Culpa
Me persigue, no me deja en paz, la culpa quiere verme morir, no quiero sentirme así, pero no puedo evitarlo, es como tener un puñal en el corazón.
¿Cómo esperaban que lo evitara? Yo no sabía que ese accidente iba a ocurrir, pero en algo debe contar el hecho de que la amaba… ese accidente me lo quitó todo, ahora mismo podríamos estar siendo una familia, ella y nuestro hijo
¿Qué hice para merecer esto? ¿Es que acaso solo vine a este mundo a sufrir? Apenas si puedo respirar con normalidad, y la cabeza no deja de darme vueltas.
Miro las flores que están sobre la mesa, el último regalo que recibí de ella, ¿Quién eras hermosa dama? Ahora sé que significaste mucho para mi, porque al oír tu relato no puedo dejar de llorar, quizás mi mente no te recuerda, pero mi corazón si que lo hace, y eso me tortura aún mas.
Tenía mas o menos unos 17 años cuando te conocí, era la primera vez que vivía solo, ya que durante muchos años estuve viviendo con mi medio hermano Sesshoumaru, viajando por todo el mundo, y conociendo todas aquellas maravillas que los libros no podrían describir ni en mil años. Mis padres había muerto hace algunos años, ambos se ahogaron cuando el barco en el que viajaban sufrió una avería a mitad del mar… nadie pudo socorrerlos, y en parte ahora soy yo quien miente, ya que en ese viaje solo murió mi padre, ya que como siempre dicen… "mujeres y niños primero", mi madre logró salvarse, pero de todas formas es como si ella hubiese muerto con ahí también, ella amaba mucho a mi padre, como estoy seguro que yo te ame a ti, hermosa extraña.
Como sea, luego de eso… fui a dar a un internado, ya que mi madre murió poco después de ese incidente, pero lo que la mató fue la soledad, el hecho de no tener a mi padre para criarme como se suponía que ambos harían. Pasé varios meses en el internado hasta que lograron encontrar a Sesshoumaru, como era su costumbre no podía mantener sus pies pegados en un mismo sitio por mucho tiempo, así que no me quedó otra mas que irme con él, siendo el único pariente con vida que tenía.
Las primeras semanas las pasé en África, en muchas tribus, mi medio hermano era algo así como un expedicionario, viajaba por todo el mundo en busca de las cosas mas extrañas que pudieras imaginar, todas esas curiosidades iban a dar a Londres, a las casas mas ricas que existían, así era su trabajo, encontraba alguna curiosidad, como cabezas disecadas, la enviaba, y recibía un buen pago por ellas.
Pero con el tiempo todo esto se volvió la mas aburrida rutina para mi… es cierto, vi muchas maravillas, pero de todas formas no dejaba de sentirme solo, es cierto que viajaba con mi hermano, pero apenas si nos hablábamos, para él no signifique mas que un gasto mas, otra boca que alimentar y que constantemente enfermaba de fiebre en ese ambiente tan salvaje.
Un buen día ya no lo soporté mas, enfrenté a Sesshoumaru y le dije cuales eran mis intensiones, quería volver a Londres, establecerme en una casa y cuidar de los viejos negocios de nuestro padre, ya que después de todo, era él el que se encargaba de todos, pero nunca habían sido de su agrado, y como ya contaba con la edad para vivir solo, le ofrecí que me enseñara este nuevo trabajo que gustoso me disponía a hacer.
-te lo pido Sesshoumaru, enséñame a manejar los negocios de nuestro padre, quiero volver a Londres- el muchacho que hablaba apenas si era un niño al lado de su hermano, hecho ya todo un hombre
-¿Qué te hace pensar que puedes aprender tan rápido? Para esto necesitas estudios más avanzados de los que tú has aprendido con los profesores de las embajadas
-ponme a prueba, déjame demostrarte de lo que soy capaz de hacer
Sesshoumaru dudó por un momento, si accedía y su hermano fracasaba ambos perderían la herencia que les había dejado su padre, pero… si Inuyasha se marchaba y se establecía en la casa de Londres entonces tendría un hogar estable, algo que él no le podía dar a su hermano menor, hasta el mismo dudaba que alguna vez pudiera hacer algo como tener un hogar y formar una familia. Le dio la espalda a Inuyasha esperando que la decisión que había tomado fuese la correcta.
