Summary: -Déjame hacerlo, quiero hacerlo-Dijo Remus, agachado entre sus rodillas y con la cabeza entre las piernas de Severus, excitado e imbuido por aquellas insondables orbes negras-Déjame hacerlo-Insistió, atravesándolo con aquellos ojos ámbar color miel-Yo quiero hacerlo...-Susurró, seguro de sí mismo, como nunca antes lo había estado.

N/A: Harry Potter no me pertenece. Todos los derechos pertenecen a JK Rowling. Lo único que me pertenece es este fic, realizado con muchísimo mimo y cariño.

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CAPÍTULO III:

Un poderoso gemido despertó a Remus Lupin, quien mirando hacia un lado no pudo hacer otra cosa que bizquear hacia la oscuridad penetrante en la habitación. Soltó un quejido molesto, se dio la vuelta hacia el otro lado y se dispuso a intentar dormir, fallando en ello completamente. Ignoraba quién diantres estaba haciendo tanto ruido en aquel dormitorio tan estrecho, pero iba a matarlo con sus propias manos si no lo dejaban dormir. Había estado estudiando toda la noche y, ahora, necesitaba descansar. "¡Por Morgana, algo de respeto!" espetó en su mente, a punto de asesinar a alguien.

Ah… joder…

Fastidiado, volvió a girar de lugar en el colchón, sin encontrar la postura adecuada para dormir y, con los ojos entrecerrados, se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo a unos pocos pies de distancia. Se sonrojó furiosamente y, dando gracias por la tremenda oscuridad que nublaba la habitación, apenas alumbrada por la luz natural de la luna, fijó sus pupilas dilatadas en aquello que le había sorprendido y robado el aliento, vergonzoso y tímido como era en aquellos temas tan íntimos del ser humano.

Sirius Black estaba masturbándose, dándose un placer que Remus no pudo evitar envidiar, con los pantalones y los calzoncillos bajados y, una mano subiendo y bajando con prisa por todo su miembro, grueso y orgulloso. Remus se mordió los labios, los lamió y, los volvió a morder, más rojo de lo que jamás hubiera estado. Y es que, aquella no era en absoluto la primera que veía a sus compañeros de Casa desnudos, ni la última en que los pillaba regalándose tal satisfacción, pero… ahora las cosas eran distintas.

Especialmente, desde que el chico, el Prefecto de los Prefectos, había descubierto que era gay. Sí, quizá algo tardíamente, pero sus propios problemas, dilemas y preocupaciones internas no le habían dejado nunca tiempo alguno para enamorarse, sentir atracción por otros ni, mucho menos, reflexionar sobre lo que le gustaba. Siempre había sido una persona cuya único interés se volcaba en los estudios, en sus amigos y en su familia y, nunca le había dado importancia al sexo ni al amor. Hasta esos extremos llegaba su carácter neutro y tranquilo y, no era pues, una persona precisamente enamoradiza. Por ello, cuando el hijo de unos amigos de sus padres le había besado en su casa, aquel verano, de aquella manera tan dulce y cruda, algo dentro de él hizo "crac" y dio paso a algo nuevo a lo que no pensaba renunciar.

Y sí, seguía siendo igual de poco enamoradizo, pero, aquello lo había cambiado todo. Todo.

De tal modo que, mientras observaba ávidamente cómo Canuto se trabajaba tan ferozmente su miembro henchido, por el que el líquido pre-seminal resbalaba cada vez más, sintió como su propio miembro daba paso a la vida, disipando cualquier rastro de sueño. Se mordió los labios, excitado y, bajando una mano hacia sus propias regiones inferiores, se tocó.

-Lunático-Susurró Sirius, llamándolo, dándose cuenta, perfectamente, del estado en el que su amigo se hallaba por su culpa-Lunático, ven-Siguió susurrándole, con comprensión y cariño.

Remus sintió que el corazón le iba a explotar, pero, incapaz de negarse a tal placer y, al hecho de sentirse cerca de otra persona a ese nivel tan íntimo, salió de la cama con sigilo y se acercó a la de Sirius, que lo esperaba con ansia descarnada. Miró si había alguien cerca despierto y, al comprobar que el resto de sus compañeros dormitaban como auténticas marmotas, se metió entre sus sábanas despejadas y cerró las cortinas rojas que habían permanecido abiertas.

-Ven, Moony-Lo sedujo Canuto, con el cabello desparramado por toda la almohada y con una de esas miradas hambrientas que atenazaron el vientre de Remus con un deseo irrefrenable.

