Pues parece que he tenido otro hueco y he podido actualizar, de modo que aquí tenéis nuevo cap. ¡Hora de que entren los chicos en acción!
Caminar nunca le había resultado tan difícil como en esos momentos. Cada paso hacía que su cuerpo protestara por cada magulladura, por cada herida, pero intentaba contener el dolor como buenamente podía. Primero un pie, luego el otro, y vuelta a empezar; concentrándose sólo en cada paso que daba. Así lograba avanzar, apoyado como buenamente podía en su compañero, mientras que éste hacía lo propio. Eran casi como un castillo de naipes, si uno de los dos perdía pie, el otro caería sin remedio.
─Vamos Lysandro, ya casi estamos ─masculló el chico de cabello negro con los dientes apretados.
Lysandro le conocía de cruzárselo alguna que otra vez. Sabía que respondía al nombre de Armin, pero desconocía el motivo por el que lo habían internado en Bird's Cage. Sabía que en aquel hospital había pacientes bastante peligrosos, pero teniendo en cuenta que en su planta no había nadie con trastornos psicológicos graves daba por sentado que no tendría alguna patología. A ese tipo de personas los mandaban a la planta más alta, zona a la que nunca se había acercado.
A él lo habían internado por amnesia. No recordaba nada cuando despertó bajo las pálidas luces de una cama de hospital, sólo su nombre. Por eso lo habían enviado a aquel sanatorio, con la esperanza de que se recuperara. Llevaba poco tiempo en él, cuestión de dos semanas. Pero ahora sabía que, si tenía alguna persona fuera de aquel lugar, era muy posible que estuviera muerta. Nunca podría recuperar sus recuerdos, tendría que vivir como alguien sin pasado.
Ambos caminaban por las escaleras, cuidando dónde pisaban. No sabían qué hacer, a dónde ir, sólo que era mejor alejarse de aquel edificio, por si le daba por derrumbarse y los aplastaba entre escombros. El mundo exterior, de todos modos, era igual de terrible. Lysandro se encontró a si mismo pensando que, quizás, hubiera sido mejor que hubiera muerto durante aquella explosión en vez de tener que enfrentarse a todo aquello.
De repente, Armin se detuvo, los ojos abiertos, completamente tenso. Se agachó un poco, haciendo que él lo imitara.
─¿Has escuchado eso? ─murmuró ─Parece que hay alguien. ¿Y si tienen armas? Tenemos que buscar una opción de huída o un sitio desde el que podamos observarles y tratar de atacarles si...
─¿Qué estás diciendo? ─el chico lo miró, desconcertado.
─Nuestra maniobra de ataque ─el rostro de Armin comenzaba a parecer febril ─Sí, en ese juego se hacía así... y en aquel... ─sus manos comenzaron a temblar, como si estuviera pulsando teclas imaginarias.
Lysandro no pudo menos que sentir curiosidad ante aquel comportamiento tan extraño, pero se cuidó de no decir nada. A fin de cuentas no quería parecer descortés preguntándole el motivo de sus actos.
─Si hay alguien es posible que esté herido, como nosotros ─habló en tono conciliador, intentando calmar a su compañero ─Quizás incluso puede que necesite ayuda. Nosotros estamos mal, pero tampoco hemos sufrido heridas importantes. Además, si nosotros hemos sobrevivido, es más que posible que alguien más lo haya hecho.
Armin asintió, comenzando a temblar mientras que en sus ojos se instalaba una mirada perdida. Siguió a duras penas a Lysandro, que caminó apoyándose en las paredes con cuidado, temiendo provocar su derrumbe. Bajaron unos cuantos escalones y al final de aquella bajada, en el punto donde la escalera hacía una curva, descubrieron a tres chicas; dos de las cuales llevaban a una entre ellas, como si no pudiera andar.
─¡Avna, Weasel, hay más gente! ─exclamó la chica que se encontraba entre las dos, la cual había girado la cabeza justo en el momento en que los chicos entraron en su campo de visión.
─No me jodas ─una de ellas, la pelirroja, la soltó con bastante poca delicadeza y se volvió, mirándoles con frialdad ─¿Más gente?
