Descargo cualquier tipo de responsabilidad respecto a los personajes. Ninguno me pertenece y el relato es totalmente ficticio.
3. Destino.
Viernes 6 de Febrero de 2015.
Nueva York.
Este lugar me parece tétrico. – Arrojó por lo bajo siguiendo los pasos de Elena.
Con los ojos verdes abiertos completamente, intentaba hacerse espacio entre cuerpos sudorosos que bailaban y saltaban al ritmo impuesto por la banda soporte. Frunciendo el ceño junto con la boca, buscaba evitar que aquel aroma poco placentero la penetrase.
¿Tu novio es igual de desagradable que esta gente? – Consultó antes de sentir como una mano ajena y desconocida se hacía dueña de su cola. - ¡Me acaban de tocar! – Gritó pegándose a la morena. - ¿Dónde se supone que me trajiste? ¡Me están manoseando!
¿Podes dejar de actuar como una colegiala? – Criticó volteando hacia ella. – Mi hombre no es así de desagradable y dudo que sea la primera vez que te manosean. – Resopló continuando el trayecto hacia la barra.
¡Lo hicieron sin mi autorización! – Volteó buscando al culpable. – Como que lo vea… - Disminuyó el tono notablemente.
¿Cómo que lo veas qué? – Rió para sí misma. – Dudo que seas capaz de enfrentarte a alguno de ellos.
Ignorando lo dicho, tragó saliva con dificultad intentando digerir ese mal momento que le tocaba vivir. - ¿Cómo conociste a "ese"? – Interrogó aumentando la presión del ceño.
Mark, se llama Mark. – Abrió camino entre dos hombres. – Lo conocí en un bar… Lo escuche cantar y me enamoró.
¡Yo no veo ni escucho nada de atractivo! – Observó de reojo a los dos sujetos que la miraban con deseo. – Permiso… - Susurró con terror.
Adelante muñequita. – Arrojó uno de ellos al pasar.
Sintiendo como un escalofrío la recorría de pies a cabeza. Meció su rostro al igual que las extremidades con vigor. – Que asco… - Masculló conteniéndose. - ¡Me quiero ir de acá! – Finalmente expresó con énfasis.
¿Ya? – Llegó al objetivo. – Pero si esta banda es la de soporte… ¡La fiesta recién empieza! – Rió buscando complicidad.
¡Qué bueno! - Espetó con ironía abriendo los ojos en su totalidad.
¿Podes ponerle mejor cara al asunto? – Indicó Rachel notando la cara de disgusto de Tina.
Creía que venias a encarar a Santana… No entiendo cómo nos quedamos a ver a una banda que ni siquiera conocemos. – Volteó sobre la banqueta para apoyarse correctamente en la barra.
Ambas se encontraban situadas en un sitio privilegiado. Si bien la barra era extensa, lo suficiente como para albergar unas doscientas personas, Rachel era consciente que los días que había un recital aquel lugar explotaba.
Viéndose alejadas del escenario, disfrutaban de buena música y algún que otro buen trago.
Estar en un extremo de la misma, le daba ciertos beneficios que otro sector no lo hacía.
¿Otro, preciosa? – Consultó Santana viendo el vaso vacio de la morocha. Afirmó con el rostro. – No vayas a emborracharte nuevamente… - Elevó una ceja sugerentemente dándose paso a seguir con el trabajo.
¿Podes dejar de coquetear con ella? – Tina le golpeó el brazo con fuerza. - ¡Creía que te arrepentías de haber llegado al punto que llegaste! – Hizo una pausa. - ¡Creía que amabas a Quinn!
¡Nunca dudes de eso! – Gritó amenazándola con el dedo índice. – Y no estoy coqueteando con nadie… Nos tratamos así. – Suspiró realizando un fondo blanco.
¿Qué vas a hacer ahora que sabes que no la conoce? – Pensó un instante. – Además de que quedaste como una desquiciada diciendo incoherencias ante una extraña. – Buscó la mirada de su amiga. - ¿Pensas seguir viniendo a este bar de mala muerte?
A este bar no vengo por Santana solamente. – Humedeció los labios. – Vengo porque hay algo en él que me hace sentir viva… Hay algo en el ambiente de estas paredes que logran conectarme con esa Quinn rebelde y punk que tanto amo.
