ºGood cop and bad criminalº


Advertencias:

Cómo advertencias, déjenme decirles que esta vez, contiene bastante cositas sexuales. Espero que tengan a mano sus pañuelos y si no les da ganas de ellos, lo siento uvu, hice lo mejor que pude.

También advertir de que contiene, desgraciadamente, OOC.

Es un AU.


La joven se mordió el labio inferior y apretó las manos contra sí. Su mejor amiga y compañera sonreía como si fuera algo natural, pero para ella, era confuso.

—Somos las mejores en nuestro rango— dijo frotándole los hombros—. Y ese sujeto tiene que soltar todo lo que sabe de su clan.

Hinata tragó saliva.

Llevaba muchos años de servicio como policía especial de interrogatorios. Al principio, su trabajo había sido tan simple como llevarle una taza de café al policía superior, pero a medida que su rango había ido subiendo, las tareas se convirtieron o en más difíciles o en las más inverosímiles.

Así, hasta llegar a una rama especial donde Ino, una de sus mejores amigas y ahora compañera de equipo, la metió. Esta parte de la policía constaba de interrogatorios especiales, que tan solo equipos especiales podían llevar a cabo. Su sueldo era superior, algo que a ella le venía de maravilla.

Pero nunca pensó que de llevar un café terminaría entrando en acción, al menos, no tan pronto.

—Venga, no te vengas atrás. Piensa que vas a hacer una buena acción. Necesitamos la información o toda la ciudad perecerá bajo esas manos. Piensa a cuantas mujeres salvarás. Imagínate que ese sujeto pudiera hacerle algo a tu hermana.

Hinata levantó las cejas con sorpresa y después, frunció los párpados, mirando hacia el espejo.

En la sala, el rubio más increíble que hubiera visto nunca esperaba sentado en la única silla que había en la habitación. Tenía gesto arrogante, las piernas estiradas y los brazos hacia atrás, donde las esposas lo ataban a los hierros de la silla. Miraba hacia el cristal con unos preciosos y penetrantes ojos azules, como si fuera capaz de verlas.

—D-da algo de miedo— murmuró hipando un suspiro. Ino sacudió la cabeza—. ¿Por qué no lo haces tú, Ino-chan?

La rubia señaló por encima de su hombro.

—Yo tengo que tratar a uno de sus compañeros y Sasuke está encargándose de la mujer que iba con él. Solo quedas tú libre. Además, ya sabes lo que opina Sasuke de encargarse de los hombres por ti.

Hinata se mordió el labio de nuevo, suspirando y asintiendo. Apretando las manos en puños expulsó aire con fuerza.

Era su primera vez encargándose de un hombre.

Las mujeres eran más fáciles. Podías usar otros métodos. Pero cuando se trataba de hombres, solo existía uno. Especialmente, con esa clase de criminales.

Aferró los documentos con la información que necesitaba y tras darle una rápida ojeada, supo quien era él más allá de su fama.

Naruto Uzumaki. El líder de la banda de los colas largas. Perdió a sus padres a temprana edad y fue pasando de mano en mano, hasta que a los dieciséis se fugó y nadie supo nada de él hasta que empezaron los saqueos y las peleas en la ciudad. La policía llevaba detrás de él desde demasiado tiempo.

Media un metro ochenta. Un pedazo de hombre.

Y realmente atemorizador.

—Ánimo— murmuró Ino dándole una palmada antes de que cruzara la puerta.

Hinata asintió y cerró tras ella. Escuchó el característico crack del cristal cerrarse para impedir que cualquier novato pudiera ver la escena y suspiró. Los azulados ojos se clavaron sobre ella al instante. Al principio, pudo notar un poco de sorpresa en ellos, incluso curiosidad, pero de nuevo se volvieron duros y distantes.

La joven carraspeó y dejó el historial sobre la estantería al costado de la puerta. Tomándose su tiempo. Necesitándolo.

Finalmente giró para él.

Lo descubrió observándola de arriba abajo, con una sonrisa socarrona, como si estuviera listo para todo lo que ella le hiciera. Al parecer, según su historial, no era la primera vez que estaba ahí.

—Naru…

—¿Es tu primera vez? — Interrumpió. Hinata arqueó una ceja.

—¿Qué? — cuestionó a su vez.

El detenido inclinó la cabeza, sin dejar de mirarla.

—Si es tu primera vez, dattebayo— repitió pausadamente, emitiendo ese deje que, si hubiera sido en otro momento, Hinata hubiera pensado que era completamente sexy—. Interrogando.

