-¡Examen sorpresa de Pociones!
Hermione, que esperaba a Harry y a Ron en la puerta de la clase, les señaló las letras que flotaban sobre la puerta:
La clase de hoy tendrá lugar
en la sala de laboratorios del quinto piso.
-¿Cómo sabes que hay examen? Falta mucho aún para que se acabe el curso.
-Es la sala donde hace siempre los exámenes Snape, y además amenazó con hacer esto el año pasado, ¿no os acordáis?
Ni Ron ni Harry se acordaban.
-¡Venga! ¡Llegamos tarde!
Cuando llegaron al laboratorio, ya había una cola muy larga de alumnos nerviosos, entre ellos Luna Lovejoy y Marta Iuso, que repasaban febrilmente con un extraño libro enrollado. El último de todos era, previsiblemente, Neville.
-¡Va a hacer examen individual! ¡De uno en uno! Hay que meterse con él en ese cuarto para que vigile que nadie ayuda a nadie y que no hay trampas.
Neville señaló una pequeña puerta negra: en ese momento salía de allí Parvati, con cara de no estar muy feliz.
-¿Qué voy a hacer? ¡Si no apruebo pociones, no pasaré el curso, y mi abuela pensará que soy un fracasado!- murmuró Neville.
-No te preocupes, Neville. Vamos a repasar un poco...
Hermione se puso al lado suyo, con el libro abierto. Harry y Ron se sentaron al fondo, aburridos. La gente entraba asustada a la pequeña puerta negra y algunos salían a punto de llorar. La cola se iba reduciendo, hasta que llegó el turno de Ron. Hermione y Neville seguían repasando, intentando aprovechar cada segundo.
-Deberíamos darles un rato más. ¿Pasamos nosotros?
-Bien, pero, ¿por qué no pasas tú primero, Harry? Te veo muy tranquilo.
-Sólo es un examen. Me da igual.
Ron puso cara de alivio y agradecimiento. Harry sonrió, y pasó por la pequeña puerta negra. Dentro, la habitación estaba oscura.
-Señor Potter. Siéntese. Observo que no ha traído su caldero.
Había dos sillas, con una pequeña mesa en medio, preparada para encender fuego. En otra mesa, había un muestrario de ingredientes para pociones.
-Lo siento, profesor. Lo olvidé.
Harry se sentó. Tan cerca de Snape, podía sentir el calor de su aliento.
-Puede usar este- murmuró con desaprobación Snape, alargándole uno.-Y ahora: elabore una poción para volver elástico el metal. No dispone de fuego malva, así que tiene que sustituirlo por fuego blanco. ¿Por dónde se empieza?
-Puedo convertir el fuego blanco en fuego rojo con el hechizo "Trucca Colora", y luego enfriar el fuego rojo con una pantalla de hielo.
Snape se acercó al Harry, y murmuró amenazante:
-Esos procesos no pertenecen a esta asignatura.
-Entonces no sé hacerlo, profesor. Recuerdo cómo elaborar la poción, pero no sé llevarla a cabo sin fuego malva.
Harry notaba en cada fibra de su cuerpo una especie de campo magnético que le hacía desear que la puerta negra no se abriera nunca.
-¿Qué se supone que debo hacer con usted, señor Potter?
-No lo sé, Severus.
La voz del chico sonaba sin rastro de desafío. Snape quedó paralizado por la sorpresa.
-No sé qué tienes que hacer conmigo, porque yo mismo no lo sé. He estudiado, he estudiado mucho, tienes que haberte dado cuenta, y ahora resulta que no puedo pasar por esta prueba...
-¡Señor Potter!- susurró alarmado Snape, para que no le oyeran los alumnos desde fuera- Le recuerdo que sigue siendo usted alumno mío. Las cosas que hayan sucedido fuera de aquí no cambian eso.
-Sí lo cambian, profesor. No voy a llamarte por tu nombre si no quieres, pero tú me has salvado la vida cinco veces, hemos sido compañeros en la órden del Fénix, y hemos vivido cosas que muy poca gente puede comprender. ¿Por qué sigues tratándome como a un niño caprichoso?
Snape se sentó, y guardó silencio durante un rato.