¡Yo nunca fui como esta gente! Así que no me compares. – Gritó Lucy observando alrededor con desprecio. – Sabes muy bien que cuando mi papa nos dejo me desbande un poquito… - Fue interrumpida.
¿Con desbandarte te referís a la droga y ese aspecto maloso que habías implementado? – Elevó una ceja sin esperar respuesta, dándola por obvia. – Entonces sí, sé muy bien.
Nunca me drogue. – Aclaró la garganta con ímpetu. – Solo probé algún que otro cigarrillo un tanto extraño… ¿Eso me convierte en una drogadicta? – Rió atónita. - ¿Entonces esta gente que es? – Abrió ambos ojos. - ¡Drogones en su máxima expresión!
Sos tan insoportable cuando querés. – Musitó meciendo el rostro de un lado a otro.
Te hace falta un buen trago rubia. – Arrojó una voz femenina de la nada misma. – Tenés que desestructurarte un poco. – Sonrió al notar esos ojos verdes sobre ella. – Una muñeca tan preciosa no puede tener tan mal carácter.
¿Perdón? – Su boca permanecía abierta. - ¿Y vos quién sos?
Santana, tu mesera. – Sonrió. – Puedo ser privada y personal. – Susurró, seguido por un guiño. - ¿Qué van a tomar? – Expresó sin pesar hacia ambas.
Elena pensó por un momento mientras observaba la pizarra que se situaba sobre la pared detrás de la barra. Intentaba decidirse por qué trago comenzar.
El rostro de Lucy permanecía aborto en aquella realidad alternativa que estaba presenciando. No entendía que hacía en un lugar así y menos hablando con alguien tan poco habitual en su entorno.
¿Primerizas? – Exclamó focalizándose en la rubia.
¿Me hablas a mí? – Arqueó una ceja algo confusa.
¿A qué otra preciosura podría estar hablándole? – Sonrió guiñándole, nuevamente, un ojo. – No hace falta que respondas… Una cola como esa no me la olvidaría ni aunque me quedase ciega.
¡Suficiente! – Golpeó la barra poniéndose de pie. - ¡Nos vamos inmediatamente!
¡Que sean dos tequilas! – Sonrió Elena hacia la latina que aun seguía a la espera del pedido.
¿No te parece demasiado fuerte eso? – Arremetió Tina antes de que Rachel pudiese siquiera oler lo servido.
Una vez que lo tome podré decírtelo. – Revolvió el contenido. - ¿Desde cuándo cumplís el rol de mi mama?
Desde que te desbandaste. – Respondió inmediatamente. - ¿Qué se supone que deba hacer?
Dejarme vivir… - Tomó un sorbo a través del sorbete, apartándolo rápidamente. – Tenés razón… Esto es muy fuerte. – Frunció los labios de forma inmediata.
Estoy preocupada por vos Rachel. – Arrojó arqueando las cejas y modificando el tono de forma notable.
Yo también lo estoy. – Inhaló profundo. – Estoy preocupada por no encontrarla… ¿Entendes lo que es eso? – Volvió a hacerse dueña de aquel trago que hacía unos segundos detestaba. - Ya no sé porque estoy más o menos preocupada, solo sé que esto no me está haciendo bien. – Tomó un sorbo extenso.
Creía que no te gustaba… - Arrojó sin quitarle los ojos de encima.
Necesito ahogar las penas de algún modo y Santana no está a la vista para pedirle otra cosa. – La observó de reojo. – Sabes que sino ellas me ahogarán a mí.
¿Agua? ¿Enserio? – Repitió la latina atónita por el pedido de Lucy.
¿Desde cuándo una mesera tiene tanto trato con un cliente? – La fulminó con la mirada. – Yo te pago, vos me servís… Pedí un agua, no me cuestiones. – Fue tajante.
¿Qué servicios requerís de mi persona? – Deslizó la lengua por el labio inferior. - ¿Por cuál de todos me pagas?
Que esté fría por favor... – Sonrió, ignorando lo dicho. – Así que evita tocarla con tus torpes manos que irradian más calor que un calefón. – Incrementó la mueca. - -Gracias.
Frígida... – Arrojó por lo bajo depositándola frente a la rubia y retirándose hacia otro sector de la barra para tomar los demás pedidos.
