¡Hola a todos!

¡Mil gracias por sus comentarios tanto en fb, sus reviews, alertas y favoritos! Les agradezco mucho su tiempo y el que me esten acompañando en esta pequeña historia.

Les recuerdo que este fic participa en el "Desafio de la Princesa" de Originales Ladies Kou y se encuentra ubicado antes de la fundación de Milenio de Plata.

Y bueno, por fin está aquí la última parte de esta historia, así que sin más preámbulos, espero que la disfruten.


Capítulo 3

Me parecía que el tiempo no avanzaba desde que Seiya y Yaten se habían ido. Mina camina sin cesar, dando vueltas con ansiedad por el camarote mientras que yo estoy sentada, mirando a la puerta que nos separa de lo que sea que esté sucediendo allá arriba, como si eso hiciera que ellos vuelvan más rápido a pesar del constante ruido que proviene de la cubierta del barco. Pareciera como si arriba estuviera ocurriendo una batalla mientras que nosotras estamos aquí encerradas.

–No podemos quedarnos aquí sin hacer nada, Serena

–Pero tampoco podemos pretender ir a luchar cuando no sabemos cómo hacerlo. Nos guste o no, no hay nada que podamos hacer.

–Lo sé –respondió Mina frustrada–. No te imaginas el miedo que tengo de perder a Yaten.

–Claro que lo sé, es el mismo miedo que tengo de que algo le suceda a Seiya –le dije mientras me ponía de pie y me acercaba a ella para abrazarla–. Hay que mantener la fe y la esperanza, Mina. ¿No fue lo que me dijiste la noche de mi fiesta de compromiso con el Príncipe Diamante?

Ella me miro con una pequeña sonrisa, separándose un poco de mí. –Sí, eso te dije. Y me parece que desde entonces ha pasado una eternidad con todo que ha ocurrido.

–Te entiendo, me siento igual. Pero hay que confiar en que ellos van a volver con nosotras a salvo.

–Tienes razón, Serena –coincidió ella–. Ellos van a volver, Yaten tiene que regresar… sobretodo porque me pidió que me casará con él.

La mire sorprendida. –¿De verdad? ¡Eso es maravilloso, Mina! ¿Qué le dijiste?

–Obviamente le dije que sí. No hay otra respuesta posible porque él es el amor de mi vida.

–Y en su mirada se nota que tú también lo eres para él. Es una razón más para que él vuelva.

El ruido proveniente de la cubierta se empezó a hacer mayor, como si la batalla que posiblemente esté ocurriendo se hubiera vuelto más intensa, pero estando aquí encerradas es difícil saber quién está ganando.

–¿Crees que Neherenia…? –musito Mina asustada.

–Ambos vimos de lo que Haruka y Michiru son capaces de hacer cuando nos rescataron, y considerando que todas las chicas son guerreras, no se le será tan fácil derrotarlas.

El ruido de la batalla se hizo más estridente, mientras que Mina y yo escuchamos con atención en un intento en vano por tratar de saber que está sucediendo arriba. Tan enfocadas estábamos en escuchar, que nos sobresaltamos cuando la puerta del camarote se abrió, y para mi horror apareció el Príncipe Diamante escoltado por dos soldados del ejército de Luna Negra.

–Con que aquí tenían escondidas esas salvajes a mi hermosa prometida y a mi cuñada –dijo el Príncipe Diamante complacido al vernos–. Ya están a salvo, nos encargaremos de llevarlas de regreso a Luna Negra.

–Lástima que nosotras no estamos tan felices de verlos –replico Mina desenfundando su espada–. Nosotras no iremos a ningún lado con ustedes.

–Pero, Princesas, nosotros hemos venido a rescatarlas de las garras de quienes las secuestraron

–Siento informarle, Príncipe Diamante, que a nosotras nadie nos secuestró, simplemente recibimos ayuda para escapar de Luna Negra. Así que no iremos de regreso con ustedes y por si no se había dado por enterado, le informo que nuestro compromiso en matrimonio queda cancelado –le dije con firmeza.

–Vaya… realmente lamento escuchar eso, Princesa Serena, más aún lamento que mi futura esposa y Reina de Némesis me mire de esa manera.

–Ya le dije que no me voy a casar con usted. Y de ninguna manera seré la Reina de Némesis.

El Príncipe Diamante me miro con dureza, pero pese a eso esbozo una sonrisa. –La única que no entiende es usted. Yo tenía un acuerdo con su tía y ese acuerdo se va a cumplir. Usted va a ser mía a como dé lugar.

–¿Acaso no escucho a mi hermana? –inquirió Mina alzando su espada en alto hacia ellos–. El acuerdo que tenía con la Reina Neherenia ya no existe, así que es mejor que se vayan y nos dejen en paz.

–Ya veremos si su tía opina lo mismo que usted, Su Alteza –replico el Príncipe Diamante antes de voltear a mirar a los soldados–. Lleven a la Princesa Mina con la Reina Neherenia y déjenme a solas con mi prometida.

Los guardias se acercaron a nosotras mientras rápidamente saque la daga que me había dado Seiya y que tenía oculta bajo la falda de mi vestido marinero. Mina les hizo varios cortes con la espada a los soldados en sus uniformes grises y en la cara, pero pese a ello no sacaron sus armas para someterla. Notando que no iban a atacarla, mi hermana se lanzó hacia ellos para herirlos, pero uno de los soldados la rodeo con sus brazos en un momento de descuido y aprovecharon la oportunidad para desarmarla.

–¡No! ¡Suéltenme! –grito Mina furiosa forcejeando con desesperación en un intento por liberarse.

–¡Mina!

Intente acercarme a mi hermana al notar que los soldados la cargaban y la sacaban del camarote, pero el Príncipe Diamante me obstruyo el paso y me sujeto de la muñeca derecha, en donde sostenía la daga.

