Cuando Draco abre los ojos al día siguiente, se siente extrañamente descansado. Se estira durante unos segundos y sonríe. No puede ser muy tarde, Scorpius es extremadamente puntual cualquier día de la semana y aún no había aparecido por su habitación, así que se permite unos minutos para remolonear en la cama.
De repente, recuerda lo de la noche anterior y se incorpora precipitadamente. Está solo, cosa que realmente no le molesta, pero se pregunta que le habrá pasado a Harry, si habrá tenido que irse a trabajar o habrá tenido una emergencia.
Es entonces, cuando se gira y observa el reloj. Perplejo, comprueba con un hechizo que efectivamente son las diez y media. A esa hora debía hacer mucho tiempo que su hijo estaría dando saltos en su cama. Así que algo preocupado, se levanta y se dirige a la habitación de Scorpius.
Encuentra la cama vacía, pero por el pasillo oye el ruido de la televisión. Aun así, sigue extrañado; es raro que Scorpius haya decidido ir al salón por propia voluntad sin destrozarle un poquito los riñones antes.
Mientras se acerca a la sala observa a Harry, que está apoyado con los antebrazos sobre la barra americana que separa el salón de la cocina con los pantalones y la camiseta que llevaba la noche anterior, descalzo. Scorpius está tomando su desayuno junto a él y los dos conversan animadamente.
—Buenos días —dice acercándose a ambos; ellos le responden con una sonrisa—, ¿desde cuándo estáis despiertos? ¿Y por qué no me habéis levantado?
Draco coge una tostada de las que hay en un plato justo en medio de la mesa.
—Bueno —empieza Harry sin saber muy bien donde mirar—, Scorpius vino esta mañana a la cama y tenía hambre… y como no te despertaste imaginé que estabas cansado, así que me levanté yo… y hemos desayunado y visto la tele, ¿verdad? —pregunta mirando al niño.
Draco se queda paralizado por un momento, que Scorpius apareciese esa mañana en la habitación y lo viese durmiendo con Harry, no era precisamente su idea; también es cierto que ha sido única y totalmente su responsabilidad, ya que Scorpius hace eso todos los fines de semana y él debió poner un hechizo en la puerta para que el niño no pudiese entrar. Un descuido que espera no vuelva a ocurrir.
—¿Y por qué está vestido? —pregunta de repente percatándose de que Scorpius lleva una camiseta de manga corta y unos pantalones a juego.
—Vamos a ir a jugar con otros niños —dice el pequeño diligente.
—¿Ah sí? —cuestiona esta vez mirando al otro adulto.
—Esto... bueno, sí, es que verás, Hermione me llamó hace una hora y me dijo que fuésemos a pasar el día a la casa de campo de Bill y Fleur, ya sabes, van a ir todos los pequeños...
—Me parece genial, pero a nosotros no nos han invitado —dice refiriéndose a él y a Scorpius.
—Claro que sí —rebate Harry al instante—, Hermione sabía perfectamente que estaría con vosotros así que por eso me ha avisado. Vamos, son los Weasley, ¿no esperaras una invitación formal por lechuza? —añade ante la incredulidad de Draco.
El slytherin mira a uno y a otro, a cual más ilusionado.
—Está bien — dice un poco resignado sabiendo que ha perdido la batalla — iré a preparar la mochila con sus cosas.
—¡No, no hace falta!, siéntate y desayuna; nosotros nos encargaremos de todo.
Y con una gran sonrisa, ambos salen de la cocina: Harry dando rápidas zancadas temiendo que Draco cambie de opinión y Scorpius cargado sobre sus hombros riéndose entusiasmado.
Después de que ambos hayan abandonado la sala, ya más relajado comienza a tomar su desayuno. Tostadas con mermelada de varios sabores, té y café recién hecho, fruta troceada...
Desde luego, Potter vale su peso en oro como niñero... debería dejar el cuerpo de Aurores y dedicarse profesionalmente a ello.
