Author's note: Aquí tenéis otro capítulo de mi pequeña historia! Este capítulo es un poco más largo y aburrido, pero sirve para conocer las personalidad de ambos protagonistas. No he estado muy centrada a la hora de escribirlo (en parta por la falta de respuesta a los anteriores capítulos), pero lo he subido igual de animada! Gracias por leer a todos los que lo hagan y espero subir pronto otro capítulo más entretenido y emocionante! De nuevo, RK y sus personajes no me pertenecen por desgracia.


Capítulo 3:

Sanosuke volvió a cruzar por quinta vez consecutiva por el pasillo, mirando en dirección a las consultas de Traumatología. Rápidamente volvió a apartar la vista y se dio la vuelta con velocidad hasta su punto de partida, para volver a repetir la misma escena. Sin necesidad de darse la vuelta, el joven notó una presencia observándolo con curiosidad y lentamente se giró, esbozando una embarazosa sonrisa.

-¿Se puede saber qué estás haciendo, Sano? –una curiosa Kaoru se acercó sonriente a él, sus ojos dejando entrever una pequeña burla a su nuevo compañero.

-Yo… eh… estaba… -el chico se sonrojó un poco por la vergüenza, y Kaoru rió suavemente. –Sólo quería pasarme a pedir disculpas a Megumi por mi comportamiento, eso es todo. –dijo finalmente, mirando al suelo y frunciendo el entrecejo.

Kaoru volvió a reír y sacudió la cabeza, divertida por la situación. Desde que el lunes de la semana anterior Megumi le había comunicado que Sanosuke trabajaba en el hospital, pasaba sus ratos libres hablando con él junto a la máquina de café o en la cafetería. A pesar de lo que Megumi decía y pensaba de él, era un chico muy agradable y divertido, además de atractivo, aunque a Kaoru eso último le daba igual. La imagen de cierto pelirrojo vino a su mente y la chica se sonrojó levemente. Apartando su cabeza de esos pensamientos (a los que volvería más tarde) y volvió a sonreír a Sanosuke.

-¡Eso es tan amable de tu parte, Sano! Deberías de ir ya, antes de que se termine tu hora de descanso. –la chica intentó animarlo, dándole un empujoncito hacia el pasillo de Traumatología. –Ella admira mucho la gente que sabe disculparse a tiempo, ¡eso jugará una carta a tu favor a la hora de conquistarla! –exclamó emocionada.

-Pero yo no quiero conquistar a esa Vixen, solo quiero disculparme como buen caballero… -refunfuñó el moreno, metiendo las manos en los bolsillos de su bata blanca y alejándose de la joven. –Nos vemos luego, enana.

-Nos vemos luego, idiota. –contestó la chica, volviendo a sus quehaceres.

Tras comprobar que se encontraba solo en el pasillo de nuevo, Sanosuke se acercó lentamente al pasillo que había estado rondando durante una hora. No sabía muy bien por qué estaba actuando de esa forma tan estúpida, pero de verse actuar así le daban ganas de autocastigarse, no era nada propio de él actuar como un idiota. Megumi le imponía y se sentía intimidado ante su presencia, eso era todo. Ella era altiva y tan arrogante como él, y eso ponía de los nervios al joven. También era verdad que a Sanosuke le encantaba hacerle enfadar, porque eso hacía que sus mejillas se sonrojasen de la rabia, aunque luego pagase las consecuencias de sus actos con el ignoro de la chica.

Siguiendo con la conversación interna que estaba teniendo consigo mismo, Sanosuke se encontró enfrente de la puerta de la consulta de Megumi. El moreno dio un suspiro antes de tocar la puerta y esperar pacientemente a que ella le recibiese. Si no le pedía disculpas a Megumi, ésta no volvería a querer verlo, y si no quería volver a verlo, Sanosuke no podría volver a hacerle rabiar, así que tenía que disculparse sí o sí. Tal vez Kenshin había tenido algo de influencia, y la enana también, pero la decisión de invitarla a comer en la cafetería del hospital a modo de disculpa había sido sólo suya, y estaba bastante orgulloso de sí mismo por ser tan generoso con la Vixen.

-Adelante, pase. –dijo una voz femenina al otro lado de la puerta, haciendo que Sanosuke volviera a perder el hilo de sus pensamientos.

