Encontrar un taxi en aquella terminal no era una tarea fácil y tras más de media hora de intensa búsqueda, finalmente Kageyama encontró uno disponible que le llevase hasta su casa. Hacía años que no volvía por allí y lo que menos le apetecía era tener que limpiarla de polvo, suciedad y años deshabitada, pero no le quedaba más remedio. Había vuelto a Japón con intención de quedarse.
Kageyama vivía en el prestigioso y concurrido barrio de Shinyuku, frente al gran parque nacional de Shinyuku. Ya de niño le gustaba ir a ese parque a practicar voleibol pero aquel día, cuando volvió a tenerlo frente a él una vez el taxi se detuvo, se dio cuenta de lo importante que era en realidad para él, de cuánto lo había echado de menos y no sólo eso… echaba de menos a todos sus compañeros de Karasuno.
- ¿Vuelve a casa? – preguntó el taxista con una leve sonrisa.
- Sí.
- Espero que tenga un buen recibimiento.
- No lo espero – dijo Kageyama resignado – dejé demasiadas cosas atrás al marcharme. No esperaba volver.
- Seguro que en el fondo se alegrarán de volver a verle.
Puede que aquel hombre tratase de animarle al haberle visto tan serio durante el camino, sin embargo, Kageyama sólo podía pensar en una persona, a la que más daño hizo con su marcha… Hinata Shoushou. ¿Cuántas veces le rogó aquel chico que se pensase de nuevo el irse a un equipo profesional? Demasiadas. Le insistió una y otra vez, le prometió y le juró que él le llevaría a la cima, que eran un equipo, pero aun así… se marchó. No esperaba que Hinata fuera a recibirle con los brazos abiertos, de hecho, ni siquiera sabía nada de él pese a que seguía las noticias sobre Karasuno. Era como si ese chico enérgico se hubiera evaporado en el aire, había simplemente desaparecido. Eso le hacía preguntarse si seguiría en el equipo o si dejó el deporte que amaba. Pronto lo descubriría porque mañana tenía que ir a entrenar.
Kageyama bajó del taxi y esperó hasta que el conductor sacó su equipaje del maletero. Resopló una vez tuvo las maletas consigo a medida que observaba la fachada luminosa de su edificio. La ajetreada calle donde vivía en Estados Unidos no podía compararse a la de Tokio. Aquí había mucho más movimiento, las pancartas luminosas le obligarían a cerrar a cal y canto sus persianas, pero aun así, le gustaba estar allí. Por fin se sentía en casa.
Subió en el ascensor y por suerte para él, ningún vecino parecía estar merodeando por los pasillos a esas horas. Seguramente estarían durmiendo ya. Había oscurecido con rapidez dando paso a la noche. Aquello le hizo resoplar pero lo hizo con mayor intensidad al abrir la puerta y descubrir el polvo acumulado en aquellos años. No le apetecía limpiar pero no podía irse a la cama con esa cantidad de suciedad.
Dejó caer las bolsas al suelo y cerró la puerta tras él empezando a buscar algo para ordenar aquel desastre. No fue hasta prácticamente las tres de la madrugada cuando por fin podía irse a dormir con la conciencia tranquila pese a no haber deshecho todavía las maletas.
A la mañana siguiente, al despertarse, se dio cuenta de que llegaba tarde a su primer entrenamiento con su antiguo equipo y pese a que nadie le esperaba, él no se permitía jamás el lujo de llegar tarde a los sitios. Además de eso, en cierta manera, tenía ganas de volver a ver a todos y quizá… de volver a ver a Hinata. Se apresuró en cambiarse al uniforme negro y naranja que seguía utilizando Karasuno y salió corriendo de su apartamento. Al llegar al hall, se detuvo un segundo observándose en el gran espejo del recibidor. Era raro volver a llevar ese número nueve a su espalda, era raro ver esos colores de nuevo en él pero le recordaban tanto a un alegre pasado, que le daba igual, se sentía cómodo con ello, más que con su antiguo uniforme de Estados Unidos.
El rostro se le iluminó al ver frente a él el pabellón de voleibol pese a que era extraño sentirlo tan silencioso. Normalmente estaba mucho más animado. Pensó por un momento que el entrenamiento había finalizado o que se había equivocado de día, pero al llegar a la puerta, vio con asombro que no era así, allí estaban todos aunque ninguno estaba practicando, de hecho, sus ojos se fijaron en Hinata, quien mantenía alguna conversación con el resto del equipo.
- Vamos, Hinata, piénsalo mejor, estamos a mitad de temporada – le decía Daichi.
- Es mejor así – intentaba convencerle Hinata sobre algo.
Kageyama al ver aquel tenso ambiente, decidió entrar y comprobar qué era lo que realmente ocurría en su nuevo equipo, pero todos se fijaron en él al instante. Todos abrieron los ojos ante la sorpresa de verle allí y luego, sonrieron acercándose a él con rapidez, todos… menos Hinata, que agachó la cabeza y caminó en dirección contraria saliendo del pabellón.