¿Me dijo frígida? – Gritó sin procesarlo. - ¿Qué bares habitúas? – Suspiró con fervor. - ¡Esto es una mugre y está lleno de gente mal hablada, repugnante y desagradable!
¡Tengo una amiga discriminadora y no me entere! – Elena abrió la boca junto a ambas manos haciéndose notar. – La mesera solo buscaba ser amable.
¿Decirme groserías e intentar propasarse es ser amable? – Resopló ofuscada.
Claro… Encima que elogia tu belleza… - Alzó los hombros. – Nada te viene bien… Tal vez si sos algo frígida.
Lo que me faltaba. – Exhaló cerrando los ojos.
Sabes que te lo digo por tu bien Rachel. – Explicó Tina ante el rostro negado de su amiga.
¿Qué se supone que deba hacer? – No esperó respuesta. - ¿Conocer otras personas? ¿Buscar otras mujeres?
¿Sos lesbiana? – Frunció el entrecejo. – Creía que… - Fue interrumpida.
Creías que solo me gustaba Quinn… - Completó la frase como si de un libreto se tratase. – Si, solo me gusta ella y no, no sé si soy lesbiana. – Ambas manos se adueñaron de la frente. - ¡Estoy tan confundida!
¿Sentís atractivo por mí? – Consultó la asiática captando su atención rápidamente.
¿Eh? – Generó una mueca de repulsión. - ¿Por vos? ¡Ni loca! – Se serenó. - No es que seas fea pero… ¿Cómo se te ocurre que pueda sentir algo por vos?
¡No creo que lo sientas! – Revoleó los ojos. – A lo que quiero llegar es a que te des cuenta si sentís algo por alguna otra mujer que no sea Quinn.
No lo sé… Nunca estuve con nadie. – Elevó la vista observando el andar de Santana nuevamente hacia ellas. – Con nadie hasta… - Detuvo el monólogo.
Tina notó como Rachel irrumpió el comentario perdiéndose en aquella figura humana que coquetamente se paseaba de un lado de la barra hacia el otro. Imitando el gesto, dirigiendo la vista hacia el mismo lugar que aquellos ojos color avellana, entendía la situación.
¿Sentís algo por Santana? – Indagó en un susurro prácticamente sobre el oído de la morocha.
No lo creo… - Respondió con dudas. – Si sintiese algo por ella no me hubiese detenido. – Se fijó en ella, desesperanzada. - ¿No? – No esperó respuesta. - ¿Cómo sé si me acerco por Quinn o lo hago porque me sienta atraída?
No sabría decirte… No presencie lo que pasó. – Pensó un instante. – Gracias a Dios…
Golpeó el brazo de la asiática con fuerza. - ¡No seas idiota! – Intentó contener la risa. – Se que no me gusta Santana. – Finalmente afirmó mostrándose segura de sí misma.
¿Entonces estuviste con ella por despecho? – Sonrió con una mueca. - ¿Para sacarte las ganas?
Eso es tan… - Mordió el labio inferior. – Es tan horrible. – Meció el rostro indicando una negación. – Sabes perfectamente que no uso a las personas.
¿Y cómo denominarías a lo que haces con Sam? – Cuestionó Elena con superioridad. – Porque lamento decirte que tener sexo con él para saciar tus ganas, es usar a las personas.
¿Quién te dijo que tengo sexo solo por ese motivo? – Tomó un sorbo de la botella. – Es bueno en la cama y me hace sentir viva.
¿No negas lo dicho por mi? – Notó el mutismo por parte de la rubia. – Entonces con que uno de los fundamentos sea ese… Me da lugar a considerar que usas a las personas.
¿Qué pretendes que haga? – Cerró los ojos inhalando profundamente. - ¿Está mal que tenga relaciones con él? – Hizo una pausa. - ¡Ambos estamos solteros!
Solo quiero que encuentres a alguien que te haga feliz realmente… - Situó una mano sobre el hombro de su par. - Quiero verte sonreír, como antes. – Buscó la mirada de Lucy, quien abrió los ojos pesadamente.
Soy feliz… A mi manera, pero lo soy. – Intentó auto convencerse. – Sam me da un poco de esa felicidad.