–¡Suélteme!

–No debería tener objetos tan peligrosos con los que podría lastimarse, Princesa Serena.

El Príncipe Diamante apretó con fuerza mi muñeca, ejerciendo tanta presión que del dolor abrí la mano y solté la daga. Solo entonces él me libero.

Acaricie con mi mano izquierda mi muñeca adolorida, intentando aliviar un poco el dolor que me había ocasionado.

–Sabe, Princesa Serena, yo realmente esperaba mucho de nuestro matrimonio. Una mujer tan hermosa como usted habría tenido una vida maravillosa a mi lado, le aseguro que hubiéramos compartido noches inolvidables de placer.

Él extendió su mano intentando tocar mi rostro, pero di un par de pasos hacia atrás evitando que me tocará.

–Siento decirle que no tengo interés alguno en compartir ninguna noche a su lado. Si terminé comprometida con usted fue por culpa de Neherenia, yo no tenía interés alguno en nuestro matrimonio.

–Eso lo sé. Al final nuestro compromiso fue solo un arreglo político entre Luna Negra y Némesis, uno que con el tiempo me permitiría obtener el control de Luna Negra y expandir mi reino.

–¿Y realmente pensó que Neherenia iba a permitirlo? Usted solo fue un títere más en sus planes y lo sigue siendo. Y estoy segura que se va a deshacer de usted cuando ya no le sirva para nada –le dije con franqueza–. Escuche mi consejo, olvídese de mí y váyase de Luna. No le espera nada bueno mientras siga aquí.

–Tal vez todo eso sea cierto y tenga razón, sobretodo porque nada salió como lo había previsto… o casi. Aún la tengo a usted, mi hermosa Princesa Serena –menciono él caminando hacia mí.

–Ya le dije que yo no tengo ningún interés en usted, Príncipe Diamante. ¡Váyase de Luna y déjeme en paz!

Di varios pasos hacia atrás, alejándome de él sin intención alguna de dejar que me toque, hasta que sentí que mi espalda chocó contra la pared.

–Mi querida Princesa, no tiene por qué mirarme con frialdad y desprecio –replico cerrando la distancia que nos separaba y me acorraló contra la pared, impidiéndome separarme de él–. Al final usted será mía, voy a tenerla por cualquier medio y de cualquier manera.

El Príncipe Diamante terminó de romper la distancia que nos separaba y me beso. Furiosa por lo que hizo, coloque ambas manos en su pecho para apartarlo de mí. Aproveche el espacio que se abrió entre ambos para escapar, pero él me sujeto del brazo con fuerza, deteniéndome.

–¡Suélteme! –grite mientras forcejeaba intentando liberarme.

–Nunca –respondió él con arrogancia–. Usted es solamente mía, Princesa Serena.

Sin soltarme, el Príncipe Diamante me aventó a la cama y caí boca arriba. Lo patee con fuerza en el pecho e intente alejarme de él tratando de arrastrarme hasta el otro extremo de la cama, pero me tomo del tobillo y me jalo acercándome nuevamente a él.

–¡No! –grite desesperada por separarme de él–. ¡Auxilio! ¡Alguien ayúdeme!

–Toda la tripulación de este barco ya debe de haber muerto a manos del ejército de Luna Negra, así que nadie vendrá a interrumpirnos.

Seguí gritando y forcejeando en un intento desesperado por separarme de él, pero todos mis esfuerzos parecían ser en vano. El Príncipe Diamante me hizo girar hasta quedar boca abajo en la cama y sujeto mis manos en mi espalda con fuerza con una mano para evitar que me moviera.

Empecé a llorar al sentir como con sus piernas empujo las mías para que las separará, mientras que con su mano libre me alzo la falda dejándome expuesto mi trasero y me acarició por encima de mis panties.

–¡No! ¡Suélteme! –grite con desesperación entre lágrimas.

–¿Acaso no escucho lo que dijo Su Alteza, infeliz? ¡Suéltela inmediatamente!

Suspire aliviada al escuchar a Seiya. Al girar mi cabeza, lo vi en el umbral de la puerta, llevando una espada en lo alto y sin ninguna herida visible pese a las manchas de sangre de su ropa. Agradecí a las estrellas que llegará a tiempo para impedir que el Príncipe Diamante me violara.

–¿Y quién te crees que eres tú para hablarme de esa manera? –inquirió el Príncipe furioso sin soltarme–. ¿Acaso no sabes con quien estás hablando? ¡Soy el Príncipe Diamante de Némesis!

–Pues para ser un Príncipe, obviamente no sabe cómo tratar a una dama, así que suéltela –le exigió Seiya con un tono de voz tan frío como el hielo mientras camina hacia nosotros.

–¿Por qué he de soltarla? Simplemente estaba disfrutando de un momento de intimidad con mi prometida. ¿Acaso piensas quedarte a mirar? ¿O es que piensas unirte a nosotros?

Ante esas palabras, Seiya embistió furioso contra el Príncipe Diamante para alejarlo de mí y herirlo con su espada. Al darse cuenta, el Príncipe me soltó y desenfundo su espada rápidamente, defendiéndose del ataque de Seiya.

El chocar de las espadas de ambos fue furioso, ambos moviéndose por el camarote mientras Seiya alejaba al Príncipe Diamante de la cama en donde yo estaba, mientras yo hice un esfuerzo por incorporarme, sintiendo mi cuerpo temblar de solo pensar en lo que podría haber pasado si Seiya hubiera tardado unos minutos más en llegar.

Me gustara o no, no podía hacer más que verlos luchar sin cesar ya que era imposible que interfiriera en su pelea, ya que me asustaba que mi interrupción ocasionara alguna fatalidad en contra de Seiya.