-te daré solo una oportunidad, si fallas no habrá vuelta atrás, y deberás seguir viajando conmigo
No puedo describir lo que sentí en ese momento, pero ya era un voto de confianza el que me estaba dando. Sin embargo la prueba era mucho mas difícil de lo que me esperaba, para empezar debíamos separarnos, yo iría a los puertos y él seguiría con sus expediciones, la tarea consistía en administrar un pequeño negocio pesquero que estaba en ruinas y hacerlo crecer, sacarlo de la quiebra, Sesshoumaru consideró que si podía hacer eso, los negocios de Londres no serían nada.
Luego de separarnos, yo llegué hasta el puerto, ansiando ver cuan bastos eran mis conocimientos, es cierto que tuve una educación de primera en la embajada que Inglaterra tiene en África, pero las cosas son muy distintas de los libros a la vida real. Para empezar el lugar era decadente, mi querido hermano al parecer quería que fallara, era eso, o quería asegurarse de que podría con lo que me pusieran en el camino.
Como sea esta tarea no resulto nada fácil, ese pequeño negocio estaba en la más marcada ruina, sacarlo a flote requeriría quizás, mucho más de lo que yo podía ofrecer.
No era más que un negocio de pescadores, lo único que debía hacer era salvarlo, pero ¿acaso Sesshoumaru quería que les pidiera a los peces que picaran? No, por supuesto que no, mi deber, y única obligación era manejar números y ser la voz que todos obedecieran, lo cual no habría de ser muy complicado, ya que la mayoría de los que trabajaba allí eran esclavos.
Tenía seis meses para tener un avance significativo, pero no tuve los resultados esperados sino hasta cuando ya pasó la mitad del tiempo, los hombres con los que trabajé eran muy supersticiosos, y nunca salían al mar sin antes orar, pedir permiso para cosechar los frutos del mar, miles de esas cosas que yo nunca seré capaz de entender, pero de todas formas… al final terminé volviéndome creyente de sus supersticiones, no sabría como explicarlo, pero de alguna forma dieron resultados, y muy buenos, con el tiempo las redes de los pescadores iban llegando mas llenas, y como buen negociante, los vendía y exportaba a un precio del que sacaba una gran ganancia, pero yo no era codicioso, todas esas ganancias sirvieron para liberar a los esclavos, compre su libertad, y a cambio ellos siguieron trabajando para mi a cambio de un salario justo, todo lo que hice me recordó mucho a mi padre, él siempre decía que la gente trabajaba mejor cuando estaba motivada. Y al volver mi hermano, apenas si pudo creer lo que sus ojos veían, no solo había hecho crecer la empresa, ahora habían mas barcos para pescar y mas trabajadores que ganaban honradamente un salario.
Unas pocas semanas después, y tal y como lo había prometido estaba manejando los negocios en Londres, tenía la antigua casa en la que pasara pocos, pero buenos años de mi infancia.
Y ahí fue cuando te conocí, no lo sé con exactitud, pero según me dijiste en tu carta… ese fue nuestro primer encuentro… no te imaginas como deseo poder recordar a esa niña de quince años que se quedó deslumbrada con mis libros… como deseo volver el tiempo atrás y enmendar mis errores… conocerte, enamorarme de ti, pedirte matrimonio, casarnos y hacerte la mujer mas feliz del mundo al formar una bella familia… pero ya nada de eso podrá ser… y todo por una muy cruel jugarreta del destino… algo que realmente quisiera olvidar.
Apenas si recuerdo algunos detalles del accidente, pero ahora que sé que fuiste alguien a quien le importe mucho, tengo la obligación de dejar en claro que ese sentimiento era mutuo, porque antes de la tragedia, había comprado un presente para ti, algo que te daría cuando volviese, ahora lo sé todo, la sortija que sostengo en mis manos manchadas con tu sangre era para ti.