La joven policía intentó mantener la compostura, mirándole con los ojos entrecerrados. Se cruzó de brazos y recordó el apartado de antecedentes. Sí. Él ya había sido interrogado de este modo antes. Y no habían sacado nada. Ni restos de información. Pero es que su anterior interrogatorio fue efectuado por un policía corrupto de sus filas.

—Eso no es de su incumbencia, señor— atajó antes de que fuera demasiado tarde. Ella tenía que controlar la situación, no al revés.

Y dudaba mucho de que su voz durase mucho más tiempo firme.

La simple idea de lo que tenía que hacer, la estremecía. Porque no era un interrogatorio que empezara a ser como cualquier otro. Quizás, si el hombre fuera otro… menos apuesto, menos… sexual.

El sujeto llevaba pantalones de cuero que se ceñían a sus caderas de una forma provocativamente ilegal. Botas de cuero y una camiseta naranja que remarcaba las formas de su pecho. Hinata no necesitaba quitarle la camiseta para imaginarse que lo obtendría debajo de ella sería un esculpido torso.

Todo aquello hubiera pasado por desapercibido para cualquier otro policía. Pero en la rama de interrogación en la que se encontraba ella, ese punto era imposible pasarlo por alto.

El motivo era simple. Mucho más de lo que cualquiera podría pensarse. Y desde luego, era un secreto para sus padres. Jamás podrían aceptar que su hija hiciera tales cosas, por muy policía que fuera. Pero bien que no se quejaban cuando el dinero entraba en sus cuentas bancarias al ser devuelto por no necesitarlo.

Ella pertenecía a la policía especial de interrogación: Konoha mistery. Su tarea principal: Seducir a los interrogados para sacarles información.

Su currículum, sin embargo, marcaba muchos puntos rojos que la pondrían de patitas en la calle. Naruto Uzumaki era la única posibilidad de mantener su puesto.

Se lamió los labios y se acercó hasta él. Naruto estaba esposado. No podría hacerle nada. Por muy buena en defensa que fuera, reconocía que estaba preocupada del tema si por algún motivo pudiera escaparse.

—Dígame, ¿está dispuesto a hablar y ahorrarnos a los dos todo esto? — cuestionó con la vaga esperanza de que dijese que sí.

Una sonrisa socarrona se dibujó en su rostro. Los ojos siempre fijos en ella.

—¿Y perdérmelo? No. Adelante, KM*, haga su trabajo.

Hinata suspiró. Desde luego. No iba a rendirse tan fácilmente.

Se acercó más a él, agachándose lentamente hasta que sus dedos rozaron el cuchillo que siempre guardaba atado a su tobillo como precaución. Al sacarlo, observó cuidadosamente la hoja.

Los ojos de él miraron el cuchillo y luego su rostro, como si se preguntara qué iba a hacer con él. En las leyes ponía claramente que nada de sadomasoquismo, aunque Hinata sabía que Sasuke disfrutaba de usarlo y luego jamás aparecía en sus informes.

Ella no era de ese tipo. Pero si obtenía algo, sería bueno. No obstante, Naruto continuó en silencio, mirando el cuchillo a ella como si no encajaran. Defraudada, se acercó a él.

Si lo pensaba detalladamente, hacía muchísimo tiempo que no estaba cerca de un hombre que, hablando en plata, fuera capaz de excitarla simplemente con lo que veía. El último había sido un policía cualquiera de su departamento anterior. En esos momentos, si era sincera, al que más deseaba tener entre sus piernas, era a ese condenado delincuente.

Y, sabía a ciencia cierta, que su cuerpo reaccionaría cuandito que sus dedos acariciaran la piel morena. Pero tenía que hacerlo. No podía echarse atrás.

Guió su mano hasta su cuello, acariciando por encima de la musculatura, fijándose en el toque de su nuez, bajando hasta el cuello de la camiseta. Fijó la mirada en sus ojos. El hombre había fruncido los párpados, tenso, como si esperase que en cualquier momento cortara su piel con el cuchillo. Pero no fue así.

Hinata llevó el filo hasta el cuello, y rajó por completo la camiseta, de arriba abajo. Después, todo lo bruscamente que pudo, hizo a un lado ambas telas y tal y como se temió, era un condenado y perfecto torso. Cerró la boca con tanta fuerza por tal de no jadear, que casi se mordió la lengua.

—Tus mejillas son de caramelo. Casi podría morderlas.

