¡Feliz año nuevo! Espero que hayan empezado muy bien y que disfruten mucho del capítulo.
III
No tardó mucho en organizar la primera parte del viaje y la fecha de partida llegó demasiado pronto para Han, quien no sabía aún cómo haría para sobrevivir a semejante travesía junto a una adolescente malcriada. Aunque pensándolo mejor, quizá el problema sería no matarla durante el viaje. Habían acordado encontrarse en un pequeño aeropuerto para vuelos privados para partir a París, siendo la universidad de aquella ciudad de la que el tal Obi Wan Kenobi había conseguido la información para iniciar su viaje en busca de los Cristales Kyber; Han haría su investigación usando las notas de aquel desconocido e intentaría seguirles el rastro en Malasia, el último país sobre el que le había escrito al senador Organa. El día pactado pasó a buscarlo un auto con un chofer con el que no cruzó palabra: parecía cómo si fuera a encontrarse con un jefe mafioso, aunque dudaba de que un político se alejara mucho de eso.
El aeropuerto era silencioso y con poco movimiento, acorde a la situación delicada por la cual había sido contratado. El lugar no tenía mucho más que algunos boxes de oficinas y asientos, desde los cuales se veía una única pista para aviones; en ella, hombres daban las última revisiones a un pequeño avión civil y, a unos pasos de ahí, distinguió la figura pequeña de Leia Organa junto a la de su padre. Cuando se acercó vio que no llevaba más que una maleta marrón de cuero y un morral que siempre la veía usar en la universidad, y tenía puesto un vestido blanco con flores azules y zapatos de cuero marrones. Agh, perfecto, la niña creía que estarían paseando por capitales europeas por mero placer.
-Doctor Solo-saludó el senador, con una sonrisa amable.
-Buen día, senador-respondió y luego miró a la joven-señorita Organa.
-Hola, profesor-la chica sonrió casi forzosamente y un hombre que se acercó desvío su atención.
-Señor Organa, el avión está listo-dijo.
-Gracias-contestó Bail-Leia, ¿quieres ir subiendo? Me gustaría hablar con el señor Solo un momento.
Ella los miró desconfiada, pero se acercó para abrazar a su padre y este le besó la mejilla con afecto.
-Te amo papá, cuídate.
-Tú también, mi vida. Pórtate bien y prométeme que harás todo lo que el señor Solo te diga.
-Lo prometo, padre. Te quiero-Han no notó demasiada convicción en la promesa. Leia tomó su maleta, pero el hombre del avión se ofreció a ayudarla; ellos se quedaron mirándola caminar hasta que entró en la aeronave.
-Doctor Solo-rompió el silencio Organa-quiero advertirle sobre mi hija.
-La conozco lo suficiente cómo para decir que es una chica de carácter, pero dudo que sea algo que no pueda controlar.
-No es por eso-rió el hombre-Leia tiene una desesperación enorme por demostrar que es mucho más de lo que aparenta, y eso puede llevarla a ser muy imprudente. Solo quiero pedirle que si usted ve que la búsqueda es muy peligrosa, que mi hija intenta seguir a pesar de que no pueda hacerlo o no le hace caso, envíela de vuelta de inmediato y yo responderé por usted. Usted siga con la búsqueda, pero de ser necesario envíela de regreso.
Han asintió, viendo en el hombre una auténtica preocupación ante el temperamento de una hija adolescente.
-De acuerdo, senador-respondió con gentileza, mientras tomaba su maleta.
-Buen viaje.
-Gracias, y no se preocupe: Leia estará bien.
La muchacha se encontraba inquieta mirando por la ventanilla desde su asiento mientras en su cabeza oía el posible diálogo entre Han "Indiana" (por lo que había descubierto) Solo y su padre: que la cuidara, advertencias por su temperamento y todas esas preocupaciones paternales que, a su criterio, no tenían lugar al inicio de semejante travesía; si algo le ocurría, poco haría la preocupación de un padre en la otra punta del mundo. Era hora de que Bail la dejara salir un poco de esa caja de cristal en la que había estado toda su vida y que había empezado a resquebrajarse al enterarse que era adoptada. La noticia no la había enojado porque si había algo que nunca le faltó fue amor, pero la intriga por saber quien era este desaparecido hermano podía con ella, además de que ya le sentía una enorme familiaridad a la idea de tener un gemelo.
