Gritos, violetas y canciones
Las pupilas de Lance se contrajeron de terror mientras contemplaba una escena digna de alguna pintura religiosa renacentista. Ilana estaba tendida en la hierba en medio de un claro en el bosque, su vestido estaba rasgado y su piel pálida, de su vientre brotaba un camino de sangre espesa y todo su cuerpo estaba cubierto de tierra y hojas. Reposaba sobre un montón de violetas que se enredaban en su pelo y sus finos dedos agarrotados y torcidos se clavaban con una firmeza enfermiza en la tierra. Su espalda estaba arqueada retratando su agonía, todos sus músculos estaban tensados, sus ojos mirando con terror al vacío del cielo estrellado y de sus descoloridos labios abiertos surgía un grito desgarrador que congeló su sangre.
Lance corrió hacia la princesa, con el corazón latiendo en su garganta y la sacudió con fuerza, pero la joven no parecía reaccionar y seguía convulsionando, gritándole a la aterradora nada. La única palabra que salía una y otra vez de la boca de Lance era Princesa, princesa, princesa…petrificado porque su mayor temor en el mundo estaba tornándose real. La abrazó con fuerza, apretándola contra su pecho, enredando sus dedos en sus cabellos rubios y acariciando su cabeza procurando calmarla. De los tristes ojos de la princesa surgían incontables lágrimas que eran insoportables para el joven soldado, pues su contacto con su propia piel ardía como si se tratara de ácido corrosivo, las lágrimas de la princesa eran como el fuego del infierno, como la forma líquida de cualquier pesadilla que Lance alguna vez hubiera soñado.
–Ya no más, por favor, por favor, no más. Soy yo, Lance. – susurró Lance en el cuello de la princesa, rosándola con sus labios, pero Ilana seguía presa del dolor. De repente, sin importar la confusión, Lance recordó la bella y melancólica canción que había sido compuesta el día en que la princesa nació y que se había convertido en una de las estrofas del himno Galalúneo. Cuando era tan solo un niño y volvía a casa con las rodillas raspadas o con moretones en su carita triste su padre solía cantarle aquella canción, besarle la frente y darle una taza de chocolate caliente, entonces el mundo parecía cálido y amable de nuevo. Con voz temblorosa pero preciosa empezó a entonar las tristes notas de la canción.
–Ilana, siempre canto esta canción cuando el dolor no me deja dormir, o cuando despierto acosado por sueños horribles, para buscar algo de calor y tranquilidad en mi alma. Cuando lo hago me siento en casa, veo las tres lunas brillar y me siento tibio, feliz.
Deja a las mariposas llorar por ti
seca tus lágrimas y alza tu mirada.
Las lunas surgen sobre el mar dorado
Integridad, unidad e imperio las llaman,
saludan al reino alado, Galaluna, tierra irisada.
Azul, púrpura y granate brotan las flores lunares,
regalos a la princesa, cuarta luna de nuestra tierra.
Ella es un pájaro silvestre, alegre y con cabellos de plata
Símbolo de entereza y esperanza,
que viva ella, Ilana, princesa bien amada.
Poco a poco el llanto de la princesa cesó hasta que se quedó dormida en los brazos del joven soldado. Lance sentía las punzadas de adrenalina inundando su cerebro y el miedo bombeando en su sangre, levantó a la princesa y corrió a toda velocidad hacia el coche mientras gritaba el nombre humano de Octus desesperadamente.
•●•
Lance había llenado de agua caliente la bañera y había preparado algunas compresas con hierbas medicinales, no podía llevar a la princesa al hospital ya que ninguno de los dos tenía registros estatales y lo único que los identificaba eran un par de identificaciones falsas. Con manos temblorosas el joven comenzó a desvestir a la princesa, dejándola sólo en su linda ropa interior de encaje, Lance enrojeció y todo su cuerpo se llenó de calor, rápidamente sacudió aquellos pensamientos hacia la princesa, después de todo él era tan solo un guardia imperial y su deber era proteger a la princesa a toda costa, pero no podía evitarlo, lucia hermosa, aunque estuviera pálida y ensangrentada, con sus rubios cabellos revueltos y llenos de flores parecía una ninfa fantástica. Sacudió de nuevo aquellos pensamientos y sumergió a la inconsciente chica en la bañera, comenzó a limpiar sus heridas con las compresas de hierbas y a limpiar su cuerpo pintado con tierra mientras la dejaba reposar allí un rato para que su angustiado cuerpo se relajara y su cabeza se despejara. Luego añadió algunos aceites florales y esencia de lavanda, pues sabía que eran los favoritos de la princesa al tomar un baño y porque además las burbujas cubrirían su hermoso cuerpo y lo alejarían de las tentaciones de la carne y lo concentrarían en su deber militar.
–¿Lance? –susurró Ilana mientras abría lentamente sus ojos, cuando por fin pudo enfocar la imagen del joven se abalanzó repentinamente hacia sus brazos y lo abrazó con fuerza, siendo rápidamente reprimida por sus heridas y retrocediendo a causa del dolor.
–Tranquila princesa, ya está a salvo. – replicó el soldado con un insoportable tono formal. La princesa pareció enrojecer y avergonzarse, hundiendo su cuerpo rápidamente en el agua tibia. – ¿Recuerda que fue lo que pasó?
–Es confuso, recuerdo estar hablando con un chico cerca de la entrada del viejo hotel, y de repente estaba corriendo por el bosque…. Y ahora estoy aquí. –contestó Ilana tratando de poner en orden sus ideas y recuerdos. – creo que esto– dijo tocándose el vientre– fue alguna rama de un árbol
–¿por qué estaba corriendo princesa? – preguntó Lance extrañado pero al mismo tiempo aliviado de que Ilana parecía haber tenido un simple problema con el licor.
–no sé… yo… necesito dormir.
–Antes necesita comer algo– dijo el soldado mientras acercaba un tazón de crema de pollo y comenzaba a darle grandes cucharadas a la princesa– está débil y puede enfermar.
–E-e-está bien– contesto Ilana obedientemente engullendo las cucharadas de sopa.
