N/A: Por suerte no he tardado tanto en volver, gracias vacaciones, ahora sí puedo darme un merecido respiro xD Mil gracias a todos los que han comentado, agregado a favoritos y seguido esta historia, no saben cuánto me contenta tenerlos aquí, de veras. Pronto comenzará el drama y los conflictos, ustedes solo espérenlo.
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Capítulo 3: Peligro
Ardía más que el infierno mismo.
La locura.
El ímpetu y desenfreno era una cosa que ya los sobrepasaba a ambos por igual, los dos sabían del riesgo, de las consecuencias que tendría un posible descubrimiento por parte de cualquier persona, solo que el desmedido amor profesado había terminado por ganarles partida. Ahora estaban ahí juntos, acariciando, tocando, besándose con pasión.
Escondidos en el baño de la Torre Hokage.
—No... no me dejes marcas —pidió al sentir que lo succionaba en el cuello, ella abrió la boca cerrando sus ojos y lo mordió, Naruto por inercia la apretó contra sí—. ¡auch!, se más gentil, Sakura-chan.
La joven encorvó los dedos puestos en la espalda masculina y los deslizó hacia abajo rasguñándolo, el rubio tembló ante su toque, enterró una mano en su cabello rosa y la tiró para atrás con suavidad, zafiro y jade chocaron. Sakura colocó dos dedos sobre sus labios, ansiosa por separarlos.
Él jamás sabría que aquello era su debilidad, su deseo más oscuro, el acto que mayor efecto tenía.
Estaba cegada por la lujuria.
Naruto los atrapó entre la saliva y el calor que desprendía su boca, los chupó, lamió y usaba a su gusto, Sakura disfrutó de la carnosidad que veía envolverle las yemas. El corazón latió fuerte. Parecía que iba a sufrir un infarto. Sus orbes esmeralda brillaban fascinados, las pupilas dilatadas revelaron el encendimiento que vivía. Lo amaba y deseaba de una manera tan desmedida que acabó presa de sus propios miedos, temía perderlo, le aterraba haberse enamorado perdidamente de él, de querer dejarlo y no lograr resistir su ausencia. Naruto estaba casado, ella también, pero eso no disminuía en nada su amor.
—Me vuelves loco, Sakura-chan, un completo loco —susurró mirándola, tomó entre las palmas el delicado rostro y apoyó ambas frentes una encima de la otra, Sakura respiraba con irregularidad—. Y me pongo peor si me ves así.
No podía hablar, no mientras la excitación estuviera allí.
Carecía de aliento.
Bajó la vista tragando saliva, Naruto estaba semidesnudo; un bóxer era lo que cubría su desnudez, lo que le impedía verlo entero, la prenda que aún restaba. Capa, chaleco, camiseta y pantalón desparramados en el suelo, ella todavía continuaba vestida y arreguindada a su cadera. Él la agarró de la muñeca.
—Te necesito, me urge tenerte ya Sakura-chan, por favor.
—Estás... —Demente iba a decir, pero si lo veía desde otra perspectiva ella también sufría de locura, ¿si no entonces porque estaba ahí? Lo tocó en el pecho despegando los labios, la humedad crecía en medio de sus muslos.
—Dentro de una hora todos regresarán —informó al poner las manos debajo de las piernas femeninas, la terminó de elevar y caminó directo al lavamanos, embelesado, la depositó acariciando su cintura—. Y creo que es muy poco tiempo para hacerte el amor, he soportado esto cinco meses, requiero de más horas.
—Irnos de aquí y ahora no está en discusión —Porque sentía fallecer al imaginar quedarse en tales condiciones, observó los desgastados labios masculinos y añadió—. Una hora bastará.
—Entonces una hora será, dattebayo.
Dejarla ir no entraba en sus opciones.
Ella le tomó de las mejillas y lo besó hecha una fiera, Naruto, apasionado como siempre, abrió la boca con desmesura intensificando. De nuevo el aire les quemó. El rubio empezó a desvestirla con ansias, la arrinconó contra la pared jalándole el labio inferior, desenredó el hilo que mantenía el vestido unido y apartó la tela hacia atrás, Sakura ladeó el rostro en medio del beso, lo devoró con ímpetu y forcejeó para que la prenda al fin saliera de sus brazos, entregada, llevó ambas palmas a la rubia cabellera, la revolvió debido al deseo y lo sostuvo de la nuca pretendiendo comerlo. La lengua de Naruto entraba y salía de su cavidad haciendo maravillas.
La estaba enloqueciendo.
Un precioso brassier fucsia le presionaba deliciosamente los senos, Naruto liberó los labios de Sakura apenas lo notó, los ojos recorrían hambrientos la piel blanca que sobresalía de aquellas copas, tragó duro, no lograría contenerse. Por si fuera poco Sakura lo guió atrayendo su cabeza, indicando de buena manera que no era necesario decirlo, que ya ardía en sus azulejos la anhelada proposición.
—Naruto.
Lo desquició.
La erección escondida bajo la prenda interior endureció todavía más, iba a reventar, ella lo sabía.
El Séptimo cortó distancia manteniendo la mirada en los ojos de color esmeralda, sacó la lengua con parsimonia y lamió desde en medio de los pechos hasta su mentón, Sakura echó la cabeza hacia el muro exponiendo el cuello, sus orbes acabaron cerrados al sentir que él repetía la acción. Gemía con abandono.