Su pelea me parecía que nunca iba a terminar, Seiya atacaba con una fiereza e ira que nunca hubiera imaginado en él mientras buscaba desarmar al Príncipe Diamante. Estuvo a punto de lograrlo al herirlo en su mano, pero el Príncipe contraatacó dando duras estocadas que eran detenidas por Seiya hasta que llego el punto en que las espadas de ambos se mantuvieron firmes ante un último choque mientras ambos buscaban derribar el bloqueo del otro. Al ver que la fuerza de su brazo no sería suficiente para vencer a Seiya, el Príncipe Diamante lo pateó haciendo que cayera al suelo y aprovechando la oportunidad, con horror vi que se lanzaba contra Seiya en una última estocada mortal.

Pero Seiya fue más ágil y atravesó con su espada al Príncipe Diamante en el pecho. Ante la fatal herida, la sorpresa de lo ocurrido cruzó los ojos del Príncipe Diamante un instante, tras lo que cayó al piso sin vida.

–¡Seiya!

Al escucharme, él volteo mientras corría a su lado. Me abrazo con fuerza, mientras sin poder evitarlo lloraba contra su pecho.

–Tranquila, ya no te hará daño –musito Seiya besando mi cabeza–. ¿Estás bien?

–Sí, llegaste a tiempo para detenerlo –respondí intentando controlar mi llanto–. Pero un par de soldados de Luna Negra se llevaron a Mina, hay que rescatarla.

–Lo sé. Vi cuando la subían a la cubierta e intentaban llevarla al barco de la Reina Neherenia… Rei y Yaten se iban a encargar de rescatar a Mina, pero nosotros debemos ir a la cubierta. Neherenia pretende llevarte de regreso a Luna Negra y no puedo dejarte aquí sola.

Asentí limpiando rápidamente mis lágrimas, menos mal que ya no tendré que quedarme aquí, no soportaría la incertidumbre de no saber que sucede en la cubierta de barco.

Seiya se separó de mí y sacó su espada del cuerpo del Príncipe Diamante, además de que tomo la espada que había perdido Mina cuando se la llevaron y me la entrego.

–¿Recuerdas lo que te dijo Haruka de como tomar la espada y los movimientos básicos de defensa, Bombón?

–Sí, lo recuerdo claramente –respondí apretando con fuerza la empuñadura de la espada de Mina–. ¿Voy a tener que pelear?

–Con un poco de suerte espero que no. La Reina Neherenia te quiere a ti y a mi Mina con vida, así que sus soldados no intentaran dañarte, pero a mí sí –afirmo Seiya con severidad–. Sin importar lo que veas, ni lo que suceda allá arriba, por ningún motivo sueltes mi mano ¿lo entiendes?

–No soltaré tu mano por ningún motivo, Seiya.

Él entrelazo su mano con la mía y juntos abandonamos mi camarote. Corrimos a toda prisa por el pasillo hasta las escaleras que nos llevan a cubierta, donde los sonidos de batalla se oyen con más claridad a cada paso que damos.

Si mientras estaba en mi camarote creía que las cosas estaban mal, en cuanto puse un pie en la cubierta del barco me di cuenta de que eso se quedaba corto. Con horror vi que se había desatado el infierno, era como si el mismo Dios Caos se hubiera encargado de pintar un cuadro de desolación y muerte salido directamente de alguna pesadilla. Decenas de cadáveres de soldados de Luna Negra yacen por toda la cubierta del barco, hay fuego en lo alto quemando las velas del barco, así como en algunos de los cadáveres que hacen que la brisa salada del mar se mezcle con el hierro de la sangre derramada y el hedor de carne quemada.

Pronto, Seiya comenzó a luchar al recibir los ataques de los soldados y empezamos a movernos por la cubierta del barco en un intento porque los esquivara. Sin soltar su mano, buscaba la oportunidad de defenderlo de cualquiera que intentara acercarse a nosotros, pero empecé a notar que en cuanto los soldados me reconocían no hacían nada por herirme, pese a que si intentaban separarme de Seiya, lo cual él les impedía.

No pasó mucho tiempo antes de que se empezara a abrir un espacio que nos separaba a Seiya y a mí de los soldados y del resto de las batallas que había en todo el barco. Al darse cuenta de la situación, Hotaru y Setsuna se acercaron a nosotros y formaron un círculo de defensa junto con Seiya para mantenerme alejada de los soldados. En cuestión de minutos, Ami, Lita, Haruka y Michiru se unieron a ellos, luchando sin descanso contra todo aquel que intentara penetrar en el pequeño aislamiento en el que me mantienen. Y aunque una parte de mí se alegraba de ver que ninguno de ellos había resultado herido durante la cruel batalla y lograban repeler todos los ataques, mi ansiedad crecía por no saber en dónde estaba mi hermana.

Con casi toda la tripulación del Nereida a mí alrededor protegiéndome, los soldados se esforzaron más que antes para intentar romper el bloqueo que mis amigos habían establecido para impedirles el paso. Mi ansiedad creía al ver este caos y no tener aun señal alguna de donde está Mina. Quizás Yaten logró impedir que los soldados que se la llevaron del camarote la sacaran del barco. Quizás habían escondido a mi hermana en algún sitio seguro tras su rescate. Me aferre a esas ideas con fuerza, manteniendo toda mi esperanza en que así fuera, en especial cuando Rei y Yaten fueron los últimos en unirse a los demás en el círculo que habían establecido para protegerme.

–¡Donde está Mina, Yaten! –exclamé intentando que mi voz se escuchara por sobre el ruido de la batalla.

Por un momento pensé que Yaten no me había escuchado y pensé en repetir la pregunta al no tener respuesta alguna. Pero al ver que su rostro se endurecía por la tensión y que se defendía de los pocos soldados que aún se mantenían en pie con una letal certeza, mi ansiedad volvió a crecer de solo pensar que le habría ocurrido a mi hermana.

