CAPITULO 3 LA CASCADA
Albert y Lewa se acercaban a la mesa, cuando se acercó Nasha para presentar a Candy la quería como una hija.
-Doctor Andrew, doctora Lewa, por aquí por favor les presentare a la señorita Candy como pueden ver es muy querida por los aldeanos.
-Sí, se nota que es muy apreciada Nasha –oh, sí doctor Andrew además de ser una señorita encantadora, recuerdo cuando vino por primera vez con su padre tenía unos ocho años, después vino a los catorce años, es la fotografía que está en la oficina y ahora de 19 años nos visita siempre viene con amigos. Señorita Candy
-Dime Nasha –les presento a los doctores de la clínica la doctora Lewa está de base y el doctor Andrew nos visita de Londres.
Candy extiende la mano para saludar a Lewa, pero ella la deja con la mano en el aire. Eso molesto a Candy e intuyo que la doctora sería un problema. Albert reaccionó de inmediato y tomo la mano de Candy dándole un beso en el dorso. Hecho que no esperaba Candy, creía que ese gesto de besar la mano había pasado de moda. Lo que si sintió fue la corriente eléctrica que el roce de los labios de Albert provocó en su cuerpo. Albert también sintió esa descarga eléctrica recorrer su cuerpo eso no lo había sentido con ninguna mujer que hubiera conocido.
Los dos se quedaron mirando y los demás dejaron de existir, azul con verde quedaron hechizados. Una tos los hizo saber que no estaban solos, ambos se sonrojaron. Emily del equipo de seguridad era la que había tosido para romper el encantamiento de ese par de rubios. Emily siendo mujer también se preguntaba de donde había salido ese Dios griego y que pretensiones tendría con su jefa. Para nadie paso desapercibido que ese par terminarían juntos.
-Doctor Andrew les presento a mis amigos Emily, Edward y Vincent. Albert conocedor del mundo sabía perfectamente que ese era un equipo de seguridad.
-¡Mucho gusto! Señores, señorita. El equipo de Candy ignoro a la doctora, y no la iban a perder de vista después de la grosería que le hizo a Candy dejarla con la mano extendida. Ellos que conocían a Candy sabían que era una señorita diferente a las de su clase social.
-Pasemos a la mesa a disfrutar del exquisito menú variado que eligieron unas mamás y los niños fueron encargados del postre. Dijo Nasha.
Albert no perdió el tiempo y tomo por la cintura a Candy para sentarla junto a él. Su equipo de seguridad solo sonrió por el gesto protector del rubio. La que echaba rabietas era Lewa.
-Se ve todo delicioso –Candy y falta el postre pastel de chocolate. Dijo Chayna de catorce años, hija de Nasha y Dakarai, sobándose la panza. Todos rieron. Albert susurro así que pastel de chocolate, poniendo roja a Candy.
-También es mi favorito, dijo Albert, haciendo un guiño a Candy
Después del delicioso banquete, empezaron a descargar las camionetas con los suministros para la clínica, Candy llevaba golosinas para todos los niños. Después fue a su cabaña con Emily, se aventó a su cama, lo cierto es que no podía borrar de su mente a Albert, sabía que algo pasaba con él y la doctora. Por lo que mejor era irse con cuidado.
-Emily voy a nadar un rato a la cascada-sabes que no te dejare ir sola ya está atardeciendo y los animales nocturnos estarán al acecho.
-De acuerdo, pero sabemos que estamos en una reserva está cercada, los dispositivos de seguridad implementados por mis abuelos hace tiempo, desde entonces no se ha acercado ningún animalito que pueda hacer daño. –Es mejor que nos apuremos, avisare a los chicos.
Candy iba con sus "amigos" rumbo a la cascada, llevaba un traje de baño blanco de dos piezas, un pareo blanco a media pierna, de las mangas colgaban unos pompones, que se movían con esa sensualidad nata que Candy había heredado de su madre y un sombrero de palma. Después del accidente Candy tuvo que estar en rehabilitación, la natación era su mejor medicina para el dolor que fue desapareciendo poco a poco, desde entonces la practicaba, si era posible todos los días.
Un rubio de ojos azules también estaba en su lugar favorito la cascada Lion, ese nombre le pusieron los aldeanos. Albert escucho voces, se quedó quieto estaba arriba de un árbol, después de la comida con Candy, él y Lewa habían ido al consultorio a revisar los suministros. Así que no había visto a Candy.