Entró con chulería y descaro, sin tan siquiera pararse a cerrar la puerta que justo acababa de abrir. Megumi podía sentir ya la sangre hirviendo en sus venas y sólo llevaba cinco segundos ante su presencia, y eso divertía al joven.

-Muy buenas tardes, Vixen. ¿Qué tal va tu día? ¿Has comido ya? –preguntó distraídamente, mientras paseaba la mirada por la habitación.

-Bastante bien hasta que tú has llegado, pero no hay días perfectos, ¿verdad? Ve al grano y dime qué es lo que quieres, te dije que no quería que me molestases más. –sentenció Megumi, volviendo la vista a los papeles que tenía enfrente suya.

-Venía a disculparme por lo que pasó el otro día, no pretendía molestarte y menos a costa de tu familia. Y en caso de que mis más sinceras disculpas no solucionen nada, quería invitarte a comer en la cafetería cuando sea tu hora del almuerzo. –dijo Sanosuke, mirando con gran interés sus zapatos y sintiendo la mirada de la Vixen clavada en su cabeza.

-No, gracias. Acepto tus disculpas y te lo agradezco, pero no puedo rebajarme a que me vean con semejante idiota en mitad de la cafetería. –contestó Megumi despectivamente, aunque aprovechando que Sanosuke no la estaba mirando esbozó una sonrisa burlona. –Tal vez para desayunar, que hay menos gente que me pueda ver relacionándome contigo…

Sanosuke levantó la vista de sus zapatos con rapidez y sonrió a Megumi. Ésta se sorprendió, puesto que no era la sonrisa arrogante que había visto en la boca del joven desde el primer momento que lo conoció. Lo observó levantarse con rapidez y bastante emocionado, como si le acabara de dar la mejor noticia del mundo.

-¡Vale, genial! Nos vemos mañana para desayunar entonces, Vixen. –dijo emocionado, saliendo con un gran estruendo.

Megumi volvió a bajar la vista a sus papeles, con una pequeña sonrisa en los labios. Kaoru ya le había advertido de las intenciones del chico, y no podía evitar comparar su emoción con la de un niño pequeño. "Ese estúpido cabeza de pollo…" pensó.

Mientras Sanosuke volvía a meter las manos en los bolsillos, con su característica sonrisa de nuevo en la cara, Aoshi salía de su despacho a por su café de siempre. La presencia del imponente y serio compañero de Megumi hizo que Sanosuke borrara la sonrisa de su cara y se parase en seco en mitad del pasillo. Ese tipo era demasiado serio para ser de su agrado, aunque Kaoru le había dicho que no era tan malo como creía. Éste sólo le dirigió una mirada que no sabía muy bien qué significaba, pero sabía que no era de aprecio, y siguió su camino. Cuando desapareció por el pasillo, Sanosuke retomó su marcha, de vuelta a su consulta. Si Aoshi lo detestaba a él, no se podía hacer una idea de cuán mutuo era el sentimiento.

Tras un largo día en la consulta, por fin llegó la hora de marcharse a casa para Megumi. La chica colgó la bata blanca en su perchero y cerró la puerta de su consulta, dejándolo todo listo para el próximo lunes. Después de que Sanosuke había decidido invitarla a desayunar al día siguiente, Megumi no había podido parar de reír al pensar que el pobre cabeza de pollo, por idiota, había olvidado que al día siguiente ninguno de los dos trabajaba. Sólo de imaginar la cara que pondría al darse cuenta, a Megumi le daban ganas de llorar de la risa.

La joven se llevó una sorpresa mientras seguía imaginando la divertida reacción de Sanosuke, y era que su hermana pequeña estaba sentada a la entrada del hospital, con su uniforme del colegio aún puesto y su mochila colgada en los hombros.

-¿Misao? –preguntó confusa. -¿Qué haces aquí? No sabía que ibas a venir de visita… -comenzó a decir Megumi, acercándose a su única hermana.

-Ese estúpido mandón se cree que puede seguir mandando sobre mí y estoy harta, HARTA Y MÁS QUE HARTA. –Misao cerró la distancia que le separaba de su hermana corriendo, y la abrazó fuertemente. –No quiero seguir con él y el maldito viejo que le da la razón en todo. Quiero vivir contigo, hermana… -Megumi podía sentir las lágrimas de su hermana comenzando a salir, y la abrazó con ternura.