Hinata clavó la mirada en él, sorprendida. Naruto abrió la boca y emitió un chasquido con sus dientes semejante a un mordisco. Tenía los colmillos más largos que había visto nunca y temió que cumpliera su promesa.

—Mejor será que se abstenga a querer hacerme algo. Usted es quien debería de hablar.

Él sonrió más, creando hoyuelos como bigotes.

—Parece un zorro— musitó para sí misma, acariciando las marcas. Él entrecerró los ojos, oscureciéndose.

—Me los hicieron cuando era niño. No necesitas saber más, ttebayo— murmuró entre dientes. Hinata agrandó los ojos.

Quizás no iba a ser tan difícil sacarle cosas. O posiblemente, solo era un premio para incitarla. Pero no importó. Algo era algo.

Acarició sus mejillas, remarcando las marcas y, se dirigió al puente de su nariz, bajando hasta sus labios. Diablos, era realmente guapo. Muy guapo.

Bordeó sus labios con los dedos, centrándose en ellos, entrecerrando sus ojos. De la comisura al centro hacia la otra comisura. Sin darse cuenta, descendió su rostro y presionó sus labios contra su boca.

El hombre gruñó y presionó sus labios contra ella, abriendo paso a su tímida lengua. Hinata surcó cada recoveco de su boca, disfrutando como una idiota del tacto, de su sabor y hasta gimió de placer, separándose con los ojos cerrados, lamiéndose los labios.

—Hn. No está mal para una recatada.

La joven policía enrojeció. Lejos de sentirse herida, no pudo sentirse más que alagada.

—No soy recatada. Soy policía— se defendió. Él no borró su sonrisa arrogante en ningún momento.

—Si lo fueras, ya habrías hecho otras cosas. ¿Soy tu primer interrogatorio en vivo?

.

—No.

Una carcajada escapó de su perfecta boca e Hinata enrojeció.

—Como quieras, Hime— murmuró y echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos mientras lamía sus labios—. Me pregunto si también sabrás igual de bien ahí abajo.

La policía dio un respingo, apretando la boca con fuerza y sintiendo cómo sus mejillas ardían. ¡Aquel descarado hombre!

Pero lo peor de todo, es que su propio sexo respondió ante la idea de aquella boca sobre él. Reprimió lo más que pudo el gemido que estaba a punto de salir de su garganta y se acercó hasta el cristal, dándole la espalda.

—Al parecer, está usted acusado demasiados delitos, señor Uzumaki. La policía está dispuesta a colaborar.

Naruto frunció el ceño y a través del espejo pudo verle descender su mirada, de sus hombros por su espalda y detenerse en su trasero. Hinata siempre había gozado de un perfecto trasero en forma de corazón que le había dado más problemas de manoseos indebidos de lo que deseaba. No podía sentirse más que alagada de que aquel sujeto fuera capaz de darse cuenta de que era atractivo. Aunque ello estuviera cerca de ocasionarle un paro cardiaco.

—Prefiero no colaborar más que con mi esperma— opinó. Hinata suspiró y se giró.

—No es nada agradable tener que hacer esto, señor. ¿Por qué simplemente no cede?

—¿Acaso no está capacitada para llevar a cabo su tortura? — cuestionó meneando sus caderas. Delante y atrás. Un brusco movimiento que mostró la erección dentro de sus pantalones y sentó sus nalgas con un sonido brusco contra la silla—. Porque yo diría que sí, Hime.

Hinata tuvo que hacer su mayor esfuerzo por apartar la mirada de su erección, remarcada dolorosamente por los pantalones de cuero. Se acercó hasta su altura y posó un dedo justo sobre el centro de su pecho.

—Es una lástima, señor. Podría obtener beneficios. ¿No le interesa? Solo tiene que decirnos dónde se encuentra el alijo de droga que robaron los Akiba y que su banda interfirió, quedándose con el alijo.

El detenido bajó la mirada hasta su dedo y suspiró entre dientes.

—No estoy todavía por la labor de decírselo, Hime.

Hinata frunció el ceño, desviando sus dedo hasta uno de los pezones. Erecto bajo su yema.

—¿Por qué se empeña en llamarme Hime, señor?

—Porque es lo que pareces, Hime— suspiró, cuando ella clavó la uña e intercaló las caricias al siguiente pezón—. Una princesita que hace algo que realmente no le gusta.

