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—Me da la impresión de que van a necesitar ayuda para capturar a ese animal —el sargento volvió a aparecer a su lado, acompañado de una mujer—. Le presento a Anko. Cuidará de usted mientras yo ayudo a capturar a ese caballo.
—Gracias, sargento —le contestó, pero él ya estaba subido a su caballo.
— ¡Pero qué jovencita tan preciosa! —exclamó Anko, y tomó a Sakura de la mano para conducirla hacia la tienda de comestibles—. Has debido pasar mucho miedo. De no haber sido por Sasuke Uchiha, no sé que os habría pasado a la niña y a ti. Yo estaba en la ventana, y lo he visto todo.
Sasuke Uchiha. Debía ser su nombre. Desde el peldaño superior de la escalera, se volvió a mirar hacia el recodo del camino.
Ya no lo veía, pero seguía teniendo su imagen grabada en la retina: moreno, valiente, orgulloso, con la melena al viento. Un hombre dispuesto a cambiar su vida por la de aquella niña sin vacilar.
—Entra, querida; te traeré un poco de agua fresca —Anko tenía abierta la puerta—. Necesitarás sentarte un rato, después de un susto como ese.
— Estoy bien, no se preocupe —Sakura aún podía sentir la marca del calor de las manos de Sasuke Uchiha—. ¿Está bien la niña?
—No tiene ni un rasguño. Siéntate en este taburete, que voy a traerte algo de beber —dijo, mientras se adentraba entre repisas y mostradores.
—No se moleste, por favor... —empezó Sakura, pero no pudo terminar la protesta.
Anko ya se había alejado con un frufrú de sus faldas. Volvió con un vaso de agua fresca.
—Bébetela toda, querida. Te sentirás mejor.
Una mujer de edad se acercó a ella.
—Pobrecita. Una joven como tú en esa situación. Debes ser la hija del coronel, ¿no? La que viene a darles clases a los niños.
— Sí —contestó Sakura, tomando el vaso con manos ligeramente temblorosas.
Se lo bebió entero y, cuando terminó, miró hacia la calle a través del cristal del escaparate.
¿Dónde estaría Sasuke Uchiha? ¿Estaría bien? ¿Sería grave su herida? En la tienda había bastante gente y todos hablaban sobre el incidente del caballo desbocado y del peligro que había corrido la niña de los Shigaraki. Pero nadie mencionaba a Sasuke Uchiha.
Sakura le devolvió el vaso vacío a Anko, dándole las gracias, e hizo ademán de bajarse del taburete, pero Anko se lo impidió.
—Aún debes estar temblando, querida. Quédate aquí y, cuando vuelva el sargento Shikamaru, le diré que te lleve a casa inmediatamente.
— Gracias a Sasuke Uchiha, no he sufrido ningún daño.
Como si pronunciar su nombre tuviese el poder de conjurarlo, la puerta se abrió y apareció en la tienda. Noble y misterioso, salvaje y civilizado. Las conversaciones cesaron y una extraña tensión llenó el espacio. Sasuke Uchiha avanzó en la tienda hacia el escaparate. Directamente hacia ella.
Sakura bajó del taburete con las rodillas temblorosas.
Pero él no la miraba con aquellos ojos oscuros como la noche.
—Señora, ¿cómo está Sumire?
La niñera sujetó de la mano a otro niño revoltoso que parecía decidido a salir corriendo hacia la puerta aún abierta, mientras sujetaba en la cadera a Sumire.
—Perfectamente. Lo primero que ha hecho después de lo de ese animal ha sido salir corriendo otra vez al primer descuido.
—Me alegro —contestó, y en su rostro se dibujó una sonrisa al apartar del rostro de la niña uno de sus mechones de pelo—. Te han gustado las volteretas, ¿eh?
— ¡Sí! Otra vez, Sasuke —le pidió la niña entusiasmada.
—Hoy no, cachorrita —contestó Sasuke.
Desde luego, aquel hombre era también un sueño.
