Capítulo 2 listo... ¡disfrútenlo!


Capítulo 2.

1º de abril. Lunes.

El día tan esperado finalmente llegó. Mentiría si dijera que desperté cuando la alarma sonó, estaba despierta desde al menos un par de horas antes y había revisado una y otra vez los cuadernos, libros, lápices de colores y demás cosas que debía llevar a la escuela. Pensé que al igual que otros días despertaría a mis papás al correr a su habitación, pero ese día también ellos estaban despiertos ya, incluso se habían arreglado y estaban abrazados en la puerta de su alcoba, felicitándose mutuamente. Con franqueza a veces siento que son cursis.

—Buenos días… ¿Es el cumpleaños de alguien?— Pregunté.

—Nada de eso, Ryoko, lo que pasa es que papá y yo nos conocimos un día como hoy de hace once años—. Mamá revolvió mi cabello y bajó hacia la cocina, seguramente a preparar el desayuno.

—El baño está listo, arréglate y baja rápido, no puedes llegar tarde el primer día—. Dijo papá siguiendo a mamá.

—¿Y no sería mejor que llegara tarde hoy?

—¿Por qué?

—Si llego temprano el primer día de clases esperarán que lo haga todos los días.

—Ah, claro… buen argumento, aunque falso… — Dijo arqueado una ceja, —evita hacer caso a todo lo que dice mamá.

—Según Habermas, lo importante no es la verdad, sino tener un discurso convincente.

—También evita citar escritores en presencia de otros niños… la mayoría no lo acostumbra.

—Sí, papá.

Desayunamos como todos los días, mucha comida, muy sabrosa y con papá diciéndome que no toque a Shamisen mientras como.

—¿Llevas todo lo que vas a ocupar?— Preguntó mamá luego de sopesar mi mochila.

—Sí, mamá.

—¿Sabes qué hacer en caso de terremoto?— Pregunta dándome el portaviandas azul con amarillo que compramos el día anterior.

—Me calmo y espero a que lleguen.

—Y de incendio.

—Me alejo del fuego, me calmo y espero a que lleguen.

—¿Recuerdas los números telefónicos de emergencia, el de papá y el mío?

—Es broma, ¿verdad?— Memoria eidética, ¿recuerdan…?

Afuera de nuestra casa sonó la bocina del pequeño auto del tío Itsuki, haciéndome saltar de la silla y tomar la mochila.

—Nada de pataletas, señorita—. Dijo papá mientras me señalaba con el índice. —Espero una conducta impecable.

—¿Como la tuya o la de mamá?

—Definitivamente como la mía.

—Y nada de acobardarse y llorar en la puerta del colegio—. Dijo mamá, hubo un cambio diminuto en su voz.

—Entendido.

Caminamos todos a la puerta y me despedí con la mano de ambos mientras corría al coche, donde el tío Itsuki, la tía Yuki y Mamoru me esperaban. Subí al auto y luego de acomodarme junto a Mamoru, cerré la portezuela.

—Deberías despedirte una vez más—. Me indicó el ángel encarnado.

Me giré y volví a agitar mi mano, encontrándome con una escena que no pensé que vería: papá pasaba un brazo sobre los hombros de mamá y agitaba la otra despidiéndose. Mamá, aunque sonriente, lloraba.


El lugar era tal como me lo imaginaba: muchos niños entraban por la puerta recién abierta, despidiéndose de sus padres y cargando grandes mochilas y portaviandas. Tal como mamá había previsto, hubo un par de casos de niños de primero que al estar frente a la puerta se acobardaron y volvieron a los brazos de sus padres hechos un mar de lágrimas, pero que al final terminaban entrando… Mamoru mismo parecía un tanto dubitativo mientras me seguía muy de cerca.

Faltaban casi veinte minutos para que iniciaran las clases, así que todo aquél recién llegado como nosotros podía ir de un lado a otro hasta que fuéramos llamados por los profesores, llevados a la ceremonia de apertura e inmediatamente después a los salones que utilizaríamos en adelante, por el resto del año. Nos sentamos en una pequeña mampostería que rodeaba el patio de actividades atléticas, Mamoru tardó más en sentarse que en tomar el bento que la tía Yuki había preparado para él y comenzó a dar cuenta del arroz.

—Lo siento…— Se disculpó con la boca llena.

—¿No acababas de desayunar?

—Sí, pero estos días he sentido un gran apetito, y aunque como mucho no quedo satisfecho.

