I fell in Love

II: Gotas de confusión

Disclaimer: Ninguno de los personajes es mío, todos son propiedad de ChiNoMiko.

Alexy's PoV

-Alex- me llamó.

-¿Kentin?-.

-Sé que esto es repentino, pero…-

-¿Pero?- ¿acaso sería que..?

-La verdad es que tú…-.

Estábamos únicamente nosotros dos, en medio de lo que siempre había querido, pero de repente todo se oscureció, dejándome iluminado por una tenue luz que provenía desde arriba. Al siguiente segundo, otra luz apareció, iluminando a una chica de cabello largo y negro. Me parece que es familiar, ¿la conozco de algún lado?

-Alexy- me llamó sin voltear. Su melodiosa voz era extrañamente familiar. Estoy seguro de que ya he hablado con ella en alguna ocasión; me pregunto si es del instituto. Seguía con mis cavilaciones, cuando ella se dio la vuelta, dejándome apreciar su rostro. La luz hacía que sus ojos se vieran más brillantes de lo que eran, justo como cuando el sol brilla en un día claro: así parecía que sus azuladas luces destellaban. Dichos destellos, trémulos, aún no conseguían fluir por sus delicadas mejillas, debido a los esfuerzos de esa chica.

La miré una y otra y otra vez. ¡¿Dónde la he visto antes?!

-Alexy…- abrí mi boca para decir algo, pero me interrumpió alzando su brazo derecho, manteniendo su palma extendida, como deteniéndome.

-… siempre acuérdate de…- y, a paso lento, llegó frente a mí.

Pude ver cada rasgo delicado de su blanco rostro: su frente, cubierta por su flequillo negro; sus grandes ojos azules, retocados por largas pestañas; su pequeña nariz; sus finos labios, teñidos por el rosa de su labial. Era una chica muy bella. Tenía varias amigas y conocidas bastante lindas, pero ninguna se parecía ella.

-Acuérdate, Alexy…- susurró mientras se aferraba a mí, subiendo sus manos por mis hombros, hasta colgarlas detrás de mi cuello. Aunque su rostro estaba muy cerca, no me inquietaba. Sin embargo, en un instante todo vino a mi mente: su cara, la tibieza de sus manos, su suave respirar… ¡era Sucrette! Mis piernas perdieron fuerza por la sorpresa e irremediablemente caímos, arrodillados, al suelo. Ella seguía abrazándome del cuello, yo tocaba el piso con mis palmas.

-Su…- me sonrojé un poco al verla más detenidamente.

-Alexy…- ella seguía acercándose a mi rostro. Estaba seguro de lo que iba a hacer.

-Su, yo…- intentaba decirle mis sentimientos, mas mis labios se movían sin pronunciar ni un solo sonido.

Quise repetirle lo que ella ya sabía para que se detuviera, pero sentía que haría algo malo.

-Alexy…- se quedó, dios mío, a un par de centímetros de mi rostro. Ella permaneció así, mirándome fijamente, ya sin oponer resistencia alguna a las lágrimas que querían escapar de sus ojos.

-S-su, a mí…- no podía -t-tú sabes q-que… a mí… - ¡agh!, siento que estoy perdido.

-Alexy…- ella entrecerró sus ojos y se acercó un poco más. Lo extraño era que escuchaba su voz repetidas veces, como alejándose paulatinamente, a pesar de estar tan cerca de mí.

End Alexy's PoV

-N-no, espera…-.

-Despierta, Alexy- Armin lo sacudía constantemente desde hacía un rato.

-¡Espera, Su!- el peliazul se levantó bruscamente, quedando sentado en su cama. Miró alrededor, despertando completamente al ver el rostro de su hermano.

-Ja, ja, ja, ¿qué te pasa?- preguntó el pelinegro sonriendo.

-¿Por qué me despiertas tan temprano?- reclamó todavía un poco azorado.

-¿Temprano? Queda media hora para que comiencen las clases- respondió. -¿Cómo sigues? ¿Irás a la escuela hoy?-.

-Creo que me quedaré hoy a descansar, aún estoy un poco adolorido- respondió Alexy. Su gemelo asintió y le indicó que había comida en el refrigerador. Después salió de casa, dejando a su hermano dormir tranquilo.

El pelinegro caminó tranquilamente hasta que llegó a la entrada del Sweet Amoris. Se dirigió a su casillero y tomó su libro.

-Hola, Armin- lo sorprendió una voz por la espalda.

-Ah, hola, Iris- respondió él con una sonrisa al tiempo que cerraba la puertecilla.