─Ni que tuviéramos la peste ─Armin parecía encontrarse mejor, viendo como intentaba bromear.
─¡Cierra el pico, Weasel! Más bien la peste la tiene ella ─la otra chica, la del pelo morado, no soltaba a la morena, que se aferraba a ella para no caer hasta el suelo ─Veo que también sois pacientes. Ni que sólo hubiéramos sobrevivido los chalados.
─Tal vez queden más ─Lysandro se acercó a ellas con precaución. No las había visto nunca por su zona del psiquiátrico, de modo que bien podían ser algunas de esas pacientes peligrosas. Actuar con calma y tacto era lo primordial ─Quizás deberíamos buscar supervivientes.
Weasel no dijo nada, pero compuso una expresión de supremo desprecio que, por suerte, ninguno de los chicos vio, aunque Avna la pilló de pleno.
─¿Quieres hacerme el puto favor de ayudarme con Karim? ─le espetó. La pelirroja bufó y, no de muy buenas maneras, sujetó el brazo libre de la chica.
─Íbamos a la sala de suministros para intentar curarme la pierna ─la supuesta Karim habló con algo de recelo hacia los chicos ─Tal vez puedas ayudarlas a cargar conmigo.
─De eso nada, yo me basto sola ─Weasel intentó comenzar a caminar, pero no era alguien precisamente fuerte. Dio dos pasos antes de que sus pies comenzaran a flaquear, pero terca como era, siguió avanzando. O al menos eso quiso hacer, pues de repente notó como el brazo de Karim desaparecía de sus hombros. Se giró, encontrándose con el chico de pelo blanco, el cual había tomado su lugar.
─No voy a dejar que te hagas daño por terca, bastantes heridos tenemos ya.
─¡Alguien que por fin la deja callada! ─exclamó Avna poniendo los ojos en blanco, logrando que Armin se riera ─A todo esto, ¿quiénes sois vosotros?
─Yo me llamo Armin, y mi compañero es Lysandro ─repuso el moreno intentando sonar animado, pero le costaba concentrarse.
─Dos dolores de cabeza más ─masculló Weasel mientras comenzaba a caminar, dirigiendo a aquella peculiar comitiva.
Ella y Eider casi no se tenían en pie cuando avistaron la puerta del almacén. De hecho, en el caso de Eider, eran sus brazos los que ya no podían más. El esfuerzo de arrastrarse estaba destrozando sus músculos, poco acostumbrados a aquel peculiar movimiento. Ella había intentado ayudarla, pero al final había tenido que desistir si quería conservar fuerzas para las horas siguientes. El temor a un ataque nuclear no se le iba de la cabeza, y era más que consciente de que cada segundo que pasaban se iban envenenando más y más. Quizás aún no hubieran absorbido radiación suficiente, pero de ser así, en unos días notarían los efectos... para luego morir convertidas en charcos de sangre.
"Espero que todo esto no acabe en una muerte por exposición a la radiación" pensaba mientras caminaba. Eider la seguía, como si ella fuera una especie de faro que le estuviera marcando el camino que debía tomar. No pudo evitar soltar un suspiro de alivio cuando finalmente se detuvieron ante la puerta, la cual parecía haber resistido bastante bien el ataque.
Rafaella fue a abrirla, pero en su lugar, se quedó quieta, petrificada. Eider notó la preocupación subirle por la garganta como si fuera bilis.
─¿Qué ocurre? ─preguntó.
─La puerta está abierta ─murmuró ─Y no está abierta por la explosión o similar. La han abierto, la llave está quitada.
Con cuidado movió la puerta unos centímetros, temiendo lo que pudiera encontrarse dentro. Sin embargo, cuando la luz exterior iluminó aquella pequeña estancia, se encontró con tres chicos, tan desastrados como ellas, que parecían buscar algo entre los suministros. Uno de ellos era pelirrojo y llevaba el clásico uniforme oscuro que distinguía a los vigilantes del hospital. Los otros dos portaban atuendos blancos, los que llevaban los médicos que trabajaban allí, lo que explicaba el que la puerta estuviera abierta. Alguno de ellos tendría la llave y no había tenido más que girar la cerradura y entrar.
