N/A: Uy, me he matado escribiendo este capítulo, espero que les guste. Esta es la conversación de Bilbo con Thranduil y muchas partes estás copiadas literalmente o parafraseadas del libro, para no apartarme mucho de los hechos.
:)
"Kili." El hobbit saludó a su amigo cordialmente y le extendió un plato de agua cocinada con diferentes ingredientes irreconocibles, es decir, la cena.
El enano hizo una mueca. "Ya va siendo hora de que comamos algo bueno por aquí."
"Bombur hace lo que puede, pero no puedes esperar mucho aquí... Es una suerte que tengamos comida en absoluto. Lo otro sería morirnos de hambre."
Kili entendía su punto, pero eso no hacía la comida más apetecible. Suspiró y tomó el plato que Bilbo le ofrecía. Solamente mirar el contenido lo hacía querer vomitar. "¿Comes conmigo?" Preguntó.
El hobbit miró de un lado al otro. Todos los demás miembros de la Compañía parecían estar bien, ya tenía cada uno su plato en la mano y conversaban de manera alegre frente al fuego; todos a excepción de Thorin -quien seguramente estaría en algún lugar alejado refunfuñando sobre cualquiera fuera el motivo de ese día para refunfuñar- y Kili, quien había sido asignado la guardia de esa día. Nadie parecía requerir su asistencia.
"Supongo que no puede doler." Respondió. Cerca de ellos había un tronco caído lo suficientemente espacioso para que ambos pudieran sentarse, y así hicieron.
La noche era cálida, señal de que el invierno aún estaba lejos. No estaban seguros de qué hora era, pero a juzgar por las estrellas no era muy tarde. Por un momento nadie dijo nada. Bilbo comía con resignación su sopa mientras Kili meramente la observaba. Finalmente el enano rompió el silencio.
"Dime... ¿Cómo es?"
El hobbit lo miró sin entender. "¿Cómo es qué?"
"La Comarca." Kili aclaró. "¿Cómo es vivir ahí?"
A pesar del horrible sabor en su boca, el rostro de Bilbo se iluminó de pronto a la mención de su hogar. "No tienes idea, Kili. Podría contarte historias e historias... Podría describirla por horas... Y apenas llegaría a raspar la superficie." Sonrió con añoranza, perdido en alguna memoria.
"Bueno, tengo tiempo." El enano sonrió y estiró las piernas. "Tengo la guardia hasta el amanecer y aun falta bastante. Puedo escucharte."
Bilbo no sabía por dónde empezar. Nadie le había hecho una pregunta así hasta ahora... La mayor parte de la Compañía simplemente lo ignoraba, en especial Thorin, quien parecía pensar que el hobbit no era más que una desventaja en el grupo. Inhaló. "¿Sabes la historia de por qué mi padre construyó Bolsón Cerrado?"
Bilbo habló toda la noche, y Kili lo observaba fascinado... Sus rizos cobrizos eran iluminados por la fogata, dotándolos de tintes naranjas y dorados. Mientras conversaba gesticulaba ampliamente, sin dejar de sonreír una sola vez. Sin embargo, lo que más fascinaba a Kili era su mirada... Sus ojos color caramelo centelleaban con cada palabra. Bilbo hablaba con pasión, con entrega; con un fervor que el enano no había visto antes, al menos no desde que decidió unirse a la misión, corriendo atrás de las ponis y agitando el contrato en el aire. ¿Qué lo habría hecho dejar un lugar así de encantador para ir comer sopa sentado en un tronco, a la intemperie y en compañía de un enano? Kili no lo comprendía, pero pensó que si pudiera escoger un lugar para vivir... posiblemente escogería la Comarca.
"¿Bilbo?"
El hobbit se había quedado profundamente dormido a mitad de su discurso. Kili pensó despertarlo, decirle que fuera a su tendido y se arropara, que ya era tarde. Estaba a punto de hacer justo eso cuando el hobbit se reclinó contra su pecho y dejó que su cabeza reposara en el hombro ajeno. Kili lo miró, sin saber muy bien qué hacer. Bilbo hacía ruiditos contentos en su sueño y ciertamente no parecía muy apropiado despertarlo; no ahora que lucía tan cómodo... Kili miró de un lado a otro. La fogata estaba casi extinta, y todos sus compañeros parecían dormir... Seguro a nadie le molestaría si... Con cuidado de no moverse mucho, el príncipe agarró una manta que tenía cerca, la extendió y cubrió al hobbit con ella. Aun dormido, Bilbo pareció agradecido por este gesto y se acurrucó como un niño su pecho, seguramente buscando calor. Kili bajó su brazo, y con algo de inseguridad rodeó la cintura del hobbit, atrayéndolo un poco más cerca, sólo por seguridad.
