. Y fue entonces cuando Sakura sintió el hormigueo, miró a su alrededor…Y lo vio.
El extraño de esta tarde. La miraba con lo que sólo podía ser furia.
¿Estaba enojado? ¿Con ella? Esto era loco. Ella era la que estaba enojada. Y «enojada» no era la palabra. Había sido acosada por él. Por su actitud. Su arrogancia. Su beso no deseado.
Sus ojos se encontraron y todo se desvaneció. El ritmo insistente de la música, el gentío alrededor, todo. Sakura dejó de bailar. Era todo lo que podía hacer para no correr.
La apariencia de sus ojos la aterrorizaron…y el calor propagándose lentamente por sus venas, la aterrorizó aún más.
Respiró larga y profundamente. O al menos eso intentó. Pero por alguna razón, no conseguía llevar todo el aire a sus pulmones.
De repente, la expresión furiosa de su rostro cambió, y otra cosa comenzó a brillar en sus ojos azul oscuro. Algo masculino que ella despreciaba. La innata determinación masculina por dominar.
Dominar, en la cama y por fuera de ella. Con una rapidez impresionante, sintió que una oleada de calor la recorría. Sus pezones se volvieron apretados, y un calor de miel se propagó en un punto bajo su vientre.
No, pensó desesperadamente, ¡no! Nunca querría que alguien como él pusiera sus manos sobre ella. O su boca. O que la tomara duro y rápido, una y otra vez, hasta caer desplomada en sus brazos…
Se dirigía hacia ella, sin prestar atención a las personas en su camino, todo él se centraba, con caliente intensidad, en ella.
Y ella se volvió y salió corriendo.
Atravesó la multitud ciegamente, abriéndose paso a los empujones, e ignorando las protestas indignadas. El corazón le latía.
¡Dios, Dios, Dios! Él era el cazador, y ella su presa. Un sollozo le subió a la garganta y, justo a tiempo, vio el letrero de neón que indicaba uno de los baños unisex del club.
Karinla había arrastrado a la fuerza hasta allí más temprano.
—No parece un baño en lo absoluto—había comentado Karinadmirada. En este momento, ella lo veía como un santuario.
Sakura abrió la puerta, cerró de golpe tras ella y comenzó a girar la cerradura…
¡Bang! La puerta se abrió y el hombre irrumpió en el cuarto. Ella lanzó un grito y retrocedió hasta que sintió detrás de ella el tocador. Envolvió su mano alrededor de una botella pesada de algo. Crema para las manos. Aceite corporal. ¡Qué carajo importaba lo que fuera! Era un arma. Eso era lo importante.
—No—dijo ella. Le temblaba la voz. ¿Fue esa la razón de la sonrisa que curvó la comisura de su boca?— ¡Fuera de aquí! ¿Me oyes? Desaparece o gritaré.
Él se echó a reír. Y ella no podía culparlo. No había la menor oportunidad de que alguien la escuchara. Ni una sirena se oiría por encima de la música. No llegaba con fuerza aquí, pero aún así llenaba la habitación como el latido de un corazón gigante.
Ella elevó la botella sobre su cabeza.
—Un paso—jadeó— ¡sólo uno, y yo te aplastaré con esto!
Él se rió.
—Ya has probado eso, ¿recuerdas?
— ¡No estoy bromeando! Desbloquea la puerta y lárgate de aquí, o atente a las consec…
Él comenzó a caminar y ella dejó volar la botella, pero la esquivó, y se estrelló contra la pared.
—Escúchame—su voz temblaba, y se odiaba por ello, pero sabía de sobra que no había nada que pudiera hacer para impedirlo. —Esto es un error garrafal. No…no te saldrás con la tuy…—
—En un primer momento—dijo él, en un tono casi coloquial—pensé, "Bueno, es sólo su forma de tratar a los hombres"
Había notado su acento esta tarde. No se podía ignorar esa cualidad ronca y sexy de su voz. Parecía más notoria ahora, con una pronunciación más cuidada.
—Me dije que no era importante.
Sakura tragó.