Los inquietos dedos masculinos buscaron desesperados el broche del pantalón ajeno, una vez que lo halló Naruto introdujo su extremidad al fondo de lo que parecía ser una cueva oculta, sus yemas rozaron la humedad del sexo femenino y eso fue suficiente para motivarlo, Sakura comprimió la boca presa de sus sensaciones, de la invasión a su centro, de lo que en realidad la aturdía. Su mayor temor era perder el control. Percibía la llamarada, lujuria y desenfreno. Debía parar.
—N-naruto —El único problema es que desconocía como hacerlo—, Naruto. —gimió llamándolo. El joven líder detuvo la maniobra de sus dedos empapados, alzó la cara al oírla sollozar.
Habían llegado a un nivel demasiado alto.
Altísimo.
La miró preocupado —¿Que ocurre Sakura-chan, te lastimé? —La chica negó cabeceando, tenía los ojos cerrados y pómulos colorados. Él insistió—. ¿Hice algo mal? Dime.
—No... —Y aquello fue más un gemido que una respuesta concreta, Naruto sujetó sus mejillas obligándola a verlo, orbes azules que chispeaban encendidos. El acercamiento provocó que ambos torsos terminaran unidos, en especial los trabajados pectorales y senos femeninos. No. No quería detenerse ahora—. N-necesito que pares.
—Entonces si te lastimé —concluyó serio, luego entristeció al bajar la mirada—, lo lamento Sakura-chan.
Quiso golpearlo por idiota.
—Baka, no se trata de eso, te lo juro —Él volvió a verla con aquella admiración—. Pospongamos esto para después, este no es el lugar apropiado.
Deslizó sus glúteos cuesta abajo cayendo al piso, ordenó unos cabellos detrás de la oreja y cruzó los brazos viéndolo. Naruto observó embobado sus senos, si tan solo ella supiera cuanto crecían de volumen al emplear ese movimiento.
Su miembro dolió. Dolió muchísimo.
—¿Y en la cabaña?
—Es muy arriesgado.
El rubio aturdido frotó su melena.
—Pero Sakura-chan... —lloriqueó confuso, la chica parecía divertirse—, yo llevo rato esperándote, 'ttebayo. ¿Enserio tiene que ser ahora?
—Sí.
—Ahhh —dijo tallando su cara, resopló aburrido y afirmó—. De acuerdo, será como tú digas.
—Es por el bien y seguridad de los dos —musitó al acercarse, el rubio desvió la vista y Sakura temió haberle causado daño—. Mírame Naruto —pidió tomando sus mejillas, él lució triste al verla—. Yo te amo, no quiero que pienses lo contrario, por algo estoy aquí contigo.
—¿De verdad me amas, Sakura-chan?
La médico lo observó por un momento, "te amo más de lo debo".
—Sí.
—¿Mucho?
—Sí.
—¿Que tanto? —preguntó curioso.
Sakura lo agarró como juego.
—Del tamaño de una pulga.
—¡Hey, eso es muy poquito, Sakura-chan! —protestó, la kunoichi dio vuelta buscando sus zapatos—. Hasta Ino me quiere más, 'ttebayo.
—¿Que tiene que ver la cerda en esto? —murmuró intrigada, dejó lo que iba a hacer y decidió encararlo. Naruto tembló al contemplar su semblante—. Respóndeme, ¿qué te ha hecho Ino?
—Nada, dattebayo.
—¿Te ha dicho algo?
—No.
—Mantente alejado de ella y de cualquier mujer que planee seducirte —ordenó apuntándolo, frunció el ceño, estaba celosa—. Me basta y sobra con saber que sigues viviendo al lado de Hinata, y lo tolero porque es tu esposa, pero si me entero que hay otra mujer-
—Despreocúpate Sakura-chan —habló interrumpiéndola—, tu eres la única a la que amo y deseo, nunca habrá otra. Y sobre lo de Hinata-chan...
—Ese es un tema del que prefiero no hablar.
Naruto la vio recoger varias prendas del suelo y estirar el vestido de modo que no luciera arrugado, habían sacado el asunto de Hinata a la luz, era lógico que para Sakura no tuviese buen efecto siendo la segunda fémina en su vida. Hinata era la primera, no ella. Quizás aquello la enfurecía, la indignada, cualquiera que fuese la emoción despertada en la chica Naruto no lo sabía. En realidad Sakura sufría de arrepentimiento, de coraje por no decidir a tiempo y permitir que las circunstancias llegaran hasta donde estaban. Todo hubiese sido diferente de aceptarlo al inicio.
—Sakura —nombró mirándola, la de cabello rosa lo observó de soslayo mientras abrochaba la pretina de su pantalón—, por favor escúchame, Sakura.
La omisión del 'chan' significaba que hablaría con seriedad. Sakura suspiró y giró a verlo.
—¿Qué pasa?
—Yo no amo a Hinata-chan, ¿lo sabes verdad?
Negó cabeceando —Yo ya no sé qué pensar.
De nuevo regresaron las dudas, la incertidumbre, el dolor. Haruno peinó sus hebras con ayuda de los dedos e intentó ir a la sala principal, pero Naruto la detuvo antes de que siquiera alcanzara a rozar la puerta, tomando su mano la forzó a voltear. La shinobi mantuvo los ojos lejos de la intensa mirada que él le dirigía. Si lo veía acabaría llorando. No. No quería.
No deseaba más lágrimas.
