¡HOLA DE NUEVO!
LES DEJO EL TERCER CAP. ESPERO LES GUSTE.
Shani 3000 La historia es una novela ligera que en realidad se llama El secreto de John.
Sin más que decir me despido, no se olviden de dejarme un reviews.
Capitulo 3
-¡NO PUEDES hacer eso!- protesto Bella mientras cruzaba la calle con ella en brazos para alborozo de un cliente madrugador que había delante de la tienda de comestibles.
-No querías ir por tu propio pie- aseguro Edward. Bajo la vista para mirarla y sonrió. –Eres muy guapa, ¿lo sabes?-.
Ella dejo de protestar.
-¿Co-como?
-Guapa- repitió Edward. –Y, además tienes muchas agallas. Ojalá hubieras cerrado el puño cuando golpeaste a Newton. Ese tipo debería permanecer encerrado de por vida-.
Bella se le colgó del cuello con sus manitas.
-No lo vi venir- aseguro todavía conmocionada. –Me empujo al cuarto de arreos, y cerro la puerta. Creí que nunca podría escapar. Luche con todas mis fuerzas…- Bella trago saliva. –Los hombres son muy fuertes, incluso los que son muy fofos como el. Pero tú me salvaste-.
Edward se miro en sus grandes ojos chocolate.
-Si, yo te salve-.
-Es curioso- murmuro ella con una sonrisa débil. –Justo antes le estaba contando a Ángela, la niña que adopto mi madre, que un príncipe azul vendría algún día a rescatarme. Y tu tienes aire de príncipe – aseguro observando su hermoso rostro.
Edward alzo las cejas.-Soy demasiado alto. Los príncipes suelen ser bajitos y rechonchos-.
-En las películas no-.
-Pero yo digo en la vida real-.
-Apuesto a que no conoces a ni un solo príncipe-.
Se habría llevado una sorpresa. Edward y su hermano se habían codeado con cabezas coronadas de Europa en muchas ocasiones. Pero no iba a admitirlo, por supuesto.
-Puede que tengas razón- se limito a decir.
Se inclino para abrir la puerta con la mano. Entro en la sala de espera del medico con Bella todavía en brazos y se acerco a la recepcionista que estaba detrás del panel de cristal.
-Es una emergencia- dijo en voz baja. –Ha sido victima de un ataque-.
-¿Bella?- exclamo la recepcionista, que había sido compañera de clase de Bella. –Pasen por aquí, iré a buscar al doctor Bates-.
El medico era un anciano malhumorado, pero tenia buen corazón. Le pidió a Edward que esperara fuera mientras examinaba a la paciente. Edward se quedo en el pasillo y, poco después, se abrió la puerta y el medico le hizo un gesto para que entrara.
-A excepción del lógico estrés emocional y unos cuantos cardenales, no esta herida- aseguro el medico girándose asía Bella, que estaba pálida y callada. –Voy a inyectarte un calmante. Quiero que te vayas a casa y pases el resto del día en reposo. Alzo una mano al ver que ella iba a protestar. –Ángela esta en el colegio y tu madre se las arreglara-.
Mientras el medico le daba instrucciones a la enfermera, Edward se metió las manos a los bolsillos de los vaqueros y miro a Bella. La admiraba por su coraje, y también la encontraba muy guapa, aunque ella no parecía darse cuenta. El único obstáculo real era su edad. Edward torció el gesto al darse cuenta de que era demasiado joven para el. Una lastima. Llevaba toda su vida buscando una mujer que le cayera bien y además la deseara.
Entorno los ojos mientras observaba la figura menuda de Bella. Tenía un cuerpo muy sensual. Le encantaba los senos menudos y coquetos que se adivinaban bajo la camisa de algodón. Pensó en lo adoloridos que estarían por la culpa de los dedos de Newton y le entraron ganas de volver a golpear al hombre. Sabía que Bella era virgen. Newton le había robado sus primeros momentos de intimidad, los había ensuciado.