—Mira, lo de esta tarde…
—Sin embargo—dijo, con la misma facilidad con la que contaría las noticias del día a un amigo—aún así, lo admito, me molestó. Que una mujer sea tan descortés. Tan categóricamente grosera. Pero lo ignoré.
— ¡Yo no hice nada! Fue…algo que simplemente sucedió.
—Algo que simplemente sucedió—él asintió—Sí, es una excelente manera de decirlo. De hecho, esa es exactamente la conclusión a la que llegué yo.
Él estaba a unos centímetros de ella ahora, tan cerca que tenía que levantar la cabeza para mirarlo a los ojos. Incluso con tacos, era mucho más alto que ella. Y, Dios, mucho más grande.
—Pero entonces te vi aquí.
— ¡Querrás decir, me seguiste hasta aquí!
—Te das demasiada importancia, cara. ¿Crees realmente que no tengo nada mejor que hacer que seguirte?
Un pequeño músculo palpitaba en la mejilla masculina.
—Vine aquí con unos amigos. Para disfrutar la noche—hizo una pausa—Y, según parece, tú también lo hiciste.
—Sí. Y…y mi cita debe estar buscándome.
—Tu cita no movió un dedo para evitar que lo abandones. O para impedirme que viniera detrás de ti—hizo una pausa, y vio que sus ojos se oscurecían—me di cuenta de que tratabas a tu caballeroso amigo de una forma diferente a la que me trataste a mí.
—No sé lo que quieres decir.
—Cara. Por favor, no pongas a prueba mi paciencia. Te reías con él. Le sonreías cuando te hablaba.
—Por supuesto. Quiero decir, lo conozco…
— ¿En serio? ¿Cómo se llama?
—Ted—dijo Sakura rápidamente.
—No. No es verdad.
Había sido una jugada, y una buena, pensó Sasuke, a juzgar por su expresión. Había acertado. No tenía ni idea de con quién había estado bailando. Había sido un ligue. Para muchos clientes, ése era el propósito de un lugar como éste. Y era a lo que ella había venido, seguramente. Eso fue lo que se dijo cuando la vio por primera vez con el hombre, sonriéndole, coqueteando, sacudiendo las caderas y los pechos. Practicando el arte de la seducción.
Con otro hombre. No con él. Y repentinamente supo que este enfrentamiento y un beso no serían suficientes. La deseaba.
No tenía sentido, pero no tenía por qué tenerlo. Su cuerpo y su sangre sabían lo que necesitaba. Y lo que necesitaba era que esta hermosa y condescendiente extraña bailara con él…en su cama.
Lentamente extendió la mano, enlazó un dedo debajo de la tira fina del vestido rojo y tiró. Ella se tambaleó hacia él, levantando los brazos, y con las manos apretadas en un puño.
Él le tomó las muñecas con una mano.
—No luches—le dijo en voz baja—Es sólo empeorará las cosas.
—Por favor—Le temblaba la voz—Por favor, no lo hagas.
—Ya te lo dije esta tarde, te faltan modales, cara.
— ¡Déjeme ir! ¡Maldito seas!
—La próxima vez que "algo simplemente suceda" como lo llamaste, entre un hombre y tú, sabrás cómo comportarte.
—Si lo que buscas es una disculpa…
— ¿Si fuera así, me ofrecerías una?
Estaba aterrorizada, podía verlo en su cara y en el temblor de su cuerpo. Tenía la mirada clavada en él, y de pronto sintió una oleada de desilusión.
Estaba tan desesperada que, de hecho, iba a pedirle disculpas. Y entonces, como hombre civilizado que era, tendría que dejarla ir…
Error. La barbilla femenina se levantó y, aterrorizada o no, los ojos le brillaban de desafío.
—Sólo un bárbaro puede pensar que tomar una mujer por la fuerza es la forma de equiparar el daño causado a su ego.
— ¿Eso es lo que crees? ¿Qué te voy violar?—El músculo de la mandíbula palpitó una vez más. Le tomó la cara con la mano libre y la mantuvo estable—Ya te has dado cuenta—le dijo en voz baja y ronca—vi la forma en que me miraste hace unos minutos.