—Ser policía es correcto. Ser un vulgar ladrón no, señor— defendió mirándole fijamente. Ya había discutido anteriormente ese tema con otro varón detenido tiempo atrás. No iba a ceder—. De eso no existe discusión posible. Es honradez contra corrupción.

Naruto sonrió, exhibiendo su perfecta dentadura. Ella se inclinó, acercando su lengua hasta sus dientes, lamiéndoselos, tentándole.

—Alucinarías, Hime, si descubrieras la cantidad de corrupción que llega a tener la policía. Y… demonios…

Acalló, cubriendo la boca femenina con la suya. Hinata le permitió sentirse superior, tentando, hasta que se apartó, dejándolo con ganas de más besos. Le mordió la barbilla, descendiendo.

—Puede que sí— opinó, dejando un reguero de besos desde su cuello hasta el centro de su torso—, pero nada le asegura que eso sea cierto.

Se dirigió al primer pezón, besándolo, usando su lengua y cuando le escuchó gruñir, sus dientes.

—Yo lo aseguro, Dattebayo— gruñó. Sus caderas golpearon contra su vientre.

Hinata estuvo a punto de perder el equilibrio pero él metió una pierna, ayudándola a sujetarse. Con sorpresa, clavó la mirada en sus ojos. Tenía el rostro colorado y comenzaba a sudar. Apretó los dedos sobre la pierna, dura y fuerte, subiendo hasta el comienzo de su ingle.

—Cuidado, esta vez no podré sostenerla— advirtió. Hinata continuó, pasando hasta sus caderas, subiendo por su torneado abdomen y volvió a posar su boca sobre su pezón—. Joder.

Esta vez, pegó su cuerpo más a él, aplastando sus senos contra su vientre y sintiendo la presión de la erección contra su estómago. Quizás el pantalón engañara, pero era grande. Grande e hinchado.

—Dígame cómo ocurrió ese día su plan— pidió, mirándole desde su postura.

Sabía que su rostro debía de ser un poema. Colorada, con los ojos brillantes y la visión de su boca encargándose de su pezón. Y rogó, esperanzada, de que el hombre tuviera predilección por las feas.

—No. Mierda… no muerdas...

Y mordió. Una y otra vez, descendiendo a bocaditos hasta el comienzo de su cintura, subiendo de nuevo, frotando su cuerpo a la par. Dejándolo con deseos de más.

Por un instante, le hubiera gustado imaginárselo de otro modo muy diferente. ¿Y si esto no estuviera pasando en una sala de interrogatorios? ¿Y si fuera en un salón repleto de cosas robadas? Mierda. Sí. Por algún motivo eso llegó a parecerle excitante.

No era la situación. Era ese hombre.

Levantó los ojos hacia él.

—Explíquese, por favor— pidió, apretando sus dedos en sus costillas, acariciando con sus uñas—. El día. El plan.

Naruto rechinó aire y la miró, jadeante.

—Esos tipos… son traficantes de droga.

—Ya lo sé, señor— murmura contra su piel.

—Pensaban… llevar la droga a los barrios de Nagara…

Hinata intentó hacer memoria mientras metía su mano derecha bajo sus pantalones, buscando el sexo masculino, rozándolo, contrayendo sus dedos, volviendo a tocar.

El barrio de Nagara. Sí. Un barrio famoso porque la mayoría de personas que vivían eran de un noventa por ciento niños. Si la droga hubiera llegado a ese lugar, habría sido el caos. ¿Acaso él…?

Detuvo sus caricias, frunciendo el ceño y mirándole lo más severa que su propia excitación se lo permitía.

—¿Acaso piensa venderle usted la droga en su lugar?

Naruto apretó la mandíbula con fuerza, mirada de determinación en sus ojos.

—No, joder. No. Era evitarlo. Evitarlo. La policía no ha hecho nada nunca por detener ese a tipo… y mientras tanto, tantas personas y niños caen en la droga.

Bajó su lengua por el centro de su vientre, deteniéndose al comienzo de los pantalones.

—¿Y cómo fue… que lo decidieron? — cuestionó, mirando el cierre, empezando a abrirlo.

Naruto retrocedió lo más que pudo en la silla, sorprendiéndola. Cuando levantó la mirada hacia él, parpadeó.

—Si quieres que responda, pon tus tetas en mi boca, Hime— demandó.

Hinata se lo pensó. Se suponía que la interrogación era cuestión suya, no de él. Y generalmente, eran los cuerpos de los sujetos los que sufrían tortura sexual, nunca usaban sus propios cuerpos para ello.