Y pensar, se dijo a sí mismo, besando a Sirius y, mordisqueándole los labios, que había estado molesto con sus compañeros por no dejarlo dormir… ¡qué sandeces pensaba a veces!

Se besaron con hambre, sin importarles demasiado hacer ruido y, mientras Sirius desnudaba a Remus, este agarró el miembro de su amigo y comenzó a sacudirlo entre sus manos, sintiendo la esencia perlada de este pringando sus dedos y la palma de su mano. Canuto tiró a un lado la ropa de Remus, adentró su lengua en la húmeda cavidad del Prefecto y, agarrando con ambas manos el trasero joven, terso y redondo que se frotaba contra sus testículos inflamados, se dio la libertad de gemir todavía más alto que antes, presa del placer. Remus, encantado, se separó de aquella boca hambrienta y le hizo un signo que indicaba que guardara silencio. Se bajó con prisa de la cintura de Sirius, localizó la varita de este en la mesilla al lado de la cama y aplicó un hechizo de privacidad que evitaría que sus compañeros los escucharan.

Mientras tanto, Sirius le había estado tocando el trasero y, cuando este volvió a sentarse sobre sus partes más íntimas y excitadas, gimió, clavando la yema de sus dedos en la cintura de este e invitándolo a seguir el movimiento de sus ansiosas caderas. Remus gimió, meciéndose contra la entrepierna de su amigo con mucho más ímpetu y, sintiendo que no podía esperar más, que iba a explotar en cualquier momento, se levantó sobre sus rodillas, lubricó el miembro erecto de Sirius con sus propios fluidos seminales y poco a poco lo introdujo en su entrada.

Primero entró la cabeza con forma de capullo, rojiza y perlada, tan sensitiva como el último de los cabellos de su nuca, después la primera parte de su pene, sintiendo el grosor estirando sus paredes internas y, finalmente, la parte final del mismo, mucho más ancha y exquisita, a juicio de Remus, quien gemía cada vez más desvalido, disfrutando plenamente de la sensación de ser llenado por Sirius Black. "Qué placer", pensó Remus, recordando la última vez que había hecho el amor, con aquel chico con el que había empezado un fugaz amor de verano.

-Joder-Se quejó Sirius, dejándose hacer por el tímido muchacho, ahora convertido en un león, hambriento y desenfrenado, que lo había engullido por completo en un momento-Joder, ese chico, Burgham, tuvo que sentirse muy… ah, afortunado…-Murmuró, cerrando los ojos para no correrse todavía. Remus había comenzado a moverse y aquello era una tortura-Morgana… Ah, Moony…-Gimió, arqueándose en la cama y agarrando instintivamente el miembro de Remus.

-Lo pasamos bien-Confesó Remus, concentrándose en golpear la punta de la erección de Sirius contra su próstata, mientras Canuto se aplicaba con su dolorida y pulsante erección.

Remus se alzó de nuevo, apenas sacando la erección de su ano y, después, para satisfacción de su amante, se dejó caer con fuerza. Así lo hizo varias veces, sintiendo los bordes de su entrada deslizarse por la piel sensible de la erección de Sirius y, cuando finalmente ya no pudo más con aquel tortuoso ritmo coital, sintiendo cómo este se tensaba bajo su cuerpo y en su resbaladizo interior, aceleró el ritmo y se inclinó hacia atrás. Entonces, colocó las manos en las espinillas de Sirius, tensó los brazos, reclinó su cuerpo hacia atrás y le ofreció un espectáculo maravilloso de su pene entrando y saliendo rápidamente de su interior. Y aquello, sin duda alguna, lo lanzó al éxtasis final.

Sirius explotó ferozmente y comenzó a correrse en su interior, tiñendo sus entrañas con aquel líquido caliente que Remus tanto ansiaba. Eso lo hizo llegar a él también y, cuando se agarró su propia erección y se acarició un par de veces más, gritó en mitad de su orgasmo. Obsceno, se alzó de nuevo, en mitad del orgasmo y, sintiendo los ávidos ojos de Sirius Black en su entrada, dejó que observara cómo su propio miembro seguía escupiendo semen y cómo parte de este seguía cayendo de su interior, de forma abandonada y lujuriosa. Después, retornó su miembro al calor de su ano y se meció sobre sus muslos hasta que lo sintió por fin terminar, agotado.

Aquello había sido, sencillamente, exquisito.