El enano suspiró, pensando que al menos el hobbit sí podría dormir esa noche; él aun tenía que montar guardia.
Y mientras Bilbo dormía plácidamente en su hombro y Kili lo rodeaba con sus brazos, el enano no comprendió cual era el origen de aquella sensación de vértigo que tenía, o del pequeño aleteo en su estómago. Lo único que entendió esa noche era que protegería a Bilbo, costara lo que costara, si eso significaba que podría volver a su amado Bolsón Cerrado. Y cuando lo hiciera... tal vez Kili iría con él.
Tal vez.
/-/-/
En la distancia, el horizonte era gris. Bilbo había llegado más rápido de la esperado gracias a Kili y a su pasadizo secreto. Eso era bueno: les daría más tiempo para negociar.
Varios de los elfos empezaron a hablar al mismo tiempo:
"¿Quién eres?"
"¿Eres el hobbit de los enanos?"
"¿Qué haces aquí?"
"¿Cómo pasaste a todos nuestros centinelas?"
Pregunta una tras otra.
Bilbo sabía que era ahora o nunca, aunque aún podía arrepentirse, supuso. Podría ponerse su anillo y correr en la dirección contraria, lejos de los elfos y de vuelta al pasaje. Con suerte, nadie habría notado su ausencia en Erebor y podría llegar como si nada... Pero no. Por una parte no podía dejar a Kili a su suerte: los elfos podría cogerlo como prisionero... Después de todo era un príncipe y uno de los herederos al trono. Negociar su libertad podría serles muy conveniente. Sin embargo dudaba que Thorin aceptase el trato. La fiebre del oro lo consumía, y en el peor de los casos, siempre quedaba Fili. Si la situación se diera, Bilbo casi podía asegurar que Thorin no antepondría la vida de su sobrino a sus riquezas. El hobbit no era estúpido y no iba a arriesgar así a su amigo quien siempre lo había tratado con bondad, más bondad de la que una amistad requería. Además, lo primordial era evitar una guerra.
Incluso si Bilbo anduviera solo, no podría dar la vuelta ahora. Todos los amigos que había hecho -Thorin y compañía- necesitaban de una cabeza pensante que los sacara del embrollo en que su rey los había metido. El invierno llegaría pronto y necesitarían conseguir comida... y que resulta que la única fuente de alimentos provenía del pueblo a quienes se negaban a ayudar. Laketown se negaría a comerciar con ellos. Thorin podría tener todo el oro que quisiera en Erebor, pero no soportaría el invierno comiendo sólo monedas. Si los enanos en verdad pensaban reconstruir Erebor y devolverle su gloria de antaño, iban a necesitar relaciones políticas favorables; incluso Bilbo, un simple hobbit de la Comarca, entendía esto. Una guerra por riquezas le parecía sencillamente innecesaria y no deseaba ser el responsable de una masacre. Si en este momento decidía retirarse, toda la sangre a derramar sería culpa suya... porque lo pudo haber evitado y no lo hizo.
No. Eso no pasaría.
Se arregló la ropa -como todo buen político- y empezó a hablar. "Soy el señor Bilbo Baggins, uno de los acompañantes de Thorin, si desean saber." Hizo una pausa, pensando cuales serían sus palabras... Necesitaba tener tacto en este asunto. A su lado, el príncipe de cabellos negros permanecía solemnemente en silencio. Bien. Eso le daba un poco de tranquilidad a Bilbo: mientras menos se involucrara mejor para su seguridad. "Conozco muy bien a su rey, de vista, aunque tal vez él no me conozca a mí lo suficiente como para echarme una segunda mirada. Sin embargo Bardo me reconocerá, y es precisamente a Bardo a quien deseo ver." El hobbit lanzó una mirada al hombre, quien efectivamente lo reconocía.
No sabía muy bien por qué había dicho esto... Thranduil era con quien deseaba hablar, pero supuso que sería mejor utilizar un intermediario, alguien que le asegurara poder hablar con el rey de los elfos y conociera sus intenciones. Sí, Bardo parecía la opción más segura.
"¿Y con qué propósito?" preguntó el elfo que parecía estar a cargo.
