Capítulo 3: Relación
"Desde siempre la relación entre vampiros y humanos había sido 'matar para sobrevivir', tanto por parte de los humanos, ya que, si no acaban con nosotros, seríamos nosotros quienes acabásemos con ellos, como por parte de nosotros, para alimentarnos. Nunca hubo una buena relación entre ambos bandos. Y una pregunta que siempre me hice y sigo haciéndome es: ¿podrá eso cambiar en algún momento?"
Las semanas pasaron sin más contratiempos para todos. Aerith ya estaba completamente recuperada, e incluso se había unido al grupo de caza, siempre bajo la vigilancia de su mejor amigo Zack. Cloud y Tifa seguían prisioneros, el chico prefería morir en ese mismo instante antes que seguir siendo prisionero de aquellos seres a los que tanto odiaba, mientras que la joven no podía evitar el miedo que le producía saber que algún día llegaría el momento de su fin. A duras penas eran bien alimentados. Pocas veces recibían un decente plato de comida para sobrellevar aquella tortura.
En una gran sala se hallaban los vampiros hablando sobre diversos temas. Aerith, al lado de Zack, portaba un serio rostro, más bien de aburrimiento. Ella salió de la sala y fue a dar una vuelta por la mansión mientras se despejaba. Su compañero la siguió.
— ¿Estás bien? Llevas unos días un poco rara —preguntó Zack enarcando una ceja.
— La verdad es que no sé lo que me pasa —se sentó sobre el peldaño de la escalera. Él la acompañó.
— ¿Tiene algo que ver con nuestros huéspedes? —sonrió. Ella también lo hizo.
— Si fuese así no logro entender por qué. No me siento inquieta por ellos, ni molesta. No sé que me ocurre —repitió.
— Mira, deberías ir a verlos y así me ahorro yo de llevarles la cena —rió y ambos fueron a un pequeño almacén dónde tenían escasa comida por si pasaba algo igual a lo de ahora—. Sephiroth nos dijo que les diésemos poca comida, así que aquí tienes —le tendió un trozo de pan que, Aerith, al verlo no supo aguantar la cara de repulsión.
— Una cosa es darles poca comida y otra es matarlos por envenenamiento —reprochó—. Por cierto, ¿cuánto tiempo vamos a tenerlos aquí? ¿Sephiroth no piensa hacer nada con ellos? Normalmente ya los hubiera matado.
— Sephiroth nos dio la orden de no hacerles nada, hasta que dejen de ser de utilidad. Por ahora nos ha ido bien, es exactamente como Sephiroth planeó. Mientras no den con ellos no atacarán porque ha habido, por suerte, una baja importante en sus hombres y con pocos no pueden hacer nada, aunque su tecnología sea superior a nosotros.
— Pero nosotros también somos pocos —cuestionó Aerith.
— Ya, pero ellos no lo saben —apuntó para luego reír.
— De todas formas ellos no sabrán si están vivos o muertos, así que da igual si los matamos o no —volvió a cuestionar—. También podrían volver a atacarnos en cualquier momento.
— Es cierto, pero nunca se sabe lo que puede pasar, quizás nos sirvan de ayuda o quizás no, por eso es mejor esperar —le contestó para terminar de aclarar sus dudas—. Y por eso hasta que ataquen de nuevo no se les hará nada, cuando eso ocurra, con suerte, podremos hincarles el diente —se relamió los labios.
— Zack, siempre igual —rió y le dio un golpecito en el hombro izquierdo—. Bueno, voy a llevarles esto.
— Yo volveré con los demás —se fue del lugar.
Aerith se dirigió hacia los calabozos por un pasillo secreto que había en la primera planta. Zack, al perder de vista a Aerith, entró en la sala dónde su líder y otros charlaban. Al notar abrirse la puerta callaron y miraron para ver quién era.
— Soy yo —los tranquilizó Zack. Cerró la puerta tras él y se acercó a los allí presentes—. Aerith ha ido a los calabozos a llevarles la comida —informó. Sephiroth no pudo evitar mostrar desagrado. Zack se dio cuenta—. Lo siento, no pude hacer otra cosa, la envié allí para que pudiésemos hablar más tranquilos —se defendió. Sephiroth asintió indicándole que había hecho bien, pero aún así no podía dejar de sentirse inquieto.