—Te amo y te amaré siempre sin importar que suceda, ninguna puede ocupar tu lugar en mi corazón, sí aprecio a Hinata-chan, es mi esposa, mi compañera, pero no la amo porque a quién he querido desde niño es a ti —confesó abriendo su corazón, tal vez desnudar el alma y los sentimientos eliminarían los rastros de dudas por parte de ella—. Sakura-chan, en todo este tiempo que no nos habíamos visto yo lloré como un tonto, no te busqué en casa de Sasuke por respeto, también porque noté que me evitabas fuese cual fuese el momento —reconoció dolido, iba a soltarla cuando Sakura reforzó la caricia entrelazando sus dedos. Jade y zafiro coincidieron—. Desistí para no molestarte.
—Quiero que tengas en claro una cosa y que jamás lo olvides, Naruto —susurró con las mejillas sonrosadas, tenía taquicardia, pero aun así lo miró—. Te amo, recuérdalo siempre, a pesar de que estés casado con Hinata y yo con Sasuke-kun... este sentimiento no cambiará en nada, ¿oíste bien? En nada.
—Sí.
—Ahora vístete, no me gusta que andes de exhibicionista.
Sus ojos volvieron a echar chispas, él supo que debía obedecer por su propio bienestar.
—Enseguida dattebayo.
—Te espero afuera.
Ella salió dejándolo solo.
Naruto suspiró, "que complicada es Sakura-chan, 'ttebayo".
[…]
Removió la cuchara de madera dentro del guiso, un olor humeante salió calentándole la cara, realizó aspavientos difuminando la nube de vapor y giró a donde su ex compañero de equipo la aguardaba pacientemente. Hinata desamarró el delantal atado a su cintura y lo miró.
Kiba la observaba con interés.
—¿Cómo está Shino-kun?
—Bien, ya sabes —contestó distraído—, lidiando con sus insectos.
Rió con timidez —Sí, l-lo imagino.
—Oye, ¿de verdad te quedas encerrada todo el día?
—B-bueno... sí, casi siempre.
—¿No te aburres?
Hinata parpadeó —A veces, Kiba-kun.
El chico echó un vistazo a la residencia —¿Y qué haces aquí adentro?
—Cocino, limpio, ordeno la r-ropa de Naruto-kun y espero a que él regrese.
—¿No has pensado en salir, celebrar o visitarnos?
—No —dijo avergonzada, las mejillas le enrojecieron—, no he pensado en eso, lo lamento.
—Solo acuérdate de que existimos tus amigos, es preferible que salgas a quedarte como perra enjaulada —murmuró sincero, ella asintió cabeceando—. Debo irme, tal vez vuelva por acá en estos días, ¡Akamaru! —gritó alto, la mascota sacudió el rabo y lo obedeció al instante exclamando un ladrido.
—Cuídate mucho, Kiba-kun.
—Tú también, y no olvides lo que hablamos, ¿de acuerdo?
—S-sí.
La joven avanzó en dirección a la puerta, giró el pomo abriéndola y lo vio marchar, la sombra de Kiba bajo los rayos solares impidieron que le siguiera mirando, por lo que cerró la entrada y se ocupó de arreglar la sala. Recogió vasos de vidrio y algunos trastes que usaron para digerir el almuerzo. De pronto memorizó que había un sartén de carne condimentada puesta a fuego lento, terminó de tomar todo y corrió a la cocina justo a tiempo. El jugo de las verduras aun hervía. Suspiró apoyada en el muro.
Nadie dijo que ser ama de casa era fácil.
Por suerte estaba sola.
"Sola", repitió entre pensamientos que golpeaban su mente, quizás era a causa de la plática sostenida con Kiba, pero de lo que sí estaba segura era de no querer continuar aislada del mundo. Deseaba respirar otro aire, otra atmosfera, un clima diferente. Quería saber lo que se sentía escapar de aquellas cuatro paredes.
[…]
Afirmó viéndolo a los ojos.
—Tsunade-sama estará conforme, no te preocupes.
—Dile que lo acomode a su gusto, me gustaría construir ese orfanato que propuso en los planos.
—Descuida, yo le aviso.
Naruto asintió cabeceando.
Hubo un tenso silencio.
Diez segundos
Treinta
Cuarenta y cinco
Un minuto.
Una mínima distancia los separaba, una vibrante atracción los unía, era amor, deseo, no era otra cosa que la llamarada consumiéndolos. Sakura dio un paso al frente, él dos, ella otro más. Casi percibía la invisible barrera intermedia. Habían parejas a quienes respetar y ser fieles, pero la desesperación de no sentir lo mismo por parte del otro terminó derrotando sus fuerzas de voluntad, Naruto la adoraba, Sakura se resistía a dejarlo en libertad.
—Sakura-chan...
—Hazlo.
Él no dudó y corrió hacia ella, juntó sus labios con el corazón latiendo a millón, Sakura lo agarró del rostro, lo besó en la boca con ternura, con suavidad, sintiendo la textura, la agonía de Naruto al abrazarla. Era un pecado quererlo así.
—Te llamaré en la noche —suspiró con los ojos cerrados—, por favor no vuelvas a evadirme, Sakura-chan.
La médico pareció recordar algo.
—Espera —murmuró deteniéndolo, el chico la observó confundido. Sakura puso la mano en su cuello y un chakra verde le iluminó la palma, duró unos segundos en la misma posición—. Listo, ya terminé.
—¿Qué hiciste?
—Borrar la marca roja que te dejé en el baño.
—¿Porque yo no puedo hacerte una? —preguntó intrigado, la joven arqueó una ceja al ver su expresión—. Sería lo más justo, 'ttebayo.
Sakura sonrió —Baka, no digas tonterías y ponte a trabajar, que buena jornada de papeles tienes.