Una media hora más tarde, ambos están frente a la chimenea dispuestos a marcharse instándole a que termine de arreglarse rápido.
Nada más llegar a la casa, es Granger quien los recibe, quien no se sorprende al verlos, y esto hace que Draco se sienta más relajado y seguro aunque por supuesto no lo demuestre.
—Me alegra que hayáis venido —les dice con una sonrisa.
A Harry le da un beso y a Scorpius le revuelve el pelo.
El resto del día Draco decide relajarse junto a algunos adultos con los que ha entablado una especie de amistad en los últimos años tales como Granger (quien le repite a menudo que ahora es Weasley) o el mismo Ron; o Ginny, con quien sorprendentemente se lleva bien gracias a la relación que esta mantiene con su amigo Theodore Nott. Estos últimos y el propio Harry son los únicos que están allí sin descendencia, eso si no contamos a Hermione que está tan hinchada que Draco la mira suspicazmente con miedo a que pueda dar a luz en cualquier momento.
Pero sin duda alguna, es Harry la estrella del día. Se ha revolcado por el suelo, escalado, montado a escoba y ha sido utilizado como trampolín por la mayoría de los niños. Draco tiene que reconocer que no ha oído a Scorpius reírse a carcajada limpia tanto como hoy. Pero lo que más enciende el pecho de Draco, es que es precisamente éste, quien más atención recibe del auror. Hay muchos niños, la mayoría pelirrojos con los que había supuesto que el héroe tendría una relación más cercana, pero no, es su pequeño el que más lo hace babear y el que acapara todas sus atenciones.
—Si yo fuese tú —oye el rubio a su espalda—, tendría miedo de que un día se lo quede para él.
Se gira y se encuentra con Hermione que sostiene en sus manos un plato con un trozo de pastel que come sin miramientos.
—Cuando tengas al tuyo seguro que quieres compartir niñero —le dice mirándola como un caso perdido.
—Hablando de eso, ¿qué tal anoche? ¿Te divertiste?
Draco casi se atraganta antes de acordarse a qué se refiere Hermione.
—Bueno, sí, no volví muy tarde.
—Venga —le dice ésta dándole un codazo amistoso—, si cuando he llamado a Harry esta mañana todavía estaba en tu casa...
—Pero porque cuando volví estaba dormido, y no quería despertarle.
—Como sea, no vuelvas a esperar otro año antes de volver a salir, sabes que Harry adora a Scorpius. Aprovecha ahora antes de que tenga los suyos propios —dice mirando hacia adelante con una risa tonta.
Draco sigue su mirada y observa a Harry que ahora está hablando con una chica con el cabello dorado. Ésta sostiene a un niño algo más pequeño que Scorpius, aunque igual de rubio que él.
—¿Quién es? —pregunta tan intrigado que no se detiene a pensar en lo indiscreto que está siendo.
—Es Gabrielle, la hermana de Fleur, otra tía orgullosa.
No hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de que la francesa está flirteando con Harry, como tampoco para notar que Harry es total y absolutamente inmune a sus encantos. Draco se pregunta si es porque simplemente la está ignorando o porque no se da cuenta. Harry es muy inocente para según qué cosas, se dice; demasiado. Y sin saber muy bien por qué, desearía sacarlo de allí, y es que a veces siente que es como un niño pequeño al que necesita defender. Y también preguntarle a la chica si no es consciente de que no causa ningún efecto en el auror. A veces piensa que Harry necesita a alguien más perspicaz a su lado, alguien que sepa cuando una persona pretende ser irónica o le está engatusando, alguien que le advierta y le proteja, porque él no es así... es demasiado gryffindor para percatarse de esos detalles. Por suerte, es el propio Scorpius quién con una llantina repentina, saca a Harry del embrollo, haciendo que además, se acerque a ellos.
—Lo siento —dice llegando hasta Draco con el niño en brazos—, no sé qué le ha pasado, pero te llama.
—Gracias —le dice mientras lo coge.
Después de calmar al niño, este se muestra muy cansado y cariñoso, lo que se traduce como que el día de campo ha terminado para ambos. Se despide de todos los Weasley y por último de Harry.