El color tiñó sus mejillas.
—No sé qué…
—Sí—le dijo—Lo sabes malditamente bien
Bajó la cabeza hacia ella y la besó. Su boca fue dura, hambrienta y caliente contra la suya. Sakura trató de zafar sus manos atrapadas, y de torcer el rostro, pero él no lo permitió.
En cambio, la acercó, aplastándola contra él para que pudiera sentir su fuerza, su poder…La estocada de su tensa erección.
Un gemido escapó de la garganta femenina.
—Para—dijo contra su boca, pero él siguió besándola, deslizando sus dedos por su pelo, retorciendo los rizos alrededor de su mano, apoyándola contra la pared, así ahora podían estar en contacto desde el pecho hasta la ingle.
—Devuélveme el beso—le dijo en un susurro denso.
No, se dijo frenéticamente. No lo haría. No lo haría. No…
Sakura dio un grito ahogado, se elevó hacia él y abrió la boca.
Él gimió, le soltó las muñecas y le rodeó las caderas con un brazo, levantándola contra él. La lengua masculina jugueteaba con sus labios, deslizándose entre ellos, y ella probó su hambre, su necesidad, su masculinidad desenfrenada.
—Dilo—gruñó contra su boca—Dime lo que quieres. Lo que has querido desde esta tarde.
Ciega a toda lógica y razón, y a cualquier otra cosa, excepto a la sensación de tenerlo, de olerlo, Sakura dejó de mentir.
—A ti—le susurró—Sólo a ti. Durante todo el día. Toda la noche. No pude pensar en otra cosa, no pude sacarte de mi cabeza.
Él le tomó el rostro entre las manos y la besó profundamente. Metió una pierna entre las suyas y gimió al sentir el contacto contra la carne tierna entre sus muslos.
Se movió contra él una y otra vez, pero no era suficiente, no era suficiente…
Ella gimió, y el maldito sonido llevó a Sasuke cerca del borde.
Su sabor era exquisito, sabía a fresas con crema, a lluvia de primavera y a sol de verano. Era todo lo que un hombre podía esperar de una mujer, aunque sólo fuera un sueño.
La levantó de sus pies, y ella enrolló los brazos alrededor de su cuello.
—Sí—dijo él, tomándole los muslos delgados y poniéndoselos alrededor de sus caderas.
Pensó en llevarla a su hotel. O ir al departamento de ella. A un lugar donde pudiera quitarle la ropa, tocarla, ver sus ojos mientras la penetraba. Pero no ahora. Ahora, necesitaba esto.
La necesitaba. Necesitaba sumergirse en ella, lo necesitaba más que a su siguiente respiración.
Encerrado en una danza tan antigua como el tiempo y las bocas fundidas en el hambre mutuo, Sasuke levantó a Sakura hasta el tocador de mármol y la sentó en el borde.
Buscando a tientas entre ellos, abrió su cremallera y se liberó. Luego metió la mano entre sus piernas, gimiendo al sentir su calor mojado contra los dedos, y corrió hacia un lado el trozo de seda que los separaba.
—Mírame—le ordenó.
Ella lo hizo, clavando esos ojos perla increíbles en su rostro.
—Sí—dijo ella, y él empujó hacia delante hundiéndose en ella, sintiendo cómo lo rodeaba.
Ella gritó instantáneamente, y él sintió el pulsar de sus músculos cuando llegó al orgasmo, y luego él estalló en su interior, lo que le produjo un arrebato de éxtasis casi insoportable.
Ella se estremeció. Luego emitió un pequeño sollozo y dejó caer la cabeza sobre su hombro.
Sasuke la rodeó con los brazos y le acarició el cabello sedoso, susurrándole palabras tiernas en su lengua materna, mientras trataba de analizar qué demonios había sucedido.
No era la primera vez que tenía una sesión de sexo rápido y caliente. Tampoco era la primera vez que tenía relaciones sexuales en el corazón oculto de un lugar público. Ambas cosas podían ser muy excitantes. La verdad es que el sexo siempre era excitante. Pero esto, lo que había sucedido…Nunca había experimentado algo así. Ni siquiera sabía el nombre de esta mujer. Y no había usado condón.
