Aclaraciones:

Narración.

Diálogo —

Pensamientos —

Advertencias:

OoC en los personajes.

OC's.

Situaciones sexuales implícitas-explícitas, lenguaje inapropiado.

Personajes: Neji | Sakura.

Género: Romance.

Clasificación: T | M.


Capítulo 3.

Pasión desbordante.

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El amor es el poder iniciador de la vida; la pasión posibilita su permanencia.


Una semana pasó, la invitación para la celebración del primer año de Ichiro les llegó repentinamente. Natsumi personalmente llegó a entregársela.

Le llamó mucho la atención que ninguno de los guardias de la casa principal le pusiera excusas, de hecho, no sabía si vio bien o se lo imaginó; pero hasta les pareció ver un poco de temor en sus miradas y semblantes. Aunque jamás los vio tan respetuosos, otro detalle que le llamó severamente la atención.

Realmente terminó pasándolo por alto, y llegó a la conclusión de que la tensión entre ella y su esposo la estaban haciendo imaginarse cosas. Porque ella y Neji no habían vuelto a tener contacto, y mucho menos cruzar palabras desde aquella noche.

Seguía preguntándose qué hizo mal para que él se comportara mucho más indiferente y evasivo. No comprendía porque se alejó tanto, cuando creyó que habían logrado alguna especie de compenetración y confianza, pero todo se fue al caño por cualquiera que fuera la razón.

Soltó un suspiro, Neji Hyūga era un hombre que seguramente jamás llegaría a comprender. Terminó de atar su sandalia y al enderezarse pegó un brinco y se tragó un grito.

¡Kami! Neji me asustaste. — articuló la pelirosa.

Bajo el marco de la puerta de su habitación se encontraba su esposo, vestía informal, un pantalón oscuro algo como azul marino y una camisa suéter de cuello en U en color gris jaspeado. Creyó que destilaría baba, puesto que todo le calzaba en el cuerpo como anillo al dedo.

Su cabello iba atado como siempre y el protector en su frente, ese no lo dejaba aun cuando las vendas lo resguardaban de la visibilidad de aquella marca de maldición. Sakura frunció las cejas con extrañeza.

¿Tú también vas? — preguntó confusa.

Fuimos invitados como matrimonio, también debo asistir. — respondió francamente.

Por alguna razón esa contestación le generó un vacío en el estómago, pero compuso una sonrisa fingida y asintió con una alegría que no sentía.

Sí, claro… — murmuró.

Se posó frente al espejo e inútilmente alisó su vestido rosa de tiras, le llegaba debajo de las rodillas y su falda tenía vuelo. Era un poco antiguo, pero no encontró mejor vestimenta para presentarse al cumpleaños de un niño de un año. Con un movimiento rápido tomó la esponja de polvos faciales para quitar el exceso de grasa y de paso, corregir la mancha negra debajo de sus párpados, producto del delineador de lápiz. Arregló su flequillo rosa para que cubriera un poco más su frente y alisó su cabello rebelde, el cual llevaba atado en una media coleta.

Desvió la mirada un poco y se fijó que Neji la observaba fijamente, sus mejillas enrojecieron y se tornó nerviosa. Regresó los ojos al espejo y siguió jugando con su cabello.

¿Nos vamos? — preguntó un poco incómoda por la mirada insistente de su esposo.

El castaño asintió y se hizo a un lado, Sakura tomó la caja que estaba encima de la cama y salió del cuarto con un poco de dificultad debido al poco espacio que la figura de su esposo le daba para salir.

Trató de apegarse lo menos posible a él, ya que sentía que si lo hacía se le iría encima debido a aquella sensación de hormigueo y necesidad que le nacía en el cuerpo. Neji notó la pequeña incomodidad y nerviosismo ante su cercanía y sonrió, el orgullo como siempre en un hombre era de aumentarse con situaciones como esa.

Salieron de la mansión, los guardias afortunadamente no se los impidieron aunque Sakura siempre mantenía ese miedo. Hasta ese momento, le pareció un poco misterioso que Hiashi no hubiese puesto una traba como siempre solía hacerlo. Caminaban tranquilamente por las calles de la aldea, ella miraba hacia el frente pero se sentía nerviosa por la cercanía de su esposo.

Afortunadamente el trayecto de la mansión Hyūga hacia la de los Hatake no era tan grande, así que no les tomó más de 15min. En cuanto cruzaron las puertas y llegaron al patio trasero, Sakura y Neji se encontraron con todos sus amigos y compañeros shinobis, Ino y Shikamaru estaban en una esquina, la primera le gritaba que fuera por un poco de refresco pues porque tenía sed, luego lo regañaba por quien sabía que cosas y el castaño solamente ponía cara de crucifixión y aburrimiento.

