Seguimos con otro capitulo. Perdón por la tardanza! Les juro q iba a subir esto ayer, pero fanfiction no me dejó! D8 (muchas gracias a Karmen/Lillith q me dijo como! ^^) La escuela me come la vida, pero pronto tendré mis 2 semanitas de vacaciones! Q en verdad me hacen falta T.T ….En fin, en este capítulo tenemos…bueno, lean y descubran q pasa. Alguien hizo una muy breve aparición especial, veamos si adivinan quién es XDDD

Disclaimer: Hetalia no es mío y nunca lo será, porque siempre tengo que repetirlo? T.T


Estaba atrapado. Enfrentarlo, correr, huir…todo era inútil. No podía moverse y el enorme lobo de ojos turquesas se limitaba a observarlo, como esperando el menor indicio para atacarlo.

Sucedió tal y como esperaba. De pronto, la gran bestia echó a correr hacia él y lo embistió al suelo sin ninguna advertencia. Notó lo cerca que su hocico estaba de su rostro y tembló al pensar en los filosos colmillos, listos para morder y devorarlo entero. El terror lo dejó paralizado y la fiera e intensa mirada del lobo le hizo estremecerse entero. Tan sólo atinó a cerrar los ojos, resignado a su triste destino…

Hasta que despertó. Se levantó de golpe y comprobó que sólo había sido una pesadilla, una muy real además. O bueno…

-Pensé que había sido un sueño, pero de verdad pasó-suspiró desganado al ver que el lugar donde se encontraba no era su habitación, sino la cueva del lobo.

Sintió un movimiento a su lado y vio que su capa cubría algo. Con cierta desconfianza, la jaló para ver quién o qué se encontraba ahí y esbozó una sonrisa al comprobar que se trataba de Peter, quien dormía plácidamente acurrucado a un costado suyo. Seguramente se había escabullido durante la noche.

Le acarició la cabeza y el niño simplemente se acomodó y siguió con los ojos cerrados. Era bueno que al menos alguien pudiera dormir bien en ese lugar. Exploró la cueva con la mirada. La luz del sol entraba desde el exterior, resaltando los dibujos de las paredes. Eran en verdad muy lindos.

-Peter realmente tiene mucho talento-expresó el ojivioleta en voz alta mientras se sacudía el polvo de la ropa e intentaba alisarse algunas arrugas en su vestido.

Otro nuevo día y otro nuevo intento por escapar. Parecían estar solos. ¿Y el lobo? Cauteloso, se dirigió fuera y ahí encontró…

-B'enos días-saludó cortésmente Berwald.

-Buenos días-respondió Tino con una sonrisa forzada. Parte de él esperaba no verlo ahí, pensando que quizás se habría ido a hacer "cosas de lobos" y podría aprovechar para huir, pero obviamente se había equivocado. Fue entonces que cayó en cuenta de algo- Perdona la pregunta, pero…¿Te quedaste afuera toda la noche?-el de lentes gruñó en respuesta.

Lo cierto es que estaba sorprendido. ¿Tanto temía que intentara huir? Un sonido proveniente de unos arbustos lo sacó de sus pensamientos. Al instante, el lobo se puso de pie de un salto, sacó su espada y gruñó y mostró los colmillos en un gesto amenazante. Tino palideció y dio un paso atrás. En ese estado no quedaba nada del padre amoroso que era con Peter, más bien parecía una bestia enfurecida.

El ojivioleta levantó la mirada al oír una especie de risa que le produjo escalofríos. Algo los estaba acechando. El lobo volvió a gruñir, una clara señal de advertencia que quería decir "aléjate o atacaré". Entre unos árboles, logró divisar que algo se movió y cómo una enorme sombra salía de ahí. Pero no pudo observar bien al indeseado visitante, lo único que notó fue llevaba una bufanda blanca.

-Qué…qué fue eso…-balbuceó Tino, todavía nervioso por lo que había pasado.