De repente, el chico pelirrojo se volvió hacia ellas y las observó entre sobresaltado y alerta. Los otros dos hicieron lo mismo, por lo que Ella, intentando prevenir problemas. alzó ambas manos.
─Somos personal del hospital ─quiso dejar claro que ninguna de ellas era una paciente por si acaso pensaban que podían atacarles. A fin de cuentas conocía el historial de muchos de ellos; sabía que una de las internas incluso había matado a su hermana con sus propias manos ─Tranquilos.
─Menos mal, llegáis a ser unas de esas locas y os mando lejos de aquí a la de ya ─espetó el pelirrojo.
─Espera, ¿Castiel? ─Eider se apoyó en Ella como pudo, intentando incorporarse un poco ─¿Tú también has sobrevivido?
─¿Lo conoces? ─inquirió Rafaella.
─Por supuesto, trabajaba como vigilante en el turno de noche. Es lo que tiene haber trabajado de conserje, conoces a casi todo el mundo.
─Si no hubiera sobrevivido no estaría aquí con estos dos pusilánimes, ¿no? ─inquirió el chico, logrando que los otros dos le lanzaran miradas de reproche.
─Perdón por haberte ayudado a salir de ese montón de escombros ─repuso el que tenía el pelo castaño ─También podríamos haberte dejado allí para que te pudrieras.
─Claro Kentin, te debo la vida, no te jode ─el aludido no parecía muy contento ─De verdad que no os tendríais que haber molestado, ahora no tendría que soportaros.
─Vale ya ─el chico rubio tampoco parecía demasiado feliz, viendo la expresión de su rostro ─¿Estáis heridas? No llevo mucho aquí, pero aún tengo frescas las lecciones de la carrera.
─Yo no, pero Eider sí ─Ella señaló hacia la joven, que había vuelto a dejarse caer, vencida por el dolor ─Tienes los pies llenos de cristales y temo que quizás se le infecten. De hecho veníamos hacia aquí con la intención de curarla. La verdad es que tu ayuda no me vendría mal... ─dejó el final de la frase en el aire, como esperando a que él se presentara. A fin de cuentas ya había escuchado los nombres de los otros dos.
─Nathaniel ─se presentó el chico.
─Yo soy Ella ─añadió.
Los otros dos chicos ayudaron a Eider a subirse a una mesa, donde la sentaron con las piernas estiradas. Ella y Nathaniel, armados con pinzas, fueron sacando cada esquirla que tenía clavada, aunque con la poca luz que había, iban más despacio de lo esperado. Podían llevar ya media hora cuando el sonido de unos pasos erráticos hizo que se tensaran
Al instante, una silueta se recortó contra la puerta. Era una chica pelirroja, seguida de un grupo bastante variopinto. Todos ellos iban vestidos con el atuendo de los pacientes, cosa que hizo que Castiel se tensara. Reconocía a alguna de esas chicas, de hecho a una de ellas la atrapó una vez golpeando a un celador con saña mientras decía algo relacionado con unas voces que la obligaban a hacer eso.
─Mierda ─dijo la pelirroja ─Éramos pocos y parió la abuela.
Les costó un buen rato conseguir hablar entre ellos sin atacarse. El grupo de "pacientes" no estaba muy por la labor de mostrarse amistoso, sobre todo las tres chicas, aunque al final, Lysandro y Armin lograron convencerlas de que quizás haberse encontrado con personal del hospital era incluso mejor.
─Ellos pueden ayudarnos con nuestras lesiones ─las palabras del albino hicieron que en cierto modo las chicas transigieran. Además, como bien dijo Karim, ella prefería que fuera una persona cualificada quien le revisara la pierna. Fue Nathaniel quien se encargó de ello, dictaminando que, si bien no estaba rota, la extremidad estaba bastante contusionada.
─Voy a entablillarla, espero que sea suficiente ─dijo mientras que los demás le observaban trabajar. Ella, por su parte, había terminado con los pies de Einer y ahora se encontraba revisando a los demás. Todos estaban algo magullados, pero ilesos después de todo.
─¿Y ahora qué vamos a hacer? ─inquirió Kentin una vez que ambas "pacientes" ya estuvieron listas ─Todo está destruído, no tenemos a dónde ir y a saber si cada vez que respiramos nos estamos matando poco a poco.