La pelirosa soltó una risa, a su amiga de la infancia le estaban afectando de sobremanera las hormonas del embarazo, apenas tenía cinco meses y su barriguita se acentuaba con aquel bonito vestido azul celeste. Para auxilio de Shikamaru llegó Kurenai quien dejó a su pequeño hijo con el festejado y sus padres.

Kakashi vestía informal, unos vaqueros oscuros y un suéter cuello de tortuga y manga larga color gris plomo, jamás lo vio vestido tan informal. Y tuvo que admitir, que aun a pesar de los años, su sensei seguía pareciendo un hombre joven, robusto y bien parecido. Muy atractivo, ahora podía seguir con aquella idea de que aquel fugaz enamoramiento por su sensei no fue por nada… Llevaba puesta su bandana tapando su ojo izquierdo y su infaltable máscara. A su lado estaba su esposa, su esbelta y voluptuosa figura destacaba en aquellos jeans ajustados, y sus senos sobresalían junto a su pequeña cintura en la camisa de escote V que portaba.

Sin esperar a Neji se aventuró hacia ellos.

¡Sakura! Qué bien que estén aquí. — saludó y salió a su encuentro Natsumi con una gran y dulce sonrisa. Abrazó a la pelirosa calurosamente y ésta correspondió sintiendo un enorme nudo en su garganta.

Gracias por invitarnos. — murmuró la pelirosa y enseguida miró al festejado quien sonreía y empezaba a tirarle los brazos para que lo cargara —. Esto es tuyo Ichiro. — dijo mostrándole la caja envuelta en papel de regalo y chongo azul, el niño agitó sus bracitos y se removió en los brazos de Kakashi. El peliplata soltó una risa divertida al ver a su hijo tan desesperado.

La de ojos rubí sonrió e hizo una negativa con la cabeza, tomó el paquete y su sensei le tendió al niño para que lo tomara en brazos.

Con nadie hace tanto revuelo como contigo. — articuló Natsumi colocando el regalo en la mesa junto a los de los demás, que eran muchos —. Creo que empezaré a ponerme celosa. — río la esposa de su sensei ante su propia broma.

Sakura también lo hizo mientras sostenía al hijo de Kakashi, éste se había ido a la mesa donde se encontraban los bocadillos y alejó la ponchera de Lee, puesto que seguro que el ponche tenía algo de licor o estaban dispuestos a ponerle y éste se volvería loco. A éste lo alejaba Tenten, quien hasta ese momento no se había atrevido a mirarlos, por lo menos no a ella.

No muy lejos se encontraba Naruto junto a Kiba y Chouji, éste último se atragantaba a papas fritas mientras que los otros discutían de quien sabía que cosa. Mucho más alejada se encontraba Hinata, con las mejillas arreboladas mirando al rubio. La pelirosa sonrió y le hizo unas carantoñas a Ichiro, éste se contrajo avergonzado y sonreía infantil.

Se le veía muy mono con ese overol azul oscuro, y la camisita de cuello en color blanco. Además de esa pequeña gorra del mismo color del overol, se le veía sumamente lindo, como un muñequito. Estuvo así un rato hasta que sintió la mirada cargada de Neji.

Inevitablemente enrojeció, no supo porqué, pero su mirada fija y profunda le generaba nerviosismo. Así que hizo lo que mejor sabía hacer, distraerse o terminaría cometiendo una torpeza.

Oye frentona, ¿Cuándo me harás compañía? Mira que yo sola no creo sobrevivir. — habló Ino señalándose su abultado vientre mientras se sentaba en una silla, se le veía fatigada. Río, jamás imaginó verla en tal estado.

Mucho menos cuando juraba que no se quedaría embarazada, ni aunque Shikamaru se lo rogara. Sin embargo, poco le duraron las palabras, ya que a los meses recibió la noticia de su creciente embarazo y ahora el más sacrificado era su pareja. El Nara comenzaba a arrepentirse de la idea de ser padre…

¿A qué te refieres Ino? — indagó también acomodándose en una silla cercana a ella, sosteniendo a un mucho más calmado Ichiro que solo jugaba con unos listones que había arrancado de una de las mesas.

¿A qué cuando encargas? — dijo la rubia —. De todas tú eres la única casada y no veo que tengas la menor intención de pasar por esto. — la Yamanaka señaló nuevamente su vientre e hizo una mueca.

