SOBREVIVIENDO

¿Nunca has sentido un dolor sofocante, que no te permite respirar, que duele el hecho de estar viviendo? No era un dolor físico, peor. ¿Cómo había llegado a este punto? Ji Hoo salió sin más, no entendía el suceso de las cosas. La cabeza me daba vueltas y oprimía, la boca estaba seca, los huesos entumidos, y sin poder mover porque cualquier movimiento dolía. Y cada segundo aparecían las memorias cortas y aplastadas, plasmándose frente a mí, burlándose atropelladamente y clavando cada vez más fuerte la culpa, resignación y rabia, que nunca había sentido en mi vida. Una tras otra vez sin descanso.

Acaso solo eso quería de mí. Claro, pues que más le podía dar, si era un remiendo de persona, tratando de seguir adelante con los pedazos que quedaban de mí después de Gu Yun Pyo, después de creer que tenías algo.

Y cuando lo único que tenías siempre ahí, era a tu amigo que siempre estaba cuando lo necesitabas, el que creías tu alma gemela, y todo se vuelve al revés. ¿Cuantas veces se habrá reído de mí? Por ser tan estúpida. El en realidad no te quiere Jan Di, piensas. Y esas palabras duelen más que cualquier cosa que te hubieran dicho. ¿Qué esperabas de él, un ramo de rosas con una nota que diga "eres el amor de mi vida"?

Una sonrisa amarga apareció en mis labios. Me levanté y fui directo al espejo, el rímel se me había corrido, mis labios hinchados y rojos. Me quedé viendo más de lo necesario. Viendo como caían lagrimas por mis ojos de por sí hinchados y oscuros.

-Okey Jan Di, basta, ya basta de llorar.- pero los esfuerzos de no llorar no tienen resultados.

-¡Basta!- te dices con más fuerza- Sí a él no le importa, ¿Por qué tendría que importante a ti?

Y ríes. Sí te ríes de ti misma. Porque a ti si te importa. Te importa cada espacio de él, y ves lo ridículo de las cosas. Era lo único real y estable de tu vida. Eras dependiente de él, de sus ligeras sonrisas con efecto calmante y revolucionaría en ti, con sus pequeños ojos que brillaban cada vez que te veía, con sus palabras alentadoras, con sus manos ágiles y elegantes, con sus pensamientos correctos y admirables, con sus acciones impredecibles siempre preocupándose por los demás, con sus…con todo de él. ¿Acaso siempre fue una mentira? Una parte de ti se niega a creerlo, pero los hechos te dicen todo lo contrario y el enojo con el dolor regresa con más fuerza como una ola que te inunda y te ahoga de poco a poco tratando de salir a la luz te desgarras más. Cada vez más. Lo idealice en mi vida para siempre, como algo básico. Pero no era así.

Me creí una falsa historia de los dos. Confianza, le di toda la que tenía. Esperaba que algún día se diera cuenta, que era él, siempre iba a ser él. Me aferre a él. Sé qué lo que hicimos, no fue lo correcto, no de esa forma. Pero esperaba todo menos esa respuesta, que ahora choca contra mí como la única verdad que veía.

-A seguir adelante, Jan Di. Tienes que demostrar que eres fuerte, sigues de pie. Con más fuerza que antes.- te limpias la cara con tus manos con rudeza, tratando así borrar cada recuerdo que te viene a la mente.

Miras el reloj de pulsera que está en tu tocador, y recuerdas tus exámenes. Recoges tu uniforme de la escuela. Te das un baño, arreglas tu cabello, te pones un ligero maquillaje, y muestras tu mejor sonrisa. Todo aparenta igual, solo tu mirada cambia, ahora es fría y calculadora. Ya no más tierna e inocente Jan Di de antes.

Sales y no ves a nadie. Te alegras y decepcionas a la vez. Una parte de ti pensaba que iba a estar él, con un "era mentira, todo es una mentira". Suspiras. Llegas a la universidad, todo se ve diferente aunque es lo mismo. Te sientas en tu butaca, los exámenes se te hacen fáciles, los contestas más rápido que de costumbre. Sales con la cabeza en alto. Está ahí, afuera del salón, como era su costumbre esperarte siempre que tenías una prueba. Te ve, sostiene la mirada. Tiene ojeras, se ve cansado y ¿triste? ¡Bah! Imaginación tuya.

