Tratando de hacer que la ardilla corra un poco... Por alguna razón todos mis drabbles están resultando ser sobre Hikari hahahaha.


A-sombrado.

Las luces llevaban apagadas un buen rato ya. El sol ya no brillaba afuera y eso había terminado de sumir la casa en completa oscuridad. Hikari seguía recostada en el sofa con su brazo sobre sus ojos como si la oscuridad del cuarto no fuese suficiente.

Escuchó la puerta abrirse y los pies de Takeru arrastrarse por la afelpada alfombra. No tenía que molestarse en levantarse, podía pretender que seguía dormida, solo tenía que relajar su tenso cuerpo.

—Hikari—le llamó. Ella quiso acompasar su respiración que estaba por delatarla. —No se a quién quieres engañar, se que estas despierta.

—Uhmmm—balbuceo pretendiendo estar adormilada.

Takeru suspiró y tomó asiento en un minúsculo espacio del sofa que no era ocupado por el cuerpo de Hikari. Lentamente pasó sus dedos sobre su costado, acariciándole las curvas. Eso fue suficiente para que Hikari retirara su brazo de sus ojos para mirarle y de paso moverse de su alcance.

—Se que odias que diga que te conozco bien para saber cuando estas mintiendo pero no es nada de eso.

Hikari desvió la mirada hacía la oscuridad que los envolvía, notó que Takeru no había encendido ninguna lampara.

—¿Entonces?

Takeru se puso de pie. —Llevas tres dias dormida. Creo que ni siquiera tu hermano ha pasado tanto tiempo acostado.

Sabia que traer a colación a Taichi podía acabar con la mas o menos civilizada conversación que estaban teniendo pero ya no sabía de que mas hablarle que no fuesen aquellas personas por las que seguían teniendo algo en común.

—Vale— solamente respondió la castaña.

—Vale— le repitió Takeru antes de caminar hacía la salida de la sala y hacía la cocina.

Accionó el interruptor y el cuarto consiguiente se iluminó, dejándole a él en el contraste a contra luz. Hikari notó en camara lenta sus movimientos, su perfil y su flequillo descuidado caer sobre su frente. Era de nuevo otro de esos momentos que la trasladaban atrás en el tiempo. Los detestaba y al mismo tiempo los atesoraba.

—Tengo hambre— se quejó, notó que no deseaba que la volviese a dejar sola.

—Hay pizza congelada en el refrigerador— le contestó mientras ella escuchaba como se servía un vaso de agua directa de la llave.

Caminó frente a ella, de nuevo en sombras, tomó sus llaves y abrió la puerta principal.

—Tengo una cita. Nos veremos mas tarde.