Zamorozhennye*

3

La invitación

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Región de Sajá, Siberia

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Camus habló seriamente con Cristal ya que debía ser más duro con el muchacho y forzarlo a que enfocara su mente en su deber como caballero y sus sentimientos a la justicia que deberá defender en cuanto tenga la armadura de bronce. De nada le serviría llorar por su madre más tiempo.

—Estoy seguro de que Hyoga estará listo maestro. No hay necesidad de cortar de tajo lo que siente por su madre, él está muy enfocado en obtener la armadura de bronce, sé que cumplirá bien con su misión. Yo sé que usted es muy estricto con eso pero le pido que confíe en la educación que le estoy dando.

Usted me entrenó muy severamente y se lo agradezco pero, la educación de Hoyga me corresponde a mí. Sé exactamente lo que tengo que hacer.

—Sé que estás haciendo un buen trabajo Cristal, pero necesitas ser más firme.

Camus caminó hacía el pueblo para despejarse por un rato porque estaba seguro de que tanto Cristal como el pupilo de este terminarían por volverlo loco. Sabía que no debía meterse demasiado en la instrucción de Hyoga pero tenía poca tolerancia a las personas que tenían círculos sin cerrar en sus vidas.

Esa había sido una enseñanza muy dura de su maestro y la llevaba tatuada en su ser. Por más que quería borrarla de su memoria y de su vida no podía. Sencillamente era algo que por experiencia propia sabía que era correcto: para ser un santo de Atena había que dejar todo sentimentalismo atrás.

—Que sorpresa verlo por acá —dijo alguien detrás de él.

Se sobresaltó al oír una voz junto a él, era Viktoria quien caminaba a su lado. No se había dado cuenta de que ella estaba ahí.

—Hola —fue todo lo que dijo — ¿Vives por aquí? —debía reconocer que aquella sí que fue una pregunta tonta pero no se le ocurrió nada mejor que decir.

—Sí, muy cerca del centro del pueblo. ¿Iba a algún lugar en particular?

—Daba una vuelta para distraerme un rato —Camus encontraba agradable su compañía, debía admitirlo pero en ese momento no le dio importancia, le acababa de dar a Cristal una explicación muy detallada al respecto.

—Imagino que ha de estar muy estresado por el entrenamiento de su discípulo —ella lo dijo con naturalidad, se veía que sabía a qué iban los aprendices como Hyoga a Siberia— ¿Por qué no va al centro? Hay algunas cosas interesantes que ver allá.

—Sí pero creo que iré en otra ocasión —Camus sentía que debía dejarla en el pueblo y seguir su paseo él solo ya que el que encontrara tan agradable la compañía de la joven no era nada bueno.

—De hecho, ya llegamos al centro.

Camus vio por un instante la calle principal del pueblo con todos sus comercios importantes en fila justo frente a sus ojos, la gente iba y venía pese al aire frio que ya se sentía en el ambiente. Era momento de huir de la charla y dejar a la chica.

—Te dejo aquí Viktoria. Tengo cosas que hacer —le dijo de la forma más amable que pudo, no quería ser grosero pero si directo —Nos veremos en otro momento.

—De acuerdo, pero me gustaría invitarlo a tomar un chocolate caliente cuando tenga algo de tiempo —se veía nerviosa al hacer la petición por la forma en que se sujetaba las manos, Camus se sentía algo incómodo que tal si la pareja de la joven los veía hablando en aquella concurrida calle. Si es que la chica tenía alguna pareja.

—Será en otra ocasión. Debo irme, hasta luego.

—Hasta luego —volvió sobre sus pasos dejándola atrás.

Le parecía muy agradable, simpática y bonita pero nada más eso, se repetía así mismo "¡nada más eso!". Ahora haría lo que mejor sabía hacer: dejarla de lado y enfocarse en cosas más importantes, así que volvió con Cristal y el discípulo, así no se encontraría con Viktoria de nuevo y no habría necesidad de buscar excusas para alejarse de ella.