— ¿Qué debemos hacer? —preguntó Vincent, el médico del clan.
— ¿Vas a dejar por más tiempo a los humanos aquí? Esto es muy impropio del líder —comentó Zack mirando fijamente al susodicho.
— ¿Crees que me hace gracia ésta situación? Yo soy el primero que desea que no haya ningún humano cerca de Aerith, no quiero que cometa la misma estupidez de hace años —esto le dolió profundamente a Zack, tanto que se quedó callado mirando a la nada, pero luego reaccionó y desafió al líder con la mirada.
— Tanto para ella como para mí aquello no fue ninguna estupidez y por tu culpa... —el líder lo calló.
— No sigas por ahí. Sabes perfectamente que gracias a mí ahora sigues cerca de Aerith, cosa que, aún con el paso del tiempo, no me termina de agradar —los demás seguían la conversación en silencio, sin intención ni siquiera de mover los labios para interrumpir aquello o, simplemente, dar su opinión.
— Y sabes perfectamente que te estaré eternamente agradecido por no matarme y dejar que siga a su lado, aunque me duela el hecho de que no recuerde lo que pasó entre nosotros y me vea solo como un amigo y no por lo que fui para ella —cada vez su voz se fue quebrando y el sonido de sus palabras se hizo inaudible, pero Sephiroth sabía muy bien lo que había dicho y a qué se refería.
— El tema se zanjó hace tiempo, es mejor que no lo volvamos a sacar a la luz —le dijo esto último a Zack para luego dirigirse a todos—. Es primordial que Aerith no frecuente los calabozos mientras ellos estén ahí y ni mucho menos que entable una relación con ellos, sobre todo con el chico —ordenó tajantemente el líder.
— Todo esto por tu maldito egoísmo de creerte el único dueño de ella —comentó en silencio Zack mientras apretaba sus puños con fuerza.
Mientras la conversación entre ellos tenía lugar, Aerith bajó hasta los calabozos para dejar la bandeja con aquello que supuestamente era comida. Se encontró nada más llegar con la mirada de chico, que estaba sentado y apoyado en la pared, observándola con cierto recelo. Aerith no dijo nada ni se sorprendió por aquel recibimiento, suponiendo que era normal, no esperaba que el joven se abrazara a ella en forma de agradecimiento. Al imaginarse aquello no pudo evitar dejar fluir una sonrisa formada por la curvatura de sus labios, sin llegar a enseñar sus blancos dientes. Cloud la miró y enarcó una ceja.
— Aquí tenéis la cena —la dejó dentro de la celda por el pequeño espacio que había entre los barrotes y el suelo. El joven miró la comida y no puedo evitar, al igual que Aerith, mostrar una cara de repulsión—. Aunque bueno, podría darle mil palabras a esto, antes que llamarlo comida.
— Puedes quedártelo gracias, no lo queremos —miró un momento a su compañera y vio que seguía durmiendo, o eso creía él. Aerith sabía perfectamente que no.
— Es lo único que hay, así que coméis esto o...
— Prefiero morirme de hambre antes que aceptar algo de un vampiro —se cruzó de brazos y apartó la mirada de ella. Aerith se agachó y agarró a los barrotes para no perder el equilibrio.
— ¿Odias realmente a los vampiros? —comentó ella captando la atención del joven que la miró al instante.
— Más que a nada en el mundo —era verdad lo que decía, ellos fueron los culpables de la muerte de su madre y por eso se hizo Cazador, para obtener una venganza; pero había otra cosa que no podía negar y era que la belleza de la joven vampira hacía apaciguar aquella ira y eso lo molestaba mucho.
— ¿Entonces no crees que pueda existir una relación de amistad entre vampiros y humanos?
— No —dijo simplemente él. Aquello era algo estúpido, por lo menos para su juicio. Los vampiros solo quieren a los humanos para alimentarse. Nunca imaginó a los dos bandos llevándose bien, era algo totalmente descabellado.
