Notas: Aquí les dejo el segundo capítulo, disfruten.

Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo. Nada de esto me pertenece.


Capítulo 2

Toshiro Hitsugaya era alguien de pocas palabras, por decirlo de alguna manera. Cualquiera pensaría que era mudo, pero no. Hice todo lo posible para no sentirme incómoda, pero cielos, tenía que hablar en algún momento.

—Entonces, Hinamori y tú, ¿son amigos?

Se detuvo un segundo y me miró pensativo.

—Algo así —contestó finalmente y siguió caminando.

—¿Algo así? —me reí—. No, espera, ¿entonces son pareja?

Vi como el pobre chico casi se tropieza con sus propios pies. Quizás no había sido una buena pregunta.

—Claro que no —contestó tajante—. Es como mi hermana.

Parecía muy a la defensiva.

—Es solo… se veían tan unidos. Me contó que se criaron juntos.

Pude ver la mirada de desdén que me lanzó.

—No es de tu incumbencia.

Bueno, sí. Tenía la razón, pero no pude evitar sonreír ante tanta defensiva. Definitivamente algo pasaba ahí.

—Es mi compañera de cuarto, ¿sabes? —al ver que no contestó, proseguí—: Quiero agradarle, pero no se me dan bien las conversaciones entre chicas. ¿Algún consejo?

Toshiro alzó una ceja.

—¿Me ves cara de chica?

—Duh, claro que no, tonto —ignoré completamente como su cara deformó de rabia—. Pero eres su amigo.

Me miró por varios segundos antes de decir algo.

—¿Por qué quieres ser su amiga? —me dijo con tono desconfiado.

Esa pregunta me sorprendió. O sea, ¿por qué no querría serlo?

—Te lo dije, es mi compañera de cuarto y va en mi misma clase. ¿Por qué no habría de querer ser su amiga? Además…

—Entonces, ¿no tiene relación con su apellido? —me interrumpió. Y así fue como ardió Troya.

—¿Qué demonios estás diciendo? —exclamé—. No tengo idea el significado que tiene su apellido ni de nadie por aquí, tampoco creo que eso sea importante para hacer amistades. No baso mis amistades por interés, ¿de acuerdo?

Nos habíamos quedado quieto en medio del pasillo, pero entonces Toshiro negó con la cabeza y siguió caminando.

—Eres distinta —afirmó.

Bueno, eso era muy obvio, ¿no? Yo sabía que era distinta. En mi antigua escuela lo era y aquí lo seré aún más.

—¿Por qué lo dices? —pregunté caminando tras él, con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

—Se nota a leguas que no perteneces a este mundo —se encogió de hombros—. Los de acá hacen amistades por sus respectivos intereses. Disculpa si te juzgué, no quiero que nadie le haga daño a Hinamori.

Por un momento sentí envidia de Hinamori, pues cualquiera soñaría por tener un amigo como Toshiro. Se nota que se preocupaba mucho por ella.

—La quieres mucho, ¿no?

Antes de poder contestarme, una voz llamó nuestra atención. Levanté la mirada y vi que mi hermana agitaba la mano y gritaba mi nombre, llamándome. Observé que Toshiro sonrió levemente al ver a Hinamori junto a ella.

—Parece que almorzaremos juntos —le dije golpeando amistosamente su hombro—. Ven, vamos.

Toshiro se sentó junto a Hinamori y yo con Yuzu frente a ellos. No pasó desapercibido por mis ojos que los dedos de mi compañera de cuarto rozaron levemente la mano de Toshiro.

—Bueno —empecé a decir—, Toshiro me ayudó a encontrar el camino hasta acá. ¡Yo estaba totalmente perdida!

—Es Hitsugaya —escuché refunfuñar a Toshiro, pero hice caso omiso a sus reclamos.

—Sabía que te perderías —me dijo Yuzu riéndose—. Gracias por ayudarla. Soy Yuzu, por cierto, Yuzu Kurosaki.