El siempre había sido seguro de sí mismo y con sus ideas fuertemente arraigadas pero esa chica parecía querer convertirse en una excepción, eso no lo podía permitir o al menos no al grado que lo pudiera perjudicar a él.

Al regresar al sitio de entrenamiento noto que Cristal y Hyoga ya se retiraban a la cabaña, o sea que habían pasado varias horas por lo visto y él no se percató del tiempo que había transcurrido.

Cristal le había dado alojamiento sin considerarlo dos veces, lo cual fue muy amable de su parte ya que no había muchas cabañas disponibles en aquella zona tan desértica y adentro cabían los tres perfectamente sin estorbarse.

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Cuando Camus despertó vio que afuera ya se estaba algo oscuro, ese era el aviso de que la entrada de la "Zimushka" o invierno, como decían en aquella región, estaba próxima a llegar y se venían varios meses de oscuridad por lo que decidió quedarse en la cabaña durante la mañana, era lo mejor ya que necesitaba descansar de toda la gente que ahora lo rodeaba en Siberia: Cristal, el alumno de este y ahora Viktoria.

Cuando más necesitaba, o quería estar solo, más se le acercaban las personas. Le ocurría mucho en el Santuario, como si alguien pusiera un letrero tipo "si necesita hablar vaya con Camus" en la puerta de la onceava casa precisamente cuando él no quería hablar con nadie. El buen humor que tenía al salir del santuario había desaparecido.

Después de leer un poco, relajarse y simplemente pensar en nada concreto salió al campo de entrenamiento para ponerse al día con las actividades. El frio ya calaba hasta los huesos y el horizonte rojizo lucia como un atardecer. Iba vestido tan solo con la ropa de entrenamiento que suelen usar los aspirantes que entrenaban en Siberia; una playera* sin mangas, un vaquero muy sencillo, los zapatos para la nieve y un par de calentadores; todo lo llevaba bajo la parka o chaqueta que se usa en la región. La armadura se había quedado en el santuario al cuidado del patriarca.

Cristal se alegró mucho al verlo llegar.

—Me alegra que haya venido maestro —le dijo sonriente pero Camus no respondió, tan solo asintió con la cabeza—. Por cierto, Viktoria estuvo aquí hace unas horas preguntando por Usted.

De nuevo no dio respuesta, no sabía que decir.

—Parece tener algún interés en Usted, se lo comento para que lo sepa. Creo que es una buena chica nada más que tiene un carácter algo difícil, eso la volvió desafortunada con los hombres que la pretendían.

— ¿A qué te refieres con que ella tiene un "carácter difícil"? —pregunto Camus mirando a Cristal.

—Pues… tiene muy mal genio. A algunos hombres de la región no les gusta como es su forma de ser y han terminado por dejarla. Por eso digo que es desafortunada aunque eso no le ha quitado la alegría y jovialidad que tiene. También es muy determinada.

Determinación para Camus se traducía simplemente en: necedad. Se acordó de Milo, quien solía definirse a sí mismo como "determinado" cuando en realidad solo era muy necio.

—Veo que a ti te agrada —dijo Camus observando el horizonte sin pensar en nada.

—La conozco de años y sé cómo tratarla. Por eso digo que está interesada en Usted, lo note la primera vez que lo vio —Camus sentía como Cristal lo observaba esperando alguna respuesta pero el santo de oro no tenía nada que responder.

—Creo que no tengo nada que decir al respecto. He visto suficiente de las relaciones con mujeres y solo dan problemas.

—Perdone que difiera pero no estoy de acuerdo maestro —Cristal estaba sonriente y convencido de lo que decía—. Estando aquí me he dado cuenta de que los caballeros pasamos mucho tiempo en misiones y luchando por la justicia. Eso es muy bueno claro está, pero siendo honestos estamos en un entorno donde uno muere muy joven.

Quizás esté un poco fuera de lugar lo que voy a decir pero creo que a sabiendas de que moriré joven he decidido que quiero vivir antes de morir. Conocer más la vida que cualquier persona vive ya que no tendré la oportunidad de hacerlo si muero.

Camus solo tenía una cosa en la mente mientras Cristal hablaba: "Jaque mate". El alumno había superado al maestro. No fue en técnica o en rango sino en algo, de cierta forma, más trascendental.