-Gracias-Le dijo Remus, volviendo a sus cabales, haciéndolo salir de su interior y notando cómo su miembro quedaba flácido y humedecido sobre el muslo de este. Lo besó en la mejilla, con ternura y, se acostó a su lado, respirando entrecortadamente.

-A ti-Contestó, bostezando y aplicándoles un hechizo de limpieza-Sabes que me tienes ahí para todo lo que necesites. Siempre-Murmuró, somnoliento, cayendo en brazos de Morfeo.

Remus sonrió de lado, agitando la cabeza de un lado a otro y, siguiendo su ejemplo, se volvió a su cama y volvió a dormir, como si nada hubiera ocurrido.

Como Sirius solía decir para todo, "para algo están los amigos, Moony".

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-Remus-Lo saludo Lily Evans, sentándose a su lado en el Gran Comedor, en la mesa de su Casa-¿Dónde te habías metido? No te he visto en la Sala Común-Continuó, sirviéndose algo de fruta en su plato-Pensaba que bajaríamos juntos a desayunar, como siempre.

-Lo siento, me he entretenido más de lo debido en el baño de Prefectos-Rió este, masticando una rana de chocolate que había saltado en su plato, mirándola con su acostumbrada quietud.

Lily dejó una pera a medio pelar en el aire y, entonces, se lo quedó mirando inquisitivamente. Casi como si ella pudiera detectar algo en él que nadie más podría. Como sospechando…

Y acertando de pleno.

-…Vamos, suéltalo-Le espetó, bajando el susodicho fruto en el plato y, colocando el cuchillo al lado del mismo.

-¿Qué?-Preguntó Remus, igual de imperturbable que antes. Agarró un poco más de sus copos de avena con chocolate favoritos y los añadió en su taza de leche, como si aquello no fuera con él.

-Que lo sueltes, Remus-Volvió a exigirle, sin darse por vencida-Te conozco como la palma de mi mano. ¿Tú? ¿Entreteniéndote más de lo debido en los baños de los Prefectos? ¿Tú? ¿Puntual como eres con absolutamente todo? ¿Me tomas por tonta?-Le preguntó, alzando una ceja.

-Ogh, eres peor que un sabueso, Lily-Suspiró el Gryffindor, removiendo sus cereales.

"Les falta más chocolate", pensó Remus, alcanzando unas virutas de chocolate de un cuenco.

-¿Me lo piensas contar o marcho a clase con el estómago más vacío que el cerebro de Potter?-Dijo la pelirroja, cruzándose de brazos, esperando una confesión por parte de este. Puede que esta fuera novia de James Potter, pero era realmente incisiva cuando quería.

-¡Qué mala eres, Lily!-Se carcajeó el Prefecto, mordisqueando ahora una deliciosa y cremosa pasta con fresas y mucha nata casera-No es tan obtuso como tú piensas. Pociones es algo que se le resiste siempre, eso es un hecho, pero en realidad es un alumno aplicado y bueno pues…-Siguió, preocupado únicamente por saciar su sed con otro vaso de leche con más chocolate.

-¡Re-mus!-Silabeó ella, agravando su tono dos notas-Conozco perfectamente a mi pareja.

-Vale vale…-Contestó Remus-Ayer por la noche me acosté con un chico (no pienso decirte nada sobre su identidad) y, hoy mismo lo hemos vuelto a hacer en los baños…-Confesó finalmente, encogiéndose de hombros, sin darle mayor importancia al asunto-Dos veces-Añadió.

-¡Ah!-Chilló la Prefecta de Gryffindor, ofendida por tamaño secreto recién confesado-¿Quién es? ¿Por qué no he tenido noticias de él antes? ¿Es el chico aquel de este verano?-Preguntó.

-No puedo decírtelo; no has tenido noticias de él porque ha sido reciente; no, no es el chico de este verano-Contestó por orden, terminando su delicioso desayuno y yendo a por otra pasta.

-Buenas-Interrumpió James Potter, llegando tarde y, sentándose con Sirius y Peter en la mesa, a un lado de su pareja y frente a su amigo, que parecía más famélico que otras mañanas. Algo que sin duda alguna pertenecía a los síntomas que Remus experimentaba antes del cambio.

El buscador de Gryffindor entrecerró los ojos y, antes de servirse él mismo, le alcanzó a Moony un plato rebosante de galletas con doble crema y chocolate negro. Su seguridad era lo primero para los Merodeadores y, ellos sabían bien que necesitaría todas las calorías y azúcar posibles que este pudiera conseguir.