—Seguramente estás por crecer.

—Y ese no es mi único problema…— hizo una mueca de incomodidad mientras reducía la velocidad en la que masticaba el bocado. —Tengo un diente flojo que está volviéndome loco… ¿cómo pueden ustedes soportar todo esto siendo tan pequeños…?

No siguió hablando, cosa que me extrañó, al girarme a verlo noté que tenía la vista fija en algún lugar delante de donde nosotros estábamos sentados. Seguí la trayectoria de sus ojos y encontré algo que no me esperaba: una niña.

No debía ser mayor que nosotros, quizás del mismo grado, su cabello era corto al cuello y castaño muy claro, con dos coletas diminutas, y aún a la distancia pude notar que sus ojos eran verdes. Dos minutos tuvieron que pasar para que Mamoru saliera del trance, y cuando regresó, se disculpó torpemente mientras yo me reía de él. Era la primera vez que lo veía sonrojar, desde que "despertó" hasta hoy casi no ha salido a la calle, así que su conducta, aunque curiosa, no me sorprende mucho.

Faltaban únicamente cinco minutos para que las puertas se cerraran y fuéramos llevados al aula magna, la mañana pudo haber transcurrido sin incidentes… pero ese no era el plan para nosotros. Muchos niños se levantaron de la mampostería donde estábamos sentados y simplemente huyeron o se alejaron, quedando expectantes a algunos metros de nosotros.

Una palomilla de seis niños mayores eran evitados por el resto de la población estudiantil, no tenía siquiera que esforzarme en adivinar quién era el líder: era el bravucón que venía al frente y de cuyos chistes malos todos sus esbirros reían. Mamoru intentó tomar mi mano y llevarme a otro lugar, pero ya era tarde, habían llegado hasta nosotros, sentiría miedo si no hubiera tenido que ver este mismo escenario tantas veces en compañía de papá y mamá.

—¿Tienes dinero?— Preguntó altanero el niño.

—No.

—Qué mal… estoy creciendo y debo comer varias veces al día… dame tu bento.

—No.

Estaba preparada para defender argumentalmente la comida que mamá había preparado para mí, pero ese tonto enorme no. El muchacho estiró sus manos rápidamente tomando el portaviandas que colgaba de mi brazo. Era la primera vez que alguien intentaba arrebatarme algo a la mala, me aferré a mi bento con todas mis fuerzas… pero él era más grande y fuerte que yo.

Mamoru, por supuesto, saltó en mi defensa de inmediato, pero así como llegó al bruto aquel fue interceptado por uno de sus secuaces, haciéndolo caer a mi lado. Algunos de los presentes corrieron hacia el edificio más cercano en busca de algún maestro o alguien que detuviera la pelea (o mejor dicho, el ataque), mientras que otros, curiosos, hacían un corrillo alrededor, algunos incluso motivándonos a pelear…

—¡Uno a uno, cobardes!— Escucho decir a Mamoru, pero me concentro más en mis manos… están enganchadas a mi portaviandas azul con amarillo, donde tengo un onigri y camarones (gambas) rebosados… los hizo mamá para mí… el salvaje tira con más fuerza, casi haciéndome caer de frente… es mío… no quiero soltarlo…

El último tirón me hizo dar un traspié, pero no caí, aunque inevitablemente perdí mi carga. Me duelen los dedos y me arden los ojos, él, frente a mí, sonríe mientras abre la tapa, triunfante. No, por favor…

Barro de maceta. Un puñado grande golpeó al bruto directo en el rostro, manchando sus gordas mejillas y haciéndolo quejarse. Furioso busca al responsable, al cual encuentra a unos metros atrás de donde estamos.

—¿Quién…?— Intenta preguntar el enorme niño malcriado, pero antes de poder terminar, un nuevo bulto de tierra aterrizó en el centro de su frente.

Rabioso como un perro, sale corriendo hacia el responsable… dejando caer mi bento… haciendo que su contenido se esparciera por el suelo. Puedo escuchar los gritos de los otros niños y una exclamación de sorpresa de Mamoru, pero no me importa, de rodillas trato de recuperar mi almuerzo, trato de salvar aunque sea una pequeña parte. Es inútil. Todo se ha perdido.

Hay pasos presurosos corriendo hacia nosotros, un par de profesores que gritan tratando de detener el escándalo, y cuando finalmente llegan los veo tomar de la mano a cuatro de los involucrados mientras los otros huyen.

