Capítulo III

Para el Mago que siguió a los Mortifagos no hubo la necesidad de esconderse. Serenamente esperó a que estos entraran en uno de los callejones y se adentró también, y cuando estos lo notaron:

–Ahora los lacayos del… ¿Cómo es lo llaman? ¡Oh si Voldemort!... Ahora los lacayos de Voldemort, hacen de comida buffet.

La forma serena y firme en la que habló el mago hizo que los tres mortifagos cuerdos se sintieran intimidados; no así Bella, que reaccionó de inmediato ante la falta de respeto de aquel hombre hacia su señor.

–¡¿Cómo te atreves a siquiera decir su nombre?!

El aludido ni se inmuto ante el ataque de histeria e incarcerus que le envió Bellatrix.

Los mortifagos no estaban conscientes de que ninguna de sus defensas con magia, funcionaría; por lo que el callejón se llenó de luces rojas:

Más pronto todo cambio y la presa se volvió cazador. El mago –que ya a esas alturas los Carrow y el matrimonio Lastrange dudaban que lo fuera– detenía los hechizos y maldiciones y no es que fuera tan poderoso que los repeliera o algo parecido, sino que estos no parecían existir en cuanto chocaban con él.

–¡¿Por qué no estás herido?! –exclamó furiosa Bella.

El varón agitó la mano y empezó a reír divertido.

–¡Los mandaron a cazarme y no saben nada de mí!

Después de eso ya no hubo pasividad por parte del sujeto y contando con que a los magos y brujas no les pareciera importante la distancia entre ellos y él; se acercó veloz y tomó del cuello a Alecto, tronando este como una varita. La bruja fue arrojada como un muñeco de trapo por su asesino.

Al ver esto, los otros cofrades del Señor Oscuro; no se midieron y empezaron con los Avadas

El sujeto suspiró aburrido y por supuesto que el olor de sangre de esos tres, le removió el apetito; por lo que cenar… le pareció una buena idea…

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Una hora más tarde el olor que salía del callejón alertó a los transeúntes, quienes llamaron a las autoridades.

Los Aurores se presentaron en el lugar.

Lo que encontraron ahí; parecía una carnicería y hasta los magos de capa azul con más experiencia, quisieron vomitar.

Partes de cuerpos irreconocibles, estaban regadas por todo el lugar y si llegaron a encontrar torsos, no hubo nada de entrañas en ellos.

La situación era muy seria por lo que incluso el jefe de Aurores se presentó, acompañado por sus más cercanos colaboradores.

Rufus Scrimgeour observó todo y ordenó que se tomarán todas las precauciones con los restos, para no perder ninguna posible prueba; sin embargo que todo se hiciera con la mayor celeridad posible.

Todo el Ministerio de Magia estaba pendiente y trabajando con su departamento para buscar una solución a eso… después de todo lo que fuera que estaba asesinando y devorando magos y brujas; no distinguía, sexo, edad… ni bando.

Los Inefables trabajaban incansablemente en un proyecto; que si bien Rufus les proporcionó lo que pidieron, le daba escalofríos saber que se proponían en ese lugar para contrarrestar ese horror que asolaba el mundo mágico.

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Esa noche en la sala común de Slytherin se sintió todo el miedo de un futuro poco probable.

Las noticias habían llegado al Lord y este frustrado y furioso; arremetió contra todos sus seguidores y si bien muchos no salieron tan heridos, ya no hubo seguridad de salir ilesos de esa guerra, ni por el bando de la luz ni por su propio líder; quien nunca lo admitiría, pero había perdido el mando de sus creaciones.

Esas que se deshicieron eficazmente de un cuarteto de mortifagos, pertenecientes al círculo interno.

Las noticias siendo malas, arribaron velozmente a Hogwarts.

Los rostros de los estudiantes de verde reflejaban la incertidumbre por sus familias y por ellos, pues si el Lord no sólo no controlaba a esos devoradores sino que se desquitaba con sus seguidores por eso; el futuro se adivinaba muy oscuro.

Draco no se consideraba el mejor mago, sin embargo si en sus manos estaba el hacer algo por los demás –sin que le afectará– lo haría.

Esa noche rumbo al comedor para la cena, en la mirada del rubio hubo determinación.

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La mayoría de los de la casa de Salazar ya estaban en sus asientos, en el momento que Draco y Blaise entraron al comedor.

El rubio caminó a su lugar, más en esta ocasión, se giró hacia la mesa de Gryffindor y saludó con un movimiento de cabeza a Harry.

Este se quedó estático sólo un momento, pues Hermione lo avivó con un golpe discreto y el moreno respondió el saludo.

Los que vieron el intercambio entre esos dos, corrieron la noticia y pronto fueron blanco de las miradas de casi todos los presentes en el lugar.

Al término de la cena, el gesto se repitió.

Hermione llamó a sus amigos para salir veloces y hablar de lo sucedido. En un lugar discreto –una aula en desuso– la castaña, aseguró:

–Malfoy ha abierto la posibilidad, ya no hay duda.

Los dos chicos se miraron y fue Ron el que opinó:

–Si te refieres a que lo de la posible cooperación entre algunos de los alumnos de ambas casas, por inicio de Harry y él, cierto, ya no de puede ocultar.

