Bebe quedó observando con seriedad la reacción de su contrario, no lo admitiría, pero a veces tenía miedo de como podría reaccionar si estaba enojado.

—¿Podrías explicarme la parte de "esos no son de los nuestros"? —preguntó con una voz neutra, falta de alguna emoción.

La rubia suspiró un poco más calmada, pero aún así con algo de miedo. Pero estaba claro que no se lo demostraría.

—Bueno, por lo que he visto, ellos al parecer son unos rebeldes...

—Osea, ¿Aquellos tipejos que siempre estuvieron en contra de mi padre? —La interrumpió al ver por donde iban sus palabras.

Bebe tragó duro, notaba algo diferente en el tono de sus palabras y eso no le gustaba para nada. Tenía que ser dura, muy fuerte ante él si quería demostrar que era alguien que merecía estar a su lado y trabajar con el primogénito y futuro líder de su raza.

—Sí, ellos. Ahora están en contra de tí y muchos de los que antes estaban con nosotros se fueron con esos "tipejos"... No creen que tú puedas ser nuestro líder.

El jóven apretó sus manos con fuerza, y suprimió sus ganas de destruir todo a su alrededor, tenía que aprender a dominar su mal temperamento, o solo demostraría lo inmaduro que podría llegar a ser. Esa acción no pasó desapercibida por su amiga frente a él, ella lo conocía y aunque le temiera a veces, muy dentro de ella sabía que él era bueno y se esforzaba por cambiar... Tal vez.

—Craig, en estos momentos tienes que estar más calmado que nunca. —Bebe se acercó mas a él, con mucho respeto claro está.— Sabes la situación de tu padre y con todo esto, los rebeldes literalmente acaban de declarar una guerra a esos asquerosos Hunters, aunque no estén de nuestro lado no dejan de ser de los nuestros.

Ella tenía razón, odiaba admitirlo pero era la verdad. Su familia no dejaba de ser la cabecera de su raza, aún cuando haya rebeldes que no los acepten, pero a la vista de los Blood Hunters todos eran lo mismo y no les quedaría de otra que, tarde o temprano, unirse a este enfrentamiento que ellos no apoyaban ni buscaban. Porque claro, entablar una conversación que aquellas personas para explicar lo ocurrido no era una opción, ellos jamás los escucharían.

Su amiga Bebe siempre lo ha dicho: Esos seres los matarían antes de tan siquiera aclarar su presencia, así eran los Blood Hunters; Personas sin corazón ni escrúpulos que mataban a los de su especie por no ser lo mismo que ellos.

—¿Qué deberíamos hacer? —preguntó Craig a su amiga.

Al verse en la necesidad de decir aquella pregunta, estaba declarando que estaba más que perdido en esto.

—Por ahora, intentar mantener la calma y hacernos a un lado. Tenemos que ver a donde va todo esto y si es posible no meternos, lo haremos. —Bebe finalizó con cierta tranquilidad, tratando de transmitirla a su amigo.

La rubia se retiró del lugar no sin antes hacer una reverencia. Ya había aportado la información pedida y ahora tendría que retirarse a seguir con sus actividades habituales.

La habitación quedó en silencio, el chico de cabellos azabaches quedó meditando las palabras de su amiga, sin dejar de estar perturbado por todo lo que estaba ocurriendo. Su cabeza estaba hecho un gran lío.

Caminó con tranquilidad hacia un cuadro que colgaba cerca del escritorio, quedó observandolo por un rato, aunque no quiera aceptarlo amaba ese cuadro. Había sido pintado en su cumpleaños número 17, hace dos años y desde entonces lo mantiene ahí, cerca de él para mirarlo todos los días.

Hace tan solo unos meses su padre lo había presentado a todo el mundo como su primogénito. Hace unas semanas su padre cayó enfermo, pero hace unos días se dieron cuenta que lo que sea que tenga su padre era muy grave. Y ahora, estaba metido en una guerra.

Una guerra con las personas que menos quería lastimar en este mundo.

Craig miró en el cuadro, esa era su familia, sentía que los estaría defraudando e incluso decepcionando con lo que estaba ocurriendo. Todo se estaba escapando de sus manos y el temor de como terminaría lo estaba invadiendo, trataría de calmarse, ver como fluían las cosas, pero a la más mínima amenaza a su familia, a su madre o hermana, no dudaría en meterse y batallar.