—¿Queréis que os acompañe?
—Claro que no, diviértete, aún queda mucho día por delante.
—Vale, pero que sepas que lo de anoche se repite, eh; si no la semana que viene, la siguiente.
—No sé si será buena idea —dice torciendo un poco los labios.
—Ya sé que para ti no fue... bueno; pero nos divertimos.
—No es eso, sí que me lo pasé bien, pero...
—No, no hace falta que lo justifiques, sé que por mi parte estuvo fatal, yo...
—Qué dices, claro que no, estuviste genial de verdad; lo pasé bien, ¿vale? Pero no me hizo mucha ilusión que Scorpius nos viera en la cama esta mañana.
—¿Eh? —dice Harry cambiando su expresión—, ah...
Draco lo mira con una ceja levantada, de repente este parece mortalmente avergonzado.
—¿Qué? —pregunta extrañado.
—Yo... bueno, me refería a quedarme con Scorpius, ya sabes, para que salieras.
—¡Genial! —dice cerrando los ojos unos segundos y tragándose la vergüenza lo más adentro posible.
—Pero, ¡eh! —Harry lo tiene que llamar porque se ha dado la vuelta—, espera, yo también me divertí; contigo, me refiero.
—Déjalo, Potter —Harry ríe internamente, solo lo llama así porque está avergonzado.
—No, en serio, no quería mencionarlo para no hacerte sentir mal, pero estuvo muy bien; además, como te dije, no ha cambiado nada, no estamos incómodos...
—Yo estoy bastante incómodo en este momento —añade sin siquiera poder mirarlo a los ojos.
Harry se ríe y eso lo pone aún más nervioso.
—Pero ha sido por el malentendido. Si te... bueno, si te apetece llámame.
—No voy a llamarte, Potter.
—Bien, pues nos vemos.
A Draco le faltan piernas para salir de allí. No se ha sentido tan violento en toda su vida, si se mirase al espejo ahora mismo, no tendría nada que envidiar a un Weasley. Por el amor de Merlín, ¿cuántos años tiene? ¿Quince?
Cuando termina de cruzar la chimenea, deja a Scorpius en la cama, el pequeño se había quedado profundamente dormido en sus brazos hace ya bastante rato, después se sienta en el sofá y suspira.
Para su inmensa alegría, Harry no ha aparecido por la guardería mientras él estaba allí. Sabe que lo ha hecho mientras él estaba trabajando porque Scorpius se lo ha dicho muy entusiasmado. Agracede que, al menos, haya tenido el tacto de no coincidir con él para no hacerlo todo más incómodo.
No sabe que sentir al respecto, la verdad es que todo fue perfecto hasta su dichosa metedura de pata, donde confundió lo que Harry trataba de ofrecerle. Quizá le está dando demasiadas vueltas a todo el asunto, pero la verdad es que hace días que no puede pensar en otra cosa aunque se convenza así mismo de que no tiene la menor importancia.
Cuando el jueves Harry se acerca a él mientras prepara a Scorpius para irse a casa, traga saliva y trata de comportarse de la forma más natural que puede.
—Ey —lo saluda Harry.
—¿Qué tal?
Aprovecha que está terminando de vestir al niño para evitar mirarlo directamente. Sabe que está actuando como un crío, pero no le importa.
—Bien, venía a preguntaros si tenéis algo que hacer el sábado.
Después de un largo suspiro, lo mira. ¿Cuándo empezó a darse cuenta de esos pequeños detalles? Nadie lo hace. Ni Pansy, ni Blaise, ni Theo. Nadie. Solo Harry. Solo él pregunta: ¿estáis ocupados? ¿Tenéis algo que hacer? ¿Queréis salir el fin de semana?. Solo él incluye a Scorpius en todos los planes. Solo él recuerda que tiene un hijo. Solo para Harry Scorpius es tan o incluso más importante a la hora de hacer algo que él mismo.