Fue entonces que la cruel risa de Neherenia sonó no muy lejos, produciéndome escalofríos al escucharla. Al buscar de dónde provenía, la vi observar complacida la batalla del Nereidas desde el costado de un barco el doble de grande que en el que me encuentro y que está anclado a un lado de donde me encuentro, observando sentada en desde un trono que dispusieron para ella junto con todos los miembros de la Corte de Luna Negra el caos que ella misma orquesto, como si la batalla que esta ocurriendo fuera un espectáculo más del circo para su entretenimiento personal. Y para mi horror vi que Mina se encuentra de pie detrás de nuestra infame tía, al lado de la vieja Zirconia.

–¡Basta, Neherenia! ¡Detén todo esto! –grite con todas mis fuerzas hacia donde ella se encuentra.

Vi a Neherenia alzar la mano y entonces el sonido de una trompeta resonó en la oscuridad, haciendo que el puñado de soldados que estaban peleando contra mis amigos se detuvieran ante la sorpresa de todos. Los soldados se alejaron unos pasos de nosotros y se quedaron en posición de firmes, mientras que todos a mí alrededor se mantuvieron en una posición defensiva, esperando un nuevo ataque.

–Finalmente os diste cuenta de que vos sos la única que puede detener esto.

–¿Qué es lo que quieres, Neherenia?

–¿Cómo os atrevéis a hablarme de esa manera, pequeña insolente? –exclamó ella furiosa–. Vos siempre has sido una malagradecida y una deshonra para la Familia Real, Princesa Serena. ¿Acaso no es obvio que he navegado por este mar con tal de rescatar a mis sobrinas? Vuestra hermana ya está conmigo a salvo, y ahora es tiempo de que vos os una a nosotras, debemos volver a Luna Negra.

–¡Ella nunca va a regresar a ese lugar! –exclamó con firmeza Seiya.

–Está sí que es una sorpresa, bastante desagradable os he de reconocer, Capitán Seiya. Vos deberías de estar en el mundo de los muertos.

–Justamente de allí regrese simplemente para impedir que se salga con la suya –le respondió él, haciéndola enojar aún más.

–¡Un traidor a la Corona secuestro a mi sobrina! Solo por eso no podrás escapar de la muerte está vez.

–¡Basta, Neherenia! Él lo único que ha hecho es liberarme a mí y a Mina del encierro en que nos tenías –afirme enfrentándola con firmeza. Por primera vez en mi vida ya no le tengo miedo y no pienso permitir que se salga con la suya–. Y no solo eso, nos ha abierto los ojos ante todos los engaños que has maquinado en nuestra contra.

–Es obvio que vos sos una niña tonta e ingenua que cree cualquier tontería que os dicen los demás, Serena. Siempre os he mostrado generosa con vuestra hermana y contigo, brindáosles una vida de lujo y riquezas dignos de las princesas que son. ¿No incluso busque un prometido apropiado para vos?

–El Príncipe Diamante no era un hombre apropiado para mí, sino que era un maldito que quiso abusar de mí. Tu solo querías una alianza con Némesis y ahora nunca la tendrás.

–¡Tienes que casarte con el Príncipe por el bien de Luna Negra!

Negué con la cabeza con calma. –No puedo casarme con él porque está muerto.

Neherenia se puso de pie, sorprendida al escuchar la noticia del Príncipe Diamante, mientras a su alrededor se escucharon los murmullos de toda la Corte de Luna Negra ante mis palabras.

–Además, ya te dije que no voy a regresar a Luna Negra. Menos ahora que conozco la verdad que ocultaban todas tus mentiras –dije de manera desafiante–. ¿Pensabas ocultar por siempre que mi madre era la Princesa de Luna Blanca? ¿Qué le hiciste creer a la Reina Selene que Mina y yo estábamos muertas? ¿Qué nuestro verdadero hogar está en Luna Blanca?

Si momentos antes creía que el rostro de Neherenia mostraba su enfado, no fue nada comparado con la ira que distorsiono sus facciones al escucharme. Y tampoco fue de ayuda escuchar los comentarios de su Corte que tanto la venera al descubrir la verdad sobre su amada Reina, aunque la mayoría de ellos me mira como si hubiera enloquecido y no estuvieran seguros de creer lo que he dicho o no.

–¡Calumnias! ¡Son infames tus mentiras, Princesa Serena! –explotó perturbada Neherenia–. No pienso seguir escuchando que sigas deshonrando a la Familia Real de Luna Negra con tus mentiras.

–¡La única mentirosa aquí eres tú! –exclamé molesta–. Nos engañaste toda nuestra vida ¿y para qué? ¿para vencer a Luna Blanca? Ni siquiera entiendo porque quieres que volvamos a Luna Negra, cuando nunca nos mostraste algo remotamente cercano a una muestra de cariño y mucho menos quieres que seamos las herederas al trono. Lo único que realmente quieres es expandir tu reino y gobernar por siempre. ¿O acaso no es por eso que estás buscando el Cristal de Plata?

–Con todo lo que vos estáis diciendo, es prueba suficiente de que aun os falta madurar mucho antes de que consideré que vos llegarais a ser una digna sucesora al trono de Luna Negra.

–Qué suerte que no me interesa algún día gobernar en Luna Negra. Es más, aprovechando que toda la Corte está aquí, declaró que renunció a mi título de Princesa de Luna Negra y todo lo que ello conlleva. Libera a Mina y déjanos ir en paz. Te prometo que nunca volveremos a Luna Negra, jamás volverás a saber de nosotras, Neherenia.

Neherenia me miro fríamente por un momento, lo que me hizo sentir escalofríos. Con lo enojada que está, seguramente debe de estar pensando en algo terrible

–Os he de reconocer que eso sería realmente lo mejor, que de verdad os olvidarás de Luna Negra y os dejarais en vivir en paz, sobre todo tras la deshonra que vos me has ocasionado con vuestras palabras y acciones. ¿Pero cómo puedo estar segura de que lo dicho por vos es cierto?

