Declaimer: Como ya saben, los personajes de esta historia no me pertenecen. Y este fic fue hecho solo para fines recreativos.


¡Hola a todos! Aquí les dejo el tercer capítulo de esta historia. Espero que sea de su agrado.


El llamado de la luna.

¿Quién era él? ¿Y porque es hasta ahora que percibo su aura maligna? ¿Acaso estos seis meses apartado de mi identidad como Sailor habían adormecido mis instintos?

— ¡Aléjate!— Le exigí, y mi voz sonó más aterrada de lo que me hubiera gustado. Me sentí indefenso e incapaz de proteger a la inconsciente princesa que tenía en los brazos.

La imagen de mi estrella de transformación paso por mi mente, y de inmediato me odie a mí mismo por no llevarla en el bolcillo. Al dejar nuestra vida en Tokio, estúpidamente creímos que nuestras identidades como Sailors también habían quedado en el pasado. De alguna forma, meses atrás me había despedido de mi alter ego como Sailor Healer, y recién me estaba dando cuenta de cuanto la necesitaba en este momento.

Mis ojos rápidamente buscaron una vía de escape, la única opción disponible era correr como desquiciado. Sabía que nuestra casa estaba cerca, el recorrido que habíamos cabalgado nos había acercado, pero aun así dudaba que ese hombre me pusiera fácil llegar a ella. Debía intentarlo, estaba carente de opciones.

—Entrégamela y quizás te permita conservar tu vida—Su oferta impregnada de amenaza tan solo logro que estrechara a Serena aún más contra mi pecho. — Me ha costado mucho encontrarla, su aura es casi imperceptible. Mi señor estará complacido. — Me dijo al tiempo que dio un nuevo paso hacia nosotros.

Yo retrocedí logrando que la distancia permaneciera, y al notar tal acción de mi parte sus labios se curvaron en una sonrisa que no supe interpretar. Esa fue mi señal para salir corriendo.

Escuche una carcajada a mis espaldas — ¿En verdad crees que podrás protegerla de mí?— Pregunto burlesco. Y no, no lo creía, debía admitir que mis capacidades como simple humano eran muy limitadas. Me sentí estúpido por haber pensado que había sido suficiente con sacarla de Japón. De manera un tanto imprudente llegamos a creer que solo debíamos protegerla del pasado que ella no recordaba. De una realidad que solo lograría consumirla lentamente en el dolor ante la pérdida de aquellos que ya no volverían. Nuestra ingenua solución había sido inventar esa historia de que éramos sus hermanos, tan solo con la finalidad de que ella no estuviera sola. Para que tuviera una familia. Para que nos tuviera a nosotros.

Una fuerte explosión se escuchó a mi derecha, al tiempo que la onda expansiva que provocó logro lanzarnos un par de metros. Serena escapo de mis brazos quedando tendida sobre el pasto. Me levante de un salto y me coloque frente a ella en posición defensiva.

Su sonrisa nuevamente se amplió ante mi carente capacidad como guardaespaldas. —La hemos buscado desde aquella batalla que estremeció a la vía láctea. Casi me di por vencido. Llegue a creer que había muerto después de derrotar al caos. Fue hasta hace algunas noches que pude percibir su esencia. Quizás fui el único en notarlo, pero sin duda debía ser ella. Los habitantes de este planeta no poseen esa clase de aura. Fue apenas un destello, pero fue suficiente para traerme aquí. Fue como un llamado. —

Mis ojos se abrieron en medio de aquella penumbra que inundaba la habitación. Una vez más mi capacidad para dormir se había desvanecido entre mis sabanas. Me incorpore quedando sentado al filo de mi cama. Las cortinas cerradas dejaban paso a un ligero rayo de luz clara. Sin duda la luna estaría brillando en el oscuro cielo de esa madrugada.

Me puse de pie esperando que esta vez fuera diferente. Que la luna no la hubiera llamado. Que ella permaneciera dormida. Que la suave luz de su astro le brindara descanso. Pero al abrir la puerta de mi habitación, y tras solo unos cuantos pasos, mis esperanzas una vez más se vieron destrozadas.

Distinguí su silueta en el balcón de la sala, allí estaba ella, en silencio, contemplando la luna. Me acerqué con cautela, permanecí en completo mutismo y sentí una opresión en mi pecho al observarla, algo era diferente. — Serena— La llame en un murmullo, conservando la distancia. Ella no respondió, y la opresión en mi pecho se hizo mayor. —Serena— Volví a llamarla, y en respuesta su rostro giro solo un poco en dirección a mí, lo suficiente para que al observarla, mi capacidad de respirar se perdiera. Sus ojos, sus hermosos ojos azules lucían vacíos, y era la silueta de una media luna dibujada en su frente, la que expresaba la vida que a sus pupilas les faltaba.

Me acerque a ella y tome el contorno de su rostro entre mis manos. Sus celestes zafiros se posaron en mí, y aun así, supe que ella no me miraba. Y aun cuando sus facciones lucían apacibles, en mi interior se desato una angustia que no comprendí. El emblema de su frente comenzó a brillar, y ella dio un paso atrás apartándose de mí. Sus manos sujetaron su cabeza y su semblante mostro angustia. La vi caer de rodillas al tiempo que su cuerpo comenzaba a brillar.