—Ya, ahorita empiezo a firmar.
—Debo irme, nos vemos luego.
Él atrapó la mano que aún lo tocaba y entrelazó los dedos mirándola girar, dolía, dolía mucho verla partir. La kunoichi lo vio con aquellos preciosos orbes color verde.
—Te amo.
—Lo sé. —Aunque en el fondo exclamara: yo también.
El contacto finalizó y ella atravesó el pasillo central de la enorme Torre Hokage bajando rumbo a las escaleras, observó que nadie la estuviese siguiendo o espiando, al no encontrar ningún sospechoso optó por ir al Hospital de Konoha, era probable que Tsunade la esperara allí para recibir el acuerdo firmado por el Séptimo Hokage. Más por impulso que por cualquier otra cuestión emocional, Sakura volteó a donde Naruto la contemplaba pese a la distancia, sintió un aleteo, un tamborileo que crecía cada vez más debido a la conexión visual. Ojos azules que la miraban con adoración.
Era un acto inmoral.
Entonces surgió la incógnita: ¿cómo vería a Sasuke a la cara? Quizás él no lo notaría por su falta de atención con ella, pero lo cierto es que aquellos orbes jade brillaban maravillados y no era por amor hacia su persona. No. Sakura sonreía por el rubio, no por Sasuke. Enrojecía al tener roces íntimos con Naruto, el azabache no la tocaba a menos que fuese la propia Sakura quien diera la iniciativa, era similar a la comparación del hielo y fuego. Frio y caliente.
Escalofriante o ardiente.
Un contraste gigantesco.
—¿Sakura?
El llamado la sobresaltó —¿Mm? —murmuró volteando, Sai inclinó la cabeza a un lado—. ¿Qué haces tú por aquí?
—Busco a Ino-san, ¿no la has visto?
—No.
—Ah, bien —susurró al ver que ella regresaba la mirada al gran edificio, él parpadeó y observó el mismo sitio—. ¿Esperas a Naruto?
—No, ¿porque lo dices?
—Llevas rato mirándolo a través de la ventana, creo que también Naruto está viéndote.
Y entonces ella descubrió que tenía otra debilidad: se perdía en sus ojos, fuera cual fuera la circunstancia o situación Naruto conseguía atraparla en una especie de burbuja invisible, penetrando, absorbiéndole los pensamientos. Eso era un riesgo, un constante peligro que sería prueba suficiente para sembrar la sospecha de lo que ellos dos planeaban hacer. Optó por la vía más fácil. No verlo a los ojos en público.
—Te equivocas —pronunció dura, brusca, como si no tuviese importancia aquella conexión—. Solo arreglé unos asuntos con Naruto, iré al Hospital.
—Sí, supongo.
Haruno contempló el rostro de su ex compañero, ¿acaso él sabía algo? Imposible, Naruto y ella mantenían en secreto lo sucedido en la cabaña, nadie a excepción de Ino conocía los hechos, ningún aldeano los había pillado entrando a ese lugar. De la única forma en que Sai pudiera enterarse es si Ino aflojaba la lengua, lo cual sin duda, podría ser una posibilidad. Sakura arrugó el ceño, "Sai no la ha visto, de seguro no le ha contado y yo estoy imaginando mal".
El chico siguió mostrando una imperturbable expresión.
—Nos vemos después Sai, adiós. —murmuró alejándose. El ninja de raíz torció la boca.
—Adiós.
[…]
Iba de compras.
Seleccionó varias frutas entre la inmensa variedad promocionada por el mercado, pagó la adquisición entregando distintos billetes de alta denominación, metió todo dentro de una bolsa multicolor y emprendió la marcha a casa. Multitud de personas quedaban viéndola al reconocerle como la esposa del Nanadaime Hokage Naruto Uzumaki, y ciertamente desagradaba un poco ser el centro de atención, en especial cuando la víctima de aquellas curiosas miradas resultaba ser Hinata. No, no es que la viesen mal, sino que solía enrojecer cada vez que alguien la observaba con tanta fijeza. Era incómodo. Demasiado, siendo sincera. No obstante; ella respondía con una amable sonrisa de completa honestidad.
Tenía que acostumbrarse.
—Hinata, hola. —la saludó una persona desde atrás.
La aludida volteó —Buen día, Tenten-san —dijo al sonreír con vergüenza—. ¿Cómo estás?
—Bien, aunque algo cansada. ¿Vas a tu hogar?
—Sí.
—Que coincidencia, yo voy también a la misma dirección, déjame ayudarte —propuso estirando los brazos, Hinata le entregó dos paquetes pequeños de cereal y comenzaron a caminar una al lado de la otra. Tenten comentó—. Casi no te he visto desde la ceremonia matrimonial, ¿qué has estado haciendo?
—Me ocupo de la c-casa para cuando llegue Naruto-kun, barro, lavo, plancho, limpio...
—¿Acaso eres su sirvienta?
—No, no lo soy —Y por primera vez en su existencia Hinata frunció las cejas disgustada—. Yo s-solo cumplo mi deber de esposa, Tenten-san.
La chica lució arrepentida —Disculpa, no fue mi intención ofenderte, es que creí que tenías otro tipo de vida.
—No comprendo —parpadeó al suavizar el ceño—, ¿que otro t-tipo de vida?
—Bueno —Tenten sonrió—, quizás que aspirabas a reintegrarte en un equipo ninja, que seguirías el camino de una kunoichi, ya sabes —soltó encogiendo los hombros—. La rutina de una shinobi dedicada.