El profesor Solo empezó a caminar hacia el avión y Leia se cambió al asiento contra la ventana de la fila de al lado. Sacó su diario (que siempre viajaba con ella) y comenzó a escribir lo primero que se le vino a la cabeza para disimular mientras llegaba su maestro. Este entró con sus aires encantadores y personalidad fuerte y extrovertida que parecía haber conseguido ese mismo día: en las clases, más allá de su atractivo natural, no parecía demasiado abierto ni expresivo, tan solo un simple profesor muy dedicado a la educación.
-Bueno, empieza el viaje-dijo, sentándose a su lado con una sonrisa amistosa-¿qué tiene ahí?
-Es mi diario.
-¿Y qué escribe?
-Señor Solo, ¿no sabe lo que es un diario íntimo?-inquirió la joven con una mirada sarcástica y un tono algo rudo. Han rodó los ojos y no le dirigió otra palabra; Leia, sin embargo, sintió que se había comportado cómo una chiquilla inmadura y no quería dar esa imagen-estoy escribiendo solamente… lo que veo.
-¿Qué?
-Que escribo lo que veo, lo que llama mi atención o provoca algo.
-¿Y qué cosa en todo esto le provoca algo?-preguntó él con interés. Leia levantó sus ojos un poco y sus miradas coincidieron, haciendo que se le pusiera la piel de gallina.
-Estoy emocionada. Será la primera vez que cruce el océano.
-¿No conoce Europa?
-Mi padre es muy dedicado a su trabajo, así que nunca tuvimos tiempo para unas grandes vacaciones.
-No puedo prometer que sean grandes vacaciones, pero seguro será emocionante-sonrió él-quien sabe, tal vez hasta pueda escribir un libro entero.
El piloto fue a informarles que se prepararan para el despegue y Leia tomó aire, procurando disipar los nervios.
-Dígame por favor que no vomita-rogó su profesor.
-No, pero siempre me da nervios. ¿A usted no?
-Estoy acostumbrado, he viajado mucho.
-¿Eso tiene que ver con un tal Indiana Solo?
A Han casi se le disloca la mandíbula y empezó a balbucear buscando una respuesta a las palabras de su alumna, ignorando cómo el avión aceleró de repente para tomar vuelo; una vez que estuvo tranquilamente flotando, pudo decir algo.
-¿De dónde sacó eso?-Leia, que ya había volteado sus ojos a las nubes que pasaban por su lado, lo observó cómo si no entendiera su enojo-sabe de que hablo.
-Bueno, hice mis investigaciones. No iba a andar viajando sola con un hombre al cual solo le conozco el nombre-sonrió cómo si fuera lo obvio, encogiéndose de hombros.
-Pero a eso no lo sabe nadie, no está… ¿fue Crix, verdad?
-El señor Madine coincidió conmigo y tuvimos una interesante charla en el museo de la universidad ayer. Déjeme decirle que su historia es impresionante-sus oscuros ojos se iluminaron con un destello de aventura y admiración, haciendo que Han se sintiera algo orgulloso-es increíble que usted haya hecho todo eso.
-¿Por qué?
-Es solo que usted parece tan tranquilo en las clases, tan sencillo, y sin embargo ha vivido todo eso. Nadie podría creerlo-sonrió Leia de manera honesta, pareciendo de nuevo muy linda ante los ojos del arqueólogo-tengo que decir que lo envidio.
-¿Segura? ¿Por pasar días en selvas o desiertos sin una enorme y mullida cama, agua caliente ni espejos para hacerse esas complicadas trenzas?-inquirió él, mirando la corona que adornaba la cabeza de la muchacha.
-Creo que me está prejuzgando, señor Solo. Además, puedo peinarme así sin necesidad de un espejo y en menos de diez minutos-alardeó en broma, aunque sus siguientes palabras tenían un deje de melancolía-creo he esperado tanto una aventura, salir de la burbuja en la que he estado viviendo desde que nací, que no me importaría ensuciarme un poco las manos o andar despeinada por el medio de una selva.
Hablaba casi con la desesperación y anhelo de un prisionero que ansiaba una lejana libertad, y el doctor Solo pensó que su alumna no disfrutaba quizá del todo una vida que muchos desearían. Casi le dio pena: él no cambiaría su libertad ni por todo el dinero del mundo.
A partir de ese momento, Han Solo ya estaba en la piel de su alter-ego y, con una sonrisa de lado, le prometió implícitamente a la joven Leia Organa que le haría vivir la aventura de su vida.
Y ya sabemos que clase de aventura será, ¿no? ;)
Muchas gracias por leer y por comentar, me sacan miles de sonrisas. Muy buen comienzo de año para todos!