"Ha sido suficiente." Bardo se adelantó unos pasos. "Conozco al señor Baggins, hobbit de Erebor -como algunos lo suelen llamar-, y atenderé mis asuntos con él ahora. Ya pueden retirarse."
No muy convencidos, el grupo de elfos empezó a dispersarse, todos excepto uno, que tomó a Kili del hombro. "¿Y este? ¿No es acaso uno de los príncipes enanos?" Kili abrió los ojos grandes como platos. "¿Qué hacemos con él?"
Bilbo saltó a su defensa. "Su nombre es Kili. Y es mi acompañante. Cualquier ofensa que pueda sufrir será tomada como un máximo insulto a Erebor." El hobbit entrecerró los ojos. "No queremos eso."
El elfo retrocedió unos pasos, intimidado, pero no lo suficiente para soltar al príncipe. Miró a Bardo en busca de indicaciones.
"Suéltalo."
"Sí, señor." Tras el comando del hombre el elfo hizo lo debido y se retiró, sin poder creer que un hobbit de la mitad de su estatura lo hubiera amedrentado.
"Bilbo. No pensé volverte a ver de este lado, amigo."
"Es bueno ver que estos conflictos aun no te han puesto en mi contra, Bardo."
El hombre inclinó la cabeza. "Sirvo a mi pueblo, pero eso no quiere decir que quiera la destrucción de otros. No soy un hombre de guerra y preferiría que eso continara asi."
"Es una suerte, entonces, que yo tal vez pueda cumplir ese deseo."
El hombre lo miró y arqueó una ceja. "¿Qué traes en mente, hobbit?"
"Quiero... negociar. Con Thranduil. En un lugar más... privado." Bilbo no se sentía realmente seguro hablando alrededor de todos esos elfos, la mayoría de los cuales no hacían más que echarle malas miradas y murmurar entre ellos.
Bardo asintió severamente. "Vengan conmigo."
Y fue así como en pocos minutos Kili y Bilbo se encontraban en el interior de una carpa, sentados frente a Bardo y Thranduil en persona. Ambos sujetos lo miraban con curiosidad. Un hobbit en armadura era algo nuevo para ellos.
"Así que, Bilbo Baggins..." El rey de los elfos comenzó. "¿Qué te trae a las líneas enemigas?"
El hobbit hizo una mueca. No le gustaba pensarlo de ese modo... Habría quienes dirían que lo que hacía era una traición, pero debía hacer lo que consideraba mejor. Abrió la boca, la volvió a cerrar. Metió su mano en el bolsillo, apretó la Piedra del Arca. "Yo... Uhm." Su mirada se dirigió al príncipe enano sentado al lado de él. "Kili, ¿podrías esperar afuera? Necesito hacer esto a solas."
"Bilbo..." Kili lo miró con evidente preocupación. "Prefiero quedarme así, si no te molesta."
La Piedra en su mano parecía quemarlo desde adentro. "Lo sé. Pero prefiero que las cosas sean así. No temas por mí, apenas esto termine serás el primero en saber si tuve éxito o no."
Kili asintió levemente. Sabía que cuando a Bilbo se le metía algo en la cabeza no había quien lo pudiera hacer cambiar de parecer, además, parecía bastante seguro de lo que estaba haciendo. "Te espero afuera." Dijo al fin, levantándose y dándole un pequeño apretón en el hombro. "Te espero."
Solo una vez el príncipe se hubo retirado, Bilbo pudo respirar. Aun no era tiempo para que Kili supiera. Jugueteó con sus dedos sobre la mesa; el rey aun esperaba su respuesta. Inhaló, y empezó a hablar. Después de un rato dándole vueltas a lo mismo y a lo mismo, Thranduil se empezaba a impacientar. Parecía que Bilbo no estaba llegando a ninguna parte, aunque intentaba usar su voz más diplomática. "Personalmente estoy cansado de todo esto. Desearía estar de vuelta en mi propia casa, donde sus habitantes son más razonables; pero tengo cierto interés en este asunto... en especial lo relacionado a una catorceava parte de ganancia. Una parte del tesoro me corresponde, si deben saber. Estoy plenamente consciente de ello." Su discurso iba en círculos. Se aclaró la garganta y decidió que lo mejor sería ir directamente al punto. "Personalmente, estoy más que dispuesto a considerar todos sus pedidos con cuidado, ya que no me parecen nada sino justos. Si fuera por mí recibirían ahora mismo el monto que desean. Sin embargo ustedes no conocen a Thorin Escudo de Roble tan bien como yo. Les aseguro que él estará más que feliz sentándose en una pila de oro hasta morir de inanición antes que compartir su riqueza."