—¿Así como tú, Tenten-san?
—Sí, digamos que sí.
—P-pero si lo hago, ¿qué será de Naruto-kun? Es mi esposo, mi deber es estar junto a él y servirle como las mujeres de mi Clan.
—Ah —suspiró la castaña—, entonces es una tradición de Clanes, ¿o me equivoco?
—No, estás en lo cierto.
—¿Y tú que piensas de esa doctrina?
A Hinata le extrañó mucho tanto interés, pero prefirió contestar antes de entrar en suposiciones erradas y absurdas. Continuaron caminando.
—Que es mi responsabilidad c-cumplirla.
—¿Te sientes cómoda manteniendo ese nivel de vida? Lo digo porque necesitas buscar primero tu felicidad.
¿Que si era feliz? Inconscientemente Hinata respondió que no, que al menos no en su totalidad, tal vez carecía de algo, de alguien, puede que hasta sintiera la sombra de la soledad acompañándola. Pero por otra parte estaba Naruto; el hombre que siempre había amado y añorado desde temprana edad, él era su sueño, su sol, su alegría. ¿Entonces porque experimentaba aquella sensación de inconformidad y de insatisfacción? Hinata comprendió que sería malo ventilar los problemas de su matrimonio, que quizás era inútil platicar de temas pertenecientes a una pareja. Sonrió entristecida, "a veces dudo que Naruto-kun y yo seamos en realidad una pareja".
—¿Naruto te trata bien?
Ella pestañeó ante la pregunta de Tenten —Sí, Naruto-kun es un buen hombre, atento y a-amable.
—Sí, ya lo imagino —habló distraída—, por alguna razón Neji se sacrificó por él.
—Neji-niisan sabía de mi amor por Naruto-kun, yo no quería... —susurró a punto de llorar— yo no...
—Nadie quiso que Neji muriera —aclaró Tenten—, lo que hizo fue un acto de valentía, de heroísmo, así que no te culpes por ello, ¿de acuerdo?
Hinata asintió cabeceando.
—Lo extraño.
—También yo —reconoció elevando la vista, sus ojos fijos en el cielo azulado, una triste expresión enmarcándole el rostro—. Démonos prisa, o el sol nos freirá aquí.
—Sí.
Ambas siguieron el trayecto a casa de Hinata, ninguna volvió a mencionar la muerte de Neji, Tenten porque lo amaba en secreto aun después de su fallecimiento, y Hinata porque cargaba con el peso de haber provocado la tragedia de su primo, eran sentimientos distintos que conducían a la misma emoción: el dolor. Esa agonía de perder a un ser amado y no lograr superarlo a pesar de los años. La impotencia. El atormentado recuerdo de lo sucedido. No había quien lo borrase de sus memorias. Nadie.
—Hemos llegado —murmuró sin verla—, este es mi hogar, Tenten-san.
La aludida observó el entorno y la gran residencia —Es enorme, bastante amplia por dentro, supongo.
—¿Quieres pasar?
—¿Puedo? —cuestionó animada.
—Por supuesto, ven —dijo haciendo seña—, me agradaría que almuerces conmigo.
—Prefiero evitarte molestias.
Hinata sonrió —No, no es ninguna molestia.
—Gracias —musitó al avanzar, las dos ingresaron juntas a la vivienda y Tenten agradó los ojos maravillada, todo era lujo y elegancia, Hinata le pidió los paquetes que sostenía y fue a la cocina—. Los adornos son preciosos, la decoración es bellísima, ¿tú fuiste quién los colocó?
—Sí —gritó desde la nevera—, Hanabi-chan m-me ayudó un poco.
—Oh.
—También Naruto-kun.
—...
—¿Te gusta la pasta?
—...
Hinata dejó lo que hacía y caminó a mitad de la sala, preocupada por el silencio de la joven shinobi. La encontró parada frente a un retrato diminuto.
—¿Tenten-san?
Ella no giró —Neji solía decir que las fotos eran para cuando te ibas por mucho tiempo sin fecha de regreso, ¿cómo conseguiste que sonriera?
—Nos la tomamos de niños, Neji-niisan y yo éramos muy unidos en ese entonces, c-creo que estaba feliz. —contestó acercándose.
Tenten la miró de reojo —¿Ustedes conversaban mucho?
—No, b-bueno... la verdad sí, después de los exámenes genin.
—¿Alguna vez te comentó si le atraía una mujer?
El repentino cambio de tema la desubicó —¿Q-qué?
—Neji era reservado, incluso misterioso, pero si algo sabía era ocultar sus sentimientos —confesó volteando la cara, Hinata despegó los labios confundida—. Veo que nunca te diste cuenta.
—Yo... no entiendo.
—¿Sabes de quién se enamoró?
La chica parecía pensar con detenimiento, ¿su primo Neji enamorado? Según creía él jamás había mirado a una fémina de tal manera, solo entrenaba, cumplía misiones y ordenes, le servía fielmente a su Clan. ¿Entonces porque Tenten aseguraba aquello? Hinata supuso que el amor de Tenten hacia Neji era tanto que a lo mejor estaba alucinando o imaginando cosas. No la juzgaría. Hinata nunca juzgaba a nadie.
Menos a una kunoichi como ella.
—Sí, ya lo suponía —suspiró Tenten—. Después de todo la idea no es descabellada.
—E-explícame, por favor.
—Es mejor que no lo sepas, Neji está muerto, no tiene caso desenterrar el pasado.
