Disclaimer: Nada de lo que puedan reconocer es mío, todos es de la Gran JK (Amén). Esto está hecho sin fines de lucro, sólo diversión propia y de ustedes.

Summary: Scorpius tuvo cinco oportunidades para besarla, dar el primer paso. Pero no lo hizo. Y aún lo recuerda, porque fue un idiota y ambos atravesaron una odisea. Pero cuando lo dice en voz alta, Rose ríe y le da un beso por cada ocasión que él perdió.

¿Lo siento? ¿lamento haber tardado? ¿Hola? Ni idea de cómo saludar después de semejante desplante u.u Han ocurrido una serie de cosas de las cuales concluí que el culpable ha sido el universo conspirando en mi contra T.T Abajo se explica todo, pero, en mi defensa, este capítulo está más largo de lo normal de forma adrede para compensarlas :)

Agradecimientos a: Unviciomas (o Maia Evans :)), Diluz, , susyh, Sapphira Weasley, Aglaia Callia, SMagicRose, SasteR y beautifly92, por sus opiniones y sus comentarios :). Los responderé con el correspondiente agradecimiento. Y, de nuevo, gracias a los favs y los alerts.

Ahora sí, comienzo el año con un capítulo xD ¡Feliz Año 2010!

Disfruten la lectura


Creyó que sería un día normal.

Se despertó a las siete, se alistó, preparó sus deberes, luchó contra el pesado sueño de Alice y, cuando llegaron las ocho en punto, ambas bajaban para encontrarse con Lysander. Llegaron al Gran Comedor y se sentó en la mesa de Ravenclaw, soportó estoicamente las miradas que ahora, en todos lados, le dirigían. Se sirvió zumo de naranja y tomó sus habituales tostadas.

Fue a las clases de la mañana, recibió puntos para su casa y las felicitaciones de costumbre, si eres un Ravenclaw. Durante el almuerzo, Albus y Lily se sentaron entre ellos y se distrajo pensando en el porqué Scorpius estaba hablando con aquella chica que estaba junto a él, pero no lo tomó demasiado en cuenta.

Pasó la tarde libre a solas con Albus y Dominique, cerca del lago. Y luego de que ellos desistieran de averiguar algo relacionado con Scorpius, pasó un rato divertido con ambos. Siendo viernes, Dominique dio una excusa pobre y se fue al castillo, quizás para ver a algún chico.

Y llegó la cena.

Ella debió haberse esperado que algo así ocurriera. Había pasado una semana desde el incidente del armario y Merlín no perdería la oportunidad de humillarla.

Pero no lo hizo. No sucumbió a la paranoia.

Así que la lechuza que dejó un sobre rojo, pulcramente cerrado, frente a ella, la tomó desprevenida.

Los presentes, que no habían perdido de vista la trayectoria de la lechuza, temblaban de expectación. Y, cuando todos la miraban con ansia, decidió que no sería la comidilla de los chismes si podía evitarlo. Aunque ya lo era.

— No lo hagas, Rose— Le dijo Lysander, preocupado, cuando ella comenzó a tomar sus cosas y a guardar el vociferador en el bolso, para hacer una huída digna—. Recuerda lo que le pasó a James.

Claro que lo recordaba. El año pasado, tres meses antes de salir de Hogwarts, James había recibido uno de la Tía Ginny. Decidió pasar de él y lo había metido en su mochila… Cuando salía hacia el vestíbulo, 10 minutos después de recibirlo, su mochila explotó en gritos furiosos, quemándole la parte trasera de la cabeza y destrozando todos sus deberes. McGonagall no tuvo piedad y terminó limpiando los baños de Myrtle.

Aún para ese momento, Myrtle juraba que James era su amor eterno. Pasó sus últimos tres meses en la escuela, siendo atormentado por la fantasma. Incluso sobrevivió a dos intentos de asesinato de la Llorona, que quería que él se quedara allí para siempre.

Y tuvo que quitarse el poco cabello que le había quedado, pues Pomfrey no pudo hacer nada por él. Aunque, afortunadamente, para el día de la graduación, ya tenía suficiente cabello cómo para engañar a la Tía Ginny. Sino, la que se hubiese armado.

Pero la diferencia entre él y Rose era que ella no había hecho absolutamente nada. Él había explotado todos los baños que tenía la casa de Slytherin.

¿Era eso justo?

— Será mejor que lo abras ahora—. Dijo Alice, cuando vio que Rose miraba la puerta, anhelante.

Se resignó a seguir sufriendo para compensar sus jodidas vidas pasadas. ¿Quién carajo había sido? Quizás Grindelwald o Voldemort… Además, si no quería que Peeves terminara colgado de ella, lo mejor era enfrentarlo.

Se sentó de nuevo, abrió el bolso, sacó el vociferador, traído desde el infierno para torturarla, y se preparó para la función.

¡Rose Weasley!

Se cubrió la cara con las manos. Podía sentir las miradas de todo el mundo sobre ella. Aparentemente, el lugar estaba atónito. Pudo sentir cómo el brazo de Lysander la rodeaba, demostrándole su apoyo.

Ron, no creo que esto sea buena idea…—. La voz de Harry sonaba insegura.

¡¿Cómo es posible que siquiera pensaras en tocar a Malfoy?!

La voz de Ron Weasley, a estas alturas, debía estar retumbando por todos los pasillos de Hogwarts.

Como llegue Hermione…—. La voz de Ginny sonaba preocupada.

¡Te encerraste con él en un oscuro y espacioso armario de escobas!—. Gritó, haciendo énfasis en "oscuro y espacioso", dejando claro que no lo habían hecho, precisamente, para estudiar otra cosa que no fuera Anatomía Humana—. ¡Y si la mitad de lo que me han dicho es cierto, juro que más nunca saldrás de esta casa! Maldita sea, Rose. ¿No te da vergüenza?