-No eres como tu padre, Harry. El sólo se mezclaba con los más brillantes, con los más admirados. Tú has podido formar parte de grupos deslumbrantes, pero has elegido ser fiel a ese Weasley, a Longbottom... Hace tiempo que sé que no eres como él, aunque parezcas igual de arrogante...
Harry tuvo el impulso de defender a su padre, pero recordó lo que había visto una vez en el pensadero de Snape durante sus clases de oclumancia: James Potter, para Snape, fue tan malo como Draco podía serlo para Harry.
-... sé que no eres como él.
Lo dijo casi con ternura. Snape pareció detenerse en esas palabras, con la mirada fija en algún punto de la habitación. Harry observó el gesto cansado de su rostro, su expresión reflexiva y carente de ira. Pero cuando volvió a hablar, su tono había cambiado por completo.
-... y sin embargo, señor Potter, mientras siga usted siendo alumno mío, tendré que tratarle como tal.
-¿Sólo se trata de eso? Pues me parece un problema de muy fácil solución. Desde este momento abandono los estudios.
---oooOOOooo---
-¿Estás loco? ¿Estás completamente loco? ¿Estás más que rematadamente loco?
-Harry, Hermione quiere decir que si estás seguro de lo que has hecho.
-Pues... creo que sí, chicos. Me siento bastante tranquilo, así que creo que eso significa que he hecho lo correcto.
-Pero, Harry, ¿qué trabajo vas a poder tener sin los EXTASIS? Ni siquiera te querrán como secretaria de Cedric en el ministerio.
-¿Pero qué tonterías dices, Hermione?- se enfureció Ron- ¿cómo que secretaria?
-Es una manera de hablar. Quiero decir que no vas a poder ser auror, como querías.
-Hermione, llevo siete años luchando contra Voldemort y sus seguidores, y no había pasado ningún examen. Si llega la ocasión de volver a enfrentarme con él, o con otros como él, sabré hacerlo.
Los tres chicos guardaron silencio durante un momento.
-Mira Fred y George- dijo Ron. –No necesitaron terminar sus exámenes, y se ganan muy bien la vida.
-Tienes razón, Harry. Me imagino que hay un montón de cosas que puedes hacer. Pero es que me da pena que te vayas.
-Hermione, ¿recuerdas que somos magos? Gracias a los polvos flu, podremos vernos cada día, si queremos. Además, tengo pensado solicitar un puesto muy cerca de aquí.
-¿Aquí cerca? ¿Dónde,Harry? No sabía que tuvieras ya algo en la cabeza.
-Lo tengo, Ron. Todo el día.
Cuando Harry se alejó, con la cabeza volando con los pájaros, Hermione le susurró a Ron:
-Esto es el ardentus, Ron, te lo dije. ¿No vamos a hacer nada?
Ron no tuvo más remedio que irse con ella a la biblioteca, donde estuvieron hasta que se hizo de noche.
---oooOOOooo---
Sione Snape estaba contemplando las estrellas desde el balcón de la habitación de su hermano, en la vertical de la torre que albergaba en sus sótanos la casa de Slytherin, pero lo suficientemente lejos como para que no molestaran los ruidos de los estudiantes. Contemplaba la inmensidad del cielo, y jugaba a inventarse nuevas agrupaciones de estrellas y a darle un nombre a esas formas.
-¿No tienes frío?- preguntó una voz a su espalda.
-Ya sabes que no, hermanito.
Sione se dio la vuelta y cogió la mano de Severus. Este hizo un movimiento reflejo de rechazo, pero ella le retuvo.
-Ya sé, ya sé. No es fácil convivir con el tacto, y con el propio cuerpo, ¿verdad? Nuestros padres no nos educaron para que nos abrazara nadie.
-Ya sé que debiste pasarlo mal.
-Y yo sé que tú también sufriste, Severus, quizá más que yo, además, pasaste demasiado tiempo puesto a prueba como mortífago, con todo lo que eso significa Y veo que aún hay mucho de ese dolor en ti.
Snape guardó silencio, y pareció pensativo.
-A veces he sentido... bueno, cosas. Pero hace mucho tiempo ya que he conseguido dominar completamente esos... impulsos.