¿Te arrepientes?

Ino abrió los ojos asombrada y enseguida sonrió.

No. No me arrepiento. — respondió la rubia —. Creo que ha sido uno de los mejores errores de cálculo de mi vida. — soltó una risa —. Aunque las molestias no son un idilio, creo que valen la pena.

Sakura miró a su 'amiga-enemiga' y sonrió, en ningún momento creyó que Ino cambiaría de un estado a otro. Sin duda la maternidad afectaba y cambiaba a cualquiera, más a una mujer tan renuente como la rubia.

Oye, ¿no has visto a Sasuke? — preguntó la Yamanaka buscándolo por todos lados sin encontrarlo por ningún lado.

Ese era otro punto que no quería tocar, aunque de alguna extraña manera ni siquiera se dio cuenta de su ausencia, como la de la prima de Naruto. Quien supo estaba en una misión con sus otros dos compañeros y por eso no se encontraban ahí.

No, no lo he visto.

Uhm…, es raro, dijo que estaría aquí. — musitó pensativa.

A lo mejor lo enviaron de misión a último momento. — se encogió de hombros la pelirosa y continúo jugando con el listón haciendo reír a Ichiro.

La fiesta continuó su curso, todo ameno y alegre. Por lo menos ahí se sintió más o menos normal… Como si nada hubiera pasado, como si no hubiera tomado aquella decisión.

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Escasas horas más tarde la fiesta había terminado y cada persona para su casa, todos compartieron y la pasaron amenamente, Sakura se ofreció a ayudarle a Natsumi pero ésta declinó el ofrecimiento.

Así que sin mucho deseo y con las ganas de quedarse más tiempo, ella y Neji partieron de nuevo a su jaula permanente. Mientras caminaban hacia la residencia, ella no pudo evitar sentirse desesperada. Esas escasas horas le sirvieron para despejarse de todo lo que ser la esposa del patriarca del Bouke significaba, las obligaciones y las restricciones. De alguna manera le gustaría que hubiese una ley o una regla que la excluyera de todo eso, que la volviera al mundo shinobi del que fue arrancada sin anestesia ni contemplaciones.

Pero pedía milagros, iba tan ensimismada que no notó cuando entraron nuevamente en los territorios del Clan Hyūga y menos cuando llegaron a casa. Parpadeó y suspiró, se encaminó hasta su habitación hasta que la voz de Neji la detuvo.

¿No piensas cenar? — le preguntó.

No, no tengo hambre. — respondió en voz baja, descendió la mirada ante la penetrante que le otorgaba su esposo.

De verdad te gustan los niños ¿cierto? — la interrogante del castaño la tomó por sorpresa y elevó el rostro, lo observó.

Su postura era la de siempre, estoica y serena. Pero en sus ojos había algo que no podía descifrar, desde aquel día, el día en el que…

Sí. — respondió queda y tímida.

Pero no quieres dar a luz a uno que puede portar la marca de la maldición. — dedujo rápidamente asombrándola.

Se quedó callada. ¿Cómo negar algo tan evidente? Algo que le rondó en la cabeza desde que empezó el tema del heredero del Bouke, algo que se le cruzó por la mente incluso antes de casarse con él. No podía negarlo, tenía miedo, miedo de lo que pudiera pasarle si ambos llegasen a concebir un hijo.

Y-Yo

No tienes que decirlo, lo sé. — cortó él con voz seria, no supo porque razón algo dentro de ella se removió y le hizo sentirse mal. Como si lo hubiese ofendido o dañado con el solo hecho de haberlo pensado… —. Lo sé porque yo también lo he pensado, no me gustaría traer al mundo a un hijo que tendría que portar esta marca en la frente. — dijo señalándose la parte antes mencionada con su dedo índice.

Eso la sorprendió, realmente no creyó que su esposo fuese de ese tipo de hombres que pensaban en el futuro. Era demasiado objetivo y preciso como para proyectarse un futuro, mucho más si era un shinobi, ya que no vivían mucho y los que lo hacían simplemente eran afortunados.

Neji… — llamó dudosa, el Hyūga le prestó atención y calló permitiendo que continuara — ¿Qué pasará si…, pasa el tiempo y nosotros no…? — no podía terminar la frase sin sentirse avergonzada, sus mejillas arreboladas eran evidencia de eso. Y ese gesto tan inocente a Neji le generó ternura, súbita y extraña ternura.

¿No concebimos? — terminó la frase por ella, ésta asintió cohibida, él suspiró y se metió las manos en los bolsillos —. Lo más seguro es que envíen a una madre sustituta, que por lo general siempre es alguien del Clan. — respondió, la pelirosa abrió los ojos asombrada.