¿Y todavía lo preguntaba? Se hundió un poco en su asiento. Su padre había convertido el día más normal que había tenido esa semana en algo peor que un cruciatus. Además, no tenía idea de la duración de un vociferador; nunca se imaginó que recibiría uno. Podrían pasar días y su padre seguiría allí, gritando…

Y hubieses elegido un lugar con más clase. Quizás la Torre de astronomía…—. Ginny fue interrumpida por un ruidoso carraspeo, probablemente de Harry.

¡Joder, Ginny, no le des más ideas!

Levantó un poco la vista para ver cómo todos los profesores la observaban con una mueca que estaba entre la indignación, la decepción y la lástima. Excepto Slughorn, que parecía sumergido en su intento por enrollar la pasta en el tenedor. Y Neville, que lucía una sonrisa entre divertida y nostálgica.

Sintió fuertes deseos de maldecirlo, pero se contuvo. ¿Se burlaba de su miseria?

¡Y tú, Rose, te las verás conmigo cuando vengas en Navidad! ¡Y trae al imbécil de Malfoy!—. El sobre se volvió hacia la mesa de Slytherin. Vio cómo Scorpius sonreía. ¿Le parecía gracioso?— ¡No me importa lo que Malfoy diga, vendrás acá como el cobarde que eres y yo mismo te…

¿De qué Malfoy hablaba? Allí pasaba algo que ella estaba ignorando.

¿Qué son esos gritos?

¿Así que todo eso era a espaldas de su madre? Debió haberlo imaginado. Sonrió internamente cuando se dio cuenta de que ella había llegado a salvar el día.

Ron, ¿Qué estas… ¿Es eso un vociferador?

No, cariño, es algo que…

¡Ronald Weasley!—. El grito de su madre hizo que más de uno pegara un respingo—, ¡Te dije no avergonzaras a Rose!

Yo…

¡Nada! No digas nada. Discúlpate ahora mismo.

Lo siento, Rose.

Y con el hijo de Malfoy también—. Se calló unos segundos, para luego agregar con voz más dura—. Hazlo.

Lo siento, hijo de Malfoy.

Se escucharon unas risas generales y pudo ver, de reojo —tenía la cara cubierta—, cómo Scorpius fruncía el ceño.

Ahora, largo de aquí. Tu también Ginny. Los tres, ¡Fuera!—. Se escuchó un golpe, un quejido, algunas risas y pasos apresurados—. Lo siento, Rose, cariño. Puedes estar con quién desees mientras respetes las normas del colegio, los toques de queda y tus deberes de Prefecta.

No dejó de notar que su madre había obviado el Quidditch, pues era la única que se oponía a su relación con el deporte. Sin embargo, sonrió en medio de su desgracia. Mamá era tan comprensiva…

¡Neville, tú eres el culpable de esto! Siempre tan cotilla… Ya nos veremos—. Rose observó, con satisfacción, cómo la mueca de felicidad del profesor desaparecía, siendo reemplazada por una pálida y sudorosa; además de una pesada carga de saliva bajando por la garganta—. Disculpa a mi esposo, Scorpius. Envíale un saludo a su padre.

Mientras Scorpius asentía, sonriente, la parte del Gran Comedor que aún no mostraba algún signo de asombro, lo hizo en aquel instante. Para Rose o Hugo, había sonado muy forzado; pero Hermione había logrado engañar al resto.

Por otra parte, la felicidad de Scorpius la desconcertó. Y, sumado al hecho de que nunca entendió porque su mamá se tensaba al oír hablar del Señor Malfoy… No era cómo los demás. Su papá, por ejemplo, destilaba un poco de odio y cambiaba el tema. Allí había algo muy extraño.

Y Hugo, cariño, espero que tu problemita se haya solucionado.

Rose sonrió. Con "problemita", se refería a una baja nota en transformaciones, pero lo había dicho como si el chico aún mojara la cama. Había avergonzado a Hugo de forma adrede y había regañado al Profesor Longbotton sólo para desviar la atención de ella. Su madre era genial.

Pero los más cercanos a Hugo, lo escucharon musitar un quedo "Lo estaba". Al parecer, Hugo no opinaba lo mismo de Hermione en esos momentos.

Lamento el escándalo, Profesora McGonagall. No se repetirá. ¡Finite…

Lo hará si me vuelvo a enterar de otra cosa como esa.

Papá acababa de firmar su sentencia de muerte.

¡Ronald, ven acá en este maldito instante! ¡Finite Incantatem!

Y terminó. Todo culminó de forma tan efímera como había comenzado. Habían sido los peores 10 minutos de su vida.

Pero ella no estaba dispuesta soportar la tanda siguiente de preguntas.

Así que recogió su maltratada dignidad desde el inframundo, se soltó del abrazo de Ly y salió con paso firme del Gran Comedor, para encerrarse en la torre y dormir. O, al menos, intentarlo.

Al día siguiente, y luego de salir a las nueve de la mañana de la biblioteca, tuvo tres cosas claras:

Los vociferadores tienen una duración que varía desde cinco minutos hasta tres días —y tuvo un escalofrío cuando leyó eso—. Aunque siempre se puede terminar la grabación con un encantamiento como el que usó su madre. Y, aunque se moría de curiosidad, sintió miedo de preguntar cuánto tiempo duraba el que había comprado papá.

Cuando crees que nada puede empeorar, lo hará. Y de qué forma… Así que mejor no confiarse. Sólo por ello, maldijo mil veces a Murphy en su noche de insomnio.