Las sombras cual fantasmas de su pasado lo llevaron una vez mas a ese trágico día en el que perdió la única oportunidad que le daba la vida de ser feliz, apenas si eran algunas cuantas imágenes las que su mente le entregaba, pero gracias a las personas que lo habían rodeado, pudo reconstruir aquella parte de su recuerdo.
Era un día nublado, y estaba seguro de que llovería, pero de todas formas las calles estaban pobladas de gente, unas cuantas gotas no detendrían el quehacer de toda una ciudad.
Pasó por las afueras de una elegante joyería, y entonces ahí la vio… era una fina sortija de compromiso, tan delicada, ideal para las jóvenes manos de una mujer, entró y de inmediato pidió verla mas de cerca.
-esa es una buena elección- dijo en anciano joyero al muchacho
-es ideal para ella- pensó en voz alta Inuyasha, mientras que inspeccionaba la sortija, viendo cada detalle de ella
-esa joven debe ser muy hermosa, pero de gustos sencillos
-si- en su mente imaginaba como se vería ella portando aquel anillo, la joya de seguro brillaría mas al ser usada por ella, ahora estaba seguro, le pediría matrimonio cuando volviera de París.
Compró la joya, y mientras caminaba hasta la estación no podía parar de sonreír, recordar a aquella chiquilla tenía ese efecto en él, a su lado se sentía completo, no necesitaba nada mas, casarse con ella sería lo mas sensato que haría en toda su vida.
Quería que el viaje terminara rápido, podía sentirlo, pero… justo antes de subir el tren que me llevaría hasta la frontera sentí un escalofrío en mi espalda, como un mal presentimiento, algo mas allá de mi comprensión intentaba advertirme que no debía viajar, pero tenia que hacerlo, había un trabajo importante esperándome en París, y como no podía faltar a mi palabra, me había prometido que te seria fiel desde ya, no iría al burdel de París y no desearía a ninguna mujer que no fueses tu, ya que tu si eras perfecta, sentir tu recuerdo en mi corazón me daba paz, no deseaba compartir mi lecho con nadie que no fueras tu, así que no esperé, subí al tren ignorando cualquier señal y partí. Que estúpido fui…
Ya casi llegábamos a nuestro destino cuando la tragedia se desató, de pronto todo el vagón comenzó a temblar, ni siquiera alcancé a reaccionar, perdí la conciencia a causa del descarrilamiento, me dijeron que el vagón en el que viajaba se había separado de los demás y había rodado varios metros antes de detenerse.
Para cuando desperté ya estaba en el hospital, lo primero que vi fue el techo blanco de la sala en la que estaba, parpadee varias veces, ya que mi visión se había visto afectada, pero al tratar de emitir algún sonido mi boca estaba seca, y no pude emitir palabra, hasta que de la nada desde mi garganta salió un leve quejido, pero lo suficientemente fuerte como para que alguien de allí lo escuchara.
-que bueno, ya despertaste- dijo la enfermera que se acercó hasta su cama- no intentes moverte
Con todas sus fuerzas Inuyasha trató de decir algo, pero las primeras palabras que salieron de su boca apenas se escucharon como un susurro
-¿Dónde estoy?- mientras decía esto miró a su alrededor, reconociendo el inconfundible aspecto de un hospital
-estas en el hospital de Londres, te trajeron aquí hace unos días, tenías una gran herida en la cabeza…- la enfermera iba a preguntar algo, pero tenía miedo de que las suposiciones del doctor fueran ciertas, de todas formas no podía permitir que ese joven viviera en la ignorancia de lo que ya casi todos sabían- dime… ¿sabes cual es tu nombre?
-¿mi… nombre?... es…- la cabeza le dolía, esa insignificante pregunta lo estaba torturando-… no lo sé… ¿Por qué… no lo recuerdo?- tras la confusión llevó una de sus manos a su cabeza, y ahí encontró un vendaje que hace poco había sido cambiado, al tacto le dolía, debió haber sido un gran golpe, incluso sentía las partes en las que el cráneo se había roto
-no te toques… aun no te has recuperado
-¡¿Por qué no puedo recordar quien soy?!... ¿Qué me sucedió?