Pero ya no, ya no vas más a él. Ya no más abrazos nerviosos, ya no más palabras alentadoras, ya no más. Le sonríes de lado, fría. Y pasas sin siquiera saludarlo, aunque sientas el ambiente asfixiante, helado, pesado y te duela cada paso que des.

Un compañero que siempre te había buscado te saluda nervioso, y lo saludas de la manera más condescendiente que puedes consciente de que Ji Hoo está viendo.

-¡Jan Di!- corré a tu lado.

No sé qué hago aquí, fue una acción involuntaria. Pero necesitaba saber que Jan Di, seguía bien. Quería verla, quería, no sé qué quería. Quería aventar cosas. Quería decirle tantas cosas. Quería gritarle que la amaba, que me perdonará, que no tenía el derecho ni si quiera de rozarla. Qué, qué sin ella no era yo, no era nadie. Esa sonrisa, me envió descargas en mi espina dorsal, no era la misma. Mi Jan Di. ¡Maldición! No había pasado ni un día y ya la extrañaba. Ese tipo se acercó, como se atreve a tal derecho y yo no. En otra ocasión la hubiera tomado de los hombros y la hubiera llevado a un lugar seguro donde nadie pudiera tocarla, ni verla, sólo para mí. Sí, así era mi amor de egoísta. Nunca fui violento, pero con ella, era posesivo, era…un tonto. Al tal hombre ese tenía ganas de aventarlo, pero ya no era mi decisión ni mi derecho, nunca lo fue. Y ese fue mi error. No tenía ningún derecho sobre ella, y la tome como si fuera mía. Todo pasaba en cámara lenta. Apreté mis puños hasta que no sentí más que el dolor de estos, y con el poco de cordura que me quedaba me aparte de ese lugar.

-Jan Di…- me seguía hablando.

-¿Sí, Choi?

-te decía que….

En ese momento llega Woo Bin, corriendo con una sonrisa enorme, y te da un abrazo a lo que Choi hace una mueca.

-¿Adivina que?-me pregunta sonriendo cada vez más, sosteniendo algo en sus manos que las pone atrás.

-¿Qué?- preguntas tratando de reír, por su actitud de niño chiquito con un regalo nuevo.

-¡Que adivines, si no, no te digo!- al ver mi resistencia a responder- bueno, bueno te doy una pista es un evento así de grande- dijo abriendo sus brazos lo más que pudo- y es de una persona inteligente, popular, divertida y en resumen perfecta.

Tu risa se escucha por todo el pasillo. Y le respondes.

-Okey, Woo Bin. ¿Vas a hacer una fiesta? ¿Me equivoco?- sus ojos brillan, emocionados.

-Pero no cualquier fiesta, sino será la fiesta, en honor a mí, de mí para mí- dice con una sonrisa entregándome una invitación.- ¿No has visto a Ji Hoo? No lo he visto, comúnmente está contigo, pero no lo encuentro por ningún lado, se la das también a él.

-Claro- dices con un hilo de voz, tosiendo ligeramente para recuperar la compostura.

-Okey, perfecto. Será mejor que vayan-se volteó para salir, pero regreso- ah, y lleva a quien quieras- guiñándome un ojo, y viendo al Choi que no se separaba de mi lado y que estaba con los brazos cruzados.

Choi, me miraba con los ojos brillantes, no era feo al contrario, era gentil, uno de los mejores promedios, alto, fuerte, podía tener a cualquiera del colegio. Compartíamos mucho en común. ¿Por qué no?

-Choi, sé que no es muy común, y que solo estudiamos juntos. Pero, ¿te gustaría salir…conmigo?, bueno, digo…a la fiesta-dije atropelladamente como pude, y me arrepentí al momento que salieron, pero era un amigo. No tiene nada de malo ir con un amigo a una fiesta, al cual le gustas, donde aparte va a estar tu ex, tus amigos y esa persona ¿o sí?