"¡Pues que sea así!" Clamó Bardo. "Un necio merece tal muerte."
"Ciertamente." Respondió Bilbo, sintiendo que esta conversación no estaba yendo como el deseaba. "Entiendo tu punto, pero debes considerar que el invierno se aproxima. Antes de mucho estaremos rodeados de nieve y será difícil conseguir alimentos, incluso para los elfos. También habrán otras dificultades. ¿No han oído de Dain y de los enanos de las Colinas de Hierro acercándose?"
"Lo sabemos." Contestó el rey. "¿Pero qué tiene que ver eso con nosotros?"
"Pensé que diría eso. Pues verán, tengo cierta información que ustedes no. Dain, déjenme decirles, está a menos de dos días de aquí y viene con más de quinientos enanos, todos los cuales tienen amplia experiencia en guerras. Cuando lleguen, puede haber serios problemas."
El rostro de Bardo se oscureció. "¿Por qué nos dices esto? ¿Estás traicionando a tus amigos o nos estás amenazando?"
"¡Ninguno!" Bilbo sintió una punzada en su pecho. "Tengo amigos tanto en Erebor como en Laketown. Incluso he hecho algunos amigos elfos. Lo único que deseo es poder llegar a un acuerdo. Por tanto... les voy a proponer una oferta."
"Te escuchamos."
"¿Han escuchado de la Piedra del Arca?" Antes de que hombre o elfo pudieran responder, Bilbo continuó. "Pertenecía a Thrain. No es otra cosa sino el corazón de la Montaña... y el corazón de Thorin también. Lo desea más de lo que desearía un río de oro..." Con una mano temblorosa, casi reticente, Bilbo sacó de su bolsillo el tesoro escondido, y lo colocó sobre la mesa. Tragó saliva. "Y yo se las doy. Los va a ayudar a... chantajearlo."
La visión de la Piedra era algo que quitaba el aliento. Incluso el rey elfo, acostumbrado a las más preciosas gemas, se puso de pie para admirarla, hechizado por su belleza. Parecía hecha de luz de luna. La tomó en su manos, como si temiera que fuera un sueño del cual pudiera despertar.
Bardo, un poco más perspicaz y con los pies en la Tierra preguntó. "¿Cómo ha llegado a tus manos y cómo es que la puedes dar?"
"Oh, bueno, ¡Vaya pregunta!" Bilbo se movió de manera incómoda en su asiento. Bilbo la había robado, y ni siquiera estaba seguro por qué. Tal vez lo hizo porque temía la reacción que causaría en Thorin si la tuviera... No lo sabía. Pero no era momento para ponerse filosófico ni hablar de sus remordimientos. "Entenderán que soy un saqueador, pero uno honesto." Esperó que aquello respuesta fuera suficiente para darse a entender. "Ahora regresaré a la montaña, dispuesto a enfrentar lo que ahí me aguarde. Sólo espero que le den un buen uso a la Piedra."
"Bilbo Baggins" El rey lo miró. "Eres más digno de esas armaduras que cualquier elfo en mi ejército podría ser; pero me pregunto si Thorin Escudo de Roble lo verá así. Te aconsejo que te quedes con nosotros. Serás bienvenido y tendrás nuestros honores."
Bilbo lo pensó. Ya había hecho lo que correspondía, ¿verdad? Con la Piedra en manos de Thranduil se podría asegurar negociaciones exitosas... Realmente, Bilbo ya no tenía nada que hacer ahí. Su parte del trato había sido cumplida, ¿no era así? Tal vez no de la forma en que a su rey le hubiera gustado, pero cumplida de todas formas. Siintió un tirón en su pecho. No. Había algo, algo que le impedía simplemente irse. "Lo consideraré. Hablaré con mi acompañante y les traeré una respuesta."
El rey inclinó su cabeza. "Que así sea."
/-/-/
Afuera, Kili paseaba impacientemente. Ya había pasado suficiente tiempo para que Bilbo pudiera discutir cualquier asunto que pensara discutir, mas el hobbit aún no salía. De pronto se maldijo por lo bajo. ¿Por qué no había pensado en hacerle más preguntas antes de ofrecerse a ayudarlo ciegamente? Ahora que lo pensaba, no tenia idea de cual era el plan de Bilbo, excepto que involucraba hablar con Thranduil e irse de Erebor en medio de la noche. Se mordió el labio inferior. Preocupado, echó un vistazo a la carpa. ¿Qué estaría sucediendo ahí? ¿Y si Bilbo necesitaba su ayuda? ¿Y si lo habían tomado prisionero? ¿Y si lo estaban torturando? Un montón de ideas descabelladas cruzaban por la mente del enano. La espera lo estaba matando.