¡Serena!— Volví a llamarla dejando que mi voz delatara la angustia que el contemplarla me estaba provocando. Sus ojos me buscaron y pudimos reconocernos mutuamente. — Me están buscando, puedo sentir su llamado— No supe porque, pero aquella afirmación despertó en mi un imperioso deseo por acercarme a ella y abrazarla, como si mi cercanía pudiera disipar cualquiera de sus temores, y así lo hice, mis rodillas tocaron el suelo frente a ella y mis brazos la rodearon— Tengo miedo —Sollozo, y pude sentir sus lágrimas mojando mi camisa. Estreche su cuerpo con mayor fuerza contra mi pecho, y la luz que la rodeaba poco a poco fue cediendo, y al extinguirse, ella quedo inconsciente entre mis brazos.

Horas después, al despertar, Serena no recordaba nada…

—Ignoro quien seas y no me importa, pero moriré antes de permitir que la toques. —Le asegure desafiante. Quizás en esas circunstancias no sería rival para él. Pero yo no mentía, estaba dispuesto a morir antes que a permitir que él le pusiera un dedo encima.

—De acuerdo, como tú prefieras—Su malévola sonrisa esta vez fue acompañada por una bola de energía que se formó en su mano derecha, la misma mano que minutos antes portaba una espada. Quizás su ataque no me mataría, pero sin duda me dejaría aún más vulnerable de lo que ya me sentía.

Mi cuerpo se tensó al observar como él liberaba aquella bola de energía en mi dirección. No podía moverme, porque de hacerlo sería Serena quien resultaría herida. Sentí el calor de aquella esfera acercarse, pero un nuevo y conocido ataque logro desviarla por completo.

Los angustiados ojos de Fighter rápidamente se posaron en el rostro de Serena, aun así permaneció en posición defensiva, junto a Maker, frente a mí. —Sácala de aquí— Ordeno — Nosotras te cubriremos. — Yo obedecí, y ante la fría y molesta mirada de aquel hombre, volví a tomar a la inconsciente princesa entre mis brazos y me aleje lo más rápido que pude, escuchando a mis espaldas los estruendos de una batalla.

Llegue a casa y entre a toda prisa hasta la habitación de Serena para recostarla sobre su cama, de inmediato note los raspones en sus piernas y brazos, algo ligero, pero sin duda le causarían molestia. Por un segundo contemple la posibilidad de tomar mi estrella de trasformación e ir a ayudar en la batalla, pero la idea de dejar sola a Serena me disuadió.

Entre al baño de su habitación y mojando una toalla regrese a su lado para limpiar sus pequeñas heridas. A pesar del reciente peligro, ella lucia apacible en su inconciencia. La observe en silencio por algunos minutos sintiendo mi corazón oprimido al escuchar a lo lejos los estallidos de aquella batalla.

Rogaba al cielo que ambas Sailors regresaran ilesas. Solo éramos nosotros cuatro. Esta pequeña familia ya había experimentado demasiadas perdidas.

¡Esto es una locura y tú lo sabes!—le reproche al más sensato de mis hermanos— ¿A dónde iremos? Nuestra corta vida aquí en la tierra se limita a las fronteras de esta ciudad.

Lo sé, pero no tenemos alternativa.

Serena si, ella tiene un familia que seguramente estará destrozada pensando que está muerta.

¡Ella no los recuerda! ¿Acaso no lo entiendes? Serena al igual que nosotros lo ha perdido todo.

¿Por qué haces esto? ¿Porque le sigues el juego al idiota de Seiya? ¿Que ganamos nosotros con aferrarnos a una chica que no es nada nuestro?

Las facciones de mi hermano mostraron una mayor nostalgia al observarme. — ¿Aun no lo entiendes? Ahora ella es todo lo que nos queda. Ella es el último vestigio de la vida que alguna vez tuvimos. Si, tienes razón Yaten, lo hemos perdido todo. Pero lo que tú no has comprendido, es que en el momento en que esa princesa abrió los ojos y su mente quedo en blanco, ella también lo perdió todo. Ahora Serena está más sola que nosotros. No podemos abandonarla como si se tratara de una chica cualquiera. Ella es la princesa por la que ocho Sailors Scouts dieron la vida. Hicimos una promesa, y me aferraré a ella porque es lo único que impide que me derrumbe por completo—

Permanecí en silencio ante el dolor que expresaban sus ojos. Yo también recordaba esa promesa, pero de forma egoísta había pensado que tras sobrevivir a la batalla, nuestro deber hacia las chicas había quedado soldado, y era justamente ahora, tras las palabras de Taiki, que me daba cuenta que Serena estaba actualmente mas indefensa que nunca. ¿Quién podría protegerla si no lo hacíamos nosotros?

— ¿Yaten? ¿Qué ha pasado?—Su suave voz atrajo mi mirada hacia su rostro, yo de inmediato retire la presión que la toalla en mi mano estaba haciendo en uno de sus raspones.

