¡Oló!Al finl la tercer y última parte :3 El descenlace. Espero les agrade :D Muchas gracias por los reviews, los alerts y los favoritos :3

¡Nos leemos!


La luna de Baroda
- PARTE III -

- Lo sé, siempre lo soy – dijo el rubio – Pero, ¿Puedes aclarar por qué es el cumplido ésta vez?

- Porque casi logras engañarme, Malfoy – dijo la castaña, totalmente seria – pero fue casi.

Harry no estaba entendiendo nada. Pero Draco la miraba, entre curioso y divertido. Después de unos segundos, soltó una carcajada, una que Harry jamás le había escuchado en los tiempos de Hogwarts.

- ¡Vaya! Entonces si es verdad que eres la investigadora estrella, Granger. Jamás pensé que lo pudieras resolver.

- Y yo jamás pensé que alguien pudiera cometer un crimen perfecto.

- Casi perfecto – le corrigió Malfoy – pues no se llevó a feliz término… ¿Lovegood, verdad?

Harry los miraba alternativamente, como en un juego de tenis, sorprendido.

- Sí. – dijo, triunfal, la bruja.

- Vaya. Sabía que me traería problemas algún día desde la primera vez que la vi en Hogwarts – dijo Draco, extrañamente alegre – En fin. ¿Y ahora? Sabes bien que, aunque me descubras públicamente, escaparé. Azkaban ya sin dementores es demasiado fácil para mí.

- Aún con ellos – dijo Hermione – hallarías la forma de escapar. Y supongo que ahora, si intentara apresarte…

- Obviamente no me dejaría, Granger.

Y sin más, Draco se levantó y fue hacia la enorme chimenea que tenían justo frente a ellos. Con un movimiento de su varita, hizo que un diamante amarillo del centro de la chimenea saliera levitando de su lugar, y lo tomó con su pañuelo. Con otro movimiento, hizo brotar un diamante idéntico, cubriendo el hueco.

- Hermoso, ¿No? – dijo él, mientras se lo entregaba a Hermione – No pensaba usarlo. Era…

- Un trofeo – completó ella.

- Exacto. ¿Dirás que lo dejaron en tu buzón?

- …Lo pensaré. ¿Te quedarás en Londres?

- Me temo que no. Como no sé si me acusarás o no…Me iré por un tiempo. De todos modos, hoy mismo tengo un vuelo totalmente muggle que sale en dos horas. Son divertidos, ¿Saben? Ésos muggles tontos inventan cada cosa que… Bueno, negocios, muchos negocios para el Señor Malfoy, es decir, yo. Pero bueno, supongo que es todo… Los acompaño a la puerta.

Draco los guió hasta la entrada.

- Potter, Potter…Te ves completamente perdido. Pero sé que tu amiga te contará todo. – dijo el rubio, con una voz suave que a Harry le recordó muchísimo a Lucius Malfoy, pero mucho más orgulloso.

Harry no tuvo la cabeza para responderle, volteó a ver a Hermione, la cual veía a Draco con un brillo extraño en los ojos.

- Buen viaje – le dijo la castaña al rubio – Sinceramente, espero que nos volvamos a ver.

- ¡Yo espero que no! – dijo Malfoy, riendo – Olvidando todo el pasado de Hogwarts, y aunque suene descortés, te estoy haciendo un halago. Son pocas, muy pocas las personas que me inspiran temor, admiración o respeto. Y tú has logrado los tres, Hermione Granger. Unos más que otros, pero los tres.

Sus brillantes ojos grises se posaron en los ojos chocolate de la bruja, que sonreía.

- También tú eres brillante, mujer. Aunque me cueste aceptarlo, hubieras sido una buena Slytherin. No como yo, pero hubieras sido competente.

- No lo creo, Draco Malfoy.

- Yo sí. Es más, creo que serías una grandiosa criminal si te decidieras a inclinarte al lado oscuro.

- Suena divertido…

- Te aseguro que lo es.

- …Pero debe de haber un equilibrio en todo. El lado oscuro ya te tiene a ti. Y yo acepto bien mi papel en el lado bueno. Soy el contrapeso tuyo en la balanza.

- Sí… Quizá…El complemento…– dijo él, en un tono soñador que jamás le habían oído –…Bien. Entonces, buena suerte con tu lado bueno. Cuida ésa inteligencia, Hermione Granger.

Ya se habían alejado unos pasos de la puerta, cuando la castaña se giró de pronto, asustando a Harry.

- ¿Draco, cuál…?