—¡Oye, niña!— Me dice una voz al pasar a mi lado, sólo entonces volteo hacia arriba, la luz y algo en mis ojos no me dejan ver con claridad a quien me habla, pero puedo distinguir que un profesor lo arrastra. Me dice rudamente: — Sólo es comida, deja de llorar.

Vaya… con que eso era lo que no me dejaba ver. Toco mi rostro y hay lágrimas en mis mejillas.

—¡Ryoko! ¡Perdóname, no pude hacer nada!— Se disculpa Mamoru tomándome del brazo para levantarme. —¿Estás bien?

—Estoy bien…

Apesadumbrado me ayuda a levantar mi portaviandas vacío, encontrando en el suelo el diente flojo que tantas molestias le causaba unos minutos atrás, y que ahora ve con aprehensión. Ocho campanadas anuncian que debemos ir a la ceremonia de apertura.


La ceremonia me ayudó a relajarme. En realidad no presté atención, pero puedo recordar cada palabra que el director dijo, nada de mayor importancia.

Sin embargo…

No sabría como describirlo, Mamoru lo notó también… cerca de los almacenes de la escuela, la temperatura bajó… no mucho en realidad, por eso nadie más que nosotros dos lo sintió…

Unos momentos después al menos unos treinta niños estábamos dentro del salón 2-1 en el primer piso de aquel edificio de cuatro plantas. Me acomodé en el último asiento de la fila opuesta a la entrada al salón, Mamoru a mi lado. Echando un vistazo rápido a mis primeros compañeros. Noté que la mayoría ya se había levantado de su asiento, gritaban y jugaban por todo el salón, sólo algunos cuantos (mi ángel y yo incluidos) permanecíamos en nuestros asientos. Hablando de mi ángel, él se mantenía en silencio mirando a la misma niña de cabello claro que había llamado su atención en el patio minutos atrás y que aparentemente compartiría clase con nosotros.

Sin importar si es Metatrón o está disfrazado de Mamoru, la fuerza de su mirada es considerable, así que no me sorprendió que la niña repentinamente reparara en nosotros. Nos miró por un momento y agitó su mano a modo de saludo mientras nos sonreía ampliamente, luego se levantó para caminar hasta donde estábamos, haciendo que Mamoru abriera mucho los ojos y se revolviera nervioso en su asiento. Sin ningún tipo de vergüenza, la niña se sentó frente a nosotros sin dejar de sonreír.

—¿Son familiares?— Preguntó.

—Somos primos—. Respondí ante el repentino mutismo en que mi "primo" cayó por la visita.

—Me imaginé—, Dijo sonriendo aún más y volviéndose hacia Metatrón, rígido cual tabla, —eso explica porqué la defendiste así… eres muy valiente.

Nuestra profesora finalmente apareció en la puerta, logrando que los niños de pie corrieran a sus butacas, entre ellos, aquella niña de ojos verdes que tenía hipnotizado al Protector disfrazado. La juguetona voz de la profesora llamó mi atención entonces, era una mujer joven (más que mamá), de sonrisa contagiosa y cabello rubio (no creo que sea su color natural), se presentó como Nanako Kuroi y luego nos hizo presentarnos uno a uno. Según mis papás, era una práctica común, y gracias a eso me enteré del nombre y algunas costumbres de mis compañeros de clase, trataré de recordarlos todos… ¡Ah! ¿A quién engaño? Las recordaré aunque no quiera. De entre lo más destacable está el apellido de aquella niña que tan descaradamente robaba la atención de mi único amigo: Kinomoto, un muchachito de apellido Himitsu que ni bien terminada su participación consumió un par de píldoras, y descubrí que en nuestro grupo había una niña Zainichi* (la cual se sentó delante de Mamoru desde el inicio de clases) y los largos flequillos negros de su cabello mantenían su rostro cubierto.

Entre los muchos planes que debíamos llevar a cabo para encajar, estaba decir una mentirilla sobre nosotros mismos: una vez más nos presentamos como primos, nombrando el colegio del que Mamoru (el verdadero) venía.

Las presentaciones terminaron y a punto estuvo de comenzar la clase cuando la enfermera llegó y tocó un par de veces, pidiendo a la profesora que saliera por un momento. En el par de minutos que el aula quedó sin supervisión, nuevamente volvió el desorden, los juegos y el parloteo, mientras que yo sacaba el primero de los cuadernos que usaría y mi primo miraba con aprehensión al objeto de su atención, expectante, como vigilando que alguien más le hablara.