Merlín era un idiota depravado cuya máxima diversión consistía en torturar a chicas inocentes e ingenuas como ella. Se sentaba frente a su bola de cristal y disfrutaba ver el suplicio de las jóvenes incautas, el muy bastardo.

Sin embargo, había algo positivo en todo el asunto.

Aprendió tres cosas nuevas.


— ¡Malfoy, espera!

Él se volvió con una ceja arqueada.

Acababa de salir de la biblioteca, luego de averiguar algunas cosas que no son asunto público —Léase, duración de vociferadores—, y justo se topaba con el chico al que estaba a punto de buscar.

Tenía otro asunto por resolver y era momento de superar esa reticencia a tenerlo tan cerca.

— ¡Weasley! ¿A qué debo el honor?—. Ella lo miró con confusión—. Ahora eres famosa por la demostración de ayer. ¿Te rebajas a hablar con plebeyos?

— Eres un…— Él la miró, como invitándola a hablar. Ella soltó un suspiro y habló con resignación. No era momento para peleas sin sentido—. Necesito hablar contigo.

Rose lo miró, casi retándolo a que dijera algo estúpido.

— Te escucho.

— ¿Qué se traen tú, mi mamá y el Señor Malfoy?

Scorpius sonrió. Ya se imaginaba que saldría con algo así.

Tenía días observándola. No espiándola… Sólo mirándola con más atención de la que es necesariamente requerida.

Pero eso no importaba.

Ahora, por lo menos, sabía que Rose prefería las tostadas a los huevos con tocino y que tomaba zumo de naranja en ves del clásico de calabaza. Sabía que pasaba largas horas en la biblioteca u oculta en los jardines, leyendo alguna novela romántica, escondida tras la portada de su libro de Runas Antiguas y, luego de eso, se sentaba con Lily a decirle cuanto odiaba el amor y todos sus derivados.

Sabía que, luego de las clases, se encerraba en el Baño de Prefectos cuando no había nadie cerca y, cuando volvía a salir por la puerta, lo hacía con los dedos arrugaditos y con una sonrisa de descanso en la cara. Además, descubrió que era capaz de dejar una tarea a medio hacer, sólo para sentarse con algún chico de primero para ayudarle a terminar sus deberes. Podía dejar el último pedazo de tarta de chocolate —su favorita— y extendérselo a Dominique, luego de que ésta llegara de su cita con el chico de turno.

En líneas generales, era una chica buena.

Y se sentía miserable por como estaba a punto de aprovecharse de ello.

— Te lo diré…— Vio sus ojos brillar—. Si me das algo a cambio.

La vio meditar durante algunos segundos.

— Depende de lo que deba darte.

Era muy inteligente.

— Nada de lo que después puedas arrepentirte, te lo prometo.

— Mientras no sea ningún favor sexual —Scorpius alzó una ceja—, escolar, o que ponga mi vida, mi historial académico o mi desempeño en el Quidditch en peligro, de acuerdo—. Scorpius abrió la boca, pero ella no había terminado—. Y que no vaya en contra de mi voluntad.

— ¡Oh! Has acabado con mis planes.

Rose sonrió, a su pesar.

— ¿Me dirás?

Él la miró, como evaluándola.

— Mi padre, en vez de montar semejante teatro, me envió una carta durante el desayuno—. Rose asintió. Scorpius comenzó a caminar hacia los jardines y ella no tuvo otro remedio que seguirle—. Me reclamó no por haberme liado contigo, sino por permitir que el escándalo llegara a tanto.

Rose frunció el ceño, mientras hacía un esfuerzo por ir al ritmo del chico.

— Tu padre es algo…

— Conservador, lo sé. Y eso que su juventud no fue ni la más inocente ni la más recatada—. En su voz, se escuchaba un poco de molestia por ese hecho, pero Rose concluyó que Scorpius sí apreciaba a su padre, pues también tenía matices de melancolía, como si lo extrañara—. Además, me comentó que ayer fue a hablar con tus padres, para ponerlos al tanto y buscar una solución—. Rose mutó su gesto pensativo a uno de sorpresa—. Y el Señor Weasley…

— Se comportó como un perfecto imbécil. No tienes ni que decirlo.

— Mi padre me contó que, si no es por la Señora Weasley, ambos hubiesen terminado en San Mungo—. Rose bufó, molesta. Su padre era el mejor ejemplo a la teoría de que los hombres nunca maduraban—. Pero no todo fue culpa de tu papá. El Profesor Longbotton, ayer en la mañana, les escribió un informe completo y detallado de los rumores que corrían. Obviando, claro, la parte donde dice que él está enamorado de ti.

— Es un chismoso de mierda. Ya sabía yo que había un medio por el cual papá se enteraba de todos mis movimientos.

— Y, cómo sabes—. Siguió él, ignorando el comentario de la chica—, habían algunos que afirmaban que yo era homosexual. Aclaro que no he sido, soy o seré de esa forma, sólo por si lo dudabas.

Rose sonrió.

— ¿Así que amas a Albus, eh?

Él bufó, enojado, pero decidió omitir el comentario.

— Mi papá se enfadó por las insinuaciones del Señor Weasley con respecto a mi sexualidad y bueno, el resto puedes deducirlo tú sola.

Pasaron algunos minutos de silencio. Rose cayó en la cuenta de que ambos estaban cómodamente sentados en las gradas del Estadio de Quidditch. ¿Cómo habían llegado allí?

— Pero aún no me aclaras la relación que tiene mi mamá con el Señor Malfoy.

Él la miró con profundidad, quizás decidiendo si contar eso o no.

— Tú estabas allí ese día.

Eso la dejó un poco desubicada.

— Yo no sé de qué estas…

— Te recuerdo perfectamente. Me llamaron la atención tus pecas. Nunca había conocido a nadie que las tuviera.