— Sí, tienes razón —sonrió levemente—. Aunque, por estúpido que parezca, yo sí lo creo —al decir eso captó por completo la atención del joven cuyos ojos se abrieron hasta el límite por la sorpresa. Definitivamente había apaciguado su ira—. Es cierto que he atacado a humanos, pero soy un vampiro y necesito alimentarme —Cloud no tuvo tiempo de contestar cuando la voz de Zack resonó por todo el lugar.
— ¡Aerith, sube! —la llamó su amigo desde la entrada que daba acceso a ese lugar. Aerith no dijo nada, se levantó y miró al chico rubio.
— Siento mucho cuando te ataqué aquellas dos veces, pero presentabas una amenaza para nosotros. Además, siendo un vampiro no espero ser querida por los humanos, es por eso que no me muestro amable con ellos, pero si alguien me diera una oportunidad la aprovecharía —Cloud seguía expectante ante las palabras de la chica—. No recuerdo cuando me transformaron, solo sé que a causa de ello perdí a mis seres queridos y por más que quise no volví a ser aceptada, por eso deseo con ansias que alguien lo haga —comenzó a caminar unos pasos—. ¿Es estúpido, verdad? —sonrió tristemente.
— No, no lo es —dijo Cloud al levantarse. Él de pequeño también se sintió rechazado por los demás niños del pueblo, y a causa de eso siempre estuvo solo, así que entendía perfectamente cómo se sentía Aerith y la necesidad de ser aceptado. La castaña lo observó con una sonrisa antes de irse. El joven se quedó silencioso mirando hacia donde se había ido. Un caos se formo en su mente después de escucharla. Al final resultaba que no todos los vampiros eran realmente malos o por lo menos ella era la única que se salvaba.
— Cloud —fingió Tifa despertarse y se incorporó poco a poco hasta que lo miró a los ojos—. ¿Pasa algo? —volvió a fingir que no sabía nada de lo ocurrido.
— Nada, Tifa —la tranquilizó Cloud.
El joven miró el plato de comida. Tenía un aspecto repugnante y su sabor no sería diferente del aspecto, pero pensó que lo había traído ella y su estómago empezó a gruñir. Se sentó en el suelo y se llevó un trozo de pan a la boca.
— ¿Quién trajo la comida? —ella pretendía sacar el tema sí o sí de la joven vampira. Cloud tardó un poco en contestar ya que se debatía entre si debía o no tragar el trozo de pan que aún seguía en su boca. Finalmente lo hizo y acto seguido bebió un poco de agua del vaso que acompañaba a la bandeja.
— Fue la chica vampira —contestó aparentando no darle importancia.
— Muy pocas veces comes la comida que ellos te traen y cuando lo haces es porque yo te obligo. Sin embargo hoy es el día que peor aspecto tiene la comida y yo no te he dicho nada y aún así la comes —comentó bien alto.
— Bueno, tenía hambre —dijo la excusa más absurda que se le ocurrió, sin embargo fue la primera que le vino a la mente.
— Vamos, Cloud. Ambos sabemos que eres más astuto para soltar mentiras mejores que esa. Ni aunque te murieses de hambre probarías esa comida.
— Está bien, no quería preocuparte ya que llevaba días sin comer, así que antes de que me dijeses algo, preferí comer —siguió con su mentira, aunque esta vez fue un poco más creíble y lo sería de no haber sido porque Tifa estuvo despierta todo el rato y escuchó la conversación. La joven se levantó de la cama y se sentó al lado de Cloud. Suspiró.
— Cloud, escuché vuestra conversación —dijo algo apenada. Cloud dejó de comer, cosa que en parte agradeció—. Lo siento, pero no quería interrumpiros, por eso no dije nada —Cloud no se enfadó, sino que le mostró una sonrisa a su mejor amiga.
— No te preocupes —sólo supo decir eso.
— Dime, Cloud, ¿odias a los vampiros?
— Sí —contestó secamente.
— ¿Y por qué cuando estás con ella no lo parece? —dijo algo molesta.