— ¿Qué es lo último que recuerdas?—Pregunte rogando que ella ignorara por completo el peligro en el que recientemente se había encontrado. Y así fue, su último recuerdo había sido estar cayendo de la yegua cuando esta se altero sin razón aparente. — Tuviste suerte de solo haber resultado con unos raspones— Le asegure ante su actitud despreocupada.

Ella sonrió y se puso de pie tratando de restarle importancia a sus pequeñas heridas— Creo que se me bajo el azúcar con el susto ¿Aún quedan galletas de mantequilla? — Y así, de la nada, me pasó de largo y se dirigió a la cocina. Yo seguí sus pasos sin saber si debía sentirme ofendido, o aliviado ante su actitud, después de todo, casi me matan por defenderla. De hecho, mis hermanos aun estaban luchando por ella mientras la rubia preguntaba por galletas.

Al pensar en eso fue que note que los estruendos habían cesado, y casi de inmediato reconocí dos siluetas femeninas tras las cortinas del balcón. Me acerque a ellas y con un rápido asentimiento les hice saber que Serena se encontraba bien. Sus rostros se relajaron, se veían cansadas, pero satisfechas. Ambas Sailors Star desaparecieron dejando en su lugar a mis hermanos. — ¿Están heridos?—Pregunte preocupado— Nada que no podamos disimular—Fue la respuesta de Taiki.

Seiya pasó a mi lado e ingreso a la cocina buscando a la rubia. Taiki y yo permanecimos en el balcón—Logramos derrotarlo, pero tengo el presentimiento de que la batalla acaba de comenzar—

Yo también lo presentía. Ese hombre me había dejado claro que era tan solo el sirviente de alguien más. No pude evitar la sensación de pánico que me evadió de imprevisto. Debía reconocer que en la última batalla nuestras fuerzas no fueron suficientes para derrotar al enemigo, de hecho, fue Sailor Moon quien al final había logrado desterrar al caos del cuerpo que habitaba, salvando con ese acto a toda la vía láctea.

Pero ahora la guerrera de la luna ya no estaba, en su lugar tan solo quedaba una princesa sin memoria. Ella ahora era simplemente Serena Star, la menor de cuatro hermanos de una familia adinerada que resultaban un enigma para cualquiera.

Serena y Seiya salieron de la cocina sonriendo y devorando seguramente las últimas galletas de la despensa. — Debemos ir al centro comercial, hacen falta algunos artículos en la cocina—Aseguro la rubia. Yo sonreí— Dudo que reponer la caja de galletas que recién se terminaron califique como una necesidad. —Su sonrisa se amplió al verse descubierta. —Lo admito, también quiero que me lleven al cine—Confeso con una mezcla de cinismo y diversión.

—Lo mejor será quedarnos en casa hoy Serena. —Sugirió Taiki— El accidente que tuviste no es tan insignificante como tú quieres aparentar. —Ella rodo los ojos y soltó un suspiro de resignación— De acuerdo, iré a leer a mi habitación, y como de costumbre seguramente me quedare dormida. ¿Me despiertan para la cena? Pizza está bien gracias... —Su voz se perdió segundos después tras la puerta de su recamara.

Yo me deje caer en el sillón más cercano, y recostando mi cabeza en el respaldo, cerré los ojos. A mi derecha escuche como Taiki se sentaba en el sillón individual, mientras que Seiya murmuraba algunas tonterías al sentarse a mi izquierda, en el sillón restante. Seguramente estaría molesto por no poder pasar el día pegado a Serena. Tratábamos de aparentar ser una familia unida, pero ni Taiki ni yo permitiríamos que Seiya se "uniera" demasiado a Serena.

Tras unos minutos, el silencio comenzó a sentirse tenso en aquella sala. Seguramente los tres estábamos pensando en el próximo adversario que sin duda vendría a remplazar al que recién había sido derrotado. — ¿Qué es lo que haremos? En cualquier momento puede aparecer un nuevo enemigo intentando...— No supe como continuar, la verdad era que no tenía idea de cuál era el propósito del enemigo.

—Lo que importa es estar preparados— Aseguro Taiki— Obviamente fue una estupidez de nuestra parte no contemplar la posibilidad de una nueva batalla. Debemos buscar la forma de entrenar y fortalecernos. Estos seis meses de apatía nos han vuelto descuidados y vulnerables. Fue por eso que no pudimos darnos cuenta de que un enemigo se acercara. Fue por eso que tú no llevabas tu estrella de trasformación en el bolsillo. —Me reprocho— Obviamente nuestros instintos se han adormecido y debemos remediarlo. Somos las únicas Sailors que quedan en este planeta. Ahora este es nuestro hogar. Ahora Serena es nuestra princesa y es nuestra responsabilidad protegerla.

En ese momento lo recordé. El oponente recién derrotado me lo había dicho. El enemigo no estaba simplemente tratando de dominar o destruir el planeta. No se trataba de una conquista cualquiera. El enemigo, fuera quien fuera, buscaba a nuestra princesa. ¡Estaba buscando a Serena!


¡Espero sus comentarios!

Besos y abrazos.