-No me lo creo. Puede que hayas conseguido que tu mente sea más fuerte que los instintos, y ya sé que conoces los medios. Pero no es eso lo más importante, Severus. El enemigo al que has dedicado tu vida ha muerto, y tú lo sabes. Y ahora, ¿qué va a hacer, Severus, sin nadie contra quien luchar? ¿Quién va a llenar tu vida? No se puede vivir sin querer, sin que te quieran.
-Pero yo te... quiero y, también a algunos amigos...
-¿Y tú crees que ellos lo saben? Es indudable que Dumbledore te aprecia, pero, ¿se lo has dicho alguna vez?
Severus volvió a sumergirse en el silencio. Se estremeció cuando su hermana lo envolvió en un abrazo.
-El cuerpo, hermano, el cuerpo. Siéntelo. Déjate llevar un poco por él.
Sione notó como Severus conseguía perder algo de la rigidez que solía tener.
-Ya sé que tu mente es magnífica y exacta, que eres capaz de grandes cosas, que has sido tentado y puesto a prueba y has escogido el lado más difícil. Pero, ¿para quién lo has hecho? ¿a quien le vas a dar todo lo que has conseguido? No te engañes, hermano. Nadie vive sólo para sí mismo.
Sione besó la frente de Severus, que se sorprendió al notar el tacto de esa piel fina y cálida en la suya.
-A veces pienso que me he perdido... cosas.
-Nunca es tarde, nunca...
Los ojos de Sione se apagaron y estuvo a punto de caer al suelo. Severus la sujetó a tiempo, y la sacudió hasta que volvió a abrir los ojos.
-¿Te has tomado la poción?
-Sí, sí, sólo es un poco de vértigo. Me pasa a veces, forma parte del juego.
Severus le trajo una manta para cubrirle los hombros, hizo brotar una pequeña hoguera del aire, le dio a beber un líquido espeso y plateado, y consiguió que se le pasara la palidez.
-Me alegro mucho de que estés conmigo.
---oooOOOooo---
-¿Quieres una jarra de cerveza de mantequilla? -Sí, por favor.
Harrry estaba sentado en el despacho de Dumbledore. Mientras este descorchaba un par de botellas doradas, Harry se entretenía en mirar la maqueta de una isla que había sobre la mesa. Quizá no fuera exactamente una maqueta, ya que el mar se movía lentamente, como si fuera de mercurio, y por la tierra se veía, de vez en cuando, pasar algún animal.
-Harry, ya sé que hace mucho tiempo que no eres un niño, y también sé que la señorita Granger te habrá explicado todos los posibles inconvenientes de tu decisión, así que no voy a preguntarte si está seguro de ella. Sé que podrías desenvolverte perfectamente en la vida sin tus EXTASIS, y también sé que si en cualquier momento de tu vida decidieras volver a estudiar, podrías hacerlo. Te he llamado, al enterarme de la noticia, para saber si hay algo que yo pueda hacer por ti.
Harry se quedó, una vez más, admirado por la actitud siempre positiva de su sabio maestro.
-Profesor, hay una cosa. Quisiera saber si están pensando en contratar a alguien para sustituir al vie... al señor Filch, ahora que se ha jubilado.
Dumbledore pareció sorprendido, pero sólo durante unos segundos..
-¿Quieres ser el vigilante nocturno de Hogwarths, Harry? Pero tú podrías encontrar empleos mucho mejores.
-Tengo mis razones, profesor. Y también creo ser muy adecuado para el puesto.
-La verdad es que estaba disfrutando de esta ausencia de vigilancia nocturna, aunque muy poca gente parece haberla aprovechado. Pero si ese es tu deseo, Harry, que así sea. Trabajarás como vigilante nocturno de pasillos hasta que encuentres un trabajo más adecuado a ti.
Dumbledore quedó sumido en uno de sus habituales despistes mientras contemplaba el modelo de la isla, donde algunas cosas parecían estar cambiando lentamente de color.
-Muchas gracias, profesor.
-Ah, Harry, otra cosa...
Dumbledore le miró directamente a los ojos.
-Me alegro mucho de que hayas decidido quedarte por aquí.