"he decidido que quiero vivir antes de morir"

Aquellas palabras se le habían quedado muy grabadas en la mente. No se había percatado que realmente Cristal era mucho más maduro de lo que creía, se veía que había vivido otras cosas muy diferentes a las que él vivió en el Santuario en todos estos años. Lo miró gravemente.

—Creo que lo he ofendido con mis palabras. Le ruego me perdone —Cristal hizo una leve reverencia a su maestro.

—No hay nada que disculpar Cristal.

—Iré a ver a Hyoga. Ya vuelvo.

Se quedó ahí donde estaba analizando lo que acababa de hablar con Cristal. Milo le vino a la mente de nuevo, estaba seguro de que el escorpión había llegado a la misma conclusión y por lo mismo había decidido pedir permiso para salir del Santuario un tiempo. Para vivir antes de morir.

Camus no sabía que pensar. Cristal era mucho muy maduro pero la vida no los había tratado igual. De alguna forma él ya sabía a qué se refería su discípulo y ya había vivido, a los dieciocho, lo que Cristal tan emotivamente había mencionado. Lo que no estaba dispuesto era a vivirlo de nuevo.

Una vez más se reafirmaba que la indiferencia era el único camino. Ya había tenido una mala experiencia con los sentimientos y de nada había servido, de hecho solo sirvió para que su maestro lo castigara severamente por haberse distraído con aquella chica.

Su nombre se le escapaba; podría ser Monika o Yelena, como fuese, ella había sido la causante de aquel fuerte castigo y no solo eso, también fue la causa de que él le cerrará la puerta de su corazón a los sentimientos y gran parte de las emociones que lo sacaran de su estado de ecuanimidad.

Le había costado mucho trabajo el poderlo lograr pero cuando por fin pudo ser tan indiferente como lo deseaba irónicamente se sintió feliz. Aquel era un sentimiento que lo había llenado de un profundo alivio.

Por lo mismo debía alejarse de Viktoria. Estaba seguro de que si le permitía la entrada a su vida algo terrible pasaría de nuevo y de nada habría servido su salida del Santuario. No iba a sacrificar su salud mental por aquella cara bonita. Además de eso tenía un presentimiento con el alumno de Cristal y algo le decía que después de dejar Siberia se volvería a encontrar con él. Una razón más para solo tener en mente su deber como santo del Santuario.

Volvió a la cabaña a meditar si ya había sido suficiente y era momento de volver a Grecia o bien necesitaba quedarse más días.

La pequeña cabaña apenas tenía dos camas grandes, una cocineta pequeña, la chimenea que usaban mientras estaban ahí y un par de sillas además de una mesa. Era acogedora pese a todo. La habían usado varias generaciones de santos de acuario a lo largo de los años, él y su maestro también habían vivido ahí.

Cuando entró se quitó la abrigadora parka que todos usaban en aquella región, una prenda muy parecida a una chaqueta pero mucho más gruesa y los guantes. Dejo todo colgado en un perchero junto a la puerta y reviso que el lugar estuviera en orden.

En ese momento alguien toco la puerta.

— ¡Hola, traje las compras de la semana! —era la voz de Viktoria al otro lado de la puerta.

Camus respiró profundamente porque el corazón le latía con rapidez tras escuchar la voz de la joven. No sabía si debía abrir la puerta y consideró mucho la idea de fingir que no había nadie en casa pero tenía en mente que la chica traía cargando todos los víveres desde el pueblo. Lanzo un suspiro de fastidio y una maldición porque sentía que aquello era una broma macabra de la vida en su contra.

Abrió la puerta por mera educación y vio que la joven estaba muy sorprendida y sonrojada. Tampoco esperaba encontrarlo en la cabaña de Cristal.

—No esperaba encontrarlo aquí —le dijo muy sonriente—. Traje lo que me encargó Cristal.

—Muy bien, pasa.

Tuvo que ayudarla ya que eran varios bultos con víveres y se veía que los había cargado ella sola desde el pueblo. La joven se lo agradeció encarecidamente.