— ¿Qué quieres decir?
— Bueno, con ella te muestras... —intentó buscar una buena palabra— distinto —logró decir.
— Sinceramente no sé por qué, pero creo que ella en verdad es buena —se veía un poco ridículo al decir eso, pero verdaderamente lo pensaba y lo creía así.
— Es un vampiro, no nos podemos fiar de ellos —le reprochó.
— Precisamente tú me dijiste que debía olvidar mi rencor hacia ellos, así como mi venganza, y ahora me dices que no me fie de ellos.
— Una cosa no tiene nada que ver con la otra, y lo sabes —le recriminó.
— Lo sé, claro que lo sé, pero si veo que algunos vampiros son buenos eso puede calmar mi ira —comentó mirando al plato y contando las migas de pan que habían caído—. Aunque no quiere decir haya dejado de lado mi venganza. El culpable lo pagará muy caro —apretó los dientes con rabia.
— ¿Ella te gusta? —supo que no debió de haber formulado esa pregunta, pero ya era tarde para arrepentirse.
— ¡Por supuesto que no! Sólo la he visto tres veces desde que nos capturaron. Es solo que ella... —no sabía cómo seguir—, bueno, me transmite confianza y en parte me aterra y no sé si me agrada del todo. Sigue siendo un vampiro, pero nunca antes había visto un vampiro que desee tener una amistad con un humano —ambos se quedaron callados.
Se escucharon pasos que cada vez se hacían más cercanos. Apareció Sephiroth acompañado de dos vampiros más. Cloud y Tifa se pusieron de pie alarmados. El líder ordenó que abrieran la celda y ataran a los prisioneros.
Se escucharon pasos que cada vez se hacían más cercanos. Apareció Sephiroth acompañado de dos vampiros más. Cloud y Tifa se pusieron de pie alarmados. El líder ordenó que abrieran la celda y ataran a los prisioneros.
— Después de meditarlo será mejor que los matemos en el patio.
— ¡¿Qué?! —gritó Tifa mientras pataleaba intentando soltarse. Cloud sin embargo no hacía ni decía nada. Quizá aquello era lo mejor, prefería morir antes que seguir allí un día más, pero lo que más pena le daba era su amiga, ella quería seguir luchando y no dejarse vencer tan pronto. Los dos fueron llevados al patio dónde la luna iluminaba todo el lugar.
Aerith caminaba con curiosidad. Miraba a Zack de vez en cuando, le hacía gracia ponerlo nervioso.
— Aerith, para ya —le imploró con una sonrisa—, me estoy poniendo nervioso.
— Esa era mi intención —rió.
— Muy graciosa —fingió una risa falsa que provocó la carcajada de su amiga a la cual él también se unió.
— Venga, dime para qué me has traído aquí —ambos se encontraban en el Monte Nibel.
— Sephi —Aerith rió.
— Que no te oiga llamarle así —le advirtió aún riéndose. Luego siguió caminando.
— Lo sé —él sonrió y la siguió—. Sephiroth me dijo que te trajese aquí para que te distraigas un poco, hay veces que te notamos ausente —pero la verdadera razón era que Sephiroth no quería que ella viera como eran asesinados los dos jóvenes, por eso obligó a Zack a alejarla de la mansión.
— Quizá tengas razón, pero —se volteó a verle con una sonrisa— ¿quieres saber por qué? —la trenza de Aerith voló en ese instante. A Zack le pareció la imagen más hermosa que había visto en largo tiempo. No pudo evitar mirarla con cariño.
— Me gustaría —asintió.
— Siempre quise saber si una amistad entre humanos y vampiros era posible —a Zack se le borró la sonrisa de repente—, pero nunca pude saberlo ya que nadie me dio una oportunidad —definitivamente quiso dejar de escuchar, aguantó la ganas de derrumbarse—, aunque ahora sí creo que es posible. Puede que logre ser amiga del chico, ya que antes hablamos y...
— Por favor, para —la obligó sin mirarla a los ojos—. Para, Aerith —se sentó en el suelo.