-¿Por qué no vamos a mi casa y cuando estés más tranquila me cuentas qué ha pasado esta vez? –propuso Megumi, apartando a su hermana del abrazo para verle la cara mientras le sonreía, intentando tranquilizarla. –Aun no entiendo muy bien qué me quieres decir…

Misao asintió, secándose las lágrimas con la manga de su uniforme, y siguió a su hermana mayor hasta su coche. Desde que la madre de ambas chicas murió, su hermana Misao y su padre habían tenido peleas continúas que no habían hecho más que empeorar desde que Megumi no estaba en casa, por lo que no le sorprendió tanto ver a Misao esperándola en la entrada al hospital. Tanto padre como hija eran testarudos y con mucho carácter, y cada vez que peleaban tenía el efecto de una bomba que Megumi tenía que solucionar mediando entre los dos.

Nada más abrir la puerta de su apartamento, la hermana de Megumi se tiró rendida en el sofá y, con la cabeza hundida en uno de los cojines, comenzó a relatarle la última de sus peleas con su padre. La causa de esta vez habían sido las notas de Misao, cada vez más bajas. Su padre estaba cansado de su actitud y le había dado un discurso para que intentase cambiar de parecer y el viejo abuelo de las chicas se había puesto de parte de su nuero por primera vez, ya que éste siempre defendía a Misao.

-Ese maldito viejo de Okina siempre está de mi lado, y el muy idiota se ha puesto de lado de Hiko esta vez. Todos me odian en esa casa, no pienso volver ahí. –refunfuñó Misao, haciendo reír a su hermana.

-Tienes que volver. Tu lugar está con padre y el abuelo hasta que vayas a la universidad y luego… -empezó a decir Megumi, sabiendo que su papel de hermana mayor era importante.

-¡Pero es que no quiero ir a la universidad! Quiero heredar el restaurante del abuelo y quedarme ahí siempre. –protestó la versión más joven y cabezota de Megumi. –No me obligues a ir esta noche de vuelta a casa del ogro, Megumi por favor… -haciendo un puche con los labios, Misao abrazó a su hermana mayor, y ésta se dio por vencida.

-Sólo por esta noche… Pero tienes que avisar en casa y decir que vas a estar aquí y que mañana volverás sin falta, ¿entendido? –la pequeña de la familia asintió y cogió su teléfono móvil con pereza.

Mientras Megumi preparaba la cena, escuchaba con atención la conversación de su hermana con su abuelo, ya que la pequeña testaruda aún se negaba a hablar con su padre. A pesar de que se llevaban como perro y gato, no podían estar el uno sin el otro tampoco, y eso hacía feliz a Megumi. Le hacía pensar en su madre, y en lo que diría si viese a su obstinada hija pelear con su marido tan a menudo, e intentaba actuar como su madre haría, ofreciéndole apoyo a su hermana e intentando que su padre entrara en razón.

Cuando terminó de preparar la cena, Misao ya se encontraba vestida con uno de los pijamas que había robado a su hermana y que le quedaba gigante. Cenaron animadamente, con Megumi contándole las anécdotas de su día (incluida la anécdota de Sanosuke) y Misao quejándose del instituto y sus profesores. Al término de la noche, cuando Megumi se encontraba ya en su cama dispuesta a dormir, miró su teléfono móvil por última vez en el día y se sorprendió al ver un mensaje de texto de un número desconocido.

"MALDITA VIXEN, ¿POR QUÉ NO ME AVISASTE DE QUE MAÑANA ERA SÁBADO? Que sepas que soy un hombre que cumple sus promesas, y mañana a eso de las 10 estaré en la puerta de tu bloque esperándote para desayunar. Y de la misma forma que le he sacado a Kenshin tu número y dirección, puedo sonsacarle la puerta exacta, así que no me hagas esperar. Buenas noches, por cierto. Espero que este mensaje de texto te haya hecho despertar.

-Sanosuke."

-Estúpido gallito, cabeza de pollo… -murmuró Megumi, mientras cambiaba su alarma para estar lista por la mañana.


Author's note: Sí, por fín he desvelado la identidad del padre de Megumi y Misao! Siempre he creído que los tres tienen una personalidad muy parecida y creía correcto hacerlos familia. Una vez más, gracias por leer este capítulo y espero que dejéis algún comentario (aunque sea negativo). Un saludo y hasta el próximo!