—Por ahora nada interesante a la vista, ¿verdad? —le pregunta al pequeño quien niega con la cabeza.
—Genial —dice algo más contento, aunque no lo demuestre, esperaba que Draco pusiera alguna excusa— verás, Hermione y Ron compraron entradas para la final de liga de Quidditch hace meses, pero ella no se encuentra con ánimos para ir con el embarazo tan avanzado y me han dado las entradas. Ya sabes, las compraron a principios de la liga y no esperaban que Hermione estuviera embarazada para entonces... Demasiado ajetreo y gente para ella.
Cuando Harry se pone nervioso habla mucho. Así nota Draco que él también está un poco incómodo, algo que no le molesta, si no que le parece gracioso.
—Bien, podéis ir —le contesta antes de que siga diciendo cosas.
—Oh, vaya, esperaba que tú también vinieras.
—¿Yo? Pero tienes solo dos entradas, ¿no?
—En realidad tengo tres, porque compramos una cada uno.
—¿Y no prefieres ir con algunos de tus amigos?
Otra cosa que hace a Draco notar que Harry está nervioso, es cuando boquea. Como ahora.
Alguien debería dedicarse a hacer un estudio sobre los gryffindor. Podría titularse: Gryffindors, valientes y arrojados para las situaciones más difíciles. Incompetentes para lo más sencillo.
—Ya, bueno, pero Scorpius nunca ha ido a ningún partido y me hacía ilusión llevarle al primero. Ya sabes, con su camiseta, su bufanda...
Draco niega sin remedio evitando sonreír delante de Harry. A veces piensa si el gryffindor cree que su hijo es un muñeco, sabe que no, pero le encanta presumir de él y llevarlo de arriba a abajo cosa que llena de orgullo a su padre.
—¿Os recojo a las doce?
Draco recuerda las palabras de Harry mientras intenta no perder a ambos de vista entre el tumulto de gente. Desde las seis. Desde las seis está Scorpius despierto, nervioso y dando saltos como si fuese un muelle por toda la casa, gracias a Merlín, Harry es ahora quien se encarga de llevarlo sobre sus hombros, porque a veces no entiende a quién ha salido ese niño tan hablador e inquieto.
Cuando se da cuenta de que ambos están parados, acelera sus pasos para poder llegar hasta ellos e intentar no perderlos de nuevo.
Es entonces cuando se da cuenta de que Harry se ha encontrado con dos de sus antiguos compañeros de casa y charlan.
—Sí, el otro día estuve en Sortilegios Weasley y Ron me lo dijo.
—Claro, Hermione tiene el embarazo demasiado avanzado para meterse en esta fiesta. Bueno, otro año será. De todas formas, si quieres vente con nosotros, ya sabes dónde estamos.
—Ya, bueno —Harry no parece muy cómodo con Thomas y Finigan, así que Draco decide quedarse un par de pasos atrás—, lo pensaré, ya nos vemos.
En cuanto ambos chicos han desaparecido, decide entrometerse.
—Puedes irte con ellos si quieres.
—No, da igual; busquemos nuestros asientos.
No les lleva mucho hacerlo así que a los pocos minutos los tres están sentados. Scorpius se sienta justo en el medio, aunque el pequeño no tarda mucho en levantarse y tratar de ver otras cosas.
—Vamos, Potter, ve con ellos si quieres. Seguro que te lo pasas mejor.
—No insistas, te he dicho que no me apetece.
—Claro —rebate—, por eso tienes esa cara larga desde que nos los hemos encontrado. Admítelo, eres demasiado gryffindor para dejarnos solos, está bien, pero a mí no me molesta que te vayas.
Harry se gira y le lanza una mirada que descoloca a Draco y le hace estremecer lentamente.
—No estoy molesto por no poder unirme a ellos —y ante la duda del rubio continúa—, estoy molesto porque llevaba a Scorpius sobre mis hombros, sabían que había venido con vosotros, y aun así, solo me han invitado a mí a que los acompañara. Sabían de sobra que si lo hacían no iba a ir con ellos, pero lo han hecho, así que supongo que no tendrían tantas ganas de que fuera.