–Te doy mi palabra de que así será, Neherenia. Libera a Mina y jamás volverás a saber de nosotras.

–Después de todas vuestras mentiras, es obvio que vuestra palabra no vale nada, Princesa Serena –respondió Neherenia con satisfacción.

Respire profundamente pensando que hacer. Si sigo debatiendo así con ella, lo único que conseguiré es que continúe justificándose en que miento para vengarse y nunca nos dejará en paz.

Neherenia le hizo una señal con la mano a Zirconia, quien se aproximó hacia la Reina llevando a Mina consigo. Solo ahora puedo ver que mi hermana está atada con unas cadenas que hacen que sus manos estén unidas contra su pecho.

–¿Sabéis? Es triste como mi propia familia se ha puesto en mi contra siempre. Primero mi amado hermano, quien me cambió por esa insulsa mujer con quien se casó. Y después vosotras… –dijo Neherenia tomando el rostro de Mina con una mano, quien la está fulminando con la mirada–. Esperaba que mis sobrinas fuesen parecidas a Abedric, pero no fue así, vosotras sois tan similares a la estúpida de vuestra madre.

–¡No te atrevas a hablar así de mis padres, maldita bruja! –exclamó Mina molesta.

Enfadada, Neherenia la hizo callar con una cachetada.

–¡Mina!

A pesar del fuerte golpe, Mina no dejo de fulminar con la mirada a nuestra tía.

–¿Cómo os atrevéis? ¡No me miréis de esa manera! ¡Vos sos una chiquilla tan insolente como vuestra hermana! –exclamó Neherenia furiosa–. ¡Ambas sois una desgracia para la Familia Real y para Luna Negra!

–¡La única deshonra de Luna Negra eres tú, Neherenia! –grito mi hermana furiosa–. Con tu vanidad y deseo de poder sin límites… Tu Corte y todo el pueblo debe de saber la clase de monstruo que eres

–¡Hazla callar, Zirconia!

Zirconia asintió y movió su largo báculo en dirección a mi hermana. Con terror pensé que la iba a golpear, pero no la alcanzo a tocar mientras Mina parecía seguir despotricando contra Neherenia, pero su voz no logró salir de su boca. Debe de haberla hechizado para que ya no hablé.

–La única manera de asegurar la paz y tranquilidad de Luna Negra es deshaciéndome de vosotras para siempre –sentenció Neherenia con firmeza–. Como la máxima autoridad de Luna Negra, yo la Reina Neherenia, os sentenció a vosotras Princesa Serena y Princesa Mina a muerte por actos de traición y calumnia en contra de la Corona.

Los murmullos de aprobación de la Corte se escucharon en todo su barco, mientras que en el Nereidas la tensión creció cuando los soldados a nuestro alrededor volvieron a asumir una postura de combate, esperando instrucciones. Seiya me apretó la mano, intentando con su gesto tranquilizarme.

–¡Como su Reina os ordeno que lleven a cabo mis órdenes y maten a la Princesa Serena y a todo aquel que pretenda protegerla! ¡Y mientras tanto, Princesa Mina, vos serás arrojada de este barco para convertiros en comida de las bestias marinas!

Los soldados a nuestro alrededor se lanzaron al ataque, reanudando así la batalla que se estaba librando previamente aquí con más ferocidad. Con impotencia veía a todos a mí alrededor mantener la formación para impedir que los soldados se acercaran a mí. Al mirar hacia el barco de Neherenia, vi como mi hermana forcejeaba con los soldados que la cargaban y la llevaban a la orilla con intención de aventarla al mar.

–¡Mina!

Yaten también se dio cuenta, porque a la primera oportunidad se separó del grupo e intentaba abrirse paso hacia la orilla del barco. Soltando la mano de Seiya, corrí por el hueco que se abrió e intente desesperadamente tratar de salvar a mi hermana al igual que Yaten sin importarme la batalla que se estaba librando a mi alrededor.

Escuche a Seiya llamándome con su entremezclada con el sonido de las espadas chocar. Vi a Yaten luchar con los soldados que le impedían acercarse a la orilla del Nereidas. Sentí que unos brazos desconocidos me atrapaban al rodearme por la cintura. Grite que me soltaran mientras intentaba liberarme. Sentí como los brazos que me tenían atrapada me liberaron y corrí hacia la orilla del barco. Vi como Mina caía desde el barco de Neherenia hacia el mar. Sin dudarlo, salté del Nereidas intentando salvar a mi hermana.

Y después, un destello blanco me cegó completamente.

Tras un instante recupere mi visión, sintiendo una calidez en mi pecho. Al bajar la vista, vi frente a mí un precioso cristal redondo que irradia una luz multicolor muy cálida. Estire mi mano para tocarlo, sintiendo la calidez del cristal pese a que al tocarlo no me quema. Cuando lo tome entre mis manos, escuche una voz en mi mente que me dijo que era esa hermosa piedra: el Cristal de Plata.

Al voltear para ver si lograba saber de dónde provenía esa voz o cómo fue que había aparecido el Cristal de Plata frente a mí, me di cuenta de varias cosas. Todo a mí alrededor estaba en silencio, no había sonido de ninguna batalla, ni siquiera estaba en el mar o mojada tras haber saltado del barco. Me halló flotando sobre el Nereidas, abajo puedo ver a Seiya junto con el resto de las chicas mirándome sorprendidos. Yaten está cerca de ellos, arrodillado junto a Mina quien está acostada en el suelo inconsciente. Y en el barco de Neherenia, ella y toda su Corte reflejaban la sorpresa por lo que acaba de pasar. Ni siquiera yo estoy segura de cómo fue que llegó a mis manos el Cristal de Plata, yo solo quería proteger a las personas que me importan de la maldad de mi tía.