¿Tanto por un heredero? ¿Es qué acaso no respetaban los matrimonios? No supo porque razón, pero una especie de acidez le quemó el estómago y sintió asco, repulsión y molestia.

¿Y tú lo aceptarías? — indagó curiosa.

No es como que quiera, es que me obligarán a hacerlo. De una forma u otra los del Souke siempre se salen con la suya, ya te diste cuenta. — le dijo mirándola de forma penetrante, y con un brillo apasionado en los ojos —. Si no eres tú, será otra. Pero siempre tienen una solución y la forma de hacer que se cumpla.

La Haruno asintió comprendiendo, no era como le gustara tal solución. No, en lo absoluto. Si se casó no fue para que la hicieran sentir más inútil, ser madre era uno de sus mayores deseos.

Sin embargo, tener un hijo en ese momento no sería lo más recomendable para ninguno de los dos, mucho menos para ese bebé. Estaría sujeto a las leyes y deseos del Souke, no era algo que quisiera ni entrara en sus planes para un hijo suyo, independientemente de su deseo por ser madre… Estaban los de su hijo, y no quería que lo marcaran de la misma manera en que lo habían hecho con su esposo. No lo soportaría…

Su disyuntiva era tremendamente grande, lo que limitaba su deseo de lo real y verdadero.

Lo que la hacía sentirse entre la espada y la pared…

De todas formas, no debes preocuparte. Ya encontraré una solución, si se llegara a dar el caso. — concluyó Neji, enseguida se dio la vuelta y tomó el rumbo hacia el comedor. Mientras que ella se quedó ahí en medio del pasillo preguntándose…

¿En realidad le gustaría que su esposo tuviera un hijo con otra mujer?

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Se despertó agitada, con la respiración acelerada y el corazón latiéndole como si no hubiera un mañana.

Últimamente estaba teniendo muchos recuerdos y sueños de aquella noche, cerraba los ojos y las manos de Neji se paseaban por su cuerpo gentilmente, presionando, acariciando, incitando con un solo roce… Tembló ligeramente, se sintió excitada. Aquel fuego en su bajo vientre no se apagaba y determinada por su instinto o por su estupidez, se encaminó hacia la habitación de su esposo.

No sabía de donde le nació el valor, a lo mejor era producto de la excitación del momento que le nublaba su buen juicio. O posiblemente nunca lo tuvo, lo cierto era que en ese momento giró la perilla que afortunadamente no tenía pasador y abrió ligeramente la puerta, echó un vistazo y no vio a nadie, la cama estaba bien hecha y eso la hizo fruncir el ceño.

¿Dónde demonios estaba su esposo a esa hora de la madrugada?

Destinada a tener que regresar a su habitación con ese fuego ardiente en su vientre, cerró la puerta sin la mayor contemplación y se dio la vuelta.

¿Qué se supone que haces a esta hora de la madrugada entrando a mi habitación? — a Sakura casi se le sale el alma al verlo ahí detrás suyo, y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano por no gritar para no despertar a la servidumbre que dormía.

¡Kami! Yo…, yo… — tartamudeó hasta que se quedó sin habla.

No era porque él iba únicamente en un pantalón de pijama y con el torso descubierto. No, en lo absoluto, aunque sí le provocó un marcado sonrojo no era la razón de su reciente balbuceo.

Era precisamente la razón que la había llevado hasta ahí a abrir la puerta del cuarto de su esposo, aquella excitación aun estaba pero… ¿Cómo le decía que llegó ahí porque tuvo sueños eróticos con él desde aquel día, y que no podía controlar su calentura como antes? Eso sonaría muy atrevido, y a Neji le parecería como tal.

Siempre lo vio como alguien reservado y estable, sin perversiones ni malos pensamientos. ¿Cómo decirle tal cosa?

Elevó la mirada del torso de su esposo, que aunque resultaba muy atractivo no le ayudaba en nada a olvidar su excitación. Sin embargo, toparse con los ojos de éste no fue mejor, Neji tenía una ceja alzada y la mirada profunda, aguardando por una respuesta.

El problema radicaba, en que Sakura no tenía ninguna.

¿No me digas que solo viniste aquí a ver si dormía? — habló él nuevamente, aunque la ironía se detectaba en el tono de voz —. O que eres sonámbula, porque eso no te lo creo.

La pelirosa compuso una mueca molesta y cerró sus manos haciéndolas puño.

