La princesa guerrera rusa

Dios, lo había pasado genial con Seth. Pero lo mejor no había sido jugar a los videojuegos y ver unas pelis, lo mejor había sido sacarle de la realidad aunque fuesen una horas. Casi había vuelto a la infancia que la licantropía le había quitado.

Era media mañana, Seth estaba en el baño acabando de asearse y yo ya me había vestido. Me quede mirando desde el pasillo la habitación Leah. La puerta estaba cerrada, ella me mataría por entrar sin permiso. "Ella no está", recordé con tristeza. Me decidí a entrar en su cuarto.

Aquella mañana había dejado de soñar muy temprano, Seth aun dormía cuando la idea de salir en la búsqueda de Leah volvió a dar vueltas en mi mente. Sinceramente, el entusiasmo empezaba a apoderarse de mí, pero claro, ¿Dónde empezar a buscar?

Nadie había tocado su cuarto desde que se había ido hacia tres meses, cuando entre pude oler los resquicios que quedaban de su aroma. La cama estaba echa, los libros bien colocados en la estantería y la mesita y el escritorio ordenados. Me acerque a uno de los estantes y empecé a mirar los recuerdos que había, en particular una imagen de la Leah actual en blanco y negro en un paisaje de un bosque nevado toda abrigada con gorro, abrigo y guantes.

No recordaba que hubiese echo tano frio estos últimos años.

-Esa no es Leah.

Di un bote en el sitio.

-Ah, Seth que susto- él se echó a reír con una mirada nostálgica, ¿Cuánto haría que no entraba en la habitación de su hermana?- entonces, ¿quién es?

-Liya, es una antepasada nuestra rusa.

-¿tenéis antepasados rusos?

-Sí, ella es nuestra tatarabuela Liya Clearwater.

-¿Cómo es que conserváis sus apellidos?¿Allí no van los del hombre primero?

-mmm es complicado, presta atención- asentí y escuche, diversas ideas se empezaban a formar una vez más en mi mente- Liya se quedó embarazada de mi bisabuelo, el padre de mi abuelo, no estaba casada y jamás confeso el nombre del padre, así que a su hijo le pusieron sus mismos apellidos. El resto de generaciones han sido varones, y si no hubiese nacido Leah habría roto la continuidad de los apellidos, aunque creo que hubiesen permanecido.

-¿Por qué lo dices?

-Me miro por un momento con una expresión de los más inocente- le encantaban sus raíces rusas, sabes?- y se echó a reír.

Bingo.