Hablaron un poco hasta que llegó Sucrette. Ésta vio la escena sonriendo un poco: bien sabía que la despistada Iris había fijado sus ojos en el gamer. Iba a pasar de largo para no molestarlos, pero la detuvo la pelirroja.

-¡Hola, Su!-.

-Hola, Iris. Hola, Armin- aquél también le devolvió el saludo.

-Ah, Alex te manda saludos- Sucrette enarcó una ceja. -Sí- se explicó -es que hoy no vendrá-.

-¿Aún le duele la cabeza?- preguntó ella, visiblemente preocupada.

-No, más bien es dolor general. Recuerda que se llevó un buen tortazo- dijo Armin esbozando su magnífica sonrisa, sin embargo, no logró disipar la preocupación de la ojiazul.

-Tranquila, Alex está bien, tan sólo necesita descansar un poco-. Dicho esto, se retiró, dejando a ambas chicas en el pasillo.

-Calma, Su, seguro que Alexy viene mañana- dijo la pelirroja. Sucrette esbozó una efímera sonrisa de lado mientras asentía.

Ambas caminaron al aula A, Iris en vano intentaba entablar conversación con su amiga, que tan sólo asentía a todo lo que le decía. Era bastante obvio, incluso para Iris, que no le prestaba ni una pizca de atención. Lo mismo ocurrió en las clases. Como Sucrette se sentaba en las últimas filas junto a la ventana, no fue difícil que las nubes, el vuelo y canto de las aves, y cualquier cosa que ocurriera en el exterior vencieran las palabras del profesor en turno. Suspiró repetidas veces, increíblemente, sin llamar la atención de quien estuviera impartiendo la clase.

Así transcurrió el resto del día. Rosalya tenía la intención de hablar con ella cuando se encontrara mejor, o al menos estuviera dispuesta a escucharla. Para la peliblanca cualquier cambio en su amiga era muy obvio: en ese momento ella veía sobre la cabeza de Sucrette un cartel enorme con la palabra "culpa" y un pequeño "vuelve pronto" en los bordes.

Fuera de la escuela, Alexy, en su casa, pataleaba en su cama. Su rostro se torcía y de vez en vez se giraba. Parecía que Morfeo le estaba haciendo una mala jugada. Al fin logró despertar, un poco exaltado. Estuvo quieto un par de minutos, reponiéndose y minutos más tarde, ya estaba de pie.

-El mismo sueño…- se estiró y bostezó un poco. Después de levantarse, arregló su habitación y desayunó tardíamente. Miró el frasco de medicamento que le habían recetado, lo abrió sin mucho interés y cogió una tableta, tragada pocos segundos después.

-Estoy aburrido- dijo en un suspiro. Cerró pesadamente los ojos y miró a través de la ventana del comedor: el día era bastante bello, parecía que algún pintor había materializado uno de sus mejores cuadros. Decidió salir de casa para estirar las piernas y tomar aire fresco. Dirigió tranquilamente sus pasos hacia el parque cercano al instituto, donde solía pasar con Sucrette cuando iban de compras, pues quedaba de paso. Se acordó de la muchacha, extrañando su presencia, evocándola en su mente, recreando su cara en sus pensamientos.

-Su…- su voz sólo fue audible para él mismo.

Transcurrió agradablemente esa bella tarde hasta que los traicioneros cúmulos se agruparon a causa del viento, oscureciéndose cada vez más: del blanco al gris y escalando los diversos tonos del gris, yendo al más oscuro posible. El peliazul bajó un poco la cabeza, ladeándola, ante una violenta ráfaga de aire. Definitivamente la naturaleza era una dama voluble.

El culmen llegó cuando finalmente las caprichosas gotas de agua emprendieron la persecución de la gente que se atrevía a deambular sin paraguas. Alexy era uno de ellos, pues lo engañó la fachada de aquella tarde primaveral perfecta. Decidió volver rápido a casa para no atrapar un resfriado, así que apresuradamente volvió sus pasos. El agua, sin piedad, pasaba de humedecer ligeramente a mojar las ropas del muchacho, y los truenos ya retumbaban roncamente en sus oídos.

Empapadas sus ropas, Alexy se rindió y dejó de correr, tomando a la ligera la lluvia: ya estaba mojado, así que no podría empeorar. Caminó ya sin prisa, sintiendo que las gotas se deslizaban sobre su cabello y su piel, pero también dentro de su camisa. Miró el cielo y se entristeció: no le gustaban los días lluviosos. Al punto, tuvo que volver a bajar la cabeza, puesto que la lluvia no le permitía mirar sus temibles nubles negras.

Otro trueno, en seguida el rayo lo siguió.