-por favor cálmese, afortunadamente alguien que trabaja aquí en el hospital lo reconoció y mando a llamar a alguien que se pudiera hacer cargo de usted- se disponía a levantarse, pero Inuyasha la sujetó con fuerza de la muñeca, impidiendo que se fuera
-primero quiero que me respondas
-… usted sufrió un accidente… mientras viajaba en el tren hacia el puerto… hace mas de una semana que se encontraba inconciente… varios médicos creyeron que nunca despertaría
Las palabras herían, y por mas que trataba no podía recordar nada, ¿Qué se suponía que hiciera ahora? Dudaba si tuviera algún familiar que lo reclamara
-¿a quien mandaron a llamar?
-la única persona que nos respondió fue un sirviente suyo… su nombre era Myouga
-¿Mi… Miouga?- ese nombre, sabía que lo conocía… algunas fugaces imágenes volvieron a su mente, un recuerdo de cuando era niño… y ese hombre sostenía su mano mientras miraban dos tumbas… tan rápido como esas imágenes vinieron, es que se fueron y otra vez se encontraba sumergido en la incertidumbre, ¿esos eran sus recuerdos?
-¿se siente bien?
-si… ya estoy bien
No importa cuantas veces repase ese día, ahora que sé todo me siento peor en cada parte de mi podrida alma.
Unos cuantos días después de despertar del coma en el que me encontraba llegó Miouga, fue increíble, pero al relacionar a la persona con el nombre, varios recuerdos vinieron a mi, lo médicos me dijeron que si mi memoria podía regresar así, lo mas conveniente era que saliera del país a buscar a mi hermano, después de todo, él era mi único familiar con vida, y solo él podría hablarme de todas las personas a las que había olvidado, no tenía ningún recuerdo de mis padres, solo que cada vez que intentaba pensar en ellos la imagen de una gran barco siempre aparecía.
Pasé varios meses fuera del país, volvía encontrarme con mi hermano, y como sucedió con Myouga al conocer su nombre los recuerdos volvieron a mi mente… no te imaginas todas las cosas de las que hablamos, fue volver a vivir la vida antes del accidente, pero por desgracia, ustedes nunca se conocieron… tal vez debí hablarle de ti y decirle el nombre de esa bella flor que me había cautivado hasta lo mas profundo de mi corazón, pero nosotros llevábamos poco tiempo de conocernos.
África me sedujo, no entendía el por que de dejarla, era un continente hermoso y salvaje, pero como siempre, los deberes estaban antes que el placer.
Pasé más o menos cinco meses en compañía de Sesshoumaru, hasta que luego de mucho meditar supe que era tiempo de volver
-cinco meses se pasan volando-dijo Sesshoumaru mientras contemplaba el barco que llevaría a su hermano de vuelta a casa
-si… y mas si te la pasas recordando toda una vida
-yo no hice nada… solo te dí migajas del camino que debías seguir
-puede que a veces no lo parezca… pero… fuiste un buen hermano mayor- esas palabras impresionaron al mismo Sesshoumaru, quien solo le dio la espalda a su hermano para que este no pudiera ver su asombro ante palabras tan fraternales, varias veces había recordado las graves peleas en las que se habían visto envueltos.
-… ya es hora de que te vayas, el barco esta por zarpar
Inuyasha miró a su hermano de espaldas y supo que este estaba triste por su partida… no lo decía con palabras, pero los hechos si, estos meses habían logrado ser los hermanos que desde siempre debieron ser, algo bueno había traído el accidente después de todo, pero ya era tiempo de partir y ambos lo sabían, así que las últimas palabras que se mencionaron entre ellos fue para despedirse
-si alguna vez vas a Londres espero que me visites
-ni loco, odio Londres, ¿Por qué crees que llevo mas de 10 años viviendo aquí?