Entonces se volvió a mirarla a ella, y Sakura sintió como si su mirada la taladrase.
—¿Está usted bien, señorita? —se acercó a ella con la gracia de un lobo que cercase a su presa—. Debo haberla asustado.
—Le estoy muy agradecida por lo que ha hecho, señor —Sakura bordeó uno de los mostradores para acercarse—. No sé cómo darle las gracias. Ha salvado dos vidas.
—Solo he hecho lo que haría cualquier otro.
—Nadie se arriesga de ese modo —contestó Sakura casi sin voz.
— Señorita Haruno —el sargento Shikamaru se interpuso entre ellos—. Su padre quiere que la conduzca inmediatamente ante él.
Sakura enrojeció por la grosería del sargento.
—Estaré lista en un instante. Estoy...
—Ha dicho inmediatamente, señorita.
Sakura sabía que todos los clientes de la tienda los estaban mirando.
— Que tenga un buen día —dijo Sasuke Uchiha y, con una leve inclinación de cabeza, se alejó.
Era demasiado tarde para llamarlo, sobre todo estando allí el sargento y toda aquella gente. Gente cuyos hijos serían pronto sus alumnos.
Mientras lo veía alejarse hacia la puerta, mil preguntas se agolparon en su interior. ¿Se le notaría en la cara que hubiera querido seguir hablando con él? ¿Sería esa la razón de que el sargento la tomase por un brazo y la condujera casi con demasiada rapidez a la puerta?
Bajaron las escaleras y miró a su alrededor. Sasuke Uchiha no estaba por allí. Miró hacia las sombras creadas por las inmensas paredes del bosque. Lo buscó entre los ruidosos soldados que llenaban el fuerte, una vez el sargento y ella hubieron entrado entre sus fortificaciones.
No estaba por ninguna parte. Parecía haberse desvanecido en las sombras.
—¿Por qué no me ha permitido hablar con él? —le preguntó al sargento.
—He recibido órdenes estrictas de conducirla inmediatamente al despacho del coronel —contestó el sargento Shikamaru con cierta brusquedad, mientras saludaba a los guardias de las puertas del fuerte.
—Es porque Sasuke es medio indio, ¿verdad? —adivinó—. Me he dado cuenta de cómo se comportaba todo el mundo en la tienda.
—Se equivoca. El hecho de que sea o no, no tiene nada que ver — el sargento enrojeció ligeramente—. Es que es un hombre distinto.
A Sakura no le gustó la respuesta.
—Es porque eso, no lo niegue.
—¡Su padre no es un represor con los de clase! —respondió airado el sargento, como si no le gustase que una simple mujer se permitiera hacerle esa clase de comentarios—. Sasuke Uchiha es un lobo solitario, y haría bien en mantener las distancias con esa clase de hombres. A su padre no le parecería bien.
Así que esa era la cuestión, ¿no? Que su padre seguía creyéndola una niña a la que podía ordenar y supervisar como a uno de sus soldados. Pues se iba a llevar una buena sorpresa.
—Dígame, sargento —insistió. Seguir la velocidad de su paso la estaba dejando sin aliento—, ¿Sasuke Uchiha vive en el asentamiento?
El sargento apretó los labios y el paso, y Sakura tuvo casi correr.
—Resultó herido del encontronazo con el caballo. ¿Tiene familia que cuide de él?
El sargento frunció el ceño. Quedaba claro: no iba a contestar a más preguntas.
Pero Sakura no se desanimó. Ya encontraría el modo de hallar la respuesta a sus preguntas. Su encuentro con Sasuke Uchiha le había dejado la misma sensación que si a alguien se le interrumpía en mitad de una sonata: una cadena de notas que quedaban suspendidas en el aire, ahogadas sin terminar.
Mientras seguía a duras penas al oficial por delante de aquellos edificios de madera, recordó el timbre de su voz, profundo como el trueno de las tormentas de verano, y el arco protector de sus brazos.
Quizás, solo quizás, tendría la oportunidad de volver a verlo.
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