Hinata llevó sus manos al pecho, el corazón le dolía, no supo por qué ni la razón, pero la mirada que Tenten le dirigió la hizo sentir mal, como si desconociera un aspecto importante, como si ignorara algo que para el mundo entero era evidente. ¿Porque la embargaba esa sensación? Era el desazón de la culpa, una punzada fuerte que la golpeaba sin clemencia, duro contra sus paredes internas. ¿Acaso la dichosa chica era...
—¿Necesitas que te ayude a cocinar? —Tenten consultó de pronto—. Yo no soy tan buena como tú, pero puedo aprender.
—Jamás has probado mis alimentos, ¿p-porque sabes que cocino bien?
—Neji me lo dijo.
La presión en su pecho creció.
—¿Te sientes mal? —preguntó viéndola, Hinata negó cabeceando y Tenten apretó el puño, "quizás me precipité demasiado"—. Dime en que te colaboro.
—P-por aquí, sígueme. —titubeó con la vista perdida, sus ojos perla al borde del colapso, ella misma reteniendo el llanto.
Tenten la persiguió una vez que empezó su andar, "Neji, hiciste un buen trabajo".
[…]
El sonido de su celular vibrando la desconcertó.
El reloj marcaba las siete treinta, ¿qué loco la llamaría a estas horas?
Resoplando lo agarró en la mano, miró el nombre del contacto en la pantalla y sonrió, "no me extraña viniendo de ti".
—Hola. —saludó al responder.
—¿Ya dije que me encanta tu voz?
—No, no que yo lo recuerde.
—Me gusta todo de ti, Sakura-chan, me fascinas dattebayo.
—Naruto...
—Quiero verte otra vez —declaró acongojado, apartó la cortina de la ventana y la luz de una luna resplandeciente lo iluminó—. No sabes las ganas que tengo de abrazarte.
—Debes esperar.
—¿Esperar a qué, Sakura-chan?
La medico abandonó el asiento y colocó su mano en la cintura —No podemos arriesgarnos, es peligroso que nos veamos en lugares públicos, cualquiera podría irle con el chisme a Hinata.
—¿Entonces como hago? Yo necesito verte, 'ttebayo.
Sakura apretó los labios —Tendrás que buscar un sitio menos poblado donde no nos reconozcan.
—Eso requiere tiempo —susurró agobiado, pasó la palma por su cabello desordenándolo, luego sujetó el marco de la ventana—. No estoy dispuesto a esperar tanto.
Ella suspiró, en el fondo sabía de la insistencia de Naruto, de lo necio e imprudente que podía llegar a ser si no lo controlaba con algo. Pero tampoco era apropiado exponerse, alguien alcanzaría a verlos y los rumores iniciarían, Sasuke lo oiría y Hinata también, empezarían las dudas, los problemas, las discusiones, Konoha señalaría a Naruto como el peor de los hombres. No. Sakura no lo permitiría. El bienestar y seguridad estaban primero. Quizás si ejercía su voluntad en Naruto...
—No pienso dar material para que hablen.
—No te pido que vayamos juntos a locales ni que me beses delante de la gente, solo quiero que sigamos viéndonos —sonó convincente, seguro, honesto como siempre—. Entiéndeme, por favor. Yo te amo.
Sakura enrojeció, ¡por supuesto que lo entendía, aunque no lo expresara abiertamente ella sentía la misma necesidad de tenerlo cerca! Su alma, su espíritu, sus ojos lo gritaban. Planeó contradecirlo y aclarar que no aceptaría tales términos, pero una cosa es lo que decía la mente y otra el corazón.
Se golpearía por ceder.
—Existe un pequeño pueblo a las afueras de Konoha, es aislado, casi no lo conocen y los habitantes no han venido nunca para acá. Mi padre es dueño de una casa allá.
Cierto, Kizashi la había comprado con dinero ganado en el trabajo y la colocó a su disposición desde años atrás, jamás imaginó tomar el ofrecimiento de su papá ni la razón de porque la usaría, pero hasta ahora eso era lo único disponible, no admitiría visitar otro lugar.
—¿Conoces la dirección?
—Sí, la recuerdo.
—Sakura-chan —Ella cerró los ojos al escucharlo tan cerca—, te amo mucho, muchísimo 'ttebayo.
La chica colgó —Sabes del riesgo que corres si Shikamaru nota que escapaste de la oficina, Naruto —regañó ladeando el rostro, él la abrazó por detrás—. Baka impulsivo.
—No es lo mismo oír tu voz por el teléfono que escucharla a poco distancia, eres mi debilidad, lo sabes.
—Me sorprende la efectividad de tu técnica.
—Es el Hiraishin no Jutsu.
—Naruto —Porque lo sentía respirar bajo su oreja, y porque la apretó con mayor anhelo del que solía mostrar—. Vete ya, por favor.
Naruto hundió la cara en el hombro femenino —Mírame a los ojos primero, si lo haces prometo marcharme.
La joven lo vio de soslayo —¿Estás chantajeándome? —preguntó con la ceja levantada.
—No.
—Dame tu palabra de que te irás enseguida.
—Lo juro, dattebayo.
Sakura giró entre sus brazos y fijó la mirada en la de él —Listo.
Sus ojos jade lo atraparon.
—Estás preciosa —murmuró embelesado, puso la mano en la sonrosada mejilla femenina y la acarició con ternura, movió el pulgar rozándole el labio—. Cada día me enamoro más de ti.
—Naruto...
—Sí, lo sé. —musitó uniendo ambas frentes.
—¿Entonces porque sigues aquí?
—No quiero irme todavía.
—Lo prometiste.