Tenés veinticinco años Lu… No podes seguir con alguien menor, sin proyectos ni expectativas de vida. - Intentó hacerla entrar en razón. - ¡Lo único que le interesa es que sus abdominales sigan marcados!
Para hablar así de él, primero deberías conocerlo. – Dijo fehacientemente mostrando una seguridad notable.
¡No creo que me haga falta conocerla como para darme cuenta lo que es o deja de ser Santana! – Tina elevó el tono fulminando a Rachel con la mirada.
¡Sh! – Gritó. – No hables tan fuerte que te va a escuchar.
¡Santana! – Chilló captando la atención de la latina. Con la mano realizó un gesto que se acercase.
¿Qué estás haciendo? – Replicó por lo bajo. – Ni se te ocurra decirle nada… - Aplacó el comentario al notarla frente a ellas.
¿Otro trago? – Expresó con una sonrisa intercalando las pupilas entre ambos rostros.
De hecho… Quería hacerte una preguntita. – Apoyó los codos en la barra y se acercó a la latina.
Elevó una ceja. – ¿Qué clase de pregunta? – Observó a Rachel quien mecía la cabeza negativamente. – Mi mente es un tanto sucia y estoy creando imágenes irreproducibles en ella…
¿Cómo sabes cuando una mujer es lesbiana o no? – Arrojó la asiática sin tapujos.
Vos no lo sos. – Fue concisa. – Si eso querés saber, desde ya te digo que no.
No hablaba por mí. – Tragó saliva. – Hablaba por Rachel.
¿Eh? – Chilló, entrometiéndose y abriendo los ojos enormemente. - ¿Yo que tengo que ver?
¿Rachel? – Repitió Santana. – Se nota a leguas…
¿Qué se nota? – Arremetió anteponiéndose a cualquier comentario que pudiese efectuar Tina.
Tu homosexualidad. – Sonrió con ironía.
¿Qué te hace estar tan segura? – Presionó el entrecejo con indignación. – Lo que pasó entre nosotras la otra noche… - Fue interrumpida.
No es por ese motivo. – Fue tajante. - ¿Necesitas que te demuestre como lo sé? – Indagó misteriosamente, situando ambos antebrazos sobre la barra. – Acercate a mí.
Tragando saliva con fuerza, sintiendo como se volvía espesa repentinamente, obedeció inmediatamente.
Imitando la postura de Santana, notaba como las pupilas de la latina comenzaban a intimidarla con su mirar. Sosteniéndola durante una incontable cantidad de minutos, notó como la lengua de la misma degustaba el labio inferior con lentitud. Paulatinamente realizaba el movimiento provocando la atención de la morocha, quien buscaba sostener la vista, acto que cada vez se volvía más insostenible.
En un pestañeo optó por desviarla.
Sos gay. – Arrojó Santana reincorporándose de forma inmediata y disponiéndose a seguir con su trabajo.
¿Qué? – Salió del transe sacudiendo el cuerpo por completo. - ¿Con que autoridad y con qué pruebas lo sostenes?
Me miraste la boca cuando pase la lengua y rápidamente la desviaste… Eso es deseo contenido. – Sonrió al pasar. – Sos jodidamente gay.
¡Eso es una idiotez! – Chilló notando como la latina comenzaba a retirarse hacia otro sector de la barra.
Idiotez no… Habla con propiedad, se llama radar gay. – Incrementó la sonrisa perdiéndose entre medio del resto de sus compañeros.
¿Y vos de que te reís? – Expresó ofuscada hacia su amiga. - ¡No me parece gracioso!
Me río porque tiene razón… Si fuese mentira no te pondrías como te pones. – Tosió buscando controlarse.
¿Sabes qué? – Humedeció los labios, inhalando profundamente. Necesitaba una escusa coherente para huir de esa situación. – Mejor voy al baño a mojarme un poco el rostro… No me estoy sintiendo del todo bien.
¿Estás segura yendo sola? – Inquirió Elena al notar como Lucy emprendía su trayecto.
Son unos diez metros… Si me pasa algo, definitivamente este lugar cumple las expectativas que creía. – Sonrió abriéndose camino entre la gente que saltaba al compás de la música.
Llegando al baño de damas, abriendo la puerta que derivaba a un montón de lavatorios y cubículos, observaba la cantidad de mujeres que se encontraban a la espera para usarlo. Situándose en una de las colas que había, se dispuso a esperar su turno.