Ese episodio había llegado a su memoria como un flash tres días atrás, cuando descubrió que las pecas de Rose se multiplicaban cuando reía y se reducían cuando estaba desanimada.

— Cuando tenía cuatro años, la Señora Weasley y mi padre concretaron una cita—. Rose abrió mucho los ojos—. No es lo que piensas—. Aclaró, antes de que la chica sufriera un infarto cerebral—. Según lo que recuerdo, ambos fuimos invitados para no levantar sospechas de su encuentro—. Rose lo miró, expectante—. Se reunieron porque mi padre quería disculparse con tu mamá, la menos cabezota del trío.

— Y ella…

— No fue fácil para mi papá bajar la cabeza. La Señora Weasley lo perdonó. Supongo que es por eso que sonaba tensa cuando le mandó sus saludos—. La chica lo miró, interrogante. Él rodó los ojos—. Tener una semi-amistad escondida no debe ser sencillo.

Rose meditó algunos segundos.

— ¿Y tu recuerdas todo eso?

El chico la miró, mientras su ceja se alzaba, triunfante.

— Claro—. Ella lo miró, fascinada—. ¿Recuerdas que combato el crimen en las noches? La Súper Memoria forma parte de mis poderes—. Se rieron juntos, de nuevo. Ninguno reparó en la extraña esencia que envolvía la escena—. Mi padre me lo contó el año pasado, cuando encontré una carta que la Señora Weasley había escrito, saludándolo por navidades.

— Yo no recuerdo nada de eso...—. Dijo Rose, quizás algo molesta.

— Y dudo que lo hagas. Yo lo recordé en un momento de inspiración—. Rose lo miró con mofa, pero él la ignoró.

Y pasaron un rato allí, solo haciéndose compañía. El silencio era bienvenido en esos momentos.

— Aún me debes algo.

El chico había hablado en un susurro, temiendo, quizás, que se rompiera la delicada burbuja que los recluía en esos instantes.

— ¿Recuerdas el trato? —. ¿En qué momento se habían acercado tanto?

— Has vuelto a frustrar mis planes—. Rose le sacó la lengua, en un infantil gesto que desconcertó al chico. Sus labios, húmedos por la provocativa salida de su lengua, lo estaban llamando—. Quiero que me des un beso.

— Hablas en serio—. Fue una afirmación más que una pregunta. Cuando lo vio asentir, comenzó a sentirse nerviosa.

— No rompe ninguno de los acuerdos… —. Se quedó unos minutos mirándolo, incrédula. Él sonrió de lado y la miró con picardía—. Sabes que lo deseas.

Rodó los ojos; era mejor terminar con eso de una vez.

Se acercó un poco más a él, si era posible. Lo miró con algo de vacilación, pero cerró los ojos. Mojó sus labios y pasó sus brazos alrededor del cuello de él. Acomodó un poco su cuerpo y comenzó a acercarse.

Él la tomó de la cara y le acarició las mejillas con delicadeza.

Ella, a milímetros de sus labios, pensó en que podría hacer trampa y darle un beso pequeño en la comisura y desviarse. O apelar a la última condición, pero ella era la que se había acercado primero. Y se percató de que él nunca le había pedido el sitio en donde quería el beso y que ella había asumido, muy estúpidamente, que era en la boca.

Pero decidió que todo eso no le importaba.


— Oh, joder, ¿Me he perdido todo eso?

— Sí, Nique… Debías estar allí, en serio. Los gritos del tío Ron se escuchaban hasta en los terrenos.

— Pues yo no los escuché—. Dijo, con molestia.

— Sabrá Merlín entonces dónde estabas metida.

Dominique sonrió pícaramente.

— Pues más le vale que no diga nada.

Ambas rieron.

— Además, los rumores siguen. Hugo me contó que, en lo que va de mañana, le han preguntado ya seis veces si el Señor Malfoy es el padre de Rose. Y uno le preguntó si no le molestaba que la relación entre Rose y Scorpius, sea incestuosa. Incluso, Lorcan abrió un sitio de apuestas… 3 a 1 a que Scorpius es homosexual, 6 a 1 a que ambos están casados y 13 a 1 a que Rose está embarazada.

— Lo sé. Yo soy el uno en tus cuentas. Me haré millonaria cuando Rose explote—. Lily rió—. Cómo joden al pobre de Hugo. ¿Porqué no le preguntan a Rose, o al mismo Scorpius? Porque no saldrían vivos de allí.

— Y, hablando de Rose, ¿Dónde se habrá metido? Tenemos toda la mañana buscándola…

— ¿No es ese punto rojo que se ve en el campo de Quidditch?—. Dominique intentaba divisar esa motita de color que se veía entre la niebla de la mañana.

— Sí… Está con alguien. ¿Ese no es…

— No…

— Sí—. Dijo, con incredulidad. Ambas empezaron a correr—. Es…

— ¡Scorpius! —. Gritaron ambas al mismo tiempo.

El chico pegó un respingo y se separó de Rose.

Rose, al verse repentinamente despojada de la agradable atmósfera, abrió los ojos, desconcertada, y vio como Lily y Dominique se acercaban corriendo como si escaparan de un basilisco. Bufó, entre molesta y desilusionada.

— Joder, creí haber visto…—. Lily los miraba con curiosidad, mientras acompasaba su respiración.

— Si, yo…—Dominique recuperaba el aire—. Debió haber sido una ilusión o algo…

Scorpius sonrió. Estaba molesto por la interrupción, pero la incredulidad de ellas irritaba a Rose y lo divertía a él.

— ¿Qué creyeron haber visto?—. Preguntó Rose, con voz amenazante.