Bella observo su expresión y se sintió incomoda. ¿Estaría pensando que fue responsable del ataque? Se estremeció y bajo los ojos avergonzada. El medico regreso con una jeringuilla, le subió la manga, le mojo el antebrazo con una bola de algodón y la inyecto.
-Vete a casa antes de que haga efecto o te quedaras dormida en el camino- bromeo el medico antes de mirar a Edward. -¿Usted podría…?-.
-Por supuesto- aseguro el sonriendo a Bella, que dejo entonces a un lado sus miedos respecto a su actitud. –Vamos, te llevare a casa-.
Bella iba sentada a su lado en la cabina de la camioneta, fascinada con los detalles de lata tecnología.
-Esto es increíble- comento pasando la mano por el salpicadero de cuero. –Nunca había visto una camioneta con tantos botones. Parece una nave espacial-.
Edward podría haberle dicho que su recién adquirido Jaguar estaba mas en esa línea, con cámaras traseras, asientos calientes y un motor espectacular. Pero se suponía que el no podía permitirse esos lujos, así que cerro la boca.
-Es una camioneta de rango medio- aseguro. –Pero lo cierto es que nuestros jefes no reparan en gastos en lo que equipamiento se refiere. Y eso incluye el almacén de piensos-.
Ella lo miro con sus ojos chocolate, que cada vez se iban volviendo más somnolientos.
-¿Va a haber otro en cargado además del señor Clearwater?- pregunto.
-Si. Tu- añadió mirándola con cariño. –Y eso incluye una subida de sueldo, por supuesto-.
Bella contuvo la respiración.
-¿Estas hablando enserio?-.
-Por supuesto-.
-Vaya- murmuro ella pensando ya en las ocas que se necesitaban en la casa y en la ropa nueva de Ángela. –No me lo puedo creer-.
-Ten cuidado, no te caigas del asiento- dijo Edward frunciendo el ceño.
-Creo que el calmante me esta haciendo efecto- murmuro Bella con una risa breve incorporándose mientras se tocaba distraídamente los senos. –Y también los moretones. Ese tipo fue muy bruto-.
El rostro de Edward se endureció.
-Ojala hubiera llegado antes al almacén- murmuro apretando los dientes.
-En cualquier caso me salvaste- replico ella sonriendo. –Eres mi héroe-.
-No, señora. Solo soy un vaquero currante-.
-El trabajo duro y honrado no tiene nada de malo- aseguro Bella. –Yo no me fijaría e ningún hombre rico y sofisticado que tuviera una legión de mujeres alrededor. Me gustan los vaqueros-.
Aquellas palabras lo hirieron. Estaba viviendo una mentira, y no debería haber empezado así con Bella. Ella era una buena persona. No volvería a confiar en el si se daba cuenta de que la estaba engañando. Debería decirle quien era realmente. La miro. Estaba dormida. Tenía la cabeza apoyada contra el cristal y la respiración acompasada.
Bueno, ya habría otro momento, pensó. Bella ya había tenido suficientes sustos por un día.
Edward detuvo el coche en la entrada de su casa, rodeo la camioneta y la saco en brazos. Se detuvo al pie de los escalones y observo su rostro dormido. La estrecho contra su pecho. Le encanto su peso liviano y su dulce rostro apoyado contra el bolsillo de la camisa. Subió con facilidad las escaleras, llamo a la puerta y la abrió.
Su madre, la señora Swan, estaba sentada en una silla en bata viendo las noticias. Soltó un grito al ver a su hija.
-¿Qué le ha pasado?- exclamo intentando levantarse, pero tubo que quedarse sentada.
-Se encuentra bien- dijo Edward enseguida. – El medico la ha sedado. La dejare en algún sitio y se lo explico-.
-Si, en su habitación… Por aquí- la señora Swan se puso de pie jadeando por el esfuerzo.
-Señora Swan, señáleme el camino y siéntese- le pidió Edward. -No se canse-.