─¿Podríamos quedarnos aquí? ─ni a la misma Eider, que había sido quien propuso tal cosa, le convencía la idea.
─El psiquiátrico se cae a pedazos, no duraríamos mucho ─respondió Armin ─Y la verdad, no quiero acabar aplastado aquí dentro.
─¿Entonces? ─la chica parecía algo agobiada.
─Está claro, ¿no? ─Weasel se puso en pie, dándole la espalda a la puerta ─Nos largamos de aquí. Tenemos la puerta de este infierno abierta de par en par y yo no pienso desaprovechar la oportunidad de marcharme.
─¿Y qué vas a hacer ahí fuera? ─Lysandro rebatió a la chica con tono calmado ─¿Qué vas a comer cuando tengas hambre? ¿Dónde vas a dormir cuando estés agotada?
─Me llevaré comida de las cocinas y punto ─sentenció la chica, girando sobre sus talones y caminando hacia el destrozado pasillo ─Hasta nunca.
Pero no llegó a cruzar la puerta. Lysandro la sujetó por el brazo con firmeza, logrando que ella se detuviera por la sorpresa. Sin embargo, el viejo instinto de Weasel hizo que su cuerpo se tensara, buscando la forma de atacar.
─Sola no vas a conseguir sobrevivir ─apostilló el chico, haciendo que Avna asintiera en acuerdo ─Puedes apañarte sola todo lo bien que tú quieras, pero en algún momento el cansancio te vencerá y caerás dormida. ¿Y si entonces algún superviviente te encuentra y decide matarte para llevarse lo que tengas?
La chica calló, recordando que esas mismas palabras habían sido las que Avna le había dicho antes. Bufó como toda respuesta, mirando a los demás.
─¿Propones que nos unamos? ─su tono era de completa incredulidad.
─¿Quieres que vayamos con personas que pueden asesinarnos a la primera de cambio? ─Castiel parecía a punto de explotar.
─Nadie matará a nadie ─la voz de Ella se hizo escuchar entre los gritos que unos y otros comenzaron a dar ─Ahí afuera nos espera un verdadero infierno. Estoy segura de que cada uno de nosotros tiene algún tipo de habilidad, la que sea. Nos necesitamos para poder sobrevivir, aunque... ─miró al grupo compuesto por Karim, Weasel y Avna. Rafaella conocía sus historiales; sabía que Weasel era la chica que había matado a su hermana, y que Avna y Karim decían escuchar voces. También era consciente de la ludopatía de Armin y de la amnesia de Lysandro, pero en comparación con aquellas chicas le parecían problemas menores.
─Aunque tengas que contar con la escoria de la sociedad ─repuso Karim con un tono tan calmo que sonaba casi amenazante ─Las voces me lo dicen. Dicen que pensáis que somos unas desquiciadas, que somos peligrosas. Que os damos asco.
─Nadie aquí está pensando eso, Karim ─el tono de voz que usó Nathaniel para calmarla delató que ya tenía experiencia con esas situaciones ─No pensamos eso de vosotras. Además, creo que Rafaella tiene razón, que quizás unidos podamos conseguir más que cada uno por su lado. Yo estoy dispuesto a cooperar. ¿Y los demás?
─Nos vas a mandar a la tumba ─señaló Castiel, pero no objetó nada más.
Ninguno dijo nada, todos guardaron silencio, como si de aquella forma estuvieran dando su consentimiento. Finalmente, Weasel, Karim y Avna asintieron.
─Que empiece la era de la locura ─señaló la del pelo morado con cierto deje de amargura.
¡Ahora sí que empieza todo! Ya está el grupo compuesto y el siguiente paso es salir al exterior y empezar a sobrevivir. Y creedme que no lo van a tener fácil...
De nuevo aviso de que no sé cuándo voy a volver a actualizar este fic, porque como llevo avisando, apenas si tengo tiempo. Para quienes seguís Siete Días, no os preocupéis, que el siguiente cap ya está en revisión y en poco tiempo lo subiré.
Os animo a darme vuestra opinión del fic. ¿Os gusta cómo va? ¡Dadle amor al botoncito, venga!