Cuando ellas se recuperaron y alzaron la vista, se fijaron en que ambos, sentados en las gradas, estaban más cerca el uno del otro de lo que es socialmente aceptable y compartían un sonrojo de acaloramiento.

— ¡Oh! ¿Interrumpimos algo?—. Lily sonaba apenada. Pero Rose, conociéndola, supo que su tono era tan falso como un galeón de chocolate.

Vieron a Scorpius sonreír y a Rose sonrojarse.

— ¡Por Merlín! Hay tanta tensión sexual acumulada en el ambiente, que me están ahogando—. Dominique comenzó a abanicarse con las manos.

Scorpius, para evitar la ira de Rose, se levantó y comenzó a descender las pocas gradas que los separaban del suelo.

— Debo irme, damas. Tengo que terminar unos deberes de pociones—. Rose se levantó tras él. ¿La dejaría sola con ese par de arpías?

— Iré contigo, tengo unos libros que recoger y…

Cuando creyó que podría escapar, sintió dos manos tomándola por cada hombro y arrastrándola de vuelta a las gradas.

— Tú no irás a ningún lado, linda. Tenemos que hablar—. Escuchó a Lily y rodó los ojos.

— Ésta me la pagas—. Le susurró a Scorpius. Y, mientras se sentaba, de vuelta, vio los hombros de Scorpius sacudirse. Él se estaba riendo de ella.

— Nadie va a pagarte nada. Aunque si cooperas, yo podría salir beneficiada con algunos galeones extra…—. Puso cara pensativa. Rose mostró un gesto de confusión y Lily le dio un muy poco disimulado codazo a Dominique.

— ¡Joder, Lily, no seas animal!

— ¿Galeones extra? ¿Qué es lo que no me cuentan?—. Las miró inquisitivamente.

Dominique carraspeó.

— Rose, el punto es otro. Concéntrate—. La chica en cuestión la miró con curiosidad—. Hemos estado buscándote toda la mañana.

— Tom ha hablado conmigo, cariño—. Rose crispó el rostro y agachó la cabeza. Lily se sentó junto a ella y le tomó la mano—. Quiere vete hoy, en la Torre de Astronomía… ¿Irás?

Se mantuvo en silencio unos segundos.

— Será mejor cortar la mandrágora de raíz, así dejará de chillar…—. Dijo, con un suspiro triste.

— ¿Es eso un sí?—. Dijo la pequeña de los Potter, con duda.

— Sí… Es momento de dejar el pasado atrás.

Otro prolongado silencio entre las tres.

— Rose, tienes muchas cosas que explicar—. Dijo Dominique, luego de algunos minutos de calma.

— ¿Sí?

— ¡Oh, sí! También veníamos a eso—. Afirmó Lily, como si acabara de recordar algo importante—. Comienza con la huída de Lysander cuando le dijimos que te buscábamos para decirte lo de Tom.

— No sé de que me hablan—. Se había puesto pálida.

— Eso es lo primero que dicen los que saben de qué les están hablando—. Intervino Dominique. Rose se sintió como interrogada por Aurores en un cuarto oscuro.

— Pues…

— Si te sientes incómoda, puedes empezar con el episodio que vimos con Scorpius. O de tu historia con Tom, que nunca la has contado—. Lily parecía una periodista chismosa.

— No vieron nada—. Ante el escepticismo en la cara de Lily y Dominique, Rose continuó—. Ustedes creyeron ver algo.

— Igual, cuenta—. Dijo Lily, aparentemente impaciente.

— Es una larga historia…

Sobra decir que, desde ese día, ninguna la volvió a ver de igual forma.

Estuvieron cerca de 3 horas conversando —ella hablaba, las otras la escuchaban con una gama de emociones diferentes en el rostro—, evaluando opciones, sacando conclusiones y analizando datos; hasta que, a las doce, decidieron que era momento de satisfacer sus estómagos.

Cuando, en medio del almuerzo, Lysander entró al Gran Comedor como alma en pena, se inclinó junto a su oído y le dijo que tenían que hablar, Dominique y Lily estallaron en risitas tontas y mal disimuladas. Pero ella se levantó y lo siguió en silencio.

El único al que todo aquello le pareció raro, fue a Scorpius que, 5 minutos después, se levantó y los siguió. ¿Acaso se perdía de algo?

Pues estaba dispuesto a averiguarlo.


Estaba asustada a la vez que sorprendida.

Se encontraba allí, en un pasillo desierto, junto a Lysander, que la miraba de forma intensa.

Y, joder, no podría escapar.

Por si acaso, miró hacia los lados, a ver si, por alguna obra de Merlín, ocurría un milagro.

Pero no, nada.

— Rose…—. Se detuvo. La miró con seriedad y tomó sus manos—. No es fácil. No puedo con esto.

Ella lo miró, decidiendo si hacerse la tonta o seguirle la corriente.

— No entiendo, Ly—. Era más sencillo lo primero y le daba tiempo para pensar. Se soltó las manos y las guardó detrás de su espalda—. ¿A qué te refieres?

Lysander adelantó el paso que los separaba y le tomó la cara entre las manos.

Rose bufó internamente. ¿Qué carajo tenía su cara que todos la agarraban así?

Aunque las manos de Lysander eran, extrañamente, frías. Quizás un poco más suaves que las de Scorpius, que eran mucho más cálidas…

— A esto—. Lysander se inclinó un poco más sobre ella—. A tener que fingir que nada pasa. A no sucumbir a un ataque de celos con cada rumor que escucho. A no buscar a Zeller y meter el palo de la escoba de la que tanto se ufana en un sitio que no mencionaré ante ti—. Sonrió, a su pesar. Ly era todo un caballero—. Aquí adentro—. Señaló su pecho—, sabes que hay un corazón que late por ti, Rose.