Hermione, que esperaba a Harry y a Ron en la puerta de la clase, les señaló las letras que flotaban sobre la puerta:
La clase de hoy tendrá lugar
en la sala de laboratorios del quinto piso.
-¿Cómo sabes que hay examen? Falta mucho aún para que se acabe el curso.
-Es la sala donde hace siempre los exámenes Snape, y además amenazó con hacer esto el año pasado, ¿no os acordáis?
Ni Ron ni Harry se acordaban.
-¡Venga! ¡Llegamos tarde!
Cuando llegaron al laboratorio, ya había una cola muy larga de alumnos nerviosos, entre ellos Luna Lovejoy y Marta Iuso, que repasaban febrilmente con un extraño libro enrollado. El último de todos era, previsiblemente, Neville.
-¡Va a hacer examen individual! ¡De uno en uno! Hay que meterse con él en ese cuarto para que vigile que nadie ayuda a nadie y que no hay trampas.
Neville señaló una pequeña puerta negra: en ese momento salía de allí Parvati, con cara de no estar muy feliz.
-¿Qué voy a hacer? ¡Si no apruebo pociones, no pasaré el curso, y mi abuela pensará que soy un fracasado!- murmuró Neville.
-No te preocupes, Neville. Vamos a repasar un poco...
Hermione se puso al lado suyo, con el libro abierto. Harry y Ron se sentaron al fondo, aburridos. La gente entraba asustada a la pequeña puerta negra y algunos salían a punto de llorar. La cola se iba reduciendo, hasta que llegó el turno de Ron. Hermione y Neville seguían repasando, intentando aprovechar cada segundo.
-Deberíamos darles un rato más. ¿Pasamos nosotros?
-Bien, pero, ¿por qué no pasas tú primero, Harry? Te veo muy tranquilo.
-Sólo es un examen. Me da igual.
Ron puso cara de alivio y agradecimiento. Harry sonrió, y pasó por la pequeña puerta negra. Dentro, la habitación estaba oscura.
-Señor Potter. Siéntese. Observo que no ha traído su caldero.
Había dos sillas, con una pequeña mesa en medio, preparada para encender fuego. En otra mesa, había un muestrario de ingredientes para pociones.
-Lo siento, profesor. Lo olvidé.
Harry se sentó. Tan cerca de Snape, podía sentir el calor de su aliento.
-Puede usar este- murmuró con desaprobación Snape, alargándole uno.-Y ahora: elabore una poción para volver elástico el metal. No dispone de fuego malva, así que tiene que sustituirlo por fuego blanco. ¿Por dónde se empieza?
-Puedo convertir el fuego blanco en fuego rojo con el hechizo "Trucca Colora", y luego enfriar el fuego rojo con una pantalla de hielo.
Snape se acercó al Harry, y murmuró amenazante:
-Esos procesos no pertenecen a esta asignatura.
-Entonces no sé hacerlo, profesor. Recuerdo cómo elaborar la poción, pero no sé llevarla a cabo sin fuego malva.
Harry notaba en cada fibra de su cuerpo una especie de campo magnético que le hacía desear que la puerta negra no se abriera nunca.
-¿Qué se supone que debo hacer con usted, señor Potter?
-No lo sé, Severus.
La voz del chico sonaba sin rastro de desafío. Snape quedó paralizado por la sorpresa.
-No sé qué tienes que hacer conmigo, porque yo mismo no lo sé. He estudiado, he estudiado mucho, tienes que haberte dado cuenta, y ahora resulta que no puedo pasar por esta prueba...
-¡Señor Potter!- susurró alarmado Snape, para que no le oyeran los alumnos desde fuera- Le recuerdo que sigue siendo usted alumno mío. Las cosas que hayan sucedido fuera de aquí no cambian eso.
-Sí lo cambian, profesor. No voy a llamarte por tu nombre si no quieres, pero tú me has salvado la vida cinco veces, hemos sido compañeros en la órden del Fénix, y hemos vivido cosas que muy poca gente puede comprender. ¿Por qué sigues tratándome como a un niño caprichoso?
Snape se sentó, y guardó silencio durante un rato.