-porque te diste cuenta que en Londres no tenías la libertad que querías- y eso era cierto, incluso el padre de ambos se había opuesto rotundamente a que su hijo mayor se fuera a una tierra tan salvaje, pero de todas formas y al final termino dando su consentimiento, siendo Sesshoumaru apenas un muchacho de 16 años.
Inuyasha pensó que quizás esta sería la última vez que viera a su hermano, no sabía por que, pero lo presentía, como si algo muy grave fuera a suceder a futuro, quizás pasarían muchos años, pero sabía que aquello iba a ocurrir.
Subió al barco y poco después este partió, no se lo había esperado, pero el tiempo se pasó increíblemente lento.
Puede que esto suene cursi pero de verdad lo extrañé, los días siguientes me la pasé entre los distintos negocios de la familia, lo que me ayudó a distraerme un poco de todo lo que en esos momentos pasaba por mi cabeza.
Como sea, entre mis tantos deberes debía asistir a las reuniones de las distintas familias de Londres, que era lo que yo mas odiaba hacer, ya que los hombres de familia al verme, no hacían mas que lanzarme a los pies a sus hijas esperando que una de ellas fuera de mi agrado, pero ninguna de ellas me interesaba.
Los días pasaban sin nada interesante que hacer, pero después de todo se sentía bien estar en casa. Un día sin embargo decidí salir de aquel encierro, necesitaba tomar un poco de aire así que me fui a un conocido bar del alto barrio, pero las cosas no estuvieron tan tranquilas como me lo esperaba y me vi envuelto en una pelea, la que me llevó al hospital por un corte que recibí en mi brazo por parte del dueño del bar, al parecer no le agradó la idea de que mis amigos y yo estuviésemos destrozando el lugar mientras peleábamos con otro grupo.
Fue entonces que al llegar al hospital fui recibido por la misma enfermera que cuidó de mi luego del accidente.
-no esperaba volverlo a ver señor
-yo tampoco señorita enfermera, pero aquí me ve
-si ya lo veo- dijo ella mientras veía el corte en el brazo y preparaba los implementos para suturar, mientras ella hacía su trabajo, ambos hablaban alegremente, cuando su trabajo estuvo hecho ambos seguían mirándose
-eres una buena enfermera, señorita
-puedes llamarme Sakura, no son necesarias las formalidades
-entonces tu puedes decirme Inuyasha
Con el tiempo empezamos a hacernos más cercanos, ella era muy hermosa, y también se veía muy joven, incluso más que yo, pero no lo era, apenas me llevaba unos cuantos años.
Mas de una vez salíamos a pasear por la calle, esperando encontrar algo que hacer, algo que nos quitara la rutina de cada día… y un día pasó… en tu carta contabas el día que nos volvimos a encontrar, en el mercado yo había chocado contigo y todas las cosas que llevabas se dispersaron en el suelo.
-disculpe, no me di cuenta por donde pasaba- se disculpó Inuyasha mientras que ponía todas las cosas de vuelta en el canasto, de cierta forma y a pesar de la diferencia de niveles sociales se sentía culpable por tropezarse con una mujer embarazada
-volviste…- dijo la joven casi en susurro, siendo sus palabras llevadas por el viento
-aquí tiene señora- dijo mientras le pasaba el canasto con todas sus cosas
-… ¿acaso no me recuerdas?- dijo con tristeza, mientras que él la miraba con atención
-…no, lo siento, quizás me confunde con alguien- de la nada una elegante mujer apareció para tomarse del brazo de Inuyasha
-Inuyasha cariño ¿Por qué tardas tanto?
-disculpa Sakura, pero es que me tropecé con esta señora y la estaba ayudando con sus cosas
-tu siempre tan amable Inuyasha… ¿acaso la conoces?
-no, para nada, nunca la había visto
De solo recordarlo me dan ganas de darme un tiro, te tuve en frente de mi y no te reconocí, al saber ahora que luego del accidente volví a verte, quise recrear tu imagen en mi mente, pero nada apareció, por alguna razón, sin el nombre de las personas mi mente parecía simplemente olvidarlas, pero… sé que ese día me encontré con una mujer embarazada, con la cual me estrellé y a la cual ayudé con sus cosas.