-Oso-respondió Berwald ligeramente más tranquilo mientras guardaba su espada. Pero por si acaso, echó un último vistazo antes de indicarle a su huésped que lo siguiera dentro de la cueva-S'mpre m'rodea por aquí, p'ro v'ene más s'guido d'sde que e'tá P'ter-le explicó.

De pronto, Tino recordó lo que le había contado Soren. En el bosque, sólo había una criatura más peligrosa que el lobo, era el oso. Siempre acechando de lejos y nunca notaban su presencia hasta que era demasiado tarde. Muy pocos habían conseguido escapar de aquella bestia. Gilbert era uno de ellos. Y Natalia, una chica que vivía con su hermana mayor en el otro extremo del pueblo. Sin embargo había algo extraño en ese último caso, puesto que la mencionada no dejaba de visitar el bosque esperando toparse con el oso, pero contrario a los demás, casi era como si la bestia intentara evitarla.

El lobo se acercó a donde dormía su cachorro y lo movió suavemente para despertarlo. Peter abrió los ojos y bostezo, para después sonreírle ampliamente a su padre.

-Ah- el niño abrió la boca y se señaló, queriendo indicar que tenía hambre y su padre simplemente asintió.

Tino estaba perplejo ante el contraste entre el agresividad que hubiera mostrado antes y la serenidad con que el lobo actuaba ahora. ¿Podría ser que en realidad no quería evitar que escapara, sino que le preocupaba el oso intentara llevarse a su hijo?

El desayuno consistió en jugo y avena con fresas que al ojivioleta le resultó sumamente delicioso y le recordó a su hogar. Quería por lo menos avisarles que se encontraba bien, pero no sabía cómo. Se sentía mal por preocupar a su familia, sobre todo a su madre. Muy probablemente debían de estarlo buscando y temiendo lo peor.

Una vez que terminaron, ayudó al lobo a lavar los platos y luego lo observó tomar su espada, un saco y dirigirse a la salida de la cueva.

-¿A dónde vas?-preguntó curioso, si bien se arrepintió en el instante que esa penetrante mirada turquesa se posó sobre él-S-sí no te molesta decirme, c-claro-balbuceó con una sonrisa nerviosa.

-C'cería, c'ida a P'ter y no d'jes e'trar a n'die-respondió tranquilamente el de lentes mientras alzaba en brazos a su pequeño cachorro, esbozando una sonrisa al ver la expresión entusiasta del niño- P'rtate b'en y c'ida a tu m'dre.

El aludido se guardó su reclamo a favor de reflexionar la tierna escena. Toda su vida había oído todo tipo de historias donde los lobos eran villanos, personajes malvados y egoístas a quienes sólo les importaba llenar sus estómagos con corderitos, cerditos, jovencitas o cualquier otra cosa. Le resultaba imposible concordar la imagen del padre amoroso (aunque algo intimidante) que daba Berwald con la idea que tenía de los de su especie. ¿Y si los cuentos estaban equivocados?

"Bueno, pero eso no cambia el hecho que me tenga secuestrado"

Sintió un escalofrío y hasta entonces notó que el lobo lo contemplaba en silencio, con su cola moviéndose ligeramente y las orejas en alto. Parecía que quería decirle algo y el ojivioleta esperó en silencio, hasta que Berwald avanzó a él y le dio una rápida lamida en los labios, lo que claro lo descolocó y apenó por completo.

-Qué…qué…-atinó a pronunciar apenas con la cara completamente roja. El de lentes echó a correr y salió lo más rápido que pudo o de lo contrario, habría notado su intenso sonrojo.