— ¿Zack? —se agachó hasta quedar a su misma altura—. ¿Qué pasa? —se asustó.
— ¿De verdad eso es lo que piensas? —si pudiese llorar, lo haría.
— Creo que sí —le cogió de las manos y lo miró a los ojos—. Ahora dime, ¿qué es lo que te pasa? Puedes contármelo —sonrió.
— Debemos ir corriendo hacia la mansión —se puso en pie lo que provocó que Aerith perdiera el equilibrio, pero fue agarrada por su amigo.
— ¿Por qué? —no entendía nada de lo que ocurría y realmente se estaba preocupando.
— No hay tiempo, en cuanto lleguemos lo sabrás -—echó a correr seguido de ella.
En el patio se encontraban todos elaborando la muerte de los jóvenes, los cuales estaban presentes.
— A ver, ¿cómo deberíamos matarlos? —dudaba el líder.
— ¿Para qué complicarse? Debemos darnos prisa antes de que llegue Aerith —apremió Cid, uno de los confidentes de Sephiroth.
— Confío en Zack —comentó solamente el líder.
— No deberíamos entretenernos mucho con esto —inquirió Vincent.
— Está bien, pues —pensó—, traed el hacha —al poco rato ya venía Cid con el objeto—. Te lo encomiendo, Cid —el nombrado asintió. Cogió primero al joven rubio.
— ¡Cloud! —gritaba y lloraba una desesperada Tifa. El joven seguía sin decir nada, solo pensaba en su madre, que no lograría vengarla, luego pensó en Tifa, su mejor amiga y por último, pensaba en Aerith, ella nunca le había dicho su nombre, pero se lo había oído decir al otro vampiro amigo suyo. Pensó en su dulce inocencia, ella creía en la amistad entre enemigos cuyo odio había existido muchos siglos atrás, pero aquella inocencia le había hecho reaccionar, y, por qué no, le había cautivado. Era una lástima que su vida acabase en ese momento.
Cerró los ojos antes de sentir el impacto.
— ¡Alto! —gritó una voz femenina. Se trataba, evidentemente, de Aerith. Todos se quedaron congelados. El líder solo supo mirar con rabia al joven vampiro, Zack—. ¡Por favor, para, Sephiroth! —corrió hacia él suplicándole.
— Aerith —dijo él en un susurro.
— Por favor, no los mates —le imploró.
— Pero, ¿por qué? Ya sólo son un estorbo —iba a volver a mandar que matara de una vez al joven, pero Aerith lo volvió a impedir.
— Sé que antes no me importaba lo que pasase con ellos, pero ahora... me caen bien —dijo seriamente, quería hacerle saber que no se trataba de ninguna broma.
— ¿Cómo? —el rostro del vampiro de mayor autoridad se descompuso.
— Te lo suplico, Sephiroth, no los mates.
— Eso que dices no es posible, Aerith.
— Por lo menos espera unos días más, hasta que confirmemos que en verdad no nos hacen falta —lo que realmente pretendía era convencer a Sephiroth durante ese tiempo de que les perdonase la vida y les dejase libres—. Yo me encargaré de ellos.
— ¡No! Lo hará Zack —dijo inmediatamente. Bajo ningún concepto iba a permitir que ella tuviera más contacto con aquellos humanos. Aerith solo supo asentir, era mil veces mejor que dejarlos morir, pero de una cosa estaba segura, ella, aunque fuese a escondidas, iría a verlos—. Está bien. Cid y Vincent llevadlos de nuevo a los calabozos—. Aerith sonrió. Cloud la miró para luego dirigirse a su nuevo hogar, ignorando por cuánto tiempo, acompañado de Tifa que le daba gracias en silencio a ella por haberles salvado a ambos.
En cuanto todo volvió a la normalidad, Sephiroth hizo llamar a Zack a la sala de las reuniones. Al entrar en la sala se quedó de pie mirando con un semblante muy serio a su líder, preparado para recibir cualquier castigo por parte de él.
— Veo que me desobedeciste —dijo casi gritando y acercándose a él—. Cuando te transformé me prometiste que cumplirías cualquier cosa que te ordenara y no sólo no lo haces, sino que te me revelas.