Todos retenían a Kageyama con sus preguntas y movidos por la duda de por qué decidía volver ahora a ese antiguo equipo que le había propulsado a la fama, sin embargo, al ver cómo Kageyama observaba la puerta por donde se había ido Hinata, todos cesaron sus gritos y sus monólogos para observar la misma puerta.
- No te ha perdonado – le dijo Daichi.
- Me imagino. No debí irme como lo hice.
- Te lanzamos a la fama, Kageyama. No tienes que disculparte, eras bueno y te querían más arriba de lo que nosotros podríamos llegar. Nos sentimos muy orgullosos de que llegases tan lejos y aquellos observadores se fijasen en ti estando en nuestro equipo.
- Pero ha costado muy caro esa fama – dijo Kageyama sin apartar la mirada de la puerta – Hinata no me perdonará jamás.
- No lo ha pasado nada bien estos últimos cuatro años, pero sé que en el fondo se siente feliz de que triunfases en la vida – comentó esta vez Nishinoya – sin embargo, él…
- ¿Qué le ha pasado en este tiempo? – preguntó Kageyama frustrado y algo decepcionado - ¿Por qué no ha vuelto a salir en las noticias cuando jugáis?
- Verás… es que él… apenas está jugando. Desde que te marchaste ya no ha sido el mismo que solía ser.
- Es imposible, él debería estar jugando, era bueno. ¿Por qué ya no juega?
- Es mi culpa – se escuchó a Suga a la espalda – debería haber conseguido sacar todo su potencial como su armador, pero lo único que logré es que parasen todos sus remates. Tú eras el mejor armador, Kageyama, eras el que le daba alas a ese chico para volar, ahora ya no puede hacerlo. Ha perdido la ilusión y el entusiasmo por este deporte. Se ha rendido y en su casa las cosas no van mucho mejor, ese… - endureció la mirada – maldita sea… lo estamos perdiendo y su fuerza se desvanece cada vez más, ya no queda nada de ese chico hiperactivo y luchador, su autoestima está cayendo…
- Cállate, Suga – ordenó Daichi que se llevó una mirada de sorpresa por parte de Kageyama.
- ¿Qué está ocurriendo con él? – preguntó ahora preocupado.
- Ya lo descubrirás – dijo Daichi – ahora todos a entrenar.
- Pero… Hinata sigue fuera – dijo Kageyama.
- Da igual. No querrá entrenar de todas formas. Ha venido solamente a decirnos que abandona el equipo.
- ¿Qué? ¿Y lo vais a permitir así sin más? – casi gritó.
- Aquí no obligamos a nadie a quedarse, no lo hicimos contigo y no lo haremos con él. Ha tomado su decisión y si decide volver, le esperaremos con los brazos abiertos, pero por ahora… no podemos hacer nada más que esperar.
- Entonces yo le convenceré – dijo Kageyama soltando su bolsa de deporte y caminando hacia la puerta por donde Hinata había desaparecido.
Pese a que Suga y Nishinoya estaban en medio, Daichi les ordenó que se movieran y le dejasen pasar. Sabía perfectamente que nada ni nadie impediría a Tobio Kageyama acercarse hasta Hinata para hablar con él. Necesitaba ver por sí mismo al nuevo Hinata y todos sabían que no le gustaría lo que iba a ver.
Kageyama caminó hacia la salida. Miró a varios lados del recinto hasta que apareció aquel columpio moviéndose levemente. Hinata estaba sentado en él, columpiándose con suavidad como si pensase en algo.
- ¿Hinata? – preguntó Kageyama acercándose a él.
- Así que has decidido volver – susurró Hinata – seguro que serás de gran ayuda al equipo.
- Me han dicho que quieres dejar el equipo.
- Parece que los rumores corren rápido – susurró Hinata.
- Quiero jugar contigo de nuevo – confesó Kageyama – tú y yo juntos podemos hacer grandes cosas.
- ¿Grandes cosas? – preguntó sonriendo Hinata – soy un tapón al que le paran todos los remates. Soy ese enano al que dejaste tirado cuando te salió una mejor oferta y sinceramente… puede que tú disfrutes con el juego, pero ya no es para mí. Estoy cansado de todo esto.
- Yo… - empezó a hablar Kageyama intentando disculparse. Sabía que tenía que hacerlo, que Hinata necesitaba escucharlo pero… eran unas palabras demasiado difícil de decir – no puedes abandonar ahora, Hinata, no puedes hacerlo a mitad de temporada.
- ¿Qué quieres de mí, Kageyama? – preguntó Hinata.
- Quiero que juegues conmigo una vez más.