Permiso, permiso… - Expresó Rachel al notar la cantidad de gente que se interponía en su camino.
Estar en la otra punta de la barra le dificultaba el acceso al sanitario. Su diminuto cuerpo, volvía las adversidades aun más adversas. Interponerse entremedio de esa multitud, intentando dirigirse hacia un lugar, el cual cada vez parecía más alejado, estaba volviéndose todo una odisea. Podía sentir como el tumulto la sacudía de un sector al otro.
Suspirando con fuerza, cruzándose de brazos, comenzaba a impacientarse en la cola hacia los sanitarios. Si bien avanzaba, la lentitud era notable y la paciencia por parte de las presente escaseaba. Varios intercambios de palabras entre diversas mujeres generaban un mal clima en el lugar.
Lucy simplemente se limitaba a observar la situación, llenándose de paciencia a la espera de su turno.
Intentando divisar la lejanía del objetivo, continuaba abriéndose camino entremedio de cuerpos sudorosos y llenos de energía. Nunca había vuelto a presenciar un recital después de lo ocurrido aquella vez hacía cinco años. En cierto punto su cuerpo, ni su mente, eran consientes de lo que estaba realizando. Se veía cegada por la necesidad de localizar al amor de su vida.
Tan cegada que ninguna adversidad podía detenerla.
Al fin era su turno, ese momento que parecía inalcanzable se encontraba ante ella. Notando como la mujer anterior salía del cubículo, Lucy se disponía a ingresar.
Gracias. – Sonrió por compromiso.
Viendo con claridad la puerta que daba al sanitario femenino, Rachel realizaba el último esfuerzo por a travesar el corto trecho que quedaba. Desesperándose por llegar, lograba abrir esa puerta con ambas manos de un solo empujón.
Para sus adentros festejaba el hecho de que solo una persona se encontrase delante suyo.
Disculpe. – Musitó captando la atención de la única mujer que se encontraba aguardando. - ¿Esta es la fila para usar el baño?
No. – Gesticuló con la mano. - Pasa. – Sonrió. – Yo solo estoy esperando que salga mi amiga.
Gracias… - Alcanzó a decir cuando pudo notar como uno de los cubículos se abría para dar lugar a que, al parecer, esa amiga que aguardaba saliese del mismo.
Regalándole una sonrisa al pasar, se adentraba en el mismo.
Compartiendo el mismo ambiente, encontrándose en la misma situación sin siquiera saberlo, desconociendo que, tan solo un fino panel que constituía una de las cuatro paredes de aquel perímetro de tres por tres, era el encargado de separarlas.
Sin conocerse, sin siquiera haberse dirigido la palabra, ni la mirada, en ningún tipo de ocasión, se encontraban ahí. Respirando el mismo aire.
Tirando la cadena, Lucy se dirigía hacia el lavatorio. Notándose prácticamente sola ante la atenta visual de una única mujer, quien rápidamente se dispuso a ocupar el lugar disponible dejado por su persona, emprendía la limpieza de ambas manos.
Pudiendo escuchar y percibir como la banda había comenzado a sonar, entendía claramente el porqué de tanta soledad. Sintiendo una leve vibración en el bolsillo de su jean, secó las manos con rapidez y algo de torpeza.
Lucy - ¿Qué pasa?
Elena - ¡Te estás perdiendo el recital!
Gritó lo suficiente para que la rubia tuviese que alejar el aparato de la oreja.
Lucy - ¿Es necesario que grites tanto? No me voy a morir por no ver a esa banda de mierda.
Elena - ¡Esto es una fiesta! Veni cuanto antes.
Lucy – Ya voy.
Resopló cortando la llamada y disponiéndose a salir. No estaba interesada en esa banda, pero era su mejor amiga. Debía apoyarla en sus elecciones.
Situando una de las manos contra la puerta de salida se dirigía a su encuentro.
Abriendo la puerta del cubículo con énfasis, observó hacia todos lados con los ojos abiertos completamente, se mostraba algo desconcertada ante la soledad que le golpeaba el rostro. Rachel intentaba determinar que era aquello que acababa de oír.