- 'Imperial Majesty' – le dijo el rubio, con una gran sonrisa – el No. 1 de Clive Christian. Obviamente es la edición de colección, Hermione. Sólo hay…

- 10 en el mundo – ella rió – lo sé.

Draco Malfoy la miró fijamente, y le volvió a sonreír.


Hermione y Harry, sentados en las sillas del despacho de ella, estaban esperando a que llegara Monsieur David. Ya le habían avisado la buena noticia, y el eufórico mago venía en camino. Mientras, gastaban el tiempo contemplando las luces multicolores que el enorme diamante que descansaba en su escritorio producía cuando los rayos del Sol de mediodía se reflejaban en él.

- No entiendo nada.

- No hay mucho que entender, Harry – dijo ella – Sólo que el nuevo Draco Malfoy es el hombre más impresionante del mundo.

Harry la miró fijamente.

- ¿Quién eres? Devuélveme a Hermione Granger.

- Draco Malfoy cometió el crimen perfecto – dijo ella, que miraba soñadoramente el diamante – Él sabía los planes de sus amigos Pansy y Zabini de ir al museo. Y para su grata sorpresa, vio también a Cormac desde la primera vez.

"Trabó conversación con él, y siendo él tan listo y Cormac tan tonto, se hizo su amigo. Seguramente él lo invitó a comer varias veces, buscando presumir de su riqueza con el mismísimo Señor Malfoy. Pero Draco no sólo se fijó en eso, sino que se dio cuenta de más de lo que tú y yo nos dimos cuenta cuando fuimos a su casa la primera vez: su situación económica, lo de su esposa y su amante, la caja…Bueno, estoy segura que eso lo soltó Cormac con unas copas de más y algún hechizo de parte de Draco. También estoy segura que Draco estuvo husmeando por las habitaciones mientras Cormac caía de borracho, o embrujado. Y ahí se dio cuenta del perfume que usa. De ahí en adelante, todo fue relativamente fácil para Draco, pero endemoniadamente perfecto."

"Planeó hacerlo un día en que hubiera más gente, y planeó también encontrarse por 'casualidad' con Cormac y su amante. Fue fácil hechizarla con un encantamiento de estornudos desde unos pasillos antes, con tanta gente que lo cubriera, y llegar en el momento indicado.

"Llega, los saluda y le ofrece su pañuelo. Todo normal. Pero ella era la guapa amante de Cormac, y conociéndolo, él estaría besándola y toqueteándola el 90% del tiempo – Hermione arrugó la nariz, como recordando algo desagradable. Harry rió – así que seguramente toda ella estaría llena del perfume de él. Y Malfoy lo sabía."

"Draco le da el pañuelo, ella estornuda un par de veces más y se tapa con el pañuelo, llenándolo, entre otras cosas, del perfume de Cormac que ella tenía en su piel. Pero Cormac pensó que no podía arriesgar a su amante con un conquistador como Draco, así que decidió salir huyendo de ahí para evitar que ella cayera en las garras de Malfoy…Y así, Draco recupera su pañuelo."

"Entonces, todo sencillo: se dirige a la bóveda donde sabe que guardan el diamante, pues ha estado continuamente en el museo, aprendiéndose exactamente todos los movimientos. Con todo lo que ha leído de los libros de Cormac…"

-Aaaaaahh – exclamó Harry – por eso no tenían polvo.

- Exacto. No los había estado leyendo Cormac, sino Draco en cada una de sus visitas, y había borrado sus huellas de ellos.

"Con todo lo que había leído en los libros, en las charlas con Cormac y sus conocimientos que tenía desde antes, sabía perfectamente qué hacer, cómo hacerlo y en qué orden. Fue sencillo para él: Rompió todas las claves de seguridad, que seguramente estaban explicadas superficialmente en los libros, y junto con sus conocimientos, pues no fue difícil... A los empleados les hacen ejecutar una variante del juramento inquebrantable, para que no usen eso para robar. Pero…Draco no era un empleado. Así que no tuvo problema. Y con tanta gente por ahí, nadie, absolutamente nadie, se fijó en un extraño que entraba a la bóveda. Haz maldad con naturalidad y nadie sospechará."

"Como el museo confiaba tanto en su seguridad, no había guardias en la bóveda. Sólo tuvo que hacer un endiabladamente difícil hechizo de ilusión para no aparecer en las grabaciones de seguridad, deshacer los conjuros que rodeaban al diamante, tomarlo, salir reconstruyendo cada hechizo protector, borrar toda huella, y asunto arreglado."

-Pero… ¿Entonces qué tiene que ver el pañuelo?

- A eso voy – dijo Hermione, emocionada – Es la mejor parte.