— Ly, yo…

— Y he esperado demasiado—. Rose tuvo ganas de mencionarle que era muy buen actor, pero se contuvo—. No soporto tu maldito juego con Lorcan, no quiero que él imbécil de Zeller te siga lastimando y no aguanto las miradas que te lanza el idiota de Malfoy—. Rose arrugó el rostro, aún entre las manos del chico. Malfoy no la estaba mirando siempre... él sólo…

Ahora lo defendía.

— Dime, ¿Qué harás?—. Volvió a dirigirle una de sus miradas penetrantes y esperó su respuesta.

Lysander era un hombre inteligente, guapo y, cuando quería, muy dulce. Leía poesía y era el único con el que podía escuchar clásicos del Rock Muggle y, luego, saltar a una pieza de Chopin. Tenía unos grandes ojos celestes, diferenciándolo de Lorcan, que los tenía castaños. Su cabello era de un hermoso rubio arena, más oscuro que el platinado de Malfoy, pero un poco más claro que el de Dominique, que tenía un rubio rojizo. Era el amigo ideal…

Pero no una pareja para ella.

Desde segundo año, había estado prendada de Lysander. Y ese primer beso que compartió con él en tercero fue, en su momento, maravilloso. Su burbuja se quebró cuando, en cuarto, Lysander comenzó a salir con otra chica, pero logró superarlo.

Y, ahora, Lysander no era un hombre. Lysander era un Lysander.

Ahora, ¿Cómo le dices eso a un chico al que consideras uno de tus mejores amigos? ¿Cómo romperle el corazón y poder mirarlo a los ojos de forma natural?

Además, él no le hacía sentir eso que conseguía Malfoy con sus jodidos roces accidentales y sus ojos no eran grises. Su cabello no era tan claro y su boca no era tan provocativa.

Y ella tenía que dejar de compararlo con Malfoy.

— Rose, responde—. Vio un toque de desesperación en sus ojos. ¿Cuánto tiempo había estado divagando estupideces?

— Lysander, sabes que te adoro—. Vio como la luz se opacaba en su mirada—, pero yo no quiero hacerte daño y tampoco quiero que se pierda nuestra amistad…

— No tiene porqué perderse—. Lo dijo tranquilo y pausado, mientras soltaba a Rose, se daba la vuelta y comenzaba a caminar. Rose se sintió un poco más miserable—. Tenemos la madurez suficiente para ello.

Él se alejaba y ella se quedaría allí, con su corazón lastimado y revolcándose en el remordimiento.

— Ly, espera—. Le tomó el brazo. Él se volvió sólo unos centímetros y Rose sintió deseos de saltar de la Torre de Astronomía. No había ni rastro de alguna lágrima, pero había tanto dolor que…—. Seguiremos siendo amigos, ¿cierto?

— ¿Quién a dicho que no?— Dijo, intentando sonar alegre, con una sonrisa triste. El problema estaba en que el nunca estaba alegre y, difícilmente, sonreía. Se veía muy vulnerable—. Ven acá.

La tomó entre sus brazos y la chica creyó, por unos segundos, que él la sorprendería con un beso. Pero sólo la abrazó fuerte, como nunca lo había hecho. Como si ella fuera un salvavidas y él estuviera naufragando.

Rose enterró la cara en su cuello.

¿Qué estaba pasando con el mundo? Ella había perdido su resguardada dignidad en una noche, era el objetivo de todos los chismes que transitaban, —el serio y para nada cursi— Lysander se aferraba a ella como un pequeño y, ahora, de la nada, ¿Era la chica más deseada de Hogwarts?

Tampoco tanto como eso, pero ya no le sorprendería que llegara Neville a declararle amor eterno, la verdad.

Lo único que faltaba, era ver a McGonagall en una bata de corazones regalando caramelos. Después de eso, se congelaría el infierno y se casaría con Scorpius o algo igual de absurdo.

— Tú rompiste mi corazón primero, Ly—. Él la apretó un poco más. No era momento de recriminaciones pero, inconscientemente, pensó que se sentiría mejor si le recordaba que él había empezado. No funcionó—. Yo seguí adelante… Podrás hacerlo.

Él se separó sólo lo suficiente para mirarla a la cara. Sus narices chocaban y Rose se sintió nerviosa.

— Entonces todo ha terminado, ¿No?—. Rose desvió la vista—. Irás a ver a Zeller, ¿Cierto?

Cuando Rose comenzaba a removerse para separarse —en un estúpido intento de evasión a la respuesta—, sintió una presión conocida en los labios. Y volvió a sentirse una chiquilla de 13 años, besando al chico de sus sueños. O cómo la Rose del año pasado, cuando Lysander, en su despedida, le había dicho con un beso que estaba enamorado de ella.

Sus labios seguían igual de suaves y delgados, sólo que ahora sus movimientos eran seguros e incitadores. Ella, en medio del beso, pegó un respingo cuando sintió la lengua del chico colarse en su boca. Era la primera vez que se olvidaba de ser un caballero y seguía sus instintos.

La apretó contra él y Rose se sintió profundamente culpable por corresponderle, pero sentía que se lo debía. Porque ella era una zorra y él era un chico enamorado.

La vida es una mierda.

— Gracias—. Dijo él, cuando se separaron. Enseguida, ella supo que ese beso había sido algo como el término de los intentos de Lysander, aunque no supo qué decir cuando su agradecimiento había sonado tan sincero—. Sólo quiero que sepas que una parte de mi corazón siempre estará contigo.

Y se alejó. Rose experimentó una extraña sensación de vacío, pero se dio la vuelta y dejó que algunas lágrimas se le escaparan.

Joder, tenía derecho a llorar.

Pero comenzó a caminar hacia la torre de Astronomía. Aun le quedaba un asunto por resolver.