Madre de Dio, ¿es que había perdido la cabeza?
Ella dio un suspiro, que le hizo cosquillas en la garganta. Luego levantó la cabeza y lo miró con los ojos llenos de incertidumbre y la boca ligeramente hinchada por sus besos, y Sasuke se olvidó de todo, menos de la sensación suave y dulce de su boca, de sus brazos, de sus muslos.
—No…no sé lo que pasó—Su voz era débil, y tenía el rostro pálido, a excepción de dos manchas de color en lo alto de sus mejillas—Yo nunca…Dios, yo nunca.
—No. Tampoco yo.
Ella comenzó a hablar de nuevo y sabía lo que diría, que esto estaba mal, que tenía que dejarla ir. Y él sabía una sola manera de evitar que dijera esas palabras. Besándola. Suavemente al principio, pero luego…luego los barrió a ambos la ola feroz del deseo. Él sintió la aceleración de su respiración, y la súplica susurrada contra sus labios, y de repente se enterró en ella nuevamente, meciéndose en su contra, tragándose sus gemidos, y llegando juntos al clímax. Y sabiendo que aún no era suficiente, que necesitaba más…
Alguien golpeó la puerta trabada. La mujer en sus brazos palideció.
—Está todo bien—le susurró, pero ella negó con la cabeza.
—No. Alguien está fuera. Van a ver…
Le rozó los labios con los suyos y entonces la dejó sobre el suelo, e hizo lo que tenía que hacer para estar presentable. Ella hizo lo mismo, pero vio que le temblaban las manos.
—Cara. No te preo…
—Oiga, ¿Va a estar allí toda la noche?
Sasuke miró el rostro de la mujer con la que acababa de hacer el amor.
—Es tiempo de que nos presentemos—dijo en voz baja—Mi nombre es…
Ella le tapó la boca con la mano.
—No. Sin nombres. Esto fue…sólo un sueño.
Él le tomo la mano y la apretó contra sus labios.
—Un sueño. Si. Y no hay necesidad de que el sueño termine tan rápido.
—No. No puedo. Yo….
—Podemos—dijo con fiereza—Podemos hacer cualquier cosa, si esto es un sueño.
Ella negó con la cabeza pero él la atrajo hacia sus brazos y la besó, diciéndole sin palabras como sería entre ellos, cómo sería cuando tuvieran todo el tiempo y la privacidad necesarias. Ella suavizó sus labios, se aferró a él y suspiró. Él le tomó la cara entre las manos.
—Ven conmigo—le susurró. Ella sacudió la cabeza y él la besó de nuevo.
— ¿Hay algún otro hombre?
—No—dijo rápidamente—pero…
—Somos adultos, cara. Los dos somos libres. Ven conmigo. Quédate conmigo esta noche.
Le dio un beso y el mundo giró a su alrededor. Luego levantó la cabeza y la miró a los ojos.
—Sí—dijo suavemente.
Sasuke sintió que su corazón se disparaba. Le rodeó la cintura con el brazo, la atrajo hacia sí, la llevó hacia la puerta y abrió. Un hombre estaba esperando afuera.
— ¡Ya era hora! Quiero decir, ¿cuánto tiempo…—Su mirada se posó sobre Sakura y levantó las cejas—Ah. Ya entiendo. Hey, no hay problema. Tuve un bebé así, yo…
—Cuida tu boca—dijo Sasuke, con voz fría y plana.
El rostro del hombre palideció y siguió su camino. Sakura pensó, ¿Qué estoy haciendo?
Acababa de tener sexo con un extraño. Un extraño del que no sabía nada, excepto que podía ser duro, frío y aterrador…
Su amante sin nombre la atrajo hacia sí.
—No pienses—le dijo, como si le hubiera leído la mente—No esta noche.
Miró esos ojos azules que podían transmitir desde el hielo invernal hasta el sol de verano, recordó la sensación de las manos sobre ella, la sensación de tenerlo dentro, y dejó que el último vestigio de cordura escapara.