"Draco necesitaba que hubiera un culpable fácil de atrapar y que tuviera motivos, porque si no, bueno, podría manchar su buen nombre, además de no hacer todo eso tan divertido – dijo Hermione, sarcástica – así que a la hora de tomar el diamante, sacudió su pañuelo. Y todas las partículas del perfume de Cormac, recién tomadas, cayeron en todas partes. Él sabía que no era un perfume muy común, y que resaltaría entre todas las demás lociones que había ahí. Aunque también dejó un poco de su loción ahí…Las escasas partículas doradas eran de su loción, que es tan buena que no se desprende con tanta facilidad como las demás. Sus rastros eran igual de frescas que las rojas, pero no se notaban tanto. Así que yo no me detuve en especial por las partículas doradas, sólo tomé nota mental de que estaban ahí, junto con todas las ambarinas y azules, por si teníamos que cambiar de loción sospechosa."

- Y Draco también sabía que yo investigaría el caso, … – la bruja hizo una pausa y tragó saliva –…por eso dejó las partículas de perfume… Ha estado estudiando mucho mis métodos, Harry.

Harry casi escuchó la voz fría de Malfoy en sus oídos: "…Su fama se extiende, Potter. Bueno, no la tuya, sino la de Granger. La investigadora estrella…"

- Él sabía que yo investigaría. Sabía que sería tan minuciosa como para encontrar ése rastro, y al ver que era de Cormac, pensó quizá, que lo inculparía con más ganas. Cormac tenía motivos, tenía información confidencial, y tenía un secreto que guardar. Todo era perfecto. Todo encajaba.

- Pero… ¡Nosotros fuimos a la Mansión Malfoy, a su casa, Hermione! – exclamó Harry – estuvimos ahí, en su sala, frente al diamante empotrado en su chimenea, y él no…

- Él jamás se iba a poner nervioso, Harry. Es demasiado bueno para eso – cortó Hermione.

"Él sabía que aún no encontrábamos nada, porque le preguntamos sobre qué hizo en el día. Además, él sabía que era demasiado pronto…Sólo un día después del robo. Así que estaba relajado por eso. Hasta él mismo lo dijo: 'Supongo que querrán revisar mi Mansión. Háganlo con toda confianza, yo tengo negocios que atender y nada que esconder.' ¡Claro que no tenía nada que esconder! Es más, lo estaba presumiendo justo en nuestra cara, todo ése tiempo. Él sabe que, generalmente, las personas no buscan en donde es más obvio."

El silencio reinó unos instantes en el despacho bañado de luz.

- El crimen perfecto. – musitó, Harry, anonadado.

- El crimen perfecto…Y casi perfecto. Con lo que él nunca contó como debió fue con Luna. Luna vio todo lo ocurrido con Cormac y él, pero no sospechó nada. Simplemente es ella Harry, ya sabes cómo es. Y Draco la vio, pero decidió no dar marcha atrás a su plan. Pensó que no era tan importante. Él no la conoce como nosotros, Harry. Él no sabía…porque ya lo sabe… pero él no sabía que ella se fija demasiado en cosas que los demás pasan totalmente por alto… ¡Hasta Cormac olvidó lo del pañuelo! Y eso que era un detalle que le hubiera salvado la vida en caso de complicarse las cosas...El crimen perfecto de Malfoy sólo tuvo un defecto: Luna.

- Y tú – finalizó Harry, triunfal – él no contaba con que tú lo descubrirías, Herms.

- Él sabía que yo lo descubriría – dijo la castaña, alegre – pero no inculpándolo a él. Yo era una pieza más en su plan. ¡Hasta sabía qué podría poner el pretexto del buzón para decir que ya había aparecido!

- Vaya…Oye, y hablando de Luna… ¿Por qué te veía tan raro durante la charla con ella y Rolf? ¿A qué diablos se refería con lo que dijo al final? Eso de que grandes mentes se atraen, o algo así…

Hermione clavó su mirada, un poco más brillante que antes, en su amigo.

- Eso, Harry…Es cosa de mujeres.

Lo dijo con un tono que aclaraba que Harry no debía hacer más preguntas.
Otro silencio, ésta vez más largo. Al fin, Harry musitó:

- Malfoy no necesitaba usar el diamante para convocar dinero, que es para lo que se usa. Él tiene lo suficiente como para vivir nueve vidas como rey. Y quién sabe qué tan legal sea su fortuna…

- Seguramente toda la que ya tenía es más o menos legal, pero la que él agregó es ilegal totalmente. Casi puedo jurarlo – dijo Hermione, convencida – Él sólo busca emociones, Harry. Retos. Por eso quería el diamante. Por eso hizo todo eso tan difícil: para que me llamaran y yo lo resolviera. Además…

La castaña se mordió el labio levemente.