El amable rostro de la señora se ilumino con una sonrisa.
-Es usted un joven muy amable. Su dormitorio esta en la primera puerta a la izquierda-.
Edward llevo a Bella a la pequeña habitación casi vacía y retiro la desgastada colcha azul que cubría una de las dos camas. Todo era viejo, pero estaba limpísimo. Edward levanto la cabeza de Bella y la coloco sobre la almohada, le quito las botas y la cubrió con la colcha, subiéndosela hasta la cintura. La joven respiraba con regularidad. Edward deslizo la mirada desde su revuelto y ondulado cabello hasta el leve movimiento de sus senos bajo la camiseta que el le había prestado, y luego siguió bajando por la estrecha cintura y las caderas hasta llegar a las largas piernas. Era muy atractiva.
Pero había algo más que atracción física. Era como una cálida chimenea en un día frio. Edward rio ante aquel pensamiento, dirigió una ultima mirada a aquel rostro dormido y hermoso, salió y cerro la puerta tras el.
La señora Swan lo estaba esperando muy preocupada.
-¿Qué le ha ocurrido?- pregunto sin mas preámbulo.
Edward se sentó en el sofá, al lado de su silla.
-Ha tenido un día duro-.
-¡Ese Newton!- exclamo la mujer furiosa. –Ha sido el, ¿verdad?-.
-Sí- reconoció Edward. –Pero, ¿Cómo puede usted saber…?
-Ha estado rondándola desde que el señor Hale lo contrato- dijo ella con voz ronca. Se detuvo un instante para tomar aliento. Sus ojos chocolate, muy parecidos a los de Bella, brillaban con furia. –Un día llego llorando a casa diciendo que el la había tocado de un modo inapropiado, y que no había podido impedírselo. A el le resultaba divertido-.
El rostro de Edward, habitualmente placido, se iba cubriendo de ira mientras escuchaba. La señora Swan se dio cuenta, como también era consiente del cariño con el que había llevado a su hija a casa.
-Disculpe mi rudeza, pero, ¿Quién es usted?- le pregunto con dulzura.
-Lo siento. Se disculpo el sonriendo. –Soy Edward… Masen- añadió. –M i jefe a comprado el viejo rancho McCarty y yo soy su capataz-.
-Ese lugar- la mujer parecía asombrada. –Supongo que sabrá que esta hechizado…-.
-¿Cómo dice?- pregunto Edward alzando las cejas.
-Todo empezó cuando Tyler McCarty se caso con su prima segunda, la señorita Lauren Mallory. El padre de ella se oponía a esa boda, pero Lauren se fugo con Tyler y se caso con el. Su padre juro que se vengaría. Un día, poco después de eso. Tyler llego a casa después de un largo día de trabajo y al parecer encontró a Lauren en brazos de otro hombre. La echo de casa y la obligo a volver con su padre.
-No me lo diga- la interrumpió Edward con una sonrisa. –Su padre le había tendido una trampa-.
-Exactamente. Con uno de sus hombres. Lauren estaba destrozada. Se sentaba en su habitación a llorar. No cocinaba ni hacia nada en la casa, y dejo de salir. Su padre estaba sorprendido, creía que regresaría a sus antiguas responsabilidades. Pero se vio atrapado sin ninguna ayuda en la casa y con una hija que lo avergonzaba delante de sus amistades. Le dijo que volviera con su marido si es que el la aceptaba.
Y eso fue lo que hizo. Pero Tyler la recibió en la puerta y le dijo que no volvería a vivir jamás con ella. Lo había engañado con otro hombre, o eso pensaba el. Lauren se rindió. Se dirigió directamente a porche y de allí cruzo al puente que hay al lado de la vieja cuadra y se tiro desde arriba. Tyler escucho su grito y corrió tras ella, pero Lauren se golpeo en la cabeza al caer y la corriente arrastro su cuerpo hasta la orilla. Tyler supo entonces que era inocente. Mando a avisar a su padre para decirle que su hija había muerto. Su padre llego corriendo a casa de Tyler, que lo esperaba con una escopeta de doble cañón. Le disparo una vez al viejo y se reservo el otro tiro para el. Esto ocurrió hace casi noventa años, pero nadie lo ha olvidado.