-Moony, estoy roto-Borbotó Sirius Black, dejándose caer pesadamente a su lado y apoyando la cabeza sobre el plato vacío que apareció instantáneamente frente a él.

-Si dejaras de ser tan irresponsable, quizá tendrías más energía para enfrentar las clases del día Sirius-Lo amonestó Remus, sin prestarle mayor atención, aunque no sin picardía en su lengua.

El chico lo miró estupefacto, alzando una ceja, pero entonces rompió a reír, sacudiéndose el cabello de la frente para poder observarlo mucho mejor. Remus le guiñó un ojo y, cuando los otros miembros de la pandilla estuvieron a punto de preguntarles acerca de tan extraño comportamiento, este no pudo evitar que sus orbes color avellana se dirigieran hacia otro lugar. En concreto hacia las puertas del Gran Comedor, por donde un muchacho con los estandartes de Slytherin recosidos en su vieja túnica escolar salía más que furibundo por entre las puertas del mismo. Parecía tan disgustado…

-Está raro-Comentó Lily, algo compungida por el aspecto desaliñado de su antiguo amigo. Aún no podía quitarse de la cabeza el día en que Severus se presentó en su jardín, bajo su ventana, sin aviso ninguno. Tanta sangre, tanto barro, tanta desesperación en su rostro…

Todavía se sentía culpable por no haber ido tras él. Por haber tenido la cobardía de…

"Sangre sucia".

Escocía… pensó, apenas reprimiendo una mueca de dolor con los labios.

-¿A quién le importa ese murciélago de las cavernas?-Interrumpió James, con toda la crueldad que pudo exprimir en su voz-Se lo merece, por capullo y por llamarte del modo en que lo hizo.

-¡James!-Espetó una furiosa pelirroja, golpeándolo en un brazo.

-¡Lily!-Soltó este, imitándola, mientras se untaba un panecillo con miel, despreocupado.

-Siempre ha sido así, no veo la diferencia-Participó Peter, engullendo toda la comida que le fue posible. El chico era un glotón insaciable.

-¡Peter, no acapares la mermelada, tío!-Se quejó Sirius, de fondo, arrebatándole su favorita.

Remus bajó la mirada hacia sus platos vacíos. De pronto, se le había cerrado el estómago. Algo en sus entrañas le advertía de que las cosas no iban bien con Snape. Sencillamente lo supo. No podía explicarlo, pero sabía que así era. Y no pudo obviarlo, no cuando las tripas se le retorcían de semejante manera, con dolorosa aprensión.

-Come-Escuchó que le decía James, presentándole otro plato de pastas a Remus, sin admitir un no por respuesta.

-Eres implacable, James-Sonrió este, poniendo los ojos en blanco y llevándose una a la boca.

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Horas después, Severus Snape todavía se hallaba más disgustado que nunca. Los profesores se habían negado totalmente a escucharlo y, ninguno de ellos, sin excepción, incluido el estúpido de Slughorn, habían querido proporcionarle más material de estudio. ¿Cómo podría alcanzar la grandeza si se le negaba el conocimiento requerido para ello? ¿Cómo podía ser el mejor mago de todos si todo el mundo se negaba a dejar que su prodigiosa mente desplegara sus alas? No podía creerlo.

"Malditos fueron todos los profesores de este colegio de vagos e ineptos", rechinó con odio.

-Severus-Lo saludó Lucius Malfoy, entrando como lo haría un rey por la hermosa entrada de la Sala Común de Slytherin, decorada con serpientes y gemas verdes, aproximándose al chico con paso grácil.

Severus lo ignoró, todavía rebuscando en su ajado maletín escolar. No tenía tiempo para todas las tonterías que quisieran ser escupidas por el presumido primogénito de los Malfoy.

-¿Un mal día, eh?-Tanteó el rubio de larga melena platinada, sentándose a un lado de Severus y colocando una pierna sobre la otra, elegante y peligroso como una serpiente al acecho-¿Otra vez te han molestado esos estúpidos sin cerebro ni utilidad de Gryffindor?-Preguntó, alzando una rubicunda ceja.

-¿Qué diablos quieres, Malfoy?-Le espetó, sacando una de sus plumas e inspeccionando la fina punta de la misma, como queriendo comprobar que no se había cargado la única que poseía al descargar su ira contra sus pertenencias.