— Mi amor por ella va más allá de eso. Quizá a ti no te importe hacerle daño, pero yo soy incapaz. Verla sonreír es lo más grande que me puede pasar, ya que no puedo aspirar a otra cosa que no sea eso —habló firmemente mirándolo a los ojos.
— Me vuelves a demostrar que ella es lo más importante para ti.
— Así es —contesto sin titubear.
— Entonces los dos estamos igual —rió—. Ella también es lo más importante para mí —luego de eso se quedó callado y prosiguió—. Debido a que ella te tiene un gran aprecio no pienso imponerte ningún castigo, solo quiero que la vigiles.
— Te lo agradezco.
— Zack, has cambiado mucho estas dos semanas —comentó.
— No sé qué decirte, me sigo considerando igual —contestó igualmente serio.
— Antes eras mi mayor confidente, siempre acatabas mis órdenes y todo lo que dijera te parecía bien, pero no sé por qué, ya no eres el mismo. ¿Todo es por ella? ¿O hay otra razón?
— Quizá el que ha cambiado has sido tú Sephiroth, te has vuelto menos comprensivo y más egoísta con respecto a Aerith, y todo fue desde que llegaron los humanos.
— Sólo intento evitar que ella cometa el mismo error —esto volvió a molestar a Zack.
— ¿Has terminado?
— Sí. Puedes retirarte —se sentó en uno de los sofás.
Zack se encontró al salir con Aerith quién le sonrió ampliamente.
— ¿Qué te ha dicho Sephiroth? —el joven pensó algo para decirle.
— Me ha dado órdenes sobre los prisioneros —inventó.
— Hablando de ellos, ahora voy a ir a verles, sin que Sephiroth se entere, claro —le guiñó un ojo.
— Será mejor que vaya yo.
— No, por favor, Sephiroth se irá ahora a dar una vuelta como siempre al Monte Nibel, entonces aprovecharé para ir a los calabozos —Zack suspiró.
— Está bien, siempre eres tan cabezota, ¿eh? —sonrió.
Tanto Aerith como Zack esperaron a que Sephiroth se fuera. Ella fue directa a ver a los prisioneros. Por supuesto, los demás vampiros de la casa vieron a Aerith ir a los calabozos, pero, sin embargo, no le prestaron atención.
Sonrió al ver a Cloud.
— Aerith —el joven se acercó a los barrotes y no pudo evitar sonreír al verla—. Te quería dar las gracias por salvarnos a Tifa y a mí.
— Sí, muchas gracias Aerith —también sonrió. Había visto que ella era completamente diferente a los demás vampiros.
— No tenéis que darlas. He traído esto para vosotros. Siento que la comida que os daban hasta ahora haya sido horrible, pero a partir de ahora seré yo quien os la traiga —dejó de la misma forma que antes una bandeja que contenía una suculenta y apetecible comida, nada que ver con la que normalmente recibían. A ambos jóvenes se les hizo la boca agua. Tifa realmente pensó que la vampira era una chica estupenda—. Espero que os guste —dicho esto tuvo la intención de irse, pero Cloud la detuvo.
— Aerith, espera —la nombrada de volteó y se acercó a Cloud—. Muchas gracias por todo lo que estás haciendo por nosotros.
— Ya dije que no tenéis por qué darla. Estoy muy feliz de que estéis bien, aunque éste lugar no sea un paraíso —se lamentó—. Mientras estéis aquí iré mejorando este lugar —sonrió.
— Aerith —la nombró de nuevo—. Yo realmente odio a los vampiros y mi deseo es acabar con ellos, pues pienso que son seres crueles, pero tú eres muy diferente de todo aquello que yo pensaba. Me alegro haberte conocido y así haberme dado cuenta de que todos no son iguales.
— Gracias, Cloud —sonrió antes de irse. El joven se quedó sorprendido al saber que ella conocía su nombre si nunca se lo había dicho, pero seguramente lo habría escuchado de Tifa en algún momento. Él también sonrió.