—Vamos, despierta de una vez, no puedes ser tan estúpido. Nadie quiere estar en el mismo sitio que yo, ni siquiera a unos metros de distancia. ¿Es esta tu forma de desafiar al resto? ¿De ser rebelde? ¿Venir a un acto público conmigo? No puedes culpar a los demás por no querer sentarse a mi lado, si yo fuese ellos tampoco querría. Deja de intentar meterme a la fuerza en tus círculos, de pretender que todo el mundo me reciba con los brazos abiertos, deja de tratarme como si todo lo que me ocurriese fuese injusto. No soy tu obra de caridad.
—Eres un imbécil —dice Harry antes de levantarse—, voy a por algo de comer. ¡Eh, Scorp! ¿Quieres un perrito caliente?
El chico, que está apoyado en la verja de delante, se gira y sonríe.
Draco se queda mirándolo bastante molesto, ¿le ha llamado imbécil? Al menos podría tener la decencia de decirle porqué piensa eso. Pero no, San Potter lanza la snitch y no se entretiene en esperar que el buscador la haya encontrado para irse.
Durante todo el partido, tanto Harry como Scorpius se divierten, se ríen, comen y gritan, pero él permanece sentado y sin abrir la boca. Y tiene que esforzarse mucho para ello.
Cuando el partido ha terminado, Scorpius alza sus manitas para que Harry lo coja en brazos. Toda la gente sale en tropel y no quiere perderlo de vista. Una vez que han pasado la chimenea y los tres se encuentran en la casa de los Malfoy, Harry es el primero en hablar.
—Bueno, yo me voy, espero que os hayáis divertido.
Draco resopla resignado pero intentando que el otro no se dé cuenta.
—Espera, quédate un momento. Scorpius, hijo, ve a tu habitación a jugar un rato.
El chico obedece sin rechistar, ya que después del estupendo día que ha pasado, no quiere estropearlo.
—¿Qué quieres? —pregunta Harry una vez que se han quedado solos y se han sentado en el sofá.
—Saber qué es exactamente lo que te ha molestado de lo que te he dicho. Pienso que es cierto, que no deberías obligar a los demás a mi presencia y que...
—No es eso, Draco. No lo entiendes. Déjalo.
—Pues explícamelo. ¿O crees que soy tan imbécil —dice recalcando la palabra con la que el gryffindor lo había calificado antes—, que ni siquiera así voy a entenderlo?
Harry lo mira un poco molesto por la pregunta, pero decide poner sus cartas sobre la mesa. La verdad es que está un poco harto de la actitud del slytherin.
—Lo que me molesta, y escúchame bien, no es nada de lo que piensas. Hace años que dejó de importarme lo que la gente piense o deje de pensar. Lo que realmente me toca las narices es que después de tantos años, sigas creyendo que me comporto así por pena. Que no sois para mí más que "una buena obra". Lo curioso es que cada día tengo que espantar a gente que se acerca a mi solo por interés, pero tú... tú te me alejas. Sigues poniendo distancia escudándote en tu orgullo. Me has visto con Scorpius, ¿crees que es solo lástima lo que siento por él? ¿o por tí?, ¿Realmente es eso lo que piensas, lo que ves en mí? Porque no me parece justo, nada justo, que os haya ofrecido mi amistad y mi cariño, que haya puesto tanto de mi en esta relación, para me consideres un mero benefactor.
Draco lo mira conteniendo la respiración, lo ha dejado sin palabras. Sabe que Harry tiene razón, no es tan insensato como para contradecirlo, ni tan inconsciente como para no saber que todo lo que ha dicho es cierto. La verdad es que ha tenido mucha paciencia. Al principio lo hacía precisamente por eso, lo trataba con distancia porque creía que terminaría cansándose; pero no lo ha hecho. No se ha cansado. Ha estado ahí, cuando nadie más lo ha estado. Y él se ha portado como un verdadero imbécil. Se sentía molesto cuando Harry solo trataba de hacerle la vida un poco mejor, tratándole como si fuese él quien le hacía un favor y no al revés. Siendo antipático a veces, incluso orgulloso o irascible.