Podía jurar que se trataba de la voz de Quinn. Estaba prácticamente segura que la mujer que había oído era ella, pero la realidad era otra.
La realidad era lo de siempre: Ella consigo misma.
Meciendo el rostro de un lado a otro, resignándose una vez más a que aquello solo era producto de su imaginación, se dispuso a higienizarse antes de retirarse.
Lucy - ¡Estoy buscándote y juro que no te veo!
Elena - ¡Estoy frente al escenario!
Lucy - ¿Qué? ¡No te escucho Ele!
Elena - ¡Que estoy frente al escenario!
Lucy - ¿Y como se supone que vaya a llegar hasta ahí?
Intentando ubicar a su amiga entre tanta gente, tratando de oírla con claridad, finalmente buscaba con la mirada hacia aquel sector.
Rachel se abría paso entre la puerta del baño y el salón donde la música parecía golpearla repentinamente. Sintiendo como el celular vibraba sobre su mano, pudo notar como Tina la buscaba con algo de insistencia.
Tina - ¿Dónde te metiste? ¿Estás bien?
Rachel – Creo que si…
Observó rápidamente hacia todos lados pero solo podía ver diversa cantidad de gente obstaculizándole la visual.
Rachel - ¡No te veo! ¿Dónde estás?
Tina – Me encontré con los chicos de la universidad, estamos en el centro de la pista… ¿Te ubicas para venir?
Rachel – Si prendiesen un poco las luces tal vez te ubicaría mejor.
Tina – Ahora vuelve a salir la banda, aprovecha el momento.
Focalizándose en el objetivo, ubicando el lugar con exactitud, se dirigía hacia ahí. Caminando con algo de dificultad, abriéndose paso entre cuerpos aun mas sudorosos que al principio, buscaba llegar hasta su amiga.
Intentando determinar donde se encontraba Elena, volteaba sobre su eje dirigiéndose hacia la barra. Pasando detrás de Rachel sin siquiera rozarse, sin siquiera saber de quién se trataba, continuaba el trayecto.
Cruzando desapercibida ante sus ojos, sin verla con claridad, sin sentirse, cada una continuaba en su mundo. Mundo en el cual ninguna pertenecía a la otra.
Lucy – ¡Ya te vi!
Se encontraba sobre una de las banquetas que constituían a la barra, intentando divisarla.
Elena - ¿Dónde estás? ¡Porque yo todavía no te veo!
Lucy – Estoy en la barra, compro algo para tomar y voy.
Elena - ¡Traeme un daikiri!
Fue lo último que alcanzó a oír antes de que la conversación se diluyese. Cortando el teléfono, dando por finalizada la charla, se disponía a hacerse con los dos tragos para así poder ir a su encuentro. Pidiéndolos en la barra, aguardando tan solo unos instantes para que fuesen entregados, emprendió el recorrido.
¡Al fin te encuentro! – Indicó Rachel sujetando a Tina del brazo. - ¡Fue una odisea llegar hasta acá! – Notó la presencia de dos compañeros de ambas y rápidamente se abalanzó sobre ellos.
¡Este lugar está que explota! – Gritó la asiática buscando hacerse oír. Podía notar como los ojos color avellana de la morocha la seguían. – Parece mentira que los haya divisado entremedio de tanta multitud.
Caminando con cuidado, buscando que cada paso dado fuese firmen y seguro, Lucy se adentraba en lo que consideraba una hazaña. Caminar entremedio de tanta gente saltando y fuera de sus cabales con dos tragos a punto de rebalsar, sin dudas lo era.
¡Ey! – Chilló al sentir un golpe en uno de los brazos. - ¡Estoy acá parada idiota! – Refunfuñó sin éxito a causa del alto volumen. - ¡Tene cuidado! – Arrojó en un nuevo intento fallido.
Tanta gente me da demasiado calor. – Expresó Rachel abanicándose con una mano mientras con la otra se recogía el cabello. – Creo que estoy deshidratándome.
¡No seas exagerada! – Rió ante tal comentario. – Hace calor, pero tampoco para llegar a tal extremo. – Revoleó los ojos observando la carcajada del resto.
Creo que va a ser mejor que vaya a comprar algo de tomar. – Afirmó para ella misma.
Si te vas, te vas a perder. – Sonaba segura de sus palabras.