-No eres como tu padre, Harry. El sólo se mezclaba con los más brillantes, con los más admirados. Tú has podido formar parte de grupos deslumbrantes, pero has elegido ser fiel a ese Weasley, a Longbottom... Hace tiempo que sé que no eres como él, aunque parezcas igual de arrogante...
Harry tuvo el impulso de defender a su padre, pero recordó lo que había visto una vez en el pensadero de Snape durante sus clases de oclumancia: James Potter, para Snape, fue tan malo como Draco podía serlo para Harry.
-... sé que no eres como él.
Lo dijo casi con ternura. Snape pareció detenerse en esas palabras, con la mirada fija en algún punto de la habitación. Harry observó el gesto cansado de su rostro, su expresión reflexiva y carente de ira. Pero cuando volvió a hablar, su tono había cambiado por completo.
-... y sin embargo, señor Potter, mientras siga usted siendo alumno mío, tendré que tratarle como tal.
-¿Sólo se trata de eso? Pues me parece un problema de muy fácil solución. Desde este momento abandono los estudios.
---oooOOOooo---
-¿Estás loco? ¿Estás completamente loco? ¿Estás más que rematadamente loco?
-Harry, Hermione quiere decir que si estás seguro de lo que has hecho.
-Pues... creo que sí, chicos. Me siento bastante tranquilo, así que creo que eso significa que he hecho lo correcto.
-Pero, Harry, ¿qué trabajo vas a poder tener sin los EXTASIS? Ni siquiera te querrán como secretaria de Cedric en el ministerio.
-¿Pero qué tonterías dices, Hermione?- se enfureció Ron- ¿cómo que secretaria?
-Es una manera de hablar. Quiero decir que no vas a poder ser auror, como querías.
-Hermione, llevo siete años luchando contra Voldemort y sus seguidores, y no había pasado ningún examen. Si llega la ocasión de volver a enfrentarme con él, o con otros como él, sabré hacerlo.
Los tres chicos guardaron silencio durante un momento.
-Mira Fred y George- dijo Ron. –No necesitaron terminar sus exámenes, y se ganan muy bien la vida.
-Tienes razón, Harry. Me imagino que hay un montón de cosas que puedes hacer. Pero es que me da pena que te vayas.
-Hermione, ¿recuerdas que somos magos? Gracias a los polvos flu, podremos vernos cada día, si queremos. Además, tengo pensado solicitar un puesto muy cerca de aquí.
-¿Aquí cerca? ¿Dónde,Harry? No sabía que tuvieras ya algo en la cabeza.
-Lo tengo, Ron. Todo el día.
Cuando Harry se alejó, con la cabeza volando con los pájaros, Hermione le susurró a Ron:
-Esto es el ardentus, Ron, te lo dije. ¿No vamos a hacer nada?
Ron no tuvo más remedio que irse con ella a la biblioteca, donde estuvieron hasta que se hizo de noche.
---oooOOOooo---
Sione Snape estaba contemplando las estrellas desde el balcón de la habitación de su hermano, en la vertical de la torre que albergaba en sus sótanos la casa de Slytherin, pero lo suficientemente lejos como para que no molestaran los ruidos de los estudiantes. Contemplaba la inmensidad del cielo, y jugaba a inventarse nuevas agrupaciones de estrellas y a darle un nombre a esas formas.
-¿No tienes frío?- preguntó una voz a su espalda.
-Ya sabes que no, hermanito.
Sione se dio la vuelta y cogió la mano de Severus. Este hizo un movimiento reflejo de rechazo, pero ella le retuvo.
-Ya sé, ya sé. No es fácil convivir con el tacto, y con el propio cuerpo, ¿verdad? Nuestros padres no nos educaron para que nos abrazara nadie.
-Ya sé que debiste pasarlo mal.
-Y yo sé que tú también sufriste, Severus, quizá más que yo, además, pasaste demasiado tiempo puesto a prueba como mortífago, con todo lo que eso significa Y veo que aún hay mucho de ese dolor en ti.
Snape guardó silencio, y pareció pensativo.
-A veces he sentido... bueno, cosas. Pero hace mucho tiempo ya que he conseguido dominar completamente esos... impulsos.