Peter le dirigió una mirada curiosa, pero se aburrió pronto, así que fue a buscar otra cosa para entretenerse en tanto que Tino trataba de calmar los latidos de su corazón. Todavía no comprendía por qué Berwald hizo eso. ¿Alguna extraña costumbre de lobos? Y entonces cayó en cuenta…

-¡Ahora puedo escapar!-exclamó volviendo a la realidad y yendo a buscar su capa roja. Seguramente el lobo tardaría en regresar, podría tomar a Peter y…

Clang, crack, clang…

-¡Peter!-lo llamó, pero el niño parecía demasiado divertido en arrojar los platos y cubiertos a las paredes de la cueva, riendo entusiasmado- ¡Deja eso!-recogió los que estaban tirados en el suelo y los otros que aún no arrojaba, antes que pudiera hacerlo- ¿Qué tal si los rompes?

-¡Puh!-protestó el rubiecito con un puchero. Y aprovecho que su madre fue a dejar los platos a la cocina sobre unas cajas, fuera de su alcance, para jugar a mover un pesado jarrón lleno de agua.

El ojivioleta se volteó a tiempo para ver el jarrón caer y ahogó un grito. Por suerte, el niño se movió y aunque el jarrón cayó, no se rompió, si bien el agua se derramó y Peter acabó empapado.

-Mira lo que hiciste-fue a tomarlo en brazos, pasando por alto su expresión de inconformidad- Tengo que cambiarte de ropa o podrías enfermarte…-por su mente pasó la imagen del lobo furioso al ver que su querido cachorro había enfermado. Tragó grueso. Si eso sucedía, entonces sí se lo comería, estaba seguro de eso.

Lo dejó sobre la cama de paja grande y le quitó la batita mojada, para luego cubrirlo con una manta e ir a buscar ropa seca.

-Creo que esto servirá-suspiró aliviado. Lo mejor que encontró fue una de las camisas del lobo- ¿Peter?-le extrañó tanto silencio y cuando fue a ver donde había dejado al niño, se encontró con que ya no estaba ahí-¡Peter!-palideció y recorrió el lugar con la mirada. No se veía por ninguna parte- ¡Peter!-volvió a llamarlo- ¡Es en serio, esto no es divertido!

Comenzó a buscarlo frenéticamente. ¿Qué iba a decirle a Berwald? Lo pero era que no podía culparlo si se enojaba.

En una ocasión, cuando era niño, Gilbert lo había cuidado a él y sus hermanos y Elizabetha terminó persiguiéndolo con su sartén porque había extraviado a Eirik. En realidad, el niño, que en ese entonces tenía la edad de Peter, estaba tomando una siesta en el jardín y Nils lo sabía, pero encontró muy divertida la persecución y no lo mencionó hasta después.

Descubrió la manta que usó para cubrir a Peter en la cocina, pero de él ni rastro. Palideció al pensar que pudo haber salido de la cueva y temió que el oso o alguna otra bestia lo encontrara primero. Se disponía a salir a buscarlo…

-¡Mamá!

…cuando vio que se asomaba de una caja. De inmediato se dirigió ahí y suspiró aliviado de que estuviera bien.

-¡No sabes cuánto me asustaste!-quiso reprenderlo, pero el niño ladeó la cabeza y sonrió, en un gesto de inocencia- Espera que tu padre se entere…-otra vez, se imaginó al expresión de enojo del lobo al descubrir lo descuidado que fue- Mejor no-corrigió a último momento-¿Huh? ¿Qué tienes en la cara?-hasta entonces notó que tenía el rostro y las manos manchados de morado.

-¡Yam yam, modas!-señaló emocionado la caja, que hasta hace unos momentos estaba llena de moras. El niño había comido más de la mitad él solo.

-Esperemos que tengas hambre para la cena-se limitó a decir el ojivioleta.

Luego de limpiarlo y cambiarlo de ropa, no hubieron otros percances. Claro, además de que apenas le quitaba los ojos de encima por un segundo, Peter inexplicablemente ya estaba a punto de salir de cueva, o sobre varias cajas que de pronto aparecieron apiladas. Pero fuera de eso, nada más. No supo cuánto tiempo habría pasado, pero aparentemente era la hora de la siesta del pequeño rubio, porque empezó a bostezar y a tallarse los ojos. Pensando que estaría más cómodo, lo llevó a su camita y lo acomodó ahí, donde no tardó en quedarse profundamente dormido.