—¡Todo mundo a su lugar!— Sonó con voz potente cuando Kuroi-Sensei volvió a entrar al aula haciendo un megáfono con el cuaderno en sus manos, —Sé que ya se han presentado todos, pero hay alguien a quien aún no conocen, debió hacer una escala por la enfermería antes de venir aquí, pero no se preocupen, él está bien.

Luego de reír por su propio comentario, tomó una tiza y comenzó a escribir un nombre en la pizarra:

ロブレス-朝比奈 憲次

—Es el niño que peleó con los mayores para defenderte—. Me advierte en un susurro Mamoru al verlo de reojo en la puerta.

Era un niño un poco más alto que el resto de nosotros, pasaría sin problemas por uno mayor, era moreno y había algo lejanamente familiar en él… y entonces leí lo escrito por Kuroi-Sensei en la pizarra… un apellido compuesto, escrito en katakana y hiragana al mismo tiempo… y ambas partes que lo formaban me resultaban conocidas.

—¡Pasa!— Ordenó la profesora con esa enorme sonrisa que parecía acompañarla siempre. El jovencito obedeció y se paró al centro del aula, barriendo con la vista a todos los presentes con un gesto muy serio. —Denle la bienvenida a… eh… disculpa, no estoy muy segura de cómo se debe pronunciar tu apellido… ¿Roburesu…?

El niño sonrió por primera vez, pero se notaba a leguas que no estaba feliz, y habló para corregir el malentendido:

—Robles-Asahina. Mi nombre es Kenji Robles-Asahina.

Mamoru y yo nos miramos sorprendidos.

Kenji se sentó y las primeras dos horas de escuela me las pasé mirándolo a hurtadillas, realmente no ponía atención a lo que la profesora se esmeraba en enseñarnos, son cosas que ya sé, pero según mamá, debía conservar las apariencias.

Finalmente llegó el receso y nuestra maestra salió dándonos la orden de ir a comer. Me volví a Mamoru y sin cruzar palabra sabíamos qué hacer a continuación: él ya había comido su almuerzo y yo perdí el mío, así que lo mejor sería abordar a aquel jovencito que curiosamente llevaba los apellidos de la tía Mikuru y Gervasio-Ojisan.

—Hola—. Intenté al acercarme.

—Niña llorona—. Respondió bruscamente sin siquiera volverse a verme.

—Ah… b-bueno… yo…— ¿Qué pasa con él? —Eh… no quise molestarte, sólo quería agradecerte por protegernos…

—No es necesario. Es mi trabajo.

—No eres un poco joven para "trabajar".

—Eso es información clasificada, o en palabras que tú puedas entender: no es asunto tuyo.

—No tienes que ser tan grosero, niño—, saltó una vez más en mi defensa Mamoru, levantando la voz, —Discúlpate o…

—¿O qué? ¿Tú la vas a proteger tan brillantemente como hace un rato en el patio?

—Niño insolente, no sabes con quién estás tratando…

—Sí lo sé…— Kenji se levantó encarando a Mamoru. —¿Qué vas a hacer, angelito sin alas?, ¿golpear a un niño?

—Sólo quería agradecerte, no te molestaremos más—. Dije poniéndome entre ambos, antes de que se pusieran a pelear, tomé a Mamoru de la mano y lo llevé al patio.

—Vaya… qué muchachito tan insoportable—. Se quejó y yo no supe que decirle.

Comienzo a entender a papá cuando dice resignado: "Aún suplico al cielo que esto sea sólo una coincidencia".


—Qué me caiga un rayo… ¿Robles-Asahina?

—Sí. Es un gran niño, muy educado y bueno, rudo como su padre y lindo como su madre.

—¿Lindo? ¿Y por qué es tan grosero con Ryoko?

—No es que sea grosero. Ya sabes lo que dicen: "No es que le guste molestarte, te molesta porque le gustas".

—¿Tal como tú me molestabas a mí en la preparatoria?

—Engreído.

Capítulo 2.

Fin.


*El término "Zainichi" hace referencia a los habitantes permanentes en Japón de etnia coreana, ya sean nativos o con ascendentes de dicha nacionalidad.

El disclaimer del día:

Nanako Kuroi es un personaje de Lucky*Star y propiedad de Yoshimizu Kagami y Kyoto Animation.

Sakura Kinomoto es un personaje del Card Captor Sakura y propiedad de CLAMP y Madhouse.

¡No se olviden de dejar sus reviews!