El tormento de un caballero

3


Ino se había quedado dormida al fin, acurrucada a su lado, y él la arropó con las sábanas. Ya era entrada la noche y pensó que también debería dormir, por lo que dejó su libreta de dibujo a un lado de la cama. Desde que Ino había quedado embarazada y su cuerpo comenzó a lucirlo, Sai disfrutaba haciendo bocetos de ella y descubría los pequeños detalles que iban surgiendo.

Sai se levantó para cerrar la ventana y se detuvo a escudriñar el patio oscuro, hacia donde estaba el montículo de tierra removida, donde estaba enterrado el gatito negro. Esa tumba lo llamaba a menudo, a pesar que habían pasado semanas de su descubrimiento. Ino había plantado un par de cosmos sobre él pero aún no germinaban y no lograba tapar su culpa todavía.

—Ven a la cama, Sai, te ves espeluznante —lo dijo Ino con voz adormilada. Sai cerró la ventana y corrió las cortinas con suavidad. Luego fue a recostarse junto a ella, sin meterse bajo las sábanas. La miró en silencio y acarició su vientre, Ino sonrió entre sueños y se abrazó de él. Jamás había pensado que una barriguita lo haría tan feliz.

Pero no era lo suficiente para hacerlo conciliar el sueño. Entre más se apegaba a su hijo nonato, más soñaba sobre su pasado, asesinando sin discriminación. Fuera quien fuere. Adulto o niño. Cualquiera que Danzo considerara como amenaza, él iba y los aniquilaba. Pero él no era ese asesino de antes, había cambiado y se reencontraba con sus sentimientos. Ahora era capaz de sentir dolor y vergüenza por lo hecho.

Las horas pasaron tortuosamente lento y cuando el sol comenzaba a hacer acto de presencia, Sai se levantó de la cama, tomó café y preparó desayuno para Ino y para él. Mientras ella comía, él se bañaba y dejaba su cabeza bajo el chorro de agua largos minutos a la espera que eso le aliviara el dolor de cabeza que sentía. Necesitaba dormir pero no se sentía capaz. Decidió que iría al cuartel más temprano de lo acostumbrado a revisar casos y continuar con la indagatoria del gatito ahorcado.

—Aun no es tiempo que te vayas al trabajo —puntualizó Ino, asegurándose leyendo la hora en el reloj.

—No —le respondió, mientras terminaba de vestirse, sin secarse el pelo que caía largo sobre sus ojos—, es sólo que tengo mucho trabajo que hacer. —Ino quiso creerle pero notaba las ojeras bajo sus ojos negros, muy constantes últimamente.

—Está bien —refunfuñó.

Estuvo solo en la oficina cerca de una hora antes que alguien llegara y Sai ya había plagado su escritorio de evidencia y fotografías de escenas del crimen y cadáveres varios. Pero para su disconformidad, nada le hablaba de un malintencionado que ahorcara gatitos destetados y los colgara en casas ajenas.

—Quizás fue una tontería de un vecino —le comentó Shikamaru cuando se lo comentó.

—Una tontería bastante macabra —dijo Choji, un tanto preocupado. Shikamaru se quedó un tanto pensativo.

—Con tal que no vuelva a pasar algo parecido —dijo después y no hablaron más del tema. Sai les había pedido expresamente que no se hablara de aquello en presencia de su esposa, y la susodicha se les acercaba en ese preciso momento, por lo que el tema quedó zanjado.

Quizás si tan solo recordara a quién miraba en el espejo antes de cortarle el cuello sabría dónde buscar pero sólo Ino podría hacerlo recordar...

Por el rabillo del ojo vio una cabellera rubia caminar por el pasillo. Sai dejó los informes a un lado y vio que Ino había sido llamada al complejo de la policía. Estaba uniformada de la Hoja y aunque la chaqueta aún le cerraba, su embarazo precoz era visible. Verla ahí lo descolocó inmediatamente y dio zancadas enormes con tal de alcanzarla antes que entrara a una sala de interrogación. A Sai le urgió cogerla del brazo para impedirle seguir avanzando.