-Sin embargo, lo llaman el rancho el rancho McCarty, ¿verdad?- pregunto Edward desconcertado.
La señora Swan sonrió.
-Tyler tenía tres hermanos. Uno de ellos se quedo con la propiedad. Ese era el tío abuelo del McCarty que le vendió el rancho a usted.
-Menuda tragedia- murmuro Edward. –Menos mal que no soy supersticioso-.
-¿Cómo es que ha traído a mi hija hasta aquí?- quiso saber ella.
-Entre en el cuarto de arreos a tiempo para salvarla de Newton- respondió con sencillez. –No quería ir al medico, así que llevarla en brazos por la calle-.
-Bella es muy obstinada- aseguro su madre riéndose débilmente.
-Ya me he dado cuenta- respondió el con una sonrisa. –Pero también tiene agallas. El medico dice que solo tiene unos moretones y se pondrá bien. Aunque por supuesto, esta el trauma del ataque-.
-A eso nos enfrentaremos si es necesario- la mujer se mordió el labio inferior. -¿Sabe usted lo que me pasa?- pregunto de golpe.
-Sí- contesto Edward.
-Bella no tiene a nadie- continuo la señora Swan con gesto sombrío. –Mi marido nos abandono cuando ella todavía iba al colegio. Me quede con Ángela cuando su padre murió mientras trabajaba para nosotras, justo después de que el padre de Bella se fuera. No tenemos más familia. Cuando yo me haya ido- añadió con tristeza-, no tendrá a nadie en el mundo-.
-Estará bien- la tranquilizo Edward. –Vamos a ascenderla a ayudante del encargado del almacén. Y, si alguna vez necesita ayuda, la tendrá. Lo prometo-.
La señora Swan inclino la cabeza como un pajarillo para mirarlo.
-Tiene usted un rostro sincero- dijo tras unos instantes. –Gracias, señor Masen-.
-Su hija es un verdadero encanto- aseguro el sonriendo.
-Un encanto y con muy poco mundo- aseguro su madre. –Este es un buen lugar para criar a los niños, pero no les da una idea del mundo moderno. En ciertos sentidos es como un bebe-.
-Estará bien- insistió Edward. –Tal vez Bella sea ingenua, pero es una mujer fuerte. Si hubiera visto la bofetada que le propino a Newton-.
-¿Le pego?- exclamo su madre con asombro. –Vaya. Gracias por traérmela a casa.
-¿Tiene teléfono?- pregunto de pronto Edward.
Ella vacilo.
-Sí, por supuesto-.
Edward se pregunto por que habría vacilado.
-Si necesita cualquier cosa, lo que sea, puede llamarme- saco una libreta y un bolígrafo del bolsillo y apunto el numero del rancho antes de pasárselo a la señora Swan.
-Es muy amable por su parte-.
-De donde yo vengo, la gente se ayuda. Para eso están los vecinos-.
-¿Y de donde viene usted, señor Masen?- pregunto ella con curiosidad.
-Los Cullen para los que yo trabajo viven en Phoenix, Arizona-.
-¡Esa familia!- la señora Swan contuvo la respiración. –Dios mío, todo el mundo sabe quienes son. De hecho, aquí en el pueblo hay un hombre que trabajo con ellos-.
Edward contuvo el aliento.
-Pero se mudo hace mas o menos un año- añadió sin darse cuenta de que Edward volvía respirar. – Decía que eran los mejores jefes del mundo, y que si su esposa no hubiera insistido en que quería estar cerca de su madre, no se hubiera marchado. ¿Sus padres todavía viven?- pregunto alzando la vista para mirarlo.