Acababa de presenciar el acto más repugnante del mundo.

Había tardado cerca de 10 minutos en encontrarlos y, cuando cruzó hacia el pasillo de donde provenían las voces, sintió como una gran y pesada carga se instalara en su pecho. De seguro era normal ese vacío en su estómago. Dos personas besándose con semejante ímpetu en un corredor vacío, era algo que no se veía con frecuencia. Y esa envidia que carcomía su cabeza era, de seguro, las mismas ganas que tenía él de hacer eso con alguna chica —no necesaria y obligatoriamente Rose—, pues la investigación lo había cautivado demasiado y sus hormonas tenían cerca de dos semanas en ayuna.

Pero, de igual forma, era algo evidente que Lysander se traía algo raro con la chica, pero…

Rose estaba enamorada de él.

Lo supo cuando Scamander desapareció en un corredor contiguo y él vio a Rose llorar.

El muy desgraciado la había dejado allí, hecha añicos, llorando por él…

Scorpius sintió una punzada de odio y desesperación.

Debía ayudarla.

Así que, cuando ella comenzó a caminar, él fue tras ella. Supuso que iría a algún baño y él, como cualquier persona educada, quiso asegurarse de que estaría bien. Quizás sólo para ser él quien limpiara sus lágrimas o para reparar su corazón, pero la siguió. Y el camino que ella tomó, lo desconcertó.

Llegó a la Torre de Astronomía y se sentó cerca de un telescopio, un poco oculta entre las sombras. Limpió su rostro y arrugó los labios, en un gesto que Scorpius reconoció como pensativo. Pasaron cerca de 10 minutos y ella seguía allí, sin llorar, sin gritar… Nada. Y él estuvo apunto de caminar hacia ella y sacudirla para que reaccionara. Tal vez había entrado en un shock irreversible…

Pero sintió unos pasos tras de sí.

Y se escondió, como pudo, detrás de unos mapas del firmamento y algunas cortinas.

Creyó que sería la profesora o algún chico descuidado que había olvidado algo en esa clase, pero se ocultó, solo para prevenir cualquier nueva confusión.

— Has venido—. Se escuchó una voz grave que Scorpius no reconoció.

La primera reacción del chico fue susurrar un "¿Eh?", con la confusión escrita en su rostro. ¿Por eso no lloraba? ¿Estaba esperando a alguien? Se sintió profundamente frustrado. Desde su posición no podía ver absolutamente nada de lo que ocurría dentro. Se resignó a poner atención y escuchar.

— Sólo por educación—. Scorpius se sorprendió. El tono de Rose había sido duro y cortante—. La misma que te ha faltado a ti. ¿Qué quieres?

— Rose, cariño, yo…

Scorpius frunció el ceño.

— Ahórrate el "cariño" y habla directamente. No he venido aquí a escucharte diciendo estupideces sentimentales.

El mundo debía estarse acabando allá afuera. Rose, según Scorpius, debía estar a punto de saltar sobre la yugular del chico. Y era una faceta que él desconocía totalmente.

Concluyó que Rose era buena… hasta que la hacías enfadar.

— Vine a disculparme…

Oyó un bufido molesto. Supuso que había sido Rose.

— Ya lo has hecho. Puedes retirarte, entonces.

— Rose…

— Mira, no estoy en mis mejores momentos, ¿Sí? Déjame en paz.

— Joder, Rose, estoy intentando ser amable.

Scorpius tuvo que morderse la lengua para no salir y golpear al tipejo que, por los movimientos que había escuchado, la tenía acorralada.

— ¡Carajo! ¿Acaso los hombres no tienen una forma más noble de llamar la atención de una mujer? Son unos aprovechados de mierda…

— ¿Qué?—. El chico sonaba confundido.

— Nada… Sólo suéltame—. Escuchó pasos y supuso que se habían separado—. ¿Qué quieres?

Scorpius tuvo que hacer otro gran esfuerzo para no reír. En su semana de observación, descubrió que Rose solía expresar sus pensamientos en voz alta y en momentos inoportunos.

— Quiero que volvamos a estar juntos.

— ¡¿Qué?!

"¡¿Qué?!"

— ¿Escuchaste algo?—. Al parecer, la chica negó con la cabeza, porque el chico con voz de trol continuó—. Que quiero que…

— Te he escuchado perfectamente. Sólo que no puedo creer que seas tan imbécil.

— Al menos deja que me explique…

— Soy toda oídos. Sólo respeta mi espacio personal.

— Estas vacaciones estuve pensando y sé que he estado mal y que eres la única chica para mí. Te extraño…

Mientras él hablaba, Scorpius evaluaba la posibilidad de saltar de la torre. ¿Y si sobrevivía? Quedaría postrado en una cama por el resto de su vida. Era mejor no arriesgarse. Agarrar a aquel fulano y empujarlo era otra posibilidad tentadora…

— Pues me alegro por ti. Es genial que sientas una pequeña parte de toda la mierda que yo pasé.

— Quiero que regreses y que estemos juntos otra vez.

Hubo algunos minutos de silencio. Scorpius comenzaba a sentir calambres en las piernas, por su difícil y poco estratégica posición, cuando escuchó a Rose de nuevo.

— Ni por todo el oro de Gringotts regresaríamos.

— Yo…

— Te diré lo que pasa—. Scorpius intentó agudizar el oído—. Sientes celos de Malfoy porque te has creído cada maldito rumor que corre acerca de nosotros. Te has dado cuanta de que no eres el único que se puede fijar en alguien como yo.