-No me lo creo. Puede que hayas conseguido que tu mente sea más fuerte que los instintos, y ya sé que conoces los medios. Pero no es eso lo más importante, Severus. El enemigo al que has dedicado tu vida ha muerto, y tú lo sabes. Y ahora, ¿qué va a hacer, Severus, sin nadie contra quien luchar? ¿Quién va a llenar tu vida? No se puede vivir sin querer, sin que te quieran.
-Pero yo te... quiero y, también a algunos amigos...
-¿Y tú crees que ellos lo saben? Es indudable que Dumbledore te aprecia, pero, ¿se lo has dicho alguna vez?
Severus volvió a sumergirse en el silencio. Se estremeció cuando su hermana lo envolvió en un abrazo.
-El cuerpo, hermano, el cuerpo. Siéntelo. Déjate llevar un poco por él.
Sione notó como Severus conseguía perder algo de la rigidez que solía tener.
-Ya sé que tu mente es magnífica y exacta, que eres capaz de grandes cosas, que has sido tentado y puesto a prueba y has escogido el lado más difícil. Pero, ¿para quién lo has hecho? ¿a quien le vas a dar todo lo que has conseguido? No te engañes, hermano. Nadie vive sólo para sí mismo.
Sione besó la frente de Severus, que se sorprendió al notar el tacto de esa piel fina y cálida en la suya.
-A veces pienso que me he perdido... cosas.
-Nunca es tarde, nunca...
Los ojos de Sione se apagaron y estuvo a punto de caer al suelo. Severus la sujetó a tiempo, y la sacudió hasta que volvió a abrir los ojos.
-¿Te has tomado la poción?
-Sí, sí, sólo es un poco de vértigo. Me pasa a veces, forma parte del juego.
Severus le trajo una manta para cubrirle los hombros, hizo brotar una pequeña hoguera del aire, le dio a beber un líquido espeso y plateado, y consiguió que se le pasara la palidez.
-Me alegro mucho de que estés conmigo.
---oooOOOooo---
-¿Quieres una jarra de cerveza de mantequilla? -Sí, por favor.
Harrry estaba sentado en el despacho de Dumbledore. Mientras este descorchaba un par de botellas doradas, Harry se entretenía en mirar la maqueta de una isla que había sobre la mesa. Quizá no fuera exactamente una maqueta, ya que el mar se movía lentamente, como si fuera de mercurio, y por la tierra se veía, de vez en cuando, pasar algún animal.
-Harry, ya sé que hace mucho tiempo que no eres un niño, y también sé que la señorita Granger te habrá explicado todos los posibles inconvenientes de tu decisión, así que no voy a preguntarte si está seguro de ella. Sé que podrías desenvolverte perfectamente en la vida sin tus EXTASIS, y también sé que si en cualquier momento de tu vida decidieras volver a estudiar, podrías hacerlo. Te he llamado, al enterarme de la noticia, para saber si hay algo que yo pueda hacer por ti.
Harry se quedó, una vez más, admirado por la actitud siempre positiva de su sabio maestro.
-Profesor, hay una cosa. Quisiera saber si están pensando en contratar a alguien para sustituir al vie... al señor Filch, ahora que se ha jubilado.
Dumbledore pareció sorprendido, pero sólo durante unos segundos..
-¿Quieres ser el vigilante nocturno de Hogwarths, Harry? Pero tú podrías encontrar empleos mucho mejores.
-Tengo mis razones, profesor. Y también creo ser muy adecuado para el puesto.
-La verdad es que estaba disfrutando de esta ausencia de vigilancia nocturna, aunque muy poca gente parece haberla aprovechado. Pero si ese es tu deseo, Harry, que así sea. Trabajarás como vigilante nocturno de pasillos hasta que encuentres un trabajo más adecuado a ti.
Dumbledore quedó sumido en uno de sus habituales despistes mientras contemplaba el modelo de la isla, donde algunas cosas parecían estar cambiando lentamente de color.
-Muchas gracias, profesor.
-Ah, Harry, otra cosa...
Dumbledore le miró directamente a los ojos.
-Me alegro mucho de que hayas decidido quedarte por aquí.