Y si todo lo que sé sobre el Cristal de Plata es cierto, eso es justamente lo que voy a hacer.

–¡Entregadme el Cristal de Plata, Serena! –exclamó Neherenia–. ¡Soy la Reina de Luna Negra! ¡Solamente debe ser mío!

–No, Neherenia, tu reinado de oscuridad se acabó. No permitiré que vuelvas a hacerle daño a nadie más: ni a mí, a mi hermana ni a ninguna otra persona.

–¿Cómo os atrevéis, insolente?

–Te exilio de Luna, Neherenia. La misma oscuridad que has creado. es en la que vivirás de ahora en adelante, en un planeta muy lejos de aquí, rodeada de todos aquellos que creen en tus mentiras para seguir ganando tus favores y no perder su vida de lujos y vanidad. Si lo deseas, podrás seguir siendo Reina allá, pero jamás volverás a serlo en Luna.

–¡No podéis hacerme eso, Serena! ¡Os haré pagar por esto!

El Cristal de Plata empezó a brillar en mis manos, llenándome con su calidez antes de rodear con su luz a Neherenia, su Corte, sus soldados y su barco. Un instante después, como si hubiera sido un parpadeo, todos ellos desaparecieron.

La luz del Cristal de Plata se fue haciendo cada vez menos intensa, atenuando su brillo y yo me siento muy cansada, más de lo que he estado en toda mi vida. Cerré mis ojos, siendo el sonido de las olas del mar Serenitatis lo último que escuche.

OoOoO

Desperté en una habitación desconocida, la luz del día ilumina el lugar y me siento confundida al no saber en dónde estoy ni como llegue aquí, más notando que estoy acostada en una enorme cama.

–¿Serena?

Voltee y vi a Mina sentada a un lado de la cama. Antes de que pudiera hacer algo, mi hermana se abalanzó sobre mí, abrazándome.

–¡Por fin despertaste! ¡Nos has tenido a todos muy preocupados, Serena!

–Ok… espera, Mina. No entiendo, ¿por qué dices eso? ¿Qué pasa? ¿En dónde estamos?

Mi hermana me soltó y se sentó a mi lado.

–Estamos en Luna Blanca. Este es el Palacio Real.

–¿De verdad? –musite sorprendida, sentándome en la cama.

Mi hermana asintió, sonriendo. – Te has perdido de bastantes cosas, pero no te preocupes que te pondré al día.

–Te lo agradeceré bastante, me siento como si hubiera dormido un millón de años.

–Pues casi. Has estado dormida por una semana, Serena.

La mire sorprendida, asimilándolo. –¿Una semana?

–Desde la noche en que nos atacó Neherenia. Parece que tiene que ver con el Cristal de Plata que hayas dormido tanto… Todos me contaron lo que hiciste, que usaste su poder para salvarme y a todos aun arriesgando tu vida, como enviaste lejos de Luna a Neherenia. Ami dice que usaste un gran poder que te agoto tanto que pensamos que llegaríamos a perderte, pero parece que después de todo solo necesitabas descansar. ¿Cómo te sientes?

–Bien, al menos físicamente. Aun no término de creer que hubiera dormido tanto… ¿Y el Cristal de Plata?

–Aquí esta –respondió Mina tomando una cajita roja de una mesita llena de arreglos florales al lado de la cama–. Lo guardamos aquí, manteniéndolo cerca de ti. Después de todo, tú eres su legítima dueña.

Tome la cajita que me dio Mina, la abrí y vi el Cristal de Plata, pero parece un simple cristal redondo y ya no emite el brillo que tenía antes.

–Ni siquiera entiendo cómo fue que llego a mí, Mina. Un minuto estaba saltando del barco para salvarte y al siguiente tenía el Cristal de Plata frente a mí.

–Tal vez la diosa Cosmos consideró que eres digna de tenerlo por tu corazón puro, después de todo esa noche solo buscabas la forma de salvarnos a todos.

–Yo no hice nada, ni siquiera podía usar mi espada para pelear.

–¿Y quién dice que para salvar a alguien se necesita usar las armas? Solo piensa en todo lo que le dijiste a Neherenia, Serena, nunca antes la habías confrontado de esa manera.

–Es verdad… supongo que por primera vez en mi vida deje de tenerle miedo. Pero no pienses en ella, jamás la volveremos a ver –le dije sonriendo–. Mejor dime, ¿cómo fue que llegamos a Luna Blanca?

–Poco después de que exiliaras a Neherenia, llegaron flotas de Luna Blanca a buscarnos. Yaten me dijo que mientras estuvimos encerradas en el camarote, lanzaron bengalas para que vinieran a ayudarnos ya que nos atacaron por sorpresa. Llegamos durante la mañana a Luna Blanca y nos trajeron directamente al Palacio. La abuela ha estado muy preocupada por ti todos estos días.

–¿La abuela?

–Si. Nuestra abuela es una mujer increíble, ha pasado mucho tiempo aquí cuidándote y hemos hablado tanto –comentó Mina con los ojos brillándole de alegría–. Es una mujer maravillosa, inteligente, hermosa. Me ha contado tantas cosas de nuestros padres. Al fin tenemos a un familiar que nos quiere, Serena.

–Vaya, con todo lo que dices no puedo evitar sentirme ansiosa por conocerla.

–Y será pronto, la vas a querer tanto como yo. Es más, debería de avisarle que ya despertaste, a la abuela y a todos –dijo ella poniéndose de pie y camino hacia la puerta–. Volveré pronto, Serena.

Antes de que pudiera decirle algo, Mina salió de la habitación. Cerré la cajita donde está el Cristal de Plata y la volví a dejar en la mesita donde estaba antes, junto a todas aquellas flores.