Malfoy le agarró la muñeca y lo empujó hacia él. Lo miró muy de cerca, con aquellos fríos ojos como el hielo, grises como el acero y, arrebatándole la pluma, le susurró, diabólico:

-Solo me preocupo por ti, Severus-Dijo este, esbozando una mueca que poco tenía de fiable o de tranquilizante-Solo quiero ayudarte-Continuó-Y créeme, puedo hacerlo, amigo.

Severus intentó asirse del apretón en su muñeca, que más tarde seguramente ostentaría una marca rojiza en ella. No quería la ayuda de nadie; es más, no la necesitaba. Tras forcejear algo más, Malfoy finalmente lo dejó libre y lo observó alejarse hasta colocarse muy lejos en el sofá negro de la Sala Común, como repeliendo su digna presencia.

-¿No quieres escuchar mi oferta?-Le preguntó, acariciando con pausa su corbata de Slytherin y mirándolo atentamente. El veneno esperando a ser expulsado de sus labios finos y rosados.

-No-Espetó este, recogiendo su pluma y guardándola en su maletín, como queriendo marchar de allí cuanto antes.

Severus se puso en pie y pasó a un lado de Lucius, sin querer siquiera rozarlo con su túnica.

-Yo puedo darte el conocimiento que anhelas-Mencionó, mirándose las uñas con un repentino interés. Sus cutículas absolutamente perfectas, como su propia presencia.

Paró en seco.

-Tengo unas cuantas amistades aquí dentro en el colegio y en otras instituciones europeas que estarían sumamente interesadas en tu talento, Severus-Explicó, mirándolo directamente a los ojos-Créeme, podrían abrirte las puertas a todo lo que tú quisieras-Provocó-Sin límites, sin más restricciones puramente administrativas… te lo darían todo.

Como miel sobre hojuelas.

El chico reculó y se sentó en un sillón próximo al heredero Malfoy.

-¿A cambio de qué, Malfoy?-Exigió saber, repentinamente interesado en la propuesta de este.

-Lealtad a la Causa, amigo, lealtad... a la Causa-Sonrió Lucius, esbozando una sonrisa alargada y cínica, calculadora, más propia del gato de Cheshire que de un humano.

Porque la Causa era lo más importante de todo.

CONTINUARÁ…

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N/A:

Siento haber tardado tanto en actualizar, sin embargo, necesitaba un tiempo para reflexionar. Y es que, aunque los datos del fic me decían que había sido muy leído, estuve decepcionada al respecto del asunto de los comentarios, porque eran muy muy muy escasos. Dos capítulos, dos review. Y no lo entendía, porque además algunas personas (a las cuales les agradezco esto, del mismo modo que a las dos personas que se dignaron a dejarme un mensaje de ánimo), habían marcado el fic como favorito desde el primer capítulo, o bien lo habían puesto en seguimiento.

Así que no sabía muy bien qué hacer, porque yo consideraba (y sigo haciéndolo) que este fic, pese a no ser sobre una pareja canon o recurrente, tenía mucho potencial. Es decir, que es un buen fic, con una buena historia, con una buena gramática, con un buen hilo argumental, bien construido… Solo debemos pensar en cómo llegué a trabajarme naturalmente el hecho de que Remus y Severus se sentaran a trabajar juntos en Pociones, sin caer en lo trillado, por ejemplo. Es decir que, no sabía si debía continuar con el fic, pues estaba algo desilusionada.

Sin embargo, aquí he vuelto, porque sigo creyendo que aunque no sea un fic que directamente caiga en contenidos lemon o smut (que no tengo nada en contra de ello, ¡en absoluto!), o que recurra a argumentos y tramas manidas, es un fic que merece al menos una oportunidad. Por eso, me gustaría que se la dierais y que si leéis este fanfic, ya sea que os guste o no, dejéis un comentario. Porque de ello nos nutrimos los/as autores/as. Nos dan ánimos, nos dan fuerzas y, sobre todo, nos da un feedback sobre lo que pensáis al leer cada capítulo.

En cuanto al capítulo en sí mismo, he querido sacar una parte muy importante de este Remus en mi fic y, que es el hecho de que aunque sea un muchacho con muchas cicatrices, mantiene una vida y una sexualidad saludable, que dice mucho de cómo es él, realmente. Tan tranquilo y sosegado, tan calmado... Cosa que será importante de cara al desarrollo de Severus, que está absoluta y completamente reprimido. Es decir, tooooodo lo contrario a Remus.

Espero que os haya gustado. Un abrazo grande.

LadyYuukiBlack.