Pero… era una importante información. La necesitaba.

Temblorosa, llevó las manos hasta el comienzo de su blusa, desatando botón a botón, sin mirarle, torturándole con su espera. Movió sus rodillas hasta quedar entre sus piernas y le miró.

—El sujetador fuera— pidió, con los ojos fijos en su rostro.

Hinata tragó, cerrando los ojos y de un simple empujoncito, subió las copas por encima de sus senos. Sensibles, rosados y grandes. Él descendió la mirada y abrió la boca, sacando su lengua.

La joven se acercó y él bajó lo más que pudo la cabeza, apretando el primero entre sus labios, mamando, tirando de su pezón, devolviéndole la tortura.

Lentamente, su mente comenzó a sentirse nublada y a desear más. Incluso se vio a sí misma cambiando de seno en seno, deseando que ambos obtuvieran la misma satisfacción. Y él se la entregó con sumo gusto.

Cuando estaba a punto de perderse, empujó de su frente, echándolo atrás. Jadeando.

—Es… suficiente. Conteste.

Él se lamió los labios, disfrutando de su sabor.

—Has estado a punto de correrte, ¿verdad? — canturreó. Cuando ella apretó los dientes, avergonzada, suspiró—. Lo decidimos como todo lo demás.

Abrió la boca, desconcertada. ¿Esa respuesta era lo que costaba que le hubiera dejado chuparle las tetas?

—¡Esa no es una respuesta!

—Lo es, Dattebayo. Tú preguntaste exactamente eso y yo respondí.

Hinata quiso retroceder, dar pasos para intentar calmarse, pero él la atrapó con las piernas y el agarre fue fuerte, imposible de liberarse sin hacerle daño.

—La policía está equivocada. No soy el único líder de esta banda.

—Pero siempre eres tú el que estás en todo— replicó, recordando su historial. Él sacudió la cabeza.

—Según mi compañera, soy un hiperactivo cabeza hueca. Quizás eso influya que siempre esté ahí.

Hinata rodó los ojos, moviendo suavemente su pierna al notar la erección contra sí. Él abrió la boca y gimió. Nunca había hecho gemir a un hombre de ese modo. La experiencia no podía ser más sexy y gratificante.

Demonios, quería escucharle gemir más veces.

Continuó frotando mientras él la retuvo de ese modo, hasta que, liberándola, tuvo mejor movilidad.

—Entonces, ¿por qué atacar el convoy que llevaba el alijo?

Se arrodilló, frotando por encima de la tela con sus dedos, mirando fijamente la hebilla. Repentinamente, él sacudió las manos y las esposas crujieron, llamando su atención. Levantó los ojos y casi se quedó congelada.

Naruto temblaba, tirando de las esposas con la mirada fija en ella, la boca abierta, como si deseara comérsela y el pecho descendiendo y ascendiendo por su agitada respiración. Cuando su boca se movió para contestar, ella continuó frotando, sin perder detalle de su rostro y de sus intenciones.

—Para… que no llegará… a su destino, ttebayo…— se alargó su última palabra e Hinata se detuvo. No quería que culminara así.

Ya que iba a ser la única oportunidad, quería verlo con sus propios ojos.

Llevó las manos hasta la cinturilla y terminó por abrir el pantalón. Le miró en espera y, obedientemente, él levantó las caderas lo suficiente, para que su sexo quedara libre. Hinchado y tembloroso, con una pequeña gotita sobre el glande resbalando. Una mata rubia rodeándola y más abajo, dos pesadas bolsas.

Hinata estaba muerta de vergüenza, desde luego, pero ese hombre era algo espectacular antes sus ojos. Y aunque sabía que su rostro demostraba claramente su notorio y avergonzado corazón, no pudo evitar continuar con lo que se había convertido en algo más que una simple tarea.

Echó las manos hacia atrás y se recogió el cabello. Quería que él la viera, que su boca continuara hablando y contando más detalles, pero que a su voz no consiguiera reprimir los resultados de las sensaciones que ella le otorgaba.

—Entonces— continuó mientras se ataba el cabello—, llevasteis el alijo hasta vuestra base secreta. Lo tienes tú.

Naruto se lamió los labios antes de contestar, fijándose en la forma de su cuello y descendiendo hasta su pecho, que únicamente cubría la camisa cuando se movía.

Hinata ignorante de ese hecho, se inclinó, aferrando el sexo masculino entre sus dedos con suavidad. Caliente, como si quemara. Abrió la boca y pasó la punta de su lengua por encima de la gota de pre semen.