Al observar mejor la enorme habitación en la que estoy, que es mucho más grande que la que tenía en el Castillo Negro, veo la suave brisa que entrena por las puertas de lo que parece ser un balcón. Además, hay muchísimas flores cubriendo cada superficie disponible de las mesitas de noche. Sonreí al ver que la mayoría son rosas rojas, me recuerdan a cada rosa que Seiya me regalaba durante nos encuentros secretos en el Castillo Negro.

–No he olvidado que son tus favoritas, Bombón.

Mire hacia la puerta de la habitación, en donde Seiya se encuentra. Cerró la puerta y se acercó a mi lado rápidamente, saludándome con un beso.

–Te amo tanto, Bombón.

–También te amo, Seiya –respondí acariciando su rostro.

–No tienes idea de cuánto extrañaba ver tus preciosos ojos y escuchar tu hermosa voz –musito él volviendo a besarme–. Vine corriendo tan pronto Mina me dijo que despertaste ¿cómo te sientes?

–Bien, asimilando todo… el Cristal de Plata, Luna Blanca, mi abuela.

–La Reina Selene estará feliz de ver que despertaste. Ella ha pasado mucho tiempo aquí cuidándote.

–Lo sé, Mina me lo dijo.

–¿Ella te dijo todo lo que ha pasado desde la noche del ataque de Neherenia?

–Me dio un resumen de lo que sucedió –suspire profundamente mientras tomaba una de sus manos–. Es solo que hay varias cosas que no comprendo, sobretodo del Cristal de Plata.

–¿Cómo cuáles? –preguntó él con curiosidad.

–¿Cómo fue que llegó a mí? ¿La leyenda no decía que Cosmos lo había escondido en el Templo del Amor y la Justicia?

–No puedo darte una explicación certera de eso, Bombón. La leyenda era tan antigua que supongo que esa parte del Templo se interpretó como donde, cuando en realidad se trataba de un quién –comentó el–. He pensado mucho sobre lo que paso esa noche y de lo único que estoy seguro, es que Cosmos te ha bendecido con su luz al decidir que fueses la portadora del Cristal de Plata. O al menos eso creo yo. Hay mucha gente que cree que eres la encarnación de la Diosa Cosmos y que en el momento de mayor necesidad lo obtuviste.

–Eso es absurdo, yo no soy la encarnación de una Diosa, solo soy una mujer normal que quiere una vida al lado de las personas que amo.

–Lo sé, Bombón, y así será de ahora en adelante. Se acabaron los días de oscuridad y ahora tu vida está llena de luz y de amor.

Sonreí ante las palabras de Seiya, rompí la distancia que nos separaba y lo bese, feliz de saber que ya nada nos podrá separar. O casi.

Justo cuando nuestro beso se estaba volviendo más intenso, para mi sorpresa Seiya se apartó de mí en cuanto escuchamos que se abría la puerta de la habitación. Al voltear a ver quién había llegado, vimos a Mina junto a una mujer mayor, de cabello blanco y ojos azules que sonrió al verme. Seiya se puso de pie e hizo una reverencia.

–Su Majestad.

–Capitán Seiya, veo que como siempre sigue cuidando de la Princesa Serena. ¿Le importaría dejarme a solas con mis nietas?

¿Ella dijo nietas? ¿Entonces eso significa que ella es mi abuela, la Reina Selene?

–Por supuesto, Majestad.

Seiya hizo una nueva reverencia y caminó hacia la puerta, antes de salir me miró con una sonrisa y me guiño un ojo.

Volví a centrar mi atención en la mujer mayor, en mi abuela, quien se acercó a la cama junto con Mina. Ambas se sentaron a mi lado.

–Serena, quiero presentarte a nuestra abuela, la Reina Selene –dijo Mina con una gran sonrisa.

–Mi querida niña. No te imaginas lo feliz de ver que al fin estás bien, que las tres estamos finalmente juntas.

–Lo mismo pienso, aun me cuesta asimilar que por fin te conozco, abuela. ¿Puedo llamarte así? ¿Abuela?

–Por supuesto que sí, Serena, no querría que me llamaras de otra forma.

Mi abuela sonrió y me abrazó con fuerza. Correspondí a su abrazo, sintiendo la calidez de su cuerpo y una paz que me recorre por completo, teniendo la certeza de que ya no solo somos Mina y yo. Esta hermosa mujer es nuestra abuela y ahora que ella forma parte de nuestras vidas, no puedo evitar sentirme agradecida de finalmente estar a su lado.

–Vaya, te pareces tanto a tu madre, ambas se parecen muchísimo a ella –dijo la abuela sin dejar de sonreír–. Ya tendremos tiempo para hablar de ella, hay tantas cosas que quiero contarles de ella y de su padre, para recuperar el tiempo perdido. Mina me ha contado que la Reina Neherenia no fue la clase de tía que ustedes merecían.

Intercambie una mirada con mi hermana, recordando brevemente las desventuras que vivimos a causa de Neherenia toda nuestra vida.

–Lo que importa ahora es nuestra vida en Luna Blanca, es hora de dejar el pasado atrás –comentó Mina con alegría.

–Eso es verdad, sobretodo porque el futuro pinta mucho más prometedor y nos esperan muchos cambios –afirmó la abuela Selene.

–¿Qué clase de cambios? –pregunté curiosa.

–Cambios para toda Luna, para nuestro reino y para ti, Serena –respondió mi abuela–. Pero no es necesario hablar de eso en este momento, lo importante es que te recuperes por completo.

–Estoy bien, de verdad. Si lo que más quiero es salir ya de esta cama y conocer Aranrhod, como es la vida en Luna Blanca.

–Hay que mostrárselo, abuela –comentó Mina con firmeza–. De lo contrario no va a estar tranquila hasta saberlo.

–¿Mostrarme qué? –inquirí confundida.