¡Claro que no! — profirió, enseguida tapó su boca ante la exclamación. En una casa silenciosa sonaba a grito de avenida —. Es solo que…

Oh, rayos… De nuevo su balbuceo estúpido, se comportaba como una tonta adolescente frente al chico que le gusta y al que por timidez no podía decirle lo que siente. No se había comportado así de tímida ni con Sasuke cuando babeaba por él…

Neji por su parte, se estaba divirtiendo con la actitud de su esposa. Se le hacía gracioso su comportamiento y ese súbito retraimiento que le otorgaba un aire inocente e infantil.

A ver…, dime, Sakura, ¿Por qué estás aquí? — quedo y paciente se acercó a ella con paso medido, su tono bajo sonó erótico y su movimiento como un tigre acorralando a su presa.

A la pelirosa no le quedó más remedio que hacerse para atrás, en un vano e inútil intento por escapar del castaño. Huida que se vio truncada por la puerta que hacía instantes acababa de cerrar.

Tan pronto la vio acorralada se acercó, no tanto como para apegarse pero tampoco tan lejos como para no sentir el calor y perfume femenino. La pelirosa tembló ligeramente, sus palmas colocadas sobre la puerta extendían sus brazos a ambos lados de su cabeza. Se sintió diminuta ante el cuerpo grande y robusto de Neji, su aroma masculino y almizcleño se entremezclaba con la colonia.

Aquel ardor que sintió le sobrevino de golpe y cerró los ojos nerviosa. No podía hablar, sentía un gran nudo en la garganta y unas ganas de besar los labios de su esposo que temía perder el juicio. ¿Qué carajos le pasaba?

El castaño lo notó, lo supo en cuanto la vio parada en su puerta con esa pequeña bata rosa. Lo supo en cuanto él le preguntó y ella solo tartamudeó, por eso se acercó, porque quería sentirla cerca. Desde aquel día el que ambos estuvieron juntos y consumaron su matrimonio, él quería tenerla cerca. No supo porque, solo quería tenerla cerca, sentir su calor, su calidez.

Desde aquel día había querido tomarla y hacerla suya de nuevo, pero se contuvo, porque no era correcto y porque si habían consumado su matrimonio fue por obligación. No por su propia cuenta, aunque vaya que lo habían disfrutado…

¿Sakura?

N-Neji… — murmuró despacio, abrió sus ojos jade y él pudo ver como ese velo de pasión y deseo cubría esas hermosas piedras. Él no estaba lejos, sus pupilas estaban dilatadas, ambos crecían en excitación y ni siquiera se habían tocado.

Sakura nerviosamente subió sus manos temblorosas y las posó a ambos lados del rostro de su esposo, las tenía frías por la inquietud y el ansia, más no importaba. Torpemente se acercó a la boca de él y con lentitud posó sus cálidos labios sobre los de Neji, el movimiento le tomó por sorpresa pero le agradaba que su esposa tomara la iniciativa. Él no lo había hecho porque no quería parecer aprovechado o que la presionaba, entonces la dejó a ella, si había sentido lo mismo que él aquella noche, se acercaría. Sino…

Dejó de lado sus pensamientos y análisis, sintió los carnosos labios de su esposa moverse con parsimonia y algo de torpeza. Un beso tierno y dulce que logró despertar mucho más su instinto, así que la tomó con una mano de la cintura para así profundizar su beso mientras que con la otra mano libre abría la puerta de la habitación.

Sakura se sintió sorprendida y excitada, ansiosa por lo que pasaría… Las manos del castaño no se hicieron esperar, en cuanto cerró la puerta deshicieron el nudo de la bata rosa y ésta cayó al piso, un pequeño camisón cubría la frágil y delineada figura de su esposa.

Sin ninguna ceremonia sus dedos deslizaron los finos tirantes del camisón rosado y este cedió ante la gravedad, una pequeña prenda salvaguardaba su intimidad. Pero no se detuvo a detallar, realmente la necesitaba, desde aquel día, aquella noche, aquel momento en que la hizo suya…

Solamente suya…

Hasta la próxima.


Notas:

Bueno, lamento no haber actualizado antes pero se me ha hecho un poco dificultoso. Con Fecundación inesperada tardaré un poquito más, así que disculparán la tardanza. Gracias por sus reviews, follows y favorite, mil gracias no saben cuan feliz me hacen. También a las que leen Fecundación Inesperada, Madre a la fuerza e Infamias, la historia nueva. Muchísimas gracias.

Nos veremos hasta la próxima actualización, espero no tardar mucho. Saludos.