Tino también bostezó. No sabía que cuidar niños fuera tan cansado. Y en ese punto sintió una creciente admiración por su madre, puesto que ella tuvo que cuidar a tres niños sola.

-Supongo que…-se le escapó otro bostezo y fue a recostarse en la cama grande-…puedo descansar sólo unos minutos y luego escapar…

Lo que no se esperaba era que su sueño reparador duraría más de unos minutos, porque cuando abrió los ojos, el lobo ya estaba de regreso. Y no sólo eso.

-¿Sucede algo?-preguntó nervioso el ojivioleta cuando lo vio acercarse a él.

-…-Berwald desvió la mirada y guardó silencio unos segundos, lo suficiente para armarse de valor, rebuscar en el saco que llevaba-P'ra ti- y ofrecerle a su huésped los cuerpos de unas perdices.

-¡Ah!-exclamó sobresaltado el otro rubio y retrocedió varios pasos por la sorpresa. Definitivamente se esperaba de todo, menos que le dieran unas aves muertas.

-¿No te g'stan?-cuestionó el lobo con las orejas caídas y el rabo entre las patas…o algo así. Parecía deprimido y Tino temió haberlo ofendido.

-¡N-no es eso!- esbozó una sonrisa forzada- Es que no me lo esperaba um…-algo reticente, tomó las perdices y las llevó a la cocina, colocándolas en una caja vacía- Se ven deliciosas, mi madre las prepara en salsa de hongos.

-¿En s'rio?-habló nuevamente el de lentes. Era difícil de decir, pero ya no lucía triste, o al menos eso quiso pensar Tino.

-¡Buaaaaaaaaaa!

Ambos corrieron preocupados hacia Peter en el instante que lo escucharon llorar. El niño continuaba en su camita y protestó cuando su padre intentó alzarlo en brazos. No quería moverse, obviamente le dolía algo, pero no se veía lastimado. ¿Qué le estaría pasando?

Mientras Berwald revisaba a su hijo, Tino intentó hacer memoria. Cuando cuidó a Peter, en ningún momento se cayó o hirió. Claro, además de cuando terminó empapado con el agua de aquel jarrón o cuando se comió todas esas mo…

Echó un rápido vistazo a la caja de las moras para comprobar que, efectivamente, Peter había comido demasiadas. Seguramente tenía una terrible indigestión.

Otra vez, su mente voló a esa época donde era pequeño y terminaba con un horrible dolor de estómago por comerse él solo todas las galletas que su madre guardaba en un tarro en la alacena. En esas ocasiones, su malestar era tal que terminaba llorando y hacía lo posible por no moverse, justo como Peter. Y en esas ocasiones, lo único que le hacía sentir mejor era un té de hierbas que mamá Elizabetha le preparaba.

Tuvo una idea. Viendo que el lobo seguía tan ocupado intentando confortar a su cachorro, fue la cocina y comenzó a buscar en las cajas y frascos, esperando encontrar lo que necesitaba.

Sonrió cuando al abrir una pequeña bolsita detectó un aroma familiar. Porque sí, había padecido de dolores de estómago bastantes veces como para poder identificar perfectamente los ingredientes del té que preparaba su madre.

Puso a hervir agua y se apresuró a preparar la infusión. Por suerte también encontró un frasco con miel para endulzarla. Sabía de primera mano que el sabor era algo amargo y dudaba que Peter fuera a tomarla así como así. Luego de enfriarla un poco, se la llevó al niño, quien aún seguía quejándose por el dolor.

-Vamos, Peter-le acercó una pequeña tacita-Bébelo, es un té, sabe muy bueno-se la acercó, esperando la aceptara- te hará sentir mejor.