—¿Hermanas? —preguntó Toshiro.

Yuzu y yo asentimos con la cabeza. Y luego todos empezaron a hablar. Lo cierto es que me llamó la atención las interacciones de Hinamori con Toshiro durante todo el almuerzo, pero no quise comentar nada más al respecto.

Si tenían algo entre ellos, no era asunto mío.

Al terminar de comer, me levanté de la mesa con la excusa de necesitar aire. Me hubiera funcionado a la perfección si Toshiro no se hubiera levantado también, ofreciéndome compañía. Lo miré con incredulidad. ¿Ofreciendo compañía? Patrañas. Quizás yo era su excusa para levantarse también de la mesa.

—No es necesario —dije rápidamente, pero claramente no me tomó en cuenta. Le lancé una mirada resignada y me dirigí a la salida.

Llegamos hasta el patio en silencio, hasta que de pronto Toshiro carraspeó. Alcé una ceja y me giré hacia él.

—¿Qué?

Toshiro se cruzó de brazos.

—Sé que nos estabas viendo… a Hinamori y a mí —agregó—. Solo quería recordarte que no tenemos ese tipo de relación, por si pensaste en eso en algún momento.

Lo miré por unos segundos sin decir nada, pensando en que este chico quizás sufría problemas de negación de tamaños colosales.

—No es asunto mío —dije finalmente encogiéndome de hombros—. No sé por qué piensas lo contrario. Y si de verdad te preocupa, te garantizo que no diré nada, pero, ¿te puedo dar un consejo? —hice una pausa, esperando su aprobación—. Deberías decirle lo que sientes por ella.

—¡Ya te dije que es como una hermana!

Hice caso omiso a sus palabras y seguí caminando sin rumbo. Entonces, me giré hacia Toshiro, quien lucía frustrado a causa de que lo ignoraba.

—Toshiro —empecé a decir—: ¿sabes dónde diablos hay una cancha para jugar fútbol en este lugar?

Alzó una ceja.

—¿Juegas? —preguntó incrédulo. Pero ante la mirada que le lancé, se apresuró a decir—: Puedes jugar lo que te dé la gana, no es mi problema, pero nunca antes había conocido a una chica que jugara futbol.

—Bueno, ahora la conoces —le dije con una sonrisa—. Entonces, ¿sabes dónde hay una cancha?

Toshiro asintió con la cabeza y me hizo un gesto para que lo siguiera. Me pregunto cómo es que conoce tan bien la academia si también es su primer año.

Lo cierto es que ahora me sentía muy emocionada y ansiosa. No sabría cuál sería el recibimiento del equipo de fútbol de esta academia. En mi antigua escuela no había tenido problemas uniéndome e integrándome al grupo, de hecho, yo misma era la capitana. Mi sueño era llegar a ser tan buena como Tatsuki Arisawa, una amiga de infancia de mi hermano Ichigo.

Un grito interrumpió mis pensamientos y antes de que supiera qué demonios ocurría, Toshiro estaba al frente mío sujetando una pelota con sus manos.

—¡Hey, buena atrapada! —dijo un muchacho aproximándose a ambos. Era un chico alto, de cabello castaño claro y algo desordenado. Tenía ojos color miel y una sonrisa que parecía sacada de un comercial de televisión, ya que tenía unos perfectos dientes blancos—. Soy Kei. Soy capitán del equipo, ¿vienes para unirte? —se dirigió a Toshiro, quien negó con la cabeza.

—Ella viene —me señaló.

—Hey, linda —me sonrió y me aguanté las ganas de golpearlo—. Este juego es algo rudo para ti, ¿no crees?

—Es Kurosaki —dije—. Y si me vuelves a decir linda, te golpearé —me crucé de brazos y le lancé una mirada desafiante—. Créeme, sé jugar.

Kei me miró por unos segundos antes de asentir con la cabeza, con una sonrisa en sus labios.

—De acuerdo.