— Eso no…

— No te mentiré, Tom. Yo confié en ti. Cuando todos decían que eres un imbécil, yo pensaba que eras la persona más dulce del mundo. Cuando me advirtieron que no eras hombre para una sola chica, los mandé a la mierda. Cuando Nique llegó y me dijo que te habías enrollado con Mary, hice la vista gorda y peleé con ella por primera vez desde que tengo uso de razón.

— Pero, Rose…

— Cuando yo misma te vi coqueteando con Lily, cerré los ojos. Confié en ti.

La voz de ella sonaba temblorosa. Scorpius quiso entrar y hacer uso de unas cuantas maldiciones que conocía con el imbécil de Tom. ¿Quién era ese?

— Y claro, está el hecho de que no quisiste que nuestro noviazgo fuera público. No querías que supieran que no estabas disponible. Querías liarte con cualquier chica que te abriera las piernas sólo porque te jodía que yo no lo hiciera—. Hubo una pausa. Cuando Rose volvió a hablar, Scorpius estuvo seguro de que estaba llorando—. Y cuando lo hice, cuando la recatada de Weasley se abrió de piernas, me dejaste.

En ese momento, se quedó en blanco.

¿Había escuchado bien? Rose no era…

Una Bludger de entendimiento azotó la cabeza de Scorpius. Todo el teatro, esa imagen de perfección, era una mentira. Y él se había dejado obsesionar por ese espejismo.

Y no sabía qué lo cabreaba más. Que Rose no fuera una Santa o que fuera ese idiota quien le robara su santidad. O que no fuera él quién... No le gustaba el rumbo que sus pensamientos habían tomado.

Se sentía como un cerdo machista, pero no podía evitarlo. Ella podía acostarse con quién se le diera la maldita gana, así cómo él mismo lo hacía. Pero que en el armario se diera aires de inmaculada… Él, incluso, pensó que ella aún no había besado a nadie y resultó que todo el mundo, menos él, ya lo había hecho.

— Lo siento.

— Pues no basta.

— De verdad, Rose, yo…

— Ya te has burlado de mí lo suficiente. No dejaré que eso siga sucediendo.

Scorpius no pudo seguir escuchando nada más. Ya había sido lo suficientemente humillado como para seguir torturándose el restpo de su vida. Mientras escuchaba como Rose era arrastrada hasta la boca de ese malnacido, intentó salir sin hacer ruido. Hizo oídos sordos a los quejidos de la chica, seguramente en un vano intento de liberarse, y caminó de puntillas hasta la puerta. Aunque se sintió escoria cuando cayó en la cuenta de que ese tipo podría hacerle daño.

Su lado de caballero afloró y se apoyó en el marco de la puerta, por si debía intervenir.

El alivio, un pequeño consuelo a su cabreo, llegó cuando escuchó el grito poco masculino que dejó una mano estrellándose contra una mejilla y, probablemente, una rodilla en las partes delicadas.

Pero se quedó allí, aunque sabía que no era sensato que Rose lo descubriera espiándola.

Y cuando ella salió, con los ojos empañados, lo vio allí, junto a la entrada, con su cuerpo apoyado en la pared y la mirada perdida en el techo.

Él bajó la mirada lentamente y la observó. Casi no había pecas en su rostro.

Ella agachó la vista, pues aún le quedaba algo de orgullo y no deseaba que la vieran despeinada, desaliñada, con los ojos hinchados y con surcos de lágrimas en su cara. Además, esa mirada de estoy-leyendo-tú-alma, la estaba intimidando.

Y enseguida reaccionó.

¿Qué tanto había escuchado?

Lo miró de forma inquisitiva, mientras sentía su labio inferior temblar de anticipación. Él sólo le dijo un escueto:

— Tenemos que hablar.

Ese era, oficialmente, el peor día de su existencia.


Y el fin. Sólo por ahora, claro :)

Ésta es la parte de las notas donde les explico el retraso. El capítulo está listo desde el 26 de Diciembre... pero cuando lo fui a guardar, estuve segura de que Merlín me la estaba haciendo, porque no se guardó absolutamente nada del jodido documento (un estúpido error mío. En vez de "Guardar", le di a "No guardar" y adiós a todo). Lo único que sobrevivió, fue la mitad que les dije que tenía hecha, pero sin las correcciones y arreglos pertinentes. Y estuve hasta las 4 de la mañana intentando recuperarlo, pero no funcionó, porque no estaba en archivos temporales ni nada de lo que San Google me recomendó. Así que borré todo y empecé desde cero.

Como mi lema es que todas las cosas suceden por una razón, el cabreo disminuyó cuando el resultado de este capítulo me gustó mucho más que el anterior. Lo único que lamenté y lamento es que faltó la hilarante intervención de Alice, la amiga de Rose. Pero será el próximo.

Así que el 29 estaba listo... pero el viaje del que les hablé, se concretó el 30 y ya no hubo tiempo para subir u.u Aunque la pasé genial con mi familia, me quedó el remordimiento de no haber subido, aunque el capítulo se fuera sin correcciones ni notas de autora u.u

Llegué ayer en la noche :) Y, como me agradan, decidí subir estas dos últimas escenas para dar un poco el climáx de lo que se avecina. Originalmente, iban en el cuarto capítulo, pero me dije "¿por qué no? se lo merecen" y, aunque quedó mucho más largo, no importó. Así que creo que este es mi favorito :) Y la escena del vociferador esta escrita desde muchísimo antes de que tuviera alguna idea de lo que sucedería en la historia (yo sé el final y ustedes no *tomatazo* xD), así que también la amo :)

Pero, como sólo quedan dos capítulos y no hay mucho espacio para el drama, creo que este es el que más tiene, así que don´t worry, que esto es humor :)

Y ya saben, críticas, sugerencias, opiniones, correcciones, tomatazos... vía review, que me encantan xD

Un beso, mil diculpas y Feliz año, Clio :)