—Que ordenado tiene todo aquí —comentó ella—. Todo se ve tan limpio y diferente.

Se bajó la capucha del parka café que llevaba puesto. Camus vio que tenía el cabello negro y lacio y hacía contraste con su piel blanca. Olvidó por completo lo que Cristal le había comentado: que era desdichada y tenía mal genio porque en ese momento le parecía hermosa y de dio cuenta de que no había dejado de mirarla desde que entró.

—Por cierto, traje algo para que Usted, Cristal y Hyoga coman porque veo que no se les da la cocina muy bien.

Ella sacó de uno de los bultos un envase de plástico y lo abrió delante de él. Tenía que admitir que olía delicioso.

— ¿Qué es?

—Es salmón ahumado, lo preparé esta mañana. ¿Quiere probar?

—De acuerdo —respondió sin más.

No había comido algo tan rico en años o le parecía que no podía recordar en que momento de su vida comió algo así de bueno.

—Está muy rico Viktoria.

—Me alegra que le haya gustado. Tengo más en casa por si quiere en otra ocasión. Por cierto, quiero invitarlo a mi cabaña a tomar chocolate caliente como le comenté el otro día.

—Viktoria escucha no creo que sea buena idea —respondió diplomático.

El vio como ella lo observaba fijamente y notó tristeza en sus ojos, se veía que estaba preparada para un rechazo y de alguna forma eso lo hizo sentirse algo culpable porque se notaba que la chica no tenía malas intenciones y él estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para conservar su diplomacia.

—Está bien, lo intentaré pero no te prometo nada —le dijo finalmente de la forma más amable qué pudo.

—Muy bien. Espero que pueda acompañarme un día. Mi cabaña es la que está justo atrás de la farmacia, junto el sendero a la iglesia. Creo que no tendrá problemas para encontrarla.

—De acuerdo —le respondió sonriendo tímidamente, tomó sus cosas y salió sin más demoras despidiéndose de él.

Camus suspiró profundo sentándose en la mesa tratando de no pensar en nada aunque debía reconocer que le agradaba la idea de que lo invitaran a comer o a tomar algo; la invitación de Viktoria le había gustado mucho pero al mismo tiempo le causaba conflicto, estaba dividido entre aquello que debía hacer y aquello que quería hacer.

Quería ir con ella pero sabía que algo en lo profundo de su ser le decía que no debía hacerlo; era el miedo a lo que pudiera pasar con la chica y a lo que él pudiera sentir por ella en un futuro.

Cristal y Hyoga llegaron en ese momento; ambos se veían felices pero cansados. Entraron alegremente en la cabaña y se sentaron a la mesa a platicarle a Camus todo lo ocurrido durante la jornada.

El rostro de aún Hyoga estaba enrojecido porque había corrido hasta la cabaña sin embargo se le veía muy alegre junto con Cristal. Daba la impresión de que ambos tenían su propio mundo y Camus no se sentía parte de él. Solo los observaba hablar y reír con las cosas de las que hablaban, no hacía más que sonreír o asentir con la cabeza ya que no podía opinar, si acaso preguntar "y ¿Qué paso después?" solo eso.

En realidad no se sentía parte de ningún mundo. Era parte de la orden de más alto rango en el Santuario pero no había mucha cercanía con los demás santos dorados, salvo con Milo quizá. De ahí en fuera no podría decir que tenía un grupo de amigos muy grande y menos que entre todos tuvieran un mundo propio.

En ese instante pensó que quizá sería buena idea aceptar la invitación de Viktoria. Creía que sería buena idea ir a pasar el rato con ella aunque debía mantener un profundo control sobre sí mismo para evitar que su creciente interés en ella se manifestara. Iría a verla a la brevedad posible. Se dijo esbozando una leve sonrisa.

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Continuará…

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*Playera conocida en otros países como "polera" o "remera".

**Notas: El nombre de Viktoria lo elegí simplemente de una página de nombres rusos. Es decir, no tiene ningún otro fin el haberle puesto ese nombre, básicamente me pareció que sonaba bien.