Pero ahí está, plantado delante de sus narices. Después de haberle regalado a su hijo uno de los días más divertidos que ha tenido nunca. La verdad es que llamarlo imbécil ha sido quedarse muy corto.
—Bueno, creo que si no vas a decir nada, lo mejor es que me vaya.
Draco se interpone rápidamente y sujeta a Harry de un brazo.
—Espera —le dice—, tienes razón, lo siento —Harry lo mira estupefacto, no esperaba que lo admitiera de una forma tan sencilla y humilde—, sé que es cierto, que no te trato como mereces, como a alguien de la familia, que es lo que debería. Pero es difícil, ¿sabes? Nunca he confiado en nadie, ni siquiera en mis padres; sé que tú no eres así, pero... es difícil.
El gryffindor lucha internamente para no dejar escapar una cálida sonrisa. Cuando Draco baja sus defensas es cuando más se parece a Scorpius.
—Sé que es difícil, pero han pasado tres años. Esperaba que en algún momento lo hicieras, poco a poco; pero no veo ningún cambio.
—Claro que sí, no te lo demuestro, pero claro que sí. Y de verdad, trataré de dejar el sarcasmo y el orgullo fuera. Contigo y con Hermione. Sé cuánto habéis hecho por mí y...
—¡Otra vez! No quiero que seas mi amigo por eso. ¿Acaso te caigo mal?
—Claro que no —responde algo ofendido.
—Te caigo bien, ¿entonces? —Draco afirma—, pues céntrate en eso, ¿de acuerdo? trata de verme como a un amigo, un familiar que os tiene cariño. Olvídate de lo que te doy o no te doy. Intenta pensar en si te diviertes conmigo y esas cosas. Mírame solo de esa forma.
—Puedo hacer eso —dice convencido.
—Claro que sí —lo anima Harry mirándolo como si tramara algo—, así que ahora, voy a pedir comida china y tú no vas a decir ni una sola palabra en contra —Draco hace ademán de abrir la boca—, ni una palabra —le advierte.
—Está bien, pero para Scorpius algo suave.
Harry sonríe y asiente.
Draco empieza a comprender mejor lo que Harry le ha dicho durante la cena. Se ha dedicado a observarlo y analizarlo y tiene que admitir que es cierto. Que él ya lo sabía pero no quería decirlo en voz alta.
—¿Quieres más pollo agridulce? —le pregunta mientras le trocea un poco de pescado al pequeño—, no creo que pueda comer nada más.
—Si no te hubieses comido tres perritos calientes en el estadio...
—Oh, dios, no me lo recuerdes —dice agriando el gesto.
—Quiero probarlo, ¿puedo? —pregunta Scorpius mirándolos a ambos.
Harry mira al padre esperando una respuesta, pero este no dice nada, así que toma la iniciativa.
—Vale, pero solo un poquito, por si no te gusta.
Harry se ríe cuando Scorpius come el primer trocito y hace una mueca extraña nunca ha probado algo como eso, así que le sabe raro.
Cuando terminan de cenar el niño está medio dormido, muchas emociones para un solo día, así que Harry y él le dan un baño rápido y lo meten en la cama.
—Oye —le pregunta el moreno una vez sentados en el sofá—, ¿por qué no sales esta noche? Sé que no habías planeado nada, pero ya que estoy aquí.
—¿No estás cansado? Quizás sería mejor que te fueses a descansar.
Harry lo mira preguntándose si lo está echando, prefiere pensar que está siendo sincero.
—Pensaba ver una peli, pero puedo verla aquí, aún me siento un poco culpable por lo de la semana pasada.
—No seas tonto. Y yo estoy medio empachado, medio cansado. No sé si me apetece salir.
—Puedo darte un par de direcciones de bares con muy buenos cuartos oscuros.