–De acuerdo –accedió la abuela con un suspiro–. ¿Crees tener fuerzas para ponerte de pie, Serena?

–Sí, eso creo.

La abuela y Mina se pusieron de pie, tras lo que retire las cobijas que me cubrían. Lentamente me levante, sintiendo que me faltaba un poco de fuerza en las piernas. Mina me ofreció su brazo para apoyarme en ella y juntas empezamos a caminar despacio hacia el balcón. La abuela abrió las puertas, lo que me permitió sentir la suave brisa. Y entonces me quede sorprendida ante lo que vi.

Desde aquí se ve toda la ciudad y todo lo que me habían contado sobre Ararhod se quedaba corto ante la belleza de su arquitectura con sus torres y las cúpulas que encabezan muchísimos de los edificios. Pero eso no es lo que me sorprendió, sino que desde aquí se alcanza a ver una explanada rodeada de muchos árboles y jardines, y llenando el lugar hay cientos de personas, sino es que miles acampando frente al Palacio.

–¿Qué hacen todas esas personas allí? –pregunte con la mirada en toda esa gente.

–Es la gente que ha viajado desde cada rincón de Luna, de Luna Blanca, incluso de Luna Negra –respondió Mina–. Por lo que sabemos muchísimas más personas están viajando hacia aquí de todos los planetas de este sistema solar.

–¿Por qué?

–Vienen por ti, Serena –dijo la abuela–. La noche que apareció el Cristal de Plata, su brillo cubrió toda Luna y fue visto desde rincones lejanos de la galaxia. La noticia se ha extendido por toda la Vía Láctea y no han dejado de llegar personas para poder rendirle homenaje a la mujer que consideran ha sido bendecida por Cosmos.

–No puedo creerlo. Jamás pensé que vería a gente de Luna Negra aquí.

–Con lo que ha sucedido, has logrado unir los dos reinos de Luna. La leyenda se ha cumplido y todas esas personas te consideran su Reina.

–Pero si tú eres la Reina, abuela.

–No por mucho tiempo, Serena. Pienso abdicar al trono y cederte la corona a ti –dijo ella sonriendo.

Mire a la abuela totalmente sorprendida. –¿Qué? No puedes hacer eso. ¿Cómo voy a ser la Reina de Luna Blanca si ni siquiera conozco la ciudad ni las necesidades del pueblo?

–No se trata solo de gobernar Luna Blanca, Serena. Ahora que exiliaste a Neherenia, eres también la heredera de Luna Negra. Por derecho de nacimiento, eres la sucesora de ambos reinos y con lo que ha sucedido, la gente en Luna quiere vivir bajo el mandato de una sola Reina, en un mismo reino –explicó la abuela con calma–. Tus padres soñaban con unir Luna y tú lo has conseguido, mi niña. Comprendo que todo lo que ha pasado es mucho para asimilar, pero no estarás sola en esto, te apoyare en cada paso para que te conviertas en la Reina que Luna merece.

Me costaba asimilar la idea de que me convertiría en Reina no solo de Luna Negra, sino también de Luna Blanca. Pero sabía que era lo correcto, era lo necesario para el pueblo buscar la unión de Luna en especial tras todo el caos que había provocado Neherenia con sus acciones. Y ahora que finalmente tenía la oportunidad, la posición y el poder de generar un cambio positivo para todos, lo iba a hacer.

En cuanto la abuela Selene anunció públicamente su intención de abdicar al trono a mi favor, los días se convirtieron en un torbellino de actividades durante el corto tiempo que fue mi preparación como futura reina de Luna y los preparativos para mi coronación de este nuevo reino que uniría a ambos reinos y decidí nombrar Milenio de Plata, como un recordatorio de la leyenda que se hizo realidad al ser la poseedora del Cristal de Plata y esperaba que este nuevo periodo en la historia de Luna, tal como decía la leyenda, fuese el inicio de un largo reinado de paz, sabiduría y amor.

Con la ayuda de la abuela me dedique a aprender sobre Luna Blanca: su historia, su cultura y su pueblo. Visite a todas las personas que habían pasado días enteros esperando en la explanada de la ciudad por conocerme, haciendo una asamblea pública en la que escuche todas sus ideas y peticiones de cómo podría mejorar su calidad de vida. También llegaron al Palacio embajadores de casi todos los planetas del Sistema Solar, a ofrecer establecer una alianza con Luna para mantener la paz de todos nuestros planetas.

Y más pronto de lo que hubiera esperado, llegó el día de mi coronación como Reina y haría oficial la fundación de Milenio de Plata.

La ceremonia de coronación se llevó a cabo en el Templo de la Diosa Cosmos, en donde se reunieron cientos de personas, tanto del pueblo como representantes y embajadores del Sistema Solar y del resto de la Vía Láctea, y por supuesto Seiya, Yaten y toda la tripulación del Nereidas. Sin todos ellos, jamás este día habría llegado y no sería tan feliz. Frente a todas aquellas personas, mi abuela y Mina me coronaron, cada una representando lo que antes fue Luna Blanca y Luna Negra respectivamente.

–¡Viva la Reina Serena, primera reina de Milenio de Plata!

Un gran coro de vivas y aplausos llenaron el lugar. Es ahora cuando inicia la historia de Milenio de Plata y como su Reina, me encargaré de usar el poder que fue otorgado sabiamente y de eliminar cualquier oscuridad que se acerque.


Y aquí termina está pequeña historia. Gracias nuevamente por haberme acompañado a lo largo de este fic, definitivamente me divertí mucho al escribir está aventura de quien fue la fundadora de Milenio de Plata y espero que ustedes también disfrutado de esta lectura.

Los invito a dejarme sus comentarios y no olviden que pueden encontrarme en fb. Las actualizaciones de mis otras historias se siguen cocinando, así que no desesperen que pronto tendrán noticias al respecto.

Serenity Rose Kou