- Jugar… - susurró Hinata agachando su cabeza hasta sus manos entrelazadas – voy a dejar el equipo.
- ¿Es que te has vuelto un gallina? – preguntó Kageyama al ver cómo Hinata se levantaba del columpio para irse – este Hinata que está frente a mí no es el Hinata que yo conocí, él jamás habría renunciado a su sueño.
- ¿Mi sueño? – se rió Hinata – mi sueño era convertirme en la estrella del equipo, era poder rematar como lo hacía el número diez de Karasuno en la antigüedad, pero tú me convertiste en la carnada y cuando te marchaste… lo único que quedó de mí fue esto. No te preocupaste de lo que ocurriría a tu marcha.
- Creí que estaríais bien y era una oportunidad para mí. Creí que lo entenderías.
- Y lo entiendo, pero no sé qué haces aquí entonces. Vuelve con tu equipo, vuelve a Estados Unidos y continúa jugando sin nosotros. Parece que te iba muy bien.
- No tengo rematadores como tú. Quiero que vuelvas.
- Volveré, pero no como rematador – le dijo muy serio - jugaré pero sólo hasta que acabe la temporada con tal de que dejes de llamarme gallina.
- Con eso me basta. Volveremos a ser un equipo, recuperaré tu confianza aunque me lleve toda la vida.
- Sólo tienes media temporada y no volveremos a ser un equipo. Hace mucho que dejé de ser rematador.
- ¿Estas de broma? Eres el mejor rematador que conozco.
- No soy nada – dijo Hinata – sólo soy un estorbo en el equipo, así que déjalo ya. Tú y yo no vamos a hacer equipo nunca más.
Hinata se giró para volver hacia el pabellón. Debía dar su respuesta de que esperaría hasta el final de la temporada, pero luego, se retiraría definitivamente de aquel deporte al que tanto había amado. Kageyama le observó marcharse, observando también cómo todos los compañeros se escondían tras haber estado atentos a la conversación de ambos. Desde luego no era el reencuentro que esperaba con Hinata y lo lamentaba. Haberse marchado de aquella forma debió ser doloroso para ese chico al que todos consideraban de primaria por su estatura.
Al entrar por el pabellón nuevamente, Kageyama se fijó en la forma en que Hinata se había detenido y miraba a un hombre de cabello oscuro y elegante chaqueta americana. Era un hombre atractivo pese a la edad que debía tener. Debía rondar los treinta años, pero aun así, se le veía en plena forma.
- ¿Quién es? – preguntó Kageyama, pero Hinata pasó de él acercándose hacia el hombre.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó bajando la voz algo confundido.
- He venido a recogerte. ¿Ya has renunciado? – preguntó con una leve sonrisa que se le fue en cuanto observó a Kageyama allí a escasos metros de él.
Suga frunció el ceño y quiso acercarse al hombre para decirle cuatro cosas, pero Daichi le detuvo cogiéndole de la muñeca e impidiéndole ir. Aquel gesto no pasó desapercibido para un Kageyama que nunca antes había visto a Suga perder la compostura.
- ¿Quién es? – volvió a preguntar esta vez en susurro hacia Suga.
- Él es el motivo por el que Hinata quiere renunciar a su sueño – dijo sin más.
- Me quedo hasta el final de temporada – dijo Hinata – no quiero ser el gallina que dejó las cosas a medias – aclaró a su esposo.
Su esposo miró entonces hacia Kageyama y pese al odio que sentía hacia aquel joven, intentó camuflarlo sacando su mejor sonrisa y pasando de Hinata, se dirigió hacia Kageyama para ofrecerle la mano en forma de saludo. Kageyama simplemente le observó y ni siquiera hizo el amago de levantar su mano para estrecharla. Quizá era descortés o maleducado, pero si ese hombre era el que había destrozado la voluntad de Hinata, entonces simplemente… era su enemigo.
- Me llamo Azumi Yuka – dijo sin más, pero Kageyama endureció la mirada antes de estrechar su mano con fuerza, más amenazándole que saludándole.
- Soy Kageyama Tobio – apretó aún más la mano y le acercó hacia su rostro para poder susurrarle al oído – y si vuelves a intentar apartar a Hinata del voleibol, entonces tienes un problema conmigo.
Azumi sonrió. Había escuchado muchos rumores sobre el "Rey". Antipático, con un gran orgullo y una fuerza de voluntad descomunal. Muchas personas eran las que no soportaban a ese chico pero a él, simplemente le daba risa, porque iba a arrebatarle a Hinata frente a sus narices sin que pudiera hacer nada.
- Olvídate de Hinata – sonrió Azumi susurrando también – él hará todo lo que yo le pida. Tú fuiste quien más daño le hizo, ya no confía en ti, "Rey" – escupió aquella palabra intentando enfurecer a un Kageyama que apretó con mayor fuerza la mano y endureció aún más la mirada.