Él la aproximó a su rostro —Me cuesta separarme de ti, es difícil, dattebayo.
—Naruto...
—Bésame Sakura-chan, te necesito, bésame.
Cualquier resquicio de dureza o resistencia terminó de desaparecer a raíz de esa ansiada suplica, Sakura separó los labios, lo amaba tanto que era imposible negarle algo así ¿porque tenía que verla de aquella manera? En los ojos de Naruto había deseo, amor, pasión, añoranza. Todos los sentimientos que a ella la embargaban. La moral y anillo de matrimonio ubicado en su dedo le exigían fidelidad, respeto, le ordenaban contenerse. Su alma clamaba por él, por lo que sea que fuese a ofrecer, por no remediar en argumentos estúpidos y caer bajo su hechizo.
Estaba a un paso de encender el fuego en su cuerpo.
"Que no lo haga, que no lo haga".
Naruto relamió sus propios labios y deslizó las manos hasta la línea de su cintura.
—Onegai... Sakura-chan.
El muro cayó bajo sus pies.
Colocó la palma sobre la nuca masculina, era delicioso sentir las alborotadas hebras saliendo de entre sus dedos, puso la otra encima del pecho del Séptimo, eliminó espacio juntando sus narices, percibió la ansiedad de Naruto, el cosquilleo, la tensión que generaba el acto no consumado. Era inquietante oler su aroma, vivir la sensación de desear lo inalcanzable, tener tan cerca un objeto y morir por poseerlo. Pegó su torso al del chico inhalando profundo, los brazos del Uzumaki la recibieron abiertos, firmes, seguros, para después estrecharla como si no pretendiera soltarle jamás. Debía parar o de lo contrario perdería. Era él o el mundo, la sociedad o sus deseos.
—Aun... aún hay tiempo de parar esto. —Lo repetiría mil veces cada noche que quisiera estar en sus brazos.
—¿Parar qué? —Y entonces descubrió que la distancia entre ellos no existía, que solo el choque de ambos alientos les impedía acabar con aquella locura, o iniciarla una vez más.
El pecado estaba a un milímetro de devorarlos.
—Naruto.
La tensión finalmente estalló.
El rubio se adelantó y la besó suave, intenso, volviendo apasionado el roce cuando sostuvo sus pómulos entre las manos. Sakura creyó fallecer de tanto ardor, abrió la boca encajando sus labios, unió su cuerpo al de él con un desespero que luego afrontaría en la habitación, demostró un hambre que ni en sus sueños luciría, lo alteró tanto con sus ósculos que Naruto la elevó agarrando sus muslos, la depositó de forma brusca encima del escritorio y continuó arremetiendo contra la húmeda lengua femenina. Esa que enredaba la suya volviéndolo loco. Estaba excitado, el extenso lapso de tiempo que duró manteniendo la abstinencia comenzaba a pasar factura. Su miembro endureció.
La urgencia por tenerla le hizo olvidar el sitio que ocupaban.
El ruido de unas hojas siendo aplastadas no fue tan ardiente como los chasquidos producidos por sus besos.
No iba a hacerle el amor. No.
Naruto quería oírla gemir, que pronunciara su nombre en medio de jadeos descontrolados, provocar que se perdiera como a él le estaba sucediendo ahora.
Matarla de deseo.
Sakura gimió al sentir el rastro de saliva quemando su piel, era una situación fuera de norma, un sentimiento lejano a su dominio. Era más fuerte, más demandante, más intenso que la sensación vivida aquella noche. Pero su cordura gritaba la realidad.
Estaban bajo el techo de su oficina.
—Naruto. —Él ignoró el llamado y esparció besos ensalivados por la longitud de su cuello, desabotonándole la bata médica.
—Ya no aguanto más —dijo con voz ronca—, voy a morir si no te hago mía.
Desabrochó la copa de Hokage y la aventó al aire mientras subía su propia playera a la altura de la cabeza, con todo el pesar del mundo liberó los labios de Sakura, retiró la prenda y volvió a besarla con arrebato, entretanto la kunoichi hacía un enorme esfuerzo por evitar que la desvistiera a ella también. Era una lucha de deseos inaguantables.
La luz del cielo estrellado iluminó la espalda del Nanadaime Hokage, Haruno escondió la cara en el hombro masculino arañando su espalda, Naruto la apretó, la pegó a él con la ilusión de percibir los pechos comprimidos contra su torso.
Desquiciándolo.
—Naruto —entonó por segunda vez, el chico rubio abandonó la labor de consentir su clavícula y alzó el rostro para capturar nuevamente sus labios—. E-espera... Naruto. —repitió antes de que fuera imposible para ambos.
—Sakura-chan... —mencionó agitado, pectorales subiendo y bajando a causa de la exasperación—. ¿No podemos...?
Ella negó cabeceando.
—¿Ni siquiera un poco?
—No.
—Yo... —murmuró viéndola—, lamento mucho no controlarme, esto solo me pasa contigo. Perdón.
Sakura lo miró enternecida —Te disculpo por esta vez, pero a la próxima voy a golpearte por baka, ¿entendiste?
—Sí, dattebayo —contestó más calmado, plantó un beso en la frente de Sakura y la abrazó—. Te amo.
—Yo más, Naruto —declaró correspondiendo—, yo más.
El fuego de la pasión por fin había cesado.
[…]
El rechinar de la puerta bastó para que supiera de su llegada.
—¿Naruto-kun? —consultó dudosa.
El Séptimo saludó avanzando —Hola, Hinata-chan.