–Lo que me hace cuestionar los motivos. –articuló Harry.

Los del trio se quedaron en silencio y fue la bruja quien puso en palabras lo que todos tenían en mente.

–Ellos se han quedado sin opciones. Saben algo y… parece ser muy grave.

–Lo es… Granger. Es algo tan grave que me hizo dar el paso que sigue a esa tregua. –dijo Draco...

No hubo sonido que los alertara y por eso no supieron, que Draco y Blaise los habían seguido.

El chico de color prosiguió aprovechando el desconcierto de los leones:

–Esta noche fueron asesinados cuatro de los más fieles a… Ya-Saben-quién.

El rubio intervino:

–Como haya sido no importa, lo que interesa es que sus otros… seguidores fueron castigados sin clemencia …

–No es raro cuando sigues a un demente. – opinó Ronald.

Draco entrecerró los ojos, ante lo dicho por el Weasley. Pero antes de que las hostilidades comenzarán; Hermione intervino:

No podemos negar que ambos… bandos nos necesitamos. O por lo menos los que deseamos salir vivos de esta guerra.

–De por si la guerra será cruenta; que haya algo más acabando con magos y brujas, es aún peor.

Concluyó Blaise. Los presentes asintieron.

Hermione retomó la palabra:

–Malfoy, Harry y tú han dado el primer y muy importante paso. Ahora deben contar con apoyo… Ron y yo estamos con Harry…

Blaise acotó a eso:

Seguros, Nott y yo. De los otros; tienen miedo, pero no actuarán hasta que alguien les ponga un ejemplo.

Hermione asintió y dando un paso al frente; extendió la mano hacia Draco, quien tuvo que recordarse lo que podría ganar acercándose a esa sangre sucia.

El silencio y la tensión se sintió en el aula; más cuando la mano del heredero de Lucius se movió para tomar la de la bruja, todo se calmó.

De eso a que los cinco estudiantes se pusieran al tanto de algunas cosas sin importancia, pero que eran parte de su vida cotidiana, pasó un poco de tiempo.

Al salir del lugar. Hermione y Ron conversaban con Zabini. Draco y Harry caminaron detrás de ellos. El rubio metió las manos dentro de sus bolsillos:

–¿Estás bien con esto?

Harry se rascó la nuca:

–Si. Tampoco es como si me agradará esto del odio entre casas. Y tú … no pareces tan insoportable.

Draco vio mal al moreno, sin embargo la sonrisa socarrona de este lo hizo sonreír también.

–Ni tú, un idiota.

El grupo se separó un pasillo más adelante. Más lo que harían era no esconder la convivencia pacífica y hasta un poco cooperativa.

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Las heridas escocían al contacto con la pomada; sin embargo el mago estaba más preocupado en mover lo que hervía en el caldero. Pues la pócima que detendría el envenenamiento de su amigo, debía ser recién hecha y en gran cantidad.

Severus retiró su creación del fuego y sólo la vertió en un recipiente de oro – así lo indicaba la preparación. Alzó el recipiente con la mano sana y la llevó a la sala donde Lucius se encontraba tendido en el sillón.

El mago rubio estaba desnudo y es que los trozos de tela, que fue su ropa, debieron ser retirados para que la sangre negra y envenenada le fuera drenada.

El hombre de cabello oscuro llegó e indicó a uno de los elfos que lo auxiliaban.

–Ya está bien Tinny, con eso es suficiente, no queremos desangrarlo.

La criatura asintió y obediente se unió al otro elfo que limpiaba con un lienzo al rubio aristócrata.

El patriarca Malfoy gimió al ir despertando. Severus ya colocaba la olorosa poción sobre las heridas infectadas y recién drenadas.

–No creo que estuvieses pensando cuando decidiste ir y entrar a ese lugar.

–Alguien debió hacerlo.

–Pudiste esperar a que los efectos de los cruciatus de… nuestro señor, se curarán.

–Sabes que ya no hay tiempo. Ayer fueron los Lastrange y los Carrow, después podemos ser nosotros.

–No puedo estar en desacuerdo. Más ¿que esperabas conseguir?

–Rufus… me ofreció un trato.

–¿A cambio de que?

–No tenía ni idea, sólo algo que ayudará a descubrir alguna debilidad de ese ser.

–Es raro que no haya pedido los secretos del Lord.

–Si tomamos como ejemplo lo que pasó ayer… si no lo detenemos no habrá magos o brujas que luchen una guerra.

–De ninguno de los dos bandos. Dumbledore así lo cree y también está cooperando con el Ministerio.

–Ahí lo tienes.

Severus detuvo al otro mago, pues estaba muy agitado y de ese modo no lo podía curar rápidamente.

Esa tarde el pocionista dejó Malfoy Manior llevando una novedad al director de Hogwarts… Lucius Malfoy había conseguido un cuerpo desechado… uno de los que el Lord descartó, uno de esos seres…

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Tal vez el cambio no era muy notorio en el caso de los estudiantes normales , sin embargo entre Draco y Harry ya se notaba la convivencia, uno que otro paseo o hasta alguna tarea hecha en equipo por ellos y sus amigos.

Muchas gracias Gabycha