Ya te encontré una vez, puedo hacerlo dos veces. – Sonrió como era su característica.
Caminando hacia atrás, sin retirarle la vista de encima podía notar como su visual se iba dificultando ante la gente que se interponía entre ella y Tina. Las luces emitidas por el DJ, tampoco ayudaban. Realizando un efecto "flash" con las mismas podía notar como todos se movían en cámara lenta. O tal vez se tratase de los litros de alcohol, que si bien no habían sido excesivos eran suficientes para su poca tolerancia, comenzaban a hacerle efecto.
Sin dudas el efecto luminoso junto a lo consumido, no eran buenos aliados.
Observando con cautela la inestabilidad con la que trasladaba ambos vasos. Sintiendo como sucesivas gotas descendían de la superficie empapando ambas manos, Lucy rogaba llegar a destino con rapidez. Cruzar toda la pista era realmente un suplicio y sus brazos estaban padeciéndolo. Tensionada evitando que alguno de ellos se volcase, insultaba a quien osaba golpearla. Aunque no fuese adrede.
¿Sos ciego o pelotudo? – Gritó nuevamente tras recibir otro golpe.
La magnitud de esos cuerpos derivaba a que un simple codazo por parte de la rubia fuese solamente eso, algo simple. De nada servía que los atacase en busca de una defensa frustrada. Era como si una gota de aceite cayese sobre el agua. Era lo demasiado insignificante como para hacerse notar entre tal multitud.
Fulminándolo con la mirada, mascullando la ira sintió como repentinamente y con brusquedad algo o alguien se estrelló contra ella.
¡Pero… - El insulto se vio abatido al notar ante sus ojos una imagen que no cuadraba dentro de las hipótesis.
Una pequeña mujer de aspecto normal era la pobre damnificada. Empapándola por completo con esos tragos que buscaba mantener con vida, se disponía a cambiar la tensión de el rostro buscando transmitir algo de preocupación.
¡Ay por Dios! – Ambas manos dejaron caer los vacos totalmente vacios para cubrir los labios. - ¡Juro que no te vi! – Intentaba captar la atención de aquella morocha que por el momento no había levantando la vista de la muda de ropa completamente irreconocible. - ¿Estás bien?
Observándose sin asimilar lo ocurrido. Escuchando aquellas palabras sin hacerlo realmente, buscaba una explicación a lo que analizaba. Rachel se encontraba llena de un líquido pegajoso y colorido sin entender el porqué.
Comenzando a oír con claridad, empezaba a sentir como su cerebro se desconcertaba. Conocía ese timbre de voz, conocía aquel tono.
Conocía a la perfección la manera de expresarse.
Tu voz me resulta familiar… - Espetó elevando la vista y encontrándose con ella.
Fue inmediato.
Sintió como la presión le bajó de golpe, sin previo aviso, y como ambas piernas temblaban sin encontrar sostén. Arqueando las cejas, abriendo los ojos completamente intentaba procesar aquella imagen.
Volviéndose prácticamente imperceptible e incomprensible a causa de ese maldito efecto generado con las luces, intentaba determinar que aquello no fuese otra de sus ilusiones.
Abriendo la boca incontable cantidad de veces, intentando que las palabras fluyesen por si solas, se perdía en su mirar. Esos ojos verdes la estaban penetrando. Le hablaban como hacía cinco años más allá que aquel brillo que acarreaban dejase un dejo de desconocimiento.
Tus ojos… - Arrojó casi por inercia.
Lucy frunció el ceño intentando entender lo dicho. - ¿Qué? ¿Te lastime los ojos? – Consultó confusa.
¿Qu… Quinn? – Indagó con un hilo de voz transmitiendo la falta de aire. - ¿Quinn sos vos? – Arremetió esta vez con seguridad.
Pestañando varias veces, sin dejar que sus ojos perdiesen el contacto, entendía lo ocurrido. Por fin había llegado el día.
Estaba segura, esa mujer era su Quinn. Por fin entendía todo, por fin notaba que nada en el mundo sucede por casualidad. Todo tiene un fundamento, una razón de ser.
Todo deriva en aquello que vulgarmente denominamos destino.
¡Fucking Santana, I love you!
Adivina, adivinador... Quinn, ¿Sos vos?
Próxima capitulo: Miercoles.
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