—¿¡Kei estás loco!? Es una chica y si piensas que va a jugar con nosotros, olvídalo —exclamó de pronto otro chico acercándose.

—Tendrá que probar que sabe jugar primero, no puedo simplemente aceptarla en el equipo, idiota —repuso Kei—. ¿Tú también, cierto? —se dirigió a Toshiro nuevamente.

—No estoy interesado.

—Anda, Toshiro —le di un golpe en el hombro—. Por como atrapaste ese balón antes, se nota que tienes muy buenos reflejos. Vamos, será divertido.

Vi que Toshiro me lanzó una mirada frustrada, pero seguí sonriendo y animándolo, hasta que finalmente aceptó.

—Genial —dijo Kei—. Después de clases vengan a este mismo sitio.

Asentí con la cabeza, emocionada. Entonces, Kei me lanzó un guiño y quise golpearlo nuevamente. Dios, odio a este tipo de hombres.

A los pocos minutos, sonó la campana indicando que debíamos volver a ingresar a las aulas de clases. Toshiro y yo llegamos juntos, pero nos separamos para sentarnos en nuestros respectivos asientos.

Al estar en mi pupitre, no pude evitar sentirme muy feliz. Estaba segura que lograría entrar al equipo y dejaría a todos con la boca abierta. Mi felicidad duró hasta que de repente llegó el profesor de matemáticas y anunció que haría un examen de diagnóstico. Nos había pillado a todos de improvisto… Apenas era el segundo día de clases.

Con el examen frente a mí, me reprendí a mí misma por no haber estudiado algo durante el verano. ¡Había olvidado casi todo! Me di leves golpecitos con el lápiz en la cabeza para luego recostarme sobre la mesa, completamente rendida.

—Oye, mira esto —escuché a alguien susurrar a mi lado.

Si hubiera estado más concentrada en la voz, lo hubiera reconocido de inmediato. Pero no lo estaba. El niño friki tenía su mirada al frente y con su mano izquierda señaló algo en su mesa. Miré hacia donde había señalado por simple inercia, aunque algo desconfiada. Era una nota, pero apenas podía distinguir qué diablos decía. Me acerqué más, curiosa.

—Profesor —llamó de pronto, sorprendiéndome—, al parecer Kurosaki no entendió que esto es un examen.

Uní las piezas del rompecabezas de inmediato y me golpeé mentalmente por haber caído en la trampa.

En seguida, el profesor se acercó a mí y me quitó el examen. Le traté de explicar que no estaba tratando de copiar, que el niño friki me había tendido una trampa, pero no quiso escucharme. Me ordenó que me retirara del salón y antes de cerrar la puerta tras de mí, vi la sonrisa maliciosa del tal Vorarlberna. Le lancé una mirada llena de odio y salí del aula dando un portazo.

—¡Ya te lo he dicho! Me tendió una trampa —repetí por enésima vez a mi gemela, quien me miraba con reproche. Nos encontrábamos sentadas en una banca cercana al aula y podía sentir que mi rostro ardía de ira.

—Pero Karin, ¿por qué él te habría hecho eso?

—¡No lo sé! ¡Pero ese idiota me las pagará! —exclamé. Aunque la verdad sí sabía las razones por las que me había tendido esa trampa, pero era algo estúpido. Yo solo le hice un inofensivo comentario, él hizo que me mandaran a inspectoría.

—Hermana —dijo Yuzu con su voz dulce—, ¿qué piensas hacer?

Mis ojos brillaron al pensar en cómo me vengaría, pero una voz me sacó de mis pensamientos macabros.

—Te recomiendo que dejes las cosas tal como están.

Toshiro apareció con Hinamori a su lado. Él tenía una mirada seria —como siempre— mientras que Momo se veía más bien comprensiva.

—¿De qué hablas? ¿Quieres que deje las cosas así? —reclamé.

—La familia Hans Vorarlberna es muy adinerada. Yukio se idolatra a él mismo y se cree superior a todos y te lo digo en serio Kurosaki, disfruta burlarse de los demás —explicó.