Edward sonrió.
-Sí. No los conozco muy bien todavía, pero estamos empezando a sentirnos cómodos los unos con los otros-.
-¿No los conocía?-.
-Así es. Pero eso ya ha cambiado. ¿Puedo hacer algo mas por usted antes de irme?-.
-No, muchas gracias-.
-Entonces, me marcho. Dígale a Bella que mañana no tiene por que venir a menos que quiera hacerlo-.
-Querrá- aseguro la señora Swan con firmeza. – A pesar de ese hombre horrible, le gusta mucho su trabajo-.
- A mi también el mío- le dijo Edward guiñándole un ojo. –Buenas noches-.
-Buenas noches, señor Masen-.
Edward regreso al rancho completamente sumido en sus pensamientos. Ojala pudiera asegurarse de que Newton no saliera de la cárcel en mucho tiempo. Todavía estaba preocupado. Era un hombre vengativo.
El trabajo del rancho iba muy deprisa. La estructura de la cuadra ya estaba levantada, y la fontanería y el cableado estaban ya iniciados. La cuadrilla había empezado con la reforma de la casa. La prioridad de Edward era un dormitorio. Estaba cansado de dormir en un saco de dormir en el suelo. Aquella noche telefoneo a Emmett.
-¿Cómo van las cosas por ahí?- le pregunto.
Emmett se rió.
-Bess trajo anoche una serpiente a casa y la saco durante la cena-.
-Apuesto a que Rosalie no salió corriendo- murmuro Edward.
-Rosalie le levanto la cabeza al bicho y dijo que era la serpiente más bonita que había visto en su vida-.
-Tu esposa es una maravilla- aseguro Edward.
-Y ya puedes pararte ahí- dijo Emmett. –Es mi esposa. Que no se te olvide-.
Edward soltó una carcajada.
-¡No puedes seguir estando celoso! Aunque le llevara camiones cargados de flores y diamantes, ella te escogería a ti- señalo. –Ahora soy solo su cuñado-.
-De acuerdo- dujo Emmett tras unos instantes. -¿Cómo van las reformas?-.
-Lentas- Edward suspiro. –Sigo durmiendo en un saco en el suelo. Ah, por cierto, he alquilado un almacén de piensos-.
-¿Puedo preguntar por que?- quiso saber Emmett.
-El encargado trato de agredir sexualmente a una joven que trabajaba allí. Ya esta en la cárcel, pero la madre de la chica se esta muriendo de cáncer- explico Edward con pesadumbre. –También hay una niña de seis años que adoptaron cuando su padre murió. Bella es la única que lleva dinero a casa. Pensé que, la ascendía a ayudante del encargado, podría pagar sus facturas y comprarle ropa nueva a la niña-.
-Bella, ¿he?¿Y que opina de que el gran jefe se preocupe tanto por ella?-.
Edward se sonrojo al escuchar el tonito.
-Bueno, ella no sabe que soy el gran jefe- respondió.
-¿Como?-.
-¿Por qué debería saber quien soy?- pregunto Edward incomodo.
-Si empiezas con mentiras te meterás en problemas- le reprendió Emmett.
-No estoy mintiendo. Solo reservo la verdad para más adelante. Me gusta que, para variar, la gente me aprecie por lo que soy. Es agradable se algo mas que una chequera andante-.
-De acuerdo, es tu vida- Emmett se aclaro la garganta. –Confiemos en que tu decisión no se vuelva contra ti.-
-Eso no sucederá- aseguro Edward con seguridad. –Quiero decir, tampoco tengo pensado quedarme aquí para siempre. Cuando regrese a Phoenix, esto ya no importara-.
Emmett cambio de tema, pero Edward se pregunto si no habría algo de verdad en lo que su hermano mayor le estaba diciendo. Confiaba en que no fuera así. No podía tener nada de malo intentar llevar una vida normal por una vez. Después de todo, se dijo, ¿Qué mas podría hacer?-
