Prisionera

Capitulo tercero.

- Señorita kagura, porque todo lo que brilla es hermoso?- pregunto una niña tirando del saco de la mujer mientras miraban por una ventana unas cadenas de oro.

- no todo lo que brilla lo es mi niña- respondió tendiéndole la mano para empezar a caminar.

- yo creo que si- continuo bajando los ojos para mirar sus pies- las estrellas lo son- kagura la observó pensativa- el sol también- prosiguió dando saltos con un solo pie- los ojos de papá lo son también..

- te gustan los ojos de tu padre?- pregunto hastía

- si son como el color del fuego, brillan mucho cuando me ve jugar, y también cuando discute con mamá- se detuvo , kagura la jaló y ella no se movió.

- vamos Mina, debemos volver temprano tu madre se enojará si llegamos pasada la hora.

- también brillan de forma extraña cuando te mira a ti...

Kagura contemplo los ojos de la infanta, perdidos, lejanos, como buscando una respuesta en las baldosas del suelo. No contesto , se agacho hasta su altura y la atrajo en un abrazo de consuelo. No sabía de que la consolaba, pero un abrazo era algo que ella calificaba como curativo. Podía sanar el alma en instantes y brindaba una sensación que disipaba la soledad. La pequeña se aferro colocando su rostro en su pecho.

Despertó sobresaltada, bajo la mirada de su nueva huésped quien la contemplaba ciertamente conmovida, la mujer supo entonces que ella le había estado hablando en su estado de coma consciente se había quedado dormida frente al fuego y su espalda le rindió cuentas cuando intento ponerse de pie. Kagome la auxilio atrapándola entre sus brazos, gimió ante el espasmo y kagome simplemente la soltó al no saber de donde tomarla.

- ¿Cuanto tiempo me dormí?- interrogo la anciana agarrando las manos de kagome y mirándola fijamente.

- toda la noche

- con razón mi espalda se queja- arrugo el entrecejo

- la ayudaré- kagome le extendió la mano- solo dígame de donde tenerla- se acerco

- no te preocupes- rechazó su mano- seré una vieja, pero orgullo para levantarme me sobra- bromeo, apoyo el codo sobre el brazo del sillón y se empujo.

- no me molesta servirle de bastón- susurro kagome

- los bastones son para las ancianas!- grito fingiendo sentirse ofendida.

- lo siento- agacho la cabeza en forma de disculpa

- tonta- sonrió- debes tener hambre- caminó lentamente a la cocina seguida por la joven.

- déjeme entonces ser su cocinera- kagome la miro decidida mas la mujer no se opuso a su petitorio, le enseño a base de señas los lugares con cada cosa, y la observo con detalle. Era bella, tenía los ojos de un color almendra tostado profundos, como una laguna calma, un cabello largo y sumamente brilloso; azabache. Las cejas finas, la nariz respingada, las mejillas levemente de un sonrojadas. Su cuerpo esbelto, pequeño, hombros chicos y cintura estrecha. caderas a la medida. Era: perfecta.

- ¿cuantos años tienes?- pregunto kagura llevando un bocado de comida a la boca.

- 18- contesto observándola comer.

-¿y tan joven te casas?- consultó pensativa

- esta es la edad en que se acostumbra en mi familia.

- ¿le quieres?

- como amigo, pero mejor que otros.

- ¿por qué no esperar el amor verdadero?

- eso no existe

La mujer la observo incrédula.- ¿no existe?- repitió en forma de pregunta, no es la respuesta que esperaba de una muchacha joven, la mayoría soñaba con su día, el día en que daría el sí para siempre.

- así es, eso es cosa de cuento de hadas.

- hace muchos años tampoco creía en el amor- narró la anciana - pero sabes un día me dí cuenta que no era que no creía, es que nunca comprendí que el amor es algo mas pequeño, no algo que imaginamos como enorme, sino como una partícula pequeña de polvo que te provoca un estornudo interno, una sensación extraordinaria. El amor no es rosa del todo, tiene sus matices, tiene sus propios conflictos. Es dulce y amargo, pero tantas texturas hacen de el un mar de sensaciones. Amar simplemente seria aburrido sino estuviera compuesto de tantas emociones.