—Eso es cierto. En primaria íbamos a la misma escuela y Yukio no era muy agradable conmigo. Pero Shiro-chan siempre me protegía y estaba...

—Bueno, eso son detalles —interrumpió con las mejillas ruborizadas—. Lo importante es que trates de evitarlo.

—Y dime, genio, ¿cómo quieres que lo evite si se sienta justo a mi lado? Además, aunque me digas esto, no me quedaré con los brazos cruzados.

—Siempre tan terca —suspiró Yuzu.

—De acuerdo, pero ya estás advertida —replicó Toshiro desinteresado—. Y algo más Kurosaki, el profesor quiere que después de clases vayas al aula para hablar de tu examen.

—¿¡Qué!? ¡Pero si tenemos que ir a un partido de fútbol!

—Pues parece que no podrás ir hoy —repuso encogiéndose de hombros. Luego, se marchó.

Suspiré y me crucé de brazos. No era justo. Todo había sido culpa de ese tal Yukio. Estuve lamentándome unos segundos cuando de repente una idea cruzó por mi mente. Miré a mi hermana de la manera más gentil que pude.

—Yuzu, hermanita, después de clases, ¿puedes ir en mi lugar a hablar con el profesor? Dile que me siento mal, que estoy enferma o algo —mi hermana me miró pensativa, pero entonces asintió. No pude contenerme y me lancé a abrazarla—. Eres la mejor, Yuzu.


Toshiro POV

Sabía que Kurosaki no haría caso a mis palabras, no podía esperar nada más de alguien tan terca como ella. Era tan diferente a cualquier otra chica, por su forma de ser y por las cosas que disfruta hacer. Me disgustaba un poco el hecho de que no podrá ir al partido después de clases y todo por culpa de Yukio Hans Vorarlberna.

Tenía asuntos pendientes con él.

Apenas me enteré que decidió mudarse a Japón y que más encima, curiosamente se había inscrito en la misma academia que Hinamori y yo, supe que algo andaba mal. Eso era completamente sospechoso. ¿Qué tendrá planeado este imbécil?

Tenía que saberlo y para hacerlo, tenía que tener una pequeña charla con él.

—Sabía que te encontraría en un lugar así —le dije al verlo sobre la rama de un árbol. Allí nadie lo molestaría ni le hablaría.

Yukio, quien se encontraba muy concentrado en su juego, al oír mis palabras se distrajo y escuché el distinguido sonido de 'Game Over'que provenía de la consola.

—Hitsugaya —saludó con una falsa sonrisa—, qué sorpresa.

—Déjate de juegos y dime qué estás haciendo aquí —repuse yendo directo al grano.

Yukio sonrió.

—Oh, Hitsugaya, sabes que, aunque te cambies de país o de academia, no te librarás de mí —dijo—. ¿Creías que si venías a Japón todo estará olvidado?

—No tengo nada relacionado con aquel asunto y tú tampoco. Es cosa de nuestros padres.

—Tu padre le costó miles de millones a nuestra empresa, a mí parecer, si es algo que nos concierne —hizo una pausa—. ¿Hinamori sabe?

Me puse a la defensiva de inmediato.

—Deja tranquila a Hinamori, ella no tiene nada que ver.

Alzó sus brazos en un gesto de rendición.

—No le haré nada, tranquilo —dijo—. Ella no tiene la culpa que tu padre sea un maldito ladrón.

Apreté mis puños y apenas podía aguantar el impulso de golpearlo.

—Entonces, ¿qué quieres con Kurosaki?

—Solo me divierto. Ella es diferente, ¿no?

—Déjala en paz, Vorarlberna.

—¿Te incumbe?

—Si —dije con tono frío—. Por eso, te advierto, déjala tranquila.

La sonrisa que apareció en el rostro de Yukio me dijo que nada bueno podía salir de esto.

—Como quieras —dijo finalmente.


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