Naruto rugió una palabrota cuando tragó y, a continuación, cubrió todo el glande con sus labios. Le miró y apretó sus testículos, indicándole que esperaba una respuesta.

—¡Sí, joder! — exclamó, moviendo tanto las caderas que, sin darle tiempo, Hinata tenía la boca completamente llena de él. Escuchó el chirriar de las cadenas una vez más—. ¿Acaso prefieres… que lo tengan niños y sean libres de drogarse a voluntad?

—¡No! — protestó ofendida, sin detener sus dedos mientras le hablaba y miraba—. Eso es un buen acto, pero deberías de decirme donde se encuentra la droga y así poder pasarla a manos de la policía. Estará más segura.

—No tienes idea de que cuán equivocada estas, Hime. — Pese a que su mirada brillaba claramente en deseo, sus palabras eran firmes. Estiró una pierna, cerca de ella—. Frótate contra mí, Hime.

Hinata miró de reojo la pierna, apretando sus muslos, respirando ruidosamente por la nariz. Maldición. Estaba demasiado excitada como para negarse. Necesitaba más información, desde luego.

—Hazlo y córrete conmigo.

La joven jadeó, como si su propio cuerpo agradeciera la oportunidad de liberarse de algún modo. Se levantó, remangándose la falda hasta las caderas y volvió a arrodillarse, esta vez, con una de las piernas de él entre medias, presionando su cuerpo en las zonas justas. Aún así, cuando la primera rampa de placer le llegó desde su sexo, aferró el falo entre sus dedos.

A la par que su boca y manos se encargaban de acariciarle, él movió la pierna, asegurándose de que ella no olvidaba su propia satisfacción. Su cuerpo tembló como respuesta y sintió como su ropa interior, húmeda ya de por sí, resbala sobre su sexo hasta el punto de hacer sentir que el cuero comenzaba a rozar sus zonas más íntimas.

—Siempre dice… que estoy equivocada… pero usted no saldrá nunca de aquí si no… si no…

Oh, no. Maldición. Estoy a punto de…

Chirrió los dientes, apretando su boca sobre el sexo masculino justo cuando le sintió sacudirse y echar la cabeza hacia atrás, ella misma presionó su cuerpo contra su pierna, sucumbiendo a su par, jadeándole contra el miembro y pegándose a él.

Solo había sido su pierna y sin embargo, había sido uno de los mejores orgasmos que había experimentado en mucho, mucho tiempo.

Repentinamente, un estallido llegó desde atrás. La pared crujió y salió volando. Estaban en un sexto piso. Alguien abrió la puerta.

—¡Sasuke-kun! — exclamó, intentando cubrirse lo más que pudo.

Pero unas manos rodearon su cintura, pegándola contra el cuerpo de su detenido. Y eran sus mismas manos las que la sostenían.

—¿Cómo…?— masculló, confusa. El rubio sonrió arrogantemente, pegándola contra su cuerpo.

—Ha sido bastante difícil mantener mis manos todo el tiempo lejos de ti, Hime— susurró contra su oído. Hinata estaba perpleja.

Junto a Sasuke se encontraba la otra detenida, la chica de cabellos rosas y mirada verdosa. Corrió justo al filo donde la pared había sido arrancada, agarró el historial de Naruto y miró hacia ellos. Sasuke se unió a ella, aferrándola de la cintura y pegando sus cuerpos.

—Naruto, date prisa o te dejaremos atrás— avisó la chica sonriendo.

El nombrado la estrechó más contra él, mirándola.

—Ya que insistes en ver dónde está la droga, te llevaré con ella.

Hinata tragó, aferrándose a sus hombros. Estaba a punto de protestar.

—Pero— añadió interrumpiéndola—, hazte a la idea de que a partir de ahora, eres mi mujer.

La mujer policía dentro de ella se debatió en su interior. Sin embargo, su voz de mujer, la que lo deseaba profundamente, gritó un sí interno con todas sus fuerzas.

Mientras él se agarraba a la cuerda de salida, ella lo hacía a sus hombros y, ¿por qué no? A su corazón.


n/a

Antes que nada aclarar:

* = Acorta el modo en el que se nombra al grupo especial de Hinata, ya mencionado en el fic.

Y ahora, espero que les gustara nwn.

Quiero dar las gracias a todas aquellas personitas que me han animado a continuar con sus rw y que espero poder seguir haciendo felices.

¡Nos vemos en el próximo!