Apenas iba a medio camino. Cabizbajo, jamás habría visto quién se le acercó, sino que la ausencia de lluvia y el frío de su ropa lo hicieron mirar hacia arriba.

-Kentin…- Alexy sintió que se le había ido el frío.

-Hola- dijo el militar sin inmutarse mucho. No dijo nada más y siguió caminando con el ojivioleta.

A pesar de que la situación era ideal para una escena romántica, los actores no estaban muy dispuestos. Ni siquiera la conversación brotó. El caer de la lluvia, los truenos y las pisadas en los charcos era lo único audible bajo ese paraguas verde.

-¿Vas a tu casa?- preguntó de nuevo el castaño.

-S-sí- asintió con la cabeza reiteradas veces.

Continuaron caminando sin hablar, hasta que el ojiverde recordó el rostro triste de Sucrette al mirar a Alexy. Examinó su rostro detenidamente: estaba un poco sonrojado, pero no encontraba ningún raspón o herida sobresaliente. Caminaba normalmente y a una velocidad promedio, así que tampoco parecía que estaba lastimado de tal manera que le costara trabajo andar. Volvió a su rostro, sorprendido por los ojos del otro joven, por lo que al instante enderezó su vista hacia el frente, cuidándose de no chocar contra nada o nadie. Carraspeó un poco y se decidió a preguntar.

-¿No que estabas muy herido?- dijo Kentin, mirando de reojo a su acompañante, quien se sorprendió un poco.

Otro sonoro trueno, acompañado de un rayo que iluminó todo.

-Escuché a tu hermano hablando con Sucrette. Por la cara que tenía, pensé que estabas mucho más delicado- Alexy se sonrojó.

-N-no, no fue grave- dijo y soltó una breve risita. Kentin sonrió de lado.

-¿Te caíste de las escaleras?-.

-Sí-.

-Qué descuidado eres- Alexy iba a reclamar, pero no tenía argumentos para desmentirlo. Aún no recordaba las circunstancias bajo las que había sucedido aquel accidente. ¿Y si de verdad había sido un descuido suyo? Pero, ¿entonces por qué aquella otra chica y Sucrette, llorando, estaban ahí?

Se quedó pensativo, cruzando los brazos y clavando su mirada en un punto fijo indeterminado. Kentin enarcó una ceja sin comprender el comportamiento de Alexy.

Retumbó otro trueno. El rayo fue menos espectacular que el anterior.

-No recuerdo bien lo que sucedió- fue el turno del castaño para sorprenderse. -Sí- prosiguió -por más que intento acordarme de lo que pasó ese día, me es imposible recrear la situación. O sea, recuerdo que estaba en las escaleras con Su y que había alguien más que nosotros, creo que era una chica, pero lo siguiente que recuerdo es que desperté en la enfermería de la escuela y que Armin y Su me llamaban.

-¿Y antes de eso?-.

-¿Antes?-.

Intentó hacer memoria, de verdad que se esforzaba. Entonces recordó sus propias palabras: ¿Estás molesta conmigo?; Su, yo…

Quería recordar más, pero se lo impidió su mente. El dolor de cabeza comenzó a hacerse presente.

-Tranquilo, si es importante, lo recordarás- dijo Kentin, notando la molestia en la faz de Alexy; éste, sorprendido por sus palabras, asintió sonriendo.

-Supongo-.

Ambos detuvieron sus pasos al mismo tiempo. Sin darse cuenta, habían llegado ya a la casa de Armin y Alexy.

-¿Te gustaría pasar?- el gemelo deseaba que le aceptara el gesto para poder pagarle por su ayuda y, de paso, pasar más tiempo con él.

-No creo que sea buena idea- dijo y alzó la vista al cielo, siendo imitado por Alexy -¿ves las nubes, negras por tanta agua? ¿sientes la brisa que no amaina -un rayo hizo brillar sus caras- desde hace un rato?- volvió a tronar el cielo -dudo que la lluvia pase pronto, así que, por hoy, paso- los ojos del ojivioleta denotaron su decepción.

-Aun así, gracias por la invitación- sonrió de lado el militar.

Alexy, ya en el umbral, se despidió de Kentin agitando su mano. Ya adentro, cerró la puerta y siguió de largo con un objetivo en mente: anticiparse al resfriado que le esperaba si no se bañaba pronto.

-¡Alex!- el aludido hizo caso omiso, iba directo a la ducha.

-¿Alexy?- detuvo la marcha al escuchar esa voz.


Al fin terminé el segundo capítulo, espero que sea de vuestro agrado :)

Gracias por leer.