Ino le sonrió genuinamente feliz, sin notar su aprehensión.

—Qué haces aquí —dijo—, pensé que estarías en la Florería.

—La llamé yo —Sai miró a Ibiki para percatarse recién de su presencia—. Necesito su técnica en un testigo.

Pero todo lo que se veía en ese edificio eran crímenes, asesinatos y otras cosas espantosas. Sai se dirigió solamente a Ino, en voz baja.

—No creo que sea bueno para el bebé que estés aquí.

La rubia se rió, acariciándole una mejilla.

—Estará bien, esto lo he hecho muchas veces.

—Pero he leído… —Ella lo interrumpió.

—Sai, estará bien. Lo prometo.

Esta vez Ibiki intervino por ella.

—Tu esposa está embarazada, no enferma. Deja que se ponga a trabajar.

Sai apretó los labios y soltó su brazo. Ino le sonrió antes de meterse a la habitación y tras pensárselo un poco, entró detrás de ella sin pedir permiso. Simplemente se quedó en un costado, para mirar todo el proceso. Lo había visto muchas veces antes. Ino dejaba al sujeto en una especie de trance antes de entrar en sus recuerdos y se concentraba para buscar los recuerdos que necesitaba. Verla haciendo aquello lo hizo entrar en un estado ansioso y no se tranquilizó hasta que salió de la mente del testigo. Se notaba visiblemente más cansada pero para nada perturbada, le relató a Ibiki todo lo que había visto y dejó que éste anotara todo lo que decía. Tras ello, Sai se le acercó.

—Es muy lindo de tu parte la preocupación —le dijo Ino cuando salían juntos de la habitación—. Pero no es para tanto. —Ella suspiró—. Sólo necesito descansar un poco.

Sai la llevó a su escritorio para que se sentara. La resistencia de Ino ya se veía mermada y se notaba, por lo que se quedó junto a ella hasta que la vio mejor. Ella reía y él sonreía, la escuchaba y la acariciaba de vez en cuando. Todo parecía ir bien, Ino recobraba las energías y cuando se le acercó para despedirse, se quedó quieta cuando le rozó una sien. Tanto relajo lo había hecho olvidar lo sensible que quedaba tras cada sesión mental y se asustó cuando Ino se puso seria tras tocarlo.

—¿Ino? —No quería preguntar lo que había pasado, si había visto algo.

Su esposa demoró un momento en reacción y compuso una sonrisa tras un leve trance.

—Perdón —le dijo algo desconcentrada—. Yo no quise…

—Qué fue lo que hiciste, Ino —le preguntó sin más, más asustado que serio.

Ino se tocó la frente mientras apretaba los ojos.

—No lo sé. —Su perturbación parecía producirle dolor. Ino abrió los ojos cuando una arcada acudió a ella de manera inesperada y vomitó en el suelo de la oficina de Sai. Los subordinados de Sai no evitaron voltear la vista hacia ellos y una de ellos le acercó a Sai un par de pañuelos. Cuando su esposa levantó la vista, sus labios estaban mojados y su vista perdida—. Qué fue lo que hiciste, Sai… —le preguntó ella cuando el llanto acudió a ella—, eran niños, no más que niños…

El corazón de Sai se detuvo al escucharla y cuando recordó la presencia de su compañera de trabajo, le pidió que se marchara y que cerrara la puerta tras ella. Ino comenzó a llorar con las manos en su cara, sin mirarlo.

—Ese no era yo —atinó a decir—, no te conocía aún, no conocía a ninguno de ustedes…

—Te vi en el espejo, sé que eras tú —murmuró Ino y lo miró un momento, acariciándole una mejilla—. Oh, qué fue lo que te hicieron, Sai...


Nota de la autora: Hola, sigo sin poder continuar Después de la guerra y como me gustó escribir esto que es medio dark y con Ino embarazada, even better. Saludos.

RP.