- ¿Además qué? – dijo Harry, viendo a su amiga dudar unos instantes si decir su idea o no.

- …Además, ¡Cuánta clase tiene! – dijo ella, dejando salir la admiración en su voz – cuando llegamos por segunda vez, él ya sabía a lo que íbamos. Nada de engaños. Hablo claro y directo. Dio el diamante, y aclaró que no iría a Azkaban. No Harry, Azkaban es demasiado poco para una mente como la de él. Todo castigo es un juego de niños para Draco Malfoy. No había más remedio que dejarlo ir.

- Pero…pero… – Harry buscaba algún motivo para negar eso.

- Lo sé. Es frustrante. Pero ante alguien así, no hay más que hacer.

Silencio de nuevo.
Hermione hizo un repaso mental de todo, y recordó otra vez la voz de Draco en sus oídos:

"- ¿Draco, cuál…?

- 'Imperial Majesty', el No. 1 de Clive Christian. Obviamente es la edición de colección, Hermione..."

"Draco…Hermione…"

La había llamado por su nombre, como ella a él instantes antes.
Pero no le recordó ése detalle a Harry. Ése recuerdo lo guardaría para siempre en su mente y en su corazón.

- Además… - la castaña rompió el silencio, se levantó y tomó el diamante entre sus dedos, que al contacto con su piel dejó salir un suave y fino aroma a sándalo que le recordó un par de astutos y brillantes ojos grises – …tengo el presentimiento de que algún día nos volveremos a encontrar.


La lluvia repiqueteaba alegremente en el enorme ventanal del lujoso departamento, ante el cual estaban dos amigos, un moreno y un rubio, tomando una copa de whisky de fuego.

- Vaya. Jamás me lo hubiera imaginado, Draco.

-¿Increíble, verdad? Jamás pensé que lo descubriera. Ésa Granger es sorprendente. ¡Qué mujer!

- Venga, amigo – dijo Zabini, alegre – Hasta parece que te está gustando.

Draco guardó silencio, mientras contemplaba la lluvia caer sobre Roma.

- A pesar de ser tan inteligente – continuó Draco, cambiando el tema – ella no sospechó nada de ti, ni de esto.

- Hice bien mi papel – canturreó Zabini, dando un trago a su bebida – Y tengo que admitirlo, Draco: es muy guapa. Y sabes bien que soy difícil de complacer.

El rubio sólo afirmó distraídamente con la cabeza, mientras recordaba su despedida en la Mansión Malfoy hacía tan solo unas horas. Recordó que ella lo había llamado por su nombre, al igual que él. ¿Coincidencia? O quizá el subconsciente de ambos…No, eso era imposible.

- ¿Y sabes por qué no sospechó de ti ni de mis planes? ¿Sabes qué le falta, Blaise? – dijo Malfoy, después de unos minutos de silencio – le falta malicia, ambición, cosas que a mí me sobran. Por eso no acabó en Slytherin. Tenía todo, menos eso.

- Bueno amigo, quizá por eso te complementa tan bien.

Draco clavó la mirada en su amigo, pensativo, mientras abría una bolsa negra que descansaba sobre la mesa de centro. La agitó, y un enorme diamante amarillento cayó en su mano extendida.

- Los hechizos fueron algo difíciles de entender…

- Entonces para los normales como yo, hubieran sido imposibles.

- Quizá amigo, pero la mañana en que Granger llegó por segunda vez, ya había copiado todos y cada uno de ellos en mi diamante personal.

La piedra emitía miles de brillos multicolores, reflejando las llamaradas de la chimenea.

- Si gustas puedo hacerte otro, Blaise.

- No gracias – dijo el moreno, sonriente – ¿Para qué quiero aún más dinero del que tengo? Si alguna vez me falta, entonces pensaré en pedirte prestada tu piedrita de colores.

Ambos slytherins rieron alegremente.

- ¿Y tú qué harás con él?

- Nada, será mi trofeo, como dijo ella. Además, será el recordatorio del primer crimen que me frustran.

- Suena a que piensas que te arruinarán otros planes tuyos.

- Si ella es la que investiga, no apostaría a que voy a ganar.

El rubio tomó el diamante y lo rodó entre sus finos dedos, clavando sus ojos grises en él.
Unos ojos chocolate aparecieron claramente en su mente, y escuchó una risa que le calentó el corazón.

- De todos modos… tengo el presentimiento de que algún día nos volveremos a encontrar.