Seguro fue porque estaba en verdad desesperado, pero Peter no se hizo del rogar y con ayuda de su padre, se bebió todo el té que su madre generosamente le preparó. Poco a poco dejó de llorar y si bien seguía evitando moverse mucho, era obvio que se encontraba mucho mejor.

Berwald le dirigió a Tino una mirada llena de gratitud. Ambos se sentían aliviados. Sobre todo Tino, que pensaba tuvo la culpa de que Peter hubiera acabado con dolor de estómago.

-¿Qué c'mió?-preguntó el lobo.

-Moras-respondió el ojivioleta distrídamente.

-Ya veo-dejó al niño en su camita, quien no tardó en acomodarse y abrazar con fuerza su lobito de felpa- La vez p'sada que se e'fermó fue por c'mer fr'sas.

-¿En serio?-cuestionó sorprendido. Hasta al atento padre que era el lobo le pasaban esas cosas.

-¿R'mpió alg'n pl'to?-quiso saber mientras le acariciaba la cabeza a su hijo.

-No. Conseguí quitárselos antes.

-Hmm…-asintió Berwald y su expresión se suavizó, detalle que no pasó inadvertido- Te dio m'chos pr'blemas.

-¡P-para nada!-se apresuró a negar el ojivioleta- Tengo un hermano menor, cuando era pequeño a veces me tocaba cuidarlo, así que realmente no es la primera vez que trato con niños.

-¿En s'rio?-el de lentes lo observó con genuino interés- P'ra la pr'xima, si P'ter te da pr'blemas, p'nlo ahí-señaló una caja al fondo de la cueva.

-¿Ahí?-arqueó una ceja, confundido. Había oído de mandar a los niños castigados al rincón, ¿pero dentro de una caja? Concluyó que seguramente debía ser una costumbre de lobos.

Dado que Peter ya estaba mucho mejor, el lobo aprovechó para preparar la cena, que consistió en las perdices que hubiera cazado ese día asadas con especias y una simple ensalada con zanahorias como guarnición. Temiendo que pudiera dolerle el estómago de nuevo, el rubiecito tuvo que conformarse con té y un poco de papilla de zanahoria que le preparó su padre.

Todo aquello nuevamente puso a Tino a pensar. Obviamente el lobo no era la temible y malvada bestia que todos pensaban. Pero seguía sin entender…

-¿Puedo preguntarle algo?-se atrevió a pedirle a Berwald cuando terminaron de cenar. Peter jugaba tranquilamente- Antes dijiste que Peter no era lobo, no es que piense que esté mal, pero…¿cómo terminó contigo?

-Lo e'contre en el b'sque-explicó observando a su cachorro, quien acomodaba unos cubos de madera tratando de formar una torre- No se c'mo llegó ahí.

-Vaya…-atinó a decir el ojivioleta. ¿Quién habría tenido el corazón para abandonar a un niño tan pequeño? Probablemente algo muy grave le había pasado a su familia, no se imaginaba otra razón por la que lo hubieran dejado solo a su suerte.

-¡Mamá!-el aludido lo llamó sonriente y le extendió lo que parecía ser un libro de cuentos.

Tino leyó el título: "La historia del pequeño príncipe, el rey caballero y el malvado sapo", el autor era "A.K". Le lanzó una mirada confundida al de lentes, quien se limitó a encogerse de hombros.

-Ese l'bro era lo ún'co que P'ter t'nía c'ando lo e'contré-contó Berwald mientras cargaba a su hijo y lo acomodaba en su regazo- Q'ere que le leas el c'ento.

Por la manera en que se movía la cola del lobo, supo que el niño no era el único emocionado por oír la historia. Esbozó una sonrisa y abrió el libro. Tal vez así pudiera comprender mejor algunas cosas.


Creo q ya más o menos con eso deben intuír que pasó con Peter y quienes estaban metidos en medio verdad? XDDD Iba a incluir el cuento, pero este capítulo me estaba quedando más largo de lo previsto, así que decidí dejarlo para el próximo. Si tengo suerte, actualizaré para el próximo fin de semana.

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