—¿Te encuentras bien? —Él lucía muy exhausto, desarreglado y sin descanso, lo cual la preocupó—. P-puedo llamar a un doctor.
—No hace falta —Porque su decaída apariencia era debido a cuestiones emocionales y no a un malestar físico, de lo contrario andaría brincando en una pata—. ¿Hiciste algo de comer?
—Sí, ¿quieres comerlo ya o lo harás d-después del baño?
El joven meditó, "en las condiciones que me dejó Sakura-chan una ducha no me caería mal", y la observó —Sí, cenaré más tarde, primero iré a quitarme tanto polvo.
—D-de acuerdo.
—En un momento salgo, dattebayo.
Hinata lo vio partir a la recamara, "siempre me pedía que nos bañáramos juntos, ¿porque desde meses para acá no?", quizás él venía agotado del trabajo o no estaba dispuesto a cumplir sus deberes de esposo, fuese cual fuese el motivo Hinata no quiso saberlo, era doloroso buscar pretextos que justificaran la falta de amor.
En el baño Naruto giró el grifo de la regadera, desnudo, contempló el aguar correr por su cuerpo moreno, estaba con los músculos tensos, dolían y la mente quería estallar. Sakura lo había detenido en un instante crucial, no cerca ni lejos, pero sí determinante. Si tan solo ella supiera todo lo que él le tenía reservado... sin duda lo golpearía.
El rubio sonrió, "de seguro me llamaría baka pervertido, o algo mucho peor", porque la fruta de sus deseos seguía esperando por ella, no por Hinata, sino por su Sakura-chan. "Ero-sennin me aplaudiría, 'ttebayo".
—A las mujeres hay que complacerlas muchacho, complacerlas muchísimo.
Un Naruto adolescente lo vio con curiosidad —Explícame, no entiendo que es eso de complacerlas, dattebayo.
Jiraiya dio tres palmaditas a la espalda del rubio —Ven mocoso, tú necesitas unas buenas clases de sexualidad —murmuró con una sonrisa burlona—. Empezaremos por lo básico, la experiencia es adquirida con el tiempo... y la práctica.
El kitsune pareció emocionado, sin conocer a ciencia cierta los datos e información lujuriosa que recibiría ese mismo día, unos 'cursos' que le enseñarían como llevar al cielo a una mujer.
El problema consistía en que solo deseaba conducir a una hasta allá, "seguiré insistiendo para que estemos juntos, ya lo verás Sakura-chan".
[…]
Hinata por lo regular siempre usaba una bata de seda color lila para dormir, ligerita, fresca, de modo que el calor o frío no la despertase en plena madrugada o medianoche. Con la prenda puesta entró a la cama, jaló la sabana cubriendo sus pies y juntó ambas manos en el pecho aguardando por él. No dormía hasta que Naruto la acompañara. El rubio salió del baño con una toalla colgando del cuello, pantalón de pijama y torso desnudo, a ella le enrojeció la cara en cuanto lo vio. Era asombroso que Naruto siguiera teniendo tan buen físico después de abandonar por su nuevo cargo las misiones.
El joven la miró —¿Apago las luces, Hinata-chan?
—Sí, Naruto-kun.
—Está bien, dattebayo —respondió levantando el brazo, presionó el interruptor eléctrico, la recamara cayó en penumbras y él caminó a su lugar del colchón—. Buenas noches Hinata-chan.
La chica esperó a que su esposo estuviese acostado para abrazarlo desde un cómodo ángulo lateral, colocó su cabeza en el hombro masculino y puso la mano sobre el fornido pecho. Naruto la dejó hacer.
—¿Naruto-kun? —preguntó dudosa, quería saber si ya estaba rendido.
—¿Mmm? —dijo alzando el rostro, ella lo observó a los ojos.
Se ruborizó —Yo... e-este... —tartamudeó indecisa—. ¿T-te sientes bien?
Naruto arqueó las cejas, ¿porque ese cuestionamiento tan repentino? Ingenuo como de costumbre, afirmó cabeceando mientras la veía.
—Oh, bueno.
Hinata cortó distancia y lo besó, tocó su mejilla con cariño, mantuvo a penas una leve presión. El rubio le agarró de la nuca y profundizó entreabriendo los labios, los carnosos de Hinata supieron sincronizar su mismo ritmo, Naruto no aceleró el movimiento, correspondió besándola lento.
Luego de unos segundos paró.
—Estoy cansado, lo lamento.
Ella contuvo las lágrimas —Naruto-kun...
—Otro día, Hinata-chan —musitó volteando, le dio la espalda y cerró los ojos, atacado por los remordimientos. En ningún momento quiso malinterpretar las cosas, sí, había respondido al ósculo con entusiasmo, incluso mostró una mínima parte de su intensidad, pero solo lo hizo porque el día anterior prometió ser más comprensivo y regalarle algo de lo que como esposo debía dar. Nada más. No podía tener sexo con Hinata debido a los pensamientos con Sakura, no lograba hacerle el amor porque no la amaba, todo era emocional, de sentimientos, no de hormonas. Apretó los dientes frustrado, "no quiero traicionar a Sakura-chan, no puedo"—. Buenas noches.
Hinata lo imitó respecto a la posición y tapó su rostro con las palmas, se sentía una estúpida, una patética mujer que no conseguía despertar la pasión de su esposo, una tonta.
No lloraría.
No.
¡No!
Mantendría la firmeza, el buen autoestima, la esperanza. No iba a caer.
Por el bienestar de su matrimonio Hinata seguiría de pie.