Kagome entendió que esa mujer, no era anciana porque si.

Charlaron hasta pasada la mañana, kagome la ayudo en el aseo, con la ropa y en ordenar lo que seria su nueva habitación. La mujer jamás la cuestiono ni pregunto su procedencia. Pero a veces la pescaba apreciandola de forma lastimosa.

- como se llama tu padre- alcanzándole unas mantas para que tendiera su cama.

Kagome siguió con su labor, en silencio, sinceramente no quería hablar de él. Pero esa mujer la acogió sin preguntar es lo menos que le debía.

- Tashio, Inuyasha- finalizó su labor con los ojos fijos en la cama.

- Nombre fuerte

- si...- se quedó en silencio bajo la austera presencia de la mujer.

- sabes, no puedo soportar preguntar que paso

- es algo vergonzoso- se miraron

- vergonzoso para quien?- pregunto desentendida

- para mi

- los padres nos avergüenza de vez en cuando.

- no, no se trata simplemente de que me exhiba ante sus amigos como una hija trofeo.

- no sé que mas vergonzoso puede ser otra cosa

- el dijo que me amaba- agacho la mirada

- es normal, es tú padre

- no como usted piensa el quiere que le ame de igual manera, me rapto de mi boda para que me quedo con él

Kagura se exacerbo

- le dije que era vergonzoso

- no tienes tú porque avergonzarte, es él en todo caso quien debe

- dejo a mi madre, y me trajo a esta ciudad que ni siquiera sé donde.

- tampoco lo sé yo sabes, sino con gusto te diría como irte, pero he vivido aquí desde que tengo memoria, no conozco siquiera si existe un puerto o una terminal. Mi vida ha sido esta casa, que pertenecía a mi madre, y la tienda donde compro alimentos. Nunca trabaje y siempre vivi de la fortuna que aquí yacía, por ende no puedo decirte donde estamos porque ni siquiera yo lo sé.

- nunca se alejo mas que de estas paredes?

- jamás, como te dije anterior iba a casarme, pero no pienses que muy lejos de aquí, en la parroquia que esta rodeando la plaza, cuando se cancelo todo, fue mi hermana quien se caso con el que iba a ser mi marido, y se fueron de aquí. Desde allí me dedique únicamente a mi madre que ya era mayor y a la casa.

- ¿no esta cansada?

- soy una mujer grande, todo me cansa- sonrió

- quiero irme, no soporto esta presión, mi marido debe pensar que huí o algo peor, deben pensar que huí con él.

- no te apresures, deben saber que no tienes nada que ver.

- me temo que me juzguen, yo lo quería como a un padre, pero al verle como el me pidió de otra manera, sentí terror, él me cuidaba cuando niña, y yo lo cuidaba a él en recompensación cuando mi madre no estaba, me temo que se ha confundido.

- es normal que eso pase, a veces los hijos toman lugares que no deben

- dígame señora kagura, ¿que debo hacer?

- primero lo primero, habla con él

- ¿hablar? pero señora tengo miedo...

- ¿de que? es tu padre, debe comprender que lo que siente no es mas que una equivocación.

- no puedo, no lo entenderá.

- te quiere, lo hará

- no sé- se sentó sobre la cama.

- escucha si tienes miedo entonces hablaré yo.

- no puede, quiero quedarme aquí, con usted.

- no mi niña, no vivirás con una anciana que puede amanecer muerta, eso ya lo vivi yo, vé vive, habla con tu padre y vuelvan a sus vidas.

- no le prometo hacerlo, lo pensaré.

- me basta que una persona tan necia aunque sea me prometa pensarlo.

Ambas rieron , kagome prometió pensarlo y la anciana se conformo con aquello.

-.-

Por otra parte Inuyasha se había adentrado al establo a la fuerza, había roto la puerta a mazazos, se arrepintió luego , ya que arreglarlo le saldría dinero que no tenía.

Ya dentro la llamó y busco por cuanto rincón vio, pero no estaba , la muy desagradecida se había escapado. pero la pregunta era ¿ que tan lejos estaba?