Había un taxi en la acera que los llevó hacia la zona residencial de la ciudad, a un hotel en el parque. Tenía una suite que era enorme y lujosa. ¿Era el dinero un buen símbolo referencial? pensó, y se habría reído si no fuera que la estaba tomando en sus brazos, deslizándole los tirantes del vestido, ahuecando sus pechos, saboreándolos ¡Oh Dios, oh Dios, oh Dios…!
Las horas posteriores fueron un torbellino de emociones. De susurros, suspiros y exploraciones. Sakura se perdió en un mar de sensaciones…
Se despertó un rato antes del amanecer, súbitamente consciente de que estaba envuelta en el abrazo de un hombre al que no conocía.
La embargó una oleada de vergüenza. Temblando, se liberó de la curva de posesiva de su brazo, se vistió en la oscuridad, y se escapó de la suntuosa suite, colándose por las escaleras de servicio, porque la idea de enfrentarse al ascensorista la hacía sentir mal.
Momentos más tarde, Sasuke se despertó y buscó a su amante. La cama, la sala de estar y el baño estaban vacíos.
Maldiciendo, se puso los pantalones y la camisa, y se apresuró a salir al pasillo, pero ella se había ido. Llamó al ascensorista, pero no, el operador le dijo que no había llevado a nadie a la recepción.
Se dirigió a la recepción, y exigió saber si el empleado había visto a una mujer de cabellos color rubio miel y ojos verdes. La respuesta fue la misma. Ella había desaparecido.
La salida del sol encontró a Sasuke caminando de un lado a otro en sus habitaciones, pensando cómo diablos iba a hacer para encontrar a una mujer sin nombre en una ciudad de ocho millones de habitantes. La única certeza que tenía es que la encontraría.
Sasuke Uchiha no creía en la derrota.
Para el domingo a la tarde, Sasuke había aprendido una fea lección. Un hombre no tenía que creer en la derrota para ser sometido a ella. No podía encontrar a una mujer sin nombre, ni siquiera deslizando billetes de cien dólares al portero del club y a todos los camareros.
Todos dijeron lo mismo. Muchas mujeres pasaban por las puertas un sábado por la noche. ¿Y qué si tenía el cabellos color miel y ojos del color de las perla? Eso no significaba mucho para ellos.
Muy bien, se dijo Sasuke con frialdad. Tampoco significaba mucho para él.
Una mujer había dejado que ligara con ella y se la había llevado a la cama. Probablemente ella ya habría hecho lo mismo decenas de veces antes. ¿Y qué si nunca la volvía a ver? Todo lo que le molestaba era que se había escapado de sus brazos sin decir una palabra. Tanto si ya lo había hecho antes o no, no significaba nada.
Se dijo a sí mismo eso, mientras se estaba duchando, el lunes por la mañana. Se dijo, también, que todo lo que importaba era lo que lo había llevado a Nueva York. La reunión en el SCH, con Kakashi Haruno, y la adquisición del reino del anciano. Nada era tan importante como…
Sonó el teléfono. Sasuke abrió de un tirón la puerta de la ducha y tomó el aparato.
La mujer. Tenía que ser.
Pero no. Era la secretaria de Haruno que llamaba para cancelar la reunión. Haruno había tenido una indisposición, y se contactarían con él cuando volviera a estar disponible.
Sasuke dijo todas las cosas típicas que se dicen en estos casos, luego colgó el teléfono y clavó ciegamente los ojos en el espejo del tocador.
¿Sería verdad? ¿O simplemente Haruno había decidido no verlo? El viejo tenía una gran fama de tratar a las personas como marionetas.
Lo mismo que la mujer de los ojos perla. Seducía a un hombre, le permitía una probada de cómo sería poseerla, y luego se esfumaba.
Sasuke tenía las manos anudadas en un puño.
Haruno pagaría con la venta del SCH. En cuanto a la mujer…Ella pagaría también.
De alguna manera, la encontraría y le enseñaría lo que significa burlarse de él.
Estaba tan seguro de eso como de su próxima respiración.