Sobre él, el sol ya brillaba en lo alto, señal de que la noche había quedado atrás hace mucho, y sus pensamientos divagaron hacia lo que estaría ocurriendo en la Montaña. Seguramente ya habrían notado su ausencia y los estarían buscando... Thorin sería el primero en poner el grito en el cielo. Dios. ¿Por qué era que Kili nunca pensaba bien este tipo de cosas? Meditó en lo que harían una vez estuvieran libres para irse. ¿Podrían regresar? ¿Qué dirían? Algo le decían que no serían bien recibidos...
Pateó una roca y llevó su mano al bolsillo. La declaración de intenciones continuaba ahí, cuidadosamente doblada. Pensó que si Bilbo aceptaba podrían...irse juntos, a otro lugar. La visión de Bolsón Cerrado invadió su mente, y recordó que alguna vez, cuando el viaje recién había comenzado, se había planteado seriamente la posibilidad de vivir allí una vez todo acabara, y parecía que pronto acabaría. Pero... ¿Y si Bilbo decía que no? Kili no quería ni considerar esa opción. Había pasado demasiado tiempo enamorado de ese hobbit como para imaginar su rechazo... Pero una una posibilidad. A decir verdad, en ese momento todo eran posibilidades.
Entonces Bilbo salió de la carpa.
"¡Bilbo!" Kili corrió a su encuentro, cerciorándose de su estado físico. El hobbit no parecía lastimado, y eso ya era algo. "Bilbo, ¿estás bien?"
"Lo estoy." Respondió con una sonrisa un tanto inquieta. "Todo salió de maravilla, sin embargo hay algo de lo que deseo hablar contigo."
El enano lo miró en silencio, esperando que prosiga.
"Hablé con Thranduil y Bardo. Las... negociaciones fueron bien, he cumplido con mi parte. Pensaba regresar a la Montaña pero el rey me ha ofrecido quedarme aquí. Teme que Thorin no entienda mis acciones y las malinterprete. Si he de ser sincero me temo lo mismo, pero deseaba escuchar tu opinión al respecto, ya que tú también eres parte de esto."
Kili no necesitó pensarlo demasiado. "Quedémonos." El enano se adelantó unos pasos y tomó las manos del hobbit en las suyas. "Bilbo, tú... has hecho tanto. Mucho más de lo que decía el contrato, mucho más de lo que esperábamos de ti. Has demostrado tu valor -y tu valía- en demasiadas ocasiones. De no ser por ti... no estaríamos aquí, nunca habríamos reclamado la Montaña. Tuviste oportunidades de irte, pero nunca lo hiciste. Incluso ahora cuando el futuro se ve más oscuro, has buscado la forma de ayudarnos. Tú, Bilbo, no nos debes nada, pero nosotros te debemos todo. Creo que es hora de que tomes un descanso." Hizo una pausa. "Ya no tienes que hacer más."
"Oh, Kili..." Bilbo sintió que podría llorar. Con los ojos enrojecidos rodeó los hombros de su amigo, atrayéndolo con un fuerte abrazo. El príncipe siempre había sido su soporte emocional y su mejor amigo, la persona en quien podía confiar y a quien acudía cuando sentía que no podía más. A lo largo de la travesía había desarrollado un vínculo muy especial con él, y le alegraba que en estos momentos estuviera a su lado. Se despegó de él para mirarlo y sonreír de manera amplia. "En verdad eres mi mejor amigo."
Amigo.
"Iré a comunicarle de nuestra decisión a Thranduil. Seguro estará complacido de saber que nos quedamos." El hobbit se dirigió de vuelta a la carpa, sin notar en ningún momento que Kili ya no le devolvía la sonrisa y que una lágrima silenciosa rodaba por su mejilla.
Y aquí estamos :D Gracias por leer este capítulo y espero que no estén llorando junto con Kili :C Pobrecito, sólo me dan ganas de abrazarlo u.u
Como dije, espero que aquí hayan DOS enanos compitiendo por Bilbo... pronto entrará Thorin en acción, muajaja (?)
Como curiosidad, ¿les agrada el título de esta fic o debería cambiarlo?
Dejen su review (POR FAVOR) y hasta la próxima :)