- esa maldita- murmuro saliendo hecho una furia

Siempre se había caracterizado por ser sumiso, pero estaba lleno de cólera, no quería forzarla a nada pero se estaba ganando una reprimenda y ya no como hija, sino como mujer.

Se subió sobre su caballo sin ensillar y salio en su búsqueda si había escapado hace mucho, estaría lejos, pero si tenía suerte estaba simplemente en el pueblo. Al llegar no vio nada fuera de lo normal, pregunto a algunos comerciantes y les dio la descripción, pero nadie la vio paso por la plaza , tampoco allí estaba, la iglesia, el campo abandonado, el pequeño bar, nada, no estaba, entonces llegó el temor, ella se había marchado en un barco. Fue al puerto que estaba bastante lejos y preguntó allí por ella, pero nadie le había avistado.

Cansado y sin aliento comenzó la vuelta, poco a poco el cielo se fue acoplando a su sufrimiento y le acarició con lágrimas , se llevó una mano a la frente intentando correr sus cabellos que caían sobre sus ojos debido a la lluvia. Iba lento, puesto que andar sobre pelo era distinto a la montura en un caballo, no había mucha seguridad de esa manera. Así que lo menos que podía hacer ahora que garuaba era ir lentamente. Escuchó unos disparos a sus espaldas y se giro extrañado.

-¿ quien eres tú?- pregunto entrecerrando los ojos para ver mejor, la lluvia aumento

La persona que había disparado se sacó el sombrero liberando una enorme cantidad de cabello: era mujer. Ella sonrió prudente, gesticulando con su sombrero un saludo.

- nosotros la tenemos- dijo en un susurro el cual efectivamente había oído a la perfección por Inuyasha- si la quieres, sígueme- ofreció sin dejar de sonreír.

- como sé que la tienes- pregunto sin creerle.

- esto es de ella no?- le arrojo a los pies un crucifijo.

Lo tomo entre las manos y gruño molesto.

- puede ser de cualquiera- suspicaz

- kagome es un nombre poco común- señaló arrogante la mujer volviéndose a colocar el sombrero.

Se quedo en silencio, vencido, por un momento se sintió incapaz , frustrado por su culpa kagome, su hija, la mujer por la que había abandonado todo estaba en manos de quien sabe quien, apretó los puños abatido, no tenía forma de protegerse, ya que no traí consigo ningún arma, todo lo contrario, estaba mas indefenso que nunca.

- sígueme- reitero y él afirmo.

Cuando estaba por subir nuevamente al caballo ella con un ademán de cabeza negó.

- a pie- ordeno.

Dejo el caballo a su suerte y a pie siguió el andar de aquella mujer, miro nuevamente el collar de su mano , el dolor lleno su pecho, se sentía terrible, su capricho había excedido los limites, si tan solo no la hubiera traído aquí, ahora ella estaría aunque no fuese con él en un lugar mas seguro. No midió sus acciones al enceguecerse de la verdad que lo bañaba , amarla hubiese sido mejor aunque ella estuviere lejos, empero su hombría corrompió sus deseos, no tenía la fuerza para verla feliz en brazos que no fuesen lo suyos. Todo por un fantasía sumamente egoísta jamás le pregunto, siempre le ordenó, hasta este momento noto lo sucio que se percibía ser él, siendo un hombre que deseaba enamorarla como mujer, seguía tratandole como a una hija, hasta le exigió amarle. Estaba mal, no solo él en su cabeza, sino la situación. Jamás debió propasarse, confundir las cosas, Tendría que haberle hablado y preguntado. Pero no! él tuvo la magnifica idea de llevársela lejos, solo para el. Codicioso; esa palabra era poca para una persona de su índole, él no era un codicioso simplemente era mucho mas.

Se maldijo en todos los idiomas y solo le quedó rezar porque ella estuviera bien. Quizás dios se apiade y le perdone haberse enamorado de su hija. Pero no contaba con ello, dios no era humano, no sentía el deseo de la carne, el cual es una prueba para los humanos. De todos modos no le quedaba mas que creer. Creer es lo único que no vendió para estar con ella, ya que lo que lo mantenía vivo era creer que ella un día le querría igual.

Continuará.