Puede que parezca algo imposible, pero no podía dejar de pensar en esa persona, en esa joven mujer que pronto sería madre, no podía dejar de pensar en ti… algo dentro de mi me dijo esa vez que fuera en tu búsqueda, pero no podía dejar a Sakura sola, y por otra parte, tu ya te habías marchado.
Pasaron algunos años, y con Sakura salíamos como cualquier otra pareja de novios, pero… en realidad yo no la quería, mas bien era que estaba con ella para no sentirme solo, porque en todo ese tiempo no tuve a nadie que me acompañara, todos aquellos amigos de los que alguna vez me vi rodeado desaparecieron, y no sabía en quien confiar, salvo en Sakura, ya que ella siempre estuvo a mi lado, hasta en los momentos mas difíciles, pero hacerle eso a una joven como ella fue estúpido y egoísta, y hasta el día de hoy me lo sigo recriminando.
Pero como dicen… todo al final termina por saberse, y en este caso, fue el mismo día de mi cumpleaños, faltaba poco para que Sakura llegara, mientras que yo admiraba la sortija que te había comprado… claro que sin saber que era tuya, me la habían entregado luego de que dejé el hospital.
Mientras Inuyasha se encontraba contemplando la sortija, llaman a la puerta de su casa, su fiel sirviente Myouga es quien sale a abrir, dejando pasar a Sakura quien lleva un hermoso traje color marfil.
Al escucharla entrar Inuyasha guardó la sortija en su caja, dejando esta después sobre la mesa, para posteriormente ir a saludar a su novia.
-Sakura, esperaba que llegaras mas tarde
-¿acaso querías escaparte de mi querido Inuyasha?- dijo ella en un tono coqueto, mientras que lo abrazaba con fuerza para luego besarlo en la mejilla
-por supuesto que no… vamos pasa- la joven se encaminó hacía la estancia, Inuyasha se disponía a seguirla, pero en eso su fiel sirviente lo distrajo
-amo Inuyasha, aquí hay un mensajero que trae algo para usted- Inuyasha se acercó una vez mas hasta la puerta y vio al mensajero que llevaba un gran ramo de rosas blancas
-llegan todos los años… ¿me pregunto quien las envía?- dijo extrañado mientras que firmaba un recibo para luego devolverlo al mensajero- ¿acaso tu lo sabes?
-no señor, a mi solo me llamaron desde la florería para venir a entregarlas, debe ir allá, así tal vez le digan quien se las envía
El mensajero se despidió y emprendió su camino, Inuyasha miró las rosas y sacó la tarjeta que había entre ellas, esta, como todos los años decía "Espero que te hayan gustado las rosas", y en verdad le gustaban, todos los años le enviaban las rosas mas hermosas que él había visto, como si alguien las hubiera elegido personalmente para él, pensando en eso es que caminó a la sala para seguir hablando con Sakura, y al entrar la vio contemplando la sortija que minutos antes él mismo estuviese viendo.
-¿Qué haces Sakura?- dijo Inuyasha viendo como la joven contemplaba la sortija puesta en su dedo
-es muy hermosa Inuyasha… no sabes cuanto había esperado esto- la emoción y la felicidad se dejaban ver a la distancia. Inuyasha dejó las rosas sobre la mesa para luego caminar lentamente hacia la joven, no supo como, ni de donde, pero una gran ira se apoderó de él
-¡quítatela!- algo le decía que esa sortija no era para ella, y el que la usara sería una gran traición a su corazón- no tenías ningún derecho a verla
Sakura, anonadada con el comportamiento de Inuyasha apego más la sortija a su cuerpo, sin intenciones de devolverla
-¿no ibas a proponerme matrimonio?- los sueños de una vida juntos se hacían pesazos
-no
-pero yo pensé que tu me amabas
-eso creo- dijo sin pensarlo, Sakura se quedó sin palabras
-¿Cómo que crees?... pero si tu me lo dijiste- ante las palabras de la joven Inuyasha solo baja la cabeza, esperando que este momento pase lo mas rápido posible, y ella entienda lo que quiere decir… por su parte Sakura comprende todo el mensaje-… entiendo
-Sakura yo…
-no tienes nada que decir Inuyasha… no eres mas que un miserable que busca un poco de afecto, y que esto se te meta bien en la cabeza… ninguna mujer estaría contigo si no tuvieras todo ese dinero que tienes, no eres nada
La despechada mujer víctima de su propia ira sacó con fuerza la sortija de su dedo para luego arrojarla a Inuyasha quien la atrapó con sumo cuidado, luego de esto Sakura se marchó hecha una furia, azotando la puerta al salir.