—La verdad es que no me apetece nada —insiste.
—¿No te apetece? Venga ya...
—No es eso, es... es tener que salir, sentarme a beber y esperar a que alguien se acerque… porque yo no tengo ganas de acercarme a nadie, tener que bailar o conversar un poco y eso.
—Ah, vale. Por un momento me habías asustado, empezaba a pensar que eras asexual.
Draco lo mira de reojo algo molesto.
—No digas tonterías –dice negando-, nunca se está demasiado cansado para el sexo; pero solo de pensar en salir y todo eso... –añade torciendo los labios.
Harry se gira divertido y lo mira hasta que Draco gira la cabeza para mirarlo a él también.
—Si querías repetir lo del sábado, no tenías más que decírmelo.
El slytherin termina de girarse del todo.
—Espera, ahora sí que estás hablando de... bueno, del sábado después de que el tipo se fuera, ¿verdad?
—Sí, ¿te apetece o no?
El rubio lo mira y se encoje de hombros. La verdad es que no ha pensado en ello en toda la tarde, pero su propuesta le ha producido un cosquilleo de anticipación por el vientre que le ha puesto definitivamente de humor.
—Ahora eres tú el que me da algo por caridad —dice Harry algo divertido.
—Que no, idiota. ¿Los mismos términos que la vez anterior?
—Sí, a no ser que quieras añadir algo.
—Cerrar la puerta de la habitación, no quiero a Scorpius mañana saltando entre los dos.
Harry se ríe. Y no solo por lo que ha dicho Draco, sino porque ha dado por hecho de que se quedará a dormir, y eso le gusta. Nunca ha sido de los que les gusta salir huyendo, le ha parecido un poco patético, porque, o se deja claro quedarse o se queda claro irse; así que esa incertidumbre siempre lo ha puesto nervioso.
Pero antes de que pueda pensar en nada más, Draco ha comenzado a besarlo. Y joder, comparado con la vez anterior, que le costó arrancar horrores, es sumamente mejor.
Después de un rato de pre calentamiento, deciden seguir en la habitación por razones obvias. Allí pueden desnudarse y rodar ampliamente por la cama, hacer más ruido, lo que se traduce en un concierto de jadeos que ninguno trata de ocultar.
Draco, esta vez, decide esforzarse algo más, quiere hacerle suplicar. No es que la vez anterior no le pusiera ganas, pero llevaba mucho tiempo en dique seco y quiere demostrar que no es un mojigato, así que se emplea en el cuerpo del auror, jugueteando tanto como puede.
Al menos hasta que este lloriquea un poco y le suelta un "fóllame ya, Draco" que hace que todo se le vaya directamente a la entrepierna y no quiera controlarse más.
Así que lo pone de rodillas en la cama, lo empuja hacia delante y le da lo que ha pedido.
Cuando terminan, ambos se dejan caer pesadamente en la cama exhaustos, por lo que no tardan mucho en dormirse.
Harry abre los ojos con la sensación de haber descansado mejor que en toda su vida, cuando se da cuenta de que lo que lo han despertado son unos golpes fuera.
Dando pequeños saltos, se va poniendo los pantalones mientras se acerca a la puerta. Al abrirla, lo primero que ve es a un ofuscado Scorpius que en cuanto a visto la puerta abierta, ha intentado colarse dentro, por lo que ha tenido que ponerse en medio para impedirlo.
—¿Desayunamos? —le pregunta al pequeño.
Éste, antes de responder mira hacia dentro. Draco duerme profundamente, tapado con una sábana hasta más arriba de la cintura.
—¿Y papá?
—Está dormido, cuando se despierte vendrá con nosotros.
El niño lo sigue no muy convencido del todo, pero cuando Harry empieza a preparar tortitas, se olvida completamente.
Draco también se despierta muy relajado, cuando entra al salón Harry se echa a un lado del sofá haciéndole sitio, le acerca un plato de tortitas y sirope, y piensa, que quizás eso de confiar en alguien más no esté tan mal después de todo.