Batallar...

Muchas ideas invadieron su mente con esa palabra, muchos recuerdos junto con ellas. Se había prometido dejar su pasado atrás y ser quien realmente era, pero aquellos momentos de felicidad que tuvo de pequeño le impedían dejar todo atrás y ver hacia el futuro con su gente.

Tal vez por eso más que nada temía a aquel enfrentamiento.

Fué en dirección a su cajón y sacó un collar de plata algo polvoriento de el, tenía un dije de corazón que hace ya mucho tiempo no tocaba. Lo abrió con cuidado y admiró lo que tenía adentro. La imagen de un pálido y bello niño rubio estaba en él, el niño tenía el cabello muy desarreglado y por su expresión no tenía ni idea que le querían tomar una foto, pero eso no hacía más que volver más tierna la foto.

Craig sonrió con nostalgia, las tardes de juego con aquél niño nunca las olvidaría. Aunque ya no recordaba su nombre, ni el sonido de su voz o su manera de actuar, el sentimiento de la felicidad que le había traído en aquel entonces vivía fresco dentro de él. Añoraba volverlo a ver, volver a pasar una divertida tarde y disfrutar a su lado, pero ya no podría. Ahora estaban en bandos muy opuestos.

—Que pena que nos tengamos que volver a encontrar en el campo de batalla... —murmuró para sí mismo, sin dejar de ver la foto que contenía esa bella reliquia plateada.

Resignado con todo, cerró aquel dije y lo apretó en su pecho por última vez, para luego volver a guardar ese collar en su lugar por quién sabe cuánto tiempo más. No quería seguir viendolo y sentirse aún más nostálgico. No en un momento como ese.

En otra parte, muy lejano de ese gran castillo; Tres jóvenes estaban descansando tras una ocupada y agotadora noche en una pequeña casa que alquilaban para la situación, por el tiempo necesario que tengan que estar en ese pueblo. Para ellos está misión se podría considerar unas vacaciones a comparación de las otras (Claro, sin mencionar que en esta hay mucho más en juego). Pero por lo menos podrían descansar y cerrar los ojos en la luz del día, sin necesitar tener un arma cerca de ellos.

—Por cierto, dentro de un rato tenemos una reunión con el equipo Marsh. Al parecer tendremos que unirnos con ellos está noche. —habló Tweek mientras dejaba a un lado la taza de café que estaba tomando mientras descansaba en el sofá.

Sus amigos solo jaderon en señalar de aprobación, ambos estaban tirados sobre el suelo alfombrado disfrutando de aquel dulce momento de descanso.

—Era eso, o unirnos con el equipo de Cartman.

Tras sus palabras ambos chicos se levantaron del suelo y se pusieron en alerta, lo peor del mundo hubiera sido trabajar con ese tipo y su repugnante equipo.

—¿No qué ese él tenía su zona en otro estado? —preguntó con indignación Token.

—Pues sí, pero con todo lo que está ocurriendo el Director PC quería que nos juntaramos con cualquier equipo, planeaba traerlo al gordo de ser necesario. Claro que negué esa oferta, tener a esa persona cerca sería lo último que querría en mi vida. —La expresión de Tweek al hablar de él lo explicaba todo, esa persona era un ser muy despreciable.

Sus compañeros lo sabían bien, Eric Cartman y su equipo de habían ganado su asquerosa reputación por lo sanguinario y aberrante que podía ser su forma de matar a los vampiros. Que sí, eran monstruos, pero ni ellos merecían morir de manera tan atroz y asquerosa como era caer en sus manos. Ni siquiera esas bestias podrían causar más dolor del que ese chico causaba a las pobres criaturas que caían en sus manos.

Incluso se corría el rumor de que en su más reciente misión atraparon a una familia de vampiros, y El equipo Cartman hizo al hijo comer partes de sus propios padres, mientras estos aún estaban vivos y veían como su hijo se deboraba, a la fuerza, sus extremidades desmembradas. Todos dicen que esa ejecución fue idea del gordo, lo cual nadie podía refutar.

Clyde y Token se miraron y asintieron a la vez, sabían que Tweek había hecho la mejor elección al negar la idea de trabajar con ese tipo. La fatiga y el cansancio se les había ido, ahora solo les quedaba prepararse para su reunión con sus aliados.