Luego de esa pelea estaba tan furioso, y tan triste que salía a embriagarme, se suponía que pasaría un feliz cumpleaños, pero el destino quiso que no fuese así, de todas formas nunca olvidaré esa noche, salí a embriagarme como nunca lo había hecho en mi vida, empecé de los bares de la mas alta clase, hasta llegar a los suburbios, esos lugares donde se reúne la peor calaña, esto solamente porque me echaban de los anteriores, como sea, el punto es que ahí te volví a ver… si hubiese sabido que el destino volvería a reunirnos te juro que jamás habría ingerido una gota de alcohol, ya que lo mas que recuerdo es que una mujer me fue a dejar a casa, y esa noche llena de pasión que pasamos se convirtió en nada mas que un sueño.
Eso fue lo que pensé al despertar solo, y que el hecho de que me encontrara sin ropa en la cama era porque yo mismo no había tenido suficiente conciencia para terminar la tarea. Pero con el tiempo esa idea se la llevó el viento, yo… había pasado la noche con alguien, y el aroma de su cuerpo se había quedado en mi, y en mi cama, siendo lo mas hermoso y agradable que había sentido en mi vida, ese aroma me traía tanta paz… era tu aroma.
Al pasar los años me fui alejando de la gente, no trataba con ellos salvo que fuera estrictamente de trabajo, ahora era solo eso lo que llenaba mi vida, todo lo que alguna vez llame la buena vida se iba, mientras que yo me negaba a ser feliz, algo estaba mal en que yo buscara a otra mujer…
Tu carta me dio tantas respuestas a tantas preguntas que me había hecho, pero solo tu nombre se quedó perdido en este mar de recuerdos a medio construir que es mi memoria.
Han pasado varios años desde que me entere de la muerte de ambos, aunque no lo creas, luego de leer tu carta salí a buscarte, mejor dicho… salí a buscar tu tumba, por casualidad recordé ese bar del que me habías sacado, pero cuando logré llegar solo encontré las ruinas del lugar.
Desde ese momento intente buscar alguna información de ti, gaste todo el tiempo que tenía en encontrarte, busque la florería en la que comprabas las rosas, pero ellos no sabían nada de ti, busque incluso a tu padre, pero este ya había muerto hace unos meses, murió solo en esa casa a la que se fueron luego de la banca rota, nadie sabía quien eras, casi como si tu no hubieses existido.
Mis esfuerzos son en vano, y te pido perdón, porque el solo recordar que es por mi culpa que todo esto sucedió hace que sienta miedo de encontrarte para luego ser rechazado por ti… a pesar de que tu habías muerto… yo planeaba seguirte y obtener tu sincero perdón a toda costa, sin embargo todo mi trabajo se vio interrumpido por los conflictos de los países enemigos, y me vi obligado a servir en una guerra en la que solo acarrearías mas muertes en mi conciencia.
Mas muertes… muchas mas… pero… a pesar de todo lo que me han obligado a hacer tengo la esperanza de que en algún lugar me estés esperando con los brazos abiertos, para así quitarme la culpa de todos mis pecados, pero sobre todo para darme tu perdón, ya que ni mil muertes de soldados desconocidos se comparan a la tuya que cargo día a día en el alma.