Candy se quitó el pareo quedando en traje de baño, Edward y Vincent se quedaban a escasos metros dándole privacidad a Candy. Albert no quería ni respirar se sentía hechizado por lo que sus ojos veían. Candy empieza a nadar, disfrutando del agua, se zambullía como pez en el agua, para Albert era la imagen más hermosa que había visto hasta ahora. Pero lo mejor estaba por venir cuando Candy saliera del agua
Candy se acercaba a la orilla había terminado su rutina, el agua escurría por su cuerpo, sacudió su cabellera con sus dedos, dando esa apariencia de criatura salvaje, camino con su andar natural sensual, el agua escurriendo en medio de sus pechos, volvió a sacudir su cabellera. Albert estaba a punto de que le diera un infarto o algo parecido. Esa noche no podría dormir después de ver ese hermoso atardecer, donde una rubia se sumergía en el agua.
Candy llegaba a su cabaña con Emily. Edward y Vincent se retiraban a la suya. En ese momento sonaba el teléfono.
-¡Hola! Hija que tal estuvo el viaje, -muy bien papá, Nasha y Dakarai me dieron un recibimiento hermoso.
-Ya vi las imágenes que mando Edward, mandare ampliar donde estas bailando con los niños, te vez maravillosa me recuerdas mucho a tu madre.
-Papá, no quiero que te pongas triste, -no hija, estoy bien te lo aseguro, me platicaron del incidente con la doctora y un doctor nuevo, sabes que te adoro hija pero no me gustaría verte involucrada en lio amoroso.
-Las noticias vuelan. Los dos rieron al mismo tiempo. –Bueno hija te dejo para que descanses mañana tienen el tour que tanto amas. –Sí papá, te mando muchos besos, salúdame a nana Pony.
Amanecía en África Candyy sus guardaespaldas desayunaban para hacer el recorrido, visitaría a Rafta el león que había cautivado a Candy desde que tenía catorce años, esa melena cuando el léon sacudía su cabeza la tenía maravillada, había tomado muchas fotos de su último viaje había hecho un collage que adornaba el respaldo de su cama, pero le pedía a Dakarai que le enviara recientes, su padre no entendía porque sentía ese devoción por un león. Candy al salir vio que estaba Albert, no podía evitar verlo, Albert no podía pasar desapercibido para el ojo femenino.
-Buenos días Señorita Candy –Buenos días doctor Andrew
-Llámame Albert, vamos a estar un tiempo conviviendo no me gustan mucho los formalismos.
-Entonces dime Candy como mis amigos. Se dieron la mano sellando esa familiaridad, a lo lejos Lewa miraba la escena y no le gustaba lo que veía. Tendría que actuar antes de que esa chiquilla se metiera más entre Albert y Ella.
-Cómo esta Rafta, Dakarai-bien señorita las heridas han sanado después de su última pelea. Por cierto el doctor Andrew fue quien lo curo por primera vez hace unos años atrás y lo regreso a su hábitat. –No lo sabía, Albert. Dijo una sonriente Candy. Sonrisa que tenía cautivado a Albert.
-Entonces vamos a ver a Rafta –no sabía que te gustaran los leones Candy –la misma pregunta me hizo mi padre, no sé porque me siento atraída por Rafta desde que lo vi, sabes tengo un collage en mi habitación es el respaldo de mi cama. Habría una conexión entre Rafta y los rubios porque ambos disfrutaban ver al león en su hábitat, Albert también tenía fotos de Rafta en su biblioteca.
Albert había buscado en internet sobre Candy White Douglas, heredera de la cadena de hoteles Paradise White y era nieta del banquero Alexander Douglas. Una chica sencilla que había perdido a su hermano y madre en un accidente, y el proceso de recuperación… Se decía que había pasado por varias cirugías para su recuperación, después había viajado con su padre por el mundo.
Y se preguntaba dónde estabas mi pequeña hechicera, que me quitas el aliento, al fin te he encontrado y no te dejare ir.
Pasaron tres semanas entre visitar a Rafta, las aldeas cercanas, curaciones por heridas menores. La amistad entre Albert y Candy se iba estrechando. Albert la invito a un lugar que Candy desconocía, sus "amigos" tendrían que ir también eran instrucciones de su padre.
Continuara...
Agradezco sus comentarios.
"Bendito es el tiempo en el que todo el mundo se dedica a una conspiración de amor"
Hamilton Wright Mabie