Y para recordarme mi deber, mi obligación y la misión que debo cumplir, llevo conmigo siempre tu carta, y la sortija que te iba a dar… nunca antes lo había notado, pero esta tenía escrito "Mi Bella Flor" en su interior… ¿era así como te llamaba? Algo me dice que ese nombre estaba mal, y que las mismas flores sentirían envidia de tu belleza.
.
.
.
.
Las balas vuelan en el campo de batalla, y al igual que ellas vuelan los años, es 1944, y para mi desgracia aun no se nada de tu paradero, a pesar de que abandoné mi tarea, se la encargué a alguien mas, esperando que él si sepa encontrarlos, confío en esa persona, y tengo fe. Ya muy pronto tendré una tumba a la cual ir a dejar flores.
.
.
.
Oscuridad y nada mas, eso es todo lo que veo, lo último que pasó por mi mente fue como combatíamos a un batallón enemigo, había muchas tropas norteamericanas junto a nosotros… ahora todo vuelve a cambiar… veo destellos de luz… ahora entiendo, estoy en la enfermería… apenas soy conciente de lo que sucede a mi alrededor… estoy muy mareado…
Alguien mas llega, un yankee… si… pero tiene acento ingles… ambos nos reconocemos… él fue tu prometido… él puede decirme tu nombre.
Sin embargo desconfía de lo que yo siento por ti, porque así es, quizás no te recuerde, pero sigo enamorado de ti, le muestro las únicas pruebas que tengo de que aun te amo… quizás ahora si me crea.
Mis fuerzas se acaban, puedo sentir como la muerte coloca su mano sobre mis ojos incitándome a cerrarlos para siempre, pero no puedo permitirlo, no todavía, quiero saber tu nombre.
Kouga luego de mucho meditar dice las palabras que suenan como música en mis oídos.
-… su nombre, era Kagome
Y con ello los recuerdos vuelven, tu cabello azabache, tus ojos chocolatados, todas las piezas calzan, y la soledad de mi alma se va, tu bella imagen cobra vida
-Kagome… mi bella flor Kagome
Pronuncié esas palabras sin saber que serían las últimas, ahora sabré si todas las lágrimas que derramé son suficientes para entrar al cielo, y llegar a tu lado.
.
.
.
Lo he dicho una y mil veces… pero imploro tu perdón, de no obtenerlo sé que mi alma no podrá descansar en paz, y no importa donde sea, te seguiré buscando hasta encontrarte, y esta vez si te reconoceré, porque te buscaré con los ojos de mi corazón, ellos si te encontrarán, ya te han visto antes y te reconocerán y encontrarán ahora, para que así podamos estar juntos, y ser junto con nuestro hijo la familia que siempre debimos ser.
Pasadas las semanas el cuerpo sin vida del joven soldado fue llevado de vuelta a su hogar, sin embargo, en vez de ir al gran mausoleo que pertenecía a su familia, su féretro fue llevado a un descanso mas humilde, y enterrado al lado de dos tumbas mas pequeñas, las de una mujer y su hijo, ambos que habían muerto hace años por la tuberculosis.
-no entiendo como es que pudiste encontrar la tumba de Kagome… prácticamente se la había tragado la tierra- mencionó Kouga mientras que se apoyaba en las muletas a causa de la herida en su pierna… miro al alto hombre a su lado, Sesshoumaru sin embargo carecía de toda expresión facial.
-eso no te incumbe, Inuyasha me pidió un favor y yo ya cumplí
-¿pero por que a ti?
-porque Inuyasha sabía que siempre encuentro lo que me proponen buscar- dejó un ramo de rosas blancas en ofrenda para las tumbas y se marchó, pero en un susurro se despidió- adiós Inuyasha… espero que ahora ya no te sientas solo.
.
.
.
No saben cuanto lamento la tardanza, pero esto de estar en la U si que no deja tiempo para nada más, pero esta noche me comprometí conmigo misma a terminarlo y cumplí.
Espero tener para dentro de dos semanas mas el tercer y último capítulo, "Desde los ojos de un niño" que ya he empezado a escribir (aunque en realidad son como dos o tres líneas)
Bueno espero que les haya gustado y nos estaremos viendo lueguito
Cuídense, un beso
XAU
